La crisis de las humanidades

A medida que nos percatamos sobre el deshumanizado contexto en el que estamos viviendo, preguntándonos en qué momento nuestra sociedad empezó a convertirse en una jungla en donde la ley del más fuerte y el más violento prevalece, tenemos que hacer una reflexión sobre qué ha sucedido para que lleguemos a esta preocupante realidad.

Discutimos si es la falta de valores, la transformación de la noción tradicional de familia, el atractivo de la riqueza inmediata, la falta de solidaridad, la ambición desmedida, la corrupción o la impunidad, o una multicausalidad que hace muy difícil encontrar una solución que nos permita recuperar la tranquilidad. Dentro de este complejo espectro, tenemos que tomar en cuenta no sólo la educación  los modelos de conducta que los niños y jóvenes viven en sus casas, sino plantearnos también qué es lo que ha sucedido en el ámbito educativo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, con el despegue tecnológico y económico de los países del Lejano Oriente, se empezó a dar   gran énfasis a las ciencias físicas y naturales para estimular el desarrollo industrial a través de la capacitación de ingenieros, científicos y técnicos por medio de estudios que enfatizan esas áreas de conocimiento.De acuerdo a esta visión, los estudios humanísticos empezaron a perder el valor y estimación que habían tenido durante siglos.  Los países en desarrollo como el nuestro, tomando como modelo el éxito económico de Japón, Corea y Taiwán promovieron durante las últimas décadas del siglo XX las carreras técnicas e ingenieríles que sustentarían la industrialización lo que les permitiría insertarse en la esfera de los países ricos.

Sin embargo, analizando con detenimiento esta tendencia, llama la atención que se optó por una solución a corto plazo para resolver un problema de largo plazo. El resultado se ha manifestado en  una sociedad a la que le faltan habilidades básicas que van desde la comprensión elemental de lectura hasta el análisis y el pensamiento crítico en asuntos sociales lo que ha conducido,  además de una devaluación de las ciencias sociales y humanas, a una carencia de interés político, económico, social, cultural y ecológico, una sociedad en la que la satisfacción de los intereses materiales rige y justifica la manera de alcanzarlos.

La enseñanza tradicional de las ciencias sociales y de las humanidades, central en la curricula hace más de medio siglo, fue concebida en muchos programas académicos sólo como un complemento de los estudios de biología, física, química y matemáticas. La misma metodología tradicional de su enseñanza, basada en la memorización más que en el desarrollo de un pensamiento crítico han hecho que estas áreas carezcan de interés y atractivo para los alumnos, quienes tienen sobre sí la presión de estudiar contenidos que les sean útiles, en una sociedad que valora más el desarrollo técnico que el cultural.

El término Humanidades deriva de la doctrina Humanitas que  el romano Cicerón desarrolló como parte de la educación que debería recibir el orador ideal. En latín significa humanidad o humanismo, pero conforme al proyecto de Cicerón también se refiere a un programa educacional. Se le identificó con el término griego Paideia, es decir,  la educación que debía preparar al hombre libre en su vida adulta y ciudadana.

El estudio de Humanitas fue un programa básico de educación clásica que en la Edad Media se transformó en la base de la educación cristiana a través de los colegios catedralicios y las universidades. Dentro de los estudios humanísticos se incluyeron las llamadas artes liberales que abarcaban la lingüística, la historia, las matemáticas y ciertas nociones de ciencia. En los siglos XVI y XVII incluían las llamadas disciplinas humanas contrastadas con los estudios de teología. Se enseñó la gramática, la  retórica, la poesía, la historia, la  filosofía moral, la  lengua y la literatura clásicas.

El estudio humanístico tuvo una larga tradición educativa,   visto como fundamental para la maduración de la persona tanto como ser humano así como ciudadano. Su pilar ha sido la lengua y la literatura que permiten al hombre expandir su capacidad mental de las limitaciones del lenguaje cotidiano y adentrarse en otras culturas e idiosincrasias al tiempo que  amplían su horizonte intelectual poniéndolo en contacto con los logros espirituales de otros hombres, otras culturas y otros tiempos.

El estudio de las obras literarias en los programas humanísticos no sólo se debe a la perenne importancia de la literatura, sino que es una reacción contra la sobre-especialización y el enfoque pragmático de la ciencia y la tecnología.

El humanismo es la actitud por medio de la cual se concede importancia primordial al hombre y a los valores humanos. No sólo abarca el estudio académico de las humanidades grecolatinas, sino que también considera como objeto de estudio  toda aquella producción e interés humanos no incluidos dentro de las divisiones de ciencias exactas y naturales. Incluye la literatura, el arte en todas sus manifestaciones, la filología, la historia y  la filosofía.

Un modelo educativo incluyente de las humanidades tiene como objetivo forjar  una sociedad basada en el hombre desarrollando integralmente todo su potencial, promoviendo los  valores humanos y universales,  y favoreciendo la libertad individual. Generan habilidades que permiten al individuo expresar sus anhelos,  sentimientos y creatividad.  También pretende que el individuo cobre conciencia de sí mismo, de sus relaciones y de su responsabilidad con otros hombres, con su sociedad y con el mundo que le rodea.

Sólo el estudio de las humanidades puede dar al individuo una perspectiva de su cultura y civilización y estas áreas del conocimiento deben recibir la misma atención en los modelos educativos que el estudio de las matemáticas, la genética o la física.

No queremos una sociedad formada únicamente por eficientes tecnócratas, sino por seres humanos comprometidos cabalmente con su entorno y con su sociedad.

El banquete y sus significados

¿Sabía usted que el comer en conjunto para festejar un acontecimiento es una costumbre antiquísima que ha implicado no sólo el disfrutar de alimentos preparados con esmero, sino también estos convites contienen un simbolismo?

Se cree que la palabra banquete que quiere decir comida consumida en compañía, deriva del sustantivo banc, banco o asiento y que el término proviene de los tiempos de los primeros cristianos quienes se reunían en catacumbas y celebraban sus ágapes sentados en bancas.

Sin embargo, los banquetes han sido una costumbre muy antigua, pues ya los egipcios, babilónicos, griegos y romanos acostumbraban recibir a sus huéspedes con opulencia y con un servicio de mesa que sobresalía de la comida cotidiana.

El banquete ha conmemorado ocasiones ceremoniales, festejos, funerales, triunfos militares y acuerdos políticos y también se llevan a cabo para reunir a diversas personas con las que se reafirman ideas y creencias similares, ya sean religiosas, sentimentales o intelectuales.

