Fragmentos de estuco con pigmentos blanco y rojo fueron encontrados por investigadores en el suelo y bordes de las paredes de un cuarto del sitio arqueológico de Paquimé, en Chihuahua. Los restos del antiguo aplanado podrían corresponder a una pintura mural, de ser así, representaría la primera obra de este tipo que se descubre en esa zona prehispánica del norte de México.
Debido al temporal de lluvias y el riesgo que implica la conservación de pigmentos de murales, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia decidieron esperar hasta finales de septiembre próximo para llevar a cabo la excavación que permitirá descubrir si se trata de una obra pictórica.Lo anterior fue informado por el arqueólogo Eduardo Gamboa, director del Proyecto de Investigación y Conservación de Paquimé, quien detalló que los restos de aplanados con color se encontraron en el Cuarto 36, ubicado en la sección conocida Casas Grandes, como resultado del monitoreo constante que se realiza en la antiguas edificaciones de ese lugar declarado Patrimonio Mundial en 1998 por la UNESCO.
«Durante el proceso de excavación para quitar los escombros que cubrían la edificación y que cayeron por deslaves, encontramos pedacería de estuco con pintura, así como en las orillas de dos muros», detalló el investigador durante su participación en la 16 Conferencia de Arqueología de la Frontera Norte.
«Ante la presencia de estos restos de estuco —continuó—, la exploración se orientó a tratar de encontrar el piso original, de época prehispánica, hasta que a un metro de profundidad,se empezaron a distinguir los bordes de los muros, mismos que tienen pintura en tonos blanco y rojo óxido; sin embargo, la amenaza de las lluvias no permitió descubrir de qué se trata y habrá que esperar una par de meses para saber si es un mural, y de ser así, determinar su época».
Además de los estucos se hallaron restos de objetos de lítica, concha, metales, cerámica, restos óseos, vidrio y materia orgánica, que corresponden a los periodos prehispánico, colonial, revolucionario y moderno.
Fuente de la imagen: El Universal.mx «Hallan restos de pintura mural en Chihuahua». 28 de julio 2011.
En la costa uno y en la serranía el otro. Los dos sitios prehispánicos que suma el INAH al patrimonio arqueológico, Soledad de Maciel y Tancama, son milenarios y sus pobladores se revelan como domadores de territorios e inventores de tecnologías.
En Soledad de Maciel, por ejemplo, se levantaron construcciones antisísmicas y se fabricaron también los primeros tabiques de Mesoamérica.
Ambos forman parte de las 10 zonas arqueológicas que el INAH abrirá durante el sexenio para conmemorar el Bicentenario.
Cuatro ya reciben visitantes y Tancama, en el corazón de la Sierra Gorda de Querétaro, comenzó a operar hace unas semanas, pero espera su apertura oficial.
Antes de finalizar el año se prevé inaugurar Soledad de Maciel, también conocido como Xihuacan, cuyo museo de sitio adelantó su estreno para mostrar, desde marzo, las más de 800 piezas que integran su acervo. Será el enclave prehispánico de mayor dimensión en la Costa Grande de Guerrero, con una ocupación de más de 3 mil años. Sólo su centro ceremonial cubre 29 hectáreas.
Apenas se excavó hectárea y media, sin embargo, los hallazgos han sido sorprendentes.
Un botón de muestra es el edificio piramidal principal o templo mayor de Xihuacan, único en Mesoamérica con una coraza de tierra cocida, detalla el arqueólogo Rodolfo Lobato, responsable de las investigaciones.
«En Mesoamérica no habíamos detectado arquitectura en tierra cocida, que equivaldría a una cerámica, pero adecuada a los acabados exteriores de los basamentos».
Los pobladores de Xihuacan fabricaron también los primeros tabiques prehispánicos, que tenían una longitud de 50 centímetros y casi 30 centímetros de ancho.
«Eso desmiente el mito de que el tabique llegó con los españoles a América», puntualiza.
Construyeron además un centro ceremonial a prueba de sismos basado en una gran plataforma de adobes mampuestos, sobre la cual montaron las edificaciones.
«Esta tecnología constructiva posiblemente respondió al epicentro que hay en la costa, donde tiembla mucho. El sistema mampuesto de adobes logra que cualquier estructura funcione de forma monolítica, como un solo cuerpo, entonces podemos hablar de una tecnología antisísmica».
Las sacudidas de la tierra importaban tanto como los movimientos celestes, según lo demuestra la ubicación del templo mayor en relación con el sol. Por eso Xihuacan recibió el nombre de «lugar de los poseedores de turquesa», que se traduce como «los que poseen el tiempo» o «los que controlan el calendario».
Tancama se encuentra ligado también a los astros. En huasteco significa «Cerro de Fuego», denominación que recuerda la alineación del sol con la cima del Cerro Alto, cercano al sitio, y la ubicación de sus monumentos de acuerdo con equinoccios y solsticios, como ha dicho el arqueólogo Pablo López.
Tenacidad huasteca
Tancama demuestra los alcances de la cultura huasteca, procedente de la Costa del Golfo, cuyos pobladores domaron la agreste Sierra Gorda de Querétaro.
La presencia huasteca en este centro ceremonial de 3.6 hectáreas fue una sospecha durante mucho tiempo. Ahora, tras años de investigación y excavaciones, puede considerarse un hecho, explica el arqueólogo Jorge Quiroz, quien coordina los estudios en el sitio que alcanzó su apogeo hace aproximadamente mil 500 años.
De características huastecas son los edificios redondos que se encontraron en este rincón serrano, la cerámica y los restos óseos de personajes de élite con deformación craneana intencional hallados en entierros individuales y colectivos. Al igual que en la Huasteca se han encontrado, además, mutilaciones dentales.
Tancama no tiene por lo pronto piezas arqueológicas en exhibición, aunque existe un proyecto para presentarlas en el Museo Regional de la Sierra Gorda, indica el especialista.
Luego de Tancama y Soledad de Maciel, se abrirán seis zonas: tres en Chiapas, una en Zacatecas, otra en Sonora y una más en Puebla.
Una condición primordial para abrir una zona arqueológica es que la tierra donde se encuentren monumentos prehispánicos sea de propiedad federal, advierte Salvador Guilliem, titular de la Coordinación Nacional de Arqueología de INAH.
«Queremos evitarnos conflictos a futuro, que no aparezca después un dueño, un heredero de las tierras, que tampoco sean ejidales ni de propiedad común, no queremos reclamos, por eso nos interesa tanto el asunto de la tenencia.»
Fuente de la imagen: INAH en el artículo original de Reforma.com
Desde el momento mismo del descubrimiento de América en 1492, la presencia de criptojudíos fue un fenómeno en la Hispanoamérica colonial. Ese mismo año, una vez que los Reyes Católicos culminaron con el proceso de reconquista del territorio ibérico de manos musulmanas, decretaron la expulsión de todos los judíos que no aceptaran el bautismo. Se ha calculado que la mitad de los hispano-judíos, alrededor de 300,000 optaron por la conversión al catolicismo, de los cuales muchos mantuvieron la práctica del judaísmo en secreto. El objetivo de la Inquisición fue persuadirlos, por medio de edictos, procesos, juicios, condenas físicas e incluso el riesgo de morir ajusticiados si eran pertinaces, a volver a la senda de la Iglesia. El auto de fe se convirtió en un espectáculo público en el que participaron autoridades civiles y eclesiásticas, así como el pueblo llano. El estigma que se imponía a los familiares de los procesados les persiguió y marginó socialmente a través de varias generaciones.
