Hoy es historia: México victorioso.

Ana Portnoy

El Norte, Monterrey N.L., 26 de septiembre 2014. Sección Vida. Pág.  16.

Tras 11 años del Grito de Dolores México logró su independencia. Los caudillos que llevaron a la victoria fueron Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, enemigos hasta 1820 y, en el último año de la guerra, unidos contra España.

¿Cómo entender esa insólita alianza? ¿Por qué traicionó Iturbide al ejército realista? ¿Por qué el español Francisco Mina fue caudillo insurgente? ¿Fue un grito de independencia la proclama “Viva Fernando VII” de Hidalgo en 1810? ¿Cómo comprender esas aparentes incongruencias?

La Nueva España fue colonia de la corona española 3 siglos. Al invadir la península ibérica en 1808, Napoleón obligó a Carlos IV a abdicar en su hijo Fernando y a éste en José Bonaparte, planteando el Ayuntamiento de la ciudad de México la recuperación de la soberanía que se había depositado en la institución monárquica en tanto el rey legítimo estuviera preso, sin reconocer la autoridad ni de los franceses ni de las Cortes de Cádiz. Cuando Fernando VII recuperara su trono, se volvería al pacto colonial. De ahí el lema de Hidalgo.

Hasta 1814 se emitió el “Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana” proclamando la independencia absoluta. Ese mismo año Fernando VII suprimió las Cortes y revocó la Constitución liberal.

Tras la muerte de Morelos en 1815, la insurgencia había sido casi sofocada. Dos años después y con el español Francisco Xavier Mina se fortaleció el movimiento. Éste pretendió combatir el absolutismo real desde las colonias llegando a México en 1817, pero a pesar de sus esfuerzos, no logró el apoyo popular y fue derrotado cerca de Guanajuato. Su campaña fue la última acción importante de la guerra de independencia.

Tras su muerte la insurgencia nuevamente parecía estar casi liquidada aunque algunos caudillos como Guerrero y Guadalupe Victoria se mantenían en pie de lucha. Nuevamente fueron los acontecimientos en España los que cambiaron el curso de la guerra, al triunfar la rebelión de Riego en 1820 que obligó al rey a jurar la Constitución liberal. Un grupo de criollos novohispanos que habían combatido a los insurgentes decidieron apoyarlos y consolidar la independencia antes de que la legislación liberal se impusiera y afectara a sus intereses. Agustín de Iturbide a través de la conspiración de la Profesa cambió de bando y se unió a Guerrero en Acatempan.

Con el Tratado de Córdoba firmado el 24 de agosto de 1821 el jefe militar español Juan O’Donojú reconoció la independencia de México. La entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, con Guerrero e Iturbide a la cabeza, marcó la victoria. Fue el 27 de septiembre de ese año.

Hoy es historia: México y la Primera Guerra Mundial.

Ana Portnoy

El Norte, Monterrey, N.L., 4 de agosto 2014. Sección Vida. Pág. 11.

El 4 de agosto de 1914 estalló la Gran Guerra, siendo la primera conflagración mundial y total de la historia pues participaron países de los 5 continentes poniendo al servicio de la contienda todos sus recursos. En México el tirano Victoriano Huerta ya había abandonado el país y empezaba la lucha entre las facciones revolucionarias: Venustiano Carranza contra Emiliano Zapata y Francisco Villa.

Cuatro meses después que Estados Unidos reconociera al gobierno de Carranza a finales de 1915, Villa atacó una guarnición militar en Columbus, Nuevo México, con la intención de provocar una intervención de Estados Unidos que depusiera al jefe constitucionalista. Sin embargo, sólo se envió una expedición punitiva de casi 5 mil soldados encabezada por el Gral. John Pershing que pretendió capturar al caudillo, persiguiéndolo infructuosamente durante 11 meses.

Mientras en el norte Villa se escabullía de los norteamericanos, en enero de 1917 el embajador germano en México recibió un telegrama cifrado enviado por Arthur Zimmermann, el ministro de relaciones exteriores de su país, para que propusiera a Carranza una alianza secreta contra Estados Unidos. Alemania planeaba ya iniciar un ataque contra todos los barcos que atravesaran el Atlántico, inclusive de países neutrales o con pasajeros civiles, que pudieran romper el bloqueo impuesto a Gran Bretaña y anticipaba el involucramiento de los estadounidenses a favor de los aliados.