Hoy en día sabemos de los gustos culinarios de nuestros ancestros en diferentes épocas gracias a la arqueología.

Desde el período paleolítico cuando surge la conciencia del hombre de pertenecer a un grupo, llámese familia, clan o tribu, el consumo de los alimentos se realiza en compañía, sobre todo después del descubrimiento del fuego en el cual se asaba y cocinaba la carne, sentándose el grupo alrededor de la fogata. Los concheros, es decir, los depósitos de basura que se han encontrado en cuevas nos reportan el consumo de carne y de la médula de los huesos desde hace varios cientos de miles de años.

Los banquetes tenían un carácter místico, un ritual para que las fuerzas de la naturaleza fueran propicias. En las paredes de las cuevas denominadas Tres Hermanas en Francia, un artista primitivo representó al brujo de la tribu con vestimentas ceremoniales realizando una danza ritual en medio de una manada inmensa. Era un encantamiento para asegurar la cacería y los animales se dividían en dos porciones, una para los espíritus benevolentes y otra para el grupo humano. Así, el hombre se acostumbró a reunirse para dividir y compartir los alimentos, sobre todo en los dos momentos fundamentales de la vida, el nacimiento y la muerte.

Con el desarrollo de la agricultura y de la ganadería, el uso de la cerámica y la metalurgia, las reuniones alrededor de la mesa fueron más comunes y más elaboradas, sobre todo en las regiones más fértiles.

Herodoto, el padre de la historia, escribió hace 2,500 años sobre los banquetes que realizaban los antiguos egipcios. Ellos consideraban los alimentos como la fuente de salud o de enfermedad y por eso eran muy meticulosos a la hora de elegir y preparar sus comidas. Se han conservado descripciones de los banquetes que realizaban en pinturas murales en las tumbas y en los relatos históricos.

Recibían a sus invitados en comedores o en los jardines de sus casas en los que las plantas aromáticas y las palmeras refrescaban el ambiente. La anfitriona se encargaba de elegir el menú, supervisar su elaboración, dirigir el servicio y presidir la celebración junto con su esposo, a diferencia de las culturas de Oriente en las que las mujeres no participaban en los festejos.

Los huéspedes llegaban en palanquines y eran conducidos a una habitación en la que se lavaban las manos y los pies. Mientras se servía la comida eran entretenidos con diversos juegos, música de liras, arpas y tamborines así como por jóvenes bailarinas, acróbatas o mimos. Se les adornaba con coronas de flores y se les servía de beber. Hay que recordar que los egipcios desarrollaron una industria de vino y de cerveza y conocieron más de 2,000 hierbas y especies para aderezar sus alimentos.

El libro de Génesis [1] en el Antiguo Testamento nos relata del banquete del faraón que tenía a coperos a su servicio cuyo único oficio era verter el vino para el gobernante y panaderos para la elaboración de pan exclusiva del palacio real.

Herodoto, Ateneo y Plutarco reseñaron que para inspirar a los comensales, al final del banquete se traía un sarcófago que contenía un esqueleto, para que ante la imagen de la muerte se concediera más valor a las alegrías de la vida y de la comida.

El banquete, desde entonces, ha sido una oportunidad para demostrar la generosidad y riqueza del anfitrión. Por supuesto que no toda la población recibía así a sus invitados, pues alimentarlos y entretenerlos implicaba un costo elevado para poder sufragar un servicio doméstico, cocineros y despensas bien abastecidas. También contar con un vestuario apropiado y los recursos para pagar el espectáculo. Era una oportunidad de demostrar la posición social y el poder así como halagar a quien se pretendía impresionar para algún cargo o algún negocio.

Se cuenta que la última reina de Egipto, Cleopatra, acostumbraba poner perlas y piedras preciosas en las copas en las que servía el vino a sus huéspedes, quienes conservaban la joya como recuerdo memorable. Pobre de aquel que sediento apurara el contenido y no se diera cuenta del regalo.

Para demostrar que a 100 años de su independencia el México porfiriano se incluía en el concierto de las naciones civilizadas, para los festejos de septiembre de 1910 y en un banquete ofrecido en el Castillo de Chapultepec para los encumbrados representantes internacionales se elaboró un menú que bien podría haberse servido en el palacio del Eliseo en París:

Consommé Riche

Petits Patés á la Russe

Escaloppes de Dorades á la Parisienne

Noisettes de Chevreuil Purée de Champignons

Foie Gras de Strasbourg en Croutes

Filets de Drinde en Chaud Froid

Paupiettes de Veau a l’Ambassadrice

Salade Charbonniére

Brioches Mousseline Sauces Groseilles et Abricots

Glace Dame Blanche

Desserts

Café-Thé

Para acompañar las viandas se eligieron las bebidas más finas:

Jerez Fino Gaditano

Chablis Moutonne

Mouton Rothschild 1889

G.G. Mumm & Co. Cordon Rouge

Notas.

[1] Capítulo 40. Gracias por la aclaración a María mc_gutierrezz

Fuente sobre el Menú del Centenario de la Independencia de México: Ricardo Rincón Huarota, «El Banquete del Centenario de la Independencia» [11-04-2010] en Globedia:

<http://mx.globedia.com/sabores-bicentenario-independencia-centenario-revolucion_1&gt;

México, a 200 años del inicio de la guerra de Independencia

Ana Portnoy

México conmemora 200 años del inicio de la guerra de Independencia, al igual que muchos de los países hermanos latinoamericanos.

Gracias a las ideas ilustradas-libertarias del siglo XVIII, a los postulados de la soberanía del pueblo depositada en la corona española así como al descontentobronce criollo por el excesivo control de la metrópoli que además les negaba oportunidades para el ascenso a los más altos cargos de la administración colonial, la coyuntura de 1808 cuando los invasores  franceses encarcelaron al rey Fernando VII provocó que en todas las colonias hispanas se planteara la posibilidad de recuperar dicha soberanía, al menos temporalmente mientras el rey legítimo recuperara su trono. Por ello, el “grito de Dolores” incluyó la viva al rey español.

Al igual que todos los pueblos y países a lo largo de la historia, la construcción de un discurso nacionalista recurre a eventos heroicos y omite las páginas negras de los eventos que lo legitiman. La muerte de siete manifestantes se convierte en la masacre de Boston que anticipa la guerra de independencia estadounidense y la saga del Pípila, si es que fue tal y como la narra la historia de bronce, omite el asesinato de peninsulares y criollos refugiados en la Alhóndiga de Granaditas que provocó la oposición a la insurgencia por parte de aquellos miembros de las clases pudientes novohispanas que propugnaban por el rompimiento con España, pues temieron una violencia fuera de control, tal y como sucedió después en el asedio a Guadalajara.

