Creación del Quinto Sol, de acuerdo a la tradición mexica

Quetzalcóatl y las predicciones prehispánicas.
Antonio Guerrero Aguilar, cronista de la ciudad de Santa Catarina.

Los antiguos mexicanos explicaron el origen y la creación del universo con el relato de los cinco soles. El primer sol fue creado por Tezcatlipoca y fue habitado por gigantes quienes fueron devorados por jaguares. Luego Quetzalcóatl hizo aparecer el segundo sol habitado por hombres, pero huracanes lo destruyeron, algunos hombres se convirtieron en monos. El tercer sol fue formado por Tláloc, el dios de la lluvia y fue destruido por una lluvia de fuego. Algunos hombres se transformaron en aves y pudieron salvarse. Chalchiuhtlicue creó la nueva humanidad o cuarto sol, atacada a su vez por grandes inundaciones. Los hombres que se salvaron se convirtieron en peces. Los mexicas vivían en el quinto sol, presidido por el dios del sol Tonatiuh etapa en la cual predijeron sería destruido por terremotos, aparentemente el de 1985 fue la señal de la predicción de la leyenda del Quinto Sol al cual representaban con un sol en movimiento.

En el primer sol predomina la deidad Tezcatlipoca, aquel que portaba el espejo de obsidiana humeante. En el segundo tenemos a Quetzalcóatl, sacerdote, emperador y dios, confundido en su tiempo con el apóstol Santo Tomás. En el tercero está el dios del agua, Tláloc, luego en el cuarto a Chalchiuhtlique, la diosa de los lagos y del agua y en el quinto sol está el dios dador de vida, por ello se conjugan el agua, el viento, el fuego y la tierra. El Quinto Sol fue precedido por la llegada de Quetzalcóatl y concluirá con una etapa de purificación, propia del gran juicio final, cuando llegue el dueño de todo y hacedor de las criaturas.

Conviene señalar el origen de la deidad Quetzalcóatl: llegó a Tula al poco tiempo de fundada, junto con otros acompañantes. Predicaba con palabras y obras el camino de la virtud, enseñando las ciencias y el arte. Se le atribuye la invención del calendario, instituyendo el ayuno y la penitencia. Promovió el culto a la cruz al cual los antiguos consideraban el árbol de la vida y de la salud. Siempre se opuso a los sacrificios rituales y a las guerras floridas, al igual aborrecía la práctica de embriagarse para luego tener sexo desenfrenado.

Quetzalcóatl poseía el don de la profecía y por sus predicciones se ganó el desprecio de Tezcatlipoca. Los tultecos le dijeron: “si eres rey-sacerdote debes tomar pulque”. Sin estar acostumbrado, bebió hasta perder el sentido y luego lo pusieron junto a una doncella, con la cual se dice pecó. Al despertar, todos se burlaron de él y le recriminaron su conducta, en especial de alguien considerado justo y bueno. Por ello Quetzalcóatl huyó rumbo a Cholula y luego en las costas de Coatzacoalcos, entró al mar de las turquesas en una barca en forma de serpiente para gradualmente desaparecer en el horizonte. Antes de marcharse prometió regresar y cobrar las afrentas; entonces su doctrina sería recibida por todos.

Las antiguas tradiciones lo relacionan con la destrucción de Tula. En realidad vemos en este episodio la lucha entre los toltecas y los llamados chichimecas quienes destruyeron la base religiosa de una etapa gloriosa, al imponer sacrificios humanos y rituales prohibidos por considerarlos incivilizados.

Quetzalcóatl quiere decir serpiente emplumada y para algunos varón sapientísimo. En efecto, puede ser un personaje histórico singular, pues decían era barbado y rubio, como rey, sacerdote o misionero civilizador. Otros que puede ser un mito astronómico pues también lo relacionan con Venus y con los huracanes que traen la bendición de las lluvias. Para los mexicas, Quetzalcóatl era enemigo de Tezcatlipoca, un dios relacionado más bien con la Luna. Por eso, ambas deidades son como la noche y el amanecer, en continua pugna y alternalidad. Se le relaciona con Kukulkán y Topiltzin.

