México: textos novelados sobre la Independencia y el siglo XIX

Aguirre, Eugenio. Hidalgo, entre la virtud y el vicio. México: Planeta. 2009.

_____________. Victoria. México: Joaquín Mortiz. 2008.

Arenas, Reinaldo. El mundo alucinante. España: Tusquets. 1997.

Beltrán, Rosa. La corte de los ilusos. México: Planeta-Conaculta. 2007.

Del Palacio, Celia. Leona. México: Suma de letras. 2010.

Del Paso, Fernando. Noticias del Imperio. México: Mondadori. 1987.

Domínguez, Christopher. Vida de Fray Servando. México, Ediciones Era-CONACULTA-INAH,  1997.

Ibargüengoitia, Jorge. Los pasos de López. México: Joaquín Mortiz. 1987.

Mastretta, Ángeles. Mal de amores. México: Alfaguara. 1997.

Meyer, Jan. El camino de Baján. México: Tusquets. 2009

Molina, Silvia. Matamoros: El resplandor de la batalla. México: Grijalbo Mondadori. 2010.

Orozco, Rebeca. Tres golpes de tacón. México: Planeta. 2009.

Palou, Pedro Ángel. Morelos, morir es nada. México: Planeta. 2007.

Pascual, Carlos. La insurgenta. México: Grijalbo. 2009.

Parra, Eduardo Antonio. Juárez, el rostro de piedra. México: Editorial Grijalbo. 2009

Serna, Enrique. El seductor de la Patria. México: Joaquín Mortiz. 2001.

Obras de teatro.

Usigli, Rodolfo. Corona de sombras. México: Porrúa. 2002.

Leñero, Vicente. Martirio de Morelos. México: Seix Barral. 1983.

Bajan a héroes de su pedestal

Desmitifican a los personajes históricos. Muestran en libros, novelas y películas lado humano de los próceres patrios.

Abraham Vázquez

El Norte, Monterrey, N.L., 13 de septiembre de 2010. Sección Vida, pág. 9

<http://www.elnorte.com/libre/online07/edicionimpresa/default.shtm?seccion=nacional&gt;

No hay pedestal que dure 100 años, ni héroe que lo resista.

Los mayores lo recordaran: hace años era incorrecto verle los defectos a los héroes patrios, era imposible preguntar por los hijos de Miguel Hidalgo y Costilla y hasta era motivo de censura dirigirse con humor a los próceres de la Patria…

Hoy, sin embargo, los tiempos han cambiado.

ADIÓS A LOS MITOS

En este Bicentenario de la Independencia todo es muy diferente.

Basta asomarse a una librería, ir al cine o encender la televisión para darse cuenta de que la historia de bronce, aquella en la que los héroes eran casi santos laicos como aparecen en sus estatuas, es cosa del pasado.

Investigadores, escritores, guionistas, novelistas, cineastas y artistas en la actualidad indagan la cara oscura del poder que dominó los destinos del País, revisan los mitos y lanzan dardos de humor para devolver a los héroes patrios a una dimensión más humana.

«Ya no queremos héroes con alas de oro, todos son seres humanos con pies de barro», explica Lino García, profesor emérito de literatura hispánica de la Universidad de Texas-Pan American.

«En cierto sentido se destruye cierta aura de heroísmo que tenemos que impartir en los jóvenes para que tengan una imagen respetuosa del pasado, pero al mismo tiempo estamos pidiendo más realidad cruda ante los eventos históricos que están llegando hoy. Es la época nuestra, no digo que es buena o mala, ésa es la realidad»…

El éxito comercial de este tipo de publicaciones es muestra de que hay un interés del público hacia las revisiones de los mitos históricos…

«¿Por qué poner a los grandes héroes de la Independencia o de la Revolución en nichos o en capillas inaccesibles como si fueran hombres perfectos que no tienen debilidades como cualquier otro mortal? Por supuesto que tienen sus debilidades», dijo Martín Moreno en un video difundido desde la página oficial del libro.

NUEVAS FACETAS DE LA HISTORIA

El fenómeno por revisar la historia no es nuevo. Hay antecedentes en los 60 y 70, como del entrañable Jorge Ibargüengoitia, quien hizo la parodia de la novela de la Revolución Mexicana en Los Relámpagos de Agosto y retrató con humor a los independentistas en Los Pasos de López; además de las tiras de Eduardo del Río, «Rius».

En años recientes han aparecido investigaciones y novelas históricas hechas al margen de la historia oficial, como la monumental investigación Conservadurismo y Derechas en México, de la historiadora Erika Pani; y novelas como Juárez. El Rostro de Piedra, de Eduardo Antonio Parra.

Sin embargo, la conmemoración del Bicentenario parece acentuar más esa tendencia a revisar la historia…

La revisión de los mitos, el rescate de nuevos materiales sobre la historia y sus personajes y el mostrar nuevas facetas desconocidas puede contribuir a abrir otras ventanas para asomarse a la historia.

«Es brindar información ‘nueva’, no conocida hasta este momento, sobre personas que desde su espacio fueron testigos y protagonistas de esos momentos, y cuya voz fue silenciada desde diferentes instancias del poder, o bien, que por diversos motivos se mantenía hasta el momento desconocida», dice Gerardo Salvador González Lara, profesor del Departamento de Estudios Humanísticos del Campus Monterrey, adscrito a la Cátedra de Investigación Memoria, Literatura y Discurso.

«Nos brinda el reto de proponer nuevas reflexiones en miras a cuestionar otras versiones de la historia», agrega.

Cada generación escribe su historia. La generación del Bicentenario de la Independencia ya habló. A los futuros mexicanos les corresponderá juzgar o desacralizar lo que se escribió en este tiempo. Ésa es una máxima de la historia.

Hacen best sellers a libros históricos

Venden librerías unos 500 ejemplares sobre historia al mes. Casas editoriales publican cada mes al menos un libro sobre personajes del pasado mexicano.

Olivia Guzón

El Norte, Monterrey, N.L., 13 de septiembre de 2010. Sección Vida, pág. 11

<http://www.elnorte.com/libre/online07/edicionimpresa/default.shtm?seccion=nacional&gt;

La euforia por la historia que ha traído la celebración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución ha llegado a las casas no sólo a través de eventos, películas y programas de televisión, sino también a través de libros.

Ante el renaciente interés de las personas por la historia de México, las casas editoriales no se quedaron atrás.

«La mayoría de las novedades que han estado sacando las editoriales son sobre historia de México; sacan por lo menos un libro al mes», dijo Liliana Rodríguez, jefa de la librería Ghandi.

Las ventas de estos libros han aumentado tanto que ahora las librerías han dedicado un espacio especial para exhibir estas novedades…

Al grado que, a pesar de ser libros de historia, ahora son considerados de moda.

«Todos buscan estos libros», dijo Marcelo Leija, vendedor de piso de la librería Porrúa, «los jóvenes por su inquietud, los ancianos porque están más familiarizados con el tema y los maestros porque son parte de su respaldo académico».

De acuerdo con librerías locales, las novelas históricas son las que, por su mezcla de ficción y realidad, encabezan la lista.

«Se venden más porque son lo más light y lo más accesible», comentó Rodríguez.

«La que más se ha vendido es Pobre patria mía (de Pedro Ángel Palou), que cuenta la historia de Porfirio Díaz, pero de manera muy sencilla y en primera persona».

También se destacan entre los lectores los libros que cuentan la historia no oficial, aquellas investigaciones que muestran el lado turbio de los héroes nacionales y que, por lo mismo, son omitidas regularmente en la educación escolar.

«El de Camino a Baján (de Jean Meyer) me gustó porque cambia la historia» , comentó Nereo Guerrero, de 76 años. «Siempre hemos visto a Hidalgo como guerrillero, valiente, noble y cura, pero aquí se muestra que Allende lo tuvo que frenar cuando atacaron la Alhóndiga de Granaditas porque quería matar a todos los españoles que estaban ahí.

«Yo no sabía eso, esto es una versión nueva para mí, eso me hace que me cuestione si la historia que conozco es 100 por ciento confiable», añadió.

Pero no todo es simple entretenimiento, con el fin de prepararse académicamente algunos lectores buscan libros de corte biográfico.

«La diferencia está en que las personas mayores, como siempre han consumido este tipo de literatura, buscan novelas de personajes que no son tan conocidos como Miramón y Leona, en cambio los jóvenes buscan libros sobre personajes más conocidos como Porfirio Díaz y Carranza», dijo Rodríguez…

Ya sea moda o verdadero interés, un libro siempre es una buena opción para conocer la historia.

«Vivimos un momento que debería prestarse a la reflexión y estos libros (de corte histórico) son un buen reflejo del pasado y de hacia a dónde vamos», dijo Daniel de la Garza, de 27 años, aficionado a la historia.

De moda

Éstos son los libros más vendidos inspirados en la historia de México:

· Pobre patria mía, de Pedro Ángel Palou (2010).

· Arrebatos carnales, de Francisco Martín Moreno (2009).

· Leona, de Celia del Palacio Montiel (2010).

· El misterio del águila, de Juan Manuel Zunzunegui (2010).

· El brigadier. Mi destino: la Independencia de México, de Jorge Zarzosa Garza (2009).

· Hidalgo, entre la virtud y el vicio, de Eugenio Aguirre (2009).

· Tres golpes de tacón, de Rebeca Orozco (2009).

· Camino a Baján: Una viva recreación de las batallas y la agitada travesía del cura Hidalgo en la Independencia de México, de Jean Meyer (2010).

· La cena del bicentenario, de Héctor Zagal (2009).

· La Insurgenta, de Carlos Pascual (2010).

· Díaz y Madero: La espada y el espíritu, de Armando Fuentes Aguirre «Catón» (2010).

· Porfirio Díaz: Del héroe al dictador, de Paul Garner (2010).

· Matamoros: El resplandor de la batalla, de Silva Molina (2010).

Manuel Payno: un prohombre en la frontera

Antonio Guerrero Aguilar

Cronista de la Ciudad de Santa Catarina

Para conocer el maravilloso siglo XIX, es necesaria la lectura acerca de la obra del literato, escritor, viajero, militar, funcionario público, educador y ex secretario de Hacienda,  Manuel Payno es muy importante para conocer la vida y las costumbres del siglo XIX. Su manera de narrar, escribir y sobre todo, su vida llena de acontecimientos que lo ligan de una u otra forma con la historia de México. La imagen testimonial que Manuel Payno elaboró acerca sobre la vida y las costumbres de México decimonónico, así como del noreste mexicano, son aportes significativos a las letras mexicanas para conocer y entender mejor nuestra historia. Si alguien conoció y vivió plenamente el siglo XIX, ese fue sin duda Manuel Payno.

Manuel Payno y Flores nació el 28 de febrero de 1820 en la ciudad de México, hijo de José Manuel Payno y Bustamante y de María Josefa Cruzado.   Por línea paterna estaba emparentado con el general Anastasio Bustamante. Se puede decir que nuestro biografiado es uno de los escritores que más vivió intensamente el siglo XIX. Fue meritorio en la Aduana de México en 1834, diputado al Congreso de la Unión, diplomático, Ministro de Hacienda en dos ocasiones, Senador y Presidente de la Cámara Alta, catedrático de historia de México y fundador de la Escuela Nacional Preparatoria, conspirador en el Plan de Ayutla y participante en el golpe de estado a Ignacio Comonfort con el Plan de Tacubaya, liberal moderado, simpatizante de Maximiliano de Habsburgo y posteriormente patriota con la causa republicana en los primeros años de la presidencia del General Porfirio Díaz.

Autor de una buena cantidad de obras literarias e históricas. Sobresalen Los bandidos de Río Frío, tal vez el estudio costumbrista más  amplio que existe en la literatura mexicana, El Fistol del Diablo, El hombre de la situación, El libro Rojo entre otros más.

Entre 1837 y 1844 radicó en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, a la que llegó junto con Guillermo Prieto. Ahí trabajó como empleado aduanal, luego como contador en la misma dependencia y en 1840 como secretario particular de Mariano Arista en el Ejército del Norte que tenía precisamente su cuartel general en ese puerto fronterizo, llegando a alcanzar el grado de teniente coronel. Desde 1838 empezó a contribuir con narraciones cortas para varios periódicos, revistas y publicaciones de la ciudad de México. En pocas palabras, su vocación literaria se forjó en la frontera aledaña al Río Bravo o Grande del Norte.

En 1839 emprendió un viaje  hacia el Presidio de Río Grande, actual Guerrero, Coahuila, por lo que conoció varios puntos río arriba: Reynosa, Camargo, Mier, Revilla (actual Guerrero Viejo) y Laredo que en ese entonces aún pertenecía a Tamaulipas.  El escritor nos cuenta en sus crónicas,  que sus impresiones de viaje, fueron anotadas en su cartera y las enriqueció con entrevistas personales de los habitantes de la región.

En una de sus relatos, nos dice que llegó a los diecinueve  años, montado en un alazán tan flaco como brioso, una espada tan larga como desafilada, unas pistolas de media vara de largo que habían pertenecido a su abuelo y una cabeza llena de pensamientos románticos.

En 1886 Payno fue nombrado cónsul mexicano en Santander, España y luego pasó con el mismo cargo a Barcelona en donde permaneció cinco años. Aprovechó su estancia para recorrer las principales ciudades europeas. Regresó a México en 1894 en donde volvió a ocupar un escaño en el Senado de la República, en donde fue elegido presidente, cargo equivalente para la época como de vicepresidente del poder ejecutivo. Sus últimos días los pasó en San Angel, en donde murió el 4 de noviembre de 1894.

Antonio Guerrero Aguilar: textos de historia regional.

El Dr. Antonio Guerrero Aguilar es cronista de la Ciudad de Santa Catarina y el presidente de la Mesa Directiva 2010-2012 de la Asociación Estatal de Cronistas Municipales de Nuevo León, José P. Saldaña, A.C.

Publica sus textos en el medio virtual Sabinas Hidalgo.net

El David de San Pedro

27 de mayo 2011

El David: de la biblia al renacimiento

Cuando se cumplen años, como señal de felicitación se canta una estrofa de una canción a la que relaciona las mañanitas con el rey David. David fue el segundo rey de Israel entre los años mil y 962 antes de Cristo. Pertenecía a la tribu de Judá y estaba llamado a liberar a su pueblo. Precisamente en el Libro Primero de Samuel, encontramos muchas referencias que nos hablan de su vida: de cómo siendo de una cuna humilde, pastor de cabras, retó al gigante Goliat y lo venció con tan solo una honda. De cómo entró a la corte del rey Saúl y terminó siendo ungido rey de Israel. Se le describe como hijo de Jesé el belemita, sabía tocar un instrumento musical, era valeroso, buen guerrero, de palabra amena y agradable presencia. Por cierto, es uno de los troncos genealógicos de un linaje al cual pertenecía Jesús, a quien se le conoce en los evangelios como el gran hijo de David.

En el renacimiento italiano, los grandes pintores y escultores se dedicaron a recrear escenas y personajes bíblicos a los que ajustaban a los moldes del arte grecolatino. De ahí que Miguel Angel, realizara entre 1501 y 1504 una gran escultura de cuatro metros de altura. Para ello, consiguió un bloque que estaba abandonado en la plaza de la Señoría de Florencia, mismo que Leonardo también buscaba para realizar un trabajo escultórico. Lo cierto, es que el David, la escena del momento de la creación en la pintura central de la Capilla Sixtina y el hombre de Vetrubio de Leonardo, representan el cambio del sistema teocéntrico al antropocéntrico y el triunfo de las humanidades. Pronto la escultura ganó fama, y llegó representar a la señorial y magnífica república de Florencia. El David estuvo hasta 1910 en la plaza de la Señoría, año en que fue trasladada a la Galería de Arte de Florencia y para ello, se mandó hacer una réplica que fue colocada en su sitio original. Para muchos historiadores del arte, el David es una de las esculturas más famosas e importantes en la historia del arte y de la civilización.

De Florencia a San Pedro

En 1943, los hermanos Ignacio, Manuel y Alberto Santos, promovieron el desarrollo urbano de una zona de Garza García, a la cual le pusieron colonia del Valle, cuyo eje principal estaba compuesto por dos calzadas: la de San Pedro que corre de norte a sur y la del Valle que corre de oriente a poniente. Posteriormente, la señora Yolanda Salinas, esposa del empresario Jaime Garza, propietarios de la antigua hacienda de la Décima, celebraron un contrato para ceder una parte del terreno contiguo al río Santa Catarina, como derecho de paso y construir un puente para comunicar a San Jerónimo en Monterrey con el nuevo desarrollo inmobiliario. El puente, sólido y sobrio como los empresarios que lo proyectaron, obra del ingeniero Eduardo Belden, desde entonces ha resistido los embates de las aguas embravecidas del río Santa Catarina.

Del lado de San Pedro, el sitio se le conocía como Loma Blanca, precisamente en donde inicia la Loma Larga que casi toca al cerro de las Mitras. Lugar histórico por excelencia, pues por ahí el ejército norteamericano rodeó para caer sobre el sitio de defensa del cerro del Obispado durante la ocupación norteamericana en 1846.

Se dice que don Jaime Garza creía en la reencarnación y tenía la convicción de que en su otra vida había sido un italiano distinguido, al servicio de los Médicis de Florencia. Cuando decidieron hacer un desarrollo inmobiliario al que llamaron Fuentes del Valle, en lugar de ponerles nombres a las calles con ríos, se les puso vías, como Apia, Savotino, entre otras más. Y para coronar su loable esfuerzo, mandaron hacer una escultura del David, sobre una plaza circular que diera la bienvenida tanto a Garza García como a las colonias nuevas. Me dicen que el autor de la obra es ni más ni menos que el escultor alemán Matías Goeritz (1915-1990) al que le debemos obras de considerable valor estético como las torres de Ciudad Satélite y la Serpiente que se instaló recientemente en Monterrey.

Hoy se venden recuerdos y se compran olvidos (Carlos Pellicer)

La escultura del David continuamente es usada como una alegoría relacionada a la educación. Educación significa literalmente sacar hacia fuera. Una vez le preguntaron a Miguel Angel por qué necesitaba el bloque de mármol y el les dijo que ahí estaba el David, descansando entre la roca y que el le quitaría lo sobrante y solo dejaría la forma humana visible. El escultor florentino quedó tan asombrado con su obra, que tomó un martillo y lo golpeó con la intención de hacerlo hablar.

Es cierto que el David de San Pedro no tenía la proporción del original y continuamente fue blanco de críticas y travesuras. Pero siempre fue un punto referencial por excelencia. Siempre decíamos, “ahí por el David”. Y ¿ahora cómo vamos a decir? Se justifica la realización de una obra peatonal con diseño de algún artista renombrado de la actualidad. Pero no termina de gustarme. Si era una obra de arte del municipio de San Pedro, colocada e inaugurada en 1967 por la entonces alcaldesa doña Norma Villarreal de Zambrano, pues lo más lógico era llevarla a otra parte del municipio, sin deshacerse de ella ni entrar a subastas.

Para los arqueólogos, la pieza es importante en su punto original, pues ella está en un contexto que se puede leer e interpretar. Fuera de ello, no deja de ser una obra decorativa, situada en medio de muchos otros íconos de la cultura contemporánea. En su plazoleta, el David estaba alto, erguido, con orgullo, presto a la lucha para derrotar a los filisteos. Lo peor del caso, es que nos estamos quedando en una zona metropolitana sin refencias ni puntos en común, cuya intención es preservar lo que fuimos y hablar de lo somos. Un grupo social sin nexos ni símbolos que promuevan nuestra memoria e identidad.

El pueblo de los Nogales de Santa Catarina.

6 de mayo de 2011

El rancho Los Nogales –que antiguamente comprendía el ejido “El Potrero”- se encuentra a siete kilómetros al sur de la cabecera municipal, con rumbo a la Sierra Madre. Está al pie de una formación pétrea conocida como “el pico del águila”. Esta población es la entrada al cañón que llaman de la Mielera. Respecto al nombre que ostenta: se dice que le llaman nogales debido a la cantidad de árboles que había y que ya no hay. De hecho, en un escrito de mediados del siglo XIX cuando se habla de una incursión de indios a la región, ya se hacía referencia a dicho nombre. En cuanto al potrero, éste es el nombre que los españoles dieron a todos los cañones y sierras existentes dentro de la merced de tierras que le otorgaron a Lucas García en el siglo XVII. Aunque se dice en Nogales, que el lugar originalmente se llamó “rancho de las Tenerías” debido a que curtían baquetas de cuero con cascara de encino colorado y que estaba a un lado del río Santa Catarina, más abajo de donde actualmente está la población.

Cuentan los más antiguos e incluso personas que lamentablemente ya no existen, que después de la inundación de 1909 se cambió el lugar de residencia al lugar que actualmente conocemos. Cuando se acabaron las tenerías el lugar comenzó a llamarse Nogales. Una característica del poblado es que casi todos sus pobladores tienen el apellido Rangel. Don Chano Rangel (Q.E.P.D.) platicaba que el primer Rangel que llegó se llamaba Juan. Juan Rangel se casó con Elena Velázquez originaria de Ramos Arizpe, Coahuila y tuvieron 11 hijos: seis varones y cinco mujeres. Entre los primeros destacan Esteban, Maximino, Cipriano, José, Apolonio y Feliciano. José, Apolonio y Feliciano se casaron con las tres hijas de un matrimonio formado Jesús Sepúlveda y Camila Rodríguez García.
Don Jesús Sepúlveda había nacido en 1847 en la hacienda de San Pedro y de oficio jornalero. Camila Rodríguez de Santa Catarina nacida en 1853. Tenían tres hijas como ya se había mencionado: Juana que se casó con Apolonio Rangel, Petra que se casó con Feliciano y Salomé (nacida en 1871) que se casó con José.
De hecho la mayoría de los Rangel ya sea de Nogales o Santa Catarina descienden de los dos troncos formados por Feliciano y José. Este tuvo ocho hijos y una hija llamada Pánfila que se casó con Mauricio Aguilar.
Ya para la década de los 1930 toda la gente andaba alborotada por el agrarismo promovido por el General Lázaro Cárdenas. De hecho, el 20 de noviembre de 1936 (fecha que coincidió con los 340 años de fundación de Santa Catarina) se les dio posesión provisional para el ejido y en 1943 el Gobernador Arturo B. De la Garza les dio los títulos y nombramientos definitivos. En 1936 sólo les repartieron las tierras a 10 familias y 18 quedaron sujetas a los derechos de las primeras. Los que no obtuvieron reconocimientos pidieron que también les reconocieran a ellos sus derechos por ser también habitantes de Nogales. En esa ocasión hasta tiroteos hubo. Pero en 1938 se dio otra balacera. Unos ejidatarios de Nogales se hallaban haciendo ejercicios militares, puesto que pertenecían a la guardia rural. Entonces unos vecinos de apellido Castillo, que tenían ganado en el Cañón de la Mielera, pasaron armados por terrenos ejidales porque querían ver sus animales.
El comandante de la defensa rural se les acercó y les pidió su licencia para portar armas. En eso, dos ejidatarios dispararon unos tiros con la intención de amedrentar, por lo que los Castillo repelieron el ataque. Entre las personas que participaron por parte de los ejidatarios se hallaban Feliciano Rangel, Luciano Arrambide y Agustín Meléndez que murió en la balacera. La versión que corrió por Santa Catarina justificaba a las acciones de los Castillo porque decían que el ejido se quería ampliar a otros ranchos y había gente que no estaba de acuerdo con las políticas de los agraristas.
El ejido en sus mejores épocas producía maíz, frijol, aguacate, naranja, durazno, cebada, trigo y nuez. También contaba con amplios agostaderos donde criaban ganado mayor y menor. En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari 1988-1994 se desafectaron los ejidos por lo que muchos de ellos vendieron sus tierras. Actualmente Nogales es un lugar formado por fincas, ranchos, quintas, centros recreativos y casas de los pocos vecinos que se quedaron a vivir en el poblado.
Un vecino orgulloso de Nogales llamado Pedro García hasta le compuso su corrido:
Qué bonito es mi ranchito
con amigos y parientes
que son puro corazón.
Son sinceros y cabales
son sinceros y cabales,
porque de Nogales son
y para ellos no hay tristeza,
cuando suena el acordeón.
Por aquí nació mi madre
es esta tierra tan linda
que fue bendita por Dios.
Hay pero que lindo,
pero que lindo es por aquí,
yo me siento alegre
de ser norteño de esta región
Ya me voy, ya me despido
ya me voy, ya me despido
con dolor del corazón
con mi sombrero en la mano,
ya les canté éste corrido
se los canté con honor.

¿Y de qué vivían en Santa Catarina?

26 de abril de 2011

Sin duda alguna, la principal actividad es la del sector industrial en su ramo de transformación. Esta fue motivada por la abundancia del agua. Con ella se movieron las turbinas y los telares de la antigua fábrica de Hilados y Tejidos de la Fama, iniciándose así con esta factoría, la construcción de un grupo de casas a su alrededor y que servían como viviendas para los obreros y técnicos que laboraban en ella. Así surgió el primer núcleo urbano del estado de Nuevo León conocido como la Fama. Con el transcurso del tiempo se instalaron más fábricas alrededor de la Fama, aprovechando la fuerza fluvial que movían las turbinas eléctricas de las fábricas de hilados y tejidos La Leona, La Sombrería Universal y el Blanqueo, aunado a los molinos Jesús María que ya tenían buen tiempo de trabajar en la zona.
Podemos hablar de otras dos etapas de desarrollo industrial: las que se instalaron en la antigua zona agrícola conocida como El Lechugal a partir de la década de los 1940 y otras que se asentaron entre 1970 y 1980. El avance industrial del municipio tuvo un receso y es hasta en la actualidad en que se están asentando maquiladoras, bodegas y fábricas de diverso giro. Se dice que en Santa Catarina hay poco más de 150 empresas. La mayoría se encuentran en las zonas industriales de El Lechugal, Carretera a Villa de García y la zona industrial aledaña a la Carretera Monterrey-Saltillo.
Cabe señalar que la industria se desarrolla cuando comienza a escasear el agua para los usos agropecuarios, ya que con ella se regaban las huertas y parcelas de los santacatarinenses. Entonces el agua en lugar de servir para el riego, comenzó a utilizarse para los procesos de producción.
Originalmente la industria proporcionó empleo a un gran número de artesanos y antiguos agricultores residentes en el municipio; que muchos de ellos fueron empleados en la construcción de las factorías y posteriormente en la elaboración de los productos y el desarrollo de los mismos. Actualmente laboran en Santa Catarina vecinos de otros municipios del área metropolitana. De hecho se puede decir que la industria ha generado relaciones no sólo económicas con el resto del área metropolitana sino también de carácter social.
Tal vez el motivo más importante que propició el desarrollo del antiguo Santa Catarina fue la actividad minera provocado en buena medida por las montañas que están dentro del territorio municipal. Desde un principio se extrajeron de las minas materiales tan diversos como metales plomosos, zinc, magnesio, yeso, arcilla, dolomita, sales minerales, así como mármol blanco y negro, entre otros.
Pero el auge minero más importante se vivió a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Lamentablemente ésta actividad está por lo general en desuso y trabaja en su mínima potencialidad. Eran tiempos correspondientes al porfiriato en el ámbito nacional y reyista en el ámbito regional. Como ya se había mencionado, se vivía en el municipio un auge minero. En dichos yacimientos llegaron a trabajar mucha gente no solo de Santa Catarina sino de otras partes de la región. Principalmente extraían fierro, plata y plomo. Nada más para darnos una idea de la importancia minera de Santa Catarina, describiré las minas más importantes y la cantidad de personas que laboraban en ellas:
• La mina de Santo Domingo de Larralde Hnos. en el Cañón de las Sandías con 82 personas, Extraían plata, plomo y fierro.
• La mina Azteca de la Compañía Minera Azteca con 90 trabajadores en el Cerro de las Mitras
• La mina de Guadalupe de la Compañía Minera El Tepeyac con 5 trabajadores en el Potrero
• La mina de Buena Vista, propiedad de la Compañía Minera Buena Vista, también situada en el Cañón de las Sandías, con 147 personas. Extraían metales plomosos y calcio
• La mina Dolores de Roberto Arntz con 5 trabajadores
• La Purísima de Agustín Rodríguez con 4 trabajadores en el Cerro de Ojo Caliente
• La mina Santa Ana de la Compañía Minera Santa Ana en el Cañón de San Cristóbal con 30 hombres
• La mina San Agustín de la Compañía Minera San Agustín en el Cerro de Ojo Caliente
• La mina El Americano de la Compañía Minera El Americano en el Cañón del mismo nombre
• La mina Santa Gertrudis de Pedro Lambretón en el Cañón de Santa Juliana
• La mina Santa Juliana de la Compañía Santa Juliana en el Cañón del mismo nombre
• La mina de la Asunción de la Compañía Minera La Asunción en el Cerro de la Fe
• La Providencia en el Cerro El Americano
• Las minas de San Juan, Buena Vista, Dulces Nombres y Sultana en el Cerro de la Ventana
• La mina San Antonio (la más antigua de Nuevo León), la Luz y la Virgen en el Cerro de las Mitras
En 1903 fue inaugurado el Centro Mercantil de Santa Catarina, propiedad de los hermanos Ausencio y Fortunato Rodríguez, que también era tienda de raya del Mineral de Buena Vista. En su época llegó a ser el comercio más próspero e importante de Santa Catarina. Tres años después murió don Ausencio Rodríguez, quien fuera alcalde en 1885 y 1903. El 24 de febrero de 1906 hizo testamento en beneficio de sus hermanos Félix, Fortunato y María. En dicho testamento da información relevante de la llamada casa colorada con más de 15 puertas: “casa situada en la esquina noroeste que forman las calles de Juárez y Colón, construida de sillar, con techo de vigas y tablas, compuesta de local doble para el comercio que ocupa al frente de 25 metros, 60 centímetros, a la primera de las calles expresadas y 33 metros, 7 centímetros de frente a la segunda, con hormigón de madera de encino, para tienda valuada en 2,200 pesos”. (sic)
Después sabíamos de negocios como el que mantenía don Serapio Martínez Ayala, o don José María Guerra, don Leocadio Páez o demás entusiastas santacatarinenses de hace 100, 50 o 20 años. Ya que en los últimos 10 años se ha generado un verdadero crecimiento comercial en la localidad. Antes era muy común que en Santa Catarina se daba una actividad comercial catalogada como menor y mediana consistente en la venta de comestibles, productos para el trabajo y para el hogar. En la actualidad existen varios centros comerciales en dónde se desarrolla una buena cantidad de servicios de compraventa.
También otra actividad económica que se vio mermada con el cambio al giro comercial fue la agricultura. En la actualidad la agricultura es muy escasa debido a las condiciones poco favorables del suelo y las constantes sequías que han asolado la región. No obstante, en el sur del municipio, en lugares como El Pajonal, Canoas, Santa Cruz y San Antonio de la Osamenta se cultiva para uso particular maíz y frijol, así como árboles frutales como manzana, ciruelos, duraznos y chabacanos. De igual forma, la ganadería en Santa Catarina también es muy escasa. Actualmente por su orden de importancia, las especies de ganado que más proliferan son el ganado caprino, vacuno, asnal, mular, caballar, porcino y lanar.

Santa Catarina: entre el desierto y las montañas.

21 de abril de 2011

En Santa Catarina existe una variedad de ecosistemas que hacen una amalgama de paisajes y lugares muy interesantes. Hay zonas boscosas, arboledas, áreas desérticas, montañas con formas caprichosas repletas de matorral sub-montañoso. La totalidad del municipio se hallaba en el llamado Parque Nacional Cumbres de Monterrey con la regulación ecológica respectiva. Recientemente en el año 2000, se delimitaron las áreas ecológicas más representativas del Parque Nacional quedando algunos lugares protegidos por ley debido a sus características naturales.
A poco menos de 15 kilómetros de la plaza principal rumbo al cañón de Santa Catarina se encuentran dos frontones de piedra en un cañón que llaman de la “Guitarrita” por el contorno que se forma entre las montañas y que asemejan a una guitarra. En esas paredes existen petroglifos con poco más de mil años de antigüedad. Probablemente lo esculpieron grupos humanos que bajaban de Aridoamérica a Mesoamérica.
Son dibujos con formas abstractas los cuales se desconoce su significado pero que evidentemente demuestran el atributo humano de la comunicación y de la creación. Todo el contorno está situado en un sitio que se llama Loma Alta y que es propiedad de la familia Loera. También existen petroglifos y pinturas rupestres más arriba con el rumbo al Cañón de las Escaleras y otros en el Cañón de San Cristóbal camino rumbo a la Ciénega de González en Santiago, Nuevo León.
Otro atractivo turístico de gran importancia es el Cañón de Santa Catarina o también conocido como de la Huasteca. Se encuentra al sur de la cabecera municipal y forma parte de la Sierra Madre Oriental que domina prácticamente el territorio municipal. Las formas caprichosas que apuntan al cielo y que conforman un paisaje singular en que predominan unas cuevas que llaman de la Virgen y del Guano. Se cree que su formación se conjunta por las lluvias torrenciales que han caído en la zona en diferentes épocas así como el arrastre de las corrientes caudalosas del Río Santa Catarina que desemboca por ésta garganta natural, así como por la erosión provocada por el viento que a todo momento se deja sentir por el lugar.
Respecto al nombre quisiera hacer algunas consideraciones en torno al sitio que también se le conoce como de la Huasteca. Originalmente en las mercedes se hace referencia a que le llamaban la Boca del Potrero de Santa Catarina pero no de la Huasteca. En cambio, en el libro sobre la historia de San Pedro Garza García de Tomás Mendirichaga en varios documentos que remite, le llaman la Huasteca a toda la Sierra Madre que en la actualidad se le conoce como de Anáhuac, en la cual está incluida la famosa “eme” y el Chipinque.
También se dice que se llama de la Huasteca – en opinión de historiadores como Eugenio del Hoyo (Q.E.P.D.) e Isidro Vizcaya Canales- debido a la procedencia de ganado que traían de la Huasteca veracruzana y potosina. Otros dicen – los historiadores Fernando Garza Quirós y Felipe García Campuzano (Q.E.P.D.)- que el nombre se da por las corrientes de aire húmedo que se filtran por éste cañón procedentes del Golfo de México y que provocan mucha vegetación en los alrededores. Ahora, al poblado que actualmente conocemos como la Huasteca antiguamente se llamaba Hacienda de Buentellos.
De igualmente podemos encontrar una infinidad de grutas y cavernas con caprichosas formas que se encuentran ya sea en el Cerro de las Mitras o en la Sierra Madre. Pero no están exploradas para conocer sus dimensiones de aprovechamiento turístico. Como ya se había mencionado, la mayoría del territorio municipal se encuentra en la Sierra Madre Oriental. Estas montañas tienen su origen en las épocas mesozoica y cenozoica y está integrada por zonas de rocas calizas y lavas. La Sierra Madre es una cadena de montañas compuestas por sierras paralelas que tienen una longitud fluctuante que va desde unos cuantos metros hasta más de 50 metros separadas unas de otras. La altitud que varía en algunos lugares desde los 550 metros sobre el nivel del mar hasta los 2,000 metros de altura. Cuenta con valles muy amplios que tienen la misma dirección de la Sierra Madre en la que la altura varía mucho.
Cuenta con las siguientes sierras: las Mitras, de la Ventana, el Cerro Americano, la Sierra de Picachos, el Cerro de Urbano, la Sierra del Toro, la Sierra de Taray, la Sierra de Morteros, el Cerro del Escorpión, la Sierra de San Antonio, la Sierra de Sánchez y la Sierra del Tariyal. Cuenta con los siguientes cañones: de San Blas, de la Virgen, del Tule, Peyotíos, Mortero, San Pablo, Santa Juliana, las Palmas, Salazar, de la Manteca, de las Sandías, las Escaleras, las Tinajas, la Mielera, entre otros. Los picos más elevados son el Pico de San Juan, de Placeres, de Tajamanil, del Aguacate, de la Arena, del Carpintero, del Roble, de la Fama, la Voladora y del Diablo.
Por la variedad de cañones que tienen una altitud diversa, existe una buena cantidad de ecosistemas. Las planicies que están cerca de las montañas son por lo general pastizales mezclados con arbustos espinosos y árboles medianos como el mezquite, las acacias, las yucas, agarres y cactáceas. Al parecer, hay cactáceas que solamente se dan en la Sierra Madre que pertenece a Santa Catarina, como las llamadas Reina Victoria y Príncipe Fernando.
Los pastizales y la vegetación conocida como halofita cubren casi la totalidad de la superficie municipal. En el antiguamente llamado Potrero de Santa Catarina conforme aumenta la altitud se ven matorrales submontañosos, más arriba se ven encinos y en las partes más altas el paisaje es boscoso en donde se da una especie endémica de pino y que solamente se da en esa zona, además de abetos. guayames, ayarín entre otros.
En cuanto a la fauna más característica de la región, destacan: los murciélagos, el oso negro y pardo, zorrillos, venados, liebres, tejones, ardillas, el llamado roedor meteorito y una buena variedad de reptiles entre otras especies. De aves sobresalen una buena cantidad como por ejemplo, codornices, carpinteros, águilas, lechuzas, auras; existiendo una cotorra también endémica y característica de la región.
Pero no todo el municipio es así. Hay una zona que limita con Ramos Arizpe en Coahuila y García, N.L. que es muy árida en la cual predominan mezquites, ocotillos, acacias, cactáceas, la gobernadora, las anacahuitas, las yucas y agabes. La fauna que sobresale en ésta área son las zorras del desierto, la rata canguro, ardillas, conejos, liebres y la víbora de cascabel. Entre las aves existentes se encuentran el pato trigueño, el mergo, el pájaro carpintero, el chilero, las hurracas, las auras y las tortolitas. Se puede decir con toda seguridad de que Santa Catarina está entre el desierto y las montañas.
La mayor parte del territorio de Santa Catarina está dentro de la Sierra Madre Oriental. Es más, casi el 85 por ciento de la extensión territorial está más allá del Cañón de Santa Catarina. Debido a la ya mencionada variedad geográfica de nuestro municipio, se habla de que existen 5 tipos de climas en Santa Catarina:
* seco estepario caliente (caliente y árido)
* templado subhúmedo en la Sierra Madre
* frío semiárido
* frío semihúmedo
* templado semicálido

El Cañón de Santa Catarina y la Sierra Madre Oriental.

18 de abril de 2011 

El atractivo turístico más importante de Santa Catarina es el cañón que llaman de la Huasteca, pero que en realidad se llama de Santa Catarina. El cañón es muy estrecho en su extensión. Su constitución geológica está formada por piedras calizas y pizarras que corresponden al periodo del cretáceo. Las formas tan singulares de las crestas y de los riscos se debe a las lluvias torrenciales que han caído en diferentes épocas, aunado a la erosión causada por el viento y por el agua. El cañón fue utilizado por los naturales de la región como entrada natural y de comunicación con otros sitios localizados en al interior de la Sierra Madre. La abundancia del agua y de la vegetación, hacía del lugar un sitio de belleza incomparable.
Cuando Lucas García se estableció con sus familias en la hacienda de Santa Catalina, se les dio merced de un potrero que además del potencial agropecuario que ofrecía, servía para ofrecer seguridad en caso de guerra para los ganados y para los vecinos; además de la saca de agua que baja de la sierra. En dicha merced se refieren al cañón como la Boca del Potrero de Santa Catarina. Desde la época colonial empezaron a construirse acequias para el servicio de regadío de las huertas de las haciendas de Santa Catarina, San Pedro y Monterrey. Constancias de la época nos dicen que había cuatro: la acequia madre que salía del Potrero, la de arriba llamada de los García, la de en medio, llamada de la Capellanía y la de abajo.
En 1786, Fray Rafael José Verger, segundo obispo de la diócesis de Linares, le compró al padre Alejandro de la Garza, tres cuartas partes del agua de la acequia de en medio o de la Capellanía. Fue conducida a Monterrey por canales especiales, constituyéndose así el primer servicio de agua potable para la Ciudad de Monterrey.
Esto trajo problemas entre los vecinos de Santa Catarina y de San Pedro, pues alegaban que el agua comenzaba a escasear al mandarla a Monterrey. Otra característica que encontramos en los archivos de Monterrey y de Santa Catarina, es que siempre que había peligro por un ataque, ya sea de los naturales o por problemas civiles, la gente siempre se escondía en lugares situados al interior del cañón.
El 27 de marzo de 1896 el Señor José A. Robertson solicitó al gobierno del Estado, el permiso para construir una presa. La intención era construir una cortina que detuviera el torrente acuífero. Lamentablemente en esa obra todos los poblados del interior quedarían incomunicados con Santa Catarina. Contrató ingenieros y geólogos para que hicieran estudios y llegaron a la conclusión de que era más provechoso hacer una galería subterránea.
Por éste cañón pasaron las tropas carrancistas cuando tomaron Monterrey entre abril y mayo de 1914. También pasaron las tropas federales que al mando del General Wilfredo Massieu, quien era el jefe de la guarnición de Monterrey, que habían dejado la plaza a los carrancistas. Posteriormente el Capitán Anacleto Guerrero les dio alcance en el Pajonal donde les capturó 8 cañones y se le rindieron 74 oficiales. También los villistas pasaron por aquí el 16 de mayo de 1914. Después de la batalla de Paredón Coahuila, cruzaron Ramos Arizpe y entraron a la Sierra Madre por el municipio de Arteaga y bajaron por entre los cañones. Todavía hay gente que recuerda cuando uno de los tres bandos incendió el rancho de Placeres.
A mediados de noviembre de 1917, una partida de hombres tanto de Garza García como de Santa Catarina, se organizaron en la entrada del cañón para buscar gente armada que andaba molestando a las poblaciones como Canoas, Pajonal y las Tinajas. En 1943 Pedro Infante participó en la filmación de algunas escenas de la película “Cuando lloran los valientes”. En 1949 se construyó un canal subterráneo a la entrada del cañón para captar las aguas del subsuelo y mandarlo a Monterrey. En 1950 el Dr. Eduardo Aguirre Pequeño junto con el Señor Simón García, construyeron la casa de concreto que está a la izquierda de la llamada Cueva de la Virgen. De ésta casa se ve una panorámica muy bella. De hecho, el Dr. Aguirre Pequeño escribió unos versos el sábado de gloria de 1965 a la imagen que se forma mediante unos juegos de luz y sombra:

Transeúnte detente
 

Y dirige tu mirada


Al lejano horizonte


Hacia el poniente.

Y en el fondo de eólico agujero


Una sacra figura


Se presenta con los brazos abiertos,


Símbolo de gran amor y de paz


Entre los hombres.


Y al contemplar la mística figura,


Una voz a tu oído te replica


Es la que siempre aconsejó cordura


De evocadora imagen del maestro. 

Desde fines del siglo XIX el lugar es concurrido por personas que vienen a pasar un día de campo en los alrededores. Originalmente hacían caravanas de turistas que tenían su punto de reunión en la Plaza de la Purísima o en la Quinta Calderón, de donde salían carretas que los trasladaban al cañón. Una vez que llegaban, la gente disfrutaba la sombra de los árboles que habían crecido a la orilla de las acequias o del Río Santa Catarina. Unos se bañaban en los pozos que se formaban, otros comenzaban a trepar las montañas, otros alquilaban burros y caballos para dar la vuelta. Había un servicio de transporte de carretas a la entrada del cañón y que los paseaba incluso a lugares más alejados de la llamada Garita.
Primero se bañaban las mujeres, luego los varones. En las tardes se hacían bailes todos convivían y compartían los alimentos que habían preparado para el viaje: tortillas de harina, machacado con huevo, dulces de leche o membrillo, etc. La llamada Garita era una recia construcción de piedra que data de mediados del siglo XIX. La hechura es muy similar a la llamada casa de piedra que estaba a un lado del sitio conocido como La Culebra. En la Garita se llevaba el registro de la madera, minerales o animales que salían del cañón.
Actualmente el Cañón de la Huasteca es un lugar que tiene un potencial turístico preponderante. Siempre corre aire, hace sombra tanto en la mañana como en la tarde, en las noches las montañas conforman un bello paisaje. Se está construyendo un teatro al aire libre donde incluso ya se han presentado eventos musicales, sociales y religiosos. Desde hace buen tiempo se tiene el proyecto de hacer un espectáculo de luz y sonido.
Las dos cuevas que dominan sobre la montaña principal le dan su principal fisonomía a todo el entorno y prácticamente y sin temor a equivocarme, le han dado la vuelta al mundo. A la entrada del cañón existe una formación rocosa llamada “la escalera del diablo”, debido a las salientes rocosas que van en línea vertical. Por éste cañón han bajado cíclicamente los torrentes de agua que han inundado a parte de la zona metropolitana.

El Cerro de las Mitras.