Las discusiones y antagonismos entre Hidalgo, el caudillo moral del movimiento, y su jefe militar Ignacio Allende quedan a un lado en el bloque monolítico que es una historia oficial.

Y si conmemoramos el inicio de la gesta, ¿por qué no recordar su culminación aunque haya sido en manos de Iturbide quien se promovió de tal manera que fue coronado emperador meses después? ¿Porque para la historia republicana es un traidor y un advenedizo al poder? Se nos olvida que los héroes y villanos son hombres de su tiempo, con los vicios y virtudes que compartieron con amigos y enemigos. Y se nos olvida también la importancia de los acontecimientos internacionales que permiten explicar porqué Agustín de Iturbide, enemigo encarnizado de la insurgencia, decidió unirse a Guerrero en 1821.

Nuestra patria está contenida en un contexto ideológico y global, en el que los acontecimientos no suceden por azar. Sin embargo, en el discurso histórico oficial se eligen y se desechan personajes, se embellecen pasajes y se exalta el nacionalismo. A fin de cuentas, la historia es un instrumento que permite justificar y legitimar.

Las conmemoraciones del 2010 deben ser una invitación para que nos preguntemos quiénes somos y quiénes queremos ser, desde una conciencia crítica que nos permita recuperar los ideales libertarios pero que también nos conduzca a reconocer porqué estos ideales se han quedado en los grandes discursos y no al alcance de toda la nación.

Arqueología en la cocina

Ana Portnoy

¿Podemos saber a través de hallazgos arqueológicos qué comían los primeros hombres? ¿Cómo saber sobre los usos culinarios y gustos alimenticios de culturas y civilizaciones ya desaparecidas? ¿Importa tener esa información?

Cuando se habla de arqueología, las expectativas son los hallazgos impactantes como tumbas que no han sido violadas, templos en medio de la jungla, ciudades perdidas bajo dunas de arena. Conforme se exploran estos sitios, sin embargo, también aparecen evidencias que muchos considerarían muy insignificantes: platos y tazas de cerámica rota, fogones quemados, vasijas con indicios que albergaron vino, o aceite, o cerveza.

Pero estos descubrimientos permiten imaginar cómo era la vida diaria de los antiguos pobladores, su alimentación, sus redes de comercio e inclusive su salud.

En sitios donde moraron temporalmente los hombres del Paleolítico hay restos de las fogatas que calentaron las noches de invierno y les permitieron cocinar la carne de los animales cazados. Los restos de alimentos quemados, los depósitos de desechos –llamados concheros- con semillas y huesos de frutas permiten saber de qué plantas había y qué animales merodearon esa región. Esto se puede constatar al visitar Boca de Potrerillos en el municipio de Mina, N.L. ¿Y qué decir de la información que proporcionan las pinturas rupestres sobre las cacerías hace miles de años?

Si bien la domesticación de plantas y animales se dio simultáneamente en diversos sitios de Asia Occidental entre los milenios XII-VIII aC., se considera a la cuenca del Mediterráneo como la cuna de las grandes civilizaciones de Occidente, que tuvieron importantes centros económicos, políticos, militares y artísticos.

Jericó, Ugarit, Tebas, Amarna, Luxor, Biblos, Cartago, Knossos, Micenas y Troya son algunas de las importantes ciudades ya desaparecidas y cuya abundante riqueza arqueológica dan información sobre la producción, preparación y consumo de alimentos, pues en las excavaciones se encuentran miles de cacharros usados para cocinar y almacenar, muchos de ellos con restos de comida.

La agricultura de los períodos mesolítico y neolítico, basada en herramientas de madera y piedra que permitieron el sedentarismo, se incrementó con la minería y la fundición de metales como el cobre, bronce y hierro que produjeron instrumentos y utensilios más precisos y duraderos. En conjunto con el pastoreo ampliaron el acceso a una alimentación segura lo que trajo consigo el crecimiento demográfico.

Los caseríos primitivos dieron pie a ciudades cosmopolitas y sofisticadas que contaron con teatros, bibliotecas, calles pavimentadas, construcciones de varios pisos con sistemas de drenaje y agua caliente y una diversificación de oficios y artesanías convirtiéndose en los centros políticos y culturales que atrajeron a miles de personas.

Como grandes centros urbanos desarrollaron medios para abastecer de agua y alimentos a sus miles de habitantes y surgieron mercados, vendedores ambulantes, fondas y prestadores de servicios para poner a su alcance las comidas del diario. Hubo platillos equivalentes a la comida rápida de hoy en día, tentempiés que se consumían en la calle y que proveían vendedores ambulantes así como fondas para restaurar el espíritu con una buena comilona y mantener una tertulia con los amigos.

La investigación sobre los alimentos de la antigüedad requiere de la colaboración de especialistas en diversas áreas, además de la  arqueología. La botánica, la zoologíaa, la química, la geografía, la historia, la lingüística, la antropología e inclusive la medicina forense permiten conocer sobre la domesticación de las plantas y los animales y el desarrollo de la agricultura y ganadería intensivas; la ampliación de las rutas comerciales y el desarrollo de medios de comunicación; el conocimiento médico y el desarrollo de la medicina herbolaria así como la relación entre la alimentación, la magia, la religión y la ritualidad.

A través de estos estudios se puede saber qué granos masticaban los hombres del Paleolítico y que desgastaron sus grandes molares; dónde se domesticó el trigo o la cebada cuyo cultivo permitió el florecimiento de las grandes culturas en Egipto y Mesopotamia; cuál fue la última comida de algún rey antes de fallecer y ser embalsamado; cuánto era el consumo de proteínas de la población a través del análisis del cabello, huesos, dientes o uñas de los restos humanos y qué enfermedades e infecciones padecieron los hombres de otras épocas así como las técnicas médicas y las hierbas que se utilizaron para su curación.

También los artefactos que se encuentran en una excavación arqueológica, como ollas, cucharones y platos tanto de cerámica como de metal o vidrio, ánforas y jarras dan una visión de la vida civilizada que permite conocer las vidas privadas y cotidianas de esas sociedades y sus redes de intercambio. Entre los restos preservados por la ceniza en Pompeya, quedaron los alimentos listos para consumirse en ese nefasto día de agosto del año 79 y que se han conservado durante casi dos mil años.