El objetivo alemán era contar con un enclave geoestratégico que permitiera vigilar y atacar a Estados Unidos y que garantizara el abastecimiento del petróleo mexicano. Ofrecía a cambio ayuda financiera así como la reconquista de Tejas, Arizona y Nuevo México.

Para Carranza, la prioridad no era recuperar los territorios perdidos en 1836 y 1848 arriesgándose a una nueva guerra con Estados Unidos ni involucrarse en un conflicto internacional, sino consolidar su poder y derrotar a Zapata y a Villa, al tiempo que se llevaba a cabo la convención que promulgaría la nueva Constitución.

El telegrama fue interceptado y descifrado por el servicio secreto británico que lo hizo llegar a Woodrow Wilson. La nota Zimmermann acabó por decidir al congreso norteamericano a declarar la guerra a Alemania. El comandante de las fuerzas expedicionarias estadounidenses en el Atlántico del Norte fue el mismo John Pershing que había probado las nuevas armas en Chihuahua fogueando a su tropa. La entrada de Estados Unidos al conflicto fue decisiva pues cambió su curso en un momento en que la victoria parecía estar en manos alemanas.

La Gran Guerra terminó el 11 de noviembre de 1918 a las 11 am cuando Alemania se rindió y firmó el armisticio.

Hoy es historia: Dos revoluciones

Ana Portnoy

El Norte, Monterrey, N.L., 17 de julio 2014. Sección Vida pág. 9  

¿Se imagina vivir sin iphone, ipad, ipod, icloud? ¿Sin electricidad, automóvil, avión? ¿Sin radio, tele, cine? Ahora imagínese viviendo a la intemperie o en una cueva,  siguiendo a los animales de los que se alimenta y viste, recolectando semillas y elaborando sus propios utensilios de piedra, madera o hueso. Acechado constantemente por animales salvajes.

Las transformaciones más radicales que ha vivido la humanidad han sido las revoluciones neolítica e industrial. Ninguna fue súbita o violenta, pero fueron revolucionarias por el impacto que tuvieron, desde lo económico, político y social hasta el sistema de creencias, el desarrollo tecnológico y el conocimiento que generaron. Ambas en su momento mejoraron las condiciones de vida del hombre y modificaron la naturaleza.

En el Neolítico -alrededor del décimo milenio aC.- inició la agricultura y la ganadería que aseguraron el abastecimiento de alimentos, lo que permitió el sedentarismo y el crecimiento demográfico. Pequeños poblados se convirtieron en grandes ciudades surgiendo las primeras civilizaciones. La sociedad se especializó y estratificó, inició el comercio y surgieron religiones que rindieron culto a dioses protectores de las cosechas. Durante milenios la vida cotidiana, el trabajo de la tierra, los oficios, el conocimiento del cosmos y los modelos políticos se mantuvieron tal y como se habían desarrollado en ese período.

La otra gran revolución, en la cual nosotros seguimos inmersos, es la que inició en Inglaterra a mediados del siglo XVIII con el desarrollo de la tecnología a través de la mecanización y el desarrollo del motor de combustión interna. La economía, hasta entonces rural basada en la agricultura y el comercio dio paso una nueva de carácter urbano  e industrializada que transformó todos los aspectos de la vida, desde lo cotidiano hasta la forma de gobierno y los modelos de pensamiento.

Del trabajo manual y la transportación en carretas se pasó a la fabricación industrial y el transporte en trenes, barcos y aviones que pusieron en contacto todos los confines del planeta. Surgieron nuevas clases socio-económicas, nuevas ideologías y modelos políticos y, con el avance científico, nuevos medicamentos, acceso a alimentos y medidas higiénicas que han resultado en un acelerado crecimiento demográfico: 7,200,000,000 de personas habitamos el planeta, 6 mil millones más que en 1800.

Así como la revolución neolítica duró varios milenios, la industrial lleva casi tres siglos y sus avances siguen transformándonos. El vertiginoso desarrollo de nuevas tecnologías está haciendo realidad lo que hace pocos años era ciencia-ficción y plantean, como fue con el proceso de sedentarización, grandes retos a la vida cotidiana, a las relaciones interpersonales, a los paradigmas culturales y religiosos, al contexto laboral y al ejercicio del poder. El cambio continuo es la característica de nuestro tiempo.

