La novela de la Revolución

Rescata letras bélicas

Andrea Menchaca.

Elnorte.com. 20 de marzo 2010.



Participa Julio Patán en la Cátedra Alfonso Reyes del Tec. Destaca el escritor dureza en los textos de autores ligados a la Revolución.

Durante la Revolución no sólo hubo desencuentros, también hubo matrimonios felices como el de la literatura y la historia, dos entidades que no siempre cohabitan de forma civilizada.

Así lo cree el escritor Julio Patán, quien ayer visitó la Ciudad para hablar sobre «La Novela de la Revolución Mexicana», como parte de la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey.

Aunque la literatura de la Revolución puede sonar oficialista, Patán mostró que no es así, basándose en la obra de tres autores: Martín Luis Guzmán, Rafael F. Muñoz y Nellie Campobello.

«Son sumamente interesantes porque son testigos directos de lo que sucedió en la Revolución», señaló en entrevista el autor del libro Para Entender. Martín Luis Guzmán.

Pero sobre todo, enfatizó, fueron escritores muy críticos, a pesar de haber estar ligados al poder en algún momento de su vida.

«Lo que se descubre es una literatura a contracorriente, incluso impertinente, descarnada, dura, a veces con un humor muy mordaz», apuntó Patán, en el edificio CEDES del Tec de Monterrey.

Sobre todo, continuó, es una literatura muy cercana a los hechos.

El escritor dijo que Martín Luis Guzmán, dentro de su extensa obra, tiene tres libros sobre la Revolución: El Águila y la Serpiente, La Sombra del Caudillo y Memorias de Pancho Villa.

«Su retrato de Obregón, por ejemplo, es terriblemente duro, casi cruel en algunos momentos, el de Carranza también y su retrato de Pancho Villa es más amistoso porque fue su secretario, pero no dejó de ser duro», explicó Patán en entrevista.

Lo mismo sucede con los otros dos autores: Muñoz con el libro Vámonos con Pancho Villa y Campobello con Cartucho.

Patán relató que Campobello se crió en Parral, Chihuahua, durante la época de la Revolución y su libro incluye, precisamente, las experiencias con las tropas villistas.

Aunque la escritora era villista, señaló, el libro es muy crudo y no oculta las barbaridades que se hacían.

Patán finalizó su charla con Miguel F. Muñoz, el más crítico de los tres escritores, quien fue un reportero que entrevistó a muchos veteranos del bando villista y recopiló anécdotas fuertes y descarnadas, protagonizadas por Villa.

La obra de Sandor Marai

Uno de los escritores cuya obra ha sido recientemente descubierta y admirada gracias a las traducciones primero al italiano y después al castellano, al inglés y de seguro a otras lenguas más es el húngaro Sandor Marai, un excepcional autor que conoció la personalidad del hombre en todas sus facetas.

Marai fue un muy reconocido autor en su Hungría natal, particularmente en el periodo de entreguerras.  Con  la Segunda Guerra Mundial encontró en su lengua materna la patria que perdió, primero con el gobierno fascista pronazi  y después con el régimen soviético, ambos censores y ambos perseguidores de este reconocidísimo autor centroeuropeo, considerado demasiado burgués y demasiado individualista por ambos regímenes y quien defendió su derecho a la libertad de expresión hasta que no le quedó más alternativa que autoexilarse en 1948, primero en Italia y luego en Estados Unidos en donde se suicidó en 1989.

Durante casi 50 años su obra permaneció casi en el olvido, tanto por la censura en los años del régimen comunista como por la dificultad de acceder a sus textos en una lengua que no está emparentada con los idiomas de Occidente. Con la caída del régimen prosoviético, las traducciones que permiten aquilatar la calidad de su escritura le han traído, postmortem, una nueva popularidad.

En sus obras autobiográficas Confesiones de un burgués y Tierra Tierra nos permite conocer su origen, su formación  y su desarrollo intelectual, primero como periodista y  luego como ensayista y literato. A través de ellas somos testigos de la vida familiar, de la educación formal e informal, de la experiencia en la Primera Guerra Mundial que lo fueron encauzando al mundo de las letras en las que se develó como conocedor del alma humana especialmente en los años de la Segunda Guerra Mundial en donde prácticamente escribió para sí mismo escondido lejos de Budapest.

Si Confesiones de un Burgués, escrita cuando tenía 34 años es la ventana por la que vemos al Marai niño y su relación con su medio ambiente, Tierra Tierra es el testimonio del paso de la ilusión por los libertadores soviéticos que librarían a los húngaros del yugo nazi a la decepción por la nueva tiranía que implantó el comunismo en Hungría; de la resistencia de ciudadanos húngaros a la pérdida de las libertades más elementales, inclusive de pensamiento. Gracias a estas memorias, podemos comprender cómo se fueron gestando las obras ficcionales en donde la experiencia bélica no sólo es un trasfondo sino también una realidad que determina y trastoca, como lo denota La mujer justa y Los rebeldes. Este libro bien puede ser una fuente primaria para el estudio de la historia y la experiencia de un pueblo invadido.

El último encuentro, La herencia de Eszter, Divorcio en Buda, La hermana, La extraña nos ponen ante personajes profundamente estudiados, que muestran las grietas del alma, los grandes dilemas, las pasiones, la grandeza y la mezquindad que todos somos capaces de albergar y que tratamos de encubrir. Por eso los lectores nos identificamos con ellos y no podemos dejar de reconocer que Marai tuvo el don de desenmascararnos. Además, a pesar de estar ubicados en escenarios húngaros o centroeuropeos, los contextos bien podrían ser nuestras propias casas, nuestras familias, nuestro entorno más inmediato.