Su culto está relacionado con la cruz y como un símbolo de la lluvia y de los movimientos de sol. Se dice que Quetzalcóatl anunció la destrucción de Teotihuacán y el arribo de españoles en 1519, el año de la profecía esperada, cuando Moctezuma lo confunde con Cortés. El imperio tenochca aguardaba con temor y expectación la venida de la deidad buena que les enseñó a labrar la tierra y a obtener sus frutos. Pero en lugar de llegar Quetzalcóatl, arribó un contingente de españoles comandados por Hernán Cortés, quienes sometieron a los mexicas.

No obstante, la esperanza del cumplimiento de la profecía seguía más viva que nunca. La serpiente emplumada llegará un día para dar la libertad a los cautivos. En su lugar, en 1531 ocurrió un milagro que suplió la esperanza de la llegada del dios bueno que bajó al inframundo para robar las mazorcas vitales. Por eso en las principales ciudades mesoamericanas se encuentra su emblema el de la serpiente emplumada.

Según la leyenda, Quetzalcóatl nació cuando no había luz, ni movimiento ni vida en el mundo. Fue él quien instauró un orden en el cosmos y separó el cielo de la tierra. En la tradición maya, se le considera el primer Padre, el ordenador del cosmos y el dios del maíz, la deidad que creó el alimento para los humanos y produjo la vida civilizada. Y aun en el México contemporáneo, esperan la venida de la serpiente emplumada a la cual confundió Moctezuma y provocó la caída de un gran imperio.


El chocolate en el México antiguo

Para los mayas, el consumo del chocolate se convirtió en el eje de las actividades sociales, políticas y económicas.

Yanireth Israde.

Reforma.com, 21 de enero 2012. Cultura.


El chocolate, cuanto más espumoso, más suculento. Ya lo sabían los mayas, quienes disponían de jarrones especiales para lograr una bebida burbujeante. Eran recipientes de cuello ancho, dotados de un pico largo y angosto que permitía verter el líquido, desde cierta altura, en otra vasija.

Los peculiares jarrones se encontraron en un contexto funerario de Colha, Belice, y según análisis químicos se utilizaron hace más de 2 mil 500 años, pues se hallaron restos de teobromina, componente distintivo del chocolate. Son la evidencia más remota para el área central maya, si bien en Chiapas, en la región del Soconusco, se consumía desde hace por lo menos 3 mil 500 años, informa el arqueólogo Philippe Nondedeo, quien colabora en el más reciente número de la revista Artes de México, dedicada al chocolate.

La publicación «Chocolate.

«Cultivo y cultura del México antiguo» destaca la importancia que, junto con el maíz, tuvo la planta del cacaotero para los mayas y luego para los mexicas.

Nondedeo explica que el chocolate se consumía durante grandes banquetes para celebrar acontecimientos de la elite, como bodas, el ascenso al trono, las victorias militares o la presentación de un heredero.

Y los festines, que reunían a los poderosos, resultaban el escenario idóneo para resolver conflictos, por eso se generalizaron en el área maya entre los años 650 y 900.

«Se volvió necesario establecer complejas estrategias de alianzas entre ciudades y entre familias de la elite. Esta necesidad convirtió los festines y el consumo del chocolate en el eje de las actividades sociales, políticas y económicas, pues todos estaban deseosos de ofrecer banquetes fastuosos y suntuosos a fin de ostentar su poder económico y su refinamiento», recuerda el arqueólogo.

Siglos después, los mexicas entraron en contacto con las antiguas ciudades mayas y adoptaron la cultura del cacao y su bebida, apunta el profesor de historia Nikita Harwich.

Producto comercial por excelencia, los granos de cacao se convirtieron en una moneda aceptada por todos los gobiernos de América Central y conferían a quienes hacían uso de ellos el prestigio de ser considerados banqueros y comerciantes de lujo.