HOY ES HISTORIA / El balón está en el aire

 Ana Portnoy

El Norte, Monterrey N.L., 12 de junio 2014. Sección Vida , pág. 9

Desde hoy, millones de fanáticos futboleros se reunirán alrededor de la televisión vitoreando a sus equipos favoritos. Si usted, novia o esposa, no comparte esta afición, durante las transmisiones será, prácticamente, una «viuda del futbol».

Igual que la tauromaquia, el origen del futbol es muy antiguo. En China fue ejercicio militar; en Japón, ceremonial, y el juego de pelota en Mesoamérica fue un ritual en el que el ganador tenía el honor de ser sacrificado a los dioses.

En la antigua Grecia, el episkyros se practicó con la esfaira hecha con la vejiga de un buey. Los romanos llevaron el deporte a los confines de su imperio llamando pila al balón, término del cual derivó pilotta. El fut se popularizó en Inglaterra en el siglo 8.

Se cuenta que la cabeza de un príncipe invasor fue pateada en el campo de batalla, y que en la Tercera Cruzada el rey Ricardo Corazón de León propuso al sultán Saladino decidir con un partido en qué manos quedaría Jerusalén.

Ante la violencia que el deporte generaba, en 1315 Eduardo II lo prohibió, aunque sus súbditos mantuvieron la pasión por el futbol, que llegó a convertirse en el deporte nacional inglés.

Desde el siglo 18, gobiernos y empresas promovían el futbol con fines recreativos y para prevenir ociosidad, vicios y agitación social.

En vez de reuniones en las que aflorara el consumo de alcohol, las confrontaciones, la crítica al gobierno o la organización de huelgas, participar en un partido canalizaba energía y desfogaba emociones.

Surgieron equipos fabriles, estudiantiles y representativos regionales. La práctica llegó a convertirse en una profesión, en la que hoy muchos futbolistas gozan de celebridad, perciben sueldos estratosféricos e imponen modas.

La mercadotecnia que gira alrededor del deporte, de los deportistas, sus prendas y los gustos de los fans, se traduce en ingresos multimillonarios. Se calculó que si México no iba al Mundial, la industria del futbol mexicano dejaría de percibir más de 600 millones de dólares.

La pasión futbolera no distingue razas, religión ni estatus socioeconómico. Pareciera que el prestigio local o nacional se defiende entre los pies de 11 jugadores.

Los fans han llegado a la violencia tanto si el equipo favorito gana o pierde. Pero también ha permitido treguas, como en las guerras de los Balcanes, hace 20 años, cuando los adversarios frenaron hostilidades para ver un partido.

Y en este Mundial, además de México, claro está, ¿a quién le va?

 ana@gustoporlahistoria.com

Hoy es historia/ Por escrito

Ana Portnoy

El Norte, Monterrey, N.L., martes 13 de mayo 2014. Sección Vida  pág. 11.

La historia de la humanidad tiene un antes y un después del inicio de la escritura.

Prehistoria es el tiempo desde la aparición del homo sapiens hasta que surgieron los primeros registros grabados en piedra, pintados en cortezas de árbol o pieles de animales o inscritos con cuñas en tablillas de barro y que lentamente condujeron al desarrollo de distintos alfabetos o sistemas de grafía.

A partir de ese momento inició la historia.

¿Por qué surgió la necesidad de registrar y preservar información?

Para el hombre primitivo, la sobrevivencia en un medio hostil implicó la necesidad de compartir conocimientos. Cómo cazar, qué recolectar, cómo hacer herramientas y de qué forma agradar a las fuerzas de la naturaleza se transmitían oralmente de generación en generación.

Alrededor del décimo milenio inició la vida sedentaria surgiendo sociedades estratificadas en las que los conocimientos se incrementaron.

Los primeros textos datan del tercer milenio a.C. y tratan sobre cuántos productos se almacenaban y cuántos se entregaban como tributo al Estado. Después empezaron a registrarse acontecimientos trascendentes: guerras y triunfos militares, logros de los gobernantes, ritos y plegarias a los dioses.