15 de abril de 2011 

El antiguo Valle de Santa Catarina de Nueva Extremadura está conformado por los municipios de Santa Catarina y San Pedro y una parte de Monterrey y de García, Nuevo León. Está delimitado hacia el poniente por la Cuesta de los Muertos, al oriente el Cerro de la Silla, al sur toda la majestuosidad de la Sierra Madre Oriental en sus sitios denominados El Mirador, Chipinque y la Sierra de la Ventana. Mientras que al norte está perfectamente delimitado por la Sierra de las Mitras y unas continuaciones orográficas de la misma conocida como la Loma Larga al oriente.
Todo éste valle tuvo su origen, junto con las montañas que lo limitan hace aproximadamente 2,000 millones de años durante la era Azoica y Criptozoica, extendiéndose su formación hacia la era Mesozoica, en que se formaron la Sierra Madre Oriental y la Sierra de las Mitras, gestándose como resultado de los pliegues derivados de fenómenos orgánicos que al fracturar la corteza, salieron los magmas interiores y modificaron el paisaje local, definiendo los relieves montañosos que en la actualidad conocemos, mismos que obtuvieron sus caprichosas formas debido a la actividad conjunta de la erosión causada por el viento, el clima y las lluvias.
Por ser las Mitras un símbolo característico en nuestra fisonomía urbana, desarrollaré algunos aspectos sobresalientes de su historia y de su importancia para el valle en el cual habitamos. Las Mitras presenta al horizonte poniente de la Plaza Zaragoza en pleno centro regiomontano, un perfil semejante a una mitra episcopal. De igual forma existen tres formas semejantes al gorro que visten los obispos en las ceremonias litúrgicas y que se pueden ver desde Santa Catarina y San Pedro. Por eso se le conoce como la sierra o cerro de las Mitras.
La serranía es muy escabrosa teniendo su punto más alto 2,020 metros y cuenta con numerosos yacimientos de mármol, yeso y metales plomosos. Tiene una extensión mayor de 18 kilómetros y comprende cinco municipios: de su lado sur con Monterrey, San Pedro Garza García y Santa Catarina y del lado norte con Monterrey, Escobedo y García. Es probable que antes de 1596, se le conociera a ésta cordillera con su nombre. De hecho se le atribuye a Alberto del Canto, fundador de la Villa de Santiago del Saltillo como la persona que impuso los nombres, ahora tan comunes para la zona metropolitana: Santa Catarina, Cerros de la Silla y de las Mitras, Río de Santa Catarina y arroyos de Santa Lucía. En el acta de la fundación de Monterrey aparece el nombre de las Mitras en dos ocasiones, refiriéndose como punto limítrofe de su jurisdicción.
En los años siguientes se localizaron ricos minerales de plata, surgiendo la más importante y antigua de todas las del Nuevo Reino de León: la Mina de San Antonio, situada enfrente de la zona industrial conocida como la Leona en San Pedro Garza García. Posteriormente se localizaron otros minerales pero que no llegaron a alcanzar en importancia a la de San Antonio. Preferentemente sacaban de sus entrañas metales plomosos. Pero nunca llegaron alcanzar el auge deseado debido a lo difícil de su acceso y a las constantes inundaciones que sufrían sus tiros y túneles. Es más, ocasionó que la mayoría de los habitantes de Monterrey pensaran que el cerro era un depósito natural de agua que suministraba el vital líquido a todas estancias y rancherías del valle.
Para 1626, el Gobernador del Nuevo Reino de León, Martín de Zavala, acudió personalmente a las minas del Cerro de las Mitras para cerciorarse de sus ricas vetas argentíferas. Pero a la larga otros problemas aparecieron e impidieron el desarrollo económico de las minas: los mineros se quejaban de que constantemente los indios de la nación tetecuara los molestaban y se llevaban el fruto de su trabajo. Constantemente había derrumbes, por ejemplo en 1688, el regidor del Ayuntamiento de Monterrey, el Capitán Rodrigo de Ochoa cayó a uno de sus precipicios y a finales del siglo pasado, una mina se derrumbó ocasionando la muerte de tres personas. A partir de 1903 se utilizó la dinamita para la búsqueda de nuevas vetas y desde 1925 el cerro comenzó a ser perforado para explotar otros recursos minerales.
Otro acontecimiento importante que conviene señalar es que en 1813, cuando los realistas entraron a la Pesquería Grande, actual García para echar a los insurgentes, los que cayeron prisioneros fueron colgados en el trayecto del antiguo camino a García, correspondiente actualmente a la Avenida Clouthier y Luis Donaldo Colosio. De igual forma, se decía que el camino a García originalmente entroncaba a Santa Catarina en los llamados temporales cercanos al Mercado de Abastos y a las colonias Norberto Aguirre y Tepeyac. Seguía el trazo de la antigua acequia y se entraba por la calle de Zaragoza al norte, conocida también como el Bolsón. Por eso dicen que la fachada del templo parroquial de Santa Catarina en lugar de ver a la plaza ve al norte.
Cuando se construyó la Alameda de Monterrey a mediados del siglo XIX, como sus dimensiones eran muy grandes y hacia el poniente de su traza estaba despoblado, se decía que la alameda llegaba hasta el Cerro de las Mitras. Todo el monte era propicio para la cacería de piezas menores y de osos, venados, lobos y jabalíes. Cuando los cazadores bajaban con sus piezas, destazaban y “curaban” la carne de sus piezas para quitarle el sabor “al monte”. Pero debían cuidarse en el verano, ya que abundaban las víboras de cascabel que salían de sus nidos y se situaban a la orilla de las veredas.
Antiguamente la parte sur del cerro estaba dividido en 15 porciones de terreno que pertenecían a las familias de los García, de Luna, Ayala, Ordóñez, Dávila, Garza, Buentello, González, Montemayor, Quiroz y Belden. Tanto de un lado como del otro había pequeñas majadas en las que vivían los pastores con sus hatos de cabras y corrales. Por último, quisiera explicar el porqué del lado norte hay mucha vegetación y del lado sur la montaña tiene poca vegetación: los vientos húmedos procedentes del Golfo de México mantienen los ecosistemas ricos y variados. Mientras que del lado a Santa Catarina y San Pedro, los vientos son secos y proceden de la Mesa del Norte.

El cabrito como alimento típico regional.

10 de abril 2011.

Una de los alimentos más representativos del noreste mexicano es el cabrito, preparado en distintas formas. Y digo en el noreste, porque a decir verdad, no es exclusivo de Nuevo León, pues en Coahuila y en las regiones del norte de Tamaulipas como de San Luis Potosí también lo tienen como uno de sus alimentos más representativos. Precisamente en Matehuala es donde más se producen derivados como lácteos y dulces gracias al volumen con el que cuentan en el altiplano.

El cabrito es la cría de la cabra que aún no pasa de 40 o 45 y días y que es destinado para el sacrificio para preparar varios tipos de alimentos entre los que destacan el cabrito al pastor, y el cabrito en salsa y la sangre del mismo que se utliza para hacer un guiso que conocemos como fritada.

La palabra cabrito es un diminutivo de cabra, que viende del latín “capra”, con la cual se designa a un mamífero rumiante. Los lugares en donde se crían a los cabras y corderos se llama majada. Este es un paraje donde se recoge de noche al ganado y los pastores se quedan a dormir. De ahí se deriva la palabra majadear que significa dejar de noche al ganado en una majada. De igual forma, tenían sesteos en donde sesteaban los animales, es decir, recogían al ganado durante el día en parajes en donde hacía sombra para descansar del sol. Eso me recuerda que pasando la Cuesta de Carvajal, en la carretera que va de Monterrey a Saltillo, está un sitio que se llama “Sesteo de las Aves”.

En la biblia existen varias referencias al cabrito, en especial como ofrenda que se hacía a Yahvé. La víctima pascual en la ley mosaica establecía que debía ser un macho no mayor a un año y sin mancha.  Por ejemplo cuando Dios quiso cerrar la alianza, avisó que debía sacrificarse una vaca, una cabra y un cordero. Preferentemente se sacrificaban corderos, pues este animalito es más tranquilo y paciente. En cambio el cabrito come basura o lo que encuentra, son orgullosos y agresivos, brincan y son traviesos y continuamente están de mal humor. Por eso, cuando no había corderos disponibles, ofrecían a un cabrito en sacrificio pascual.

Lo cierto es que el cabrito siempre fue ofrendado a Dios como una manera de respeto y veneración. En el libro del Exodo 23, 19, sentencia “no cocerás el cabrito en la leche de su madre”. O de igual forma, en el Génesis 27, 9 señala “ve al rebaño y traéme dos cabritos hermosos. Yo haré con ellos un guiso suculento para tu padre como a El le gusta”. O cuando hicieron pasar por muerto a José, degollaron un cabrito y tiñeron de sangre su túnica. Se puntualiza en el libro del Exodo 12, 5 que “el animal será sin defectos, machos de un año y los escogeréis entre corderos y cabritos”. Preferentemente tomaban cabritos que se quedaban con su madre no más de siete días.

Entre los griegos y romanos, se pensaba que la cabra representaba la lascivia y la voluptuosidad. Pero también la trataban con respeto, pues a la cabra llamada Amaltea que como nodriza amamantó a Júpiter, le dieron su nombre a una constelación que conocemos como Capricornio. Es más, se dice que a un conglomerado de estrellas muy pequeñas y borrosas, reciben el nombre de las cabritas. De igual forma, al dios pan se le representaba como un pastor de cabras y los romanos llamaban “caprimultas” al esclavo que cuidaba los rebaños. También ofrendaban cabras de color blanco al dios Apolo.

Lo cierto que comer cabrito, es una tradición que vienen desde los egipcios, de los pueblos de medio oriente, de los griegos, romanos y de los pueblos del norte de Africa. Y hasta tenemos muchos dichos que tienen que ver con el cabrito: “Aun no es parida la cabra y el cabrito mama”, “Cabra coja no quiere siesta”, “Cabra que rume, leche amontonada”, “La cabra siempre tira al monte”, “Los que cabras no tienen y cabritos venden: ¿de dónde les vienen? “Anda como chivo en cristalería” o “Cuando me las hacen, ya verás como me encabrito” entre otras más.

Las políticas novohispanas para beneficiar al campo.

27 de Marzo de 2011.

Hacia 1777 se decía que el suelo de la Nueva España era muy fecundo, pero lamentablemente el comercio de semillas estaba restringido a la satisfacción de las necesidades de sus habitantes y para proveer recursos a los centros mineros. Pero también hay que ver que en México la agricultura depende mucho de factores externos como las lluvias o tiempos de secas, las heladas o de plagas.

El segundo Conde de Revilla Gigedo señalaba que el latifundio y la política indigenista eran la causa de los problemas económicos y sociales del virreinato, al igual que la mala distribución de la tierra que impedían el crecimiento de la agricultura y el comercio. Respecto al latifundismo se quejaba que las tierras se habían concentrado en pocas manos. Los conquistadores y descendientes se vieron imposibilitados en hacerlas crecer o dividirlas o todo lo contrario. Mientras que los indios fueron sometidos a un sistema de protección que los malacostumbró.

Decía Humboldt que los obstáculos para la prosperidad agrícola estaban en las constantes sequías y heladas. Las primeras entre mayo y septiembre y las segundas en el invierno. Lo cual provocó la práctica de riegos artificiales. Y el problema se agravó cuando las tierras pasaron a formar parte del patrimonio de las congregaciones y de la Iglesia misma que se enriqueció a través de las obras pías y capellanías.

Fue hasta 1809 cuando Fernando VII consideró a las colonias y provincias como parte de España. El 15 de octubre de 1810 se reconocieron igualdad de derechos entre los habitantes de la Nueva España con los de España, el derecho a los naturales a sembrar y a cultivar la tierra y se intentó un reparto agrario que finalmente no se llevó a cabo por razones que todos conocemos.

La otra actividad preponderante la minería: los centros mineros actuaron como generadores de los centros agrícolas. Además la actividad minera y los impuestos que pagaban mantenían todo el aparato administrativo de la colonia. Toda la producción platera salía para España. El auge minero inicia con el descubrimiento de Zacatecas en 1545 y alcanza su mayor crecimiento en 1570. Pero la minería se estanca entre 1650 y 1750. Entonces nos sobrepasó la producción del Virreinato del Perú.

Los principales centros mineros en el sur fueron Taxco, Sultepec, Temascaltepec y Zacualpan. En el centro Zacatecas, Guanajuato, Sombrerete y Catorce. En el norte Durango, Parral y Chihuahua. La situación laboral era muy cambiante aunque estaba mejor pagada y se les concedía mayor libertad a los trabajadores.

Mientras que el comercio siempre estuvo maniatado a las políticas que España les dictaba, haciendo difícil la consecución de algunos productos para mantenerse. Había dos puertos habilitados: Jalapa y Acapulco que se convertían en centros comerciales una vez al año cuando llegaban mercancías de Filipinas o de España. Desgraciadamente eso nos hizo tener una economía dependiente en dos vertientes: de la capital del virreinato y de España.

En síntesis, a la llegada de los españoles se enfrentaron dos conceptos en torno a lo que es la tierra: para los antiguos mexicanos era la madre amorosa, mientras que para los conquistadores era un recurso para beneficiarse y obtener riquezas. Esto no nos hace desconocer que había caciques indianos que mantenían extensiones considerables de terrenos en los cuales laboraban campesinos y peones.

A la llegada de los españoles y durante la etapa colonial que abarca 300 años, se genera el concepto económico de la tierra como lugar de explotación y generación de riqueza. A la larga, se dio una acumulación de capitales preferentemente entre la Iglesia y las autoridades virreinales, en las que participaron también civiles que se convirtieron en terratenientes que vivían de la agricultura, ganadería y de la minería. Es cuando la hacienda se convierte en una de las instituciones más representativas de la historia de México y que llegará hasta el porfiriato.

A donde quiero llegar, que las relaciones de producción crearon un descontento hacia con España, que pretendía valerse de la tierra para seguir costeando su burocracia y sus formas de vida. Y eso ni a la Iglesia, ni a los terratenientes les gustó. Inevitablemente la rebeldía y los brotes de conspiración se dieron en sitios donde aquellos que más dependían de la tierra. Recuerden que en Guanajuato, Michoacán y Querétaro, se levantaron voces que no estaban de acuerdo en que unos se beneficiaran de la tierra sin tenerla y que otros las acumularan para lucrar con ellas. Y eso lleva a campesinos y mineros sin tierra, pero que vivían de ella, a seguir a cuanto insurgente se rebelara contra España a principios del siglo XIX.

La tierra y la hidalguía

18 de Marzo de 2011

Como contraparte a la posesión de la tierra y del campo de la Iglesia, la Corona concedía “mercedes” a las personas  que con méritos las solicitaban, preferentemente a quienes habían servido en la guerra. Tanto la encomienda como la merced son el origen del sistema del derecho de propiedad en la Nueva España. En sí, las mercedes reales son regalías dadas por los servicios hechos en campaña al rey.

La merced podía ser una peonía, como recompensa  que se hacía a favor de los infantes que no tenían caballo. La peonía medía un solar cuya extensión era de 50 por 100 pies, en donde se dedicaban a sembrar cien fanegas de labor para trigo y diez para maíz, dos huebras de tierra para huerto y ocho para leña. La huebra era la extensión de tierra que una yunta de bueyes araba en un día, además de pastos para diez puercos, veinte vacas, 110 ovejas y 20 cabras. En sí, una peonía medía unas 50 hectáreas.

Una fanega era el espacio de tierra en que se puede sembrar una “fanega de trigo” equivalente a 64 áreas. Un área es un cuadrado de 10 metros de lado. Un solar (suelo) es la porción en donde se edificaba una construcción. También se le relaciona al linaje. La sementera, es la acción de sembrar, de ahí viene simiente.

La caballería de tierra se daba a la tropa montada y abarcaba unas 300 hectáreas. Estas se obtenían definitivamente con cuatro años de posesión. La posesión de la tierra se podía hacer por don o por merced, a veces se vendía o se obtenía de acuerdo a ciertas condiciones de privilegios que se obtenían. Esto ocasionó que muy pocos acapararan las tierras y se convirtieran en latifundios. Este sistema trajo en consecuencia la aparición de dos clases sociales, los que tenían algo y los que tenían mucho. Mientras que los indios continuaron con su sistema de propiedad comunal, que eran las tierras que rodeaban a sus pueblos.

Las mercedes amparaban el establecimiento de las haciendas en donde se dedicaban a la actividad agrícola. Ahí trabajaba el jornalero a quien se le pagaba dos reales o su equivalencia en un producto que necesitaba, ya sea alimento o comida, lo cual trajo el sistema de la famosa tienda de raya, en donde las deudas crecían y rara vez se podían pagar. Así el indígena que casi nunca pagaba se convertía en un bien al servicio de la hacienda.

El campo en la Nueva España y sobre todo los centros de producción se vieron enriquecidos con la introducción de animales domésticos y aves de corral. De esa forma, el campo mexicano cambió radicalmente. Por ejemplo, tirado por bueyes o mulas, el arado substituyó a la coa e hizo posible y más extenso el cultivo de la tierra. En lugar de tamemes, recuas de mulas bestias de cargas. El ganado menor le dio otro valor a los terrenos que antes se pensaban inservibles, pues los consideraron de agostadero.

La tierra como lugar de cutivo y de riqueza a la llegada de los conquistadores europeos.

15 de Marzo de 2011

En 1552 por Cédula Real de Carlos V se mandaba que los labradores se dedicaran a cultivar y labrar la tierra y hacer sementeras, procurando que tuvieran bueyes con qué aliviar el trabajo de sus personas y quienes no las trabajaran, ni fueran oficiales serían castigados. Pues todos debían trabajar en el campo y la tierra, como salinas, la minería, los pastos y obtener el sustento que daba la tierra.

Pero toda acción implicaba un pago tributario. De esa forma, la encomienda y el sistema tributario se constituyeron en las instituciones más importantes en la colonia, con la cual se establecían las recompensas para los servicios hechos por los conquistadores y primeros pobladores. Aseguraba la felicidad de la Nueva España pues se pensaba que los principales pobladores estaban generalmente satisfechos en la posesión de la tierra y con las prestaciones de los tributarios se procuraba la paz para la conservación de los bienes, la organización del trabajo mediante la explotación de la tierra y el desarrollo de la ganadería, así como de las pequeñas industrias del campo y además se evangelizaba y catequizaba a los indios.

Pero todo esto ocasionó problemas, pues llegaron a España, las quejas en torno a los abusos y resentimientos provocados, pues se comenzó a considerar que los indios eran seres racionales y capaces de recibir los sacramentos de la Iglesia a fin de que fueran tratados por igual. Una vez que los religiosos consiguieron su objetivo en 1537, se dedicaron a promover otra instancia productiva en la Nueva España: la adquisición de tierras de parte de las congregaciones religiosas.

Curiosamente éstas comenzaron a apoderarse de las tierras de los indios, creando un sistema de propiedad agrícola que los ahora demandados, exigían a la corona el control del sistema de posesión de la tierra de parte de los agustinos, dominicos, franciscanos y jesuitas y hasta del clero secular.

Y el problema se agudizó cuando las congregaciones dejaron de pagar los impuestos. A tal grado que se les prohibió la venta de tierras a dichas congregaciones. Al igual que ocurrió en España, en donde la concentración de la riqueza estaba en manos de la Iglesia, en donde se decía que eran los dueños de la mitad del territorio ibérico y con las cuales generaban riqueza a través de los legados, las obras pías, las donaciones, las compras, las adquisiciones que se hacían a discreción. El diezmo que se pagaba era de ocho reales, equivalente a un peso. Terrenos inmensos en donde hacían capellanías.

Las instituciones coloniales.

6 de marzo de 2011

Como es de esperarse y saberse, la máxima autoridad de la administración era el rey. Del rey dependía el llamado Consejo de Castilla que tuvo vigencia entre 1519 y 1524, mientras se nombraban las autoridades responsables de la Nueva España, de éste el llamado Consejo de Indias y de éste el Virrey. El virrey tenía cinco facultades: a) gobierno: gobernador de la Nueva España, b) justicia: Presidente de la Real Audiencia, c) militar: capitán general, d) hacienda: supervisor de los oficios reales y e) eclesiástico: vicepatrono de la Iglesia, con lo cual mantenía cierto poder en la arquidiócesis de México, las diócesis sufraganeas, de las órdenes religiosas y de la inquisición. Tanto el virrey como la Real Audiencia conformaban el Real Acuerdo.

El virrey o visorrey era el representante del rey y su máxima autoridad en las provincias a su cargo. Hubo 62 virreyes: el primero fue Antonio de Mendoza en 1535 y el último Juan de O´donojú hasta 1821 que no alcanzó a tomar posesión debido a los Tratados de Córdoba. En lugar de virreyes, también había capitanías generales, gobernadas por un funcionario de carácter militar con atribuciones civiles, gubernamentales, administrativas y jurisdiccionales.

Entre otras instituciones coloniales encontramos al Regio Patronato Indiano, establecido en 1492 por los papas Alejandro VI y Julio II a los Reyes de España, debido a las obligaciones que éstos contraían para evangelizar a los habitantes de las tierras descubiertas, cuyas funciones eran cuatro los privilegios pontificios:

Destinación de misioneros para los indios, la percepción de diezmos, provisión de los, beneficios eclesiásticos en personas representadas por el Rey y la exclusividad para construir templos, conventos y monasterios.

Una institución de suma importancia era la Real Audiencia. Data del 13 de diciembre de 1527. Se responsabilizaba de someter los juicios de residencia y de limpieza de sangre, era la institución que protegía el buen trato para los indios, aprobar las ordenanzas. Hubo tres audiencias: Guadalajara, Santo Domingo y México.

Había ayuntamientos con sus respectivos cabildos, como órgano de gobierno de las ciudades españolas y americanas que se encargaban de los servicios públicos.

Antes de instalar formalmente una autoridad, quien tenía el mando era el adelantado, un capitán general de las empresas de conquista y colonización. Fungían como autoridades mientras se nombraba al gobernador y responsable de la política. El virreinato se dividía en provincias o reinos al mando de un gobernador, con facultades administrativas.

Secretaría del Despacho de Indias: En 1786 se crearon las intendencias que son órganos regionales de mando y promoción. Estos co-gobernaban con el virrey.

El Río Blanco.

27 de Febrero de 2011

Indudablemente que la historia de éste río, parte substancial de una de la regiones más bellas de nuestra entidad, tiene que ver con estabecimiento de misiones y puntos de evangelización en lo que actualmente son los municipios de Aramberri y General Zaragoza en Nuevo León y de San Antonio de los Llanos, originalmente perteneciente al Nuevo Reyno de León y ahora parte de Tamaulipas.

Aramberri se le conoció en su fundación como “Misión de Santa María de los Angeles del Río Blanco” y General Zaragoza como “Misión de San José del Río Blanco”. La evangelización del sur de Nuevo León fue emprendida desde el convento franciscano de Charcas. En 1626 fray Lorenzo Cantú, guardián de dicho convento, siguió a un grupo étnico llamado “Negritos” o “Bocala” que regresaban a su lugar de origen desde Matehuala hacia el oriente, hasta internarse en la Sierra Madre Oriental. El franciscano les pidió que se volvieran a Matehuala pero no quisieron y para atenderlos, decidió establecer unas misiones en dos valles que se forman en medio de las montañas.

Después de fray Lorenzo Cantú vinieron otros sacerdotes procedentes de Charcas que llamaron a la región Río Blanco. En 1648 el obispo de Guadalajara Juan Ruiz Colmenero, estuvo inspeccionando las misiones precisamente un 2 de agosto y por ello le fue impuesto el nombre de la misión de Santa María de los Angeles del Río Blanco, en lo que actualmente es Aramberri. Los religiosos recorrieron el cauce del río por entre los cañones de la Sierra Madre. A principios de enero de 1666, los franciscanos Juan Caballero y José de San Gabriel, avanzando río abajo y buscando más almas que convertir, pasaron por un cañón que se abría por en medio de una serranía áspera y repleta de bosque. Llegaron a un valle delimitado por las montañas el 2 de febrero de 1666 al que llamaron San Antonio de los Llanos y a mano derecha del río, asentaron una población con indios llamados “rayados”. Como era día de la Purificación, llamaron al caudaloso río como de la Purificación.

San Antonio de los Llanos estaba cerca de “una ciénega muy abundante de agua y fácil de sacarla para regar con ella” (sic). Salieron del Río Blanco al año siguiente para formalizar la fundación y cuentan los franciscanos que pasaron por varios ríos “muy amenos y más gente nueva para convertirla al cristianismo”.

Ciertamente que la región recibió el impulso de Fernando Sánchez de Zamora, quien a partir de 1659 se le debe la población de casi todo el sur del estado de Nuevo León y de algunas regiones de Tamaulipas como San Antonio de los Llanos, actual Hidalgo y Santa Engracia, Tamaulipas. En 1673 esos lugares fueron escenario de los levantamientos de los indios janambres, rayados y borrados, que obligó a que temporalmente las misiones fueran despobladas.

A decir de Gonzalitos, el río Blanco o Purificación “es el único río que hay en la parte del sur del Estado y aunque abundante, no puede utilizarse su caudal por falta de terrenos, pues corre dentro de la Sierra y apenas sale de ella junto con el de Ibarrilla, cuando entra a tierras de Tamaulipas, donde va a ser el famoso río de Soto la Marina, que desagua en el mar, en la barra de la Marina”.

Por su parte, los autores de la “Reseña Geográfica de Nuevo León en 1910”, señalan que nace en la Sierra del Agua de Afuera en el cerro de la Guacamaya en el municipio de General Zaragoza. Su corriente sigue al norte y recibe otros afluentes que vienen de la Sierra Madre que se llaman de San Francisco y de San Josecito. Luego se interna a Aramberri, cruzando su territorio de sur a norte. Más abajo recoge las aguas de la Parrita y pasa por la congregación de Escondida. Recibe más agua de otros arroyos que bajan de la sierra y en un punto cercano entre los límites de Aramberri y Zaragoza, se interna al estado de Tamaulipas en donde se alimenta con las aguas de otros arroyos que vienen del cerro de la Pizaña.

A lo largo de su trayecto en Zaragoza, Nuevo León, forma tres saltos de agua, uno de 25, otro de 20 y otro de 15 metros de altura antes de que el Blanco toque a Aramberri. Una de ellas es la cascada de El Salto situada a tres kilómetros de la cabecera. Los autores de la reseña advierten que el río desde su origen comienza a ser aprovechado para los usos agrícolas y que no obstante el fuerte desnivel de su lecho tiene varios puntos asentados y propios para construir depósitos o para abonar con su limo; y que se enriquece de manantiales como los de la Paila y el Rosario. Río abajo, ya en Tamaulipas el Blanco se nutre con caudales de el Alamar, el Santa Engracia y el Corona, hasta desembocar en el Golfo de México.

Tamaulipas entre el Nueces y el Bravo

 19 de Febrero de 2011

El hecho de que Tampico y Matamoros fueran elevados a puertos de altura en 1824 y 1838 respectivamente, propició un intercambio cultural que algunos autores definen de carácter cosmopolita. Tampico influyó mucho hacia el altiplano de San Luis Potosí y la región huasteca, mientras que Matamoros sirvió como puerto para Monterrey y puntos aledaños.

Matamoros llegó a ocupar mucha importancia dentro de contexto regional. Llegó a ser la capital militar de las Provincias Internas de Oriente y ahí despacharon lo mismo Anastacio Bustamante, Felipe de la Garza, José Bernardo Gutiérrez de Lara y Manuel Mier y Terán el que por cierto llegó en 1829 al frente de una comisión que tenía la intención de fijar los límites y analizar la situación de Texas y el noreste. Mier y Terán fue junto con Santa Anna, los triunfadores de la expedición española encabezada por Isidro Barradas para recuperar a México.

También estuvieron en Matamoros como comandantes, Ignacio Mora, Vicente Filizola, Pedro Lemus y Martín Perfecto de Cos. Dicha comandancia operó hasta 1835, para luego formar el ejército del Norte entre los cuales, destacaron como jefes José Urrea, Nicolás Bravo, Mariano Arista, Adrián Woll y Pedro Ampudia. El ejército se disolvió en 1846 con la invasión de los norteamericanos.

Hay que señalar que en ésta época se hicieron proyectos para convertir al río Bravo en ruta de navegación fluvial y las villas del Norte como Reynosa, Camargo, Mier y Guerrero se convirtieron en puertos fluviales. Inclusive el río San Juan también sirvió como ruta de enlace entre China, Ramones y Herreras en el estado de Nuevo León, con los pueblos fronterizos ya descritos. Pero con la incorporación de Texas a los Estados Unidos en 1845, movió la frontera original del río Nueces hasta el Río Bravo. Entonces las villas del Norte se convirtieron en puntos fronterizos, pero también perdieron grandes extensiones territoriales.

La villa de San Agustín de Laredo que estaba en la otra banda del río Bravo pasó a ser de Texas. Entre el Nueces y el Bravo se instalaron poblaciones que dieron origen a varios condados como el de Webb, Cameron, Star, entre otras más y ciudades gemelas como Matamoros-Brownsville que surgió como centro de suministro para el fuerte militar. Frente a Reynosa, Edimburg e Hidalgo, frente a Camargo, Río Grande, frente a Mier, San Pedro de Roma, Guerrero, quedó enfrente de Belville y El Carrizo que cambió su nombre a Zapata en honor al líder separatista Antonio Zapata. Como Laredo fue la única población que se quedó en Texas, del lado mexicano surgió la colonia militar Monterrey que después cambió su nombre a Nuevo Laredo en 1849.

Pero a mediados del siglo XIX, Tamaulipas corrió el riesgo de perder más territorio: Mier pretendió incorporarse a Nuevo León y algunos municipios del sur, junto con la Huasteca potosina y veracruzana, andaban conformando el nuevo estado de la Huasteca o de Iturbide. Si a eso le añadimos el estado de inseguridad que se vivía, provocado por las constantes entradas de filibusteros texanos y de indios bárbaros que mantenían intranquilas a las villas del norte.

Mientras tanto, en los territorios perdidos allende al río Bravo, se forjaron latifundios y emporios agrícolas propiedades de individuos que iniciaron con el abigeato y terminaron como empresarios. Estos formaron guardias que constantemente molestaban a los mexicanos residentes en Texas y en la frontera, argumentando derechos de libre tránsito para perseguir a los indios. A esos guardias se le conocía como “Rangers”.

Para vengar las vejaciones y humillaciones que sufrían los mexicanos residentes en ambos lados de la frontera, en 1859, Juan Nepomuceno Cortina, vecino de Camargo, inició una guerra de baja intensidad contra los texanos que ocasionaban despojos entre la pacífica población. Atacó a varios pueblos de Texas, se escondía en las villas del Norte donde recibía ayuda, fue perseguido por el ejército de los Estados Unidos y por los llamados “rangers” y ocasionó asperezas diplomáticas entre las dos naciones en más de una ocasión, como cuando mató a un comisario de Brownsville o cuando hizo que sus perseguidores llegaran hasta la plaza principal de Reynosa, en donde los vecinos armados los estaban esperando en las azoteas de las casas.

Cortina aprovechó una amnistía y se dedicó al comercio algodonero aprovechando la guerra civil norteamericana e incluso se afilió al imperio de Maximiliano en 1864, para luego entrar en la confrontación de los grupos políticos de Tamaulipas que se opusieron a las políticas centralistas de Benito Juárez.

Tamaulipas en el siglo XIX

14 de febrero 2011

De acuerdo con estudios realizados por el historiador don Isidro Vizcaya Canales, la conjura realista se fraguó en la Villa de San Agustín de Laredo, cuando Ignacio Elizondo proveniente de Texas, acordó con José Ramón Díaz de Bustamante, Comandante de la Tercera Compañía Volante del Nuevo Santander, infiltrarse en el movimiento para aprehender a Hidalgo. Cosa que sucedió en Acatita de Baján el 21 de marzo de 1811.

El movimiento insurgente tuvo seguidores en la región. En el mes de abril de 1812 se alzaron los indios carrizos en Camargo, propiciado por un indio del pueblo de Dolores llamado Manuel Delgado, que llegó a Camargo tras la aprehensión de los jefes insurgentes.

Pero sin duda alguna, el episodio más significativo, fue la llegada de Francisco Javier Mina y del Padre Mier, encabezando una expedición de mercenarios extranjeros que venían a luchar por la independencia de México, quienes desembarcaron en Soto la Marina.

Con ellos llegó una imprenta a cargo de Samuel Bangs. En ella se elaboró el boletín primero de la División Auxiliar de la República Mexicana y una proclama de Mina dirigida a los soldados de Fernando VII. También se inició una canción patriótica que iniciaba: Acabad Mexicanos/ de romper las cadenas/ con qué infames tiranos/ redoblan nuestras penas.

Una vez alcanzada la independencia nacional, el Nuevo Santander, con la intención de romper con el control político y económico que se disputaban Monterrey y Saltillo, erigió su propia diputación integrada por siete diputados titulares y tres suplentes. El Honorable Congreso Constituyente en el acta constitutiva de la Federación, establecía al Estado Libre y Soberano de Tamaulipas, representado por el diputado Pedro Paredes y Serna. El 7 de julio de 1824 se instaló en Padilla el Congreso Constituyente de Tamaulipas y el coronel José Bernardo Gutiérrez de Lara fue nombrado gobernador del estado por méritos insurgentes. Aquí se instaló una imprenta a cargo de Godwin B. Cotten que publicó los decretos y bandos públicos del primer periódico de la entidad que se llamó “El Termómetro Político”.

El 15 de julio de 1824 fue aprehendido Agustín de Iturbide. Fue reconocido porque llegó elegantemente ataviado y montando un caballo de color blanco. Fue en la guarnición de Soto la Marina en donde Felipe de la Garza lo hizo prisionero, para ser llevado después a Padilla para hacerle un juicio sumario y fusilado en la plaza principal. Sus restos fueron inhumados en el templo de San Antonio de Padua, donde permanecieron hasta 1838 para ser llevados a la Catedral Metropolitana de México.

En ésta etapa independiente, varios municipios se disputaban el honor de ser la capital del nuevo estado: por ejemplo, San Carlos alegaba derechos históricos pero se hallaba enclavada en la Sierra de Tamaulipas y la Villa de Aguayo alegaba tener una posición geográfica privilegiada. Por lo que el Congreso decidió situar la capital en Padilla. Por problemas políticos el congreso fue destituido y el nuevo congreso decidió la instalación de la capital en Aguayo en 1825. Para lo cual se le cambió el nombre en honor del primer presidente de México y fue elevada a categoría de ciudad.

La nueva constitución dividió al estado en tres distritos: el departamento Norte integrado por las llamadas “Villas del Norte” con cabecera en Reynosa pero luego trasladada a Matamoros, el departamento del Centro con cabecera en Victoria y el departamento Sur con cabecera en Tampico. En 1861 se estableció un cuarto distrito con sede en Tula.

Orígenes del Nuevo Santander

10 de febrero 2011.

Los proyectos de colonización y población que hizo el gobernador Martín de Zavala de parte del Nuevo Reyno de León, favoreció la apertura de rutas ganaderas en el actual territorio de Tamaulipas, que vinculaba a otras regiones ganaderas del centro y sur del virreinato con los ricos agostaderos del noreste mexicano. El sobrepastoreo provocó a la larga, la desertificaron a los suelos convirtiéndolos en llanos esteparios. Las entradas de ganado se hacían por varios frentes: Saltillo, San Luis Potosí, Hidalgo, Tamaulipas y la Huasteca.

Las entradas de ganado mayor y menor se iniciaban en noviembre y se iban en la primavera. El ingreso de las caravanas de pastores ocasionaron problemas entre las naciones de naturales y los vaqueros que los maltrataban al no pedir permiso para pasar por sus tierras. Por ejemplo, en 1673 los janambres encabezaron una guerra compuesta por 600 hombres pertenecientes a varias tribus, en contra de los ganaderos que se excedían en el trato con los indios. Para dar solución a los problemas, se nombró al Lic. Francisco de Barbadillo y Vitoria para que efectuara reformas necesarias para el buen trato y convivencia entre los primitivos pobladores y los nuevos habitantes.

Para lo que se crearon pueblos normados como repúblicas de indios en donde se les dotaba de tierras y se gobernaban de acuerdo a sus formas de vida. Así surgieron pueblos en el Nuevo Reyno de León como los del río Blanco, Guadalupe, Hualahuises y San Antonio de los Llanos.

Barbadillo era originario de Logroño, España en donde nació en 1670. Fue miembro de la Real Sala del Crimen. Pacificó y congregó a los indios que se hallaban dispersos y con ellos repobló lugares como Agualeguas, San Pablo de Labradores y Río Blanco. Abolió el sistema de congregas y una vez terminada su misión regresó a México en 1716. Pero al retirarse los problemas regresaron, por lo que fue nombrado Gobernador del Nuevo Reyno de León en 1719. Restableció las compañías volantes que se encargaban del cuidado militar y promovió las poblaciones en Texas. Murió hacia 1726.

Las exploraciones al llamado Seno Mexicano.

8 de febrero de 2011

El llamado Seno Mexicano abarca todo el territorio aledaño al Golfo de México como lo es Tamaulipas y el norte de Veracruz y que en su momento también abarcó Texas, Louisiana y Florida. Las primeras exploraciones se hicieron de parte del gobierno español de Jamaica de Francisco de Garay en 1519, quien promovió una expedición al mando de Francisco Alvarez de Pineda, que salió de Florida para reconocer los ríos Bravo, Palmas y Pánuco. En 1523 desembarcó en lo que actualmente es Soto la Marina, Francisco de Garay, para establecer una población llamada Victoria Garayana, que tuvo una corta existencia.

Luego en 1527, Nuño de Guzmán que rivalizaba con Hernán Cortés, intentó poblar la Huasteca con el apoyo de Cuba. De hecho fundó la Villa de Santiago de los Valles de Oxitipa, en lo que actualmente es Ciudad Valles en San Luis Potosí. Para esa época, los indios olives estaban congregados en la Sierra de Tamaulipas y participaron activamente en las expediciones a la Huasteca. Al año siguiente, la expedición de Pánfilo Nárvaez naufragó en Texas debido a un temporal. De ésta sobresale la aventura y travesía que hizo Alvar Nuñez Cabeza de Vaca del Golfo de México a las costas del Pacífico en Sinaloa.

Las empresas de reconocimiento no tuvieron mucho éxito. Propiamente la colonización de lo que actualmente es Tamaulipas, se dio en 1554, cuando se establece la Custodia de San Salvador de Tampico, por fray Andrés de Olmos, que pertenecía a su vez a la Provincia Franciscana del Santo Evangelio de la Ciudad de México. El religioso propuso al rey Carlos V, permiso para establecer poblaciones en las riveras de los ríos las Palmas, Bravo y Ochuse, éste último en Mississipi. Aunque su proyecto fue aprobado por la Real Audiencia no se llevó a cabo.

En 1570 llegó a la región del Pánuco Luis Carvajal y de la Cueva, quién se dedicó a la pesca de indios en los territorios desiertos que actualmente pertenecen a Coahuila y a Nuevo León, por lo que muchos de ellos se refugiaron en misiones de la Sierra de Tamaulipas. Conviene señalar que Carvajal solicitó permiso para poblar la región noreste, a la que llegó con familias de origen sefardita entre 1582 y 1583 como ya hemos visto con anterioridad. Incluso llegó a establecer poblaciones en el Nuevo Reyno de León que quedaron desamparadas por conflictos jurisdiccionales con la Nueva Vizcaya, con la Santa Inquisición y con la Real Audiencia por las constantes pesquisas de indios que hacía.

Hacia 1607, fray Juan Bautista Mollinedo, estableció la Custodia de Río Verde, como base para iniciar la tarea evangelizadora en el sur de Tamaulipas y parte de la región Huasteca correspondiente a San Luis Potosí y Veracruz. De ahí surgieron las misiones de San Antonio de Tula y de Jaumave.

Como ya había cierto movimiento poblacional en el Nuevo Reyno de León, durante la primera mitad del siglo XVII, se abrió una ruta comercial entre las poblaciones de Monterrey, Cadereyta, El Pilón y Cerralvo con la Huasteca para comerciar ganado y harina. Se sabe pobladores del Nuevo Reyno de León hicieron expediciones por el Seno Mexicano con la intención de conocerlo y encontrar posibles poblaciones promovidas por piratas franceses, británicos y holandeses. Por ejemplo, la que hizo un grupo encabezado por Alonso de León, a la Bahía de Matagorda en Texas en 1689. En ella localizaron yacimientos de sal en el actual poblado de Edimburgo, Texas. Recordemos que en esos tiempos, la sal era un elemento tan importante para la conservación de los alimentos, para la engorda de ganado y las actividades mineras.

El lenguaje como conocimiento de un pueblo.

5 de febrero de 2011

La Sociolingüística estudia la conducta lingüística en términos de las relaciones entre los componentes del acto de hablar. Investiga su contexto social y físico, de los participantes caracterizados en términos de edad, sexo, status, su papel situacional y el tema (contenido manifiesto), la función (el contenido latente o aspecto pragmático) y la forma del mensaje (incluye el canal se utiliza: el habla, la escritura, el silbido, etc.), el código (conjunto sistemático de señales lingüísticas, paralingüísticas, cinéticas, musicales y demás variantes sociolingüísticas, mismas que se manifiestan a través de alternativas o variantes de códigos optatitivos utilizados para comunicar el mensaje de modos diferentes y los valores sustentados por cada participante durante el acto del habla.

Como la conducta verbal es una conducta social, precisamente trasmite significados sociales. En la primera mitad del siglo XX, los estudiosos del lenguaje enlazaron a la Lingüística con la Sociología, la Psicología y la Antropología; basándose en la interacción de las diferencias entre las lenguas y los modos de percepción del mundo.

La Sociolingüística es la actividad orientada específicamente al examen de la interacción entre la estructura de la lengua y la estructura social y a la interacción entre la conducta verbal con la conducta social. Su objeto de estudio es la conducta verbal en términos de las caracterizaciones sociales y psicológicas de los hablantes, sus orígenes culturales y los aspectos integrales donde evoluciona una lengua, estudiando los aspectos cotidianos y el contenido de lo que se habla, ya que el lenguaje evoluciona junto con las sociedades por ser una institución social.

La función de la Sociolingüística, es el establecimiento de nexos entre la estructura social y las estructuras gramaticales, ya que con cada emisión verbal, no solo se posee un significado referencial, sino un significado social, ya que el lenguaje es la representación de una idea.

Ferdinand de Saussure define al lenguaje como la capacidad que tienen los seres humanos para comunicarse y expresarse. La capacidad se manifiesta a través de diversas formas y tipos de lenguaje, entre los que destacan:

El lenguaje articulado: las palabras

El lenguaje gestual: la mímica y los gestos

El lenguaje visual: el arte

El lenguaje de los sonidos: la música

El lenguaje numérico: las matemáticas

El concepto de lengua es un sistema de signos interdependientes que sirven a una determinada comunidad para expresarse y comprenderse. La lengua se actualiza y evoluciona constantemente gracias al habla. La Sociolingüística diferencia entre “habla” y “lengua”. Por ejemplo, existen tres tipos de “habla”:

  1. El Dialecto: que se considera la manifestación de una determinada región y respecto al uso empleado del lenguaje
  2. El Sociolecto: es él “como hablan” las diferentes clases sociales de acuerdo a sus mismos estratos económicos, culturales, sociales, sus realizaciones, sus intereses, ciertas actitudes y la cosmovisión que tienen. En el sociolecto se utilizan una serie de palabras de un vocabulario determinado, que les sirve para una comunicación efectiva entre los miembros del grupo al que pertenecen. Existiendo entre los grupos una retroalimentación constante ya que no están aislados, debido a que existe una movilidad social generada por diversos motivos.
  3. El Idiolecto: es la realización individual de la lengua. Como poseemos una serie de características conductuales que hemos aprendido desde el momento de nuestro nacimiento, que se refleja en la configuración propia de ver al mundo, que nos permite percibir y comunicarse con los demás.

El lenguaje está muy relacionado con los usos socioculturales. Se habla de idioma, dentro del cual existe una serie de dialectos sociales y ocupacionales. Algunos dialectos hacen uso de tal cantidad de términos especializados que solamente son comprendidos por el grupo que lo habla. Por ejemplo lo que llamamos jerga o argot. Para los antropólogos, el lenguaje puede servir como mapa de la realidad y como filtro, a través del cual los miembros de una sociedad perciben al mundo

El estudio del significado jamás podrá alcanzar al estudio de las formas del lenguaje. Si uno posee un buen diccionario, podrá estar al corriente de los pequeños cambios en las denotaciones (significado específico de las palabras), pero ningún diccionario podrá contener todas las connotaciones (asociaciones emocionales de las palabras).

Cada lengua tiene una serie de sonidos característicos o fonemas que se combinan para formar una unidad importante llamada Morfema. Cuando la gente habla, estos morfemas se arreglan y se colocan en diversas secuencias, según los modelos determinados de una lengua en particular. Dentro de este esquema general, la lingüística encuentra un sin fin de variaciones. Tales como la incorporación de los prefijos, los sufijos o las duplicaciones de las formas de comunicarse.

El idioma no solo refleja la cultura de la sociedad en la que se habla, sino que proporciona además un mapa del mundo en que se vive. Debido al incremento de los medios de comunicación y al mayor contacto entre los pueblos de orígenes culturales y lingüísticos distintos, el estudio de la lingüística y de los lenguajes individuales ha empezado a recibir la atención requerida.

La agrupación de persona produce hablas semejantes. El lenguaje humano consiste en el conjunto de posibilidades expresivas que posee la mente, la persona que habla (lengua) y la realización concreta que de ellas hace cada persona (habla).

El ser humano es un ser absolutamente sociable. Se agrupa con otros seres semejantes a él por su parentesco o sus lazos comunes, sus convicciones políticas, sus intereses comunitarios o cualquier otro motivo. Este conjunto social hace que por el simple hecho de estar en constante contacto, los hombres se influyen entre sí a través de sus actividades, de sus gustos, de sus diversiones y de su modo de hablar.

Pero existen normas que hacen que cada hablante se exprese de tal manera específica. Por esas normas se catalogan a los hablantes en grupos lingüísticos menores. Por norma se entiende la catalogación de los hablantes en grupos lingüísticos menores, dentro de una lengua que tienen los seres humanos en sus determinadas formas de hablar. Estas se imponen a los miembros del grupo y los nuevos integrantes se unen más hacia los otros individuos componentes de una sociedad.

El lenguaje deja de ser una mera locución, porque cobra un valor y hace que el oyente, al captar la intención del emisor, practique la actuación de una lengua en una comunidad específica donde las expresiones se cargan de sentido.

La interrelación entre lenguaje y sociedad es evidente en muchos aspectos: por ejemplo, se han definido y separado los conceptos de habla y de lengua. Por habla entendemos el uso individual no estructurado, mientras que por lengua entendemos un sistema estructurado de reglas.