«Dado su valor al mismo tiempo material y simbólico, los granos del cacao constituyeron muy pronto el tributo de las poblaciones sometidas a la autoridad de los nuevos conquistadores y fueron custodiados en almacenes especiales, como parte del muy preciado tesoro de los nuevos señores del Anáhuac».

Más adelante, durante el Virreinato, el chocolate era recomendado especialmente a los trabajadores antes de realizar un gran esfuerzo físico. Los guías de las carretas y los postillones (mozos que iban a caballo) tomaban cuando menos dos grandes tazas por día.

Los testimonios de los viajeros confirman que la población indígena bebía chocolate frío —según la costumbre maya— mientras que la población criolla o mestiza prefería consumirlo caliente, se lee en la publicación.

Dedican edición al chocolate

El número contiene imágenes de obras murales y escultóricas con la representación del cacao y el chocolate.

Yanireth Israde

Reforma.com, 25 de enero 2012. Cultura.

El Auditorio del Museo Franz Mayer resultó insuficiente esta noche para albergar al público que acudió a la presentación del más reciente número de la revista Artes de México dedicado al chocolate.En el patio del céntrico recinto se colocaron sillas desde donde los asistentes pudieron seguir mediante una pantalla los comentarios a la publicación por parte de la historiadora María Teresa Uriarte, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma y los escritores Laura Esquivel y Alberto Ruy Sánchez, quien junto a Margarita de Orellana, dirige Artes de México.Uriarte dio un panorama del número que contiene imágenes de obras murales y escultóricas con la representación del cacao y el chocolate. Estas obras dan cuenta, dijo, de la relevancia que tuvo en mesoamérica este producto consumido por las élites durante ceremonias rituales.

Matos Moctezuma mencionó el triple valor del cacao como alimento, moneda de cambio y remedio medicinal y comentó la «hermandad» entre el cacao y el maíz, pues el chocolate muchas veces era enriquecido con maíz.

Finalmente, Laura Esquivel se declaró adicta al chocolate y confesó que fue inducida por su madre, pues cuando la amamantaba ingería todos los días un champurrado para producir más leche.

Recordó que la familia de su padre producía también este alimento y que por eso siempre ha tenido la necesidad de comer chocolate, pues tiene un valor simbólico muy importante para ella

Teotihuacan, donde se hacen los dioses.

Fuente: Tarekhkerat. Teotihuac’an El Lugar De Los Dioses. En You Tube: <www.youtube.com/watch?v=yGox8hUSltI&feature=related>

Revelan entierros clases sociales.

Reforma.com, 25 de enero 2012. Cultura. <http://www.reforma.com/cultura/articulo/643/1284759/?compartir=929f3b4e0672211c56b223c5505d1d5f&gt;

INAH: Las cinco estructuras fueron de uso doméstico, y una de ellas fungió como área residencial de la clase media.



Una reciente investigación realizada a los 33 entierros humanos, hallados en la periferia de la Zona Arqueológica de Teotihuacán en 2011, por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), indica que en la periferia de la Ciudad de los Dioses vivía la clase media.

El descubrimiento se dio a dos kilómetros de la Ciudadela del sitio prehispánico, durante los trabajos de exploración de cinco estructuras de las que se tenía conocimiento desde 1973, en el Plano Arqueológico y Topográfico de la Antigua Ciudad de Teotihuacán, hecho por el arqueólogo estadounidense René Millón.A partir de las excavaciones e investigaciones hechas, dijo, el arqueólogo Gonzalo Morales Hernández, responsable de los trabajos en el sitio, se determinó que las cinco estructuras fueron de uso doméstico, y que una de ellas, denominada Edificio 8 fungió como área residencial de la clase media, según las características arquitectónicas que presentan.

Detalló que la disposición de cuartos alrededor de un espacio abierto y patios destinados al culto doméstico, además de espejos de agua y sistemas de drenaje sustentan dicha revelación.