Las pinturas murales y las ofrendas en las tumbas son fuentes de información sobre los alimentos y las actividades ligadas con su producción,  almacenamiento e intercambio. Y si también se encuentran fuentes escritas, la reconstrucción de la dieta y los hábitos de cocina y de salud son más precisos.

Entre los textos, se han descifrado manuales agrícolas, remedios herbolarios, recomendaciones para la alimentación de los niños, de las mujeres embarazadas, de los ancianos, de los guerreros y gladiadores.

Estas fuentes incluyen información sobre la flora y la fauna de cada región, el sistema de comercio, la importación, la exportación y la taxación de bienes que incluyeron vinos, miel, especias, sal, pescados salados, distintos tipos de granos y panes, quesos, cervezas, carnes secas, plantas, frutas y verduras exóticas por toda la cuenca del Mediterráneo e inclusive a las culturas del cercano y el lejano oriente.

Inclusive se conocen escritos con las observaciones y descripción de los alimentos y la manera de prepararlos cotidianamente o para un festejo particular. El  libro de cocina más antiguo se atribuye a un cocinero romano del siglo I de la era común que se llamó Apicio intitulado Del arte de la cocina. Hoy en día, dos mil años después, se pueden preparar las recetas sobre los alimentos que comieron los romanos en la época de Jesús.

Lo más sobresaliente de la investigación sobre el origen de los alimentos y la evolución de la manera de prepararlos es darnos cuenta que nuestra dieta contiene productos que se han consumido desde tiempos prehistóricos y que al sentarnos a la mesa no estamos concientes de los valores culturales, de filiación y pertenencia que implica el hecho de consumirlos.

Cuando preparamos una carne asada los domingos, cocinando en una parrilla sobre carbones humeantes trozos de carne que acompañamos con papas y cebollas y tal vez una ensalada, estamos repitiendo casi de manera idéntica el patrón de alimentación del hombre paleolítico que en grupo cazaba a un gran mamífero, lo preparaba, asaba y cortaba en tanto se recolectaban hierbas y semillas y algunos frutos para completar el festín.

No era una comida en solitario, sino participaba todo el clan, como hoy en día cuando se reúne la familia y los amigos alrededor del asador. Y si la cerveza acompaña y alegra la reunión y calma la sed en los ardientes días del verano, también los antiguos egipcios saborearon esta bebida con sus alimentos, pues fueron sus inventores hace más de cinco mil años. Lo único que nos diferencia de esos antiguos comensales son los tenedores y platos que utilizamos y el tener una servilleta a la mano.

Y el hecho que conseguir los alimentos y mantenerlos frescos es más fácil gracias al desarrollo tecnológico del siglo XX.

Culpa a historia de complejos

Abraham Vázquez.

El Norte, Monterrey N.L.,  19 de junio de 2010. Sección Arte pág. 7.

Ser historiador es un asunto serio. Un manejo irresponsable del pasado puede provocar desde complejos hasta guerras.

«De la guerra entre los serbios y los croatas la culpa la tienen los historiadores», dijo Gisela Von Wobeser, directora de la Academia Mexicana de Historia.

«Los historiadores le metieron a los niños serbios que la culpa era de los croatas; y los croatas al revés, y a los 18 años esos niños no tuvieron más que empuñar el fusil», agregó.

De visita en la Ciudad, donde participó en la Cátedra Bicentenario de la UR con la charla «Los indígenas y el movimiento independentista», la noche del jueves, la historiadora reconoció que en México la historia oficial, esa que se ha enseñado por años en las escuelas, es responsable de generar complejos, como el creer que el carácter nacional está marcado por la derrota.

«Somos muy responsables los historiadores de esta carencia de autoestima que tenemos los mexicanos, pero también de la falta de responsabilidad», dijo la autora de La Hacienda Azucarera en la Época Colonial.

«Hay que romper con eso, hay que aceptar la responsabilidad que tuvimos en nuestros procesos históricos», agregó.

El reto para los historiadores es romper con esa visión en la que a los mexicanos se les deslinda de responsabilidad en eventos como la Conquista, la pérdida de Texas o la llegada del Imperio de Maximiliano.

«Si vemos que, por ejemplo, Maximiliano era un liberal, en ciertas cosas, era más liberal y más preocupado por los indios que el propio Benito Juárez», dijo.

Una visión más equilibrada de la historia, agregó la historiadora, servirá para que en el futuro los mexicanos puedan evaluar lo que hicieron sus ancestros sin ningún complejo.

Pasión por la Patria: la tragedia de Clipperton

Laura Restrepo. La Isla de la Pasión. México: Alfaguara. 2005.

Ana García Bergua. Isla de bobos. México: Seix Barral. 2007

Un pasaje prácticamente desconocido u olvidado de nuestra historia es la llamada «tragedia de Clipperton» sucedida en las postrimerías del Porfiriato y los primeros años de la Revolución Mexicana. Pocos sabrían hoy en día sobre este remoto y abandonado farallón del que México perdió su jurisdicción en 1931, si no fuese por dos excelentes novelas que recrean la historia y dan una dimensión heroica a sus personajes.

Gracias a Laura Restrepo quien escribió La isla de la Pasión y a Ana García Bergua autora de Isla de Bobos podemos conocer los extremos a los que el patriotismo o la búsqueda de gloria llevaron a un pequeño grupo de mexicanos en la primera década del siglo XX. Ramón Arnaud y su pequeño regimiento de 11 soldados -acompañados por esposas e hijos-,  llegaron en 1905 a defender la soberanía nacional de un islote a casi 1,500 kms. al sureste del puerto de Acapulco.

Tras nueve años de penalidades, abandonados por las autoridades porfirianas y revolucionarias, expuestos a la furia de los huracanes, la hambruna y enfermedad y la muerte  del grueso de la guarnición y la violencia sádica, sólo sobrevivieron tres mujeres y siete niños.

Clipperton ha recibido muchos nombres desde que los navegantes se toparon con la isla en el siglo XVI. Se le conoce también como Farallón Banco, Médanos, Roca de Clipperton, Roca de la Pasión o Isla de la Pasión y fue objeto en 1978 de un documental filmado por Jacques Cousteau en sus exploraciones submarinas. Debe su nombre de Clipperton al pirata ingles del siglo XVIII que se refugió en ella para poder atacar a la Nao de China que con sus tesoros navegaba hacia la Nueva España.