Con el término dialecto designamos al habla regional. Es el sublenguaje que corresponde a un grupo social determinado dentro de una de las zonas geográficas de un mapa lingüístico. La capacidad de comunicarnos se realiza a través de sistemas que adoptan las distintas comunidades. Estos sistemas o lenguas se concretizan en el habla a través de elementos mínimos o de doble articulación.

Toda expresión humana es una expresión formada de pequeños elementos, cuyas unidades más pequeñas son el monema y el morfema. De tal forma que cuando el hablante puede elegir como expresarse y comunicarse de acuerdo a sus modos fonéticos (sonidos), de sus modos gramaticales (formas), en su sintaxis (elementos de orden en la oración) o el léxico (vocabulario con el que se cuenta).

Los dialectos se limitan geográficamente por líneas imaginarias que se extienden sobre un territorio y que reciben el nombre de Isoglosas. Marcan el fin de un fenómeno lingüístico pero establece el principio de otro y no corresponden generalmente a las divisiones políticas.

Los estudios de los dialectos son de suma importancia para el conocimiento de la sociedad y de las lenguas, ya que los materiales que recogen los dialectos parten de estudios descriptivos, históricos o geográficos y sociolingüísticos. La limitación y el estudio de los dialectos nos permiten conocer mejor a los hablantes de una lengua, apreciar su distribución de los fenómenos lingüísticos y esclarecer los nexos culturales en épocas pasadas. Pero sobre todo, nos muestran que las lenguas son entes abstractos muy complejos que están formados por dialectos o hablas regionales y locales con rasgos comunes entre sí y que les son propios.

El estudio de los dialectos recibe el nombre de geografía dialectal o dialectología. Tiene como finalidad el conocimiento y la relimitación de cada uno de los dialectos que forman una lengua. Sus métodos exigen el contacto verbal con el informante, realizando una investigación de campo. Su metodología es la siguiente:

  • se aplican cuestionarios apropiados que revelan los fenómenos lingüísticos más relevantes de la población
  • se graban en cintas magnetofónicas las conversaciones de varios habitantes del lugar, procurando un número equilibrado de participantes de ambos sexos y distintas edades
  • luego el material se analiza, se cataloga de acuerdo a criterios de ordenamiento y codificación

Para delimitar y precisar los dialectos, existen tres tipos de extensiones geográficas:

Área focal o de prestigio: son regiones que emiten fenómenos hacia las áreas que lo rodean

Área de transición: usan fenómenos de dos o más regiones focales vecinas

Área reliquia: se encuentran en zonas de acceso difícil y por falta de intercambio, mantienen fenómenos que las otras ya desecharon o ya no usan.

Saltillo, la Atenas del Norte.

1 de febrero 2011

El porfiriato va a ser testigo de la apertura de otras escuelas a cargos de congregaciones religiosas y de denominaciones cristianas. Por ejemplo en 1896 se instaló una escuela de orientación para menores con problemas y que funcionó hasta 1914. En 1906 llegaron los lasallistas que abrieron el colegio de la Inmaculada Concepción y que también cerró en 1914 debido a la revolución. Luego regresaron en 1936 para instalar una academia comercial y en 1938 abrieron el Colegio Ignacio Zaragoza.

El 23 de junio de 1891 se erigió el Obispado de Saltillo, segregándolo de Monterrey. El primer obispo fue el regiomontano Santiago de la Garza y Zambrano. En 1958 se separó la región lagunera para crear el obispado de Torreón. En Saltillo sobresalen los siguientes templos que datan del siglo XVIII y XIX: la catedral, iniciada en 1745 y concluida en 1800. Y cuyo campanario es de 1897. Anexa a la catedral se encuentra el templo del Santo Cristo que es de mediados del siglo XVIII. Los templos más antiguos son el San Esteban, San Juan Nepomuceno y San Francisco que pertenece al siglo XVIII. El templo del Santo Cristo del Ojo de Agua es de 1882.

Las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe llegaron en 1912 para abrir un colegio mixto: el Sagrado Corazón. En 1933 fue clausurado el de niños y al año siguiente el de niñas. Reapareció con el nombre de Instituto Plancarte. Mientras que en el Ateneo Fuente se impartían cursos de bachillerato en cinco años, farmacia en tres años, leyes en cinco y el de escribano público en tres. Pero decidieron cerrar las carreras profesionales por costosas y mandaron a los alumnos que comprobaban su intención de estudiar a otras partes del país. En 1889 se abrió la escuela normal anexa al Ateneo Fuente. En 1896 se graduó el primer grupo que fue enviado a estudiar cursos de postgrado a la escuela normal de Bridgewater, Mass.

Eran tantas las escuelas que había y que contaban con excelentes edificios, que el mismo José Vasconcelos se refirió a que los mejores edificios de Saltillo eran sus escuelas. Por cierto, por sus escuelas, las funciones de teatro, las veladas literarias, las publicaciones existentes entre otras cosas, hicieron que Saltillo fuera conocida como la Atenas del Norte.

A fines del siglo XIX la población de Saltillo acudían los domingos a consumir pan de pulque y pulque curado de almendra y canela a los merenderos que había. O acudían a ver fotografías que se proyectaban en muros o pantallas en aparatos que llamaban linterna mágica.

La casa comercial más importante era de don Dámaso Rodríguez, que fue establecida en 1861 y dejó de funcionar en 1913, en donde trabajaron personajes tan importantes para la historia de Saltillo como Nazario Ortiz Garza que fue gobernador de 1929 a 1933 e Isidro López Zertuche, que se convirtió en empresario en 1928 al crear la Compañía Industrial del Norte en 1928, cuna del Grupo Industrial Saltillo y Aarón Sáenz que llegó a ser gobernador de Nuevo León y secretario de Relaciones Exteriores en 1928. De ahí saltó a los negocios en donde se convirtió en un próspero inversionista.

Coahuila en la primera mitad del siglo XIX.

30 de enero 2011

Saltillo siempre se ha caracterizado por el interés que tiene en promover la cultura y la educación. En 1809 llegó a Saltillo un sacerdote contratado por particulares, para que estableciera una escuela privada. Como contrapeso, el cabildo de la villa, trató de abrir una escuela pública.

Coahuila fue testigo de los movimientos insurgentes, en los cuales Hidalgo y sus principales seguidores fueron apresados. De hecho, la ruta de Hidalgo atraviesa lugares muy interesantes: las haciendas de Buena Vista en Saltillo, Santa María en donde se dice ofició la última misa y la del Anahelo en Ramos Arizpe, las Norias o Acatita de Baján perteneciente actualmente a Castaños donde fueron apresados, luego la prisión de los insurgentes y el fusilamiento de uno de los Aldama en Monclova. Tal vez, por ello fue declarada ciudad en 1811 por los servicios que ofreció para terminar con el movimiento insurgente.

En 1822, por gestiones de Miguel Ramos Arizpe, se trasladó a Saltillo la capital de las Provincias Internas de Oriente que estaba en Monterrey. A partir de aquí comienzan las rivalidades entre Saltillo y Monterrey para ser el centro político de la región y entre Saltillo y Monclova para ser la capital del estado. De hecho, Saltillo fue declarada capital en ese año, por lo que se llevó la imprenta a cargo de Samuel Bangs, en donde se publicaron bandos y decretos.

Al año siguiente, Monterrey volvió a ser nombrada capital de las provincias por lo que trasladaron la imprenta a Monterrey. Entonces Ramos Arizpe gestionó la adquisición de una imprenta que llegó a Saltillo en 1825. La rivalidad entre Saltillo y Monterrey era un reflejo de las rivalidades que mantenían en el Congreso de la Unión Ramos Arizpe y fray Servando Teresa de Mier y Noriega. El primero federalista y promotor del establecimiento de norteamericanos en Texas y el segundo centralista y desconfiado de las políticas expansionistas de los Estados Unidos.

Los constituyentes pensaron hacer de las provincias internas un solo estado. Pero Tamaulipas se les adelantó y se constituyó en uno, haciendo que Nuevo León también se proclamara en estado. Fue cuando Coahuila y Texas quedaron fusionados en una sola entidad.

Siendo Saltillo la capital del estado con un gran territorio, requería título de ciudad. Para lo cual se le cambió el nombre a Leona Vicario en 1827. En cambio a San Esteban (que siempre dependió directamente del virreinato) se le cambió el nombre por Villalongín. Los vecinos se enfadaron por el cambio de los nombres originales, por lo que solicitaron al Congreso del Estado, se respetaran los nombres originales. En 1834 el congreso decretó la unión de las dos poblaciones para llamarla nuevamente Saltillo.

Pero Parras y Monclova no aceptaban que Saltillo fuera la capital. Los saltilleros decían que la capital debía ser Saltillo por su excelente clima, la cercanía a otras ciudades de otros estados y porque la mitad de las contribuciones recaudadas venían de Saltillo. Era tanta la rivalidad y el antagonismo, que llegaron a enfrentamientos y actos de hostilidad. Hasta los de Monclova intentaron atacar a Saltillo, pero fueron fieramente rechazados por los de Saltillo. Para acabar con la rivalidad, Santa Anna decidió que la capital permaneciera en Saltillo. Como dato interesante, los de Saltillo siempre apoyaron a las medidas del presidente centralista con aires de caudillo y vocación de dictador.

Entonces se hicieron obras para embellecer a la capital: se instaló un reloj público en la torre de la capilla del Santo Cristo y se iluminaron las calles más importantes. En 1839 la Junta Departamental de Coahuila organizó un colegio de enseñanza media con el nombre de Colegio Departamental.

Los proyectos de colonización en Coahuila

26 de enero 2011.

El actual  estado de Coahuila fue testigo de dos oleadas de pacificación y colonización: la que iniciaron por parte de la Nueva Vizcaya y la que hizo Carvajal y de la Cueva por parte del Nuevo Reino de León. De hecho hubo litigios entre las dos provincias por posesión del territorio. Las únicas poblaciones que mantuvieron cierta importancia para el virreinato en el siglo XVII eran las que dependían de la villa de Santiago de Saltillo: San Isidro de las Palomas, la Capellanía, Santa María de las Parras y la Hacienda de Patos. Saltillo era atendida por el padre Baldo Cortés (1539-1613?) que pertenecía al clero secular y quién se hizo de mercedes de tierras en Saltillo y Monterrey.

En 1608, Santos Rojo, trajo a la villa, procedente de la feria de Jalapa, una imagen de un Cristo que fue llevado a la capilla de las Animas y en la cual se le empezó a festejar el 6 de agosto. En 1672 la imagen fue llevada a la capilla anexa al templo de Santiago Apóstol. Dos años después, el alcalde mayor de Saltillo Antonio Balcárcel, llegó hasta la antigua Almadén que había fundado Carvajal y de la Cueva tiempo atrás, en donde estableció el pueblo de nuestra de Guadalupe, lugar al que en la actualidad llaman “el Pueblito” en Monclova. De aquí salieron el capitán Fernando del Bosque y fray Juan de Larios para reconocer el norte de la provincia.

En 1689, Alonso de León, estableció la Villa de Santiago de la Monclova que será declarada la capital de la provincia de Nueva  Extremadura o de Coahuila. Durante la época colonial, indistintivamente a Monclova se le conocía como Coahuila. Con la intención de apoyar la población del norte de la provincia de Coahuila se establecieron dos misiones: la del Dulce Nombre de Jesús de Peyotes en 1674 y la Misión de San Buenaventura de los Colorados en 1692.

Para apoyar la población y la evangelización del territorio de Texas, se estableció la Misión de San Bernardo y anexo el presidio de San Juan Bautista en 1701, actualmente Guerrero. De aquí salieron los vecinos que fundaron San Antonio de Béjar. Aún existe la antigua misión de San Bernardo, completamente restaurada.

Ya para 1702 Saltillo contaba con un médico llamado Antonio García. El hecho de estar en la confluencia de los caminos entre la Nueva Vizcaya y el Nuevo Reino de León, hizo que Saltillo se convierta en un centro de comunicaciones. De ahí que en 1720 se estableció correo entre San Antonio de Béjar y en 1774 con San Luis Potosí.

Las autoridades de la Nueva Vizcaya controlaban la región que comprende desde La Laguna hasta Ramos Arizpe, con la intención de promover la colonización de sus territorios, hizo que en 1731, los tlaxcaltecas establecieron el pueblo de San José y Santiago del Alamo, actualmente Viesca. Mientras tanto, los gobernadores de Nueva Extremadura, todos ellos pertenecientes a la familia de los de la Garza Falcón (Blas, Clemente, y Miguel) y que por cierto eran originarios de la Hacienda del Espíritu Santo de la Pesquería Chica, jurisdicción del Nuevo Reino de León, van a apoyar entre 1730 y 1750 la formación de más poblaciones del norte de Coahuila. Múzquiz en 1735 como presidio de Santa Rosa de Lima y Zaragoza en 1749 como Villa de San Fernando de Austria o de Rosas.

Saltillo se consolidaba como un importante enclave de la Nueva Vizcaya y por ello, en 1776 se abrió una escuela. Como ya se había mencionado, Saltillo fue un centro de operaciones en donde convergieron intereses comerciales durante la época colonial. Se sabe que en 1777 se comenzó a difundir durante el mes de septiembre, la famosa “Feria de Saltillo”, que llegó a ser de las más importantes de México. Originalmente era una especie de tianguis con pocas mercancías que más bien atraían a curiosos en lugar de satisfacer necesidades de la población.

Entre 1784 y 1794, la intensidad de las transacciones aumentaron y en ella se vendían productos europeos, asiáticos y mexicanos que en ese entonces se conocían como de “Mechoacan”, consistentes en dulces, azúcar y jabones. Ahí acudían los parrenses a vender vino y aguardiente, los indios de San Esteban mercaban frutas, rastrojo verde y zacate para las bestias de carga. También llegaban muchas caravanas procedentes de otras partes del virreinato, compuestas por entre 50 y 100 personas para protegerse de los ataques de los bárbaros y bandoleros. En 1787 Saltillo y Parras fueron segregadas de la Nueva Vizcaya e incorporadas a la Provincia de Nueva Extremadura o de Coahuila.

A partir de aquí comienza la rivalidad regional. Pues por su importancia Saltillo bien podía ser la capital de las Provincias Internas de Oriente y en consecuencia la capital de la Nueva Extremadura. Posturas que enfrentaron ideológicamente con los de Monterrey y con Monclova a la que finalmente lograron traer los poderes del estado en el primer tercio del siglo XIX.

Orígenes y poblamiento del estado de Coahuila.

24 de enero 2011

Indudablemente que uno de los estados más importantes de nuestra nación. Con fuerte presencia histórica, por su cercanía estratégica con Texas, por tener dos zonas urbanas que han registrado uno de los mayores índices de crecimiento económico desde el último tercio del siglo XX. Incluso Torreón lo fue y lo sigue ostentando desde hace 100 años hasta la actualidad.

Se tienen referencias de que el alcalde mayor de la entonces villa de San Gregorio de Mazapil, Zacatecas, llamado Francisco Cano llegó hasta las inmediaciones de lo que actualmente es el municipio de General Cepeda en 1568, en ese entonces una extensa región habitada por tribus de huachichiles y borrados. Toda la parte correspondiente al estado de Durango y norte de Zacatecas así como del sur de Coahuila, fue poblada por parte de la llamada Nueva Vizcaya.

De hecho, un comisionado de esa provincia, Alberto del Canto, entró en 1575 apoyado por otros pobladores, entre ellos Diego de Montemayor, para establecer la Villa de Santiago del Saltillo en 1577. Luego en 1591, Francisco de Urdiñola, inició los trabajos para establecer con colonos de origen tlaxcaltecas, el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, a inmediaciones de Saltillo y posteriormente poblar San Isidro de las Palomas actual Arteaga, Coahuila.

Urdiñola había nacido en 1552 en el valle de Oyarzún, España. Fue pacificador y poblador adscrito a la Nueva Vizcaya. En Río Grande, Zacatecas había contraído matrimonio con Leonor López de Luis. Fue Justicia Mayor y Capitán de Guerra de Saltillo. Hizo campañas de reconocimiento hacia el norte de la región que estaban poblando, de lo que actualmente es Múzquiz. En consecuencia, a él se le debe la colonización en lugares que actualmente son Saltillo, Arteaga, Ramos Arizpe, General Cepeda, Parras y San Pedro de las Colonias.

Con esas tierras, más las de la Laguna y unas porciones, pertenecientes a los actuales municipios de Santa Catarina y Santiago en Nuevo León, conformó el latifundio más grande de la Nueva España. Por ello y sus influencias, sus descendientes obtuvieron el privilegio de que a sus posesiones se les reconocieran como un marquesado. Precisamente a todo el latifundio se le conoció como el marquesado de Aguayo. Con el transcurso del tiempo, el marquesado fue adquirido por la familia Sánchez Navarro.

A Urdiñola también se le debe la introducción de los primeros viñedos y telares en Parras. Ahí canalizó los manantiales y edificios del primer molino de trigo de ese lugar. Estableció la llamada estancia de Arriba, que después se llamó “Estancia de Urdiñola” en lo que actualmente es la Hacienda del Rosario en Parras de la Fuente. Fue gobernador de la Nueva Vizcaya entre 1603 y 1615. Fue acusado por Juan Bautista de Lomas de asesinar a su esposa, por lo que fue sujeto a una causa judicial, de la cual quedó absuelto. Murió en Santa Elena, Zacatecas en 1618.

El municipio y su labor de conservación y difusión del patrimonio de un pueblo.

22 de enero 2011

A través de la Ley Orgánica de los Municipios de Nuevo León (2000) encontramos que el Municipio debe promover las ceremonias cívicas y la participación ciudadana en ellas, establecer y actualizar el sistema municipal de información económica, social y estadísticas de interés general, constituir, organizar y preservar los archivos históricos municipales, elaborar y publicar en coordinación con las autoridades competentes, el catálogo del Patrimonio Histórico y Cultural del Municipio, vigilar su preservación y determinar cuales son las construcciones y edificios con características históricas y arquitectónicas más relevantes para su adecuada conservación, fomentar el desenvolvimiento de la cultura, el deporte, el fortalecimiento de los valores históricos y cívicos del pueblo, así como el respeto y aprecio por los símbolos patrios y el mejoramiento cívico de la población, además de promover la participación de la comunidad en programas del desarrollo municipal.

Es importante señalar que el municipio como instancia de gobierno local, debe poner mucho énfasis en esas tareas, pues hoy en día, la gente tiene más conciencia de los fenómenos sociales y está buscando su identidad frente a la globalización que promueve otro tipo de valores y requiere establecer una defensa o de búsqueda de la identidad local.

Como se advierte, la autoridad municipal es la responsable del patrimonio histórico y cultural de la entidad jurídica y territorial que gobierna y administra, además de la difusión y promoción de los valores que distinguen a su sociedad que la integra.

La importancia de los bienes culturales reside en que ellos nos dan identidad y justifican el papel que nosotros tenemos frente al pasado. Nos recuerdan cosas. Sabiamente Voltaire decía que el respeto de un pueblo se refleja al cuidado y atención que le ponen tanto a los archivos como a los cementerios. ¿Será cierto aquel refrán popular que reza: “el orgullo de un pueblo pertenece a los muertos, los que viven solo lo usufructúan?

La expresión de bien cultural designa a todo aquello que tenga que ver con los objetos materiales o inmateriales, tangibles o intangibles, asociados a las tradiciones culturales de un pueblo.

Los bienes culturales se clasifican en dos grandes categorías:

  • los bienes muebles, ya sea de obras de arte, libros, manuscritos u otros objetos de carácter artístico o arqueológico, en particular las colecciones científicas y
  • los bienes inmuebles, tales como los monumentos artísticos o históricos, lugares arqueológicos y edificios de interés histórico o artístico

Pero dicha distinción no es absoluta, pues un edificio u otro monumento considerado como inmueble, puede en realidad, ser desplazado si existe una razón suficiente para su preservación. Por ejemplo, el traslado de una casa habitación muy antigua en Allende, Nuevo León, que constantemente estaba amenazada por las crecidas del Río Ramos.

Pero para determinar el valor de un objeto, debemos considerar muchos aspectos en torno al mismo y solicitar la ayuda de un experto. Por ejemplo, un objeto considerado de gran valor por una persona puede ser tenido más tarde como despreciable. Lo contrario sucede cuando ciertos objetos de uso común en una población son apreciados como objetos raros y valiosos por otras generaciones. Incluso se tiene que ser muy cuidadoso porque no se pueden preservar todos los elementos del pasado.

En las sociedades actuales impera la creencia de que el pasado ya no importa, de que es un “peso muerto” o considerar que lo viejo impide un adecuado crecimiento y desarrollo, por lo cual se destruyen deliberadamente o por desconocimiento, muchos valores o bienes de nuestras antiguas tradiciones.

En el centro histórico de la Ciudad de Laredo, Texas, cuya traza original data de la segunda mitad del siglo XVIII, existe un buen número de construcciones típicas a la arquitectura regional. Pero no todas ellas valen la pena conservarse, por lo que la oficina respectiva establece lineamiento para considera lo que debe cuidarse y lo que no. Por eso es muy común ver casas antiguas en venta con la leyenda de que pueden ser modificadas. No obstante, eso no excluye la labor de las autoridades para preservar su patrimonio.

Entonces, ¿qué es lo que se debe cuidar? A decir de Jesús Mañueco Alonso, Presidente de la Diputación Provincial de Palencia, España en 1996: “el caso ideal sería que por lo menos un ejemplo de cada tipo”. Los países con un sistema de clasificación de monumentos y edificios como el nuestro, a través de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas que se promulgó en 1972 durante la presidencia de Luís Echeverría Álvarez. O de la Ley de Bienes Nacionales que se promulgó en 2004, establecen qué se debe proteger, cuidar y difundir.

Un monumento histórico se define como una estructura destinada a conmemorar algo. Puede ser o no una obra de arte, estar hecho de piedra o de otro material y encontrarse en lugares abiertos o cerrados. Por eso conviene advertir que la conservación de la integridad de un lugar no significa necesariamente la preservación de todos los monumentos individuales que lo componen. A veces se requiere sacrificar algo pues se establece un perímetro en el cual se da el mantenimiento y la custodia de un lugar. De igual forma se debe ser muy cuidadoso con la premisa de destruir algo de los alrededores, porque con ello se destruye el equilibrio general de la zona histórica.

Una zona es catalogada histórica o de importancia cultural, cuando:

  • tiene un valor excepcional que es un vínculo natural y efectivo con el pasado
  • tiene un valor excepcional desde el punto de vista estético y arquitectónico, preservando sus elementos individuales como de las características originales del conjunto de la zona

Cuando se quiere rescatar y cuidar por ejemplo, una zona en especial, no solo se deben cuidar las calles, banquetas y construcciones existentes, sino todo el entorno que le rodea, como por ejemplo, el nivel del suelo, las áreas verdes, los empedrados originales. En sí, considerar las particularidades interesantes que se encuentran en ruinas y las localidades más pintorescas.

El rescate y cuidado de una zona patrimonial también debe tener por norma, mejorar el nivel de vida de la población, satisfaciendo sus necesidades sin que se altere la conservación del lugar.

La relación del hombre con los bienes culturales y el valor que se les atribuye son el resultado de la interacción de muchos factores diferentes, pero una vez reconocido el valor de un bien cultural, se adquiere la responsabilidad de preservar dicho monumento, sin importan su tamaño.

Sin bien es cierto, no es posible ni conveniente salvar todos los objetos del pasado, es razonable esperar que los más importantes sean preservados en beneficio de la posteridad y que se intente reunir un muestrario adecuado de una amplia gama de bienes culturales.

Se debe promover la existencia y formación de un consejo consultivo de participación ciudadana, para velar y decidir la importancia de un objeto o edificación, formado por especialistas en el tema. Deben tener claro que la conservación tiene prioridad sobre la rehabilitación, ya que los principios de la naturaleza del objeto y de su estado de conservación repercuten en la vida de un pueblo de una u otra manera.

El patrimonio cultural que tenemos hoy en día, se creó en su momento debido a las necesidades de un pueblo y de su historia. Deshacernos de ello o dejar que se arruine o se destruya, significaría que la historia y la cultura de las naciones se perderían tajantemente. Y nuestra vida no tendría el sentido que nos hace ser humanos y ser parte de un lugar e identificarnos entre sí y con uno mismo.

Las ciudades modernas deben adaptarse al patrimonio cultural que poseen: templos, ruinas, murallas, castillos, museos, bardas, zonas arqueológicas, documentos, calles, casas, banquetas, entre otras cosas más. Debemos estar orgullosos de conservar este legado que sin duda nos enriquecerá en el transcurso de nuestra historia y de nuestra vida.

Nuevo León de cara al siglo XXI: 1980-1990.

10 de enero 2011

En 1979 fue elegido como gobernador constitucional del estado, don Alfonso Martínez Domínguez, concluyendo su período en 1985. Le sucede Jorge Treviño Martínez que ocupó la gobernatura de 1985 a 1991. A los dos períodos de gobierno les tocó vivir problemas económicos y crisis presupuestales, provocada por la caída del precio del petróleo y las consecuentes devaluaciones en las administraciones del Lic. José López Portillo y del Lic. Miguel de la Madrid, en cierto modo frenaron el crecimiento y desarrollo de los municipios.

A pesar de las dificultades existentes se hicieron cosas positivas en la entidad. Al iniciar la década, Nuevo León contaba con 5,713 localidades ubicadas dentro de los 51 municipios, de las cuales 61 eran urbanas y 5,652 rurales. Los problemas propios de las grandes ciudades empiezan a agudizarse en el área metropolitana: problemas de vialidad, inseguridad y violencia, desempleo, alumbrado público, servicios de limpia y recolección de basura, aunado a las situaciones recurrentes de la escasez de agua potable y las altas temperaturas.

No obstante a la recesión económica, el comercio, la industria y el sector servicios vivieron un auge de desarrollo y progreso entre 1980 y 1983. Lo cual atrajo a muchas personas de otras latitudes a asentarse en la zona metropolitana. Pero luego vinieron los efectos que vieron como muchos nuevoleoneses perdieron sus fuentes de empleo. Corría el rumor de que habría un golpe de estado en México.

En 1981 General Escobedo fue elevado a categoría de ciudad, con ello se aseguró su pertenencia a la mancha urbana. A partir de aquí, el crecimiento del municipio fue vertiginoso. Toda vez que el establecimiento de muchas colonias, acrecentó la demanda de servicios públicos y la apertura de nuevas vías de comunicación. Al año siguiente General Zaragoza quedó unido con Aramberri por una carretera asfaltada de 18 kilómetros, se diseña el escudo municipal de Agualeguas y Apodaca fue elevada a categoría de ciudad.

En 1983, Ciudad Anáhuac fue declarado municipio fronterizo con límites y colindancias para recibir los beneficios fiscales que ésto representa. De igual forma, el Seminario de Monterrey inició sus cursos introductorios a la vida consagrada en la comunidad de Paso Hondo en Allende, Nuevo León. Al finalizar el año, la agricultura de muchos municipios resintieron graves pérdidas, debido a las bajas temperaturas y heladas que propinaron un duro golpe a las localidades rurales de la entidad. Los efectos en la zona citrícola fueron destructivos, a tal grado que se solicitó se considerara zona de desastre.

Pero algunos de los municipios de la llamada zona de influencia, se vieron beneficiados con la construcción de obras de infraestructura y de embellecimiento. En Marín, Pesquería, Doctor González, Higueras, General Zuazua y Ciénega de Flores se pavimentaron las calles, se reconstruyeron los palacios municipales, se remodelaron sus plaza principales y se introdujo la red de drenaje en las cabeceras municipales. Y en 1984 Cerralvo, la llamada “Cuna de Nuevo León” fue elevada a la categoría de ciudad y con ello se pretendió apoyarlo para que se convirtiera en un foco de desarrollo regional.

Es interesante, pero paradójico a la vez, el hecho de que en 1985 se estableciera una caseta telefónica en Iturbide y se introdujo el servicio telefónico en la Hacienda de Guadalupe de Marín. En Santa Catarina todavía se marcaba larga distancia para llamadas a Monterrey y al año siguiente se inauguró el servicio telefónico en el municipio de General Zaragoza.

En materia cultural, 1985 fue también un año prolífico, pues se inauguró el Museo Timoteo L. Hernández de Villaldama, se instaló un CONALEP en Santa Catarina y en el mes de marzo los símbolos patrios como la Campana de Dolores, la Constitución de 1917 y la Bandera Nacional, recorrieron varios municipios de la entidad con la finalidad de difundir y promover los valores cívicos y patrióticos de los mexicanos.

Los estudios municipales, la recolección y difusión de la sabiduría popular de nuestros pueblos se vio beneficiada con la fundación en 1986 de la Asociación Estatal de Cronistas de Nuevo León, en un evento patrocinado por la Universidad Autónoma de Nuevo León, el Archivo General del Estado de Nuevo León y la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, A.C. en la Hacienda San Pedro de General Zuazua, N.L. Para ese año se acreditaron 50 cronistas, siendo catalogado Nuevo León, uno de los primeros estados en preocuparse en la difusión y rescate de los valores municipales. En ese año también se difundieron los símbolos municipales, como el escudo y el traje representativo de cada uno de nuestros pueblos.

Después de una consulta pública, las autoridades del municipio de Garza García, convinieron agregarle la advocación de San Pedro al nombre oficial del municipio de Garza García en 1987. Un año después el municipio de Juárez fue elevado a categoría de ciudad y con ello quedó unido a la zona metropolitana y se creó la Comisión para el Desarrollo del Norte del Estado de Nuevo León, llamado por sus siglas CODENOR, que se encargó de los preparativos para la construcción del Puente Internacional en la comunidad de Colombia en Anáhuac, N.L.

El 15 de septiembre de 1988 el Huracán Gilberto, convertido en tormenta vació su furia incontenible en los cañones de la Sierra Madre y una lluvia pertinaz de casi más de 12 horas, provocaron una inundación que dejó graves pérdidas tanto en el área metropolitana como en el área rural de Nuevo León. Los ríos Santa Catarina, Pesquería, Salinas, San Juan, Ramos, Pilón y Salado se desbordaron de sus cauces y dejaron una secuela de damnificados que perdieron sus viviendas, destrucción de puentes y avenidas, poblados incomunicados y más de medio millar de desaparecidos. Se decía que las autoridades municipales de Santa Catarina y San Pedro habían apoyado los asentamientos en pleno río Santa Catarina, arroyos y cañadas.

De ahí que la poca atención y los nulos servicios municipales, provocan el clamor popular y se vuelcan al apoyo de la oposición del partido oficial. El PAN ganó las elecciones municipales en Santa Catarina y San Pedro. Mientras que una coalición de partidos simpatizantes de la candidatura del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas obtuvieron un triunfo electoral en Bustamante, en donde la señora Lucy Herrera llegó a la alcaldía. El optimismo en Santa Catarina se sentía, pues se desmoronó un cacicazgo sindical de más de 40 años.

El nuevo sexenio federal trajo una nueva modalidad en las obras de beneficio social. Se involucran los tres niveles de gobierno: federación-estado-municipio al cual se incorpora el llamado cuarto nivel: la comunidad. Las obras realizadas bajo el esquema de concesiones, promovió la construcción de anillos viales que rodearon a la zona metropolitana, además de los inicios de la construcción de la Autopista Monterrey-Nuevo Laredo y Monterrey-Reynosa al finalizar la década.

El desarrollo municipal en el crecimiento compartido: 1970-1980.

7 de enero 2011

Debido a problemas por demás comentados, en 1971 renunció a la gobernatura el Lic. Eduardo A. Elizondo. Concluyó su sexenio el Lic. Luis M. Farías en 1973. De 1973 a 1979 ocupó el  cargo el Lic. Pedro G. Zorrilla Martínez. Mientras tanto la administración municipal que duraba tres años, se redujo a dos años en 1970. Pero solamente hubo dos bienios: de 1970 a 1971 y de 1972 a 1973. Cuando dejó la gobernatura don Eduardo A. Elizondo, también en Villa de García, su alcalde don Luis Fernández a quien apodaban “el largo” por su estatura, renunció en señal de solidaridad. El problema es que no le avisó a su cabildo y éstos no sabían el porqué don Luis no acudía a sus compromisos al palacio.

En 1970 fue concluido el puente que une a Guadalupe con Monterrey. Y al año siguiente, el entonces presidente Luis Echeverría Alvarez inauguró la avenida Gustavo Díaz Ordaz que atraviesa Santa Catarina, San Pedro Garza García y Monterrey. Por el aumento de su población, su crecimiento económico y la importancia en el contexto estatal, las villas de San Nicolás de los Garza, Guadalupe y Sabinas Hidalgo fueron elevadas a ciudades en 1971.

En este decenio muchos municipios se vieron beneficiados en materia educativa. Por ejemplo, en 1973 se abrió la única universidad situada fuera del área metropolitana: la Universidad de Montemorelos y una preparatoria dependiente de la UANL comenzó sus cursos en el municipio de Allende. En 1974 se estableció la preparatoria 19 de la UANL en García, en 1976 las autoridades tanto federales como estatales, abrieron en Guadalupe el Instituto Tecnológico de Nuevo León y en 1977 se inauguró el nuevo edificio la Facultad de Agronomía de la UANL en Marín, al igual que se planeaba la apertura de una preparatoria en Santa Catarina, Nuevo León.

La carretera Monterrey-Saltillo se amplió a cuatro carriles en 1975. En 1976 se remodeló la presidencia municipal en Apodaca y se construyó la nuevo palacio municipal para Monterrey, siendo alcalde Leopoldo González Sáenz. En 1977 fueron elevados a ciudades las villas de General Terán en la zona citrícola y Santa Catarina en la zona conurbada de Monterrey. Por su parte, el templo del Sagrado Corazón de Doctor Coss fue convertido en vicaría fija, dejando de pertenecer a la Parroquia de los Aldama.

En 1978 la congregación de Colombia se incorporó a Ciudad Anáhuac, Allende fue elevada a ciudad y se estableció una biblioteca municipal en Villaldama, Nuevo León. En 1979, Petróleos Mexicanos inauguró una planta en Cadereyta Jiménez, a la cual nombraron “Héctor Lara Sosa”. Esto fue el detonante para el crecimiento urbano, económico y demográfico del municipio. Al año siguiente entró en operación como planta despuntadora. Fue considerada en su tiempo, como la refinería de PEMEX más grande e importante en el país y de las más modernas en su tipo en América Latina.

Desde entonces, Cadereyta satisface las necesidades de energéticos de la región noreste de México, fomentando la diversificación económica de la localidad. Pero lamentablemente, trajo problemas que la municipalidad no estaba preparada para solucionar. Por ejemplo, la contaminación del río San Juan y de los terrenos aledaños a la refinería, que servían para la agricultura y la ganadería, el aumento desordenado de colonias y por consecuencia, otros problemas de índole social.

Definitivamente que en la década de los 70, se consolida la llamada área metropolitana de Nuevo León. Mientras que los municipios periféricos que vienen desde el Valle de las Salinas y del Carrizal, al igual que Juárez, Santiago y Cadereyta, fueron conocidos como la “Zona de Influencia”.

Los municipios en el desarrollo estabilizador 1960-1970

6 de enero 2011

Don Raúl Rangel Frías, dejó la gobernatura en 1961. Le siguió en el cargo hasta 1967 el Lic. Eduardo Livas Villarreal y de 1967 a 1971 el Lic. Eduardo A. Elizondo.Ya para 1960 Garza García, San Nicolás de los Garza y Guadalupe habían sido prácticamente absorbidos a la zona conurbada de Monterrey. Estos municipios presentaron un significativo crecimiento demográfico, en buena medida a que el gobierno de Eduardo Livas, promovió la creación de muchas colonias en los municipios ya citados. Por ejemplo, el censo de 1960 afirmaba que en Guadalupe había 38,233 personas. Mientras tanto, en Escobedo apenas introducían los servicios de agua y electrificación y en Marín empezaba a funcionar la escuela secundaria. No así en Abasolo, en donde sus autoridades se quejaban de que el municipio había quedado despoblado por la emigración a los Estados Unidos.

En los inicios de la década se desarrollaron obras de considerable importancia. En 1961 Federico Cantú realiza la obra escultórica de los Altares, que se hizo para la inauguración de la Carretera Linares-Galeana. Se introducen los servicios de electrificación y la red de agua potable a Doctor González. Además el gobierno de Eduardo Livas promovió el establecimiento de dos escuelas secundarias: una en la Ascensión y otra en Aramberri, al igual que dos escuelas agropecuarias para la población. Se instaló la red de gas natural a la cabecera municipal de San Nicolás de los Garza y en terrenos correspondientes a éste municipio se inauguró la torre de la rectoría de la Universidad de Nuevo León y los edificios equipados para las diversas facultades de estudios profesionales.

En 1961 quedó como alcaldesa de Higueras la señora Horfelinda Villarreal de González, quién anteriormente ya había figurado en forma interina en 1957. Este hecho es muy notable, considerando que doña Horfelinda fue la primera mujer en dirigir un municipio tanto en Nuevo León como en México. Por su parte, don Librado García Ayala, alcalde de Santa Catarina, ponía en marcha los trabajos de introducción del servicio de gas natural.

El 2 de junio de 1962, el Papa Juan XXIII creó la diócesis de Linares, segregándola de Monterrey. La nueva diócesis comprende 15 municipios: Linares como sede, Los Aldamas, Doctor Coss, General Bravo, China, General Terán, Montemorelos, Hualahuises, los Rayones, Iturbide, Galeana, General Zaragoza, Aramberri, Doctor Arroyo y Mier y Noriega. Al año siguiente se abrió el colegio Seminario.

En 1963 se festejó el centenario de la elevación a villa de Higueras y se remodeló el interior del templo de San Gregorio en Cerralvo, agregándose dos capillas, quedando la planta en forma de cruz latina. También se abrieron dos escuelas secundarias en García, una de ellas técnica nocturna.

En 1964 se reconoció el primer triunfo a la oposición. El Partido Acción Nacional propuso a Humberto Junco, quién fue elegido alcalde del municipio de Garza García. Por su parte, se decía había temblado en Doctor Arroyo. Fueron dos sismos de corta intensidad. Mientras que el templo de San Cristóbal de Hualahuises fue elevado a categoría de parroquia.

En 1965, el municipio de los Rayones quedó unido con Montemorelos, al concluir una carretera terraplenada. Tardaron en concluirla pues varias veces fue destruida por las crecidas del río Pilón.

En 1966 inicia la industrialización del corredor García, al establecerse Industria del Alcali. Por su parte, las autoridades de Parás, inauguraron en 1967 el monumento a la Madre. Debido a los problemas políticos y sociales imperantes, en 1968 fue clausurada la Escuela Normal Rural de Galeana por decreto presidencial. Al concluir la década, la oposición retuvo la alcaldía de Garza García: de 1967 a 1969 fue alcaldesa la señora Norma Villarreal de Zambrano.

Los municipios en la reafirmación del espacio económico 1950-1960.

3 de enero 2011

En 1949 el linarense Dr. Ignacio Morones Prieto fue declarado gobernador constitucional, pero dejó su puesto en 1952, para ocupar la Secretaría de Salubridad y Asistencia. Durante su estancia en Monterrey, comenzaron las obras de la canalización del Río Santa Catarina, que a la larga hizo que a la avenida Independencia se le llamara Morones Prieto en su honor. Muchos políticos de la entidad vieron la elección de Morones como una franca imposición, por lo que le hicieron la vida imposible al gobernador, a tal grado que éste instaló su domicilio en la Fama, Nuevo León. Al marcharse a la ciudad de México, quedó en su lugar como interino el linarense José S. Vivanco que concluyó el sexenio en 1955. De 1955 a 1961 fue gobernador el Lic. Raúl Rangel Frías. Un sexenio en el que se construyó la carretera que va de Linares a Doctor Arroyo, se contrató a Federico Cantú para que hiciera su obra, ahora lamentablemente desaparecida en un sitio conocido como los Altares en Iturbide. La población nacional ascendía a poco más de 28 millones de habitantes, de los cuales, 740,191 vivían en Nuevo León.

En ésta década, la población de algunos municipios del norte del estado bajó considerablemente, debido a una terrible sequía. La población emigró a Monterrey o a ciudades de los Estados Unidos. Para contrarrestar los efectos de la sequía, el 21 de enero de 1953, se inauguró una presa en el municipio de Parás, para la captación de agua para el consumo humano y promover el sector agropecuario. Todo lo contrario en Allende, donde se desarrollaron notablemente la apicultura, la avicultura, el comercio y la industria a menor escala.

La importancia de la Monterrey en el escenario nacional era cada vez más evidente. En 1951 se inauguraron los vuelos comerciales entre Monterrey y la Ciudad de México.

Fueron muchas las obras de beneficio en materia educativa a lo largo del decenio: comienza a funcionar la Ciudad de los Niños en Guadalupe y la iniciativa privada donó un excelente edificio escolar en Santa Catarina en 1951 al que llamaron Escuela Superior Mixta ACCO. Dos años después, en el mismo lugar, se inauguró el segundo jardín de niños del estado: el Amelia Treviño. Al año siguiente, el Padre Pedro Garza Cantú apoyado de un grupo de religiosas, fundaron el Instituto México en Villa de García. Ofrecían educación preescolar, primaria, secundaria y comercio. En 1955 un grupo de vecinos interesados por la educación de los jóvenes de Doctor Arroyo tramitaron la apertura de una escuela secundaria y en 1957 se abrió la escuela secundaria Miguel Hidalgo de Galeana. Y la afición por la fiesta charra, la encontramos en 1954, cuando se creó la primera asociación de charros del norte del país en la municipalidad de Santiago.

En 1955 se introducen los servicios de electricidad a Cadereyta, China, Juárez y algunas localidades de Montemorelos. El benefactor Luis Elizondo promovió la apertura de un asilo de ancianos en la Pastora, Guadalupe. En 1957 los industriales Miguel Villarreal y José Lozano apoyaron la construcción de la carretera a Colombia y con ella, resurge la idea de construir un puente entre Dolores, Texas con Colombia, N.L. Un sueño que ya tenía 65 años en espera de su concreción. También en 1957, a la fisonomía de Allende se le incorpora la construcción y la bendición el nuevo templo parroquial de San Pedro Apóstol, que fue promovido por el Padre Lázaro de la Garza.

La administración del Lic. Raúl Rangel Frías tomó medidas contra la escasez del agua. En 1957 se iniciaron los trabajos de la Presa la Boca en el Cercado, una red de tubería que llevara el agua de la Sierra Madre en San Francisco, Santiago, N.L., la perforación de pozos en la Huasteca en Santa Catarina y en Mina. Al menos ésto solucionó en parte el problema de abastecimiento de agua potable para la ciudad de Monterrey, pero dejó desértico a Mina y la actividad agropecuria de Santa Catarina prácticamente desapareció.

Los municipios de Nuevo León entre 1920 y 1930.

16 de diciembre 2011

A lo largo del decenio fueron gobernadores Juan M. García de 1921 a 1922, Ramiro Tamez de 1922 a 1923, Anastacio Treviño Martínez en 1923. De 1923 a 1925 Porfirio G. González; de 1925 a 1927 Jerónimo Siller, Aarón Sáenz de 1927 a 1931, quién debido a las licencias que solicitaba, dejaba a José Benítez como interino entre noviembre de 1928 a marzo de 1929 y del 3 de febrero de 1930 al 12 de septiembre de 1931. En 1929 también figura como gobernador interino Plutarco Elías Calles Chacón.

En ésta década parecía que la nación encaminaba convenientemente de la mano del jefe constitucionalista Venustiano Carranza. Pero el Plan de Agua Prieta cortó con las aspiraciones del presidente y lo destituyeron. De nueva cuenta México se vio envuelto en otra revolución. A pesar de ello, el desarrollo económico de Nuevo León no se detuvo. Se establecieron algunas fábricas que a la larga se convirtieron en grandes grupos industriales. El gobierno del Estado contempla el establecimiento de seis escuelas comerciales en Villaldama, Lampazos, Cerralvo, Montemorelos, Cadereyta y Linares.

El año de 1920 fue testigo de importantes acontecimientos: los canadienses propietarios de la Hacienda del Canadá decidieron rentarla a Luis Cantú y se fueron probablemente a su lugar de origen. La autoridad municipal de China convirtió a la escuela de niños en primaria superior, en la cual ya se podían cursar los dos últimos grados de educación primaria y fue inaugurada la planta de luz en General Terán. En Allende, los vecinos incursionaron en el servicio del autotransporte. Por ésta época los lugares que más visitaban los regiomontanos eran El Diente, San Jerónimo y la Huasteca en Santa Catarina.

En 1921 se inauguró el autotransporte entre Santa Catarina y Monterrey y se estableció el servicio postal en Iturbide. Además reiniciaron los trabajos en la cementera de Hidalgo, después de permanecer cerrada por cerca de 10 años. También el año de 1922 fue benéfico en muchos sentidos. Se le quitó el San Nicolás al nombre oficial del municipio de Hidalgo, los vecinos de la Ascención, (comúnmente llamada “La Chona”) de Aramberri, participaron en la construcción de un templo. Monterrey y Saltillo quedaron unidas gracias al servicio telefónico entre las dos poblaciones. Fue inaugurado el Panteón Guadalupe en General Terán y la Arquidiócesis de Linares cambió su nombre por el de Monterrey. Desde 1777 la diócesis tenía el nombre de la ciudad linarense, aunque la residencia y la curia permanecían en Monterrey.