No obstante, Morales añadió que dichos materiales recuperados están bajo resguardo en los laboratorios de salvamento de la Zona Arqueológica de Teotihuacán, donde algunos aún son analizados.

Mientras que los vestigios de las edificaciones halladas fueron consolidados, restaurados y enterrados nuevamente, a fin de asegurar su conservación.

De la treintena de entierros hallados, cuyas ofrendas en conjunto suman más de dos mil objetos líticos y 31 mil fragmentos de cerámica, destaca el del Edificio 8, donde se descubrieron 15 con restos óseos de mujeres, niños y neonatos que aún son analizados, así como objetos de tipo ceremonial, entre ellos un vaso esgrafiado lustroso del Golfo de México que datan de 225 a 550 d.C.

Morales compartió que otro de los entierros que destaca es el hallado en la llamada Estructura 10, donde había cuatro depósitos funerarios con sus respectivas ofrendas, integradas por figurillas y vasijas cerámicas, un asta de venado y un fragmento de hueso de animal trabajado como aguja.

Por otra parte, la exploración hecha en la unidad arquitectónica 21, arrojó el hallazgo de un entierro que contenía los restos óseos de un infante de menos de un año de edad; a sus pies estaban fragmentos matados es decir, que fue roto de manera intencional, de un incensario de la fase Xolalpan (350-550 d.C.) a manera de ofrenda.

Mientras que en las estructuras 2 y 6 se localizaron los desplantes y algunos muros de adobe y tepetate que formaban cuartos habitacionales, así como 13 entierros y diversas ofrendas que aún son analizadas. Dichos restos arquitectónicos corresponden a las fases Tlamimilolpa Tardío a Xolalpa Tardío (250-550 d.C.).

En lo que respecta a los vestigios de objetos líticos y cerámicos que conformaban las ofrendas de los entierros, Morales señaló que de acuerdo con los estudios realizados, 90.5 por ciento de los 31 mil 307 tiestos cerámicos corresponde a las fases Tlamimilolpan y Xolalpan.

Finalmente, sobre los más de dos mil objetos líticos descubiertos, principalmente navajillas prismáticas, el 63 por ciento corresponde a obsidiana verde-dorada procedente de un área de Pachuca, y 36 por ciento a fragmentos de obsidiana gris originaria de Otumba.

Es importante mencionar que esta investigación formó parte del proyecto de salvamento arqueológico durante la construcción de un poliducto; los estudios abarcaron recorrido de superficie, pozos estratigráficos, calas de aproximación, excavación extensiva y análisis antropológicos y de materiales arqueológicos.

Hallazgo milenario en Chihuahua

Las pisadas corresponden a tres adultos y un niño.

Reforma.com 26 de septiembre 2011. Sección Cultura.


Cinco huellas de pies humanos, cuya antigüedad se calcula entre 25 mil y cuatro mil 500 años, fueron descubiertas en la Sierra Tarahumara, por especialistas del INAH, quienes señalan que podrían corresponder a los primeros hombres que poblaron esa región.

En un comunicado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) explicó que de verificarse su antigüedad, este hallazgo se sumaría a las pocas impresiones de primeros pobladores del continente americano que se conservan en México, particularmente en Cuatro Ciénegas, Coahuila, y en un rancho de Sonora.Las pisadas corresponden a tres adultos y un niño que probablemente vivieron en las cuevas que se hallan en un paraje de la sierra, en el Valle de Ahuatos, a ocho kilómetros del poblado de Creel, en Chihuahua.

Los resultados de los análisis morfoscópicos (forma), arrojaron que la huella 1, por su longitud de 26 centímetros, corresponde al pie derecho de un adulto de sexo masculino; en tanto que la 2 es del pie izquierdo de otro adulto. No obstante, por ser la menos definida se ha dificultado la identificación del sexo de la persona que la dejó.

Asimismo la pisada 3 es de un infante de 3 a 4 años de edad y corresponde al pie derecho con una longitud de 17 centímetros.