Pretendiendo conservar su fe judaica sin riesgos para sus vidas, muchos de estos cristianos nuevos que secretamente pretendieron cumplir con los preceptos de la Ley de Moisés buscaron la manera de llegar al Nuevo Mundo, a pesar de las expresas prohibiciones a su inmigración a las colonias hispanoamericanas, considerando que en estas tierras encontrarían un clima de libertad religiosa por la lejanía con la metrópoli. Sin embargo, como cristianos bautizados, por sus prácticas judaicas, su persistencia en conservar ritos y creencias y su rechazo a la nueva fe fueron considerados herejes. Para castigar su desvío de la enseñanza de la iglesia y para evitar la influencia que pudieran tener entre los indígenas, almas recién evangelizadas, se estableció en México el Tribunal del Santo Oficio en 1526 y el aparato inquisitorial en 1571.
El primer procesado y ajusticiado por el Santo Oficio en el quemadero de Santiago de Tlateloco en 1528 fue Hernando Alonso, conquistador que participó en la toma de Tenochtitlan. Y a pesar del riesgo de caer en manos de la Inquisición los criptojudíos españoles y portugueses buscaron la manera de llegar al Nuevo Mundo, pues consideraron que la gran extensión territorial de las colonias, como la Nueva España o los virreinatos en América del Sur así como los territorios ignotos les permitiría practicar su judaísmo con seguridad.
De todos los procesos inquisitoriales llevados a cabo contra criptojudíos en la Nueva España, el de la familia del gobernador Luis de Carvajal y de la Cueva es el más conocido, tanto por las capitulaciones que otorgaron a un descendiente de cristianos nuevos el gobierno de una inmensa extensión territorial como fue el Nuevo Reino de León así como por la prebenda de nombrar a su sucesor en el cargo. Con el nombramiento como gobernador, el rey Felipe II otorgó a Luis de Carvajal la facultad para conducir a cien personas al reino que iba a poblar y pacificar, individuos que saldrían de España sin necesidad de demostrar que eran cristianos viejos –es decir que podían probar su ‘pureza de sangre’, fieles a la Iglesia por generaciones- o que no procedían de linaje de judíos o moros recién convertidos.
El gobernador, ignorante de las creencias religiosas de la familia de su hermana Francisca, decidió traer consigo en 1580 a ésta, a su marido y a sus hijos, nombrando a Luis, su sobrino predilecto y homónimo, heredero del reino puesto que no tenía hijos propios. En América, Luis de Carvajal ‘el Mozo’ se entregó por completo a la fe judaica, interpretando en todos los sucesos de su vida cotidiana la presencia y protección del Dios de Israel e intentando cumplir con el mayor número de preceptos religiosos. Cuando tenía 18 años murió su padre, quien fue inhumado de acuerdo a las costumbres judías y el joven asumió el cargo de jefe de familia.
El gobernador se enteró de la vida secreta de sus familiares al intentar su sobrina Isabel atraerlo al judaísmo. Constató sus sospechas al averiguar cómo había sido enterrado su cuñado y reescribió su testamento, desheredando a Luis ‘el Mozo’. Sin embargo, no delató a sus familiares ante la Inquisición, lo que constituía un delito contra la fe católica. Cuando en 1588 se enfrentó, en un litigo de límites territoriales, con el marqués de Villamanrique, virrey de la Nueva España, se descubrió que los parientes del gobernador eran cristianos nuevos judaizantes. Denunciada ante la Inquisición, toda la familia fue detenida un año después, acusándose a Don Luis de haber recibido, favorecido y encubierto a apóstatas judaizantes, si bien no se pudo comprobar que él mismo realizara esas prácticas.
En el auto de fe que se realizó en 1590 en la ciudad de México, se condenó al gobernador a un año de cárcel y al destierro, se quemó la efigie de su cuñado Francisco Rodríguez de Matos al tiempo que el resto de su familia abjuró de sus prácticas judaicas, confiscándoseles todos sus bienes y recibiendo penitencia espiritual. El joven Luis quedó inicialmente bajo custodia de Fray Mateo García en el Hospital de Convalecientes y luego en el hospital del convento-colegio de Santiago Tlaltelolco, donde enseñó gramática y latín a los indígenas y fue el escribano del administrador. Gracias a este cargo tuvo acceso a la biblioteca del convento, lo que le permitió ampliar sus conocimientos del Viejo Testamento y escribir su autobiografía, en la que declaró su apego al judaísmo, religión que practicó con mayor brío a partir de ser perdonado. El gobernador Luis de Carvajal y de la Cueva falleció en las cárceles inquisitoriales en 1591.
Cuatro años después toda la familia Carvajal fue aprehendida nuevamente por proseguir con sus prácticas judaicas. La pena por la reincidencia era la muerte, ya fuera a garrote vil (estrangulamiento) si se convertían al catolicismo o quemados vivos si se mantenían en su apostatía. En el Auto de Fe del 8 de diciembre de 1596 fueron ajusticiados Luis, su madre, sus hermanas Isabel, Catalina y Leonor, su amigo Manuel de Lucena, al igual que Diego Enríquez, Beatriz Enríquez y Manuel Díaz. De la familia Carvajal únicamente fue perdonada Ana, la hermana menor, quien fue procesada y muerta en el auto de fe que se llevó a cabo 52 años después.
De Luis de Carvajal el Mozo y su familia se puede resumir que su delito fue haber sido reconciliados en la fe cristiana en 1590 y, a pesar de su abjuración anterior, haber seguido guardando y cumpliendo la Ley de Moisés, sus ritos y sus ceremonias, sin aceptar con sinceridad el catolicismo. Se les condenó por ser falsos cristianos, impenitentes y relapsos. Al ser llevado al patíbulo Luis dio muestras de arrepentimiento y besó la cruz, muriendo estrangulado y siendo su cuerpo quemado en la hoguera, aunque se tienen dudas sobre la sinceridad de su conversión final, puesto que su temor a la tortura y al dolor eran bien conocidos. Su historia es uno de los episodios más estudiados sobre la presencia criptojudía en Hispanoamérica en la época colonial y el que mayor difusión ha tenido.
El número de procesados por la Inquisición novohispana en los tres siglos del período colonial se ha calculado alrededor de las tres mil personas. Tanto por la prohibición de sus creencias y prácticas religiosas, por el temor a la persecución y muerte en manos del Santo Oficio, la falta de dirigentes religiosos y la estigmatización sobre los descendientes de procesados, para el siglo XVIII cesó la práctica secreta del judaísmo entre los novohispanos descendientes de conversos, quienes se asimilaron a la sociedad mayoritaria quedando de ellos los registros de los procesos inquisitoriales albergados actualmente en el ramo de Inquisición en el Archivo General de la Nación, así como filiaciones familiares o costumbres a las que se atribuye un origen hispanojudío –sefaradita– tanto en el noreste de México como en el sur de Estados Unidos y que hasta la fecha son objeto de estudio por parte de investigadores nacionales y extranjeros.
2. En la Modernidad.
En México después de la independencia, la población extranjera fue muy reducida, a pesar de los esfuerzos de los gobiernos nacionales por atraer extranjeros para colonizar y poblar al país, política promovida también por todos los países americanos. La inestabilidad política de México durante la primera mitad del siglo XIX atrajo, en muchos casos, a individuos que se establecieron temporalmente en México. En los municipios neoleoneses hubo algunos españoles, árabes y norteamericanos, contados chinos e italianos y, de aquellos que se establecieron definitivamente en la región, la mayoría se concentró en Monterrey, atraídos por la incipiente industrialización y las oportunidades comerciales, sobre todo durante la segunda mitad del siglo. A partir de 1860 hay apenas cuatro o cinco menciones de individuos de los que sus apellidos podrían indicar que fueron judíos. Para 1890 sólo Gustavo Levy originario de Alemania estableció raíces definitivas en Monterrey conservando sus descendientes el recuerdo de su origen. Otros, como Samuel Lederer procedente de Hungría y Daniel Guggenheim de Estados Unidos establecieron empresas mineras gracias a la política de fomento del gobierno porfirista. Con el inicio de la Revolución mexicana, el grueso de los extranjeros establecidos en México abandonaron el país.
