Ópera “El elíxir de amor” en el Met de Nueva York

LA  PASIÓN EN UN BREBAJE

Fernando Treviño Lozano[1]

Octubre de 2012

 ANTECEDENTES

“El Elíxir de Amor”, una de las óperas cómicas más célebres de todo el repertorio operístico, fue compuesta por Doménico Gaetano Maria Donizetti, mejor conocido solamente como Gaetano Donizetti y estrenada en el Teatro Canobbiana de Milán el 12 de mayo de 1832.

El ahora afamado músico nació en Bérgamo, Italia el 29 de noviembre de 1797. Su familia era de muy escasos recursos y aunque perteneció al coro de su parroquia, no se puede hablar de una formación musical sofisticada, con excepción de las clases que recibió del párroco del templo, Simón Mayr quien, al haber él mismo compuesto algunas óperas, entre las que se distingue “Medea in Corinto”, introdujo al joven a este género musical, al tiempo que lo guiaba por los complejos caminos del contrapunto y la fuga, conjuntamente con el Padre Mattei en Bologna.

 Aunque su vida estuvo íntimamente ligada al are lírico, no debe olvidarse que su prodigiosa facilidad para componer memorables melodías lo llevó a producir también una asombrosa colección de dieciocho cuartetos para cuerdas, docenas de canciones y un imponente Réquiem, entre otras cosas.

DONIZETTI Y LA ÓPERA

La producción operística de Donizetti, misma que abarca más de setenta obras, es difícilmente igualada y mucho menos superada en la historia de la música. La velocidad a la que componía era tan prodigiosa, que en algunos años, llegó a estrenar hasta cinco óperas, como sucedió en 1827.

Su primera obra, “Una follia” está perdida, por lo que es “Enrico di Borgogna” estrenada en 1818 cuando el autor tenía apenas veinte años, la que se encuentra en primer lugar entre sus obras sobrevivientes. Sin embargo, no es hasta 1822 con el estreno en Roma de “Zoraide di Granata” que Donizetti llega a atraer la atención de público y empresarios, aunque la crítica no le fue tan favorable; un lamentable hecho que acompañó a este genial músico durante prácticamente toda su vida.

En el ámbito internacional, logró notoriedad hasta 1830, a la edad de 33 años, con el estreno de su magnífica ópera “Anna Bolena”, la primera obra de una trilogía que gira en torno a la figura de la reina Isabel I de Inglaterra. El magistral libreto de Felice Romani, aunado a una magnífica fluidez dramática y acompañada de arrebatadoras melodías, hacen de esta obra un apetitoso bocado para público e intérpretes del mundo entero. La trilogía termina de integrarse con “Maria Stuarda” de 1835 y “Roberto Devereux” de 1837 y son una muestra de la atraído que se sentía Donizetti por argumentos derivados de la historia de Inglaterra, como sucedió con aquellos pasajes que inspiraron sus óperas “Alfredo il Grande” (1823), “Elizabetta al castelo di Kenilworth” (1829), y “Rosmonda d´Inghilterra” (1834).

Entre otras óperas dramáticas que fueron y siguen siendo clave para consolidar la reputación de Donizetti, tanto en el mundo del arte lírico como de la historia de la música en general, se encuentran “Lucrecia Borgia” de 1833, “La Favorita” de 1840 y desde luego, la que se considera su obra maestra en este género, la inmortal “Lucia di Lammermoor” de 1835.

 El autor contrajo nupcias con Virginia Vaselli en 1828. Con ella procreó tres hijos, mas ninguno de ellos alcanzó a sobrevivir. Una epidemia de cólera, agravada por complicaciones de su último parto, acabó con la vida de Virginia en 1837. En 1843, Donizetti comenzó a mostrar los primeros síntomas de sífilis. Viajó a París en busca de tratamiento, pero fue en vano. Tras regresar a su ciudad natal en 1845, perdió la razón y exhaló su último aliento el ocho de abril de 1848, a la edad de cincuenta años. La última ópera de brotara de su pluma, estrenada durante su vida, fue la versión revisada de “Dom Sebastien” en febrero de 1845.