Mientras que las improntas 4 y 5 son de otro adulto y representan el único par que corresponde a la misma persona, mismas que se encontraron a dos metros de distancia de la huella 1.

La pisada del pie izquierdo de la huella 4 tiene una longitud de 23.7 centímetros, en tanto que el derecho de huella 5 mide 24.5 centímetros, una de las particularidades de estas dos pisadas es que tienen seis dedos, lo que puede deberse a una malformación.

Según el antropólogo José Concepción Jiménez el hallazgo de las huellas humanas se logró a partir de un correo que hizo llegar un habitante de Chihuahua, al Seminario del Hombre Temprano en México, para avisar de la existencia de huellas humanas antiguas, impresas en el Valle de Ahuatos, en el municipio de Bocoyna.

«Acudimos a realizar exploraciones de superficie para verificar la información y no encontrábamos las impresiones, costó mucho trabajo dar con ellas porque no es fácil su identificación», apuntó el investigador.

Compartió además que después de varias búsquedas, las huellas fueron encontradas en un arroyo que corre en la pendiente de un paraje de aproximadamente mil metros cuadrados, donde las improntas se ubicaron en un área de aproximadamente dos metros dentro del riachuelo, en el cual el agua sólo fluye en temporada de lluvias, y el resto del año está seco.

Con la finalidad de descartar o detectar la presencia de más pisadas humanas en lugares cercanos, se hicieron recorridos de superficie abarcando una extensión de 50 kilómetros, compartió el antropólogo, quien aseguró que no se encontraron más huellas, pero en el área cercana a las huellas se descubrieron otras evidencias de ocupación humana en el valle.

Explicó que estas otras evidencias, rastros de campamentos primitivos, dan pie para que la antropología advierta presencia humana desde épocas remotas como el Pleistoceno (12 mil años antes de nuestra era).

Asimismo, en los abrigos rocosos que circundan el valle, dentro de una extensión de 50 kilómetros, se encontraron cinco cuevas con vestigios, entre las que destacan tres que tienen en su interior pinturas rupestres sobrepuestas, las cuales, de acuerdo con la etnohistoriadora Gabriela Salas, del equipo de investigación.

Según los últimos informes se trata de vestigios realizados durante tres periodos: precerámico, prehispánico y colonial, lo que da constancia de una larga ocupación humana en el Valle de Ahuatos.

Las huellas, pinturas y materiales arqueológicos fueron localizadas por el antropólogo físico José Concepción Jiménez, del INAH, quien informó que «estos descubrimientos son de gran relevancia para el estudio de los primeros pobladores en América, porque indican que en este paraje de la Sierra Tarahumara se asentaron algunos de los primeros grupos humanos que llegaron a esta parte del continente que hoy se conoce como Chihuahua».

Para el también coordinador del Proyecto «El Hombre Temprano en México», de la Dirección de Antropología Física del INAH, tal hipótesis deriva de la existencia de un campamento primitivo, localizado a kilómetro y medio del riachuelo donde se descubrieron las huellas humanas.

Dicho sitio, dijo, tiene una roca de más de dos metros de altura con un bicelado en un costado y una cerca circular de piedras de menor tamaño, también con evidencias de haber sido trabajadas por el hombre.

Respecto a las manifestaciones rupestres, explicó, que por la iconografía «claramente se pueden identificar las que corresponden a la época más remota o precerámica, que son aquellas plasmadas en colores rojo y amarillo con representaciones de líneas, círculos y grecas en zigzag, similares a otras localizadas en Cuatro Ciénegas, Coahuila.

En estas oquedades, añadió, corresponden a grupos de los primeros pobladores del norte de México, y que también se encontraron restos de hollín producido por fogones y morteros, a modo de hoyos que se tallaron en las rocas, para moler alimentos.

En la entrada de las cuevas se identificó otra serie de hoyos de 25 centímetros de diámetro por 1.30 de profundidad, que pudieron servir para guardar comestibles; además de otros más pequeños cavados en círculo, que posiblemente se ocuparon para clavar postes de madera, aseguró el antropólogo físico del INAH.