En el segundo milenio ya se escribieron códigos que reglamentaron la vida en sociedad, relatos mitológicos, tratados médicos y observaciones astronómicas.

Por la escritura podemos conocer las cosmovisiones de las antiguas civilizaciones y sus avances científicos, su literatura y sus relaciones con otros pueblos.

Testimonios de tiempos pasados quedan desde los petroglifos hasta las obras literarias clásicas.

Con la imprenta a partir del siglo 15, la reproducción de textos e imágenes se popularizó y abarató. Los libros estuvieron al alcance de un gran número de lectores y las noticias empezaron a publicarse en diarios.

Desde hace 20 años, la revolución digital ha democratizado el acceso a la información en tiempo real.

Sin embargo, la palabra escrita, inclusive en la red, también ha sido combatida.

El fanatismo religioso destruyó la Biblioteca de Alejandría y los acervos mayas, y la difusión de ideas liberales y avances científicos fue condenada a través de índices de libros prohibidos.

En nuestra época, regímenes autoritarios han censurado y restringido textos, hoy también a los medios electrónicos, considerados peligrosos por sus posibilidades de reflexión y crítica, y de revolución, como sucedió en la Primavera Árabe.

ana@gustoporlahistoria.com

 

Hoy es historia: ¿Se aprendió la lección?

Ana Portnoy

El Norte, Monterrey N.L., 15 de abril 2014, Sección Vida pág. 15

Desde 1944 las comunidades israelitas recuerdan a las víctimas del Holocausto el 27 del mes hebreo Nisán -28 de abril de este año- fecha en que, un año antes,  los judíos del ghetto de Varsovia se levantaron contra los nazis ante el destino que les esperaba en los campos de exterminio.

Ejemplo máximo de estigmatización, prejuicio, intolerancia y racismo, en 2005 la ONU estableció su conmemoración y enseñanza mundial en la fecha en que el ejército soviético liberó Auschwitz: 27 de enero de 1945.

¿Cómo fue posible que la patria de filósofos, científicos, músicos y poetas llegara a nociones de superioridad racial y política de exterminio que condujeron a la muerte no sólo de 6 millones de judíos (de éstos 1,500,000 niños), sino también de 200,000 discapacitados alemanes, Testigos de Jehová, homosexuales, comunistas, sacerdotes católicos y pastores protestantes?

En plena era del imperialismo cuando las potencias europeas establecieron su predominio en África y Asia surgió la doctrina racial. Del mundo natural las teorías se aplicaron a la sociedad y nociones de superioridad de la raza del trigo, selección natural, sobrevivencia del más apto y principios eugenésicos explicaron porqué unas naciones eran más desarrolladas y otras más atrasadas. El darwinismo social justificó la superioridad de individuos y sociedades sobre otros a quienes se podía -y debía- dominar, justificando así la discriminación y el sojuzgamiento.

La seudo-ciencia racial permeó inclusive en el México porfiriano que tuvo una política de puertas abiertas a la inmigración blanca para promover el progreso material y un nuevo mestizaje con el que se superaría el atraso atribuido a la población indígena.

Tras la Revolución hubo una matanza de orientales en el país al considerarlos factores de atraso y depravación, una página negra de nuestra historia. En esos años hubo iniciativas legislativas de atraer inmigrantes europeos para la reconstrucción económica y para “mejorar la raza”.

En Estados Unidos, cuando la población negra cobró su libertad surgió el Ku Klux Klan -xenófobo, homofóbico, antisemita, racista y anticomunista- que promueve la supremacía de la raza blanca y justifica la violencia, hoy bajo otros nombres -Klan Imperial y Partido de los Caballeros-.

A pesar de las lecciones de la historia el prejuicio y la discriminación persisten hasta hoy. ¿Cómo se pueden superar?  Sólo una educación para la paz basada en el respeto al Otro, la defensa de los derechos humanos y la práctica de valores democráticos permitirá una sociedad plural que garantice los mismos derechos para todos.

Hoy es historia: Y fuimos diosas

Ana Portnoy

El Norte, Monterrey N.L.  15 de marzo 2014. Sección  Vida  pág.  13.