Conscientes de la importancia de los caminos y carreteras, se realizaron varias obras que contribuyeron a la mejor comunicación entre los pueblos y municipalidades de la entidad. De 1923 a 1926 fue construida la carretera General Terán-Montemorelos. En 1925 se inauguró la carretera Monterrey-Saltillo. En 1926 se promueve la construcción de la Carretera Nacional, desde Linares a Sabinas y dos años después aprovechando la infraestructura, se inició la construcción de la carretera Monterrey-Ciudad Victoria. Todas éstas obras trajeron progreso económico y comercial a las poblaciones. Se dice que cuando los trabajadores hacían el tramo correspondiente en Ciénega de Flores, una señora de nombre Florencia Quiroga preparaba machacado con huevo a sus clientes. Hoy en día, ese platillo es uno de los más típicos en la gastronomía regional.

Durante el bienio 1929-1930 Monterrey se enlazó con Cadereyta, China y General Bravo, debido a la construcción de la carretera Monterrey-Reynosa, en el tramo correspondiente de la carretera interocéanica Matamoros-Mazatlán. Originalmente la carretera pasaría 15 kilómetros al norte de cabecera municipal de China, pero las gestiones de las autoridades municipales propusieron el cambio de la ruta para que la carretera pasara muy cerca de la calle principal.

Por su considerable cantidad de habitantes, su importante actividad agropecuaria y minera, Villaldama fue elevada a ciudad y declarada cabecera del distrito judicial del norte del estado en 1924. De igual forma, el congreso del estado aprobó la creación de la Congregación Autónoma de Melchor Ocampo, sepárandose del de Cerralvo, antiguamente conocido como Charco Redondo. Desde ese año comienza a operar el registro civil en dicha población.

Con la intención de apoyar al sector agropecuario de la entidad, en 1926 la Ascención, que había surgido como estancia ganadera del municipio de Aramberri, fue declarada “ejido” del sistema agrario nacional y se promulgó la ley sobre irrigación de aguas para el cultivo, que creó la Comisión Nacional de Irrigación.

La realización de obras de beneficio social, trajeron progreso en algunos pueblos de Nuevo León. En 1927 se estableció una planta de luz en la cebecera municipal de Garza García y se inauguró el servicio telefónico en Linares, Iturbide y Galeana. Con la ejecución de la obra de la presa Don Martín, en Sabinas., Coahuila, aumentó rápidamente la población de los Rodríguez, el Camarón y Don Martín en el norte del municipio de Lampazos. Por éstos años, la gente que había abandonado sus tierras por el movimiento armado de la Revolución, regresó a sus lugares de origen para trabajar sus parcelas. Pero muchos de ellos que ya habían mejorado su situación económica, prefirieron quedarse en sus lugares de trabajo.

En 1928, el jefe máximo de la Revolución, general Plutarco Elías Calles, visitó el poblado El Espinazo en Mina, Nuevo León. Lo acompañaron el general Juan Andrew Almazán y el entonces gobernador del estado, Lic. Aarón Sánez. Estaba en su pleno apogeo las curaciones del llamado Niño Fidencio. Ese año, Doctor Arroyo quedó comunicado mediante el servicio telefónico con Mier y Noriega, La Ascención, Aramberri, Zaragoza y Ciudad Victoria.

Es buena época para algunos municipios: se instalan dos molinos para nixtamal en China, se construye una plaza de toros en Santa Catarina, mientras que en San Nicolás las autoridades instalaron una torre para el reloj público y promovieron la instalación del servicio telefónico. En 1930 se inauguró la Presa Don Martín, a la cual asistió Plutarco Elías Calles en representación del Presidente de la República, Pascual Ortiz Rubio. Gracias a los sistemas de irrigación provenientes de la presa, la región norte de Nuevo León, pronto se convirtió en un enclave algodonero.

La revolución en la vida municipal de Nuevo León: 1910-1920.

13 de diciembre 2010

En 1910, el país contaba con cerca de 15 millones de habitantes, de los cuales, 365,150 vivían en Nuevo León. Al estallar la revolución maderista el 20 de noviembre de ese año, en muchos municipios se crearon muchos clubes de apoyo económico y moral a la causa del Plan de San Luis. Muchos nuevoleoneses apoyaron moralmente al maderismo y otros hasta se sumaron para luchar en favor de la causa revolucionaria, tal es el caso de unos vecinos de China que enlistaron para defender los postulados del Plan de San Luis.

A pesar de la intranquilidad e inseguridad provocado por el movimiento revolucionario, en febrero de 1911 surcaron el cielo de Monterrey los primeros aviones comerciales, que promocionaban a lo largo y ancho de la república una marca de cigarros. Sinceramente el inicio de la década trajo una secuela de actos delictuosos, como por ejemplo, en 1911 una partida de hombres golpearon y asaltaron al alcalde de El Carmen para que entregara armas y dinero. En junio de ese año, el general José María Mier renunció a la gobernatura del estado. Quedó como gobernador interino el Lic. Leobardo Chapa y el 21 de septiembre de 1911 quedó como gobernador el Lic. Viviano Villarreal hasta el 22 de febrero de 1913.

Salomé Botello le continuó en el cargo hasta el 1 de abril de 1914, cuando Antonio I. Villarreal se hizo cargo del despacho del ejecutivo hasta el 5 de enero de 1915, día en que los villistas arribaron a Nuevo León. Del 15 de enero al 15 de febrero fue gobernador el general Felipe Ángeles y del 15 de febrero al 29 de mayo de ese año, Raúl Madero González. Le siguió el carrancista lampacense Pablo A González del 8 de junio de 1915 al 24 de marzo de 1917, pero renunció y quedó como interino Alfredo Ricaut por espacio de tres meses. De 1917 a 1919 fue gobernador Nicéforo Zambrano, a quién le tocó jurar la Constitución Local del Estado de Nuevo León. De 1919 a 1920 fue gobernador José E. Santos.

Aunque era una etapa difícil, el crecimiento y desarrollo no se detuvieron. Por su importante actividad agropecuaria, Aramberri fue elevada a categoría de ciudad en 1912. Pero su población emigró debido a la presencia de tropas villistas que se apoderaron de la sierras y caminos aledaños, dejando a la población en constante zozobra. A su vez, fue decretada la fundación del municipio de Los Ramones. Al año siguiente se formalizó el primer cabildo encabezado por Simón Rodríguez

Después del Plan de Guadalupe, en 1913 las tropas de Jesús Carranza tomaron la plaza de Villaldama. Existe un video que da testimonio de algunas de las acciones de las batallas realizadas en sus alrededores. Mientras que el General Lucio Blanco entró a Cerralvo, Doctor Coss, General Bravo, China y General Terán y Fortino Garza Campos pretendió tomar a Allende. Entre 1913 y 1914 hubo batallas entre fracciones huertistas y constitucionalistas en Salinas Victoria y municipios aledaños. Debido a los problemas de inseguridad, muchos vecinos procedentes de Linares, Montemorelos, General Terán, Cadereyta Jiménez, Sabinas Hidalgo, Villa de Santiago y Salinas Victoria llegaron a Monterrey con la intención de refugiarse en casas de familiares y conocidos, ante el temor de los ataques de los revolucionarios.

La división de los principales jefes revolucionarios en constitucionalistas y convencionistas había confundido a la población. Tanto así que no se sabe exactamente que fracción quemó en 1915 el Palacio Municipal de Santa Catarina, aunque la tradición oral señala que fue Francisco Coss y el camino que atraviesa la Sierra Madre Oriental de Santa Catarina a Arteaga, Coahuila y la Hacienda de Icamole, fueron escenarios de los encuentros y combates entre villistas y carrancistas.

A pesar de los conflictos imperantes, de 1914 a 1918 Villaldama se vio beneficiada por una bonanza minera. A su vez, en 1917 Garza García se jactaba de contar con un eficiente servicio de limpia que estaba a cargo de los vecinos, quienes tenían la obligación de mantener limpia la banqueta de las casas hasta la mitad de la calle. Esto debía hacerse una vez a la semana y preferentemente en sábado.

Una vez que triunfó el movimiento constitucionalista, los gobiernos de Coahuila y Nuevo León iniciaron los proyectos para la construcción de una carretera que uniera a Saltillo con Monterrey. Y en noviembre de 1919 se apoyó el establecimiento de una Estación Agrícola Experimental en Montemorelos.

Los municipios de Nuevo León durante el Porfiriato, 1900-1910.

8 de diciembre 2010

La euforia provocada por el desarrollo porfirista entre 1884 y 1911 inundaba las esferas político-económicas de la nación. El crecimiento económico derivado de una excelente política de inversión y desarrollo, había dejado al país en la antesala de las naciones industrializadas. Y Nuevo León no podía ser la excepción. A principios de siglo, las principales ciudades de la entidad, eran Monterrey, Linares, Montemorelos, Lampazos, Cadereyta, Doctor Arroyo y Galeana. La composición política la conformaban 48 municipios.

Monterrey como capital, contaba con buenos servicios: pavimento de ladrillo puesto de canto, servicio de limpia y recolección de basura, drenaje, saneamiento y provisión de agua potable y con 62,266 habitantes, cualidad que le permitía ser considerada la cuarta ciudad más poblada del país. Linares con 7,076 habitantes tenía excelentes servicios y edificios públicos, contaba con tres fábricas de azúcar, una industria diversificada de tejidos, aguas gaseosas, sodas, ladrillos y tejados, muebles, escobas, fideos, etc. Montemorelos con 4,767 habitantes ya sobresalía en la producción naranjera, de la cual una buena  parte era exportada a los Estados Unidos. Lampazos al norte sobresalía por su riqueza minera y por sus 4,733 habitantes. Existía una considerable vida cultural en la entidad, por ejemplo funcionaba el Teatro Ayarzagoitia, donde se presentaban obras y comedias teatrales.

Cadereyta era una de las municipalidades más importantes con 3,654 habitantes. Se decía que su aspecto urbano era muy bueno por lo alineado de sus calles. Sus pobladores se dedicaban actividad agropecuaria e industrial. Ya había una fábrica de escobas y de azúcar. Mientras que Doctor Arroyo en el sur del estado sumaba 3,275 habitantes. El problema es que estaba mal comunicada con el resto del estado y tenía más contacto con Matehuala. Se dedicaba a la agricultura y a la pequeña industria. Por su parte, Galeana con 1,045 habitantes. Ocupaba buen lugar en el contexto estatal por su activa vida comercial, agropecuaria, maderera y frutal. Además de tener bellísimos parajes como el Pozo de los Gavilanes y el Puente de Dios.

Otras municipios importantes a los que pronosticaba buen crecimiento y desarrollo, eran Cerralvo, con 2,813 habitantes, Villaldama con riqueza minera con 4,261 habitantes, García con 2,507 habitantes y Sabinas Hidalgo que tenía un inesperado crecimiento demográfico con más de 7,000 habitantes. También empezaban a sobresalir Santa Catarina por su incipiente riqueza minera, Allende y General Terán que iniciaban la producción citrícola a gran escala y Aramberri en donde se asentaron muchas familias de origen extranjero quienes se dedicaron a la agricultura y a la pequeña industria.

Pero lamentablemente el desarrollo económico y el crecimiento municipal había mermado entre 1898 y 1903, ya que algunos municipios de la entidad sufrieron por los estragos de la fiebre amarilla. Decían que su presencia se debía a las mercancías y la gente  contaminada que provenía del puerto de Tampico, por lo que el gobernador Bernardo Reyes tomó medidas sanitarias en las estaciones de ferrocarril.

El 23 de enero de 1900 el Gobernador del Estado, Bernardo Reyes fue nombrado Ministro de Guerra de la Nación. En su lugar, quedó como gobernador interino el linarense Pedro Benítez Leal. Benítez quién ocupó su cargo hasta 1902. En 1903 se preparó la elección del gobernador, contendiendo el mismo Bernardo Reyes contra Francisco Reyes. Después de un enfrentamiento entre los grupos de simpatizantes de uno y otro bando, Francisco Reyes se retiró de la contienda y así Bernardo Reyes logró reelegirse para otro período. El general Reyes dejó la gobernatura en octubre de 1909, ya que tenía intenciones de buscar la candidatura a la presidencia nacional, por lo que se organizaron muchos clubes de apoyo para las elecciones de 1910.

En ésta década encontramos una buena cantidad de obras en los municipios, que indican adelantos en materia económica y de servicios. Por ejemplo, en 1901 se inauguró el palacio municipal de Guadalupe y al año siguiente en Monterrey quedó instalada la línea telefónica para favorecer la comunicación con Mina, Hidalgo, Abasolo, El Carmen y General Escobedo.

El año de 1903 fue benéfico para muchos municipios. Se iniciaron los trabajos para el tendido de las vías de ferrocarril entre Monterrey y Matamoros. Se decía que dichas obras beneficiarían a las poblaciones por las cuales pasaría dicho ferrocarril. El templo de la Santa Cruz de General Bravo fue elevado a categoría de viceparroquia, dependiente de la comunidad parroquial de San Felipe de China. Y se instaló la tubería y tres tomas de agua pública procedente del Río Pesquería en García. En cambio, Garza García se quejaba de que el municipio no podía progresar debido a la carencia de caminos que favorecieran el comercio con otros lugares.

En 1904 en la municipalidad de General Escobedo, el gobernador Bernardo Reyes concesionó una porción de los terrenos dedicados a la agricultura a dos canadienses llamados James Stocker y William Walker con la finalidad de utilizar aguas limpias y sucias para generar con ellas energía eléctrica. Surgió así la Hacienda El Canadá. Con el transcurso del tiempo, llegó a ser una próspera hacienda en la que llegaron a trabajar más de 100 peones, que cultivaban maíz, sorgo forrajero y cebada.

Ese año, en Cerralvo se inauguró un kiosco de madera de buen diseño arquitectónico y a partir de entonces, la plaza fue el lugar predilecto para el paseo dominical, las tertulias, fiestas y serenatas. Mientras tanto, el Arzobispo de Linares, Santiago de la Garza Zambrano, constituyó en parroquia al templo de San Antonio de Padua en Mier y Noriega. Todo lo contrario en la municipalidad de García, debido a la consternación y al luto provocado por el deceso del Lic. Genaro Garza García, quien había fungido años atrás como gobernador del estado en varias ocasiones.

Un hecho muy importante, es la apertura en 1905 de una empresa fuera de Monterrey. Alberto Cárdenas e Isidro Canales fundaron una fábrica de cementos en Hidalgo. Ese año se inauguró la vía del ferrocarril Monterrey-Matamoros; la vía enlazó a municipios como Monterrey, Apodaca, Pesquería, Los Ramones, Los Herreras y los Aldamas. Tanto la ganadería, la agricultura y el comercio se vieron beneficiados con ésta vía de comunicación. Mientras que Iturbide se enorgullecía por tener tres escuelas y porque se creó la vicaría fija de del templo de San Pedro.

En 1906 se hicieron innumerables festejos en los municipios, por el centenario del natalicio de Benito Juárez. Y en 1907 se instaló el reloj público en la torre del templo de Lampazos. En 1908, las colindancias que tenía el municipio de Hualahuises con Galeana y Montemorelos fueron asignadas al territorio de Linares, dejando a Hualahuises prácticamente encerrado por Linares.

En 1909 el general Bernardo Reyes se retiró a Galeana por espacio de un mes, para no interferir en las elecciones presidenciales de 1910. Pero las noticias de la inundación del río Santa Catarina, que devastó a Santa Catarina, Garza García, Monterrey, Guadalupe y Cadereyta hizo que se trasladara rápidamente a Monterrey. También otros municipios resultaron dañados. La mayoría de los que están situados cerca del San Juan, Pesquería y Salado sufrieron grandes pérdidas. Todavía en Doctor Coss se recuerda con tristeza la devastación del pueblo provocada por la inundación. La década terminó teniendo al General José María Mier como gobernador del estado.

2010 ¿Y qué festejamos?

2 de septiembre 2010

El año de 2010 será un año crucial para la historia de México, pues se cumplen 200 años de que inició la guerra de Independencia de México y 100 de la Revolución Mexicana.  Pero también como iberoamericanos estamos festajando que países hermanos como Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Venezuela, El Salvador, Paraguay y México hayan obtenido la independendencia de España. Todos ellos integran el llamado Grupo Bicentenario.

En realidad estamos festajando 200 años del llamado “ Grito de Dolores”, en el cual el Padre Miguel Hidalgo dio  inicio a la llamada guerra de Independencia que comprendió once años: desde septiembre de 1810 hasta septiembre de 1821, cuando el ejército trigarante encabezado por Agustín de Iturbide y  Vicente Guerrero entró a la ciudad de México.

Por lo que la guerra de Independencia abarca diversas etapas: la inicial que va del grito de Dolores hasta la aprehensión de los insurgentes en Acatita de Baján en 1811, la etapa en la que prevalece la obra, el genio militar y el pensamiento del padre José María Morelos y Pavón, hasta su aprehensión y fusilamiento en 1815, la expedición insurgente del padre Mier y de Francisco Javier Mina en 1817 y la última etapa en la que Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria hicieron la guerra de guerrillas en 1816 hasta la consumación de independencia el 27 de septiembre de 1821.

También estamos festejando el inicio de la Revolución Mexicana con el llamado “Plan de San Luis”. En realidad, la revolución mexicana abarca distintas etapas, la inicial en noviembre de 1910, cuando Francisco I. Madero proclama el Plan de San Luis y que por diversas posturas y tendencias, dicho periodo revolucionario comprende aparentemente hasta 1929, cuando el entonces presidente Plutarco Elías Calles, con la intención de terminar con la era de los caudillos y jefes de la revolución, se propuso dar origen al México de las instituciones. Aunque para algunos estudiosos de ese periodo, abarca hasta los últimos levantamientos armados que se dieron en la década de los 40 del siglo pasado.

Los dos periodos fueron precedidos por acontecimientos paralelos, que por decirlo así, sembraron el descontento que propició en cierta forma el origen  de ambos etapas: la invasión napoleónica a la península ibérica en 1808, con la intención de poner a José Bonaparte como emperador y derrocar a Fernando VII y la asonada en la que participaron Francisco Primo de Verdad y el Virrey Iturrigaray y cuando en 1908 Porfirio Díaz se entrevistó con James Creelman y le dijo que México estaba listo para la democracia. De ahí que Madero escribiera un libro llamado “La Sucesión presidencial de 1910” en donde manifestaba su intención de buscar la presidencia de la república. Y efectivamente participó en las elecciones que perdió y en consecuencia proclamó el Plan de San Luis cuyo lema sintetiza sus propuestas políticas: Sufragio efectivo, no reelección.

A diferencia de los demás países iberoamericanos que conformaron el llamado Grupo Bicentenario, los mexicanos estamos recordando dos hechos esenciales en la historia de México, la Independencia y el de la Revolución. Hay quienes dicen que la historia volverá a repetirse, pues encuentran situaciones similares a las que provocaron las caídas de los dos regímenes: el colonial y el porfirista. Son aquellos que con cierta actitud pesimista, aseguran que historia es cíclica y que por ello volverá a suceder algo en el 2010. Y como dicen que un pesimista es un realista informado, mientras que el optimista es un idealista desinformado, pues a lo mejor sucede algo, pero sinceramente no me inclino a pensar de que habrá otro movimiento como el de 1810 y 1910.

Ciertamente hay muchas posturas en torno a los magnos festejos. Unos ven en ellos, la posibilidad de reconocer y ensalzar el papel de los héroes que nos dieron patria. Para otros, es la oportunidad de plantearnos la pregunta de ver si somos viables como proyecto de nación. Otros más  niegan toda posibilidad de festejos pues dicen que ambos movimientos lo único que hicieron fue interrumpir el proceso de construcción nacional.

Para mí es la oportunidad de analizar la posibilidad de definir el proyecto de nación y efectivamente, la de conocer la historia de México que a estas alturas se nos presenta como una asignatura sin sentido en los planes de estudio o como un conocimiento anacrónico y alejado de la realidad. Todo lo contrario, pues para conocer y formar una verdadera comunidad política se requiere conocer nuestra historia.

Y nada más nos faltan los temblores

9 de agosto 2010

El 21 de marzo del presente año, en la celebración que se hizo para conmemorar el 201 aniversario de la elevación canónica a parroquia de la comunidad de San Juan Bautista de Villa de García, se colocó un plafón en el techo sobre el altar mayor, con la representación de la Santísma Trinidad que había sido dañada durante unas restauraciones. Ahí expuse ante los asistentes una breve historia y descripción iconográfica de la singular pintura. Durante la comida, tuve la oportunidad de advertirle al señor alcalde Jaime Rodríguez Calderón y al padre Humberto Rojas que tuvieran cuidado, porque en Nuevo León no nada más tenemos inundaciones, sino también temblores. Obviamente todos se rieron y les dije que no desoyeran a la memoria histórica, porque ésta además de formar una identidad cultural, promover el arraigo y cariño al lugar de donde uno nace o vive y nos da elementos de referencia para cubrir una necesidad histórica, nos ayuda también a interpretar los signos de los tiempos.

Y todo esto salió, porque el entonces párroco del lugar, el padre Jesús María González en un informe de gobierno en 1912, nos señala que la fachada del templo estaba muy deteriorada debido a las intensas lluvias de 1909 y al temblor que ocurrió en octubre de 1912. Muchas personas creen que este movimiento de tierra pudo confundirse con reacomodos de la sierra del Fraile, en la cual siempre han ocurrido deslaves y derrumbes en su orografía.

Por ejemplo, Alonso de León en sus crónicas relata que en la antigua hacienda de San Juan Bautista de la Pesquería Grande, su dueño don Gonzalo Fernández de Castro, se despertó una mañana al oir “ruido de voces” producidas por la gente de la encomienda que estaba al servicio de ellos. Se acercó rápidamente para ver que sucedía y se asombró cuando vio a un indio “capitanejo” (seguramente porque era uno de sus líderes) que trataba de torcer la cabeza de una hija suya que no pasaba de siete años.

Entonces don Gonzalo corrió para quitarla a la niña, mientras le recriminaba su acción de dar muerte a su hija. El indio le respondió que había soñado que una gran roca se desprendía de la sierra y que los daños se podían aminorar sacrificando a su niña.  Don Gonzalo enfadado se llevó a la niña a la casa grande para evitar que le hicieran daño. Al amanecer del día siguiente, cuando ya todos estaban al pendiente de sus labores, escucharon “un gran estruendo” provocado por la caída de una gran roca que se desprendió de la serranía.  Toda la región incluso hasta Monterrey llegó el relato del sueño profético del indio de la actual Villa de García.

Don Santiago Roel en su obra histórica de Nuevo León, escribe que el 28 de abril de 1841 se sintió en Monterrey un fuerte temblor, aunque de muy corta duración. Según las crónicas de la época, fue acompañado y seguido de un ruido sordo “como de muchos carruajes que vienen a los lejos”, que pareció proceder de oriente y terminando en la Sierra Madre frente a Santa Catarina. El temblor se sintió también en Linares, Galeana, García y otros pueblos. Se tienen registrados aunque sin precisar su intensidad, los ocurridos en los años de 1795, 1831, 1838 y 1911. No sé si don Santiago Roel se refiera a éste último o confunda de año al que el padre de Villa de García señala que ocurrió en 1912. Yo trabajé en Industria del Alcali en Villa de García en 1991 y un buen día, todos los obreros del turno de noche platicaban que en la madrugada se oyeron los ruidos que salían de la tierra, como si muchos camiones de carga estuvieran desfilando en su interior provocando que el suelo se moviera.

Don Arturo Benavides quien fuera por muchos años encuadernador y bibliotecario en el tecnológico de Monterrey y en la facultad de medicina de la UANL, me contó que una ocasión un maestro del tecnológico le llevó un libro para que le pusiera pastas nuevas. Recuerda que en ese libro venían muchos grabados correspondientes al siglo XIX y se le hacía raro que en uno de ellos, no aparecía la M que caracteriza a la sierra que está sobre la meseta del Chipinque. Le cuestionó del porqué la sierra no tenía su forma actual a lo que el maestro, del cual no me dijo su nombre, le contestó que la M se formó después de un movimiento de tierra.

De igual forma, hará unos 20 años, un maestro que me dijo ser de la UNAM y que venía en un viaje de estudios con alumnos que estudiaban geología, me platicó que por los pliegues de forma vertical que caracterizan a nuestro cañón de Santa Catarina, era porque las montañas aun estaban en proceso de formación y que eso provocaba asentamientos y desprendimientos de roca y tierra de nuestras montañas.

La Reseña Geográfica y Estadística de Nuevo León de 1910 señala que las rocas de la Sierra Madre pertenecen al sistema cretácico y que “surgieron enhiestas, encadenadas al megestuso de los Andes, las cordilleras de la Sierra Madre y la de Gomas…testificándolo así sus prolongadas crestas dentadas de  rocas plutónicas., hendiendo en su impetuoso impulso,unas veces, soleventando otras, las capas calizas superiores que abiertas se adhirieron a su base o encorvadas sirvieron de adyacentes que con sus capas interiores expensaron la copioso materia de tanta montaña”.

Recientemente visitamos la Facultad de Ciencias de la Tierra de la UANL en el campus situado en la ex hacienda de Guadalupe en Linares, Nuevo León. Ahí su director el doctor Héctor de León nos preguntó a todos los asistentes si Nuevo León era una zona sísmica, a lo que todos los asistentes respondieron que no lo era. En una presentación que nos dio, nos dijo que la facultad cuenta con un laboratorio que mide los movimientos de tierra y que éste tiene conección con otro de la UNAM y nos contó de que unos días antes se había sentido un pequeño temblor de tierra en la zona cítricola que causó daños a estructuras de algunos edificios y casas habitación.

Regularmente pensamos que solo la franja trasversal neovolcánica del territorio nacional está expuesta a temblores de tierra. Estos son provocados por el empuje de capas que chocan entre sí o por actividad interna de nuestro planeta Tierra. Lo cual señala que todo la tierra, está expuesta a movimientos, unos mayores y otros de menor intensidad, pero que al fin de cuentas, no nos deja exentos a los estados que comprenden el noreste mexicano.

Dios no lo quiera, pero no quiero ni pensar lo que ocurriría si llegara a temblar en Monterrey o en algún lugar de Nuevo León, Coahuila o Tamaulipas. No contamos con edificaciones lo suficientemente fuertes como resistir ese embate de la madre naturaleza. Y no quiero alarmarlos, pero si llovió en el 1909 y en 1910 y tembló en 1911 y en 1912. Pues hay que tomar la providencias necesarias. A como estamos, solo falta que nos caiga un temblor para terminar de empeorar las cosas.

El río la Silla y el arroyo Seco

15 de agosto 2010

Hemos visto que en la ciudad de Monterrey existen otras vertientes que alimentan al río Santa Catarina, como los ojos de Agua, el arroyo Santa Lucía y los Nogales situado en una ondanada no muy profunda, cercana a la margen derecha del río Santa Catarina, con la cual sus accionistas presumían se podían regar mil 400 hectáreas a mediados del siglo XX. La sierra de las Mitras es una cadena montañosa que no pertenece a la Sierra Madre. Corre paralela a ella y en su comienzo al pie de San Jerónimo, cuenta con dos pequeñas estribaciones que se extienden de poniente a oriente, una de ellas, la de la izquierda va hasta el cerro del Obispado y la otra continúa a la derecha hasta casi tocar el cerro de la Silla. Esta es  una cordillera de lomas situadas al sur de la ciudad, a las que conocemos como de la Loma Larga.

El extremo oriente de la Loma Larga era el paso obligado hacia la zona citrícola. Ahí precisamente comienza el cañón del Huajuco que es atravesado por el río la Silla. El río lleva el nombre y hace honor a la cadena montañosa que se llama de la Silla y que viene desde Allende hasta Guadalupe y Juárez, Nuevo León. El río la Silla recorre poco más de 20 kilómetros desde su origen en el Huajuco,  hasta el paraje de la Pastora en Guadalupe y poco más abajo se junta al Santa Catarina. Este a su vez viene de una serie de arroyos que recogen las aguas y corrientes que bajan de  la Sierra Madre como la del arroyo la Estanzuela, Chupaderos, el antiguo mineral de San Pedro y San Pablo, el Diente y Mederos y de otros arroyos que bajan de la sierra de la Silla y de otros más que corren en línea paralela entre la Loma Larga y la avenida las Torres, que recogen las aguas que bajan del cerro del Mirador y de la Loma Larga, formando un arroyo no muy ancho que pasa por las estribaciones de la Loma Larga y sale por la avenida Eugenio Garza Sada para unirse al río la Silla en el parque Canoas.

Este arroyo también también tiene de fama de que baja con un caudal y una velocidad considerable. Dicen los vecinos más antiguos del sector de la colonia las Brisas, que desviaron el cauce para construir una institución educativa de renombre y una parte de un gran centro comercial, haciendo que las aguas busquen salidas por entre las colonias del sector.

El Arroyo Seco alimenta al río la Silla.  El arroyo Seco viene del antiguamente llamado cerro del Caído, actualmente del Mirador. Nace en el sector conocido como Valle Oriente que pertenece a San Agustín en San Pedro Garza García. Baja de sur a norte por entre los límites de San Pedro Garza García y Monterrey y de aquí hasta su desembocadura al río la Silla.

Es un arroyo ancho, no muy profundo que permanece seco regularmente todo el año, excepto cuando hay fuertes y continuos aguaceros. Entonces el cauce seco se llena de agua y destruye con su fuerza todo lo que encuentra a su paso y lo peor del caso, es que también se lleva a las casas que se han instalado en forma irregular en sus riberas.

Pero no siempre fue seco. Cuenta la leyenda que una ocasión una familia de campesinos que viajaban en una carreta y que procedían del cañón del Huajuco, fue sorprendida por las impetuosas aguas que en una crecida venían incontenibles, arrastrándolos en su trayecto hasta hacerlos desaparecer. Dicen que solo la madre se salvó y que con esfuerzos sobrehumanos llegó a una de las orillas en donde comenzó a gritar desesperada sin recibir ayuda de los transeúntes ni respuesta de su familia a quienes aun confiaba con vida. Al ver que ya no quedaba nadie de los suyos se lanzó a las aguas para alcanzarlos en su destino. Pero antes de tirarse al agua, maldijo al río, el cual por eso se dice que permanece seco y solo lleva agua cuando hay fuertes lluvias se llena su cauce. Después de su incontenible furia pasa a pequeños riachuelos que al poco tiempo desaparecen.

Indudablemente que el río la Silla como el arroyo Seco y otros más, son los que mantienen en alerta en tiempos de lluvias a todo el sur de la ciudad de Monterrey. Y en donde también hubo fuertes pérdidas materiales. Sin duda alguna, un rio y un arroyo que no olvidan su vocación.

El río San Juan

3 de agosto 2010

Respecto a los ríos de Nuevo León, Gonzalitos sentenció una vez: “ninguno de ellos es navegable, tanto por su poco caudal, como por lo rápido de sus corrientes, a causa de mucho descenso que tienen sus cauces, por estar situados en la ladera oriental de la mesa central de México. Son, pues, estos ríos contados de Norte a Sur”. Por su parte, en la memoria de gobierno del general y licenciado Lázaro Garza Ayala nos informa que por “lo general los ríos (son) invadeables por lo fragoso de sus riberas y los pocos vados que ofrecen, fácilmente de ordinario, son peligrosos en la estación de otoño, admitiendo muy pocos, como el Salado y el San Juan, el paso en balsas, sujetas a fuertes cables o cuerdas de hierro, que sostienen su movimiento transversal contra el ímpetu de sus corrientes tempestuosas”.

En 1893 el ilustre educador nuevoleonés Miguel F. Martínez señaló que en Nuevo León había doce ríos importantes y como cien arroyos que regularmente son vadeables y reitera que por ninguno de ellos se puede navegar. Enumeraba a el Salado, Sabinas, el Pesquería, Salinas, el Santa Catarina, San Juan, Ramos, Pilón, el Potosí, el Hualahuises, el Pablillo y el Blanco o Purificación. Ciertamente que no consideró al río Bravo porque anterior a esa fecha, Nuevo León aun no tenía frontera con Texas.

Uno de los ríos más importantes que se nutre a su vez de otros como el Santa Catarina, el Pesquería, el Ramos y el Pilón y otros de regular cauce, es el río San Juan. A decir de Gonzalitos, éste se forma de inumerables vertientes que brotan en la Sierra  Madre y que bajan por la villa de Santiago, sale por la boca del cañón del Huajuco, se dirige a Cadereyta en donde riega al menos diez haciendas y sigue su curso por municipios del nororiente de Nuevo León hasta desembocar en el río Bravo.

Por su parte, la Reseña Geográfica y Estadística de Nuevo León en 1910, señala que el río San Juan nace en la Sierra Madre, entre las sierras de San José y de Abrego en terrenos que originalmente pertenecieron a la hacienda y luego valle de Santa Catarina, pero que en 1898 todo el territorio serrano le fue desmembrado a Santa Catarina para dárselo al de Santiago. En la sierra recoge las aguas de arroyos como la Hedionda y de otros que vienen de San Juan Bautista, la Laguna de Sánchez, Laborcitas y la Ciénega de González. Probablemente se llame San Juan porque viene de una comunidad que se llama San Juan Bautista y que atraviesa buena parte del antiguo municipio de San Juan Bautista de Cadereyta.

Río abajo, cerca de la cabecera municipal de Santiago se le juntan los arroyos de la Chueca y Escamillas.  Este arroyo que viene del potrero de Cerna forma un salto de 30 metros de altura y con su caudal movía las turbinas de la vieja fábrica de Hilados y Tejidos el Porvenir. El San  Juan se interna a Cadereyta por donde pasa por los ranchos de la Boca, el Durazno, Cieneguita, Rendones, San Rafael, Santa Gertrudis, el Castillo, San Bartolito, San Bartolo, Santa Ifigenia, Chihuahua, Santa Inés, Cerritos y en la estación de San Juan se le unen por la izquierda el río Santa Catarina y por la derecha el río Ramos. Más adelante, recoge las aguas de los ríos que vienen de Montemorelos, el Garrapatas y el Pilón.

Pasa por un sitio llamado las Enramadas y se nutre de otros arroyos como Paso de Leal y el Chiltepin. También sirve de límites entre China y General Terán. Pasa cerca de las cabeceras de China y de General Bravo y en el rancho las Adjuntas en Doctor Coss, se le une el Pesquería. Luego sirve de límite entre éste municipio y los Aldamas. Ya en el rancho de las Mujeres sirve de límite entre Nuevo León y Tamaulipas.  Gonzalitos sostenía que el San Juan, fortalecido con corrientes que vienen de la Sierra Madre, de la Silla y Papagayos, bien podía hacerse navegable en el trayecto que va de Cadereyta, China y Bravo.En Camargo, Tamaulipas, el San Juan desemboca en el río Bravo.

Manuel Payno estuvo en Camargo poco antes de 1840 y vio las adjuntas de los ríos. Se atrevió a pronosticar que por estar entre los ríos San Juan y Bravo,  Camargo tendría mejor posición económica si estuviera comunicada con barcos de vapor con Matamoros, pues la distancia de 41 leguas que las separa a través del río Bravo, bien podían recorrerse en 36 horas, para comerciar algodón con el puerto. Pero como no hay modos de lograrlo y como solo contaba con una tienda de ropa, la subsistencia de la población era muy complicada. Sabemos que en 1846, mientras el ejército norteamericano se hacía de la región, Camargo fue inundada por las crecidas del San Juan. Por ello se llevaron a la población a un sitio más arriba que se llama Villa Nueva de Camargo. Una vez que bajaron las aguas, volvieron a su antiguo sitio en donde se fundó.

Se habla de una cuenca hidrológica llamada San Juan y a decir de la Reseña Geográfica y Estadística de 1910, comprende las vertientes más importantes de Nuevo León como lo son el Santa Catarina, el Pesquería, el Ramos, el Pilón y el mismo San Juan. El río Ramos nace en la Sierra de Mauricio, tal vez con el nombre de la Cebolla y se nutre de otros arroyos y manantiales que vienen de la sierra, como el Blanquillo, los Amoles, la Chancaca y Canoas de lado de Montemorelos y de parte de Allende, de arroyos como el Mireles, Hondo, Lazarillos y Garrapatas. Todavía en la montaña, pasa un lugar mágico conocido como el Colmillo, llamado así en honor al hermano del cacique indio Huajuco que fue asesinado cruelmente cuando intentaba vender indios como mano de obra. Dicen que Colmillo logró escapar y que hizo una guarida en éste sitio en donde corre el rumor que en las noches aun se escuchan sus cantos ancestrales y sus lamentos.

El río Ramos sirve de punto limítrofe entre Allende y Montemorelos. Uno de los ríos más bellos de Nuevo León pero también el que más reporta decesos por los visitantes que se atreven a nadar en su cauce, sin pensar que es profundo y se forman fuertes corrientes en su interior. Recuerdo que en agosto de 1983 y de 1984, fallecieron en sus aguas dos jóvenes alumnos del Seminario de Monterrey que tiene una casa de formación cerca de Paso Hondo. Desde entonces, una causa de expulsión del seminario es la de bañarse en el Ramos. Todavía en ese tiempo se veían moldes para hacer piloncillo tirados en las orillas. El río Ramos se interna en Cadereyta en donde se le une al San Juan.

Por su parte, el río Pilón considerado por Gonzalitos como el más bello de Nuevo León, nace en las sierras de la Esmeralda y de Enmedio a 2,689 metros de altura en Galeana, Nuevo León. Pasa por varios ranchos en donde se le añaden varias vertientes como Cieneguillas. Luego se interna por el municipio de los Rayones en donde también se le conoce con ese nombre o de Casillas, al cual se le juntan corrientes que vienen de la Sierra Borrada, de los Amargos y de Santa Martha. En la hacienda de San Andrés entra a Montemorelos en donde se le llama de río de Montemorelos, del Pilón o del Pilón Viejo.

Seguramente el nombre del Pilón viene por el antiguo nombre de la región que se le conoció desde la época colonial como Valle del Pilón y porque durante mucho tiempo fue una importante región productora de caña de azúcar. Pasa por varias haciendas y ranchos antes de internarse a General Terán. Sigue su curso, enriqueciendo su corriente con la de otros arroyos como Lajas, Lagunilla, Nogal Viejo y el Olmito o Tlahualillo. Según Gonzalitos, en un sitio llamado Las Adjuntas cerca del rancho de la Morita se une al San Juan. El caudal del río Pilón a decir de Gonzalitos se medía en ocho bueyes de agua, equivalente a 65 mil litros de agua, por eso lo consideraba además del más bello, como uno de los más caudalosos de la entidad.

Los tres ríos, el San Juan, el Ramos y el Pilón, riegan con sus aguas a un extenso valle que conforman la llamada zona citrícola, que antiguamente se dedicaba a la agricultura y a la producción cañera. Desde fines del siglo XIX cambió su vocación para la producción de cítricos, que prontamente colocaron a esos municipios como lugares turísticos y con una vida municipal plena y autónoma. Lamentablmente después de las heladas de 1983 y 1987, toda la región se ha convertido en un énclave turístico que dependen mucho del sector servicios.

Ahora todos quieren vivir en Santiago Allende, Montemorelos, General Terán y una parte de Cadereyta y Juárez que colinda con dichos municipios. El problema es que estamos causando una deforestación y cambio climatológico ambiental de la aun conocida zona citrícola. Ciertamente que el agua deberá servir para consumo humano si continúa el crecimiento desordenado. Pero lo dudo pues recibí la noticia de que se acaban de autorizar cerca de cien desarrollos inmobiliarios entre Monterrey y Linares.

Dicen que en esos municipios viven las muchachas más bonitas de Nuevo León. Y además corre el rumor de que la pureza y los rasgos étnicos de sus habitantes se deben a que son descendientes de un regimiento francés que se perdió durante la invasión francesa entre 1864 y 1867. Todos ellos lugares comunes para mi pues tuve la fortuna de vivir en Allende, que según la estrofa: “pueblito bonito que me vio nacer”. Yo no nací ahí, nací en Santa Catarina, pero quiero mucho a Allende como si también fuera de allí. Seguramente porque tomé agua del río Ramos.

El arroyo El Obispo y las Mitras

1 de agosto 2010

El arroyo del Obispo nace en la Sierra Madre Oriental en su tramo correspondiente a Santa Catarina. Específicamente su cauce viene desde El Jónuco, corriendo de sur a norte y en la Cuesta de Carvajal, cruza la carretera Monterrey- Saltillo a partir de la cual corre de poniente a oriente. A su vez, río abajo comienza a alimentarse de arroyos menores que bajan de la sierra de las Mitras entre ellos uno que llaman del Salitre.

Atraviesa la parte norte del municipio de Santa Catarina, en las estribaciones de las Mitras, pasando por zona agrícola de temporal, luego las congregaciones de los Treviños y de la Fama. Se interna por la misma dirección al municipio de San Pedro Garza García, hasta juntarse con el río Santa Catarina en un punto que sirve de límite entre Monterrey y San Pedro, en donde se instalaron los molinos de trigo Jesús María en 1842, precisamente para aprovechar la fuerza de las aguas que venían por ambos cauces. Originalmente al arroyo del Obispo le llamaban de las Encinillas.

Con éste nombre lo conocieron todos los viajeros que recorrían desde Saltillo a Monterrey y viceversa. Es probable que se le conozca como del Obispo, a partir de enero de 1832, cuando una comitiva de fieles regiomontanos esperó la llegada del obispo José María Belaunzarán que venía a tomar posesión de la diócesis de Linares. Dicen que algunos de los fieles se acercaron al carruaje que llevaba al prelado, le quitaron los caballos y comenzaron a jalar ellos mismos el vehículo.

Una breve descripción de 1854 señala lo siguiente desde Santa Catarina hasta el arroyo del Obispo: “camino carretero, desde la salida de ésta hacienda se lleva al poniente una cerca de piedra, cuya extensión será una legua, hasta llegar a un puentecillo, en el cual hay grandes encinos, la subida a éste puerto es suave y el camino que sigue desde éste punto a Monterrey es un descenso, a cuyo principio se encuentra el arroyo del Obispo, el cual es pedregoso”.  Los viajeros debían cruzar por un puente y luego por la orilla del río. Desde fines del siglo XIX se construyó el puente del ferrocarril.

Una vez juntos el Obispo y el Santa Catarina, recorren por la antigua comunidad de San Jerónimo de Monterrey, situada a poco más de seis kilómetros de la cabecera municipal que data desde tiempos de la fundación en 1596. Esa comunidad servía de paso obligatorio entre Santa Catarina y Monterrey, se dedicaba a la agricultura y llegó a convertirse en congregación a mediados del siglo XIX. Por constancias de viajeros sabemos que había un jagüey, un manantial de agua que presumiblemente venía de las Mitras.

En un informe de Francisco Leónides Mier en 1866, se dice que al pie del cerro de las Mitras había vertientes que agotados, brotan en tiempos de lluvias muy copiosamente. Entre ellas brotaba un manantial de aguas termales que los vecinos de Monterrey frecuentaban. En 1892 se hicieron perforaciones en San Jerónimo, en la cual encontraron agua a una profundidad entre los 12 y los 15 metros. Y no andaba tan errado, porque la mayoría de las minas que se trabajaban en las Mitras se inundaron y por ello dejaron de trabajarse.

A principios del siglo XX se hicieron perforaciones a través del cauce del río desde la desembocadura del arroyo del Obispo y su junta con el Santa Catarina hasta San Jerónimo, pues se dieron cuenta de que muchas de las aguas del Santa Catarina se escapaban en éste tramo.  Desaparecían y reaparecían en distintos lugares a través de su curso, especialmente en el lugar que llaman la garganta de San Jerónimo, situada en el paso que se forman desde las estribaciones de la sierra de las Mitras y la Loma Larga.

Don Santiago Roel señala en una de sus obras, que Monterrey contaba con manantiales en 1938: el Santa Lucía, los Peña, los Nogales a cinco kilómetros al poniente y cerca de ahí, los jagüeyes al píe del cerro de las Mitras. El mismo historiador señala la creencia popular de que en las Mitras había agua en abundancia y que ésta bien puede suministrar el vital líquido a todo Monterrey. En todos esos manantiales abundaban los peces. Pues bien, la compañía de Agua y Drenaje tiene un depósito de agua en el cerro del Obispado que aparentemente viene de esos manantiales.

Se sabe que el río Santa Catarina se divide subterráneamente detrás del cerro del Obispado en dos cuencas: una que sigue al norte de dicho cerro y que surte una infinidad de veneros en lugares como San Jerónimo, los Urdiales y la antigua comunidad de Gonzalitos y la otra que continúa por el curso tradicional del río. Para evitar la fuga del agua, proponían hacer un muro sumergido en la garganta de San Jerónimo y la prolongación de una galería de filtración hasta las estribaciones de la sierra de las Mitras.

Total, que el Obispo y las Mitras, como San Jerónimo son nombres que nos refieren cosas relacionadas con la iglesia. Pero de ninguna manera, esos lugares son sitios apacibles, pues la corriente del arroyo del Obispo fue la más perjudicial y la que más daños causó durante la tormenta tropical Alex. Y todos nos fijamos en el río Santa Catarina y las corrientes que bajan de la sierra, pero no consideramos el peligro de las aguas que bajan de las Mitras. Los principales daños materiales del Alex como del Gilberto ocurrieron en el tramo del  Obispo hasta San Jerónimo, tanto por Boulevard Antonio L. Rodríguez como de Morones Prieto. Por ejemplo, durante las lluvias del Gilberto, la carretera que cruzaba el puente del Obispo fue carcomida hasta casi a su cruce con Corregidora. Cuentan que en esa mañana, dos o tres trasportes que venían de Santa Catarina, vieron el agua pensando que eran charcos cuando en realidad eran las aguas embravecidas de las adjuntas del Obispo con el Santa Catarina. Esos camiones se fueron arrastrados por las corrientes y nunca más se supo de ellos. O también de los camiones que estaban en el vado de Santa Bárbara que fueron prácticamente sumergidos en las corrientes del Santa Catarina en aquella fatídica noche del Gilberto.