Puntualizó que es necesario hacer estudios de laboratorio para fechar con exactitud las huellas humanas, pinturas y el resto de materiales arqueológicos encontrados, de modo que se tomaron muestras de sedimentos, tierra y pigmentos.

Hasta el momento las posibles épocas en que fue ocupada esta región se ha calculado por analogía con vestigios encontrados en otros sitios de la región, y en el caso de la pintura a partir de su iconografía, aseguró.

De verificarse su antigüedad, el hallazgo se sumaría a las pocas impresiones de primeros pobladores de América que se conservan en México.

Foto: Cortesía INAH

Mural en Paquimé

Además de los estucos se hallaron restos de objetos de lítica, concha y otros materiales.

Reforma.com, 28 de julio 2011. Sección Cultura. <http://www.reforma.com/cultura/articulo/618/1234523/&gt;

Fragmentos de estuco con pigmentos blanco y rojo fueron encontrados por investigadores en el suelo y bordes de las paredes de un cuarto del sitio arqueológico de Paquimé, en Chihuahua. Los restos del antiguo aplanado podrían corresponder a una pintura mural, de ser así, representaría la primera obra de este tipo que se descubre en esa zona prehispánica del norte de México.

Debido al temporal de lluvias y el riesgo que implica la conservación de pigmentos de murales, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia decidieron esperar hasta finales de septiembre próximo para llevar a cabo la excavación que permitirá descubrir si se trata de una obra pictórica.Lo anterior fue informado por el arqueólogo Eduardo Gamboa, director del Proyecto de Investigación y Conservación de Paquimé, quien detalló que los restos de aplanados con color se encontraron en el Cuarto 36, ubicado en la sección conocida Casas Grandes, como resultado del monitoreo constante que se realiza en la antiguas edificaciones de ese lugar declarado Patrimonio Mundial en 1998 por la UNESCO.

«Durante el proceso de excavación para quitar los escombros que cubrían la edificación y que cayeron por deslaves, encontramos pedacería de estuco con pintura, así como en las orillas de dos muros», detalló el investigador durante su participación en la 16 Conferencia de Arqueología de la Frontera Norte.

«Ante la presencia de estos restos de estuco —continuó—, la exploración se orientó a tratar de encontrar el piso original, de época prehispánica, hasta que a un metro de profundidad,se empezaron a distinguir los bordes de los muros, mismos que tienen pintura en tonos blanco y rojo óxido; sin embargo, la amenaza de las lluvias no permitió descubrir de qué se trata y habrá que esperar una par de meses para saber si es un mural, y de ser así, determinar su época».

Además de los estucos se hallaron restos de objetos de lítica, concha, metales, cerámica, restos óseos, vidrio y materia orgánica, que corresponden a los periodos prehispánico, colonial, revolucionario y moderno.

Fuente de la imagen: El Universal.mx «Hallan restos de pintura mural en Chihuahua». 28 de julio 2011. 

<http://www.eluniversal.com.mx/notas/782264.html&gt;

Arquitectura de barro cocido en zonas arqueológicas mesoamericanas

En Soledad de Maciel se halló el único edificio piramidal en Mesoamérica con una coraza de tierra cocida.

Yanireth Israde.

Reforma.com 25 de Julio 2011. <http://www.reforma.com/cultura/articulo/617/1233234/&gt;

Tancama

En la costa uno y en la serranía el otro. Los dos sitios prehispánicos que suma el INAH al patrimonio arqueológico, Soledad de Maciel y Tancama, son milenarios y sus pobladores se revelan como domadores de territorios e inventores de tecnologías.

En Soledad de Maciel, por ejemplo, se levantaron construcciones antisísmicas y se fabricaron también los primeros tabiques de Mesoamérica.

Ambos forman parte de las 10 zonas arqueológicas que el INAH abrirá durante el sexenio para conmemorar el Bicentenario.