Un espacio desolado, con una laguna salobre en su centro, es prácticamente inhabitable por carecer de tierras que permitan una siembra de autoconsumo. Se convirtió en un punto de conflicto gracias  a los pájaros bobos que ahí viven, pues su excremento utilizado como fertilizante para la agricultura, fue explotado por una compañía norteamericana que construyó ahí una planta exportadora.

En conflicto con Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña por su posesión, el gobierno de Porfirio Díaz envió como gobernador al capitán Arnaud para defender la soberanía del territorio, con el compromiso de enviar cada par de meses un barco desde Acapulco con alimentos, agua fresca, medicamentos y todos los implementos necesarios para facilitar la vida de los soldados y sus familias.

Con un idealismo a toda prueba, Arnaud y su muy joven esposa Alicia se abocaron a hacer habitable el islote, dar educación a los niños y procurar iniciar un proyecto agrícola que autoabasteciera a los habitantes.

Sin embargo, al estallar la revolución, nadie recordó a Clipperton y sus defensores. Tras múltiples vicisitudes y llevando el patriotismo a su expresión más radical, que fue rechazar la ayuda de un buque norteamericano en 1914, inició la tragedia en la isla.

Tragedia que no terminó cuando las mujeres sobrevivientes y sus niños llegaron a México, pues  además de enfrentar los graves problemas físicos del abandono y la violencia ejercida en su contra , el gobierno carrancista las consideró viudas de soldados del ejército federal enemigo de la Revolución por lo que  ninguna autoridad estuvo dispuesta a darles la pensión que merecían por la muerte de sus esposos. Mendigando de oficina en oficina, finalmente el gobierno de Obregón les otorgó una exigua ayuda monetaria.

Esta historia fue rescatada por la escritora colombiana Laura Restrepo, asilada en México en a finales de los año 1980, quien siguió la pista a través de la consulta de archivos en México y en Estados Unidos y las memorias de María Teresa Arnaud de Guzmán, entrevistas con familiares de los sobrevivientes y consulta de los diarios de la época.

Con una narración que cautiva al lector, reconstruye personajes y ambientes, contando la historia de amor de Ramón y Alicia, del alemán Gustavo Schultz  y Altagracia Quiroz,   la crianza libre de toda contención de los chiquillos que nacen en Clipperton así como la enloquecida violencia de Victoriano Álvarez.

Sus personajes son tan creíbles que podemos pensar que ésta es una biografía colectiva y no una novela. Para el abogado y literato Miguel González Avelar quien en septiembre de 2005 publicó en Letras Libres una crítica de esta obra, el texto es una “crónica novelada de una saga histórica que atormenta el nacionalismo mexicano”.

Por otro lado, la novela de Ana García Bergua, Isla de Bobos, aborda el tema desde otra perspectiva. Tratando de hacer más enigmática la identificación de los personajes y los lugares, con el recurso de nombrar con una inicial los sitios -¿homenaje a Kafka?-y con un estilo que parece una narrativa de finales del siglo XIX, escribe sobre los acontecimientos entrecruzando los tiempos y las historias –recuerda a Vargas Llosa con este entramado-. La voz del capitán Soulier cuenta la historia con un orden cronológico en tanto el personaje de Luisa, su esposa, va intercalando el testimonio de los años posteriores a las trágicas experiencias.

Para la literata Nora Guzmán, el libro reconstruye de manera realista la atmósfera del México en las postrimerías del Porfiriato, sus valores y la exaltación de los conceptos de honor y gloria. Los personajes, construidos detalladamente, manifiestan los deseos y contradicciones coherentes con la época en que se ubica la trama.

El título de su libro es muy atractivo pero también ambiguo, pues en primera instancia parece referirse a los pájaros que,  sin haber tenido contacto con los humanos, no le tienen miedo a los hombres que llegan a morar y a morir en su geografía y que pasan a convertirse de compañeros de juegos de los niños en el alimento que les permitirá conservar la vida, pero también puede aludir al extremo de idealismo al que llegaron estos abandonados soldados mexicanos en su afán por defender, como lo dice el himno nacional, que ningún extraño enemigo profanara con su planta la tierra de la Patria.

La autora también consultó archivos y notas periodísticas de la época, concentrándose más en la historia de las mujeres y los niños sobrevivientes en su peregrinar buscando una justicia que difícilmente las resarciría de todas las penalidades que enfrentaron.

El tema de la soberanía de Clipperton no ha sido totalmente desechado y no se limita a inspirar obras semificcionales. Reclamada por Francia y México, el gobierno porfirista solicitó el laudo de una entidad que les fuese neutral a ambos país, el Vaticano, que la delegó en el rey de Italia Humberto III quien en 1931 la adjudicó para Francia –vano el sacrificio de Artaud y sus hombres-. Miguel González Avelar en su libro Clipperton, isla mexicana publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1992 analiza las consideraciones históricas y jurídicas del laudo para el país, puesto que con su pérdida, también México tuvo que renunciar a las millas náuticas que amplían el mar patrimonial mexicano.

La reseña sobre el texto de González Avelar se puede consultar en: Biblioteca Jurídica Virtual.Boletín Mexicano de Derecho Comparado.

<http://www.juridicas.unam.mx/publica/rev/boletin/cont/82/bib/bib25.htm&gt;

El documental de Manuel Arango «Clipperton: la Isla de la Pasión» con entrevistas a historiadores y juristas narra la controversia sobre el laudo así como la importancia del deshabitado atolón para México así como para Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Roma: Descubren esqueletos; ¿eran de gladiadores?


Restos hallados en Inglaterra son de hombres altos y fuertes



(8 junio 2010).- LONDRES.- Arqueólogos británicos anunciaron ayer que creen haber sacado a la luz en York, al norte de Inglaterra, el cementerio de gladiadores mejor conservado del mundo.

Los expertos de la fundación arqueológica York descubrieron durante unas excavaciones unos 80 esqueletos que datan de los siglos 1 al 4.

Varias pistas permiten pensar a los científicos que se trata de antiguos gladiadores, los luchadores profesionales que se enfrentaban entre ellos o contra las fieras para divertir a los antiguos romanos.

Se cree que la palabra gladiador procede de la palabra «gladius», la espada que estos hombres usaban. El origen de estos combates se encuentra en los ritos funerarios del pueblo etrusco, en cuyos monumentos ya aparecen representados.

Como ocurrió con otras muchas costumbres antiguas, las luchas de los gladiadores, que iniciaron como tradición religiosa, se transformaron en un espectáculo público cruel y sangriento.