Sin embargo, a pesar de la guerra civil, dos de los inmigrantes judíos que fincaron las bases para la formación de la contemporánea comunidad israelita de Monterrey llegaron en esa época. De Jacobo Saffir hay evidencias que en 1911 ya se encontraba en el país y Jacobo Lederbaum llegó en 1916. Antes de 1920 ambos ya estaban establecidos en Monterrey, el primero de ellos con su esposa y cinco hijos.
Y si en el período colonial la intolerancia religiosa europea expulsó a miles de individuos en busca de horizontes que les permitieran la práctica de su religión, en el siglo XX la inestabilidad política y económica ocasionadas por la Primera Guerra Mundial así como la discriminación e intolerancia a las minorías provocó una nueva emigración a América de cientos de miles de europeos y de individuos del Cercano oriente. Para el grueso de ellos Estados Unidos era la nueva tierra de promisión, con oportunidades de libertad personal y de progreso económico.
Sin embargo, después de recibir a más de 34 millones de migrantes entre 1842 y 1917, el gobierno norteamericano estableció un sistema de cuotas de procedencia nacional que canalizó a miles de personas a todos los confines del Hemisferio Occidental, puesto que en la nueva legislación se permitiría la entrada a Estados Unidos a aquellos extranjeros que hubieran radicado durante cinco años en cualquier país americano.
Así, varias decenas de miles de extranjeros se establecieron en México, país que mantuvo una política de puertas abiertas a la inmigración hasta finales de la década de 1920. Alemanes, italianos, japoneses, chinos, húngaros, ingleses, palestinos, libaneses, sirios, polacos, lituanos, rusos, cubanos llegaron al país y se establecieron a lo largo y ancho de México. En el Registro de Extranjeros que llevó a cabo el municipio de Monterrey en 1932, más de cinco mil extranjeros vivían en la ciudad, siendo 250 de ellos de religión judía.
La oleada inmigratoria judía a México procedente de Europa en esa década provino de países que se enfrentaban a crisis políticas y económicas provocadas por el fin de la Gran Guerra, el surgimiento de nuevas naciones, el desempleo, la falta de capacidad de la industria para absorber a los trabajadores y la falta de tierra. El nacionalismo extremo provocó acciones antisemitas y las condiciones de vida para los judíos fueron especialmente desesperadas en Europa Oriental, aún antes del ascenso de Hitler al poder en Alemania. Se establecieron impuestos discriminatorios en su contra, se realizaron boicots a su actividad económica, destrucción de sus propiedades y programas de exclusión promovidos por los gobiernos mismos. Tal fue la situación en Polonia, Rumania, Hungría, Latvia y Lituania, que dejó a la población judía como única alternativa la emigración.
Los judíos que arribaron al noreste del país en los años 1920 y 1930 eran en su mayoría inmigrantes de origen europeo oriental, sobre todo de Lituania, Polonia y Rusia, en donde se habían enfrentado a medidas antisemitas, discriminación y persecución. Y si bien hubo una presencia judía en Monclova, Piedras Negras, Saltillo, Villa Acuña, Nuevo Laredo, Torreón, Villa Frontera, Nueva Rosita, Matamoros, Reynosa, Tampico y Linares, con el transcurso del tiempo los judíos de los poblados más pequeños que tuvieron interés en mantener su práctica religiosa emigraron hacia poblaciones en donde se hubieran establecido comunidades organizadas, como fue el caso de Monterrey, o bien a la ciudad de México.
Para 1924 alrededor de 30 jóvenes solteros y seis familias nucleares judías vivían en Monterrey y se abocaron a establecer una comunidad estructurada que brindara servicios religiosos y actividades recreativas y educativas. Una de las primeras instancias fue la apertura de una biblioteca que contó con una cincuentena de libros y periódicos en yidish –idioma de los judíos europeos derivado del alemán-. Para 1925 estableció el Club Social Hatikva –Esperanza en hebreo- que inició sus labores en diciembre de ese año alquilando un local en las calles de Isaac Garza y Zaragoza y que se convirtió en el centro de la vida judía en Monterrey. Sus servicios incluyeron clases de español para los nuevos inmigrantes, actividades culturales y recreativas y programas de estudio vespertino con contenidos judaicos para los niños que acudían a las escuelas de la localidad – especialmente la enseñanza del idioma yidish. Este esfuerzo educativo condujo al establecimiento del Colegio Hatikva (hoy Nuevo Colegio Israelita de Monterrey) en 1935.
A partir de 1936 una vez que el gobierno promulgó la nueva Ley de Población que cerró las puertas a la inmigración, el número de extranjeros que llegó al país se redujo considerablemente –si bien notable excepción fue la recepción de refugiados republicanos españoles-. Sólo familiares directos de aquellos judíos que ya tenían la residencia mexicana y pocos sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial llegaron a México y de éstos unos cuántos a Monterrey. En 1944 arribó el rabino Moisés Kaiman quien ha sido, hasta la fecha, el dirigente religioso de la comunidad israelita regiomontana.
Los inmigrantes extranjeros que llegaron a Monterrey se establecieron en vecindades y rentaron cuartos en el centro de la ciudad, en ocasiones arriba de negocios en donde se empleaban. El residir en el mismo barrio permitió a los recién llegados tanto comunicarse en su idioma materno como encontrar seguridad emocional, ayuda económica, identidad y sentido de pertenencia en tanto se adaptaban a su nueva patria. Paulatinamente, algunos de los inmigrantes establecieron, al igual que los judíos, centros sociales propios, perdurando hasta nuestros días los clubes Alemán y Palestino-Libanés.
En los años 1940, conforme se urbanizó el poniente de la ciudad, las familias judías se establecieron en la colonia Vista Hermosa, en donde se construyó en la siguiente década el edificio que alberga tanto a la escuela como a la sinagoga y al club deportivo-social que hoy constituyen el Centro Israelita de Monterrey, A.C.
La comunidad judía está formada actualmente por alrededor de 120 familias, es decir, aproximadamente 500 personas, en su mayoría descendientes de aquellos inmigrantes que arribaron hace 80 años. Cuenta con los servicios religiosos propios, un cementerio en la colonia San Jorge y un colegio incorporado a la SEP que imparte los grados escolares de jardín de niños hasta tercero de secundaria. Y al igual que los demás descendientes de inmigrantes extranjeros que llegaron a la ciudad el siglo pasado, los miembros de la comunidad israelita están plenamente integrados a la vida económica, social y cultural de Monterrey, considerándose orgullosamente regiomontanos.
La más reciente ofrenda que ha sido abierta, la 141, incluye cinco cráneos humanos, figuras de copal, cuchillos, conchas y trompetas de caracol.
Es el suelo que Hernán Cortés jamás pisó. Enterrado por más de cinco siglos, el territorio que alojó la plaza ceremonial de Tenochtitlán durante el reinado de Ahuízotl resurge como un yacimiento arqueológico extraordinario, no sólo porque ahí apareció la monumental Tlaltecuhtli, sino porque crece el número de ofrendas halladas con objetos prehispánicos.