Dicen que había un alto funcionario de Monterrey que no quería que los camiones pasaran por San Jerónimo y Fleteros porque hacían ruido y no lo dejaban dormir. Entonces desviaron los camiones hasta Morones Prieto por donde los impidieron circular porque decían que podían dañar el asfalto y no podían transitar por ahí por ser vehículos pesados. Ahí en frente del Auditorio San Pedro, un grupo de judiciales perdieron la vida intentando rescatar a los pasajeros y prueba de ello, es que Rogelio Ayala Contel cayó al agua cuando quiso ayudarlos.

Los problemas que ocasiona el arroyo del Obispo, tienen que ver con la construcción de casas habitación en las laderas del cerro de las Mitras, tanto del lado de Santa Catarina como de San Pedro como de Monterrey,  además de la invasión de sus márgenes tanto de posesionarios como de empresas que están en su riberas. Además, arroyo arriba, cerca de la carretera que une a Santa Catarina con Villa de García, depositaron toneladas de deshechos y escombro sobre su cauce. De ahí que los efectos destructivos fueron evidentes: bajó mucha agua de la montaña y las calles con pronunciadas pendientes pronto se convirtieron en arroyos que ampliaron su cauce. Ahí en la colonia López Mateos, muchos vehículos fueron arrastrados hasta la parte más baja en donde quedaron sepultados por escombros.

Testigos de los alrededores vieron con tristeza de que era mucha agua para el tamaño del cauce del arroyo del Obispo, de ahí que colonias como la San Francisco, el Frutal, Cuauhtémoc, Portales, Santa Magdalena, Trabajadores y otras más reportaron pérdidas materiales. Sabemos que una empresa, al ver que el agua se estaba concentrando en sus terrenos, decidieron tirar el muro, haciendo que toda esa agua inundara a un asentamiento irregular. O que el templo de la colonia San Francisco, situado en la margen izquierda del arroyo, prácticamente quedó debajo del agua. Ya desde tiempos del Gilberto, había desparecido completamente una colonia llamada Francisco Sarabia. Recientemente me decía el secretario del Ayuntamiento de Santa Catarina, el lic. Luis Ignacio Arce, que hubo más dañados en ésta zona que en Anáhuac, Nuevo León.

Y todo porque pensamos que un arroyo no puede llevar tanta agua, que realizando su canalización y poniendo pares viales en sus riberas se pueden evitar inundaciones. El Obispo a mi juicio, fue más perjudicial que el Santa Catarina y nadie quiere admitirlo. Y lo malo, seguiremos expuestos a más desbordamientos.

El río Pesquería

30 de julio 2010

Así como el río Santa Catarina hizo posible el establecimiento de la hacienda de Santa Catalina en 1596, el río Pesquería provocó el establecimiento de varios pueblos de Nuevo León, específicamente dos de ellos que le deben su nombre y que para diferenciarlos, a uno le llamaron Pesquería Grande y al otro Pesquería Chica. La hacienda de San Juan Bautista de la Pesquería Grande le fue mercedada a don Gonzalo Fernández de Castro a fines del siglo XVI, aunque desde tiempos de Luis Carvajal y de la Cueva, ya se le había otorgado a don Manuel de Mederos en 1583 una merced de tierra para poblar la región que servía de enlace entre Saltillo y Monterrey.

La región mantuvo el nombre de Pesquería Grande hasta 1851 en que el gobierno del estado le impuso el nombre de García en honor a don Joaquín García, ilustre vecino del lugar que llegó a ocupar primero la alcaldía de Santa Catarina en 1820 y luego la gobernatura de Nuevo León en varias ocasiones. Mientras que el actual municipio de Pesquería surgió como hacienda con la advocación del Espíritu Santo de la Pesquería Chica el 28 de febrero de 1669 al amparo del capitán Francisco de la Garza Falcón, quien se casó con una nieta de don Gonzalo Fernández llamada Leonor de Sepúlveda y Rentería.

Existe la posibilidad de que el nombre de Pesquería venga por la abundancia de peces o debido a la actividad colonial de los primeros pobladores de venir a éstas tierras para “pescar” indios y venderlos como mano de obra en las minas de Mazapil y de Zacatecas. Aunque a decir verdad, es probable que el primer causa no sea la más acertada, porque según las crónicas de la época, los primeros habitantes se quejaban de que el agua del río siempre ha tenidos altas concentraciones de sal lo cual impedía la existencia de peces en el río y de especies vegetales. El mismo Alonso de León alguna vez escribió: “ los ríos son claros, el agua buena, sin color ni olor… Corren siempre por piedras con rápido curso; son de mucha frescura; poblados de arboledas, sabinos, sauces, álamo y otros muchos géneros; excepto los dos que llaman Pesquería Grande y Chica, que es agua salobre y carecen de todo lo que arriba está dicho”. El mismo cronista refiere que en septiembre de 1636, el río Pesquería sacó de su ribera una hacienda que trabajaba la plata y aunque no hubo pérdidas humanas, si las hubo materiales. Este río ha recibido varios nombres a lo largo de su historia: de Pesquería Grande, de Pesquería, del Capadero y río Viejo.

Según el Doctor Gonzalitos, el río Pesquería nace en un lugar llamado San Lucas en Coahuila y de ahí recorre la totalidad de los municipios de García, General Escobedo, Apodaca y Pesquería en donde se le junta el río Salinas. Juntos constituyen el río Pesquería, que va a desembocar en el San Juan en el rancho de las Mujeres, famoso por un corrido de la localidad. El caudal de agua suministraba en 1873 tres bueyes de agua, equivalente a 24 mil 400 litros de agua.

En la “Reseña Geográfica y Estadística de Nuevo León” publicada en 1910, señala que su nacimiento está en la sierra de Nacataz, a cuatro kilómetros de la cabecera municipal cercana al rancho del Durazno en Villa de García y que ahí reúne el agua de otras vertientes como la que baja del cañón de Cortinas en Santa Catarina, la cual atraviesa Rinconada, los Fierros y Maravillas, a las que se les une el caudal del río Chiquito, antiguamente conocido como arroyo de los Muertos, llamado así porque pasa por la cuesta de los Muertos que viene desde Higueras y Ojo Caliente en Ramos Arizpe, Coahuila. El manantial estuvo a la vera de la carretera Monterrey-Saltillo en donde se le podía ver cercado por unas tapias de adobe y que ahora que destruyeron sin miramientos en el 2009 cuando hicieron el tramo de la autopista Saltillo-Monterrey.

Como se advierte, el río Pesquería entra a Nuevo León por la cuesta de los Muertos y pasa por el cañón de la Mariposa. Pasa por Nacataz y García en donde se aprovechan sus aguas a través de un sistema de acequias y canales que aun mantienen muchas quintas y huertas en la localidad. Lamentablemente unos balnearios se asentaron cerca de su cauce, recortando los niveles del agua rodada. Río abajo, en la hacienda San José se le une el arroyo Pedregoso, que viene de la sierra del Fraile. Luego entra a territorio de General Escobedo y después pasa por Santa Rosa, Apocada y Agua Fría. Adelante de Santa Rosa se le suma el arroyo de Apodaca que a su vez viene de la sierra de las Mitras. Al dejar el territorio de Apodaca, sirve como línea divisoria entre Marín y Pesquería. Entra a Pesquería por la hacienda de Zacatecas y en el rancho de las Adjuntas se le une el río Salinas pero conserva el nombre de Pesquería.

El río Salinas nace en General Cepeda, Coahuila, recorriendo parte de Coahuila hasta ingresar a Nuevo León en Icamole de Villa de García, ahí donde precisamente nace el valle de las Salinas en donde recoge las aguas del río del mismo nombre. Luego atraviesa al municipio de suroeste a noroeste en Mina, regando tierras de Hidalgo, Abasolo, el Carmen, Salinas Victoria y Marín, hasta que en Pesquería se une al río del mismo nombre. En 1910 se decía que el caudal del río comprendía hasta siete bueyes equivalente a 64 mil litros de agua aproximadamente. En la época colonial al río Salinas también se le llamó río de los Cuanales en honor a una nación india que predominaba en la región.

Ya juntos los ríos Salinas y el Pesquería, ingresa al municipio de los Ramones, en donde se le unen arroyos que vienen tanto de la sierras de Picachos como de Papagayos. Por ejemplo, en China se le une el arroyo el Ayancual que viene desde el norte de Monterrey conocido como de la Talaverna y que recoge a su vez corrientes de San Nicolás, Guadalupe, Doctor González y Ramones. Este arroyo también recibe el nombre de Salinillas que se enriquece con riachuelos que vienen de la sierra de Papagayos. Pasa por los Herreras y en el límite entre éste y los Aldamas se junta al río San Juan. Todos los arroyos con corrientes intermitentes.

Gonzalitos estimaba la longitud del río Pesquería desde García hasta Pesquería en 122 kilómetros y de ahí hasta su junta con el San Juan en los Aldama, en poco menos de 115 kilómetros. En consecuencia, el Santa Catarina y el Pesquería pertenecen a la cuenca hidrológica del río Bravo-San Juan.

En el siglo XIX y parte del XX, para captar las aguas de ambos ríos en Villa de García, tanto del Pesquería como el Salinas, existían tres presas muy pequeñas, una en Icamole, otra en García y un bordo conocido como de Cristaloza, situado al norte de la cabecera. Paradójicamente, aunque Villa de García cuenta con muchos arroyos y dos ríos de considerable importancia, siempre ha batallado con el suministro del vital líquido. En la década de 1870 se llevaba el agua potable desde el paraje conocido como el Volcán hasta la cabecera de la población. Las acequias atravesaban las calles, provocando a veces inundaciones, por lo que el cabildo solicitó en 1879 que se construyeran en los patios de las propiedades. Ese año, los accionistas decidieron donar agua para los servicios de la villa y satisfacer las necesidades de la población. Por ello, a partir de la década de 1990 la compañía de Agua y Drenaje estableció un sistema para dotar de agua potable a Villa de García.

Como hemos visto, el río Pesquería y su afluente el Salinas hicieron posible que las antiguas haciendas situadas en los actuales municipios de García, Mina, Hidalgo, Abasolo, el Carmen, Salinas Victoria, General Escobedo, Apodaca, Marín, Pesquería, los Ramones, China y los Aldamas florecieran como centros agropecuarios de singular importancia. Pero también todos esos municipios son muy buenos para la cría de ganado mayor y menor pues sus suelos concentran buenas cantidades de sal, de ahí que durante la época colonial se le llamara valle de las Salinas en honor a las salinas existentes.

De ahí que una empresa muy importante de la localidad se dedicara a la explotación de los yacimientos de sal, especialmente para la producción del vidrio, pues como todos sabemos, del cloruro de sodio de la región y de la arena sílica que extraen en Lampazos, sirven como materias primas para su fabricación. Entonces se hicieron perforaciones para sacar la sal inyectando altas presiones el agua del Pesquería. Lamentablemente este río se contaminó mucho a partir del establecimiento de fábricas que manejan químicos altamente peligrosos, a tal grado de que la mayoría de sus especies y plantas nativas además de la agricultura desaparecieron.

El tramo correspondiente entre villa de García, Escobedo, Apodaca y Pesquería han sido testigos de la trasformación del río, de ambientes netamente agrícolas a lugares densamente poblados en los que predominan los asentamientos irregulares a partir de la década de 1980. Y recientemente todo el sector situado entre Monterrey, Escobedo y García se llenaron de casas habitación. Y que además sigue el ejemplo de su hermano el Santa Catarina que ha ocasionado inundaciones y destrozos a los municipios por los que pasa.

Yo quiero mucho a éste río, porque nace en un lugar donde confluyen los tres muncipios en donde tengo raíces maternas: Santa Catarina, García y Ramos Arizpe y porque viví un tiempo en Ramones y realicé servicio comunitario en Pesquería. Y porque enlaza a una serie de pueblos que le han dado gloria a las letras, a la cultura, a la música y al ejercicio de la medicina, de la abogacía, de la docencia y del sacerdocio.

Y yo quisiera formarle un chubasco y detener su navegación

26 de julio 2010

En un estribillo de la canción El chubasco, se canta: “como a las once se embarca Lupita, se va a embarcar en un buque de vapor y yo quisiera formarle un chubasco y deternerle su navegación”. Cuenta la tradición popular que la letra de dicha canción se compuso en General Zuazua y que don Margarito Villarreal que en paz descanse, la cantaba obligatoriamente en toda fiesta de la antigua hacienda de Santa Elena. Pero también en Los Ramones le compiten su origen, pues se dice que el Chubasco es del antiguo rancho de San José del Capadero, cuna de muchos conjuntos del llamado auge grupero de Nuevo León.

Y todo porque se dice que tanto el río Bravo, desde el Refugio hasta Laredo fue una importante vía de navegación fluvial y que algunos afluentes por la cantidad de agua que llevaban, como el Pesquería y el San Juan, vieron barcos de vapor que se internaban hasta ciertos puntos de la frontera que a su mantenía comunicados a Herreras y los Aldamas.

Ya hemos visto como los norteamericanos, en especial los texanos querían hacer del río Bravo, una importante vía al igual que el río Mississippi. El río Bravo era una excelente oportunidad para hacer cumplir el Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe: tener dominio desde el Atlántico hasta el Pacífico; comunicar desde el Refugio-Matamoros hasta el Paso del Norte y que de ahí las caravanas salieran hasta Santa Fe, Nuevo México y luego hasta San Diego.

Pero no se pudo a la cantidad intermitente del agua que corre en algunos tramos. El cauce no era muy seguro: había ocasiones en que llevaba mucha y otras veces no tenía lo suficiente como para que los barcos subieran hasta Laredo. Pero se equivocaron, pues como les dije, el Bravo depende mucho de los afluentes y lleva agua cuando los mismos lo nutren con sus aguas. Pero no solo era un sueño de los norteamericanos, pues desde 1824 el gobierno federal mexicano, tenía en mente hacer rutas navegables en los ríos Alvarado, el Grande de Santiago, el Pánuco y el Bravo. Por ello en 1828 se le concedió permiso al norteamericano Juan Davis Bradburn, quien residía en Matamoros, para que navegara por el río Bravo. Al año siguiente Vicente Guerrero le confirmó la concesión, que Miguel Ramos Arizpe criticó porque decía que en cierta forma le estaban dando el control del río Bravo a los norteamericanos, quien precisamente querían fijar como línea divisoria entre las dos naciones. Después, se le concedió a Francisco de Garay el permiso para que hiciera viajes comerciales a través del Bravo. Y don Miguel no se equivocó porque algunos de los batallones que asaltaron a Camargo y Reynosa en 1846, entraron precisamente por el río Bravo.

Como se advierte, la preocupación de hacer del Bravo una vía de navegación fluvial no era nueva. El mismo Manuel Mier y Terán durante su estancia en la región entre 1828 y 1832, tenía proyectado construir canales para la comunicación de los ríos pues no había forma de irrigar las extensas llanuras y además pretendía que se navegara por esos canales para trasportar cueros, sebo, lana, tasajo y otros artículos de exportación.

Pero sin duda alguna, después de los tratados de Guadalupe Hidalgo en 1848, se acrecentó la presencia de inversionistas norteamericanos en la región y en consecuencia la necesidad de comunicar a las dos regiones aledañas al Bravo. Fue cuando se vieron más barcos de vapor que subían por el Bravo hasta entroncar poblaciones como Laredo. Sabemos que rara vez llegaban hasta allá y hubo ocasiones en los barcos se quedaban varados por algunos meses esperando que las aguas vinieran crecidas. Una de las poblaciones que más se beneficiaron fue la de San Pedro de Roma, de ahí que muchas construcciones de la época se hicieron como negocios y casas habitación debido a la entrada de los barcos de vapor que pasaban por el Bravo.

Lamentablemente el río Bravo no ofreció las mismas oportunidades que el Mississipi, pues al llegar a Guerrero se tenían que pasar por unas pequeñas cataratas que se formaban en un sitio conocido como El Salto. Se sabe que algunos afluentes del Bravo permitieron la navegación fluvial. Por eso de ahí viene la letra de la canción de Chubasco, pues aparentemente se comunicó a sitios como Ramones, Aldamas, Bravo y Herreras y que llegaban fácilmente hasta río Bravo de ahí hasta Matamoros.

En 1852, había cerca de cien barcos que navegaban por el Bravo, casi todos de propiedad norteamericana. Preferentemente llegaban con seguridad hasta Camargo, haciendo escala en los diferentes poblados y rancherías de ambos lados de la frontera, llevando pasajeros y mercancías. Gracias a una investigación realizada por el historiador e ilustre ciudadano de Reynosa, don Arnoldo de Gárate Chapa, sabemos que el alcalde de Reynosa, Juan José Chapa Guerra, recibió una vez un oficio que decía: “Los abajo firmantes, pasajeros de Brownsville para San Luis, Edinburg y Río Grande, a bordo del steamboat nombrado el “Comanche”, bajo las órdenes del capitán Richard King, pasando hacia arriba por el dicho río de pueblo en pueblo, por la izquierda del mismo, Estado de Texas, certificamos que el lunes próximo pasado 17 de mayo de 1852, en el punto conocido como rancho Santa Ana del lado de México, mientras el dicho bote perfecta y pacíficamente se esforzaba en andar para arriba, girando, en carrera de Brownsville a la ciudad de Río Grande, fue terriblemente sorprendido por unas descargas que le hicieron al bote del lado mexicano… se vio que los disparos fueron cometidos por una partida de mexicanos… de los cuales dos tiros tuvieron efecto en la persona del teniente O. Breshear y un niño de cuatro años… También certificamos no haber ninguna causa ni provocación ni insultos dados por los pasajeros, oficiales o alguno de los tripulantes”.

Por lo que el alcalde de Reynosa, ordenó a su jefe de policía Salomón Trujillo, hiciera la investigación correspondiente “para tomar la debida información respecto a los hechos contenidos en la denuncia, las personas que los perpetraron y causas que los motivaron”. Atendiendo a las órdenes, Salomón Trujillo presentó en primera instancia a Justo Olivares, encargado de la congregación de Santa Ana, quien declaró “no saber nada sobre le particular hasta hoy que se le pregunta”.

Luego compareció Juan G. Galván quien manifestó que “en efecto, sabe que les hicieron fuego a los pasajeros del vapor y que la causa fue por no haber querido pagar una vaquilla que poco antes habían dado muerte”. También fue presentado Hermenegildo García Galván quien declaró: “Como a las dos de la tarde del lunes 17 de mayo pasaron por mi rancho Feliciano Guzmán, Andrés Chapa, Francisco Pérez y Valentín Posadas y dijeron que iban a alcanzar el vapor “Comanche” a reclamar al capitán una vaquilla que les habían matado de un balazo y llevada en el mismo vapor. Que el que habla se quedó en su citado rancho y poco tiempo después regresaron los individuos que fueron quienes le informaron que su objeto había sido reclamar el valor de la vaquilla pero luego que fueron descubiertos por los del vapor, les dispararon un tiro a lo que se vieron ellos precisados tanto por eso como por el robo de la vaquilla a contestarles con cinco tiros”.

Posteriormente Feliciano Guzmán manifestó que: “Estando ocupado en sus negocios, le vino a avisar su esposa que los del vapor “Comanche” habían disparado un tiro. Que en tal virtud, el que habla, deseoso de investigar a qué objeto habían disparado, invitó a Andrés Chapa para que le acompañase, que al efecto, fueron ambos al río y vieron que en el plan de un recodo estaba atracado el vapor y tenían una vaquilla blanca muerta que luego jalaron los del mismo vapor y tomaron el canal a su destino que por eso se dirigieron el que habla y Chapa hacia arriba a ver si les era posible recobrar del capitán del vapor el valor de la vaquilla, que nada consiguieron pues el vapor se pasó velozmente, por cuyo hecho regresaron al rancho invitaron a Francisco Pérez y a Valentín Posadas a acompañarlos, que alcanzaron al vapor entre los ranchos de los Alacranes y Santa Ana y los americanos les dispararon un tiro, en cuya virtud, el que habla, Chapa y los otros dos hicieron fuego sin que pareciera el vapor de pararse”.

La última comparecencia fue la de Prisciliano Domínguez quien manifestó que “no es la primera vez que los vapores que recorren el río los respectivos capitanes se surten de la carne necesaria de la manera que lo ha hecho últimamente el ‘Comanche’ y lo pone en conocimiento de la autoridad para que lo lleve a quien corresponda”.

La navegación por el Bravo no tuvo tanto éxito como esperaban los inversionistas y los dueños de los barcos, así como de aquellos usuarios que si alcanzaron a viajar por las aguas de tan importante río. Solo nos quedan referencias orales y testimonios como los que don Arnoldo de Gárate nos ofrece. Hoy en día, el río Bravo sirve como punto limítrofe, como lugar de cruce de visitantes legales como ilegales, como vital suministro de agua que riega las grandes extensiones de tierras dedicadas a la agricultura y como sitios que dan vida a importantes centros poblacionales que hacen a la frontera del Bravo con los Estados Unidos, en la más dinámica del mundo.

El río Grande del Norte

24 de julio 2010

Como se advierte, al río Bravo también se le conoce como el Grande del Norte. Precisamente ese nombre designa a un movimiento federalista que surgió en la región entre 1837 y 1840, que  lleva al supuesto establecimiento de la República del Río Grande, cuya capital fue instalada en Laredo. Es cuando vecinos de las villas del Norte y de algunos pueblos de Nuevo León y Coahuila se sumaron al movimiento que no tuvo éxito y que intentaba imitar el modelo separatista de Texas. Entonces Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, las antiguas Provincias Internas de Oriente quisieron y no pudieron, pudieron y no quisieron separarse de México. Y ese nombre también le da título a una serie de escritos y crónicas que Manuel Payno escribió sobre la frontera.

En ese periodo de tiempo, entre 1836 y 1848, la frontera noreste de México se estaba redefiniendo. Texas se acababa de separar de México y de Coahuila para convertirse en una república independiente. En consecuencia, la región fue testigo de los regimientos al mando de Antonio López de Santa Anna que acudió personalmente a Texas para someter a los rebeldes independentistas texanos.  Al ser derrotadas las fuerzas de Santa Anna, esos contingentes pasaron de nueva cuenta por la región convertidos en asaltadores y merodeadores de caminos. De igual forma, la década de 1840 fue un periodo en el cual los llamados indios bárbaros arremetieron duramente contra muchos de los pueblos de las antiguas Provincias Internas de Oriente.

Hasta 1845 los límites con Texas al sur llegaban hasta el río Nueces. Pero los nuevos vecinos de Texas y a su vez, los Estados Unidos, pretendían modificar sus límites hacia el río Bravo, pues con ese territorio aseguraban el dominio desde el Golfo de México hasta el Pacífico. Si nos preguntamos ¿qué significado tiene el Río Bravo en la geohistoria de Texas?

Indudablemente, la respuesta es que el río Bravo le da un sello distintivo a la forma geográfica del estado de la estrella solitaria.  Otra pregunta: ¿qué hacía tan atractivo, primero a los texanos y luego a los norteamericanos, ampliar la franja fronteriza  al Río Bravo en lugar del Río Nueces?

En primer  lugar diremos que hábilmente los texanos delinearon su territorio en función de aspectos pragmáticos y utilitarios: mantener el contro del Golfo de México desde la desmbocadura del Bravo hasta la Florida,  al oeste la posibilidad de participar en la gran ruta comercial entre Santa Fe en Nuevo México y San Luis, Missouri; el norte se delimitó gracias a las rutas ganaderas y al sur, el río Grande tenía aguas de buena profundidad que lo hacía navegable.  Efectivamente, ya en posesión del río, ajustaban perfectamente la ruta comercial a Santa Fe, conectarla con la ruta ganadera al norte y comunicar ambas con el exterior a través del Golfo de México. Con el río podían controlar una ruta fluvial de 3,000 kilómetros y su respectiva cuenca hidrológica, con la que podrían conectar comercialmente a Texas con el mundo.

De hecho, los Austin proyectaron en un principio, establecer una colonia comercial  entre los ríos Bravo o Grande del Norte y el Nueces.  Incluso hasta un primo de ellos llamado Henry Austin, operó un barco de vapor en el Bravo. Pero los trenes de carretas, arrieros y muleros mexicanos se quejaron ante el gobierno de Tamaulipas de que podían perder sus ganancias ante la desventaja de los barcos de vapor. Los muleros y arrieros mexicanos lograron su objetivo de impedir el traslado de mercancías por el río, hasta que los texanos en 1836 declararon que el Bravo les pertenecía y lo hicieron efectivo cuando se firmaron los Tratados de Guadalupe-Hidalgo en 1848.

Un empresario texano sentenció “Este río es capaz de sustentar a muchos millones de habitantes, con una variedad de productos de la que no puede jactarse ningún otro río del continente norte. Este río una vez ocupada por la industriosidad e inteligencia de la raza inglesa, enviará cada año exportaciones que requerirán centenares de vapores que los transporten a su delta, mientras que sus cueros, su lana y sus metales pueden incrementarse en una medida cuya estimación ahora se antojaría quimérica”.

Pero ¿qué había en la llamada franja del Nueces? Un enorme territorio ocupado por bandoleros, comanches y lipanes dispuestos a hacerle la vida imposible a quien osara introducirse en sus tierras. Esta zona originalmente perteneció al Nuevo Reino de León, pero a mediados del siglo XVIII, José de Escandón, Conde de la Sierra Gorda fundó una nueva provincia la que llamó Nuevo Santander.

Inmediatamente se dedicó a poblar al territorio conocido como el “Seno Mexicano” con familias procedentes de Nuevo León y Coahuila. Y promovió poblaciones en la  banda izquierda del río Grande: el Refugio o Playas de Bagdad que después se llamó Matamoros, Reynosa, Camargo, Mier, Revilla y Laredo, el único poblado que dejó -no se sabe por qué- al otro lado del Bravo, considerada en ese tiempo,  una aldea miserable con unos cuantos edificios de piedra y lodo y algunas chozas en deplorable estado. Pero tenía la ventaja de ser un punto de estratégico para la comunicación de las villas del norte durante las constantes asonadas características de la primera mitad del siglo XIX. Todos esos pueblos tenían demarcación territorial hasta el río Nueces. Por lo que los Tratados de Paz y Límites dejaron a Tamaulipas con una breve franja de tierra que se extiende a lo largo del Río Bravo.

En consecuencia, la nueva frontera internacional confirió al río Grande una importancia comercial estratégica. Las familias mexicanas acaudaladas con ramificaciones en ambas orillas del río se encontraron en una situación privilegiada. Desde Laredo a Brownsville, lo mismo se pasaba algodón que plata y materias de exportación que contrabando.  Fue precisamente el río Grande el que sirvió como vínculo de los confederados durante la guerra de secesión norteamericana. Se presume que la República del Río Grande fue promovida por empresarios y comerciantes en 1840,  que armaron a filibusteros y bandoleros para dedicarse al contrabando y a controlar la política arancelaria de las dos regiones.

Pero a su vez generaron sentimientos antimexicanos en todo el territorio de Texas y muchos norteamericanos se mostraron dispuestos a aceptar la guerra expansionista contra México. Cuando la franja del Nueces quedó bajo la soberanía de los Estados Unidos, se  persiguió a los residentes mexicanos y se les presionó para que abandonaran el territorio.  Con el conflicto texano, Coahuila perdió una parte substancial de su territorio al igual que Tamaulipas perdiendo toda su parte comprendida entre el Bravo y el Nueces.

El río Bravo

22 de julio 2010

Más que una frontera que divide a dos países, el emblemático y legenadario río Bravo, a decir de Carlos Fuentes, es una herida que aun no ha terminado de sanar. Es el lugar que divide al mundo católico de mentalidad hispánica con el mundo protestantes de mentalidad anglosajana. Es el punto donde se define la patria grande llamada Latinoamérica y se reinventa la mexicanidad. Es donde surge el concepto de alteridad y en donde se conjugan muchos factores de índole económico y cultural que para muchos estudiosos, están gestando la formación de un nuevo país que se va a llamar Mexamérica y cuya capital será Los Angeles.

Es raro que un río además de representar la entrada al sueño americano, en tiempos de la guerra fría y de cuestiones geopolíticas mundiales, sirviera para diferenciar el primer del tercer mundo y en tiempos posmodernos, las relaciones de un norte formado por pocos países ricos con las del sur formado por muchos países necesitados.

Por ambos puntos de la frontera se han formado ciudades y pueblos gemelos que dan vida a la frontera más dinámica del mundo: El Paso-Juárez, Presidio-Ojinaga, Del Río-Acuña, Eagle Pass-Piedras Negras, Laredo con Colombia y Nuevo Laredo, Roma-Miguel Alemán, Río Grande-Camargo, Hidalgo y Pharr con Reynosa y Brownsville-Matamoros. Incluso dos de las formas a las que se le llaman a los mexicanos que cruzan como indocumentados, ya sea mojados o espaldas mojadas se debe al ejercicio diario de pasar ilegalmente por el río.

El río Bravo también conocido como Grande del Norte, nace en las montañas San Juan ubicadas en el estado de Colorado, fluye hacia el sur cruzando territorio de Nuevo México y arriba a El Paso, Texas y Ciudad Juárez en Chihuahua, de donde toma su corriente hacia el sureste transcurriendo lentamente al mar. Desde su nacimiento hasta su desembocadura recorre 3,034 kilómetros. Los antiguos indios Pueblo de Nuevo México lo llamaron Posoge. Ya para fines geopolíticos, en nuestro país se le conoce como el alto río Bravo y el bajo río Bravo.

De acuerdo a estudios científicos el río Bravo se formó hace 12 millones de años. Se tienen referencias de que fue utilizado por las culturas nómadas que llegaron hasta Mesoamérica para establecerse, así como también de aquellos cazadores recolectores nombrados chichimecas, pues en sus márgenes se han localizado desde restos óseos, líticos y petrograbados, cuya antigüedad oscila desde hace 12 mil años antes de Cristo hasta el siglo XIX. Y por tradición oral se sabe que dependían mucho de la pesca y de la cacería de aves y animales y de la recolección de plantas y frutas silvestres que crecían en las riberas del río.

El río Bravo fue testigo de las empresas de colonización y pacificación de aquellos conquistadores ibéricos que buscaban ampliar sus dominios o sus sueños de encontrar las riquezas que las leyendas les decían. Es probable que se conociera desde 1519, pues se encontró una piedra en su desembocadura con la leyenda siguiente: “Aquí Alvarez de Pineda, 1519 con 270 hombres y cuatro barcos”. También lo conoció Alvar Núñez Cabeza de Vaca que lo recorrió desde Texas hasta adentrarse a territorio de la Nueva España entre 1535 y 1536.

Se cree que el explorador Juan de Oñate lo nombró río Grande en 1598 en su famoso descubrimiento del Paso del Norte. También sabemos que en 1643, don Martín de Zavala, gobernador del Nuevo Reino de León, pidió a Alonso de León, organizara una expedición rumbo a la costa del Seno Mexicano. Para ello recorrieron el río San Juan hasta llegar a su desembocadura y ahí vieron por vez primera al río que llaman precisamente Grande.

Al mediar el siglo XVIII, don José de Escandón promovió el establecimiento de las llamadas villas del Norte en su margen, como puntos de avanzada pertenecientes al Nuevo Santander. Así surgieron Reynosa, Camargo, Mier, Revilla y Laredo, que fue la única que se instaló del otro lado del río. Todas esas villas y la provincia limitaban al norte con el río Nueces.

La expedición de la Comisión de Límtes encabezada por Manuel Mier y Terán cruzó el río Bravo el 1 de febrero de 1828. Cuando llegaron a Laredo, situado sobre su margen izquierda, escribieron en su diario de viaje que continuamente recorrían los alrededores los comanches, lipanes, garza y carrizos. Decían que éste pueblo era floreciente cuando el río Bravo del Norte sea frecuentado, refiríendose al hecho de que había intenciones de convertirlo en una vía de navegación fluvial. Ya se quejaban de que cada año las corrientes del río se llevaban las cosechas, debido a que los labradores no podían sembrar en llanos secos y áridos, por ello buscaban lugares cercanos al río.

Para quienes integraban la Comisión de Límites: “El Río Grande o Río del Norte, uno de los más grandes de la República por la extensión de terreno que recorre, nace en las montañas de Nuevo México. Recibe en su larga travesía multitud de pequeños ríos y de los cuales sus respectivas cabeceras están tan poco conocidas como las del Río Grande, acaso porque viene de ese rumbo o porque pasa por un presidio que llaman del Norte, pero después de haber aumentado considerablemente, le han llamado Río Grande.

Este río, cuyas orillas carecen de fertilidad, está dividido por una isla frente a Laredo en dos partes desiguales, de las cuales la más considerable la que pasa junto a la margen izquierda. Su caja en este punto es muy ancha. La corriente cuando las aguas están bajas, es débil: en el mes de febrero, frente a Laredo. En este mismo parage el río está muy encajonado, sus orillas son escarpadas, las aguas del río son turbias, acarrean continuamente arena, su caja está formada enteramente de ella y por ésta razón el fondo es muy variable. Los derrumbamientos de sus costados son muy frecuentes. Cuando las aguas están bajas, quedan en seco algunos islotes y la mayor parte de la caja frente a Laredo. El sabor de las aguas no es desagradable”.

Añadieron un dato muy interesante para considerar. “Frecuentemente el río Grande se sale de Madre: en Laredo, como sus orillas son muy elevadas, no hace muchos daños, pero en Camargo y sobre todo el camino de esta villa, alimenta con sus inundaciones todos sus esteros que están a sus orillas, además de los muchos terrenos que anega. A pesar de todos los perjuicios que puede producir este río, a él debemos la fundación de Matamoros, una de las primera villas fundadas después de la independencia”.

A decir de Manuel Payno poco antes de 1840: “El Bravo tiene su nacimiento en la Sierra de las Grullas, en el departamento de Nuevo México. Se le reúnen el río Conchos, el Salado, el de Sabinas y el de San Juan y después de correr por más de 500 leguas, desemboca al mar engrosado prodigiosamente con las aguas de éstos ríos y de otra multitud de otros arroyos”.

Tanto Coahuila como el Nuevo Santander llegaban hasta el Nueces y de ahí hasta el norte pertenecía a Texas. Y cuando ellos se separaron de México en 1836 para convertirse en república, demandaron la ampliación de sus territorios hasta el río Bravo. Y al ser admitidos como estado norteamericano en 1845, trajo en consecuencia la guerra entre México y los Estados Unidos que dio un periodo de invasión y ocupación entre 1846 y 1848. Cuando fueron firmados los tratado de paz conocidos como de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848, señalaron como lindero el curso del río Bravo o Grande del Norte desde El Paso Texas hasta su desembocadura en el Golfo de México.

Las aguas del Bravo desde entonces se comparten con los Estados Unidos. Mientras que los afluentes con muchos problemas dan el suministro a los habitantes de los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. De aquí que mi amigo Clemente Rendón de la Garza, cronista de Matamoros, Tamaulipas, diga que en su ciudad se toma el agua de diversos lugares y regiones.

El río Salinas.

4 de abril de 2011

El río Salinas nace en General Cepeda, Coahuila, recorre parte del territorio de Ramos Arizpe, hasta ingresar a Nuevo León en una antigua estación de nombre Ramos y pasa cerca de Icamole en Villa de García. Continúa su curso cerca de Arista, por un valle cercano a la sierra del Muerto y recoge vertientes de arroyos que bajan de la sierra del Fraile. Entra a Mina por la antigua hacienda de Jesús María y de San Antonio del Muerto, lugar en donde antiguamente confluían los caminos entre Monclova, la Pesquería Grande como del Valle de las Salinas.

Recibe más adelante por la izquierda, las aguas del río Cuanales. Aunque recorre solamente cuatro kilómetros, en el siglo XIX llevaba tanta agua como para formar un salto de agua de casi siete metros de altura. Se llama de los “cuanales” en honor a un grupo étnico que habitaba la región a la llegada de los colonizadores.

Luego atraviesa al municipio de suroeste a noroeste en Mina, pasa muy cerca de las cabeceras municipales de Hidalgo y de Abasolo, en donde se nutre del arroyo de los Báez o de Vázquez. Su curso también riega al territorio de la municipalidad de El Carmen y entra a Salinas Victoria en el Arroyo Hondo. De igual forma, toca muy cerca la cabecera municipal para nutrirse con el agua del arroyo San Diego llamado también de Gomas. Más adelante se suman a su cauce, los arroyos provenientes de la sierra de Santa Clara y de Mamulique, casi con los límites de Ciénega de Flores.

El río continúa su dirección hacia el este e ingresa a General Zuazua y Marín, hasta Pesquería en donde se une al río del mismo nombre en un lugar que llaman Las Adjuntas. Incluso sirve de límites entre Pesquería y Marín. Para 1910, el caudal del río comprendía hasta siete bueyes equivalente a 64 mil litros de agua aproximadamente en una longitud del río de cerca de 122 kilómetros.

A este río se le llama de distintas formas: Salinas, del Capadero y hasta de Río Viejo. Obviamente el río se llama Salinas debido a la cantidad salitrosa contenida en sus aguas como en las tierras de sus alrededores. También da nombre al valle que articula a una de las regiones más representativas de Nuevo León conocida como el Valle de las Salinas, en el cual Bernabé de las Casas hizo un latifundio muy importante y que se dividió entre sus descendientes. Casado con Beatriz Navarro, a sus hijos Bernabé y Marcos cedió las tierras de Icamole y San José de la Popa. San Francisco de Cañas, para su hija María al casarse con Juan Alonso Lobo Guerrero en 1626. Las de Magdalena y Viuda de Eguías, actual Abasolo a doña Beatriz que se casó con Diego de Villarreal y las de Chipinque, actual El Carmen a Juliana de las Casas, casada con Diego Fernández de Montemayor.

El río Salinas favoreció las actividades económicas de una próspera región, actualmente considerada la zona de influencia del área metropolitana. Ancho y orgulloso; lamentablemente hoy está muy contaminado y se vuelve sumamente peligroso cuando hay lluvias torrenciales, entonces las cabeceras de Salinas Victoria, El Carmen y Abasolo quedan incomunicadas pues se debe atravesar por el río.

Y el Salado se volvió contra Guerrero

17 de julio 2010

Algunos de los ríos que son tributarios del Bravo, hicieron posible que se establecieran poblaciones sobre sus margenes a mediados del siglo XVIII.  Por ejemplo en la desembocadura del San Juan fundaron Camargo, en el río Alamo, sobre el paso del Cántaro, Mier y el río Salado hizo que se estableciera el 10 de octubre de 1750 un pueblo con el nombre de Revilla, en honor al entonces virrey de la Nueva España, el conde de Revilla Gigedo; las tres conocidas como las villas del norte que formaban junto con Reynosa y Laredo. Todas ellas se establecieron de éste lado, excepto la de Laredo que  quedó como parte de Texas cuando se fijaron los límites entre las dos naciones

Se dice que en el pueblo de San Fernando, se apersonó el coahuilense Vicente Guerra ante don José de Escandón, conde de la Sierra Gorda y promotor de la colonización del Nuevo Santander en el llamado Seno Mexicano, para solicitarle permiso para establecer una población en terrenos que el mismo Guerra mantenía como suyos y usaba para la ganadería tanto mayor como menor. A cambio de ofrecer sus tierras y promover la entrada de familias procedentes de Nuevo León, Guerra pedía el reconocimiento de poblador, fundador y capitán de la nueva población.

El sitio elegido para establecer la Revilla, fue un lugar conocido como rancho los Moros, pero un año después se cambió 45 kilómetros río abajo en donde está la desembocadura del Salado con el río Bravo o Grande del Norte. Vicente Guerra falleció en 1753 y al año siguiente, cuando Escandón visitó Revilla, encontró un lugar que daba cabida a cerca de 350 habitantes que vivían de la ganadería y del pastoreo y de la agricultura en menor escala; aunque se decía que el mejor maíz y frijol de la región se cosechaba en Revilla. El lugar además sirvió como punto de enlace entre las llamadas villas de Laredo y Mier, así como puesto de avanzada para proteger la franja de tierra que está entre el río Nueces al norte y el Bravo al sur. Guerrero desde su establecimiento estuvo expuesta a los albazos y ataques de los llamados indios bárbaros, que se recrudecieron cuando los texanos expulsaron a los comanches y lipanes de su suelo, haciendo que aumentaran sus correrías en las villas del norte.

Una vez alcanzada la independencia, la antigua Revilla cambió su nombre en honor a don Vicente Guerrero y hasta la legislatura de Tamaulipas le otorgó la categoría de ciudad. La cabecera municipal está a menos de 100 metros sobre el nivel del mar y colinda al norte con el río Bravo, al oeste con Nuevo Laredo, al este con Mier y al sur con Parás, Nuevo León. Todas las villas del norte tenían territorio en la franja del Nueces, por ello, cuando se firmaron los Tratados de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848, la porción territorial de Guerrero se redujo a poco más de la mitad de su extensión.

Ciudad Guerrero pronto cobró fama de ser una de las poblaciones fronterizas más importantes, pues por decisión del presidente Porfirio Díaz con fecha del 2 de marzo de 1876, se creó la aduana fronteriza que hizo posible en 1877 la construcción de un puente internacional que lo hermanaba con Zapata, Texas y que fue  inaugurado en 1881. Desde un año antes contaba con electricidad y en 1882 se quiso hacer una vía de ferrocarril que lo uniría con Nuevo Laredo, Mier y los Aldamas, Nuevo León. El auge ganadero, comercial y agrícola, hizo que Guerrero sumara 12 mil habitantes al iniciar el siglo XX. Pueblo patriota que festejó en 1906 el centenario del natalicio de Benito Juárez con pompa y orgullo.

En Guerrero nacieron los insurgentes José Antonio y Bernardo Gutiérrez de Lara y del rebelde federalista  y separatista que en 1840 provocó la creación de una supuesta república del Río Grande. Pero la construcción de la carretera nacional que unía directamente a Monterrey con Nuevo Laredo, frenó su crecimiento poblacional y económico frente a otros puntos de la frontera.

Cuentan los antiguos que en la desembocadura del Salado se formaba una pequeña cascada que se conocía como “El Salto”, a la cual asistían los vecinos tanto de Nuevo Laredo como de Mier, de Parás, Nuevo León y Zapata, Texas. Ahí se iban de día de campo o también a un paraje conocido como “Paseo de las Brisas” en el cual abundaban sabinos de buen tamaño.

Gracias a la monografía de Guerrero titulada “La Antigua Revilla en la leyenda de los tiempos” que escribió don Lorenzo de la Garza en 1952, sabemos que el Salado se salió de su cauce en algunas ocasiones, provocando graves inundaciones entre el 2 de junio y 2 de julio de 1801; a tal grado de que el chalán que ayudaba a cruzar a la gente por el río Bravo, quedó en la entrada del templo de Nuestra Señora del Refugio. El río volvió amenazante en 1865 y también la inundación de 1909 les pegó duro, pues se cuenta de que era tanta la fuerza que bajaba del Salado que empujaba a las aguas del Bravo hasta más allá de su margen en territorio texano.  La gente se preparaba siempre para fines de agosto de cada año, en que de nueva cuenta  el Salado subía su nivel poniendo en riesgo a los ranchos situados en las cercanías de sus márgenes. El 4 de septiembre de 1936 las aguas del Salado y del Bravo ocultaron los arcos del puente internacional. Pero también estaba expuesta a otro tipo de fenómenos naturales como las heladas que se dieron entre el 12 y 14 de febrero de 1899.

El 19 de julio de 1953, salieron todos los guerrerenses, repletos de recuerdo y nostalgias, para asentarse en la nueva Ciudad Guerrero, pues su municipio se vio inundado con las aguas de la presa Falcón, debido a la intención del gobierno federal de formar colonias agrícolas en sitios que originalmente fueron destinados para el pastoreo del ganado mayor y menor. Pero ese proyecto tenía una fuerte limitante, pues en los Tratados de Guadalupe Hidalgo en 1848, se dispuso que los Estados Unidos tenían mayores derechos sobre el río Bravo debido a que su nacimiento está en las montañas de San Juan en Colorado.

El gobierno mexicano realizó acercamientos diplomáticos para fijar una postura más justa y equitativa en cuanto al aprovechamiento de los ríos Bravo y Colorado. Para ello se conformó una Comisión Internacional de Límites y Aguas en 1889, para ver los beneficios que México podía tener con las aguas del río Bravo, pues muchos afluentes del mismo nacían en el territorio norestense. En 1906 se logró que los Estados Unidos admitieran los derechos de usufructo de las aguas del río Bravo, especialmente para uso agrícola.

En 1927 se creó la Comisión Internacional de Aguas entre México y los Estados Unidos, que finalmente benefició la agricultura en el valle de Texas y en la frontera de Tamaulipas. De ahí surgió la necesidad de construir presas en sitios donde se aseguraba el suministro de agua, que a su vez permitiera que las regiones agrícolas de Texas no perdieran su capacidad de riego. Una de las soluciones fue la de construir presas de carácter internacional, en las que se almacenaran las aguas y repartirlas equitativamente entre las dos naciones.

Ya se tenían referencias del fracaso del sistema hidráulico de la presa don Martín y de su intención de convertir a Anáhuac en un centro algodonero y agrícola similar al de la Laguna. Entonces la frontera de Tamaulipas se convirtió en el foco de atención de las autoridade federales, al permitir la construcción de una presa llamada El Retamal en 1935, luego la del Azúcar en Camargo, oficialmente conocida como la Marte R. Gómez la cual captaba las aguas del río San Juan que viene desde Nuevo León.

En 1944 se dispuso la construcción de una presa internacional en la desembocadura del río Salado, conocida popularmente como Falcón y a decir del Ing. Clemente Rendón de la Garza, cronista de Matamoros, su verdadero nombre es Miguel de la Garza Falcón, en honor a uno de los pobladoers de la región, con la finalidad de promover la agricultura, generar electricidad e impedir las continuas inundaciones que provocaba. Este proyecto hizo que se realizara una entrevista entre los presidente Adolfo Ruiz Cortines y Dwight D. Eisenhower. Por lo que se dispuso sacar a los habitantes de Guerrero y formar un nuevo centro poblacional río abajo, en terrenos pertenecientes a Mier, para lo cual se modificaron los límites entre ambas municipalidades.