 Es de suma importancia el mencionar que Donizetti, junto con Rossini y Bellini, conforman la cúspide del llamado “bel canto”, un estilo vocal que comenzó a utilizarse en el siglo XVI, durante la era barroca y que prevaleció hasta prácticamente la primera mitad del siglo XIX. Consiste en darle énfasis al colorido de la voz y desarrollar al máximo su virtuosismo mediante el uso de difíciles notas ligadas, trinos, escalas y pasajes pletóricos de dificultades técnicas, así como un uso frecuente de notas agudas y sobreagudas. Con su muerte, tomando en cuenta que Bellini ya había fallecido y que Rossini estaba retirado, termina este glorioso período de la ópera, mismo que aunque siguió influyendo a compositores de años posteriores como Giuseppe Verdi e incluso a algunos contemporáneos, ya no volvió a constituir el estilo central de la época.

 EL ELÍXIR DE AMOR

Aunque la vena de Donizetti fue preponderantemente dramática, no dejan de sobresalir algunas óperas cómicas que, sin duda alguna, forman parte permanente del repertorio operístico.

 Entre las más importantes, encontramos “La fille du régiment” una ópera compuesta sobre un libreto en francés y estrenada en París en 1840; “Don Pasquale” de 1843 y desde luego, “L´elisir d´amore” de 1832.

En este último año, encontramos a Bartolomeo Merelli, empresario del Teatro de la Canobbiana de Milán, sumamente frustrado por la falta de cumplimiento de una obra comisionada a un compositor. Desesperado, busca a Donizetti y le encomienda una ópera dándole como plazo ¡catorce días! El compositor, conocido ampliamente por su capacidad para componer obras en pocos días, contacta a Felice Romani, un frecuente colaborador suyo en el ámbito de los libretos. El escritor no encuentra un tema totalmente original, pero trabaja sobre uno que Eugene Scribe había escrito para el compositor francés Daniel Francois Auber para su ópera “Le Philtre”, misma que había sido estrenada en 1831. Esta historia, proviene a su vez en la narración “Il Filtro” de Silvio Malaperta.

 Si bien la idea general es la misma, Donizetti insistió en la realización de cambios substanciales, mismos que le permitieron una mayor fluidez escénica, así como la inclusión del texto que daría lugar al aria “Una furtiva lagrima”, misma que no sólo es el momento más esperado de toda la ópera, sino que forma parte de la lista de obras que está en el repertorio de prácticamente todos los tenores y que es indudablemente una pieza favorita del público, desde el momento de su estreno hasta nuestros días.

 El papel de Nemorino, el tenor, fue un favorito de figuras tales como Enrico Caruso, Beniamino Gigli, Tito Schipa y Luciano Pavarotti; mientras que el de la soprano, Adina, ha estado en el repertorio de Joan Sutherland, Angela Gheorghiu, Mirella Freni y Kathleen Battle, entre otras.

 El antiguo sueño de hombres y mujeres de contar con una poción que haga caer rendidos de amor a quienes deseamos conquistar, toma forma en esta ópera maravillosa. Un charlatán, el Doctor Dulcamara, vende a Nemorino un brebaje que supuestamente tiene tal poder. Una serie de cómicas circunstancias hacer creer a Nemorino que la poción realmente funciona, cuando es en realidad el verdadero amor el que finalmente lo une a Anina.

 No podemos dejar de mencionar que en la historia de la ópera hay tres que se consideran las indiscutibles obras maestras del género “buffo” de la ópera: “Las Bodas de Fígaro” de Mozart “El Barbero de Sevilla” de Rossini y “el Elíxir de Amor” de Donizetti. Es pues una oportunidad de oro el deleitarnos con una de ellas, que además será presentada con un reparto por demás inmejorable.


[1] Agradezco la gentileza del autor por autorizarme publicar este texto en Gusto por la historia. También se publicó en El Norte, Monterrey, N.L. el 6 de octubre 2012 en la Sección Arte, pág. 4

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