Hasta ahora, se han descubierto 30 ofrendas, con 25 mil elementos de procedencia botánica, como el algodón y el maguey, especímenes animales nunca antes registrados, entre ellos la estrella de mar y el águila arpía, cuchillos de pedernal, ollas de cerámica y carretadas de caracoles, conchas y corales.
Al territorio de Ahuízotl, octavo rey de Tenochtitlán, se accede de una zancada. Basta descender una escalinata prehispánica para retroceder del siglo 21 al 16 y llegar a la mina arqueológica de 500 metros cuadrados, en el predio de las Ajaracas, en pleno corazón del Centro Histórico.
«Es sorprendente la concentración de riquezas en un espacio tan reducido, lo que no tiene comparación en contextos similares de las culturas olmeca, maya o teotihuacana», señala Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor.
Allí, a unos pasos del gentío y los ambulantes, se han instalado laboratorios para medir, pesar, registrar y preservar cada pieza: un trabajo titánico que llevará años de investigación.
El arqueólogo muestra cómo bajo una losa del siglo 20 asoman estratos de tierra de distintos colores y épocas: más oscuros en los niveles superiores para el periodo colonial, mientras que en la sección inferior, de la época prehispánica, dominan tonos más claros.
Es como un pastel de mil hojas en el que puede seguirse el rastro de la historia y constatar cómo la Ciudad de México fue levantada sobre las ruinas de Tenochtitlán. Las exploraciones han revelado restos coloniales como las columnas de estilo toscano de las casas de los conquistadores, justo encima del centro ceremonial mexica.
Mayólicas españolas e italianas y porcelanas chinas, entre otros desechos de lujo, fueron recuperadas en las excavaciones.
«La Ciudad de México era como un ‘apartheid’. En el centro vivían los españoles y fuera los indígenas, no podían estar dentro; la basura de lujo que se encontró, de personas con poder adquisitivo, lo confirma».
Las huestes de Cortés no descubrieron la plaza ceremonial de Ahuízotl, quien expandió el imperio desde 1486 hasta su muerte en 1502, porque Moctezuma II, su sucesor, construyó encima otro nivel, tal como indicaba la tradición mesoamericana. Ésa fue la parte arrasada.
¿Por qué la pirámide del Templo Mayor, que llegó a medir 45 metros, lo mismo que el Ángel de la Independencia, tuvo tantas ampliaciones?, ¿Por qué la hicieron tan grande en tan poco tiempo? Porque los pobladores de Tenochtitlán eran una suerte de «superhombres», 40 veces más poderosos que quienes habitaban al otro lado de las montañas. Eso acostumbra decirles López Luján a sus alumnos.
No había entonces, recuerda, bestias de tiro y carga. Las personas transportaban con mecapal y cacaxtle alrededor de 23 kilos en una jornada; en cambio, los mexicas disponían de canoas para trasladar entre lagos una tonelada de piedra en cuestión de horas.
Mientras más poderío acumulaba el imperio, más ricas fueron las ofrendas enterradas, como ocurrió durante los reinados de Ahuízotl y Moctezuma II, el noveno tlatoani. Al presentar la más reciente ofrenda que ha sido abierta, la 141, que incluye cinco cráneos humanos, el arqueólogo pide ejercitar la imaginación para recrear el momento en que fue depositada.
«Estás al pie de la pirámide principal, tienes que oler el copal durante el ritual, la invocación del sacerdote», dice.
Los cráneos, representación del dios de la muerte, parecen tener los ojos desorbitados, pues se les introdujo concha para simular la membrana blanca del globo ocular, y pirita, un mineral dorado para la pupila.
«Debieron lucir muy brillantes, espectaculares», señala el especialista.
La ofrenda incluye figuras de copal, cuchillos, artefactos de madera, conchas y trompetas de caracol. «Es la segunda vez que encontramos en esta área cráneos humanos, lo que hace pensar que habrá restos funerarios cremados», añade.
López Luján, junto con el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, sostiene la hipótesis de que aquí reposan las cenizas de soberanos mexicas. Otro elemento que apoya esta idea es el hallazgo de por lo menos cinco ibis espatulados, un tipo de garza.
«Están relacionados con el sol, el rey y los guerreros muertos en batalla, y es la primera vez que los encontramos justo al pie de la pirámide, que es donde suponemos que están los restos».
Los investigadores deben lidiar con el agua contaminada que circula en el predio. «Debemos bombearla durante 24 horas, de otro modo estaríamos inundados». El olor fétido impera durante el recorrido, debido a un drenaje roto. «Las arqueólogas enfermaban a cada rato», recuerda López Luján.
Las labores del equipo de 25 personas continúan al ritmo que imponen las ofrendas, porque cada vez que aparece una, las exploraciones se detienen meses. Pero los hallazgos compensan los desafíos de un trabajo escrupuloso, que no admite las prisas que hicieron, en el siglo pasado, perder valiosa información.
«Durante la época de Leopoldo Batres, el arqueólogo más famoso de Porfirio Díaz, tan pronto encontraban una ofrenda sacaban los objetos, los lavaban y los retrataban, como si fueran trofeos. Pero descubrimos que los objetos son como una palabra, y lo que interesa es entender toda la oración, por eso nos detenemos en describir cómo están colocados, en comprender el conjunto. El chiste no son las palabras, sino las frases».
Descubren más vestigios
A medida que avanza la exploración en las Ajaracas se detectan más vestigios. Una pieza de jade conduce a los investigadores a una caja de ofrenda. Las irregularidades descubiertas en el terreno resultan ser un pequeño altar piramidal, que continúa enterrado. Encajada en el suelo se ve una lápida con un águila real labrada
«Es la primera vez que encontramos un águila en una lápida tan grande, es una súper pieza», destaca el arqueólogo Leonardo López Luján. Aún debe levantarse para saber qué hay debajo, pues podrían hallarse más ofrendas.
La exploración de las ofrendas, según su tamaño, puede demorar meses, explica. Las más pequeñas, entre cuatro y seis, y las más grandes, como la encontrada bajo la diosa Tlaltecuhtli en 2008, con 14 mil objetos, hasta dos años.
Para mostrar todas las etapas del estudio de una ofrenda, adelanta, se presentará en el Museo del Templo Mayor en octubre una exposición sobre un depósito con 31 sahumadores.
Eran ‘el corazón del hogar’ las mujeres de Tenochtitlán.
El Norte, Monterrey, N.L., 2 de marzo de 2012. Sección Vida. Pág. 19.
Las mujeres de Tenochtitlán nacían con la obligación ser «el centro de conciencia y equilibrio de la familia», es decir, «el corazón del hogar», de acuerdo con una investigación que será presentada mañana en el Museo del Templo Mayor.
En una de las pocas crónicas prehispánicas que existen se describe el nacimiento de una niña a quien la partera indica, frente a las demás mujeres de la comunidad, que deberá «ser el corazón de su hogar», en referencia a que la mujer deberá ser el equilibrio y soporte de su estirpe, indicó en un comunicado el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
La investigación es del historiador Miguel Pastrana y fue elaborada en el marco del 34 aniversario del descubrimiento del hallazgo del monolito de la diosa mexica Coyolxauhqui, expuesto en el Templo Mayor de Tenochtitlán.
Pastrana descubrió también que el papel de la mujer en el México antiguo era de suma importancia, pues complementaba las funciones que el hombre hacía al exterior de la comunidad, como guerras, conquistas, rituales públicos y cobro de tributos.
En las casas de los guerreros o cobradores de tributos poco antes de que partieran, la esposa se ponía pintura facial y se vestía con ropas viejas y maltratadas, buscando que su apariencia fuera de tristeza y angustia; se ofrecían cantos y oraciones a los dioses pidiendo la bienaventuranza de los guerreros y triunfo en sus campañas, añadió el INAH.