Pero ni siquiera los beneficios llegaron a Mier, pero si a una congregación suya de nombre San Pedro de Roma que desde 1928 ya contaba con un puente internacional que la comunicaba con Roma, Texas. La agricultura y la aduana fronteriza, hicieron que San Pedro creciera más que la cabecera y en consecuencia, logró constituirse en municipio el 10 de octubre de 1950, con el nombre del entonces presidente, Miguel Alemán.

Perdieron Guerrero y Mier. El primero porque su traza urbana fue inundada por las aguas de la presa Falcón. Solo unas cuantas casas y el panteón se salvaron. Un lugar con un arquitectura digna de preservarse pues aun posee construcciones propias del siglo XVIII y XIX. Ya están en ruinas y por ello, cuando las sequías ocasionaron que las aguas retrocedieran en 1996, hizo que Guerrero Viejo surgiera digna y altiva como lo fue en su tiempo y que fuera considerada como zona de resguardo patrimonial de carácter binacional tanto por el Instituto Nacional de Antropología e Historia como de las autoridades de los Estados Unidos.

Con la proporción guardada, caminar entre las calles de Guerrero Viejo, es similar a cuando se recorren las ruinas de Pompeya y Herculano en las inmediaciones de Nápoles, Italia. Pero otra vez quedó sepultada por las aguas. Y Mier se rezagó del crecimiento que otros puntos de la frontera chica de Tamaulipas si ha conseguido. Pueblo enigmático, mágico, legendario e histórico. Si existe la reencarnación, seguramente en mi otra vida viví en Guerrero o en Mier. Pues cuando los conocí me sentí como parte de ellos y ellos como parte esencial mía.

Y no entendimos la lección que las aguas de nuestros ríos nos dan y por ello, la frontera tamaulipeca sufre ya ni siquiera por las lluvias, sino por las crecidas del Bravo y del Salado.

El río Salado

14 de julio de 2010

Después del escrito sobre Anáhuac, llegaron algunas dudas respecto al cauce del río que inundó a Ciudad Anáhuac y a la estación Rodríguez. El río que sale de la presa don Martín se llama Salado. Al respecto me señala en forma ilustrada el maestro Carlos Gutiérrez Recio, cronista de Cuatro Ciénegas, Coahuila, que el río Salado tiene su origen en la junta de las corrientes de los ríos San Marcos en Cuatro Ciénegas y Nadadores del municipio del mismo nombre y que pasa por Sacramento, Nadadores San Buenaventura, Abasolo y Escobedo.

Luego a la altura del kilómetro 36 viniendo de Monclova rumbo a Sabinas de la carretera Piedras Negras-Saltillo, el Salado se junta las con el río Monclova, cerca de la estación de ferrocarril conocida como Hermanas. También acota que se le llama salado debido al elevado contenido de sulfato proveniente del río San Marcos, pues las tierras del valle de Cuatro Ciénegas son salitrosas. Posteriormente el Salado recoge las aguas del río de la Candela.

Indudablemente que el río Salado es un referente obligatorio para la historia del norte de Nuevo León. Hasta el siglo XIX, fue el punto limítrofe del Nuevo Reyno de León con la provincia de Coahuila y el Nuevo Santander. Fue continuamente recorrido por los llamados indios bárbaros que lo utilizaban como una vía que los comunicaba desde el valle de Cuatro Ciénegas y el presidio de Santa Rosa hasta la llamada franja de tierra situada entre el río Bravo y el Nueces.   En consecuencia, más allá del Salado, el Nuevo Reyno de León, convertido en Nuevo León en 1824, inexplicablemente nunca quiso o pudo ampliar su extensión territorial. Es probable que más allá del Salado había muchas tribus de indios belicosos. Por cierto, don Isidro Vizacaya Canales (QEPD) describía al río Salado como un lugar en el que continuamente se reunían los llamados indios bárbaros para cometer sus albazos en los pueblos del norte de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

Gonzalitos en su obra publicda en 1873, Algunos apuntes y datos estadísticos que pueden servir de base para formar una estadística del Estado de Nuevo León,  señala que el río Salado está formado por el Sabinas, el de Monclova y el de Candela y que es el río de mayor caudal que tiene el estado. Lamenta que sus aguas casi no se utilicen para la agricultura, pero en cambio “cría excelentes pescados y perlas finas, no muy buenas, por ser angulosas” y que además vivían muchas nutrias. Nos da cuenta de que en su margen derecha estuvo la villa de la Candelaria de Asanza, llamada así en honor al entonces virrey de la época y que fue destruida por una fuerte corriente ocurrida en 1800 y que el gobierno de Nuevo León pretendía en ese año de 1873, establecer una colonia militar en las inmediaciones del lugar en donde había estado la extinta villa de Asanza. Lo de las perlas coincide con un relato del historiador Fernando Garza Quirós quien me platicó que su mamá tenía perlas que provenían del río Salado y que en el siglo XIX fueron muy estimadas por las féminas de la región.

En la Reseña Geográfica y Estadística de Nuevo León editada en 1910, nos describe que el río Salado entra a Nuevo León por el paso de los reineros o del Nogal y que 50 kilómetros más abajo recoge las aguas del río Candela que viene del lugar del mismo nombre en Coahuila. Seguramente el paso de los reineros era el límite entre la Nueva Extremadura y el Nuevo Reyno de León a cuyos habitantes se les conocía precisamente como reineros.

La obra continúa señalando que al Salado se le van añadiendo las aguas de los arroyos y ríos menores como del Ocano, la Leona, Jabalí y Alamos que también proceden de Coahuila. Ya en Nuevo León se añaden las aguas de otros arroyos, pasa por la vía de ferrocarril cercana a la estación Rodríguez, que está a 196 metros sobre el nivel del mar y luego por la de Camarón situada a 25 kilómetros río abajo. Más adelante se nutre con las afluentes  de la Resaca y más abajo el del arroyo de las Ranas que sirve de punto limítrofe entre Lampazos y Vallecillo. En total, el río Salado recorre unos 120 kilómetros en el estado de Nuevo León.

Al entrar a Tamaulipas, el río Salado pasa por el rancho de la Reforma, San Rafael de las Tortillas y San Martín de las Juntas y se fortalece con los arroyos del Coyote  y el de Comitas que nace en Vallecillo. En el arroyo Mateño se le suma el río Sabinas que a su vez viene de la Boca de Leones y que atraviesa los municipios de Bustamante, Villaldama y Sabinas y que pasa por territorio perteneciente a Parás. Ya fortalecido el Salado desemboca en Guerrero, Tamaulipas al río Bravo o Grande del Norte. Ahí en su desembocadura se formaba una laguna y unos saltos de agua que eran muy visitados por los habitantes de Guerrero. A principios de siglo XX, se estaban obteniendo concesiones para el riego de los campos tanto de Nuevo León como de Coahuila. Luego, en 1952 se decidió trasladar la ciudad de Guerrero en un punto cercano a Mier, en la cual se construyó la Nueva Ciudad Guerrero y al pueblo establecido en 1750 por Vicente Guerra, al amparo de José de Escandón, lo dejaron morir debajo de las aguas de la presa Falcón.

Necesariamente todo aquellos que viajaban por los territorios septentrionales de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas debían cruzar por el río Salado, ya sea para llegar al presidio de San Juan Bautista del Río Grande o para Laredo. Por ejemplo, el 29 de junio de 1767 la expedición de Nicolás de Lafora pasó por las adjuntas del río Monclova con el Salado, en el cual describe un paisaje de tierra llana, con algunas barranquitas en las que predominaban los mezquites y huizaches, encontrando un estero y varias ruinas de construcciones que abandonaron debido a la escasez de agua.

El 30 de enero de 1830, la expedición científica que comandaba el general Manuel Mier y Terán con la intención de poner orden en Texas y evitar su separación y en la que venían Luis Berlandier y Rafael Chovell entre otros, salieron del rancho llamado de la Barranca para enfilarse con rumbo al río Salado. Refieren de que el paisaje en los alrededores estaba repleto de chaparrales y arenisca. Todavía se veían caballos salvajes, osos y venados, además de aves de presa. Cuando arribaron al río Salado escribieron: “encontramos una inmensa caja, en la que entonces la corriente estaba interrumpida. En tiempos de lluvias los viajeros son detenidos muchas veces en éste punto, porque el agua, sin salir de su vasta caja, se eleva a una altura considerable”. En los alrededores del río crecían árboles como los sabinos y los álamos y vieron las ruinas de una pequeña población que desapareció debido a los albazos de los indios. Ahí pasaron la noche esperando a que llegara el resto de la expedición.

Al día siguiente, recorrieron algunos lugares del río y analizaron la composición orográfica del mismo. Vieron que el agua era salada y más en tiempos de seca y muy turbia debido a la arcilla que contiene, no obstante había muchas tortugas. También se dieron cuenta que los vecinos de Lampazos iban por ostras de las cuales sacaban perlas de no muy buena calidad. De igual forma, daban permisos para la pesca que se hacía entre los meses de marzo, abril y mayo. Siguieron recorriendo las orillas hasta que vieron los restos de un campamento que tenían los indios.

Al respecto, Manuel Payno en las crónicas que realizó en torno a la situación y vida en la frontera noreste, señalaba que los indios cruzaban los ríos con mucha facilidad, pues eran excelentes nadadores. El escritor añade que en aqullos paisajes predominaban los bosques enmarañados compuestos en su mayor parte por mezquites, ébanos y matorrales. Una vez también sentenció que en la región cercana al Bravo podía sembrarse con mucho éxito la caña, el arroz y el algodón, que por el clima y el agua de la zona, bien se podía colocar entre los mejores del mundo.

Manuel Payno llegó en 1838 a Matamoros para trabajar como meritorio de la aduana marítima que se acababa de abrir. Ahí le llegó la noticia de que habían encontrado unas minas de plata muy grandes en Nuevo León y decidió recorrer las llamadas villas del Norte que comprendían Reynosa, Camargo, Mier, Revilla y Laredo, además del presidio de Río Grande en Coahuila. De regreso se introdujo a Nuevo León por Laredo y pasó también por el río Salado.

Conforme avanzaban hacia el río, de pronto en palabras de Payno: “se nos presentó a nuestros pies una enorme y profunda grieta, en cuyo fondo crecían altos árboles y corría un río. De la otra parte se elevaba una pequeña loma cubierta de verdura, en cuya cúspide había unas casitas pintadas de blanco”. De sus viajes por aquellos desiertos que recorrió escribió: “era un templo, era un altar donde llora el desvalido, yo lloré, volví a pasar y era polvo consumido que también me hizo llorar”.

De los ríos que vio en su peregrinaje por el noreste señala: “ríos anchos, profundos, cuyas aguas engrosadas hasta precipitarse al mar”, que continuamente se desbordan por las lluvias que caen en las llanuras y montañas del noreste. Y hasta nos dice los nombres de las tribus de los indios que merodeaban al Salado: los comanches, lipanes, tancahues, tarancahuases, entre otros.

Dicen que la suerte de Anáhuac ya estaba echada desde un principio. El caso que nos sirve de ejemplo está río abajo en la ciudad de Guerrero Viejo, que volvió a quedar inundada. Otros culpan a Plutarco Elías Calles y a Pascual Ortiz Rubio de no fijarse en los problemas que podían pasar. Problemas a los que mi gente de Anáhuac siempre están expuestos, porque cuando no llueve, se pierden las cosechas, cae granizo, se vencieron los plazos de pagos, les cerraron la única sucursal bancaria, que todos los jóvenes se fueron allende al Bravo y demás cosas que les pasan. Pero de una cosa si estoy convencido, de todas ellas se levantan, tal y como el río Salado que estoy seguro forma parte de ellos porque lo llevan en la sangre. Gente fuerte y venturosa, con actitud y sacrificio que saldrá adelante. Y también nosotros estamos con ellos para apoyarlos. Indudablemente, porque viva mi Anáhuac querido, la joya del Salado.

Al Anáhuac de mi corazón

11 de julio 2010

Anáhuac, Nuevo León está a 188 kilómetros al norte de Monterrey. Aunque surgió en el primer tercio del siglo XX, es una ciudad rica en historia, tradiciones, sus costumbres y su gente, así como la de sus pueblos como Colombia, Camarones, Rodríguez y algunos distritos de riego que dependen de la presa de don Martín, llamada oficialmente de Venustiano Carranza. Tierra de hombres y mujeres ilustres como Alfredo Piñeiro López, la Nena Delgado y Santiago Vara Jiménez entre otros más.

En Anáhuac me gusta caminar por su plaza, pues tiene un diámetro equivalente a un kilómetro. En la cabecera municipal sobresale la parroquia de Guadalupe y muchos edificios pertenecientes al art decó propio de la época. Indudablemente, Anáhuac es hija del maximato y en ella se quiso poner en práctica una utopía nacionalista al servicio de la patria.

Lo que actualmente es Anáhuac perteneció hasta 1933 al municipio de Lampazos y otra porción cercana a la Gloria que fue de Vallecillo. La región norte cercana al río Salado se pobló desde 1929,  pues se tenía proyectado hacer un polo de desarrollo regional al amparo del auge algodonero. Las poblaciones de entonces, Camarones y Rodríguez  habían sido establecidas en 1892 como estaciones del ferrocarril Monterrey-Nuevo Laredo. Pero no reunían los terrenos suficientes como para convertirse en nuevos centros urbanos, que apuntalaran el crecimiento económico regional basado en la agricultura.  Esto a su vez, exigió la construcción de una presa que asegurara el abasto del vital líquido para la nueva ciudad. Por ello, en 1930 se comisionó al Ing. Jorge J. Pedrero para que diseñara una nueva ciudad capaz y apropiada para el desarrollo norte del estado, pues Colombia, la congregación fronteriza nunca alcanzó las espectativas que habían pretendido durante el reyismo.

También se necesitaba de una buena infraestructura que comunicara a la nueva población tanto con Monterrey y Nuevo Laredo. El establecimiento de la nueva ciudad estaría en terrenos cercanos a Rodríguez, de esa forma se aprovecharía la estación y el paso del ferrocarril y las tomas de agua del río que atravesaba por el territorio que en Coahuila se le conoce como río Sabinas y al adentrarse en Nuevo León recibe el nombre de río Salado, seguramente a la calidad del agua que lleva.

En la época de su establecimiento, se quiso hacer de Anáhuac un centro de producción agrícola similar al de la Laguna en Coahuila, especialmente dedicado al cultivo del algodón. Esta iniciativa la encontramos en 1925 cuando surgió el Sistema Nacional de Irrigación número 4 en la región, la cual estaba integrada por ingenieros, topógrafos y agrimensores que buscaron un lugar idóneo para iniciar la construcción de una presa en territorio perteneciente al municipio de Juárez, Coahuila, sobre la margen del río Salado el 1 de febrero de 1927 contando con la presencia del general Plutarco Elías Calles en representación del entonces presidente Pascual Ortiz Rubio.

El 6 de octubre de 1930 fue inaugurada formalmente la presa que recibió el nombre oficial de Venustiano Carranza. Ya con la presa, se repartieron los distritos de riego y se abrieron los canales y  sistemas de suministro de agua para el nuevo centro agropecuario del norte de  Nuevo León. La nueva ciudad sería destinada para dar residencia a los habitantes que habían obtenido beneficios de tierras para sembrar y de aguas en el distrito de riego, así como de campesinos que se presentaron dando sus servicios como peones, labriegos y jornaleros. La traza urbana en lugar de la forma típica de domero de ajedrez, sería con calles en circunvalaciones, de manera que todas las calles llegaran hasta la plaza principal también de forma circular. Hay que señalar que Delicias, Chihuahua también tiene un trazo similar que le atribuyen un supuesto origen francés.

Pero también fue pensada como una ciudad sin Dios, pues se designaron solares para el palacio municipal, un teatro y otros negocios de importancia, pero no se eligió un terreno para el templo parroquial. De ahí que el templo parroquial dedicado a nuestra Señora de Guadalupe no tenga su fachada rumbo a la plaza.

Ya para fines de 1932 se levantaron las primeras cosechas de algodón, llamado entonces oro blanco y se integró una red de agua potable para la nueva población, situada entre Lampazos y de Nuevo Laredo. En las tareas agrícolas participaron habitantes de los poblados de Rodríguez, Camarón y el Nogal. Los primeros pobladores que llegaron a Anáhuac, eran vecinos de municipios de Nuevo León procedentes de la zona citrícola, de algunos puntos de Zacatecas, San Luis Potosí y Tamaulipas, así como de mexicanos que habían regresado a nuestro país.

Siendo presidente de la república el general Abelardo Rodríguez, se declaró el establecimiento de la nueva ciudad, a través de un decreto oficial de la Comisión Nacional de Irrigación, con fecha del 5 de mayo de 1933. Para ello eligieron el bello nombre de Anáhuac, que en lengua náhuatl significa “lugar cerca del agua”. Y el pueblo pronto creció, a tal grado que  siendo presidente de la república el general Lázaro Cárdenas, estuvo en Anáhuac en 1934 para repartir tierras a campesinos y obreros para establecerlos en una colonia.

La región prontó cobró fama de prosperidad y riqueza. Por lo que gracias a un decreto del entonces gobernador de Nuevo León, don Pablo Quiroga Treviño y de la legislatura local, con fecha del 29 de mayo de 1935, se creó una nueva municipalidad quedando bajo su jurisdicción un territorio de casi 4 mil 500 kilómetros cuadrados.

El 1 de enero de 1937 eligió a su primer cabildo y en 1978 le fue incorporada la congregación de Colombia, cuyo origen está en aquel sueño reyista para que Nuevo León tuviera límites con Texas y por ende, en 1983, fue declarado municipio fronterizo de nuestra entidad, que se cumplió cabalmente cuando en 1991 el entonces presidente el Lic. Carlos Salinas de Gortari inauguró el Puente Solidaridad que une a Colombia con Dolores, Texas. Paradójicamente la vía carretera se hizo a partir de la década de los 50 gracias a los esfuerzos del industrial don Miguel Villarreal que estuvo pendiente de que se construyera un puente en Colombia.

Lamentablemente el sueño del oro blanco terminó al poco tiempo y la ciudad de Anáhuac se convirtió en un punto fronterizo que batallaba para subsistir, en donde se dedicaban preferentemente a la agricultura y a la ganadería. Muchos de sus habitantes se aventuraron en la búsqueda del sueño americano y otro tanto labora preferentemente en Nuevo Laredo y otros lugares de Coahuila como Sabinas, Monclova o Piedras Negras. Con tantos problemas, pero con categoría de ciudad se abrió paso como la región fronteriza de Nuevo León, que dependía mucho del sistema de riego de la presa don Martín y de la Laguna de Salinillas, las que por cierto, nunca llegaron a estar al límite de su capacidad de retención de agua.

Hasta ahora que las lluvias de la tormenta tropical Alex dejaron inundada la zona norte de Coahuila y obligó a que las compuertas de la presa donMartín se abrieran para evitar que se colapsara la estructura. De todas maneras, esa decisión haría que las aguas del río Salado se salieran de su cauce e inundara tanto a Anáhuac como a Rodríguez y otros puntos río abajo, como la Gloria y San Rafael de las Tortillas en Guerrero, Tamaulipas. El río Salado es afluente del río Bravo al cual tributa fidelidad en su desembocadura en la presa Falcón, en donde ya había inundado en 1952 a la antigua Revilla, después conocida como Ciudad Guerrero, concluyendo las obras de la presa diez años después. Desde entonces conocemos a ese lugar enigmático como Guerrero Viejo.

Ciertamente que las presas han hecho la vida más llevadera en esos lugares en donde predominan los paisajes del desierto chihuahuense. Las antiguas civilizaciones como la egipcia, la china y la asirio caldea, florecieron al amparo de los ríos. Por ejemplo a la egipcia, la conocen como la del “don del Nilo”. Esto exigió el conocimiento de ciclos de lluvias y desbordamientos, además de técnicas hidráulicas. Con el correr del tiempo, se recurrió a la construcción de presas para asegurar la existencia del vital líquido. Desgraciadamente la falta de mantenimiento, su poca previsión y planeación al construir y al pensar de que nunca se iba a llenar, trajo como consecuencia de que Anáhuac ahora esté inundada y los tramos de la carretera Monterrey-Nuevo Laredo en el lugar conocido como la Gloria parezcan lagunas intransitables.

Me da tristeza saber que mis hermanos queridos de Anáhuac estarán casi un mes fuera de sus casas viviendo a la intemperie. Debe ser horrible dejar el hogar en donde uno tiene al corazón y a los suyos. Y a mi me hace sentir la pena de ellos, porque hay una parte de mi corazón en Anáhuac. Por eso los apoyo decididamente y rezaré para que pronto regresen a sus casas. Ah, me olvidaba decirles que en otras partes del mundo, las presas ya no se recomiendan, pues dicen que en lugar de beneficios traen problemas. Habrá que analizarlo detenidamente.

El río Santa Catarina

26 de agosto de 2009

Existe la creencia popular que para predecir las lluvias en Monterrey, hay que ver como los negros nubarrones se ponen encima del cerro de la Silla pareciendo grandes humaredas. O incluso los antiguos decían un refrán: “cuando el cerro de la Silla sombrilla y el de las Mitras sombrero, seguro aguacero”. Y cuando estaba el aguacero y los truenos muy fuertes, las viejitas rezaban: “Santa Bárbara doncea, que en el cielo fuiste estrea, líbranos de la centea”.

Lo cierto es que éste jueves 27 de agosto se cumplirán 100 años de una de las inundaciones que ha sufrido nuestra zona metropolitana y los municipios situados en la cuenca del río San Juan que abarca a los ríos Pesquería, Salinas, Santa Catarina y Ramos. Como preámbulo de la tragedia, el 10 de agosto de 1909, se habían dado una fuertes lluvias que también habían causado destrozos a Monterrey y a sus municipios aledaños. La población apenas se estaba recuperando cuando el día 27 de agosto, se dejaron sentir fuertes ventarrones que venían por el cañón del Huajuco.

Se dice que la inundación de 1909 es la más terrible de todas, pues proporcionalmente hubo más pérdidas humanas y materiales. Hace 100 años, Monterrey contaba con 80 mil habitantes y el estado de Nuevo León sumaba 300 mil personas. De acuerdo a testigos de la época, se decía que las causas de gran inundación de 1909 eran dos: la situación de Monterrey en un valle rodeado de montañas y su posición con respecto a la entrada a la Sierra Madre conocida como la Boca del Potrero de Santa Catarina, conocida actualmente como el cañón de la Huasteca y porque el río Santa Catarina recoge el agua que cae en 32 cañones.

Precisamente el río que más ha expuesto a constantes peligros de inundación, es el río Santa Catarina. Este nace en plena Sierra Madre Oriental, en la llamada Sierra de San José, cerca del Tarillal en Santiago, Nuevo León, a 2,369 metros sobre el nivel del mar. El río luego se interna a Santa Catarina por el cañón de San Cristóbal. De ahí hasta la boca del potrero que ahora llaman de la Huasteca, el río recoge las aguas de 32 cañones que a su vez reciben los torrentes de las lluvias que se dan en Santiago y Santa Catarina, de la Mesa del Norte y de las sierras de Arteaga, Saltillo y Ramos Arizpe, Coahuila.

El río Santa Catarina corre primero de sur a norte y luego de sureste a noroeste, atravesando un cañón largo y angosto entre las estribaciones de la llamada Sierra del Toro o Taray y de algunos poblados de Santa Catarina como San Cristóbal, El Marrubial, Tinajas, El Alto, los García, Buenos Aires, Nogales y los Horcones para luego salir ya engrandecido por el Cañón de Santa Catarina.
Luego se desliza por desfiladeros de la sierra de Anáhuac ya en terrenos de Santa Catarina y luego de San Pedro. En donde estaban los antiguos molinos Jesús María, se nutre con las venidas del agua que conduce el arroyo del Obispo, que caen en la sierra de las Mitras. Se interna a Monterrey por la antigua comunidad de San Jerónimo y sigue atravesando a los municipios de Monterrey, Guadalupe y Juárez; hasta que en Cadereyta se junta como tributario del río San Juan para después desembocar en el río Bravo.

Las aguas que lleva regularmente el río Santa Catarina se deben a los escurrimientos de agua de los pantanos subterráneos, ya sea de los deshielos de la sierra de Arteaga y de Saltillo, de la humedad que captan los distintos ecosistemas y de mantos freáticos que hacen brotar manantiales que alimentan al río y como les decía al principio, porque recoge la lluvia de 32 cañones o accesos de cadenas montañosas que componen a la parte serrana que pertenece a Santa Catarina. Esos cañones reciben los nombres del Pajonal, la Mielera, Santa Juliana, Sandías, Salazar, San Pablo, Escaleras, Cortinas entre otros más.

Ahora, ¿porqué su cauce es seco regularmente en todo el año? Por que los servicios de Agua y Drenaje de Monterrey mantienen poco menos de 30 pozos de agua con una profundidad fluctuante entre los 80 y 114 metros, de los cuales se saca el vital líquido para el consumo humano e incluso industrial de García, Santa Catarina, San Pedro Garza García y parte de Monterrey.

También hay una respuesta que tiene que ver con la leyenda relacionada con la Virgen de la Purísima, cuando dicen que llovió 40 días en 1757 y Antonia Teresa, la zapatera tlaxcalteca, llevó a la imagen de la virgen Chiquita y con ella tocó las aguas embravecidas del río Santa Catarina, desde entonces, dicen que su caudal se oculta en el lugar conocido como Morteros y que resurge en San Jerónimo.

La distancia existente que va de la entrada del cañón de Santa Catarina hasta la calle Juárez de Monterrey, son de 14.5 kilómetros en línea recta. Por tener un cauce sinuoso, el río baja en una pendiente promedio de 10 metros por kilómetro, haciendo que su cauce se vuelva más peligroso, incluso que la de los llamados rápidos de las cataratas del Niágara.

El río Santa Catarina, hizo posible el establecimiento de Monterrey y su zona metropolitana y generó un sistema económico basado en la agricultura, la ganadería y la minería. En la época colonial, la llamada hacienda de Santa Catalina fue una de las más prósperas e importantes del Nuevo Reino de León. En documentos coloniales aparece como “la mejor de todas las haciendas desde Zacatecas a estas partes”. Y todo porque contaba con agua suficiente del Río Santa Catarina. Durante la época colonial irrigaba las labores agrícolas de los municipios que ya les mencioné.
En el siglo XIX, con su fuerza alimentó las antiguas industrias de los molinos Jesús María, la Fama, la Leona, el Blanqueo y la Sombrerería Universal, iniciando así la industrialización de la zona metropolitana. Ya en el siglo XX apoyó las labores de minería y de ganadería, luego los procesos de industrialización e hizo posible que se abastecieran del vital líquido lugares como García, Santa Catarina, San Pedro Garza García, Monterrey, Guadalupe, Juárez y Cadereyta.

Así como el río Santa Catarina ha dado vida y desarrollo a la zona metropolitana, también ha dado destrucción. Se tienen referencias de que Monterrey ha sufrido al menos 15 inundaciones.
La primera inundación que tenemos referencia, gracias a los registros históricos, es la de 1611 y otra en 1612. La primera destruyó la original ciudad de Monterrey que estaba cercana a los ojos de agua de Santa Lucía. Eso hizo que se trazara otra población en donde actualmente está la plaza Zaragoza. El cronista Alonso de León supo por testigos que la mitad de las casas quedó destruida.
En septiembre de 1636 se repitió una inundación, Alonso de León se refiere a ella tan destructiva que: “parece se abrieron las cataratas del cielo y rompieron las fuentes del abismo de las sierras, según las bocas por ellas reventaron… llevándose las arboledas de sus riveras, desgajándose de sus sierras las peñas, causando pavor y miedo, derribó todas las casas de Monterrey y las iglesias, dejándolo hecho un desierto”.

Por crónicas de la época se sabe que los ríos La Silla, Santa Catarina y Pesquería se desbordaron provocando muchas desgracias. Seis años después, en 1642 y 1648, después de unas fuertes lluvias, el río Santa Catarina volvió a salirse de su cauce y se repitieron en 1716, 1752, 1756, 1775, 1782.

Ya en el siglo XIX, en 1810 y en 1881 el río Santa Catarina recuperó incontenible su cauce, causando destrozos de gran consideración. Y las fuertes lluvias que provocaron las inundaciones en 1909. Las más recordadas por sus efectos destructivos, pues se calcula que murieron cerca de 5 mil personas y muchos municipios quedaron prácticamente barridos, como General Bravo, Los Aldamas, los Rayones, Santa Catarina, Monterrey y especialmente el popular barrio de San Luisito, actualmente la colonia Independencia.

Precisamente en ese año, las aguas embravecidas del Río Santa Catarina se llevaron todo lo que encontraron a su paso, se dice que eral tal la desolación, la destrucción y la tristeza imperante, que su testimonios pueden verse en el libro El río fiera, bramaba de Osvaldo Sánchez y Alfonso Zaragoza que publicó el AGENL en 1989 y otro publicado por don Humberto Buentello Chapa. También en el año de 1910 llovió fuertemente en la región.

Las aguas del Santa Catarina también hicieron de las suyas el 28 de agosto de 1938, cuando las lluvias se presentaron todo el día y el nivel del agua subió hasta un metro incluso en los lugares más altos de Monterrey. En el mes de septiembre de 1967 el huracán Beulah trajo también inundaciones sobre la ciudad y en 1978 copiosas lluvias inundaron el cauce del río.

Hace 21 años la del Huracán Gilberto, que convertido en tormenta tropical, dejó sentir su fuerza entre el 15 y 16 de septiembre de 1988 cuando vació su furia en un gigante que estaba dormido.
Aparentemente cada 20 o 30 años, el río Santa Catarina provoca inundaciones en Monterrey y sus municipios aledaños. La memoria y el temor a ellas, hacen que nuestros gobernantes realicen obras para evitar más problemas. Por ejemplo, siendo gobernador Ignacio Morones Prieto se iniciaron la obras de canalización del río en 1953 y con Fernando Canales Clariond se inició la construcción de la llamada cortina rompepicos.

A mi juicio, seguimos expuestos a inundaciones pues toda la zona metropolitana está en cañadas y pasos naturales de arroyos que hemos urbanizado. Es incongruente que mientras en otras partes del mundo se paguen cantidades de dinero por limpiar los ríos, aquí se empeñan en llenarlos de canchas, juegos y otras cosas que no vienen al caso. La cortina cuando mucho, recogerá la lluvia de algunos 20 cañones de la sierra, dejando a otro tanto sin control alguno. Además no entendemos los ciclos que nos anuncian que debemos tener cuidado de las lluvias y de las inundaciones, pues todavía no tenemos la necesaria infraestructura hidráulica que evite tantos destrozos.
Tenemos ciclos que nos recuerdan que entre 20 y 30, el río Santa Catarina reencuentra su vocación de río. Aunque lo veamos seco e inofensivo, es un gigante que además de vida, ha traído muerte y destrucción.

FUENTE: El club del éxito. <http://clubdelexito.foroactivo.com/historia-f38/el-rio-santa-catarina-por-antonio-guerrero-aguilar-cronista-de-la-ciudad-de-santa-catarina-t972.htm&gt;

Video sobre el impacto del huracán Alex en Monterrey, 1-2 de julio 2010.

Fuente: Realidadexpuesta. Huracán Alex deja destrozos en Monterrey: ‘desaparecen’ tramos de avenidas principales. En Youtube:

<http://www.youtube.com/watch?v=EOE5jxTQIUE&gt;


Reflexiones en torno al centenario de la Revolución Mexicana

Centenario

Carlos Fuentes

Reforma , México D.F., 22 de noviembre de 2010 Pág. 23A.

México conmemora hoy los cien años de una revolución iniciada en 1910 y por eso anterior a las revoluciones siguientes en Europa, Asia, África y la propia América Latina.

La Revolución Mexicana arranca el 20 de noviembre de 1910, contra una dictadura personal, la de Porfirio Díaz, de treinta años de duración y revive, por un momento, a todas las fuerzas críticas, descontentas, anhelantes del país ignorado por la dictadura, encabezadas por el llamado Apóstol de la Revolución, Francisco Madero.

La Revolución pone en movimiento a un país aislado. A unirlo, a reconocerlo, vienen:

Del Sur Emiliano Zapata, el jefe campesino, reclamando «Tierra y Libertad».

Del Norte, Pancho Villa, «el centauro», liberando pueblo tras pueblo del latifundio y el agio.

De Sonora Álvaro Obregón, un general que trae en la mochila las esperanzas aplazadas de una clase media naciente.

De Coahuila el patriarca Venustiano Carranza, con el propósito de poner las leyes por encima de las armas, como lo logra la Constitución de febrero de 1917.

Todos unidos contra el anciano dictador Porfirio Díaz, primero, en seguida contra el usurpador, Victoriano Huerta, asesino de Madero, en 1913.

Unidos todos contra la dictadura, vencida la dictadura, todos se separan por lo que el joven tribuno de la Revolución Francesa, St. Just, llamó «la fuerza de las cosas», «La force des choses» que nos lleva, añadió St. Just -un adolescente con aureola fúnebre, según Michelet- que nos lleva, acaso, a resultados que no habíamos imaginado.

Obregón y Carranza contra Villa, Carranza contra Zapata; Obregón contra Carranza. La fuerza de las cosas separa, enfrenta, da poder y lo arrebata, derrama sangre y trastorna sociedades. Asciende toda una nueva clase, como se decía antes, «emanada de la Revolución».

Se otorgan leyes para los trabajadores, reforma agraria para los campesinos, oportunidades nuevas para la clase media.

La Revolución educa: José Vasconcelos, ministro del Presidente Obregón, encuentra un país con ochenta por ciento de iletrados. Manda maestros al campo. Muchos profesores son asesinados por los terratenientes o regresan sin nariz, sin orejas, atrozmente mutilados.

Al mismo tiempo, Vasconcelos entrega los muros públicos a los artistas; edita libros y publica a los clásicos.

-¿Homero para un país de analfabetas? -se le critica-.

-Sí. -Contesta Vasconcelos- para el día en que aprendan a leer y escribir.

La Revolución reparte la tierra: se acaba el latifundio, renace el ejido comunal, se apoya la pequeña propiedad: sólo Lázaro Cárdenas, entre 1936 y 1940 reparte 18 millones de hectáreas entre los campesinos.

La Revolución industrializa a México. La nacionalización del petróleo por Cárdenas en 1938 impulsa el crecimiento industrial.

La Revolución pacífica a México. Entre 1936 y 1950, los últimos caciques desaparecen, secuestrados por la nueva urdimbre institucional.

La Revolución da lugar a una clase media postergada por la dictadura de Díaz y alentada, ahora, por la educación, la reforma de la tierra, las nuevas industrias.

La Revolución abre las puertas a una nueva burguesía industrial, financiera y política que asume el mando de un país de oportunidades abiertas pero de votos cerrados.

El partido de la Revolución, el Partido Revolucionario Institucional, ejerce el poder continuamente durante setenta años.

Es tolerado porque es una institución nacida de la Revolución y las revoluciones se legitiman a sí mismas. Es desafiado por otros partidos, otros movimientos -religiosos, de derecha, el Partido Acción Nacional; de izquierda, el Partido Comunista. Nadie tiene la legitimación, el origen temprano, la obra renovadora de la Revolución en el poder: la Revolución sin democracia.

Una revolución crítica y criticada, sin duda.

Desde el centro mismo de la lucha, en 1915, Mariano Azuela publica la novela Los de Abajo, un desencantado lamento por la Revolución que, como una piedra arrojada al vacío, ya nada la detiene.

Martín Luis Guzmán escribe, apenas bajado del caballo, Las memorias de Pancho Villa y montado en el corcel del exilio, La sombra del caudillo, prosa límpida para los hechos más oscuros de la política.

Pero es la política misma de la Revolución la que le entrega las paredes públicas a quienes critican a los gobiernos que encargan las obras: Diego Rivera pinta un estado de colisión y engaño, Orozco a la justicia como prostituta carcajeante.

Hay, sin embargo, líderes encarcelados, sindicatos amordazados, prensa manipulada, favores dados, gratitudes demostradas. Pero la Revolución, por ser revolución, mantiene su legitimidad, sus logros, su perfil de independencia internacional frente al vecino norteamericano, refugio de republicanos españoles y luego de exilados sudamericanos, y aun de víctimas del macartismo.

Y un día la legitimidad revolucionaria se perdió.

Ese día, el 2 de octubre de 1968, el gobierno atacó una manifestación pacífica de estudiantes, mató a jóvenes mexicanos que estaban en Tlatelolco porque se habían educado en las escuelas de la Revolución y allí aprendieron los valores de la tierra y el trabajo, del esfuerzo social y de la primacía de la ley, los valores de la democracia que ahora, al manifestarlos, recibían la respuesta de la muerte.

Hago hincapié en los eventos de 1968 porque en ese momento los gobiernos de México perdieron su legitimidad revolucionaria, intentaron recuperarla de modos diversos, no lo lograron y en 1999, agotada la épica de la Revolución, se inició la saga de la democracia. En gran medida por su fuerza acumulada, en parte por la inteligencia del último presidente priísta, Ernesto Zedillo, la oposición de derecha llegó al poder. La oposición de izquierda se reorganizó. El partido en el poder perdió el poder pero todos obtuvieron representación en el Congreso, en la prensa, en las gubernaturas de los estados, en la opinión y en la manifestación. Pero hubo una trágica coincidencia: la democracia plena se estableció en México al mismo tiempo que el crimen organizado se extendió por una parte del país.

El narcotráfico, condenable en sí, duplica su peligrosidad porque opera en un país, México, cuya juventud, la mitad de nuestros habitantes, no rebasa los treinta años de edad. Son seducibles. El camino fácil tienta más que el difícil. La pobreza aumenta a las organizaciones criminales.

Por eso hoy, recordando la Revolución del pasado, es importante que respondamos con la revolución del presente.

No una revolución armada, como la de 1910-1921, sino una revolución política, ciudadana, exigente en el cumplimiento de la aplazada Agenda Nacional y que implica abandonar la comodidad de nuestros rubros de ingresos en crisis -turismo, petróleo, trabajo migratorio- por la exigencia de crear trabajo en México y de crearlo renovando infraestructuras envejecidas, puentes y carreteras, puertas y hospitales y escuelas, guarderías y comunicaciones, y renovación urbana.

Respuesta creativa, salto adelantado, suma de esfuerzos, rescate y horizonte para la juventud trabajadora.

¿Hay manera más cierta, más creativa, más responsable, de conmemorar nuestro pasado como garantía de nuestro porvenir?

Cien años.

Jaime Sánchez Susarrey.

El Norte, Monterrey, N.L., 20 de noviembre de 2010. Pág. 10A.

1. El porfiriato no fue el páramo de la dictadura. Porfirio Díaz practicó una especie de bonapartismo. Se situó por encima de conservadores y liberales. Fue su estrategia para conjurar el riesgo de guerra civil. Los 30 años de estabilidad conllevaron progreso económico y social. ¿Habría sido posible otra vía? ¿Era viable la victoria definitiva de los liberales sobre los conservadores y el desarrollo de un mercado nacional, tal como proponía Juárez en los tratados McLane-Ocampo? Tal vez. Pero no fue el caso. El hecho es que el Estado nacional se consolidó durante y bajo el porfiriato.

2. Francisco I. Madero derrocó al antiguo régimen a medias. Porfirio Díaz se fue por su propio pie sin ofrecer mayor resistencia. Aplicó al revés la máxima imaginaria de Fidel Velázquez: a balazos llegamos y sólo a balazos nos iremos. No hubo, en consecuencia, grandes batallas ni derramamiento de sangre. La caída de Madero inició con la rebelión zapatista apenas dos semanas después de su toma de posesión. Victoriano Huerta completó la tarea 13 meses más tarde. La consigna del sufragio efectivo quedó, a partir de 1913, archivada por más de siete décadas.

3. El Constituyente de 1917 no dio un paso adelante. La Constitución de 1857 es más sobria, breve y liberal. La de 1917 es barroca y confusa. El artículo 27 constitucional -considerado la joya de la corona- es premoderno. Erige una entelequia, «la nación», en el propietario original de las tierras y las aguas por encima del individuo y sus derechos. Molina Enríquez tomó esa idea del derecho colonial que reconocía al rey como el propietario original de tierras y aguas de la Nueva España. Fue un retroceso. Detrás de esa entelequia está la realidad real que no virtual, es decir, la clase política y la burocracia rigiendo vidas y haciendas.

4. No hay continuidad entre la Independencia (1821), las Leyes de Reforma y la Revolución de 1910. La Independencia la consumaron los criollos y proclamaron la religión católica como la única y universal sin tolerancia de otras. Las Leyes de Reforma establecieron la separación definitiva Estado-Iglesia a contracorriente de ese «nuevo orden» y garantizaron la libertad de cultos. La Constitución del 17 es una amalgama de principios liberales, tesis premodernas -colectivistas- y un recetario de promesas, que van desde el derecho a la vivienda hasta el derecho a la felicidad absoluta.

5. Jamás hubo un movimiento revolucionario único. Madero, Zapata, Villa y Carranza no son expresiones diversas de un pueblo en movimiento. Por eso sus tensiones y contradicciones se resolvieron por las armas. Tampoco existe una continuidad entre Calles y Cárdenas. El primero tenía una visión individualista, próxima al liberalismo. El segundo organizó y fundó el presidencialismo y el corporativismo. La cohesión del priato a lo largo de siete décadas fue consecuencia del pragmatismo. El PRI no era un partido en el poder, sino el partido del poder. Así nació «la familia revolucionaria».

6. Frente al discurso del poder no hubo una alternativa liberal. El mejor ejemplo lo constituye José Vasconcelos. Su admiración por Franco y Hitler, así como su integrismo católico, odio por los liberales y todo lo que oliera a Estados Unidos están más que documentados. Ese temple conservador está, con diversos matices, en Acción Nacional.

7. Tal vez por eso el PAN ha sido incapaz de crear una crónica alternativa de la historia nacional. ¿Qué es lo que reivindicaría? ¿El imperio de Iturbide y la proclamación de la fe católica como la única universal y verdadera? ¿El antijuarismo que se opuso a la desamortización de los bienes de la Iglesia, al registro civil de matrimonios y defunciones y a la libertad de cultos? ¿La simpatía por el franquismo para contener el avance de los republicanos ateos y los rojos comecuras?

8. La izquierda está atrapada en su laberinto de nostalgia y negación. López Obrador encarna perfectamente esa añoranza. Las fechas de referencia no son los años 30, sino los 70. El estatismo populista de Echeverría y López Portillo. Se trata, en sentido estricto, de un programa conservador y reaccionario. Del otro lado están las corrientes «socialistas» que no se encuentran a sí mismas o que son incapaces de liberarse del yugo pejista.

9. Los priistas, por su cuenta, padecen una esquizofrenia severa. Su mejor aporte a la entrada de México al siglo 21 fueron las reformas de Miguel de la Madrid, Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo. Transitamos, así, de un sistema autoritario, proteccionista y estatista a un régimen plural y de libre competencia. No hubo sangre ni rompimiento. ¿Falta mucho por hacer? Sin duda. Pero es imposible negar los avances. ¿Cómo explicar, entonces, que los mismos priistas descalifiquen a De la Madrid, Salinas y Zedillo como demonios neoliberales y se hayan convertido en el principal obstáculo para completar la agenda de reformas pendientes?

10. La tragicomedia mexicana está en que ni la derecha (de tinte católico autoritario) ni la izquierda (marxista-revolucionaria o amlista nostálgica) ni el priismo (nacionalista revolucionario) tienen un temple liberal. Los mejores y más lamentables ejemplos están a la vista. La contrarreforma electoral de 2007 es uno. La mimetización de panistas y perredistas con prácticas, usos y costumbres priistas es otro.

Cien años. La familia revolucionaria ha muerto. Ahora estamos ante una sociedad anónima que rigen los tres principales accionistas. El poder del prianprd se expande lo mismo a Pemex que al IFE. Pese a las diferencias y contradicciones, son todos para uno y uno para todos.

Cien años.

Carmen Aristegui F.

El Norte, Monterrey, N.L., 19 de noviembre de 2010. Pág. 9A.

Mañana México conmemora el Centenario del inicio de la Revolución. Una fecha que remueve y que llega a las fibras más sensibles de la idiosincrasia nacional. Se identifica al 20 de noviembre como la fecha en que inició el fin de un régimen dictatorial. En el Plan de San Luis, proclamado desde San Antonio, Texas, Francisco I. Madero llamaba a sus conciudadanos a tomar las armas, arrojar del poder a los usurpadores, recobrar los derechos de hombres libres y recordar a los antepasados que legaron una herencia de gloria que no se podía mancillar: «Sed como ellos fueron: invencibles en la guerra, magnánimos en la victoria. Sufragio efectivo, no reelección».

Cien años después, la justicia social y la democracia, los ejes fundamentales de los impulsos revolucionarios, siguen siendo, sin duda, asignaturas pendientes en la realidad nacional. Las varias interpretaciones sobre el verdadero alcance de la Revolución, sobre sus causas y sus consecuencias, circulan, como es natural, profusamente en estos días. Hay quien dice que ni siquiera existió. Hay quien plantea la necesaria revisión de la figura de don Porfirio, y quien pide que se permita que sus restos sean enviados a territorio nacional para que descansen «en el México que tanto amó». Tal y como lo afirma Lorenzo Meyer -quien recibió esta semana, merecidamente, la Orden Isabel la Católica que otorga el gobierno de España y se le reconocerá mañana con el Premio Daniel Cosío Villegas 2010, por su trayectoria en investigación histórica sobre el México Contemporáneo-: «Cada quien debe elegir entre la indiferencia frente al tema o adoptar la visión que más le cuadre, la que mejor le ayude a entender las circunstancias del País y las suyas propias».

