Hoy es historia: Y fuimos diosas

Ana Portnoy

El Norte, Monterrey N.L.  15 de marzo 2014. Sección  Vida  pág.  13.

El papel que la mujer ha tenido en las distintas culturas y sociedades ha dependido de condiciones de vida, actividades económicas y creencias religiosas que determinan el aprecio o marginación más allá de la función biológica. Hubo culturas antiguas que le dieron un papel preponderante en tanto hoy día hay sociedades que la confinan al hogar, negándosele acceso a educación, salubridad, participación política e igualdad legal.

Las diferencias sociales entre hombres y mujeres son construcciones culturales justificadas por valores y tradiciones, pues es imposible aislar, entre la infinidad de patrones de conducta y rasgos de personalidad individuales, características exclusivamente femeninas o masculinas. En el Paleolítico la mujer participaba en la cacería, como lo demuestran los fósiles de Tepexpan y, actualmente, en los países nórdicos los hombres tienen permisos por paternidad con goce íntegro del sueldo.

Las primeras nociones religiosas hace 30,000 años rindieron culto a la Diosa Madre, progenitora de la naturaleza y de los seres vivos. Isis, Ishtar, Astarté, Deméter, Ceres, Coatlicue personificaron la creación de la vida, el renacimiento de la naturaleza y la esperanza de la resurrección del hombre. En Egipto la hermana-esposa sacralizaba al faraón y hubo varias reinas por derecho propio. En Mesopotamia la mujer casada tenía libertad personal y financiera pudiendo solicitar el divorcio. En ambas culturas hubo juezas, escribas y sacerdotisas.

Sin embargo, en la democrática Atenas la mujer sólo fue el medio para engendrar hijos. Recluida en su casa, era propiedad de su marido, aunque se venerara a diosas tan poderosas como Hera o como Atenea, patrona de la sabiduría. Esta sumisión al padre-esposo-hijo se mantuvo en la antigua Roma bajo el concepto de Paterfamilia que se perpetuó en Occidente durante los siguientes 20 siglos.

Es a partir de las revoluciones industrial y francesa cuando inició la exigencia de igualdad de derechos y participación ciudadana femeninas, sobre todo al incorporarse la mujer al trabajo fuera del ámbito casero. Por el importante papel que desempeñó en el frente interno durante la Gran Guerra 1914-18 logró derechos políticos y participación activa en los espacios públicos en países europeos y la URSS y, tras la Segunda Guerra Mundial, la exigencia por igualdad política, educativa y laboral dio forma al movimiento feminista.

Pero el acceso de la mujer a derechos iguales sigue enfrentando muchas trabas, ya sea el denominado ˝techo de cristal” que no le permite alcanzar puestos directivos, diferencias salariales, componendas en los procesos electorales o la violencia de género que es minimizada por las autoridades.

Ni qué decir de la misoginia como del régimen Talibán que sigue violentando a sus propias mujeres, las restricciones en Arabia Saudita, la mutilación genital en África, la venta de niñas como esposas en los campos del sudeste asiático o los abortos y abandonos de recién nacidas con la política demográfica china. La conmemoración del Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo es un recordatorio sobre estas tareas pendientes.

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