Cuando el hombre regresaba, la mujer lo recibía con un «ritual de bienvenida» que consistía en que se ofrendaban guisos finos, con alimentos restringidos a la población común, como carne de pelícano y chocolate, utilizaban ropas elegantes con tejidos delicados y diseños hechos con plumas.
Un equipo arqueológico conformado por investigadores guatemaltecos y de la National Geographic Society en el 2001 que había descubierto el mural maya más antiguo hallado hasta la fecha, declarando que el hallazgo modificaba todo lo que se sabía hasta ese momento sobre los orígenes del arte, la escritura y el ejercicio del poder mayas.
La pintura se encontró en la ciudad maya de San Bartolo en las tierras bajas al noreste de Guatemala. De acuerdo con los especialistas, el mural «se lee como un libro relatando la historia de la creación, el origen mitológico del rey y su poder otorgado por los dioses».
Las pinturas murales datan del año 100 aC. demostrando que las historias mayas sobre la creación y los reyes –y el uso de un arte y una escritura elaboradas para narrarlas- se establecieron hace más de dos mil años, siglos antes de lo que se había creido. Antes de este hallazgo, los investigadores consideraban que la sofisticada pintura y escritura mayas no se habían consolidado sino hasta el siglo VII dC.
Además del mural, los investigadores encontraron la tumba real maya considerada más antigua, datándola en el año 150 aC.
La investigación estuvo financiada por la National Geographic Society y se llevó a cabo en conjunto con el Instituto Guatemalteco de Antropología e Historia, publicándose los reportes en el número de enero del 2006 de la revista que publica dicha sociedad.
Octavio Esparza Olguín, de la maestría en Estudios Mesoamericanos de la UNAM, dijo que, hasta el momento, sólo se han reportado 25 asentamientos con vestigios de este tipo en toda la zona maya • Cuenta con más de 100 bloques de inscripciones acerca de las cuestiones dinásticas del sitio, e incluye una lista de sus señores o gobernantes .
Un grupo de arqueólogos, en el que participó Octavio Esparza Olguín, de la maestría en Estudios Mesoamericanos de la UNAM, descubrió una escalera jeroglífica en la zona arqueológica de El Palmar, al sur de Campeche, de las que hasta el momento sólo se han reportado alrededor de 25 asentamientos con vestigios de este tipo en toda la zona maya.
El hallazgo, considerado espectacular por el universitario, cuenta con aproximadamente 105 bloques de inscripciones jeroglíficas que registran una historia amplia del sitio, en torno a sus cuestiones dinásticas, e incluye una lista de sus señores o gobernantes.
Esparza Olguín reveló que, a diferencia de la mayoría de las escaleras que se ubican en otras áreas de esta cultura, reportadas en las zonas monumentales, junto a los edificios más grandes, la de El Palmar se localiza en un grupo secundario o periférico pequeño, a un kilómetro del núcleo del asentamiento, “lo que la hace más sorprendente”.
También documentan contactos entre esta ciudad con otros sitios mayas importantes como Copán, en Honduras, que albergó una dinastía muy poderosa, pero que está muy alejado de El Palmar, y Calakmul, en el sureste de Campeche.
Se conoce que hubo grupos de elite dentro de esta ciudad que no residían en la región núcleo, sino que se ubicaban en otras partes del asentamiento, más lejos. No obstante, por tener cierto contacto con el linaje, sobre todo de parentesco, los gobernantes les hacían monumentos espectaculares, explicó Octavio Esparza.
El sitio donde se localizó la escalera, añadió, puede ser que se tratara de un espacio que albergó a señores del mismo linaje del gobernante, que residían en grupos arquitectónicos más alejados, pero que no por eso, dejaban de ser importantes. Esa estructura podría ser una especie de regalo u obsequio de la elite de poder hacia alguna jerarquía subordinada que estuviera en la periferia.
El monumento en el que se ubica es de 10 metros de largo, por 10 de ancho y tres de altura, “lo que también es raro, porque es una estructura pequeña; sus dimensiones no son espectaculares como en otros casos, pero es una escalinata que está completamente en orden; las secuencias son lógicas y no fueron removidas de otro lado”, sostuvo.
El maestrante en el Programa de Posgrado en Estudios Mesoamericanos, del Instituto de Investigaciones Filológicas y de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, recalcó que el estado de conservación es variado. Hay bloques de seis hiladas o hileras de piedra; las primeras cuatro, se mantienen bien, o al menos en forma regular, y la situación de las dos últimas, que estaban más expuestas, es de deterioro.
Hay fragmentos de la inscripción imposibles de restituir o ver. Aún así, algunas de ellas todavía muestran pequeñas partes, útiles para determinar cómo pudo ser la secuencia original de esas dos hileras, admitió Esparza Olguín.
No obstante, el especialista reconoció que el descubrimiento fue fortuito. En realidad, el dueño de una de las parcelas donde se localiza avisó que había encontrado unos “pedazos” o “banquitos de piedra que tenían como dibujos o cositas”. “Fuimos a ver de qué se trataba y descubrimos que eran los bloques de una escalera jeroglífica”, apuntó.
“Fue algo indescriptible, porque nunca nos esperamos este tipo de monumento. Es una alegría enorme porque es una estructura que difícilmente se puede encontrar, pero el hecho de que me haya tocado vivir el momento desde que se descubrió, la exploración, hasta la investigación, ha sido increíble”, consideró.
En este trabajo también colaboró Vania Pérez, estudiante del mismo programa de posgrado; Kenichiro Tsukamoto, director del proyecto y arqueólogo que realiza su doctorado en la Universidad de Arizona, y Javier López Camacho, codirector y profesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, entre otros.
Décadas en la oscuridad.
El Palmar es una zona conocida desde 1936, y la registró Eric Thompson, mayista inglés. Desde entonces, se decía que era un área importante, porque contaba con ruinas grandes y una cantidad importante de monumentos. Sin embargo, Thompson estuvo ahí sólo un par de semanas.
Posteriormente, el arqueólogo Carlos Brokmann realizó una temporada de campo en El Palmar, que se extendió de diciembre de 1996 a marzo de 1997. En ese periodo, implementó trabajos de prospección y excavación.
Finalmente, por iniciativa de Kenichiro Tsukamoto se inició este proyecto e invito a Octavio Esparza y otros colegas a colaborar en él. La primera temporada de campo se efectuó en 2007, desde entonces, se labora en la zona, cerca de otras importantes como Calakmul y Uxul, concluyó.
En las tomas se observan paredes pintadas de rojo y figuras humanas delineadas en negro.
Arqueólogos del INAH obtuvieron imágenes del interior de una cámara funeraria a la que nadie ha podido acceder desde hace mil 500 años, en la Zona Arqueológica de Palenque.
La tumba fue localizada en 1999 bajo el Templo 20, sin embargo su intrincada ubicación y el trabajo de consolidación del basamento habían impedido penetrar al recinto que resguarda los restos de un personaje muy importante de esa antigua ciudad maya, que vivió en la época más temprana del sitio, entre 431 y 550 de nuestra era.
Una diminuta cámara de video de poco más de 4 x 6 centímetros y apenas 94 gramos de peso, descendió a cinco metros de profundidad por un orificio de 15 x 15 centímetros sobre el techo de la bóveda para hacer la exploración de sondeo, y pudo obtener las imágenes del sepulcro.