Cierto es, como dice Lorenzo, que no hay -ni puede haber- una interpretación única de la Revolución Mexicana y, en general, de los hechos históricos, pero en este tema hay coincidencias básicas en las interpretaciones que permiten reconocer en la Revolución, en sus momentos, en sus caudillos y en su enorme iconografía, elementos clave de la construcción de una identidad nacional y de un elemental sentido de pertenencia entre los que habitamos esta nación.

Algunos preferirían que no fuera así. Se asocia una historia oficial sobre la Revolución, contada por décadas de cierta manera, a la permanencia de siete décadas del partido que lleva en su nombre la muy singular contradicción: Revolucionario Institucional. Tal vez por eso desde algunos ámbitos del Gobierno federal -hoy panista- se ha pretendido descafeinar a los festejos de la Revolución. Tampoco está el horno para bollos, dirán.

La implacable fuerza de los ceros no es un asunto cualquiera: 1810, 1910, 2010. Para apreciar el adelgazamiento oficial en la iconografía revolucionaria, baste recordar la chunga en la que derivó lo del Coloso del Bicentenario u observar el espectáculo montado por el Gobierno federal en el Zócalo capitalino llamado «Yo, México». En un prodigio de tecnología y de iluminación se va contando, de forma dispareja, algunos capítulos de nuestra historia nacional. A menos que quien esto escribe se haya distraído, no se ve ahí, por ningún lado, a la Revolución. Ni un Villa ni un Zapata en los muros iluminados. Mañana, como sea, conmemoraremos el inicio de una costosa e importante revolución que, sabemos, quedó inconclusa o sus causas insatisfechas.

Lo que se recuerda tiene que ver con la vertiente revolucionaria que reivindicaba el respeto al voto y a la democracia. Madero, candidato presidencial del Partido Nacional Antirreeleccionista, convocaba al levantamiento armado para derrocar al Gobierno de Porfirio Díaz y establecer en México elecciones libres y democráticas. Incorporaba también en el Plan de San Luis reivindicaciones campesinas para la restitución de tierras quitadas por los hacendados. La proclama que ahora recordamos significó el punto de partida para el surgimiento de irrupciones armadas, que derivaron en la renuncia del dictador y después en cruentas batallas conducidas por Zapata, Villa, Carranza y otros héroes revolucionarios que postulaban diferentes reivindicaciones. La Revolución costó la vida a cientos de miles de personas -un millón de muertos, reza la historia oficial-.

A la memoria de todos ellos y para reconocer a los héroes anónimos, a los caudillos y a los procesos que desataron y que, para bien y para mal, definieron los ejes del México contemporáneo, es que el Centenario de la Revolución debe ser, en serio y con amplitud, conmemorado.

La Bola

Sergio Sarmiento.

El Norte, Monterrey, N.L., 19 de noviembre de 2010. Pág. 8A.

«Igual que se abandonó el monumento, se abandonó la revolución».

Marcelo Ebrard

Durante buena parte del siglo 19, mientras crecía fuertemente la población de Estados Unidos, la de México se mantuvo estable en alrededor de 8 millones. Esto fue en buena medida consecuencia de una declinación del ingreso real per cápita de 11 por ciento entre 1820 y 1870.

El Gobierno de Porfirio Díaz que empezó en 1877 significó el primer periodo de expansión económica del México independiente. Díaz logró evitar los golpes de Estado y el bandolerismo que habían marcado la vida del País. Promovió, además, la inversión nacional y extranjera. El resultado fue una expansión económica muy importante que contrastaba con la declinación del medio siglo anterior.

La prosperidad se reflejó en el primer crecimiento demográfico de México desde la conquista. Al comenzar el Gobierno de Díaz la población del País se calculaba en 9 millones. Para 1910, según el censo de ese año, se había alcanzado una cifra de 15.2 millones. Con esto el País apenas regresaba al nivel de población que se había tenido antes de la conquista: entre 16 y 20 millones de habitantes.

Quizá el mejor indicador del gran retroceso que vivió México durante la Revolución de 1910-1920 es la contracción demográfica. El censo de 1921 registró una población de 14.3 millones de personas, 900 mil menos que en 1910, a pesar de que lógicamente hubo muchos nacimientos en esos 11 años. De esto ha surgido el dogma tantas veces repetido que la Revolución dejó un millón de muertos.

No fueron los combates los que provocaron este descenso poblacional. A pesar de su importancia política, las batallas de la Revolución fueron relativamente pequeñas. Las bajas se elevaban apenas a algunos centenares, incluso en las batallas más importantes, como las de Celaya de 1915.

La caída de la población fue una consecuencia indirecta de la guerra. Muchos murieron de hambre o enfermedades, como la influenza, que se vieron acentuadas por las condiciones económicas y sociales generadas por la Revolución. Muchos también huyeron del País y se establecieron en Estados Unidos.

Los políticos han descrito la Revolución como una gesta gloriosa que construyó una democracia y un país más próspero y más justo. Las historias que la gente del pueblo ha contado a lo largo de casi un siglo, sin embargo, han sido muy distintas. Nos han hablado más bien de una «bola» que atacaba rancherías para robar, matar y violar. La caída en la población sugiere que esta visión popular es más correcta que la de los políticos.

Hay guerras que pueden ser dolorosas, pero que al final dejan transformaciones positivas. No fue éste el caso de la Revolución Mexicana. La democracia que según algunos se logró tras la renuncia de Díaz, en mayo de 1911, concluyó en febrero de 1913 con el derrocamiento y asesinato de Francisco Madero. Tendríamos que esperar muchas décadas más, por lo menos hasta 1997, para que el país empezara a vivir en democracia.

En cuanto a la prosperidad, la Revolución destruyó antes que edificar. Hasta la fecha, el 47 por ciento de los mexicanos vive en pobreza y el 18 por ciento en la miseria. Sin duda ha habido avances desde 1910, pero éstos han sido mucho menores de los de otros países del mundo que no tuvieron una revolución.

Al recordar los 100 años del inicio de la Revolución, deberíamos reconocer que esa contienda trajo destrucción sin cumplir ninguno de sus objetivos fundamentales. No parece que haya mucho que festejar este 20 de noviembre. Más bien deberíamos aprender las lecciones generadas por el gran fracaso de la Revolución Mexicana.

Cien años no son (casi) nada

Lorenzo Meyer

ElNorte.com 18 de noviembre 2010

Dos problemas.

En dos días se cumplirán 100 años del inicio oficial de la Revolución Mexicana –en el Plan de San Luis, Francisco I. Madero señaló: «El día 20 del mes de Noviembre, de las seis de la tarde en adelante, todos los ciudadanos de la República tomarán las armas para arrojar del poder a las autoridades que actualmente la gobiernan». Por la fuerza los mexicanos deberían recuperar la condición de ciudadanos, condición anulada de tiempo atrás por el gobierno de Porfirio Díaz. Sin embargo, el inicio de esa revolución se adelantó dos días, pues justamente hoy, hace un siglo, tuvo lugar el ataque de la policía y el Ejército a la casa del maderista Aquiles Serdán y de su familia, en Puebla.

Antes de intentar una interpretación del movimiento hoy centenario, conviene dejar en claro dos cosas. Primero, nunca es posible recrear de manera cabal el pasado; todo estudio histórico es sólo una mera aproximación a lo que realmente ocurrió. Segundo, al pasado siempre lo vemos y juzgamos desde las preocupaciones del presente. Y como ese presente está en constante cambio, es imposible una interpretación única y definitiva. Toda revolución es un proceso de destrucción y construcción que afecta y beneficia a intereses que siempre tienen su contraparte en la actualidad. Así pues, siempre habrá descontentos con lo que se hizo, por qué se hizo, cómo se hizo y con sus consecuencias. Es por ello que en ninguna época puede haber una interpretación única de la Revolución Mexicana o de cualquier otra, sino varias que compiten entre sí. Cada quien debe elegir entre la indiferencia frente al tema o adoptar la visión que más le cuadre, la que mejor le ayude a entender las circunstancias del país y las suyas propias.

Muerte.

En 1966 el historiador norteamericano Stanley R. Ross editó un libro entonces polémico y titulado «Is the Mexican Revolution dead?» (Knopf) que luego se tradujo como «¿Ha muerto la Revolución Mexicana?» (SepSetentas, 1970). Ahí se recogían las evaluaciones sobre la Revolución hechas por mexicanos, de Luis Cabrera a Adolfo López Mateos y por un puñado de extranjeros. Preguntarse en los 1960 si aún tenía vigencia el movimiento iniciado en 1910 era un indicador de que si el objeto de estudio no estaba muerto, ya lo parecía. 

Ross mostró que desde los 1940, Daniel Cosío Villegas o Jesús Silva Herzog habían dado por terminado el ciclo revolucionario, pero que otros, con un interés creado en mantenerlo vivo, insistían que esa revolución aún tenía y podía dar mucho. Ejemplos de esto último eran los discursos de las campañas presidenciales de los candidatos del PRI o las posiciones de quienes sostenían que, en tanto se mantuvieran vigentes los «ideales de la Revolución» (aunque no se cumplieran) ésta seguiría viva, lo que equivalía a declarar eterno el movimiento de 1910.

A la distancia.

Varias fueron las causas que desembocaron en el violento estallido social de hace un siglo, pero hoy vale la pena sacar algunas conclusiones de sus orígenes políticos.

Las condiciones de pobreza, explotación e injusticia en que vivían los mexicanos en 1910 no eran nuevas al punto que no se les puede considerar variables, sino constantes en la explicación de lo ocurrido entonces. La situación mexicana no era única, se daba con variantes en toda Iberoamérica, pero sólo en México desembocó en una revolución.

Lo peculiar de México a inicios del siglo 20 no eran ni sus condiciones sociales ni el proceso de modernización que estaba modificando el entorno económico, social y cultural –ferrocarriles, telégrafos, fábricas, minas, bancos, plantaciones, petróleo–, sino la aparente fortaleza del régimen porfirista y del Estado liberal surgido tras la restauración de la república.

El orden político mexicano de entonces tenía como centro una alianza oligárquica donde todos los «hombres fuertes» eran leales a un Presidente que desde 1884 se reelegía por sistema. Esa oligarquía era muy pequeña, formada por nacionales como Olegario Molina, Luis Terrazas, Enrique Creel, José I. Limantour, Pablo Escandón, Ignacio de la Torre, los García Pimentel, los Martínez del Río o los Madero y por extranjeros como Iñigo Noriega, Weetman Pearson, William Green o Edward Doheny. Además del círculo del gran dinero, Díaz creo otro, el de los «científicos», encabezados por Limantour, que servían como la base intelectual y tecnocrática del régimen; ahí estaban Francisco Bulnes, Miguel y Pablo Macedo, Justo Sierra, Emilio Rabasa y otra docena de cerebros.

Esta élite del poder, en la que hay que incluir también a algunos gobernadores como Teodoro Dehesa, a obispos como Eulogio Gillow o al general Bernardo Reyes, estaba unida por la figura de «el necesario» de Porfirio Díaz. Sin embargo, ese régimen tenía al menos dos problemas: lo estrecho y cerrado de una élite que impedía la movilidad social demandada por la modernización económica y, en segundo lugar, la ausencia de un mecanismo de sucesión para cuando la decadencia física del «necesario» obligara a sustituirlo.

La chispa y el pastizal seco.

La verdadera lucha por suceder a Díaz se inició dentro del círculo porfirista y formalmente tuvo un carácter electoral. Fue el poderoso general Reyes –enemigo de los «científicos»– quien la inauguró al crear por todo el país los «clubes reyistas» para ejercer presión sobre su jefe nato, Díaz, a fin de que éste hiciera efectivo en su favor lo que ya había declarado a una publicación extranjera: que México ya estaba listo para la democracia.

Cuando Díaz se negó a dejar la Presidencia y abrir el juego sucesorio en la cúpula –y sólo en la cúpula–, Reyes abandonó su proyecto, pero muchos reyistas de clase media se negaron a desmovilizarse y volvieron sus ojos a otro miembro de la oligarquía terrateniente, más joven y más descontento con la falta de oportunidades políticas: a Francisco I. Madero. Ante la nula voluntad de Díaz de empezar el camino de una sucesión más o menos ordenada y al insistir en tener como vicepresidente a un «científico» sin brillo (Ramón Corral), quedó claro que si Díaz moría, los «científicos» tomarían el control y el círculo del poder permanecería igual.

Las consecuencias de la cerrazón y la corrupción.

La pobreza absoluta de la mayoría, la creciente desigualdad social, la injusticia institucionalizada de un crecimiento económico que beneficiaba desproporcionadamente a los muy pocos fue el entorno a donde saltaron las chispas de la disputa por el poder en la cúspide. Ese entorno hizo que la aparente ingenuidad del llamado de Madero a la rebelión para defender el sufragio pronto se expandiera en la seca geografía social mexicana y el incendio obligara a Díaz a presentar su renuncia a la Presidencia con la esperanza de que Madero y los suyos controlaran el fuego que habían iniciado para obligar a la élite del poder a desechar, por estrecho, el traje político que le había confeccionado a la nación en los 1880. Sin embargo, justo como le había ocurrido a Hidalgo un siglo atrás, la rebelión de las «clases peligrosas» –Villa, Orozco, Zapata y miles más– no siguió el guión restringido planeado por Madero y el «llano en llamas» sólo se apagó cuando el fuego se quedó sin combustible.

Lecciones Las lecciones que deja 1910 para la actualidad son al menos dos. Una debería entenderla la cerrada derecha mexicana y está bien expresada por el príncipe de Salina en el «Gatopardo» de Giuseppe Tomasi de Lampedusa: hay que saber cambiar a tiempo para que todo siga más o menos igual. La Revolución no era inevitable, pero la hizo inevitable la cerrazón de Díaz y de la oligarquía y, cuando finalmente se vieron obligados a ceder, ya era tarde y todo el país pagó su mezquindad y falta de visión.

La segunda lección es hoy para todos. La Revolución Mexicana costó, directa e indirectamente, centenares de miles de vidas, pero el proyecto que finalmente elaboró para construir el futuro –la Constitución de 1917– no fue utópico, sino realista: combinaba una razonable dosis de justicia social con democracia política y sentido del nacionalismo. Sin embargo, la dirigencia revolucionaria no estuvo a la altura del proyecto y se dejó envolver por la corrupción.

A 100 años de distancia, México ya no se ve muy diferente de los otros países de la región que no tuvieron revolución. Si Díaz y su grupo hubieran sido inteligentes y un poco generosos, ellos y México se hubieran ahorrado muchos problemas. Si los líderes revolucionarios hubieran sido congruentes con su proyecto, el país sería otro, mucho mejor, y el sacrificio de la guerra civil se hubieran justificado. No ocurrió ni lo uno ni lo otro y la Revolución murió, pero sus problemas sobreviven.

Si no hubiera muerto.

Enrique Krauze.

El Norte, Monterrey, N.L., 14 de noviembre de 2010. Pág. 8 A.

Para Nina y Lorenzo Zambrano

El Centenario de la Revolución es un buen momento para plantear la más herética de las preguntas: ¿qué habría pasado si Madero, en vez de optar por las armas, hubiese persistido en la vía pacífica? Era posible. Tras recorrer todo el País en las primeras -y últimas- giras políticas genuinamente democráticas del siglo 20, el valeroso e idealista empresario coahuilense que en 1910 cumplía 37 años de edad gozaba de una simpatía general. Había construido las mejores «redes sociales» de aquel tiempo (y aun de éste), había fundado multitud de clubes democráticos, había levantado el ánimo cívico de México. El grito del momento era «¡Viva Madero!».

Al sobrevenir el fraude electoral Díaz lo mandó arrestar en San Luis Potosí, lugar donde proclamó el Plan que contenía la fecha exacta en que estallaría la Revolución. Pero supongamos que justo en ese trance, Madero decide consolidar su movimiento democrático, y funda una institución política permanente. ¿Cuál futuro le habría aguardado, a él y al País?

Díaz difícilmente lo habría fusilado. Llevaba años de acosar y encarcelar a los opositores, pero los tiempos de «Mátalos en caliente» (la feroz represión a los lerdistas en Veracruz, en 1879) habían quedado muy atrás. A los anarquistas, por ejemplo, los había condenado al ostracismo, no al paredón. En su ocaso, en el año del Centenario, «Don Porfirio» quería la gloria y la respetabilidad y por eso genuinamente temía «desatar al tigre de la violencia» que tan bien conocía desde sus años de rebelde. Con toda probabilidad, Madero habría recobrado la libertad.

Ese desenlace ¿habría sido mejor para México? La mitología histórica tiene la respuesta automática, pero a la luz del sufrimiento que provocó la Revolución cabe repensarla al menos un poco. Nadie sugiere que el orden porfiriano debía prevalecer. El liberalismo campeaba en los órdenes en que necesitaba modificarse (el social, el económico) y faltaba en el único que reclamaba su restablecimiento inmediato (el político, el democrático, el constitucional). Esta situación era injusta, anacrónica, inadmisible, insoportable, pero ¿era preciso estallar una Revolución para transformarla?

El envejecimiento de Porfirio, el ascenso mundial de las ideologías socialistas, la pujanza incluso del catolicismo social nacido de la Encíclica Rerum Novarum de León XIII confluirían tarde o temprano en la escena pública de México para forzar reformas en los campos y las fábricas. Conviene recordar que las reivindicaciones se habían iniciado ya en tiempos porfirianos, con la nacionalización de los ferrocarriles.

Admitamos, sin embargo, que en ese escenario el País habría cambiado con excesiva lentitud. Las reformas habrían parecido insuficientes (los hacendados y latifundistas, los dueños extranjeros de las grandes corporaciones petroleras y mineras, se sentían inexpugnables). Sólo un cambio radical, es cierto, podía modificar ese estado de cosas, desagraviar a los campesinos de Morelos, restituyéndoles la tierra. Y sólo un cambio radical podía llevar a cabo una Reforma Agraria.

Pero a la luz de las 750 mil vidas que se perdieron en el decenio 1910-1920 (quizá 250 mil de manera violenta, otras por hambre o enfermedad) la inocente pregunta se sostiene: ¿no hubiese sido preferible la reforma a la revolución? Nunca sabremos cuál habría sido la respuesta de la inmensa mayoría de los mexicanos que no tomó parte en la lucha. Los «revolucionarios» no les preguntaron su opinión a los «revolucionados». Vino la Revolución y a todos los «alevantó».

Aun aceptando que el estallido de 1910 tuviese más de un elemento inevitable, el desenlace de 1913 pudo ser muy distinto. Supongamos que las cosas hubiesen ocurrido tal y como sucedieron hasta febrero de 1913, con una sola modificación: Madero no muere en la Decena Trágica. Su salvación era posible.

Si tan sólo Bernardo Reyes no hubiera caído a las puertas de Palacio. Si Lauro del Villar, el fiel comandante de la plaza, no hubiese sido herido en ese mismo lance. Si Madero se hubiera refugiado con Felipe Ángeles o le hubiese encomendado el mando de las tropas. Si hubiera hecho caso a su hermano (y a su propia madre) y hubiera maliciado al menos un poco sobre las intenciones de Huerta. Si se hubiese separado de su vicepresidente Pino Suárez, ampliando las posibilidades de supervivencia del Poder Ejecutivo. O si simplemente hubiera ganado un par de semanas, lo suficiente para que Woodrow Wilson tomara posesión y presionara diplomáticamente a los golpistas por la inmediata liberación del Presidente. Ésos y otros escenarios eran posibles.

De no haber muerto Madero aquel aciago 22 de febrero de 1913, de haberse reincorporado a la Presidencia, ¿cuál habría sido la historia inmediata de México? No es imposible imaginar que Wilson, un idealista afín, habría consentido (con reticencias) algunas medidas de reivindicación nacional sobre los derechos y la propiedad originaria del subsuelo. En el aspecto agrario, Madero había encargado ya a economistas capaces (como Carlos Díaz Dufoo) proyectos de reforma que las nuevas generaciones de agrónomos educados en Estados Unidos (como Pastor Rouaix) podían haber instrumentado. Madero había favorecido ampliamente la libertad sindical, de modo que las reformas obreras (como el futuro Artículo 123) se habrían conquistado con toda probabilidad.

¿Y los caudillos populares? Pancho Villa sentía una devoción religiosa por Madero, que lo había convertido a su causa y lo había salvado de morir fusilado por Huerta durante la Rebelión Orozquista. Villa habría seguido siendo su incondicional. Zapata era mucho más reacio, quizá irreductible, porque su agravio era más antiguo, profundo y concreto. Pero Felipe Ángeles estaba logrando la pacificación de Morelos, entendía y justificaba la querella de los pueblos contra las haciendas, y habría logrado quizá tender un puente de negociación.

En la educación pública, donde los miembros del Ateneo de la Juventud -atraídos por Justo Sierra- ocupaban ya los puestos altos de la jerarquía académica, no es difícil imaginar a José Vasconcelos convertido en Ministro, como de hecho lo fue, en 1915. Todavía más: si México hubiera llegado en paz al estallido de la Primera Guerra Mundial, habría emulado a Argentina como proveedor de productos agrícolas y ganaderos. El 1915, a no dudarlo, habría traído consigo la epidemia del tifo y el 1918 la influenza española, pero el País, mejor pertrechado y sin guerra, se habría defendido mucho mejor de las plagas bíblicas restantes que azotaron terriblemente al País: el hambre y la peste.

La historia pudo ser distinta pero no lo fue. Madero murió asesinado, junto con la democracia mexicana, que tuvo que esperar 84 años (hasta 1997) para revivir. La Revolución ocurrió y trajo consigo cambios profundísimos, muchos de ellos positivos. Uno de ellos fue el renacimiento cultural, que cuesta trabajo imaginar dentro de las rígidas pautas del porfiriato o aun bajo los auspicios tímidos de Madero. La cultura mexicana en las primeras décadas del siglo 20 fue, en gran medida, producto de ese trágico y festivo «abrazo mortal» del mexicano con «otro mexicano», del que habló Octavio Paz.

Pero nuestra circunstancia actual (la violencia que ahora nos abruma y la democracia que practicamos de manera tan imperfecta) debería movernos a repensar el pasado: tal vez un futuro distinto aguardaba a México en 1910 o mucho más en 1913: un futuro de reformas sociales y económicas construidas en el marco de una democracia de lenta pero segura maduración. En lugar de eso tuvimos diez años de muerte (muerte redentora dirían muchos, pero muerte al fin) y 70 años de un sistema político «emanado de la Revolución» que nos condenó a la adolescencia cívica y nos privó de las instituciones y costumbres propias de un moderno Estado de derecho.

La Revolución nos dio identidad y cultura, y procuró seriamente la justicia social y la educación. Pero dejó tras de sí el gusto a «hombrearse con la muerte» y un régimen antidemocrático. Ése fue su legado dual, ambiguo, incierto. Por eso -como Juárez y Martí- Madero «no debió de morir, ¡ay! de morir».

Fue Cristiada choque utópico

Abraham Vázquez

El Norte, Monterrey, N.L., 26 de agosto de 2010. Sección Vida, Pág. 11.

<http://www.elnorte.com/libre/online07/edicionimpresa/default.shtm?seccion=primera&gt;

Las grandes utopías de la Revolución Mexicana no fueron ni el zapatismo ni el cardenismo ni el callismo, sino el jacobinismo anticlerical y el catolicismo teocrático que terminaron por chocar durante la Guerra Cristera, señaló el historiador británico Alan Knight.

Considerado una autoridad en temas de la historia nacional, Knight señaló que a diferencia de la Revolución Rusa de 1917, la Mexicana careció de un pensamiento utópico sólido que la hiciera aspirar a transformar radicalmente la realidad.

Los movimientos encabezados por Emiliano Zapata, Ricardo Flores Magón o Lázaro Cárdenas persiguieron sólo reformas en las leyes.

«El utopismo jugó un papel menor en la Revolución Mexicana, a diferencia de otras revoluciones como la Francesa, la Rusa y la China», dijo ayer durante su participación en el Congreso Internacional Utopía, Espacios Alternativos y Expresiones Culturales en América Latina, organizado por el Tec.

En cambio, las utopías que estuvieron presentes en la Revolución Mexicana fueron las que encabezaron los jacobinos, quienes buscaban un Estado donde se eliminaran las supersticiones y se impusiera la razón y, por otro lado, los cristeros, que buscaban construir una nación teocrática.

El historiador británico, profesor de historia en la Universidad de Oxford, señaló que ambas posturas eran proyectos de cambio radical hacia el futuro, como se pueden entender a las maxiutopías. Ambas terminaron por colisionar en la Guerra Cristera.

En los años 30 y 40, tras su derrota y negociar con los gobiernos revolucionarios de Manuel Ávila Camacho, una facción de la comunidad cristera, encabezada por Salvador Abascal, decidió establecer la colonia María Auxiliadora en Baja California, donde intentaron poner a funcionar su proyecto.

«Saludaban con un ‘Ave María Purísima’ y tenían que responder: ‘Sin pecado concebido'», contó Knight.

El proyecto duró apenas unos años, ya que los colonos, que eran 85 familias, terminaron por ceder ante la dureza del clima.

Usos de la historia heroica.

Enrique Krauze

Reforma.com 8 de agosto de 2010

http://www.reforma.com/editoriales/nacional/569/1137124/

El culto a los héroes es tan antiguo como la humanidad. Está en los griegos y romanos, en el Renacimiento y la Ilustración. En el siglo XIX, la idea del «gran hombre» y su consiguiente representación pictórica y estatuística tomó vuelo con la representación de Napoleón. En América Latina, donde Napoleón tuvo varios imitadores, prosperó la «Historia de Bronce», género de exaltación histórica que contribuyó a la formación y consolidación de los estados y las identidades nacionales. «Mi padre decía que el catecismo ha sido reemplazado por la historia argentina», escribió Borges. La frase vale, en mayor o menor medida, para todo el continente. Las historias patrias (con sus respectivos panteones de héroes) legitimaron la construcción del nuevo orden republicano, laico y constitucional, adoptando muchas veces las formas de devoción del antiguo orden religioso que habían desplazado. Frente al cielo católico -poblado de santos-, apareció el cielo cívico -poblado de santos laicos: caudillos, libertadores, tribunos, estadistas, presidentes, rebeldes, reformistas. En el siglo XX, el «culto a la personalidad» -fanática variedad del culto a los héroes- llegó a extremos delirantes en los países totalitarios de izquierda o derecha. Y como soles inextinguibles en la noche de la Historia, aparecieron los íconos modernos y postmodernos de la teología política: los santos revolucionarios.

En México practicamos con fervor la «Historia de Bronce». Desecharla es imposible y quizá indeseable. Si bien ya no aparece con tonos exaltados en los libros de texto gratuito, la inercia de la vieja historia oficial (maniquea, solemne, unidimensional) y el prestigio mágico de la palabra «Revolución» han probado ser más fuertes que la letra impresa. Los ritos y los mitos nacen, crecen y desaparecen cuando ellos quieren, no cuando los historiadores lo dictaminan.

Así como «cada santo tiene su capillita», cada héroe tiene su callecita… su plaza, su mercado, su pueblo, su ciudad, su estado, su poema, su estampita, su altar, su canción, su estatua, su óleo, su mural, su escuela, su institución, su cantina, su parque, su paseo, su leyenda y hasta su club de futbol. Vivimos inmersos en una nomenclatura heroica. Al mismo tiempo, cumplimos religiosamente con el santoral cívico: natalicios, muertes, batallas. En el día de la patria, los viejos ritos (el grito, la fiesta, la campana, el ondear de la bandera, el desfile) han seguido y seguirán celebrándose, con variantes, como cada 16 de septiembre desde 1825. Son nuestra humilde ración de sacralidad cívica en un mundo desacralizado. No hacen daño y, hasta cierto punto, hacen bien.

Si se me permite una anécdota personal, yo mismo descubrí por esa vía el amor a la historia. De niño, en el México radiofónico de los años cincuenta, fui -y lo confieso sin rubor- un emocionado escucha de «La Hora Nacional». A las diez de la noche en punto, enmarcada por la música de Moncayo, una voz grave pronunciaba las palabras sagradas: «Soy el pueblo, me gustaría saber»; en seguida venía la anécdota histórica de la semana. Recuerdo varias: Nicolás Bravo perdona a los asesinos de Leonardo, su padre; el niño artillero rompe el sitio de Cuautla; Guillermo Prieto antepone su cuerpo al de Juárez y exclama ante el pelotón que pretendía fusilarlo: «¡Los valientes no asesinan!». Entre las narraciones de la Revolución había una que me conmovía: en medio de una lluvia de balas, el maestro de literatura Erasmo Castellanos Quinto cruzaba el Zócalo para cumplir sus deberes en la Escuela Nacional Preparatoria. Ya en la adolescencia, mi padre nos llevó a mi hermano y a mí a recorrer la Ruta de la Independencia. Fue mi bautizo en la historia.

No veo cómo el cumplir con esos rituales o memorizar algunos (idealizados) episodios nacionales pueda afectar negativamente la sensibilidad y la imaginación de un niño. Suministrados en pequeñas dosis antes de la adolescencia, pueden favorecer el cultivo de una actitud que los ideólogos suelen confundir con el nacionalismo: el patriotismo. Agresivo o defensivo, el nacionalismo presupone la afirmación de lo propio a costa de lo ajeno. Es una actitud que pertenece a la esfera del poder. El patriotismo, en cambio, es un sentimiento de filiación: pertenece a la esfera del amor. Pero una vez pasado el umbral de la infancia, plantada la semilla del amor por este país, debe sobrevenir un sano y paulatino desencanto. La duda metódica y la búsqueda de la verdad deben desplazar a la admiración sentimental. La Historia de Bronce debe someterse a una crítica severa, en varias direcciones que exploraré en futuras entregas como un pequeño antídoto frente a los posibles delirios que traiga consigo el sonoro y rugiente mes de la patria.

Bicentenario: la cuenta regresiva

Enrique Krauze

Reforma.com 25  julio de 2010

http://www.reforma.com/editoriales/nacional/567/1132713/

Este año de 2010, todos lo sabemos, tiene una doble significación: coinciden el Bicentenario del inicio de la Guerra de Independencia y el Centenario del comienzo de la Revolución. Pero en el ambiente flota una duda legítima: ¿debemos festejar, celebrar o únicamente conmemorar? Las tres son voces latinas. Festejar, la más pagana de las tres, es celebrar por todo lo alto, con vino y música, como hacían los romanos con sus Césares. Celebrar tiene en el origen una acepción religiosa, por ejemplo en la misa: es un acto más bien solemne y público de reverencia o veneración. En cambio, conmemorar supone una acción modesta, casi neutra: es el simple acto de recordación.

Hace exactamente cien años, Porfirio Díaz no tuvo necesidad de consultar el diccionario: sus partidarios conmemoraron, celebraron, festejaron, todo al mismo tiempo. México cumplía cien años, Porfirio ochenta, y en homenaje a ambas biografías entreveradas el régimen decidió echar la casa por la ventana invitando a embajadores y enviados plenipotenciarios de más de una veintena de países para dar cuenta del progreso, el orden y la paz alcanzados por un país que, durante la primera mitad del siglo XIX, había sido el penoso teatro de pronunciamientos, guerras y revoluciones. En septiembre de 1910, la ciudad capital y las de provincia fueron escenario ininterrumpido de discursos, develaciones, comidas, inauguraciones de obras públicas, desfiles, veladas, conferencias, conciertos, congresos, concursos. Nadie faltó a la cita: España devolvió las prendas de Morelos; China y el Imperio Turco Otomano regalaron relojes que milagrosamente se preservan; Alemania develó una estatua de Humboldt, y el enviado de Estados Unidos celebró en Díaz al «héroe de la Paz». Se vivía la Belle Époque. Fue la apoteosis.

Sabemos lo que pasó poco después. Los fuegos de artificio de las Fiestas del Centenario dieron paso a los fuegos de metralla de la Revolución Mexicana, fuegos que no se apagaron definitivamente sino hasta veinte años más tarde. Ha transcurrido un siglo. Nuestro tiempo tiene algunos aspectos positivos pero nadie se atrevería a calificarlo como una Belle Époque. Y es tal el cúmulo de problemas antiguos y nuevos (la pobreza, la desigualdad, la criminalidad, el tráfico de drogas, el deterioro ambiental) que celebrar o festejar se antoja casi inmoral. En su fatalismo, algunos en México han esperado que en 2010 ocurra -como cada cien años- una nueva revolución. Seguramente no ocurrirá. La historia no obedece a ningún libreto.

Pero el hecho es claro: no hay apoteosis posible en 2010. ¿Debemos lamentarlo? Por el contrario. Hemos perdido la unanimidad pero hemos ganado la pluralidad, y la pluralidad es más propia de la democracia. Por eso no habrá un solo Bicentenario: habrá muchos Bicentenarios.

En el marco de esa pluralidad, el Gobierno Federal tiene la enorme responsabilidad de encontrar (¡a estas alturas!) el perfil y el tono adecuados para las fiestas que organice. La comunicación hasta ahora ha sido desastrosa. Si bien se han tomado iniciativas meritorias que la crítica interesada nunca reconocerá (varias exposiciones, programas audiovisuales, reparto masivo de libros, digitalización de obras importantes, acopio de «historias de familia», etc.), aun éstas se han comunicado muy mal. Y al mismo tiempo se ha incurrido en torpezas, fruto de la impreparación y la improvisación. Un error que me parece evidente es el contenido general de varios instrumentos de divulgación histórica (cursos, cápsulas, carteles, etc…). Confunden la biografía con el culto trillado, sentimental y anecdótico de «los héroes». No concuerdan siquiera con los libros de texto actuales. Y tampoco concuerdan con el sentido del lema que invita a conmemorar lo construido en dos siglos, no sólo lo acontecido en dos fechas.

Desde 2007 sugerí que la conmemoración se dividiera en dos: obras perdurables en torno a la Independencia, discusiones abiertas y plurales en torno a la Revolución. «Discutamos México» ha logrado lo segundo. Pero no veo (y creo que el público tampoco ve) dónde está la obra que va a quedar para las generaciones. Es necesario que el gobierno explique, sobre todo en la radio y la televisión, lo que se ha hecho, lo que se hará y dejará de hacer. Y abrirse a la crítica. Exactamente lo mismo cabe pedirle al Gobierno del D.F., a los gobiernos de los estados y a las instituciones académicas.

Más allá de las obras y las discusiones (que deberían ser lo central), persiste la duda: ¿festejar, celebrar, conmemorar? Yo me inclino por el justo medio: celebrar, sí, pero con medida. Los carros alegóricos son una tradición, serán muy vistosos y aplaudidos. Y varios espectáculos que han probado su eficacia merecen también formar parte de los festejos del 15 y 16. Pero sería un error tirar la casa por la ventana en montajes muy costosos que durarán dos días, más aún si tienen como escenario único la capital.

Con esas salvedades, las cosas, a fin de cuentas, pueden salir razonablemente bien. A pesar del desánimo nacional, tendremos una oferta plural de visiones de la historia, guardaremos alguna obra perdurable, daremos una vez más el Grito, veremos el desfile y por un momento fugaz sabremos lo que significa ese valor tan escaso y tan preciado en estos tiempos: la fraternidad.

Historia con aerosol

Enrique Krauze

Reforma.com, 4 de octubre de 2009.

<http://www.reforma.com/editoriales/nacional/521/1040453/default.shtm&gt;

Han comenzado a escucharse las voces agoreras del 2010. La historia mexicana -dicen- siempre llega puntual a su cita con la violencia. De ser así, 2010 no será sólo el año del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución sino el comienzo de una nueva conflagración. «Nos vemos en el 2010», advierten algunos grafiteros. En semanas recientes hemos sido testigos de diversos petardazos en la capital del país y otras ciudades del interior. Una de las explosiones se la adjudicó, a través de su página web, la «Alianza Subversiva por la Liberación de la Tierra, Animal y Humana». La revista Proceso entrevistó a Jorge Lofredo, director del Centro de Documentación de los Movimientos Armados, que explica: «Algunos grupos llevan incluso nombres de anarquistas famosos, como ocurre con las Células Autónomas de Revolución Inmediata Praxedis G. Guerrero, bautizadas así en honor a ese anarquista opuesto al porfiriato, vinculado a los Flores Magón y muerto durante una de las primeras acciones armadas de la Revolución Mexicana».

La filiación de quienes han reivindicado los actos recuerda, en efecto, las proclamas incendiarias de Regeneración, el periódico que publicaba desde el exilio nuestro mayor anarquista: Ricardo Flores Magón. Hace 99 años, el sábado 1º de octubre de 1910, el diario incluía «balazos» como éste: «Mexicano, tu mejor amigo es un fusil»; advertencias como ésta: «Llora, tirano, tu ruina inevitable y próxima»; precisiones como ésta: «… el triunfo del pueblo mexicano tendrá exactitud matemática, pues el producto de los despotismos ha sido siempre la rebelión. La revolución es una necesidad impuesta por las circunstancias»; y textos reveladores, como éstos:

«Tierra». La tierra pertenece a unos cuantos y el resto vive sufriendo la humillación del salario o del hambre. ¡Tierra! han gritado todos los rebeldes de la humanidad y ¡Tierra! grita la Revolución Mexicana. Esclavos, empuñen el Winchester y láncense a la lucha gritando «¡Tierra y Libertad!» Ricardo Flores Magón.
«Dulce paz». En la dictadura, todo se sacrificó en aras del mito de la paz: dignidad, derechos, libertad, el pan, el pensamiento. «Paz dulce, paz divina. Adoremos la paz. Conservemos la paz al precio de la tranquilidad, de los afectos más queridos y aun de la misma vida, han sido las palabras que abyectos labios han pronunciado sin cesar al oído del pueblo sacrificado». Praxedis G. Guerrero.

¿Hay bases para trazar un paralelo? ¿Hay motivos de alarma? Si nos atenemos a lo visto en las últimas semanas, no lo creo. A diferencia de los preocupantes reportes sobre el fortalecimiento de la guerrilla en ciertas zonas del sur de México, las acciones de los grupos anarquistas son hechos aislados. En principio, estos grupos están errados por partida triple: son malos lectores de la historia anarquista, malos lectores de la historia mexicana y malos lectores de la historia sin más.

El editor catalán Ricardo Mestre, el más noble anarquista que ha vivido en México, fundador de una magna biblioteca sobre el tema, abjuraba de la violencia. «Por tirar bombas -decía- el anarquismo manchó su nombre y logró que se olvidara su vasta aportación histórica». Los anarquistas inventaron la noción de seguridad social y el sindicalismo (llamado originalmente anarco-sindicalismo) que los socialistas y aun los marxistas expropiaron cuando el anarquismo se volvió sinónimo de violencia. Los anarquistas (Proudhon, Bakunin) previeron con claridad la naturaleza totalitaria del marxismo y fueron las primeras víctimas del leninismo, pero sus anticipaciones cayeron en el vacío debido a la tradición violenta. Los anarquistas diseñaron asequibles y modestas utopías rurales (Kropotkin) y criticaron con agudeza e imaginación el gigantismo burocrático del Estado mexicano nacido de la Revolución (Frank Tannenbaum), pero nadie recuerda ahora esas ideas ni les da mayor crédito. Las borró la violencia.

El binomio 1810-1910 es una coincidencia numérica. La lucha de 1810 era probablemente inevitable. Ocurrió en casi toda la América hispana. Tenía motivos estructurales (el viejo resentimiento criollo, por ejemplo) y coyunturales (la ocupación napoleónica en España). Pero el estallido de 1910 era perfectamente evitable. Sucedió por el empeño de Porfirio Díaz en aferrarse al poder hasta 1916. Bernardo Reyes era el heredero adecuado: hubiera honrado a Díaz y seguido los aspectos positivos de su obra (que el maniqueísmo niega, hasta la fecha) pero al mismo tiempo hubiese gobernado con el sentido social que faltó a éste. La conclusión es simple: 2010 no tiene por qué recrear 1810 o 1910. Nuestros problemas son enormes, pero debemos seguir abordándolos en el marco de nuestras instituciones.

La idea de la historia como un proceso cíclico es un mito tan atractivo como falso. La modernidad nace justamente cuando se concibe la historia como una ruta abierta, con progresos y retrocesos, víctima frecuente del azar, las fuerzas impersonales y la naturaleza, pero siempre susceptible de transformarse con actos de imaginación y libertad. Las transformaciones perdurables del mundo occidental fueron producto de reformas, no de revoluciones. El año que viene debemos recordar 200 años de edificación nacional, no sólo dos fechas de violencia.

Los anarquistas suelen signar con aerosol una letra A dentro de un círculo. Han concebido el 2010 como el escenario de un ritual. Pero la historia no se rige por la magia ni la superstición. La historia es, sobre todo, construcción colectiva, construcción en libertad.

Nueva crisis en México

Enrique Krauze

El Norte, Monterrey, N.L., 7 de febrero de 2010

«Una buena manera de conmemorar el Año del Centenario -me comentó un joven amigo- es recordar a sus críticos, como Daniel Cosío Villegas, autor del famoso ensayo ‘La Crisis de México’, en el que hizo una condena implacable de la Revolución Mexicana». A sabiendas de que yo había publicado (hace la friolera de 30 años) una biografía del historiador, convinimos en conversar sobre el tema. Su interés primordial era averiguar qué tanta vigencia tiene hoy ese ensayo, sobre todo sus acerbas críticas al PAN y a la derecha. El diálogo fue largo y sustancioso. Me propongo dedicar algunos artículos a transcribirlo.

Comenzando por el contexto, me preguntó: «¿Cuál fue el impacto de ese ensayo crítico en su momento? ¿Cuáles fueron las circunstancias personales en que se escribió? ¿A qué casos concretos se refería Cosío Villegas al hablar del fracaso de la Revolución? ¿Son vigentes sus críticas principales?». Éstas fueron mis primeras respuestas.

Creo, en efecto, que es muy oportuno recordar ese ensayo, muy citado y mal leído. Algunas de sus tesis son vigentes, otras no. Don Daniel lo publicó en «Cuadernos Americanos» a fines de 1946, poco antes de la llegada al poder de Miguel Alemán. Fue visto como una herejía: se le vino el mundo encima. Lo llamaron el «enterrador de la Revolución». Pero es necesario precisar: en ese ensayo, Cosío Villegas no condenó la Revolución Mexicana sino sus sucesivos gobiernos (encabezados por Obregón, Calles, Cárdenas y Ávila Camacho) por haber incumplido, o cumplido muy a medias, con sus promesas fundamentales.

Cosío Villegas -como sus compañeros de la llamada Generación de 1915- fue un creador de instituciones. Aquellos jóvenes habían vivido y padecido el furor destructivo de la Revolución, por eso quisieron dedicar su vida a crear una obra de beneficio colectivo. Las fundaciones de esa generación intelectual fueron muchas y perdurables. Cosío Villegas -por entonces director del Fondo de Cultura Económica, a sus 48 años de edad- se propuso hacer un balance de lo que los políticos de la Revolución habían construido; el resultado, a sus ojos, era muy pobre. Pensó que era el momento de denunciarlo. Ése es el origen del ensayo.

Daniel Cosío Villegas analizó con lucidez cinco fracasos: la democracia, la reforma agraria, el movimiento obrero, el nacionalismo y la educación. A la Reforma Agraria, por ejemplo, le reclamó su falta de visión, iniciativa, técnica, consistencia y honradez en el problema del campo. Y fue más lejos. Señaló que el reparto indiscriminado de tierra había sido una medida «simplista» y -en clara referencia a Cárdenas, a quien por otros motivos admiraba- condenó «el afán de hacerse pasar como el más entusiasta dispensador de tierras».

Pero quizá la crítica más pertinente el día de hoy es la que hizo al movimiento obrero. Lo consideró «desorbitado», «irresponsable», «deshonesto», «carente de visión superior» y dependiente del Estado. Sobre este punto particular opinó: «Los gobiernos revolucionarios sin respetar siquiera la apariencia de conciliador amigable o de arbitrador imparcial, han optado casi siempre por el obrero, sin importarles cuan notoriamente injusta o grotescamente pueril fuera la causa concreta que en un momento defendía el obrero». Y dijo más: el «maridaje» entre el Gobierno y los sindicatos degradaba a los obreros de manera irreparable e impedía al Gobierno resolver problemas vitales como el del petróleo o los ferrocarriles.

Dictamen durísimo, que parece escrito hoy, a propósito de las inercias de un sindicalismo que, como en el caso petrolero o educativo, merece aquellos adjetivos y mantiene esos mismos privilegios. El juicio de don Daniel también es vigente como crítica a la corriente de opinión que sigue considerando intocables a los sindicatos, aunque ejerzan la vergonzosa cláusula de exclusión, aunque desconozcan la democracia interna y la transparencia, aunque las empresas públicas que controlan ofrezcan un servicio pésimo al consumidor.

Cosío Villegas hubiera querido ver al campesino convertido en un agricultor próspero e independiente, y al obrero en una persona combativa en la defensa de sus derechos, pero también responsable y respetuosa del régimen jurídico. Se trata, en suma, del ideario de un liberal, con claro sentido social, pero ante todo de un liberal. Ahora hay quien considera «conservadoras» o «de derecha» posturas similares. Pero entonces habría que pensar que don Daniel fue un «conservador de derecha». Y como cualquiera que lea «La crisis de México» podrá darse cuenta, estaba a años luz de serlo.

Entre 1910 y 2010

Enrique Krauze

El Norte, Monterrey, N.L., 21 de febrero de 2010.