El papel que la mujer ha tenido en las distintas culturas y sociedades ha dependido de condiciones de vida, actividades económicas y creencias religiosas que determinan el aprecio o marginación más allá de la función biológica. Hubo culturas antiguas que le dieron un papel preponderante en tanto hoy día hay sociedades que la confinan al hogar, negándosele acceso a educación, salubridad, participación política e igualdad legal.

Las diferencias sociales entre hombres y mujeres son construcciones culturales justificadas por valores y tradiciones, pues es imposible aislar, entre la infinidad de patrones de conducta y rasgos de personalidad individuales, características exclusivamente femeninas o masculinas. En el Paleolítico la mujer participaba en la cacería, como lo demuestran los fósiles de Tepexpan y, actualmente, en los países nórdicos los hombres tienen permisos por paternidad con goce íntegro del sueldo.

Las primeras nociones religiosas hace 30,000 años rindieron culto a la Diosa Madre, progenitora de la naturaleza y de los seres vivos. Isis, Ishtar, Astarté, Deméter, Ceres, Coatlicue personificaron la creación de la vida, el renacimiento de la naturaleza y la esperanza de la resurrección del hombre. En Egipto la hermana-esposa sacralizaba al faraón y hubo varias reinas por derecho propio. En Mesopotamia la mujer casada tenía libertad personal y financiera pudiendo solicitar el divorcio. En ambas culturas hubo juezas, escribas y sacerdotisas.

Sin embargo, en la democrática Atenas la mujer sólo fue el medio para engendrar hijos. Recluida en su casa, era propiedad de su marido, aunque se venerara a diosas tan poderosas como Hera o como Atenea, patrona de la sabiduría. Esta sumisión al padre-esposo-hijo se mantuvo en la antigua Roma bajo el concepto de Paterfamilia que se perpetuó en Occidente durante los siguientes 20 siglos.

Es a partir de las revoluciones industrial y francesa cuando inició la exigencia de igualdad de derechos y participación ciudadana femeninas, sobre todo al incorporarse la mujer al trabajo fuera del ámbito casero. Por el importante papel que desempeñó en el frente interno durante la Gran Guerra 1914-18 logró derechos políticos y participación activa en los espacios públicos en países europeos y la URSS y, tras la Segunda Guerra Mundial, la exigencia por igualdad política, educativa y laboral dio forma al movimiento feminista.

Pero el acceso de la mujer a derechos iguales sigue enfrentando muchas trabas, ya sea el denominado ˝techo de cristal” que no le permite alcanzar puestos directivos, diferencias salariales, componendas en los procesos electorales o la violencia de género que es minimizada por las autoridades.

Ni qué decir de la misoginia como del régimen Talibán que sigue violentando a sus propias mujeres, las restricciones en Arabia Saudita, la mutilación genital en África, la venta de niñas como esposas en los campos del sudeste asiático o los abortos y abandonos de recién nacidas con la política demográfica china. La conmemoración del Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo es un recordatorio sobre estas tareas pendientes.

Hoy es historia: La ley es rey

Ana Portnoy

El Norte, Monterrey N.L.   14 de febrero 2014. Sección  Vida  pág.  19.

En el pasado, los gobernantes fueron como dioses. Con poderes absolutos, sumo sacerdote y cabeza del gobierno a la vez, faraones, reyes y emperadores organizaron sus estados, impartieron justicia,  encabezaron ritos, comandaron ejércitos y promulgaron las leyes que rigieron  a sus sociedades, proclamando que éstas eran reveladas por los dioses. A Hammurabi se le representó  recibiéndolas del dios solar Shamash y en la tradición monoteísta Dios las dictó a Moisés en el Monte Sinaí.

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En el mundo antiguo, destacó por su excepcionalidad la democracia ateniense que dio derechos, voto y la oportunidad de participar en instancias del estado a los hombres, con condición que fuesen hijos de atenienses, mayores de 21 años y con recursos económicos. Aristóteles, en el siglo IV aC., consideró que la mejor forma de gobierno era la constitucional que garantizara a los ciudadanos igualdad ante la ley, con derechos y responsabilidades cívicas a favor del bien común.