En las tomas se observan paredes pintadas de rojo y figuras humanas delineadas en negro, además de once vasijas, y una cantidad indeterminada de piezas de jade y concha, que debieron formar parte del atuendo mortuorio del personaje.
Han transcurrido doce años desde que los arqueólogos descubrieran esta cripta que, a diferencia de hallazgos similares en el sitio — como las tumbas de Pakal II y de la Reina Roja— no contiene un sarcófago. Según los especialistas, es muy probable que la osamenta fragmentada del personaje, probablemente un gobernante, esté sobre las lajas del piso.
La exploración de la cámara funeraria forma parte de un proyecto interdisciplinario impulsado por el INAH, que encabezan los arqueólogos Arnoldo González y Martha Cuevas, mediante el cual se pretende atender la conservación del Templo 20 en su conjunto y, de manera específica, realizar la excavación y restauración de la cripta.
La cámara mortuoria, ubicada dentro de una subestructura del Templo 20, tiene bóveda escalonada, una puerta de acceso formada por grandes losas y, de manera excepcional, conserva los muros decorados con pintura mural donde están representados nueve personajes.
Fuente de la imagen: Terra Noticias. Una cámara de video explora el interior de una tumba maya.
El Norte, Monterrey, N.L., 7 de julio 2011. Primera sección. Pág. 7A.
El hallazgo corrobora alianza entre ciudades mayas en Honduras y México contra Toniná.
Dos esculturas prehispánicas en piedra caliza, que representan a cautivos de guerra, y un par de tableros que fungieron como marcadores de un juego de pelota, fueron hallados por especialistas del INAH en la zona arqueológica de Toniná, en el municipio de Ocosingo, Chiapas.
El descubrimiento corrobora la alianza pactada por los señoríos de Copán, en Honduras, y Palenque, en México, en la guerra que esta última ciudad maya sostuvo contra Toniná durante 26 años (de 688 a 714 d.C.), por el control de las aguas del río Usumacinta.
Las esculturas de los prisioneros de Copán y los dos tableros, cuya antigüedad aproximada es de mil 300 años, fueron hallados bajo tierra a fines de mayo de 2011, al sur de la cancha del Juego de Pelota.
«Todas las piezas se encontraron rotas; los dos tableros en más de 30 fragmentos, una de las esculturas en alrededor de 20 partes y sin cabeza, y la otra se encontró completa, aunque fracturada en tres partes», informó Juan Yadeun, responsable del Proyecto Arqueológico Toniná.
Estos nuevos hallazgos -aseguró el especialista- ofrecen información de las batallas sostenidas por Toniná hace más de mil años, a diferencia de otros seis elementos decorativos que fueron encontrados en la década de los 90 -cuatro tableros y dos esculturas- que debido a sus malas condiciones de conservación no fue posible hacer interpretaciones precisas que ayudaran al entendimiento de la historia de la civilización maya.
«Las esculturas -de 1.5 metros de altura- son representaciones de guerreros mayas hechos prisioneros por antiguos habitantes de Popo (hoy Toniná), y que en algún momento fueron expuestos en vida en los cuatro extremos de la cancha.
Posteriormente, en esos mismos puntos, fueron colocadas sus representaciones en piedra para comunicar permanentemente a los habitantes del lugar que su gobernante había ganado la guerra contra las ciudades mayas de Palenque y Copán, según lo revelan las diversas inscripciones encontradas en el transcurso de las excavaciones de la cancha del juego de pelota», detalló el arqueólogo.
Debido a la lucha de poder que sostuvieron por más de dos décadas Toniná y Palenque, el hallazgo de los dos cautivos de Copán es evidencia física que corrobora la alianza que este último señorío tuvo con Palenque, para pelear en contra de Toniná.
El hallazgo corrobora alianza entre ciudades mayas en Honduras y México contra Toniná.
Así lo dijo:
«Todas las piezas se encontraron rotas; los dos tableros en más de 30 fragmentos, una de las esculturas en alrededor de 20 partes y sin cabeza, y la otra se encontró completa, aunque fracturada en tres partes».
Juan Yadeun,
Responsable del Proyecto Arqueológico Toniná.
Por primera vez desde 1922, la Zona Arqueológica de Chichén Itzá recibe una restauración integral que incluye vestigios emblemáticos del sitio, como el Gran Juego de Pelota, la Pirámide de Kukulcán y el Tzompantli. La conservación de los monumentos se realiza en dos fases: estabilización y conservación estructural de los edificios
Las labores, a cargo de especialistas del INAH, revertirán daños causados por la visita masiva, el exceso de humedad en la región y el tiempo.La propuesta de conservación deriva de un diagnóstico realizado por el Consejo de Arqueología del Instituto, con la participación de diversos especialistas, quienes advirtieron sobre la necesidad de implementar un proyecto integral de restauración nunca antes realizado, informó el INAH en un comunicado.La conservación de los monumentos se realiza en dos fases: estabilización y conservación estructural de los edificios, y posteriormente el trabajo de conservación de acabados, como pintura mural y bajorrelieves, detalló el arqueólogo José Huchim Herrera, responsable del proyecto.Los trabajos comenzaron hace un par de meses en el conjunto arquitectónico del Gran Juego de Pelota, donde la acción de la lluvia, el sol, el viento, la vegetación, los animales que buscan madrigueras y la visita pública masiva han deteriorado los elementos que componen esta cancha prehispánica, considerada la más grande de Mesoamérica con 120 metros de longitud y 30 de ancho.Además se revertirán los daños ocasionados por restauraciones hechas con cemento a principios del siglo pasado, cuando el concreto era la solución aceptada en la restauración internacional: ahora se sabe que la humedad queda atrapada al interior de los monumentos, en lugar de evaporarse.
Serán restauradas también las plataformas de Venus, de las Águilas y de los Jaguares, así como el Templo de los Guerreros.
Dos años después de la exposición sobre Teotihuacán que rompió récords de asistencia, el Museo parisino del Quai Branly abrió una muestra sobre el arte maya desde su perspectiva guatemalteca.
Titulada «Les Mayas, de l’aube au crépuscule au Guatemala» (Los mayas, del alba al crepúsculo en Guatemala), la muestra es curada por Juan Carlos Meléndez, Director del Museo de Arqueología y Etnología de la Ciudad de Guatemala y cuenta con la asesoría científica del arqueólogo Richard Hansen.
Incluye 160 piezas arqueológicas entre esculturas, vestigios arquitectónicos, cerámicas, objetos funerarios y joyería, muchos de los cuales se exponen por primera vez fuera de Guatemala.
La exposición, que pretende mostrar a los parisinos un panorama completo de la cultura maya, desde sus orígenes, desarrollo, apogeo y declive, así como exhibir los tesoros de los museos guatemaltecos, también presenta los resultados de recientes excavaciones en particular provenientes del sitio de El Mirador que aspira a integrar la lista del Patrimonio Universal de la UNESCO.
El recorrido en orden cronológico incluye un espacio dedicado a la escritura maya en la que se presentan paneles jeroglíficos de La Corona, otro de los sitios en donde recientemente se han hecho importantes descubrimientos arqueológicos, además de un documental audiovisual explicativo.
La muestra, que ocupa la galería superior del museo, inicia con una reproducción del friso en piedra del Popol Vuh que fue descubierto en 2009 en el sitio de El Mirador, al norte de la capital guatemalteca.
Además de este hallazgo en el que se observa a los gemelos Hunapú e Ixbalanqué, protagonistas de la creación del mundo en el Popol Vuh, el libro sagrado de la cultura maya, se exhiben otros objetos de El Mirador en particular vasijas monocromas en blanco y negro o cerámicas tipo codex.