La mayoría de los huesos encontrados pertenecen a hombres de constitución sólida y una estatura superior a la media. Muchos de ellos fueron decapitados. Uno de los esqueletos llevaba señales de mordiscos.

«Una de las pistas más importantes es una gran marca de mordedura de carnívoro, probablemente infligida por un león, tigre u oso, una herida sufrida sin duda en el marco de un circo», estimó Kurt Hunter-Mann, quien dirige el equipo de arqueólogos.

Además, el estudio de varios esqueletos reveló que algunos hombres tenían un brazo más ancho que el otro, un caso frecuente entre los combatientes que manejan un arma pesada a menudo desde la adolescencia.

«De momento, nuestra principal teoría es que numerosos esqueletos son de gladiadores romanos», explicó. «Pero las investigaciones continúan y debemos seguir abiertos a otras pistas», indicó Michael Wysocki, investigador de la Universidad de Lancashire, que participó en la investigación.

«Son descubrimientos de una importancia internacional. No existe en ningún otro lugar del mundo un cementerio de gladiadores potencial con este nivel de preservación».

AFP

Fuente: El Norte, Monterrey, N.L., 8 de junio de 2010. Sección Vida Pág. 11.

Están próceres bajo sospecha

Silvia Isabel Gámez.

El Norte, Monterrey, N.L., 29 de mayo de 2010 Pág. 6A

MÉXICO.- Desde que fueron exhumados en 1823, en un acto de desagravio decretado por el Congreso por haber sido fusilados como traidores, los restos de los héroes de la Independencia han estado bajo sospecha. Ahora,en el marco de las fiestas del Bicentenario y en la víspera de un nuevo traslado, la incertidumbre subsiste.

El objetivo, ésta vez, es que antropólogos físicos del INAH certifiquen la identidad de los restos. El primer paso será ordenar los huesos, varias veces mezclados, para llegar a su identificación, que aún no es seguro que pueda lograrse.

«Mi temor es que los huesos estén tan degradados que no se logre obtener información suficiente», reconoce Carmen Saucedo, a cargo de la parte histórica del proyecto.

En su primer destino, la Capilla de San Felipe de Jesús, en la Catedral Metropolitana, los restos permanecieron sólo dos días, tras ser trasladados en un magnífico funeral el 17 de septiembre de 1823.

La devoción de quienes acudían a hincarse frente a la urna con los restos de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, José Mariano Jiménez, José María Morelos, Mariano Matamoros, Xavier Mina, Pedro Moreno y Víctor Rosales, hizo que los canónigos solicitaran llevarlos a la bóveda del Altar de los Reyes.

El conflicto que Plutarco Elías Calles mantenía con la Iglesia hizo que decidiera trasladarlos a la Columna de laIndependencia el 16 de septiembre de 1925. Allí han permanecido hasta este domingo, cuando las urnas serán retiradas para ser llevadas,en un desfile militaral Castillo de Chapultepec presidido por Felipe Calderón.

Fuente de la imagen: Secretaría de Gobernación. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). La pérdida (hasta los huesos) 
de nuestro pasado.

<http://www.inehrm.gob.mx/imagenes/restos/01.jpg&imgrefurl&gt;

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Critica el PRI exhumación de próceres

Para Beltrones es injustificado; Paredes dice que hay otras prioridades.

Fernando Paniagua, Carole Simmonnet y Claudia Salazar.

El Norte, Monterrey, N.L., 30 de mayo de 2010. Pág. 7A.

MÉXICO.- Dirigentes priistas cuestionaron la decisión de trasladar los restos de los héroes de la Independencia del Ángel al Castillo de Chapultepec.

Manlio Fabio Beltrones, coordinador priista en el Senado, consideró injustificado el traslado, que tendrá lugar hoy.

«Me parece que el lugar adecuado en donde deben estar es el Monumento a la Independencia. Llevarlos al Castillo de Chapultepec debe ser una reminiscencia conservadora», señaló en Querétaro, en el marco de la toma de protesta de Emilio Gamboa Patrón como nuevo dirigente de la CNOP.

Por su parte, Beatriz Paredes, presidenta nacional del tricolor, consideró que hay asuntos más urgentes que resolver.

«Hay que escuchar a los expertos, pero me parece que hay otra serie de prioridades», comentó la dirigente priista.

En tanto, el Diputado perredista Jesús Zambrano llamó al Gobierno federal a explicar el motivo del traslado.

Polemizan legisladores

Legisladores del PAN y PRI polemizaron sobre la conveniencia de que sean analizados y trasladados los restos de los héroes de la Independencia que desde 1925 descansan en el Ángel de la Independencia al Castillo de Chapultepec.

El Senador del PRI Carlos Jiménez Macías llamó a realizar actos de celebración históricos que realmente sirvan a unir a los mexicanos en torno a acciones que permitan mejorar la situación que prevalece.

«No hay que exagerar y ser excesivos en la celebración y mucho menos hay que hacer actividades que resultan simplemente sin ningún sentido y quizá solamente pretenden poner una parafernalia y enaltecer digamos los valores, pero eso no puede ocultar la grave situación por la que está pasando el País», dijo.

Legisladores panistas avalaron el acto y consideraron que puede ser un paso para revisar la historia «oficial» y aquilatar el papel de las figuras que contribuyeron a forjar el México de hoy.

El Diputado federal del PAN por Puebla, Pablo Rodríguez Regordosa, restó importancia a la iniciativa de mover los restos que descansan en el Ángel hacia Chapultepec, y exhortó a que los festejos se conviertan en una ocasión para revisar la historia y el papel de las figuras de la Independencia y de la Revolución.

Así lo dijo

«No hay que exagerar y ser excesivos en la celebración, y mucho menos hay que hacer actividades que resultan simplemente sin ningún sentido y quizá solamente pretenden poner una parafernalia». Carlos Jiménez Macías, Senador del PRI.

¡Que los héroes descansen en paz!

Déjense tranquilos los restos de nuestros héroes y piénsese mejor en cómo encarar los graves problemas que hoy aquejan a los mexicanos.

Cuauhtémoc Cárdenas

El Norte, Monterrey, N.L., 30 de mayo de 2010. Opinión Invitada. Pág. 7A.

Con gran profusión en los medios de información se ha estado publicitando que hoy, 30 de mayo, los restos de los héroes de nuestra Independencia, que han descansado en la Columna de la Independencia (el Ángel), serán trasladados al Castillo de Chapultepec, invitando al mismo tiempo a la población a sumarse a este evento, que los convocantes parecen considerar como un gran acto de celebración y rememoración. La noticia nos agrega que, con posterioridad, esos restos serán trasladados de Chapultepec al Palacio Nacional, para que ahí queden expuestos al público.

