El espíritu olímpico

Ana Portnoy

Los XXXI Juegos Olímpicos que se celebrarán en Río de Janeiro entre el 5 y el 21 de agosto son los primeros que se llevan a cabo en Sudamérica y los segundos en un país latinoamericano, 48 años después de que México fuera sede. En 306 eventos de 28 disciplinas participarán 10,500 atletas.

Hoy justas deportivas, en sus orígenes fueron competencias dedicadas al dios griego Zeus. Los primeros juegos olímpicos se verificaron en julio del año 776 aC. en a ciudad de Olimpia en donde se encontraba el santuario del dios,  llevándose a cabo cada 4 años y participando atletas de distintas regiones de Grecia.

Sus objetivos fueron el desarrollo del cuerpo y el alma, la amistad entre las distintas ciudades-estado y el acatamiento al mandato de los dioses. Durante la celebración de los juegos se promulgaba, si había un conflicto bélico, una tregua llamada “paz olímpica” para que los atletas pudieran viajar con seguridad desde sus ciudades a Olimpia.

Desde los 12 años los griegos iniciaban la educación para el deporte –ejercicios físicos y atletismo-, tanto para normar su comportamiento como para desarrollar su musculatura. A los 20 años se les consideraba listos tanto para tomar las armas como para participar en los juegos olímpicos.

En ellos sólo participaban hombres que entrenaban bajo un severo y supervisado régimen de disciplina deportiva. Las competencias iniciaban con diversos ritos religiosos y consistieron en carreras de velocidad de distintas distancias, carrera de carros, salto de longitud, lanzamiento de disco y de jabalina, lucha  y box.  Posteriormente se agregaron concursos musicales.

Para el siglo 4 aC. ya participaban atletas de otras regiones del Mediterráneo por lo que se fue perdiendo el contenido religioso destacándose más la competencia y la profesionalización del deporte.

Bajo la hegemonía romana sobre Grecia la práctica deportiva y las competencias perdieron su importancia y con el cristianismo como la única religión del imperio, se condenó el culto al cuerpo y al deporte que se habían expresado en la frase “mente sana en cuerpo sano”. El emperador Teodosio el Grande abolió las Olimpíadas en 394 dC. al considerarlas un festejo pagano. En 1,200 años se habían celebrado 293 justas.

Los juegos olímpicos renacieron en 1896 gracias a los esfuerzos del Barón de Coubertin y se llevaron a cabo por primera vez después de 1500 años nuevamente en Grecia. Fue tal su éxito que en 1924 se agregaron los Juegos Olímpicos de Invierno y en 1960 las Paralimpiadas dedicadas a las competencias de deportistas con capacidades diferentes.

A la fecha solo se han suspendido los de 1916 y los de 1944 debido a las dos guerras mundiales.

 

¿La de-construcción de Europa?

Ana Portnoy

El Zollverein fue la unión aduanera de 1834 por la que los estados alemanes, entonces independientes, se vincularon económicamente eliminando tarifas arancelarias y ampliando la comercialización de bienes. Para algunos historiadores este acuerdo fue el arranque de la unificación alemana que se concretó en 1871. Su éxito sería el antecedente para la creación de un bloque económico europeo en la segunda mitad del siglo XX y que paulatinamente llevó al establecimiento de la Unión Europea.

Por siglos las relaciones entre los estados europeos estuvo caracterizada por conflictos bélicos, ya fueran por territorio, religión o seguridad nacional. Las dos guerras mundiales, con casi 90 millones de muertos en conjunto, fueron las más mortíferas. En 1950 en plena Guerra Fría el ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schumann, presentó un plan para una mayor interacción económica entre países que impidiera un nuevo conflicto armado. Así surgió la Comisión Económica del Carbón y el Acero (CECA) formada por Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos.

Con la adhesión de más países y a través del Tratado de Roma de 1957 se estableció la Comunidad Económica Europea para  fincar “los fundamentos de una unión más estrecha y sin fisuras entre los países europeos” que llevaría a la integración económica y, paulatinamente, a la unión política.

El Reino Unido, sin embargo, se negó a ingresar por la importancia de los lazos comerciales y políticos con sus colonias y ex-colonias en la Commonwealth y el temor a perder soberanía ante las instancias supranacionales que conducirían a la unidad europea. Sin embargo, el espectacular crecimiento económico de la CCE le hizo cambiar de opinión solicitando su incorporación en 1961 y lográndola once años después.

En 1992 con el Tratado de Maastrich la CCE se transformó en la Unión Europea (UE) con el objetivo de integrarse políticamente de manera más estrecha, aceptando tener una serie de  políticas comunes: seguridad, medio ambiente, relaciones exteriores, salud, justicia y migración. Se concedió la ciudadanía europea a los ciudadanos de cada nación así como libre tránsito (Acuerdo Schengen 1995) y se iniciaron las negociaciones para la unión económica y monetaria y una moneda única, el euro (1999). Gran Bretaña, sin embargo, no se adhirió a estas dos últimas.

La UE ha permitido más de medio siglo de paz, estabilidad y prosperidad en Europa, elevando los niveles de vida de los ciudadanos de los países miembros. En el 2012 recibió el Premio Nóbel de la Paz por fomentar la paz, la reconciliación, la democracia y los derechos humanos  en Europa.

Sin embargo, la construcción de Europa no ha estado exenta de cuestionamientos y conflictos. La crisis económica en los años ´90 disparó el desempleo y cada país se abocó más a las cuestiones nacionales que a las europeas. Hubo graves tensiones monetarias que cuestionaron la unión económica y, además, el conflicto en los Balcanes trajo nuevamente la guerra a suelo europeo sin que la UE pudiera implementar una política exterior y de seguridad comunes.

El euroescepticismo, el nacionalismo extremo, la inmigración –tanto interna como de refugiados no-europeos-, las instancias supranacionales y su burocracia y la oposición al rescate de los países endeudados han fortalecido la oposición a mantenerse dentro de la UE. Estas tendencias son los retos que enfrenta la Unión Europea como lo demostró el refrendo por el Brexit el pasado mes de junio, en el cual el 52% del electorado en Reino Unido votó por abandonar la Unión Europea.