La muestra da cuenta ampliamente de la riqueza y creatividad artística de los mayas a través de innumerables objetos con formas particulares o muy trabajadas a nivel de su diseño, muchos de ellos provenientes de Tikal y Calakmul, ciudades rivales muy prolíficas de gran importancia sociopolítica en el periodo clásico (250 D.C – 1000 D.C).
Del periodo postclásico (1000 D.C.- 1524 D.C) se presentan objetos en cerámica y alabastro así como accesorios decorativos en metal de sitios como Topoxte, Tayasal o Ixmiche, entre ellos una de las piezas más hermosas elegida para el cartel de la exposición, un mosaico en concha y jade que representa al dios de la muerte y se encontró en la sepultura 49 de un joven adulto en el edifico A de Topoxte en Petén, al lado de un rico mobiliario.
La exposición que concluye con una serie de fotografías que muestran a los mayas del siglo 21, estará abierta hasta el próximo 2 de octubre.
Los expertos encontraron elementos desconocidos, y la apreciación de otro ya registrado, pero oculto al público.
A más de 50 años del hallazgo de los murales mayas de Bonampak, en Chiapas, investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) detectaron dos elementos pictóricos que permitirá dar una nueva lectura a la obra.
En un comunicado, el Instituto explicó que los expertos encontraron elementos desconocidos, y la apreciación de otro ya registrado, pero oculto al público.
Uno de los hallazgos tuvo lugar en el muro este y el otro en el que está en el noroeste de la bóveda del cuarto 3 de este conjunto, lo que significa que aún no se ha conocido todo el potencial informativo y estético de dichos murales.
También se señaló que en el muro oeste se redescubrió la imagen de un personaje, que en décadas anteriores ya se había registrado gráficamente, pero que no se apreciaba porque estaba cubierto por concreciones de sales.El primero de los elementos pictóricos encontrados, muestra la imagen de una cabeza frontal y descendente, de rasgos fantásticos, mientras que el segundo es un personaje antropomorfo que emerge de las fauces abiertas de una cabeza de serpiente, los cuales podrían tratarse de un K’inich Ahau (señor del Sol) y una deidad N, respectivamente.A este par se suma el llamado Personaje 29, de acuerdo a la nomenclatura usada en el registro, y refiere al rostro de perfil de uno de los 38 individuos que se observan en la parte media del panel.El descubrimiento de estos pequeños elementos constituye un aporte de la restauración al conocimiento de la obra pictórica, en tanto que establece nuevos datos que deberán incorporarse al estudio iconográfico de los murales de Bonampak.
El Norte, Monterrey N.L, 6 de abril 2011. Sección Vida. Pág. 9.
Italia entregó ayer a México nueve piezas arqueológicas sacadas ilegalmente del País y confiscadas por la policía italiana en Turín y Bolonia, a fines del 2009.
Las piezas, entre las que hay botellas, cuencos pintados y un incensario, hechas en barro y en terracota, datan de entre el año 100 a.C y el 1300 d.C.
Una de las obras más valiosas, encontrada en un mercado de Bolonia, es la representación en barro de un guerrero perteneciente a una de las civilizaciones occidentales de México. Las otras ocho restantes fueron confiscadas a un industrial textil.
La recuperación de las piezas se realizó en el marco de la Convención de la UNESCO sobre medidas que deben adoptarse para prohibir la importación, exportación y la transferencia de propiedad ilícita de bienes culturales.
El comandante del Núcleo Carabinero Tutela Patrimonio Cultural de Roma, el General Pasquale Muggeo, entregó las obras al Embajador de México, Jorge Chen, en una ceremonia realizada en la embajada mexicana.
Muggeo señaló que tienen en su poder otras 450 obras arqueológicas que serán entregadas a sus países de origen en América Latina, como Ecuador y Nicaragua, entre otros.
«Vamos a devolver a su lugar de origen en total unas 450 piezas arqueológicas de América Latina, de las cuales 300 provienen de una colección privada de Biella (norte) y 150 se encuentran en Módena (norte) para ser identificadas y clasificadas», declaró el oficial.
De acuerdo con expertos, en México existen más de 200 mil sitios arqueológicos con una enorme variedad de vestigios, lo que hace materialmente imposible, al igual que en Italia, inventariar la totalidad del patrimonio para adoptar medidas exhaustivas de seguridad y vigilancia.
Se calcula que el tráfico de bienes culturales podría llegar a generar anualmente hasta unos 5 mil millones de dólares.
¿Quienes fueron los primeros pobladores de América? Durante décadas, a la vista de los restos arqueológicos que se han ido encontrando, los especialistas han considerado que debieron ser los clovis, pueblos cazadores de hace unos 13.000 años. Llegarían a ese continente desde el extremo nororiental de Asia hasta Alaska, cruzando por la lengua de tierra en lo que ahora es el estrecho de Bering, y se extendieron hacia el sur del nuevo territorio. Hacían artefactos con características particulares que los identifican.
Pero ahora se han descubierto en Texas (EEUU) miles de piezas, incluidas herramientas para cortar y rascar, de algún grupo humano anterior a los clovis. Esas piezas tienen unos 15.000 años y demuestran que alguien había llegado antes a América. El hallazgo se da a conocer en la revista Science. Los artefactos del yacimiento tejano, denominado Debra L Friedkin, están hechas de pedernal y son pequeñas, lo que sugiere a los investigadores que serían herramientas ligeras preparadas para llevárselas de un lado a otro cómodamente, una especie de equipo de campaña.
El yacimiento está cerca de un arroyo que tiene agua todo el año y de un lugar donde hay abundante pedernal, por lo que sería un buen sitio elegido por algún grupo de humanos prehistóricos para fabricarse las herramientas que necesitasen. La inmensa mayoría de las 15,528 piezas de piedra recuperadas y estudiadas son lascas, lo que queda al fabricar herramientas golpeando la piedra en los puntos necesarios para ir sacando un filo cortante. Pero también hay una docena de bifaces y algunos cortadores, en total medio centenar de artefactos acabados. Servirían para trabajar el hueso, la madera o el marfil y para cortar o procesar pieles.
«En Debra L Friedkin hemos encontrado evidencias de una ocupación humana temprana, 2,500 años anterior a los clovis, lo que convierte el yacimiento en el más antiguo lugar arqueológico creíble de Texas y de América del Norte, y es importante en el debate acerca del tiempo de la colonización de América y de los orígenes de los clovis», comenta Michael R.Water (Universidad A&M de Texas), líder del equipo autor del descubrimiento, que lleva trabajando en ese yacimiento desde 2006.
Las nuevas piezas, datadas entre 13,200 y 15,500 años, han aparecido en un nivel del yacimiento inferior al conocido por restos de los clovis, y los especialistas, al estudiar unos y otros, afirman que los segundos desarrollaron las técnicas de los primeros confiriéndoles características propias a sus herramientas y armas. Esta evolución cultural solucionaría uno de los problemas de la tesis que ha venido defendiendo a los clovis como pioneros americanos, ya que no se han encontrado esas características tecnológicas específicas en Asia nororiental, lo que dificultaba asociar la cultura al desplazamiento humano por ese territorio.
A la vista del nuevo hallazgo, esas herramientas clovis serían una evolución de las que ya se fabricaban en América. Los investigadores recuerdan en Science que ya se habían encontrado algunos vestigios preclovis en varios lugares, pero que eran demasiado escasos para poder establecer conclusiones.
Un relieve olmeca de más de una tonelada y media, con la imagen de tres felinos y cuya antigüedad es de aproximadamente dos mil 800 años, representa el último monumento descubierto en Chalcatzingo, en el municipio morelense de Jantetelco, el único sitio prehispánico que se conoce en el Centro de México con grandes bajorrelieves.