¿Para qué hacer desfilar los restos de nuestros héroes del monumento a la Independencia al Museo Nacional de Historia de Chapultepec y más tarde llevarlos de ahí a Palacio Nacional? ¿Se cree realmente que con actos de necrolatría, estimulando la necrofilia, se exaltan los valores patrios y se honra a nuestros héroes?

Se ha anunciado, también, que existe la intención de identificar a quiénes, verdaderamente, pertenecen los restos, que se cuenta con información histórica que corresponden a 15 personas, aunque los datos existentes en la Columna de la Independencia hacen referencia sólo de 12. Bien. Para hacer estudios sobre los restos, de 12 o de 15 de nuestros héroes, ¿hace falta organizar un desfile con ellos? Si se pasean por la capital, además de eventualmente identificarlos o no, ¿terminarán la desigualdad y la pobreza que hoy golpean severamente a más de tres cuartas partes de la población nacional, saldrá la economía del estancamiento y se acelerará el crecimiento, habrá seguridad y tranquilidad para el común de la gente en su vida cotidiana, se harán y veremos milagros?

Si se diera el caso que los restos no corresponden a quienes se consideraba que pertenecían, ¿dejarán por ello de ser héroes los héroes?, ¿cambia en esencia la historia porque esos restos en particular sean o no sean de quien se supone o se tiene la certeza que son, cambian los hechos que han merecido reconocimiento por su contribución a la independencia, a la creación de nuestra nacionalidad de mexicanos, al país con capacidad de ejercitar su soberanía que legaron a las generaciones que les siguieron?

Ver desfilar los restos hoy 30 de mayo, de la Columna de la Independencia al Castillo de Chapultepec, o ver pasar las urnas mortuorias o los ataúdes que por algún tiempo estarán expuestos en alguna parte del Castillo de Chapultepec o del Palacio Nacional ¿exaltará el espíritu cívico de la población, hará más patriotas a quienes vean pasar frente a sus ojos urnas o ataúdes, imbuirá a los espectadores con las ideas de aquellos que nos dieron patria?, o se tratará simplemente de una irreverencia más hacia quienes hicieron posible que hoy exista México como nación independiente y que contemos con nuestra identidad de mexicanos.

El lugar de esos restos es la Columna de la Independencia. Ahí reposan y ahí deberían permanecer, sin que irrespetuosamente se lleven y traigan de un lado a otro. Los restos de Simón Bolívar se encuentran en el Panteón Nacional de Venezuela, en Caracas, los de José de San Martín reposan en la catedral de Buenos Aires, los de José Gervasio Artigas en el Mausoleo de Artigas, en la Plaza Independencia de Montevideo, y nadie tiene la ocurrencia de sacar los restos de esos próceres de los sitios simbólicos donde descansan para pasearlos por aquellas capitales o para hacerlos desfilar por otros rumbos de aquellas naciones hermanas, ni siquiera en las conmemoraciones de los grandes aniversarios patrios.

Grave sería que como colofón de este paseo, y en exaltación del oportunismo, se pretendiera que en un nuevo paseo, del castillo o de donde se encontraran, se llevaran esos restos al nuevo monumento que se está levantando frente a las rejas y los leones de Chapultepec, y que ahí se les reuniera con los de aquellos que hicieron posible la obra constructiva de la Revolución Mexicana.

Déjense tranquilos los restos de nuestros héroes en los sitios simbólicos que ya ocupan y piénsese mejor en cómo enfrentar los muy graves problemas sociales, económicos, de inseguridad y políticos que hoy aquejan a la gran mayoría de los mexicanos, en cómo, con éxito, podría iniciarse ya el tránsito a un futuro de libertades, equidad, justicia y bienestar para todos. Sería así como realmente se honrara la memoria y se cumpliera con los valiosos legados de nuestros héroes, de los que nos dieron patria; hágase eso con seriedad, responsabilidad y decisión, y déjense de lado la farándula, el oportunismo y la frivolidad.

Huesos patrios.

Sergio Sarmiento

El Norte, Monterrey, N.L., 31 de mayo 10 Pág. 8A.

«Ahora el Estado se parece a la Iglesia: paseando huesos». Bertha Pantoja

Nada parece más aberrante que sacar de su lugar de reposo los cadáveres de unas personas muertas hace casi dos siglos para transportarlos por el Paseo de la Reforma y llevarlos al Castillo de Chapultepec con el fin de prepararlos para ser exhibidos públicamente en Palacio Nacional.

Si éste es el premio que el Gobierno mexicano otorga a quienes entregaron su vida para la construcción de un país independiente, bien podemos entender por qué hoy hay menos entusiasmo que nunca de los mexicanos para participar en actividades cívicas y hacer un esfuerzo por mejorar el País.

Este domingo 30 de mayo lo que se supone son los restos mortales de 14 próceres fueron sacados de la Columna de la Independencia en el Paseo de la Reforma en una ceremonia transmitida por televisión. Digo se supone porque, a dos siglos de distancia, y considerando que algunos fueron muertos en campos de batalla y otros fusilados y decapitados por las fuerzas realistas, hay dudas serias sobre el destino real de algunos de los cadáveres. A esto hay que añadir que en varias ocasiones ya los huesos fueron sacados de sus tumbas para ser lavados y trasladados a nuevos sitios de «reposo».

Los restos extraídos ayer de la Columna de la Independencia y llevados al Castillo de Chapultepec son al parecer los de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Jiménez, José María Morelos, Mariano Matamoros, Pedro Moreno, Víctor Rosales, Xavier Mina, Nicolás Bravo, Leona Vicario, Andrés Quintana Roo, Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria.

La Iglesia católica ha tenido desde hace mucho tiempo una fijación enfermiza con los restos mortales de sus próceres. Si bien la doctrina formal cristiana establece que la fe y la adoración se reservan a Dios solamente, o en todo caso a su hijo, la tradición pagana se ha impuesto y ha fomentado la multiplicación de cultos a santos y advocaciones de la Virgen. Las peregrinaciones con huesos de santitos han sido así una de las desviaciones características del catolicismo en distintos lugares del mundo.