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En Roma, para evitar la tiranía, el Senado tuvo amplias facultades políticas que fueron menguando conforme los emperadores afianzaron su poder  y, como en el antiguo Egipto, fueron divinizados. Con la cristianización del imperio la noción de Dominus Divus –Señor Divino- se transmutó al derecho divino de los reyes para gobernar. El Papa, al coronar al rey medieval, establecía la preeminencia y legitimidad del gobernante, quien, a su vez le debía fidelidad y obediencia.

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En el siglo XVIII, con el racionalismo y la Ilustración,  se desarrollaron los fundamentos teóricos del constitucionalismo a partir de las teorías sociales y políticas formuladas por Thomas Hobbes, John Locke, el Barón de Montesquieu y Juan Jacobo Rousseau quienes concedieron derechos a los ciudadanos y propusieron limitar el absolutismo de los reyes a través del imperio de la ley y la separación de poderes, como ya sucedía en Inglaterra con su modelo de monarquía parlamentaria.

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La primera constitución de la Modernidad fue la estadounidense promulgada en 1787, seguida por la Declaración francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Ambas garantizaron las libertades fundamentales del hombre, así como las de credo, de expresión, de reunión y de prensa, reflejando los ideales ilustrados de libertad individual y derechos naturales., expresando los ideales a los que debe aspirar cada sociedad

Éstas fueron los modelos para las constituciones de los países latinoamericanos una vez alcanzada su independencia.

Fuente imágenes:

The Sun and the Rosette.

Blog de cultura clásica.

Espadas, sables y cuchillos, Aceros de Hispania.

The Fourth Branch – Your Link To Congress.

HOY ES HISTORIA / El eterno retorno.

El Norte, Monterrey, N.L., 9 de enero 2014. Sección Vida, pág. 7

El pasado marca costumbres, creencias y artes. Huella que estará presente en la columna mensual de la historiadora y académica Ana Portnoy.

Nuestro concepto del tiempo, pese a ser una secuencia de años desde un origen hacia un futuro, sea desde la Creación al Juicio Final o del Bing Bang a la extinción del Sol, contiene también una ancestral noción de un ciclo que se repite anualmente.

En todas las culturas, el inicio del año implicaba la repetición del ciclo vital: equinoccios y solsticios marcaban el paso de las estaciones cumpliendo toda la naturaleza el mismo destino: nacimiento, crecimiento, reproducción, muerte.

De esta forma, las actividades económicas, sociales y rituales tenían sus temporadas, sus dioses y sus fiestas propias.

Año tras año, el cambio era reconocido y predicho con exactitud gracias a observaciones astronómicas y uso de calendarios que marcaban el principio y el fin del ciclo: de la siembra y la cosecha a las noches largas que terminarían con el renacimiento de la vegetación.

Las religiones establecieron ritos y ceremonias para conmemorar ese eterno retorno, como lo denominara el filósofo e historiador Mircea Eliade.

Cada año, Hades tendría a Perséfone en el inframundo por seis meses en los que la tierra sería yerma, y después Deméter recuperaría a su hija para engalanar los campos con el verdor y frescura que trae consigo el verano y la opulencia de la recolección otoñal.

Así como la naturaleza, la vida del hombre pasa por cambios reconocibles y que implican rituales para marcar el fin de una etapa y el inicio de otra: nacimiento, iniciación como parte de un grupo, matrimonio y procreación, muerte y esperanza en la resurrección.

Desde el Paleolítico hasta hoy día, estos ritos han perdurado, puesto que bautizo, primera comunión, consagración matrimonial y extremaunción -manifestadas de distintas formas de acuerdo con cada religión- siguen siendo los rituales que conciben la vida humana como un ciclo celebrando simbólicamente el paso de una etapa a la siguiente.

En Occidente, el primer mes del año (enero, january, januar, janeiro) recuerda el nombre de Jano, el dios romano de los comienzos.

Con dos rostros, uno viendo al frente y otro atrás, conocía pasado y futuro, por lo que se le invocaba el día en que iniciaba el nuevo ciclo asegurando, si se cumplía con el ritual, un buen final.

Hombres y mujeres posmodernos aún cumplimos con el rito ancestral de conmemorar el inicio de un nuevo año, listos para festejar las fechas importantes de nuestro ciclo de vida con la esperanza de que nuestros buenos propósitos se conviertan, en este 2014, en una realidad.

La autora es historiadora y académica.

ana@gustoporlahistoria.com