El hallazgo de esta antigua obra -de más de 1.5 metros de altura- fue registrado por investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia a finales de abril, en la falda norte del Cerro Gordo o Chalcatzingo, durante labores para abrir un nuevo circuito de visita en esa zona arqueológica.
Fuente: El Norte, Monterrey, N.L., 26 de julio 2011. Primera sección pág. 12.
Fuente de la imagen: Mario Córdova Tello y Carolina Meza Rodríguez. Chalcatzingo, Morelos. Un discurso sobre piedra. En Arqueología Mexicana. Índice 87- Dosier Cultura Olmeca. <http://www.arqueomex.com/S2N3nChalcatzingo87.html>
Exhiben piezas de zonas arqueológicas de Chalcatzingo y Zazacatla
La muestra esta integrada por 31 objetos, recuperados recientemente en investigaciones, que datan del periodo Preclásico Medio (800-300 a.C.).
Foto: Notimex
Piezas pertenecientes a las zonas arqueológicas de Chalcatzingo y Zazacatla, en Morelos, y de Teopantecuanitlán, en Guerrero, se exhiben por primera ocasión en «Olmecas, su presencia en Morelos, nuestra historia hace tres mil años», exposición que se podrá visitar hasta el 28 de febrero de 2012 en El Museo y Centro de Documentación Histórica, Ex Convento de Tepoztlán.
La muestra esta integrada por 31 objetos, recuperados recientemente en investigaciones, que datan del periodo Preclásico Medio (800-300 a.C.), el de mayor esplendor de la cultura olmeca, así lo informó en un comunicado el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Dividida en tres núcleos temáticos, que versan sobre datos descriptivos e históricos de los sitios donde fueron descubiertas estas piezas, el público podrá apreciar los diversos materiales que los olmecas empleaban para sus esculturas, tales como piedra y cerámica.
Figurillas de jadeíta, punzones de obsidiana y reproducciones gráficas sobre relieves encontrados en Chalcatzingo, son algunas de las piezas con las que se espera mostrar a los visitantes la iconografía característica de esa antigua cultura, que se basó en representaciones felinas, particularmente de jaguares.
Entre las 30 piezas de esta exposición destacan cuatro esculturas de piedra halladas en Zazacatla, en el municipio de Xochitepec, Morelos, a 16 kilómetros al sur de la ciudad de Cuernavaca, cuya ocupación por los olmecas se registró hace dos mil 500 años aproximadamente.
«Son representaciones antropomorfas, encontradas durante excavaciones hechas en 2007 en el edificio conocido como de Las Lajas, de aproximadamente 60 centímetros de alto, con cabeza de felino y cuerpo humano; están en posición sedente y con los brazos hacia al frente» explicó la curadora de la muestra, Marcela Tostado.
La también directora del Museo y Centro de Documentación Histórica dijo que sobresalen 14 pectorales de concha decorados con diseños geométricos y elementos marinos, que se descubrieron, de 1983 a 2005, dispersos en torno a los basamentos del centro ceremonial de Teopantecuanitlán, hoy municipio de Copalillo, en Guerrero.
Mencionó que la muestra incluye 12 reproducciones gráficas de relieves encontrados en la Zona Arqueológica de Chalcatzingo, entre ellas «Triada de felinos», descubierta a finales de abril pasado al norte del Cerro Gordo, y el cual muestra a tres de estos animales, de perfil.
«La representación de jaguares entre los olmecas fue común por su relevancia y simbolismo, pues se asociaban con la fertilidad y las lluvias, además eran animales totémicos vinculados al inframundo y a lo sobrenatural, debido a que habitaban las cuevas y las montañas, espacios que para esta cultura eran sagrados porque pensaban que ahí vivían sus ancestros y dioses», explicó Tostado.
Por su parte, el arqueólogo Mario Córdova Tello indicó que el jaguar, debido al simbolismo que le daban los olmecas -como el animal más poderoso, temido, y respetado-, era relacionado con la nobleza y grupos de alto linaje.
«Por ello las representaciones de estos felinos legitimaban simbólicamente a sus gobernantes, pues hacían alusión al origen de poder y autoridad que tenían, al vincularse con los ancestros», detalló.
Añadió que los olmecas ocuparon regiones de lo que hoy son los estados de Veracruz, Tabasco, Chiapas, Morelos, Oaxaca y parte de Puebla, entre 1500 y 400 antes de Cristo, según muestran los diversos vestigios arqueológicos encontrados desde que se iniciaron investigaciones en 1934 hasta hoy.
«De allí que se considere como la civilización prehispánica más antigua en nuestro país; destacan las zonas arqueológicas de San Lorenzo Tenochtitlan y Tres Zapotes, en Veracruz, y La Venta, en Tabasco, que fueron ocupadas de 1200 a 400 antes de Cristo», concluyó el arqueólogo.
Arqueólogos hallan los restos de un niño de hace 11 mil años en el Ártico que aportará nuevos datos sobre la cultura de los primeros habitantes norteamericanos.
Un grupo de arqueólogos publicó hoy [25 de febrero de 2011] el descubrimiento en Alaska de los restos de un niño incinerado hace 11.500 años, los más antiguos hasta ahora, que aportan nuevos datos sobre la cultura de los primeros habitantes norteamericanos. »Estos restos pueden proporcionar una nueva visión sobre las prácticas de enterramiento de los pueblos de la Edad de Hielo, mientras que arroja nueva luz sobre su vida diaria», indican en un artículo publicado en la revista Science. El arqueólogo de la Universidad de Alaska Fairbanks, Ben Potter, y su equipo encontraron los restos dentro de las ruinas de una casa de 11.500 años de antigüedad en Alaska central.
Según los expertos se trata de los restos humanos más antiguos encontrados en el norte de América del Norte y del segundo niño más joven de la Edad de Hielo hallado en el continente.
El descubrimiento de ese entierro arroja nueva luz sobre la vida y una época verdaderamente espectacular, según destacan los investigadores. Los huesos cremados son «la primera evidencia de un comportamiento asociado con la muerte de un individuo», precisó el arqueólogo de la Universidad de Alaska en Fairbanks, Ben Potter
Según los dientes, el niño tenía unos tres años de edad, a juicio del arqueólogo Joel Irish, también de la Universidad de Alaska en Fairbanks. Aunque los investigadores no lograron determinar el sexo del pequeño, Potter dijo que esperaba obtener una muestra de ADN que pudiera darle la respuesta.
El niño ha recibido el nombre de Xaasaa Cheege Ts’eniin (o Niño de la Desembocadura del Curso Superior del Río Sun) por la comunidad nativa local, la tribu del lago Healy. Además de los huesos humanos y animales, los investigadores también hallaron herramientas de piedra usadas para cortar.
El pequeño falleció – se desconoce cómo – antes de ser incinerado en una gran fosa en el centro de la vivienda que se usaba para múltiples fines, entre ellos cocina y desecho de desperdicios. Los investigadores indicaron que, después de la incineración, la fosa fue sellada y la casa fue abandonada. A diferencia de los campamentos de caza temporales y otros lugares especializados de trabajo que han revelado la mayor parte de las pruebas disponibles sobre la población antigua de Norteamérica, la casa recién descubierta parece haber sido una vivienda para la temporada de verano.
William Fitzhugh, director de estudios árticos en el Museo Nacional de Historia Natural del Smitshoniano, convino en que «se trata decididamente de un sitio único del Estrecho de Bering, lo que permitía el movimiento de gente de Asia a América del Norte».