En «La crisis de México», ensayo publicado por Daniel Cosío Villegas en 1946, se lee: «La Revolución acabó violentamente con la jerarquía del porfiriato que concentró la riqueza en unas cien familias y con la mayoría de la población en la pobreza». El amigo al que me referí en mi anterior artículo, me formuló una serie de preguntas sobre el tema. Parece convencido de la justificación e inminencia de una insurrección popular. Por eso ha leído el ensayo de don Daniel como una doble clave adivinatoria: lo que llevó al pueblo a las armas en 1910 corresponde a lo que ocurre ante nuestros ojos en 2010: la pobreza, la desigualdad, la servidumbre ante Estados Unidos. Mis opiniones son distintas.Creo que entre 1910 y 2010 hay menos semejanzas que diferencias. Transcribo enseguida el diálogo.

¿Un siglo después existen condiciones semejantes a las que dieron origen a ese movimiento que, según don Daniel, «fue en realidad el alzamiento de una clase pobre y numerosa contra una clase rica y reducida»?

Las condiciones actuales no sin similares ni comparables. La desigualdad y la pobreza siguen siendo una realidad inadmisible, pero el México de 2010 es muy distinto al México de 1910. Somos un país urbano, hay una clase media, hay instituciones públicas y programas sociales que operan, somos una economía media en el mundo, hay una democracia en proceso de consolidación, hay pluralidad política. Poco de esto existía en 1910.

En cuanto a la frase de don Daniel, bueno, hasta los grandes maestros pueden exagerar. Él mismo modificó con los años su noción del Porfiriato y admitió que tuvo aspectos positivos en el ámbito del desarrollo material y las relaciones internacionales. Por otro lado, su afirmación sobre los revolucionarios es sencillamente errónea: en el momento álgido de la Revolución, digamos en 1915, había a lo más 100 mil hombres en armas, en un país de 15 millones. ¿Qué actitud tenían los restantes 14 millones 900 mil? Unos simpatizaban, otros no, pero la mayoría sufrió la violencia, la enfermedad y el hambre. Por eso Luis González, el gran amigo y discípulo de don Daniel, predicaba la necesidad de estudiar no sólo a los revolucionarios sino a «los revolucionados», que eran la vasta mayoría.

«La aspiración única de México», escribió Cosío Villegas, «es la renovación tajante, la verdadera purificación, aspiración que sólo quedará satisfecha con el fuego que arrase hasta la tierra misma en que creció tanto mal». ¿Qué pensar de esta cita aplicada a la circunstancia de hoy?

La cita corresponde al durísimo pasaje donde don Daniel habla de la corrupción: «es la deshonestidad, más que ninguna otra causa, la que ha rajado el tronco mismo de la revolución mexicana». ¡Y pensar que escribía esto en 1946! Cabe señalar que cuando alude fogosamente a la palabra «purificación» o habla de «depurar» no lo hacía como un Savonarola; pensaba sencillamente que México necesitaba en los cargos públicos hombres patrióticos, visionarios, desinteresados, capaces, pero sobre todo honrados. En 1946 el ciudadano no tenía muchas opciones para elegir a esos hombres. Ahora las tiene un poco más. Como el liberal que siempre fue, Cosío Villegas no hubiera desestimado nuestras conquistas democráticas. Aunque nos pueden parecer exiguas, son fundamentales.

Cosío Villegas alertó que si México no se orientaba pronto y firmemente, podría no tener otro camino que el de «confiar sus problemas mayores a la inspiración, imitación y la sumisión a Estados Unidos». ¿Qué tanta razón tuvo en ese punto?

El TLC y la migración nos han acercado a Estados Unidos. La dependencia económica es, por supuesto, excesiva. Pero no creo que quepa hablar propiamente de sumisión, al menos no en términos culturales, que son a los que aludía Cosío Villegas. México sigue siendo México. (Hace años, Samuel Huntington, ya fallecido y con quien hice públicas mis diferencias, alertaba por el contrario que Estados Unidos estaba a punto de mexicanizarse).

Don Daniel receló siempre, justificadamente, de la política exterior de los Estados Unidos en América Latina. En 1947 profetizó el advenimiento de un régimen comunista en la zona, como reacción a la soberbia yanqui. Recordemos que él mismo padeció el acoso del macartismo, que le quitó la visa. Fue, en suma, un crítico permanente de Estados Unidos y de la americanización de nuestra cultura. Dicho lo cual, aseguraba no compartir «hasta por razones físicas, orgánicas, la fe, la teoría y los métodos del comunismo». Por eso, durante la Guerra Fría se inclinó por los valores liberales y democráticos de Occidente.

Mi amigo meneó la cabeza: no quedó convencido. Pero hay un tema que lo atraía mucho más: ¿qué tan vigente es hoy la acerba crítica que hizo Cosío Villegas a la derecha en 1946? Ahí sí veo más semejanzas que diferencias, pero me las reservo, querido lector, para una próxima entrega.

La derecha hoy

Enrique Krauze

El Norte, Monterrey, N.L., 7 de marzo de 2010.

En la parte final del ensayo «La crisis de México» (1946), Daniel Cosío Villegas aseguraba que, al cabo de seis años, las diferencias del gobierno priista con los partidos conservadores podrían ser tan insustanciales que «éstos podrían acceder al poder no ya como opositores del Gobierno sino como hijos legítimos». El amigo al que me he referido en mis dos anteriores entregas me cuestiona: «¿Ocurrió así?».

No ocurrió así. El hecho histórico -le contesto- es que el PAN tardaría otros 50 años en llegar al poder.

A la salida de Gómez Morin, en 1949, y al menos por una década, el PAN se hizo cada vez más conservador, lo cual le restó mucha fuerza. En cambio, el PRI se renovó y fortaleció: en 1952, a sólo seis años de aquella profecía, Adolfo Ruiz Cortines dio inicio a un ciclo de 18 años de una relativa prosperidad para el País, que el propio Cosío Villegas reconoció. Sólo la brutal reacción oficial en 1968 lo haría cambiar de postura.

Mi amigo insiste: ¿acertó Cosío Villegas cuando vaticinó que «el PAN se desplomaría al hacerse gobierno»? Y el PAN actual, «¿no se ha desplomado ya?».

A mediados de los 60 -le respondo- el propio Gómez Morin temía ese hipotético desplome. Por eso confesaba que el PAN no estaba preparado para convertirse en gobierno y que si, por un accidente o por un error del Gobierno se abría la oportunidad, «tendría que convocar a un gobierno de unidad nacional».

Creo que ese razonamiento del fundador del PAN seguía siendo válido en el 2000 cuando, tras 60 años de «bregar eternidades» y sin experiencia de gobierno, el PAN ganó las elecciones presidenciales. Y era aún más válido en 2006. No se ensayó y fue una lástima. Tras nueve años en el Poder Ejecutivo, el PAN aún no se ha «desplomado» pero su situación es sumamente precaria, como se vio en las elecciones intermedias.

Las razones del desencanto ciudadano son varias: en el tramo de Fox, frivolidad e irresponsabilidad; en el de Calderón, improvisación e inconsistencia. Pero acaso lo más grave para el PAN es haber perdido buena parte del capital moral que construyó durante décadas, esa percepción de decencia que inspiraba en mucha gente.

En el 2000 dejó ir la oportunidad de denunciar frontalmente la corrupción de regímenes anteriores, y esa pasividad se interpretó -con plena razón- como complicidad con el viejo PRI. Los casos de corrupción en el Estado de México, Nuevo León, Jalisco, etc… también han dañado su credibilidad. No actuar contra esos infractores ha sido suicida. En el futuro muy próximo, la vieja profecía de Cosío Villegas puede volverse realidad: el PAN, en efecto, puede «desplomarse».

»Para Cosío en 1946″, comenta mi amigo, que no ceja, «el PAN contaba con dos fuentes únicas de sustentación: la Iglesia y el desprestigio de los regímenes revolucionarios; no tenía principios ni hombres y poco o nada había dicho para reorganizar las instituciones del País. ¿Tenía razón? ¿Hoy es vigente ese diagnóstico?».

Entre el PAN de entonces y el PAN de hoy -le explico- existen diferencias y semejanzas. Vayamos punto por punto. La sustentación del PAN, menguante pero todavía sustancial, no reside sólo en su filiación clerical o su prestigio opositor. La Iglesia no está ligada al PAN de manera exclusiva. (Por momentos parece más ligada a un sector del PRI, que ha decidido dar la espalda a su tradición laicista).

En cuanto a las tendencias ultramontanas dentro del PAN, en ese partido siempre existió una corriente más abierta como la que en los años 60 representó Christlieb Ibarrola. Para mí, aun esa corriente era y sigue siendo insuficientemente liberal. Hoy ambas corrientes subsisten, pero la ultraconservadora -presente en varios estados y municipios- daña mucho a ese partido.

En los años 40, el PAN sí tuvo líderes y principios. Si uno revisa las sesiones de la Cámara de Diputados en esos años, se encuentra con iniciativas democráticas (como la creación de un IFE) que México no retomaría sino hasta los años 90. Pero junto a esos líderes cívicos y a esos principios democráticos coexistió siempre la vertiente que en la Segunda Guerra Mundial simpatizó con el Eje. Esa vertiente sigue siendo enemiga jurada del pensamiento liberal en todos sus ámbitos.

Mi amigo lanza su último cuatro de espadas: «Con las derechas en el poder -según decía Cosío Villegas- la mano velluda y maciza de la Iglesia se exhibiría desnuda», persiguiendo a los liberales, junto con la «prensa intolerante, incomprensiva, servidora ciega y devota de los intereses más transitorios y mezquinos. ¿No es lo que estamos viendo?».

Esa «mano» -le explico- no dejó nunca de hacer público su rechazo a las corrientes liberales de pensamiento. Y le doy un ejemplo personal. Un adalid clerical, don Salvador Abascal, publicó un libro en mi contra demoliendo, según él, mis ideas y textos liberales. Pero ahora lo lamentable es que ese papel inquisitorial lo ha adoptado un sector de la prensa doctrinaria y muchos intelectuales de izquierda, que descalifican como «de derecha» o «centro derecha» al pensamiento liberal. Se trata del mismo odio. En el caso de Abascal era odio teológico. En el caso de la izquierda es odio ideológico. Gente que confunde el pensamiento con el anatema.

En un par de semanas, querido lector, la culminación de esta pequeña serie en homenaje a Cosío Villegas, nuestro gran liberal.

Han fallado los hombres.

Enrique Krauze

El Norte, Monterrey, N.L.,  21 de marzo 2010

El amigo con quien conversaba sobre la vigencia de «La crisis de México» reservó para el final sus preguntas más incisivas y actuales. Transcribo el remate del diálogo:
 
-Don Daniel decía que la Revolución Mexicana fracasó porque sus hombres, «sin exceptuar a ninguno», fueron inferiores a las exigencias de ella. ¿Con la democracia ocurre algo análogo?

-Así lo creo. Los hombres que han encabezado al País, digamos de 2000 a la fecha, tanto en el gobierno como en el Congreso, han estado muy por debajo de las exigencias históricas. Cosío Villegas decía que habían sido «magníficos destructores» pero que «nada de lo que crearon… ha resultado sin disputa mejor». No creo que las generaciones actuales hayan sido más destructivas que constructivas. Después de todo, han construido la democracia que nos rige. Pero es verdad que Fox destruyó la hegemonía del PRI sin transformar las estructuras del País. Por su parte, el principal líder de la Oposición, Andrés Manuel López Obrador, habló expresamente de «mandar al diablo las instituciones», y hasta cierto punto lo cumplió. El daño que hizo a la confianza del ciudadano en las instituciones electorales fue muy profundo. En cuanto a Calderón, sobra quien piensa que con su guerra contra el narco ha destruido la paz. Yo, aunque he expresado serias dudas sobre la instrumentación de esa guerra, creo que era impostergable: hay pruebas suficientes de que el poder del narco estaba carcomiendo por dentro al Estado, desde el nivel municipal al federal.

-¿Cómo se explica que Fox y Calderón hayan mantenido el «maridaje» con los sindicatos petrolero y educativo, y en general las alianzas con el PRI?

-La situación postelectoral en el 2006 era incierta y llena de riesgo para un país como México, con 80 años de continuidad institucional. El candidato del PRD se negó a aceptar su derrota y sacó a la gente a las calles. La Ciudad de México estaba tomada. En esa circunstancia, el Presidente, para efectos de gobernabilidad, echó mano de los viejos pilares del sistema: el Ejército y el sistema corporativo. Han pasado más de tres años. Ahora esas alianzas no se justifican. Si se actuó contra el Sindicato de Luz y Fuerza, no veo razón para no actuar con el mismo rigor en los casos que mencionas. Es allí donde la dura crítica de Cosío Villegas al «maridaje» entre gobierno y sindicatos sigue vigente. En los sindicatos hace falta democracia, transparencia, derogación de la cláusula de exclusión. Nos urge una reforma laboral.

-¿Qué puede ofrecer Calderón a los mexicanos en su segundo trienio, cuando el año próximo la población ganará menos y pagará más? ¿Se perfila otro sexenio perdido?

-Es verdad. Llevamos 30 años de desastre económico, primero populista, luego neoliberal. Y allí seguimos, empantanados, sin imaginación económica.

-Después del sexenio de un panista advenedizo -Vicente Fox- y la mitad de otro encabezado por un autodenominado «doctrinario» -Felipe Calderón-, ¿qué evaluación hace de casi una década de ejercicio del poder del PAN?

-El PAN tuvo siempre la vocación de oponerse al poder, no la vocación de ejercer el poder. Por eso formó buenos cuadros en el ámbito legislativo, pero no en el ejecutivo. Y por eso buscó un líder por fuera de sus filas. Fox tuvo el mérito de catalizar la oposición nacional al PRI y abrir paso a la alternancia. No obstante, como gobernante, fue una gran decepción: no deslindó la esfera política de la esfera privada, empresarial y religiosa, y tuvo actitudes de marcada irresponsabilidad y frivolidad. Para mí lo más triste es que desperdició su capital político inicial: perdimos una oportunidad de oro para empujar las reformas estructurales que el País necesita con tanta urgencia. Pero también hubo aciertos: abrió las puertas de la Capital a los neozapatistas, introdujo la Ley de Transparencia, el Seguro Popular y un buen programa de vivienda.

Calderón pertenece a una nueva generación panista, mucho más fogueada. El contexto nacional e internacional en que ha gobernado ha sido inusualmente difícil. Su gobierno ha sido de claroscuros. Creo que en su gestión ha habido inconsistencia e improvisación. Sus gabinetes han sido mediocres y endogámicos. En su manejo de la crisis económica ha vuelto a cometer el grave error de los sexenios anteriores, es decir, ceñirse a una ortodoxia ineficaz en vez de ensayar ideas alternativas. Como es costumbre en el PAN, ha sido indiferente a la cultura. Su política exterior en América Latina, en particular con respecto a Cuba y Venezuela, me parece totalmente errada. Pero le acredito, entre otras cosas, la reforma de las pensiones en el ISSSTE, el manejo técnico de las inundaciones en Tabasco y la respuesta en la crisis de la influenza. Creo también que la liquidación de Luz y Fuerza fue un paso necesario y que la reforma política que ha propuesto abre una oportunidad para que el Congreso inaugure una etapa de equilibrio entre los poderes y amplíe la participación ciudadana en los asuntos públicos.

-¿De dónde puede venir el cambio que el País requiere?

 -Lo he dicho en muchos foros y artículos. El cambio que el País requiere debería venir de la izquierda. Al igual que en España, Brasil o hasta hace poco Chile, creo que una izquierda «reformada» -subrayo el adjetivo- sería la mejor opción histórica para transformar de raíz el rumbo de México. Pero este deseo es seguramente utópico porque en su mayoría la izquierda mexicana del siglo 21 actúa y piensa como la Iglesia del siglo 19: es intolerante y es conservadora porque vive fija en el pasado. Su paradigma sigue siendo el «nacionalismo revolucionario». No veo en el horizonte ningún Felipe González, Fernando Henrique Cardoso, Lula o Bachelet mexicanos.

-¿Cuál sería la postura de don Daniel frente al 2012? 

-Creo que el mayor liberal de nuestro siglo 20 no se vería representado ahora por ninguna fuerza política.

Y de paso le digo: yo tampoco. Los liberales no tenemos representación en el espectro político nacional.

 

Culpa a historia de complejos

Abraham Vázquez.

El Norte, Monterrey N.L.,  19 de junio de 2010. Sección Arte pág. 7.

Ser historiador es un asunto serio. Un manejo irresponsable del pasado puede provocar desde complejos hasta guerras.

«De la guerra entre los serbios y los croatas la culpa la tienen los historiadores», dijo Gisela Von Wobeser, directora de la Academia Mexicana de Historia.

«Los historiadores le metieron a los niños serbios que la culpa era de los croatas; y los croatas al revés, y a los 18 años esos niños no tuvieron más que empuñar el fusil», agregó.

De visita en la Ciudad, donde participó en la Cátedra Bicentenario de la UR con la charla «Los indígenas y el movimiento independentista», la noche del jueves, la historiadora reconoció que en México la historia oficial, esa que se ha enseñado por años en las escuelas, es responsable de generar complejos, como el creer que el carácter nacional está marcado por la derrota.

«Somos muy responsables los historiadores de esta carencia de autoestima que tenemos los mexicanos, pero también de la falta de responsabilidad», dijo la autora de La Hacienda Azucarera en la Época Colonial.

«Hay que romper con eso, hay que aceptar la responsabilidad que tuvimos en nuestros procesos históricos», agregó.

El reto para los historiadores es romper con esa visión en la que a los mexicanos se les deslinda de responsabilidad en eventos como la Conquista, la pérdida de Texas o la llegada del Imperio de Maximiliano.

«Si vemos que, por ejemplo, Maximiliano era un liberal, en ciertas cosas, era más liberal y más preocupado por los indios que el propio Benito Juárez», dijo.

Una visión más equilibrada de la historia, agregó la historiadora, servirá para que en el futuro los mexicanos puedan evaluar lo que hicieron sus ancestros sin ningún complejo.

Están próceres bajo sospecha

Silvia Isabel Gámez.

El Norte, Monterrey, N.L., 29 de mayo de 2010 Pág. 6A

MÉXICO.- Desde que fueron exhumados en 1823, en un acto de desagravio decretado por el Congreso por haber sido fusilados como traidores, los restos de los héroes de la Independencia han estado bajo sospecha. Ahora,en el marco de las fiestas del Bicentenario y en la víspera de un nuevo traslado, la incertidumbre subsiste.

El objetivo, ésta vez, es que antropólogos físicos del INAH certifiquen la identidad de los restos. El primer paso será ordenar los huesos, varias veces mezclados, para llegar a su identificación, que aún no es seguro que pueda lograrse.

«Mi temor es que los huesos estén tan degradados que no se logre obtener información suficiente», reconoce Carmen Saucedo, a cargo de la parte histórica del proyecto.

En su primer destino, la Capilla de San Felipe de Jesús, en la Catedral Metropolitana, los restos permanecieron sólo dos días, tras ser trasladados en un magnífico funeral el 17 de septiembre de 1823.

La devoción de quienes acudían a hincarse frente a la urna con los restos de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, José Mariano Jiménez, José María Morelos, Mariano Matamoros, Xavier Mina, Pedro Moreno y Víctor Rosales, hizo que los canónigos solicitaran llevarlos a la bóveda del Altar de los Reyes.

El conflicto que Plutarco Elías Calles mantenía con la Iglesia hizo que decidiera trasladarlos a la Columna de laIndependencia el 16 de septiembre de 1925. Allí han permanecido hasta este domingo, cuando las urnas serán retiradas para ser llevadas,en un desfile militaral Castillo de Chapultepec presidido por Felipe Calderón.

Fuente de la imagen: Secretaría de Gobernación. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). La pérdida (hasta los huesos) 
de nuestro pasado.

<http://www.inehrm.gob.mx/imagenes/restos/01.jpg&imgrefurl&gt;

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Critica el PRI exhumación de próceres

Para Beltrones es injustificado; Paredes dice que hay otras prioridades.

Fernando Paniagua, Carole Simmonnet y Claudia Salazar.

El Norte, Monterrey, N.L., 30 de mayo de 2010. Pág. 7A.

MÉXICO.- Dirigentes priistas cuestionaron la decisión de trasladar los restos de los héroes de la Independencia del Ángel al Castillo de Chapultepec.

Manlio Fabio Beltrones, coordinador priista en el Senado, consideró injustificado el traslado, que tendrá lugar hoy.

«Me parece que el lugar adecuado en donde deben estar es el Monumento a la Independencia. Llevarlos al Castillo de Chapultepec debe ser una reminiscencia conservadora», señaló en Querétaro, en el marco de la toma de protesta de Emilio Gamboa Patrón como nuevo dirigente de la CNOP.

Por su parte, Beatriz Paredes, presidenta nacional del tricolor, consideró que hay asuntos más urgentes que resolver.

«Hay que escuchar a los expertos, pero me parece que hay otra serie de prioridades», comentó la dirigente priista.

En tanto, el Diputado perredista Jesús Zambrano llamó al Gobierno federal a explicar el motivo del traslado.

Polemizan legisladores

Legisladores del PAN y PRI polemizaron sobre la conveniencia de que sean analizados y trasladados los restos de los héroes de la Independencia que desde 1925 descansan en el Ángel de la Independencia al Castillo de Chapultepec.

El Senador del PRI Carlos Jiménez Macías llamó a realizar actos de celebración históricos que realmente sirvan a unir a los mexicanos en torno a acciones que permitan mejorar la situación que prevalece.

«No hay que exagerar y ser excesivos en la celebración y mucho menos hay que hacer actividades que resultan simplemente sin ningún sentido y quizá solamente pretenden poner una parafernalia y enaltecer digamos los valores, pero eso no puede ocultar la grave situación por la que está pasando el País», dijo.

Legisladores panistas avalaron el acto y consideraron que puede ser un paso para revisar la historia «oficial» y aquilatar el papel de las figuras que contribuyeron a forjar el México de hoy.

El Diputado federal del PAN por Puebla, Pablo Rodríguez Regordosa, restó importancia a la iniciativa de mover los restos que descansan en el Ángel hacia Chapultepec, y exhortó a que los festejos se conviertan en una ocasión para revisar la historia y el papel de las figuras de la Independencia y de la Revolución.

Así lo dijo

«No hay que exagerar y ser excesivos en la celebración, y mucho menos hay que hacer actividades que resultan simplemente sin ningún sentido y quizá solamente pretenden poner una parafernalia». Carlos Jiménez Macías, Senador del PRI.

¡Que los héroes descansen en paz!

Déjense tranquilos los restos de nuestros héroes y piénsese mejor en cómo encarar los graves problemas que hoy aquejan a los mexicanos.

Cuauhtémoc Cárdenas

El Norte, Monterrey, N.L., 30 de mayo de 2010. Opinión Invitada. Pág. 7A.

Con gran profusión en los medios de información se ha estado publicitando que hoy, 30 de mayo, los restos de los héroes de nuestra Independencia, que han descansado en la Columna de la Independencia (el Ángel), serán trasladados al Castillo de Chapultepec, invitando al mismo tiempo a la población a sumarse a este evento, que los convocantes parecen considerar como un gran acto de celebración y rememoración. La noticia nos agrega que, con posterioridad, esos restos serán trasladados de Chapultepec al Palacio Nacional, para que ahí queden expuestos al público.

¿Para qué hacer desfilar los restos de nuestros héroes del monumento a la Independencia al Museo Nacional de Historia de Chapultepec y más tarde llevarlos de ahí a Palacio Nacional? ¿Se cree realmente que con actos de necrolatría, estimulando la necrofilia, se exaltan los valores patrios y se honra a nuestros héroes?

Se ha anunciado, también, que existe la intención de identificar a quiénes, verdaderamente, pertenecen los restos, que se cuenta con información histórica que corresponden a 15 personas, aunque los datos existentes en la Columna de la Independencia hacen referencia sólo de 12. Bien. Para hacer estudios sobre los restos, de 12 o de 15 de nuestros héroes, ¿hace falta organizar un desfile con ellos? Si se pasean por la capital, además de eventualmente identificarlos o no, ¿terminarán la desigualdad y la pobreza que hoy golpean severamente a más de tres cuartas partes de la población nacional, saldrá la economía del estancamiento y se acelerará el crecimiento, habrá seguridad y tranquilidad para el común de la gente en su vida cotidiana, se harán y veremos milagros?

Si se diera el caso que los restos no corresponden a quienes se consideraba que pertenecían, ¿dejarán por ello de ser héroes los héroes?, ¿cambia en esencia la historia porque esos restos en particular sean o no sean de quien se supone o se tiene la certeza que son, cambian los hechos que han merecido reconocimiento por su contribución a la independencia, a la creación de nuestra nacionalidad de mexicanos, al país con capacidad de ejercitar su soberanía que legaron a las generaciones que les siguieron?

Ver desfilar los restos hoy 30 de mayo, de la Columna de la Independencia al Castillo de Chapultepec, o ver pasar las urnas mortuorias o los ataúdes que por algún tiempo estarán expuestos en alguna parte del Castillo de Chapultepec o del Palacio Nacional ¿exaltará el espíritu cívico de la población, hará más patriotas a quienes vean pasar frente a sus ojos urnas o ataúdes, imbuirá a los espectadores con las ideas de aquellos que nos dieron patria?, o se tratará simplemente de una irreverencia más hacia quienes hicieron posible que hoy exista México como nación independiente y que contemos con nuestra identidad de mexicanos.

El lugar de esos restos es la Columna de la Independencia. Ahí reposan y ahí deberían permanecer, sin que irrespetuosamente se lleven y traigan de un lado a otro. Los restos de Simón Bolívar se encuentran en el Panteón Nacional de Venezuela, en Caracas, los de José de San Martín reposan en la catedral de Buenos Aires, los de José Gervasio Artigas en el Mausoleo de Artigas, en la Plaza Independencia de Montevideo, y nadie tiene la ocurrencia de sacar los restos de esos próceres de los sitios simbólicos donde descansan para pasearlos por aquellas capitales o para hacerlos desfilar por otros rumbos de aquellas naciones hermanas, ni siquiera en las conmemoraciones de los grandes aniversarios patrios.

Grave sería que como colofón de este paseo, y en exaltación del oportunismo, se pretendiera que en un nuevo paseo, del castillo o de donde se encontraran, se llevaran esos restos al nuevo monumento que se está levantando frente a las rejas y los leones de Chapultepec, y que ahí se les reuniera con los de aquellos que hicieron posible la obra constructiva de la Revolución Mexicana.

Déjense tranquilos los restos de nuestros héroes en los sitios simbólicos que ya ocupan y piénsese mejor en cómo enfrentar los muy graves problemas sociales, económicos, de inseguridad y políticos que hoy aquejan a la gran mayoría de los mexicanos, en cómo, con éxito, podría iniciarse ya el tránsito a un futuro de libertades, equidad, justicia y bienestar para todos. Sería así como realmente se honrara la memoria y se cumpliera con los valiosos legados de nuestros héroes, de los que nos dieron patria; hágase eso con seriedad, responsabilidad y decisión, y déjense de lado la farándula, el oportunismo y la frivolidad.

Huesos patrios.

Sergio Sarmiento

El Norte, Monterrey, N.L., 31 de mayo 10 Pág. 8A.

«Ahora el Estado se parece a la Iglesia: paseando huesos». Bertha Pantoja

Nada parece más aberrante que sacar de su lugar de reposo los cadáveres de unas personas muertas hace casi dos siglos para transportarlos por el Paseo de la Reforma y llevarlos al Castillo de Chapultepec con el fin de prepararlos para ser exhibidos públicamente en Palacio Nacional.

Si éste es el premio que el Gobierno mexicano otorga a quienes entregaron su vida para la construcción de un país independiente, bien podemos entender por qué hoy hay menos entusiasmo que nunca de los mexicanos para participar en actividades cívicas y hacer un esfuerzo por mejorar el País.

Este domingo 30 de mayo lo que se supone son los restos mortales de 14 próceres fueron sacados de la Columna de la Independencia en el Paseo de la Reforma en una ceremonia transmitida por televisión. Digo se supone porque, a dos siglos de distancia, y considerando que algunos fueron muertos en campos de batalla y otros fusilados y decapitados por las fuerzas realistas, hay dudas serias sobre el destino real de algunos de los cadáveres. A esto hay que añadir que en varias ocasiones ya los huesos fueron sacados de sus tumbas para ser lavados y trasladados a nuevos sitios de «reposo».

Los restos extraídos ayer de la Columna de la Independencia y llevados al Castillo de Chapultepec son al parecer los de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Jiménez, José María Morelos, Mariano Matamoros, Pedro Moreno, Víctor Rosales, Xavier Mina, Nicolás Bravo, Leona Vicario, Andrés Quintana Roo, Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria.

La Iglesia católica ha tenido desde hace mucho tiempo una fijación enfermiza con los restos mortales de sus próceres. Si bien la doctrina formal cristiana establece que la fe y la adoración se reservan a Dios solamente, o en todo caso a su hijo, la tradición pagana se ha impuesto y ha fomentado la multiplicación de cultos a santos y advocaciones de la Virgen. Las peregrinaciones con huesos de santitos han sido así una de las desviaciones características del catolicismo en distintos lugares del mundo.

En México estamos viendo una situación similar en un culto que conjuga elementos laicos y religiosos. Los próceres de la independencia se han convertido en santos cuyos restos deben ser exhibidos y adorados. Hay algo extraordinariamente perverso en esta actitud en un Estado que se precia de su laicismo. Es como si quisiéramos recuperar la costumbre de los aztecas de mostrar desde la cima de las pirámides los corazones de las vírgenes y los prisioneros sacrificados; o la de los realistas de exhibir públicamente las cabezas de los insurgentes ejecutados.

El Bicentenario debería ser una oportunidad para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro de nuestra nación. Deberíamos preguntarnos, por ejemplo, por qué este largo período de independencia no ha servido para convertirnos en un país más próspero. En 1820, después de todo, Estados Unidos tenía un Producto Interno Bruto per cápita 65 por ciento superior al mexicano (Angus Maddison, «The World Economy»; OECD, 2006). Hoy la diferencia es de 470 por ciento (FMI).

Pero en lugar de preguntarnos por qué a casi 200 años la Independencia no ha podido darnos un mejor nivel de vida, en vez de reflexionar sobre lo que hemos hecho mal para que en los próximos dos siglos podamos emprender un camino de mayor crecimiento y bienestar, salimos a pasear huesitos por las calles como si los personajes históricos fueran santos y el Gobierno una reedición de la parte más retrógrada de la Iglesia.

http://www.sergiosarmiento.com

«Cuatro caudillos ignorados: una nación»

BOLETIN DE PRENSA

El Museo de Historia Mexicana invita al ciclo “Cuatro Caudillos Ignorados: una nación”, impartido por la maestra Ana Portnoy. Las conferencias se llevarán a cabo el 25 de mayo y el 1, 8 y 15 de junio a las 19:30 horas en el Auditorio del Museo.

Como parte de las actividades para celebrar el Bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución, este ciclo de conferencias invita a conocer a profundidad a Melchor de Talamantes, Carlos María Bustamante, Ricardo Flores Magón y Luis Cabrera.

La participación de estos cuatro caudillos se dio principalmente en el mundo de las ideas, establecieron publicaciones a través de las cuales ejercieron la crítica a los detentores del poder y aportaron numerosas ideas a las leyes que hoy nos rigen, sin embargo han permanecido en un segundo nivel en relación a otros personajes como Miguel Hidalgo, José María Morelos o Francisco Ignacio Madero.

La maestra Ana Portnoy goza se un sólido prestigio como catedrática del Tecnológico de Monterrey y tiene más de 30 años de experiencia como profesora y conferencista en temas relacionados con la historia.

MELCHOR DE TALAMANTES

El ciclo comienza el 25 de mayo con el fraile mercedario Melchor de Talamantes. Originario de Perú, Talamantes fue un talentoso teólogo y orador de pensamiento liberal reconocido como precursor de la Independencia de México. Aunque llegó al país de manera accidental, inmediatamente se integró a la vida religiosa, política y literaria de la Nueva España.

En 1807 el virrey José de Iturrigaray le encomendó viajar al noreste de la Nueva España y establecer los límites de la frontera de Luisiana a Texas. Aunque su labor fue interrumpida, continuó participando en la formulación de planes para la reestructura política de la Nueva España y elaboró un proyecto de Congreso Nacional.

Melchor de Talamantes fue arrestado por sus ideas y los numerosos escritos que publicó. Estuvo recluido en varias prisiones de la Inquisición hasta que finalmente fue llevado al fuerte de San Juan de Ulúa, donde murió en 1809.

CARLOS MARÍA BUSTAMANTE

El 1º de junio es el turno de Carlos María Bustamante, cronista, historiador, periodista y político originario de Oaxaca. Fundador de diversos periódicos que fomentaron el movimiento de Independencia.

Sus ideas fueron objeto de censura y en ocasiones de encarcelamiento, sin embargo estas mismas hicieron que Morelos lo considerara el personaje ideoneo para ser el editor del Correo del Sur, publicación favorable a la Independencia y posteriormente escribió el discurso inaugural de Morelos en el Congreso de Chilpancingo, donde fungía como diputado.

RICARDO FLORES MAGÓN

El 8 de junio, la Mtra. Portnoy hablará del notable periodista, político, dramaturgo y anarquista oaxaqueño Ricardo Flores Magón, cuyo pensamiento y obra continua inspirando movimientos sociales hasta nuestros días.

Miembro de una reconocida familia de activistas políticos, Ricardo fue encarcelado en diversas ocasiones por la publicación de su periódico jurídico Regeneración, que siguió publicando después de su exilio en Laredo, Texas, con fuertes críticas hacia el régimen de Porfirio Díaz.

Participó en 1905 en la constitución de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano, el cual proponía la supresión de la reelección y la pena de muerte, la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 14 años y el establecimiento del salario mínimo, así como la expropiación de latifundios y la regulación y reducción de las jornadas de trabajo.

A partir de 1906 promueve la lucha armada sin mucho éxito. Tanto Madero como Zapata lo invitaron a unirse a sus causas, sin embargo, Flores Magón rechazó ambas ofertas por considerarlas limitadas en su alcance.

Muere en 1922 en la prisión militar de Leavenworth, Kansas. Actualmente es considerado precursor de la Revolución Mexicana, sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres en la Ciudad de México desde 1945.

LUIS CABRERA

El ciclo termina el 15 de junio con la charla sobre Luis Vicente Cabrera Lobato. Originario de Puebla, abogado, político, diplomático y escritor cuyas ideas sobre la protección al campesino fueron cruciales para el desarrollo de la Ley Agraria de 1915 y más tarde el artículo 27 de la Constitución actual.

En sus artículos publicados en El hijo del Ahuizote criticó el régimen de Porfirio Díaz y junto a sus hermanos participó en la organización del Club Central Antirreeleccionista. Seguidor de Madero, lo encomendó a proseguir la Revolución hasta terminar con los seguidores de Díaz.

De 1914 a 1917 fue titular de la Secretaría de Hacienda. Después de la muerte de Venustiano Carranza, se manifestó abiertamente en contra de los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, sus ideas le valieron el destierro a Guatemala por dos años, sin embargo se reintegró a la vida política como asesor de Adolfo Ruiz Cortines.

El ciclo “Cuatro caudillos ignorados: una Nación” se llevará a cabo en el Auditorio del Museo de Historia Mexicana, está dirigido al público en general, las charlas serán a las 19:30 horas y tendrán un costo de 300 pesos por ciclo (4 conferencias) ó 100 pesos  por sesión, habrá los descuentos tradiconales.

Para mayores informes comunicarse al teléfono (0181) 2033 9898 ext. 112 o visite http://www.3museos.com, también a través de Facebook y Twitter.

Destaca la vida de los caudillos «olvidados»

David Hernández Mata.

El Porvenir.mx.Martes, 25 de Mayo de 2010. Sección Cultural. <http://www.elporvenir.com.mx/notas.asp?nota_id=398528&gt;

El ciclo “Cuatro caudillos ignorados: una Nación” se realizará en el Auditorio del Museo de Historia Mexicana, la charlas serán a las 19:30 horas.

Con la idea de darle su lugar a cuatro grandes pensadores que influyeron en los caudillos, que conocemos de la historia de la Revolución y la Independencia, «la idea es también hablar de la vida de estos personajes, de la conyuntura, sus planteamientos ideológicos y que tanto impacto tuvieron con sus pensamientos en los dirigentes militares», mencionó la maestra Ana Portnoy.

Portnoy presentará este martes en el Museo de Historia Mexicana el ciclo “Cuatro Caudillos Ignorados: una nación”, para conocer a profundidad a Fray Melchor de Talamantes, Carlos María Bustamante, Ricardo Flores Magón y Luis Cabrera.

La participación de estos cuatro caudillos se dio principalmente en el mundo de las ideas, establecieron publicaciones a través de las cuales ejercieron la crítica a los detentores del poder y aportaron numerosas ideas a las leyes que hoy nos rigen, sin embargo han permanecido en un segundo nivel en relación a otros personajes como Miguel Hidalgo, José María Morelos o Francisco Ignacio Madero.

La maestra Portnoy catedrática del Tecnológico de Monterrey, es quien impartirá estas charlas dónde hablara con profundidad, de la labor desconocida de estos intelectuales; y que de una manera u otra son tan importantes como los caudillos que la historia reconoce mayormente.

«Son personajes que de alguna manera no son muy recordados, ó no se les conocen mucho sus aportaciones a los dos movimientos, la historia generalmente le da mucho énfasis a lo que es la historia de bronce, que es la historia de los grandes héroes, las grandes batallas, los grandes triunfos», mencionó.

Con charla en el MHM Recuerdan legado de Flores Magón.

Ernesto D. Rodríguez.

Milenio online. Cultura. 2010-06-10

<http://impreso.milenio.com/node/8781908&gt;

Acciones, pero sobre todo ideas fueron las aportaciones más importantes que los grandes personajes de la Revolución Mexicana brindaron al pensamiento libertario, destacó en su charla la catedrática Ana Portnoy la noche del martes en el Museo de Historia Mexicana.

Dentro del ciclo de conferencias “Cuatro Caudillos Ignorados: Una Nación”, esta vez tocó el turno a la presentación de una charla sobre el emblemático periodista y pensador Ricardo Flores Magón.

La catedrática del Tecnológico de Monterrey habló sobre la vida y obra del también dramaturgo oaxaqueño, y describió los pasos que lo llevarían a tener un papel importante en la historia de México.

Abordó momentos como el incidente en Tomóchic, preludio de la Revolución, pasando por la constitución de la Junta Organizadora del PLM, la creación de Regeneración, el exilio hacia EU, la rebelión de Baja California en 1911, hasta el paso que dio Flores Magón de ser precursor de la Revolución a sentir afinidad por la idea del anarquismo libertario.

Obra de teatro de Estela Leñero sobre la familia Flores Magón.

Gustavo Mendoza Lemus

Milenio.com, 9 de junio de 2010.

<http://www.milenio.com/node/322170&gt;

Aprovechando la avalancha de aproximaciones de todas las disciplinas artísticas al tema del Bicentenario, Estela Leñero plantea adentrarse en la vida familiar de los Flores Magón, a la doctrina que recibieron en su infancia.

Monterrey, NL.- La vida familiar de Enrique y Ricardo Flores Magón será llevada a escena bajo la pluma y visión de Estela Leñero, quien no sólo se basará en la biografía de los hermanos anarquistas sino en la visión que su padre, Teodoro Flores, les inculcó desde su infancia.

Aún no hay fecha para su publicación ni para su montaje, aunque Estela prefiere primero llevarla a escena pues “lo que más me importa de mis obras es verlas en el escenario, ver cómo funcionan y ver como se desenvuelven los personajes”.

De paso por la ciudad, Estela Leñero acudió al Centro Cultural Universitario a presentar el libro Verbo líquido, el cual reúne cinco textos de su autoría –Insomnio, Habitación en blanco, Verbo líquido, Verónica en portada y El Códex Romanoff- y que cuenta con un prólogo de la dramaturga Sabina Berman.

Asediada por jovencitas estudiantes o egresadas de las distintas escuelas de artes escénicas, Estela Leñero se toma un tiempo para hablarnos de su proyecto para el próximo año, en plena conmemoración del Bicentenario del inicio de la Independencia y del Centenario del inicio de la Revolución.

“A mí me interesó escribir una obra sobre los Flores Magón, de hecho la acabo de terminar, y me puse a investigar y a investigar durante cuatro años y de repente me cayó el Bicentenario. La obra está enfocada sobre la familia, ellos vienen de unos padres alucinantes y eso me atrajo mucho”, adelantó un poco para sus lectores.

Estela Leñero es una de las dramaturgas mexicanas más reconocidas en la actualidad; sus obras buscan transmitir reflexiones urbanas a través de los ojos de una mujer maquiladora o de los cholos en las periferias urbanas, lo que le ha valido ser reconocida con el premio Nacional de Dramaturgia “Víctor Hugo Rascón Banda” en el 2004.

La vida de los Flores Magón es abocarse a un movimiento radical previo a la fecha oficial del inicio de la Revolución. Educados bajo los conceptos de organización de las comunas oaxaqueñas, desde muy jóvenes aprendieron a relacionar estos conceptos con los mandatos más básicos del comunismo, que después enfocarían en el anarquismo. Tanto Enrique como Ricardo vivieron presos la mayor parte de su juventud, en especial por llamar a la revolución social desde 1906 y por la publicación de diversos diarios, entre ellos El Regeneración.

“Su padre fue afín a Juárez, le había tocado participar en las guerras civiles contra los norteamericanos y los franceses; él era el Tata de una comunidad mazateca y de ahí les enseñó los cinco principios de la verdadera democracia y ellos lo asociaron al comunismo. Su padre es un personaje muy interesante”, detalló Estela Leñero.

Por ahora no hay fecha de estreno para la obra, pero sin duda vendrá a ser un interesante aporte de uno de los grandes personajes de la Revolución Mexicana.

La estructura hace la buena obra

“El trabajo fuerte de un dramaturgo es en la estructura de la obra porque las historias, como dicen, siempre son las mismas”, expresa Estela Leñero, haciendo una revelación sobre lo que resulta más importante para ella en su modus operandi cuando escribe.

Una de las peticiones constantes que se le hizo a Estela durante y después de la presentación de Verbo líquido es conocer su proceso creativo, no faltó quién le solicitara un libro donde diera consejos para quien desee involucrarse en el mundo de la dramaturgia y de la dirección teatral.

Además de enfocarse en la estructura del relato, Estela recomendó de igual forma ubicarse los planteamientos del trabajo en el presente, en lo contemporáneo. “Yo sé que no hay historias nuevas, pero sí hay nuevas formas de narrarlas, de jugar un poco con el tiempo porque en el teatro todo es presente, es ahí donde los personajes en escena viven”.

Vals con Bashir

Premiadísima película israelí sobre las vivencias y los recuerdos de los jóvenes reclutas que participaron en la guerra de Líbano en 1982, siendo testigos presenciales de la masacre de Sabra y Shatila.

Hecha como un largometraje animado, es una obra documental en la que el director y guionista Ari Folman, 24 años después de los acontecimientos,  empieza a reconstruir su memoria.

Como película animada -que en distintos festivales obtuvo importantes premios por la cinematografía- ,Vals con Bashir nos permite enfrentar acontecimientos muy crudos e inhumanos. El horror de la guerra queda patentizado con las últimas escenas tomadas de filmaciones reales en el lugar de los hechos.

Estuvo nominada en el Fetival de Cannes de 2008 a la Palma de Oro y en 2009 al Oscar  como mejor película en lengua extranjera. Además, ha estado nominada para distintas categorías en 32 festivales y concursos y ha obtenido 26 premios  (entreellos el de mejor película animada del Asia Pacific Screen Award, el premio danés Bodil de mejor película no-norteamericana; elde mejor película extranjera independiente por parte del British Independent Films Award; el Critics Choice Award por mejor película extranjera del Broadcast Film Criticas Association Awards; el César como mejor película extranjera; el premio como mejor película de la National Society of Film Critics Award de Estados Unidos; el premio de la Directors Guild of America por la categoría de logro sobresaliente en la dirección de un documental; así como el Globo de Oro como mejor película extranjera).

Fuente: watchmoviepreviews. Walts With Bashir Trailer. En Youtube:

<http://www.youtube.com/watch?v=_J9uoLMhMhs&gt;






El limonero

Dirigida por Eran Riklis, reconocido internacionalmente por la película La novia siria de 2004 y con una coproducción israelo-germano-francesa, esta película plantea la controvertida y difícil convivencia diaria en la frontera entre Israel y Cisjordania en un asunto que inicia con la mudanza del nuevo ministro de defensa israelí a una casa que colinda con el huerto de limoneros de Salma Zidane, la viuda palestina que heredó la propiedad de su padre.

Cuando el servicio de seguridad del ministro considera que los limoneros se deben talar para evitar la infiltración de terroristas que podrían atentar contra la familia del político, Salma decide rechazar la indemnización ofrecida (y que sus correligionarios le advierten que no debe recibir) y llegar hasta las últimas instancias , la Suprema Corte de Justicia israelí, representando su caso un joven abogado palestino.

El aparentemente sencillo asunto escala hasta las instancias políticas nacionales e internacionales, convirtiéndose en símbolo de la lucha palestina por un lado y de la necesidad israelí de seguridad ante las amenazas terroristas por el otro.

En un fallo salomónico, la Corte  acaba resolviendo, y perjudicando a la vez, a la demandante y al demandado.

El limonero permite vislumbrar cómo el conflicto afecta la vida de la población común y corriente de ambos lados de la línea verde, el sufrimiento personal, las presiones sociales y las ambiciones políticas.

La película ha sido premiada por el Asia Pacific Screen Award; recibió el premio Panorama concedido por el público en el Festival de Berlín de 2008; el Competition Award del Festival de Cine Asiático y Árabe así como el premio del Festival de Cine Israelí por mejor actriz a Hiam Abass.

Fuente: moviestride.Lemon Tree-Trailer-High Quality. en Youtube.

<http://www.youtube.com/watch?v=8jalWpTP-2k&feature=player_embedded&gt;