En México estamos viendo una situación similar en un culto que conjuga elementos laicos y religiosos. Los próceres de la independencia se han convertido en santos cuyos restos deben ser exhibidos y adorados. Hay algo extraordinariamente perverso en esta actitud en un Estado que se precia de su laicismo. Es como si quisiéramos recuperar la costumbre de los aztecas de mostrar desde la cima de las pirámides los corazones de las vírgenes y los prisioneros sacrificados; o la de los realistas de exhibir públicamente las cabezas de los insurgentes ejecutados.

El Bicentenario debería ser una oportunidad para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro de nuestra nación. Deberíamos preguntarnos, por ejemplo, por qué este largo período de independencia no ha servido para convertirnos en un país más próspero. En 1820, después de todo, Estados Unidos tenía un Producto Interno Bruto per cápita 65 por ciento superior al mexicano (Angus Maddison, «The World Economy»; OECD, 2006). Hoy la diferencia es de 470 por ciento (FMI).

Pero en lugar de preguntarnos por qué a casi 200 años la Independencia no ha podido darnos un mejor nivel de vida, en vez de reflexionar sobre lo que hemos hecho mal para que en los próximos dos siglos podamos emprender un camino de mayor crecimiento y bienestar, salimos a pasear huesitos por las calles como si los personajes históricos fueran santos y el Gobierno una reedición de la parte más retrógrada de la Iglesia.

http://www.sergiosarmiento.com

Pompeya, un tunel en el tiempo

Ana Portnoy Grumberg

En la Península italiana, en la región de Campania se situan las ciudades romanas de Pompeya y Herculano, muy cercanas a la ciudad de Nápoles.

Campania es una rica region agrícola y aunque ambas fueron ciudades de poca relevancia en el mundo romano, su preservación gracias a las capas de ceniza volcánica que las conservó casi intactas hasta nuestros días las han convertido en prácticamente un tunel del tiempo que permiten reconstruir los detalles de la vida cotidiana en el siglo I.

Las dos ciudades estaban localizadas en una zona de grandes posibilidades agrícolas, con intensos cultivos de vid y olivos que fueron la base de su economía. Los pompeyanos exportaron vino y aceite de oliva al norte de Africa y al cercano oriente e importaron productos de la costa francesa y de regiones tan lejanas como la India.

El 24 de agosto del año 79 el Vesuvio hizo explosion cuando Tito era el emperador del gran imperio romano. Con una población de casi 20,000 personas que incluían patricios, plebeyos, esclavos, comerciantes, sacerdotes, gladiadores, artesanos y campesinos, Pompeya fue sepultada tras la erupción del Vesuvio, que forma parte de una línea de volcanes como el Strómboli y el Etna en Sicilia. Murieron cerca de cinco mil personas debido a los incendios provocados por las rocas ardientes arrojadas por el volcán y por los vapores de azufre que envolvieron la ciudad y asfixiaron a los habitantes. Muchos murieron intentando escapar hacia el mar, y otros, como el naturalista Plinio el Viejo, tratando de rescatar a los sobrevivientes.

En un radio de dieciocho kilómetros cuadrados el paisaje quedó cubierto por lava y los campos fértiles fueron arrasados.

Podemos decir que la arqueología nace con las excavaciones y estudios acerca de Pompeya y Herculano que se iniciaron en el siglo XVIII y que, con escasas interrupciones han continuado hasta nuestros días.

En la actualidad podemos pasear por Pompeya, en la que se conservan perfectamente el trazado de sus calles, las estructuras de sus tiendas y talleres así como los importantes edificios públicos como el Foro, el Templo de Isis o el Anfiteatro, junto a los restos de su sistema de murallas.

Numerosas casas particulares de esta ciudad han conservado sus estancias, atrios y jardines. Impresionan los servicios públicos con los que contó, como el abastecimiento de agua, el drenaje, el pavimento de sus calles con pasos peatonales, la distribución de barrios delimitando los comerciales con los residenciales. Se han encontrado los talleres textiles con evidencias de los pigmentos para teñir la ropa, las panaderías con restos carbonizados de pan en sus hornos, tabernas y tiendas, así como baños públicos con albercas, baños de vapor y gimnasios en los que los pompeyanos cultivaban la norma de “mente sana en cuerpo sano”.

Algunas villas suburbanas próximas a la ciudad de Pompeya, también conservan junto a sus dependencias importantes pinturas murales y mosaicos, con motivos de inspiración griega. El naturalismo y la belleza de sus temas inspiraron en la época de Napoleón el así llamado estilo imperio.

En la ciudad de Herculano, de menores proporciones que Pompeya, y todavía con muchos de sus edificios sin rescatar, también se han preservado numerosas casas particulares, termas privadas y algunos edificios públicos como el Teatro. El hecho de permanecer sepultadas durante siglos por la lava y las cenizas ha permitido una buena conservación de los restos de es- tas ciudades antiguas.

El interés por Pompeya radica en el hecho de que podemos contemplar con bastante exactitud lo que constituía la vida cotidiana de una ciudad romana del Imperio tal como se desarrollaba hace 2,000 años, con sus calles, y sus diversos espacios públicos y privados. El paseo por la ciudad puede ser completado con una visita al Museo Arqueológico de Nápoles, donde se conservan numerosos restos de esta ciudad.

Entrar a Pompeya muy temprano, antes de que comiencen a llegar los primeros turistas, o pasear con calma para ser de los últimos de la jornada en abandonarla provoca una sensación sobrecogedora. Parece que en cualquier momento puede terminar la hibernación de la ciudad y que sus habitantes van a caminar por sus calzadas, los carruajes, a pasar por sus calles estrechas, las tiendas y templos, a abrir sus puertas, y  los gritos de los asistentes al anfiteatro vitorearán a los gladiadores.

Transitar por las mismas aceras por las que caminaron  los pompeyanos es un privilegio que sólo ha sido posible desde hace unas pocas décadas pues a pesar de que las excavaciones se llevan  a cabo desde hace más de 250 años solo en la última mitad del siglo XX Pompeya se convirtió en una atracción turística, más popular aún tras su nombramiento de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Sin embargo, la acción de hierbas silvestres que crecen por doquier, la contaminación atmosférica, el limitado presupuesto para su conservación y vigilancia y la creciente la invasión de turistas -casi dos millones de visitantes al año-, de los que muchos no dudan en llevarse como recuerdo parte de un antiguo fresco, dejando en su lugar un graffiti , han hecho sonar las alarmas de los conservacionistas que temen que, después de resucitar, Pompeya pueda volver a morir por segunda vez. A estos mismos riesgos se enfrentan los sitios arqueológicos más conocidos del planeta, incluyendo las importantes zonas prehispánicas y coloniales de nuestro país.