Cuatro ya reciben visitantes y Tancama, en el corazón de la Sierra Gorda de Querétaro, comenzó a operar hace unas semanas, pero espera su apertura oficial.

Antes de finalizar el año se prevé inaugurar Soledad de Maciel, también conocido como Xihuacan, cuyo museo de sitio adelantó su estreno para mostrar, desde marzo, las más de 800 piezas que integran su acervo. Será el enclave prehispánico de mayor dimensión en la Costa Grande de Guerrero, con una ocupación de más de 3 mil años. Sólo su centro ceremonial cubre 29 hectáreas.

Apenas se excavó hectárea y media, sin embargo, los hallazgos han sido sorprendentes.

Un botón de muestra es el edificio piramidal principal o templo mayor de Xihuacan, único en Mesoamérica con una coraza de tierra cocida, detalla el arqueólogo Rodolfo Lobato, responsable de las investigaciones.

 «En Mesoamérica no habíamos detectado arquitectura en tierra cocida, que equivaldría a una cerámica, pero adecuada a los acabados exteriores de los basamentos».

Los pobladores de Xihuacan fabricaron también los primeros tabiques prehispánicos, que tenían una longitud de 50 centímetros y casi 30 centímetros de ancho.

 «Eso desmiente el mito de que el tabique llegó con los españoles a América», puntualiza.

 Construyeron además un centro ceremonial a prueba de sismos basado en una gran plataforma de adobes mampuestos, sobre la cual montaron las edificaciones.

 «Esta tecnología constructiva posiblemente respondió al epicentro que hay en la costa, donde tiembla mucho. El sistema mampuesto de adobes logra que cualquier estructura funcione de forma monolítica, como un solo cuerpo, entonces podemos hablar de una tecnología antisísmica».

Las sacudidas de la tierra importaban tanto como los movimientos celestes, según lo demuestra la ubicación del templo mayor en relación con el sol. Por eso Xihuacan recibió el nombre de «lugar de los poseedores de turquesa», que se traduce como «los que poseen el tiempo» o «los que controlan el calendario».

 Tancama se encuentra ligado también a los astros. En huasteco significa «Cerro de Fuego», denominación que recuerda la alineación del sol con la cima del Cerro Alto, cercano al sitio, y la ubicación de sus monumentos de acuerdo con equinoccios y solsticios, como ha dicho el arqueólogo Pablo López.

 Tenacidad huasteca

Tancama demuestra los alcances de la cultura huasteca, procedente de la Costa del Golfo, cuyos pobladores domaron la agreste Sierra Gorda de Querétaro.

La presencia huasteca en este centro ceremonial de 3.6 hectáreas fue una sospecha durante mucho tiempo. Ahora, tras años de investigación y excavaciones, puede considerarse un hecho, explica el arqueólogo Jorge Quiroz, quien coordina los estudios en el sitio que alcanzó su apogeo hace aproximadamente mil 500 años.

De características huastecas son los edificios redondos que se encontraron en este rincón serrano, la cerámica y los restos óseos de personajes de élite con deformación craneana intencional hallados en entierros individuales y colectivos. Al igual que en la Huasteca se han encontrado, además, mutilaciones dentales.

Tancama no tiene por lo pronto piezas arqueológicas en exhibición, aunque existe un proyecto para presentarlas en el Museo Regional de la Sierra Gorda, indica el especialista.

Luego de Tancama y Soledad de Maciel, se abrirán seis zonas: tres en Chiapas, una en Zacatecas, otra en Sonora y una más en Puebla.

Una condición primordial para abrir una zona arqueológica es que la tierra donde se encuentren monumentos prehispánicos sea de propiedad federal, advierte Salvador Guilliem, titular de la Coordinación Nacional de Arqueología de INAH.

 «Queremos evitarnos conflictos a futuro, que no aparezca después un dueño, un heredero de las tierras, que tampoco sean ejidales ni de propiedad común, no queremos reclamos, por eso nos interesa tanto el asunto de la tenencia.»

Fuente de la imagen:  INAH en el artículo original de Reforma.com