Y su uso del lenguaje es magistral.

Sus Diarios de 1984 a 1989 son un retrato sin adornos de sus últimos años, la vejez, la soledad, la enfermedad, la muerte de su esposa y el camino hacia su propio fin.

En castellano  la traducción de Judit Xantus Szarvas, Mária Szijj y J.M. González Trevejo así como la edición de la editorial Salamandra son estupendas.

Travesuras de la niña mala

Mario Vargas Llosa. España: Alfaguara. 2006.

Publicada con un gran éxito, esta novela es la historia de Ricardo Somocurcio “el niño bueno” quien desde su adolescencia vive con su amor mal correspondido por Lily, “la niña mala”.  Los argumentos centrales sin embargo son el amor, el erotismo y la educación sentimental.

A diferencia de sus otras obras en las que se van entretejiendo varias tramas aparentemente inconexas que finalmente entroncan y se entretejen, ésta sucede en un entramado lineal con una  cronología es consecutiva iniciando en la ciudad de Lima en los años 1950 para terminar en Madrid casi 50 años después. La novela se estructura en siete capítulos, cada uno un episodio en el encuentro-desencuentro de los protagonistas dejando al lector la incertidumbre si habrá un “final feliz” para la pareja o si el amor no correspondido habrá sido el eje de la vida de Somocurcio.

Y si bien hay una continuidad cronológica, los ambientes son los que cambian pues en  cada capítulo el reencuentro entre Ricardo y la “niña mala” se da en otra ciudad: Lima, Paris, Londres, Tokio, Madrid. Cada nuevo escenario tiene sus propios personajes secundarios y en varios tienen finales inesperados.

Sin embargo, la novela sobrepasa el tema amoroso-erótico, pues plantea la ilusión del enamoramiento juvenil y la idealización del ser amado, el amor esquivo, los encuentros y reencuentros y la toma de conciencia de las necesidades y emociones personales. También nos percatamos que el trauma del origen social, la ambición de ascender a toda costa y la falta de escrúpulos no se confinan únicamente a América Latina a pesar de las transformaciones en los contextos políticos y culturales que son trasfondos de la trama central.

Hernán Migoya, en el suplemento La Gaceta del Ángel del periódico Reforma de la ciudad de México publicó el 2 de Julio de 2006 un interesante análisis de la novela –Mario Vargas Llosa, las travesuras del amor moderno-, partiendo de la reflexión que en la obra de Vargas Llosa “parece habitar, inconscientemente, una preciosa metáfora de su relación sadomasoquista con el Perú que tanto ama, que quiso gobernar y no pudo”.

Vargas Llosa se propuso contra una historia del amor moderno situada en el periodo de las transformaciones más grandes de la historia de la humanidad y ubicada en donde se dieron esos cambios “ París en los 60, Inglaterra en los 70, España en los 80 sin ninguna duda. Ese marco es lo más autobiográfico del libro».

¿Historia o novela?

Mucho se ha discutido sobre los límites entre historia y literatura, entre los hechos acontecidos, crudos, tal como fueron, y la ficción, la narratividad, la reconstrucción de posibilidades, de razones posibles, de emociones, elementos que los documentos o restos materiales, evidencias fácticas de los sucesos, no registran.

Hoy en día, cuando se reconoce que el relato histórico también es narratividad e interpretación,  la historia y la literatura vuelven a tocarse como antaño. Tanto el novelista como el historiador cuentan una historia y buscan darle sentido a través de las palabras. Tal vez la primera historia novelada sea la Ilíada, el poema escrito por Homero entre los siglos VIII y VI aC. y que cuenta  una  trágica historia de amor cuyo destino estaba en manos de los dioses olímpicos. Esta obra clásica  fue considerada durante mucho tiempo producto de la imaginación de su autor, hasta que Heinrich Schliemann demostró en 1873 que efectivamente existió la ciudad de Troya y que el estrato correspondiente al siglo XIII aC. fue sitiado, conquistado y quemado por sus enemigos micénicos. El poema homérico había preservado en la memoria colectiva un suceso que de otra forma ya hubiera sido olvidado hace mucho.

Aunque la relación de la literatura y la historia ha sido estrecha en el sentido que los relatos se ubican en espacios y tiempos como los cantares de gesta, las novelas de aventuras y los relatos míticos, la novela histórica como un género literario en sí surgió a inicios del siglo XIX bajo la influencia del romanticismo.

Como novela, su naturaleza es ficcional y no pretende representar fidedignamente una realidad ni suministrar pruebas fehacientes al lector, y el novelista puede permitirse ciertas licencias, como la creación de personajes, diálogos y motivos. Por otra parte, con un sustento histórico, hay escenarios y contextos que le dan visos de verosimilitud a la obra, que se respalda en hechos sucedidos.

Así, las figuras históricas se transforman en personajes novelados a través de los cuales los autores reconstruyen intenciones, mentalidades, valores, aprecios y enconos que acercan al lector a la vida íntima y cotidiana de una época o a las razones que provocaron una serie de acontecimientos. De esta manera Alejandro Magno, los Reyes Malditos, los Reyes Católicos o Antonio López de Santa Anna -el seductor de la Patria-como personajes literarios nos invitan, a través de la pluma de  escritores como Mary Renault, Maurice Druon, Jean Plaidy, o Enrique Serna a adentrarnos a la historia, esta vez en los textos históricos para conocer los hechos tal y como sucedieron.

Mira si yo te querré.

Luis Leante. Barcelona: Alfaguara. 2007.

Poco es lo que conocemos de la historia, los conflictos y los dilemas de otras partes del mundo. La información que nos llega, ya sea a través de los noticiarios o de la prensa es limitada y se concentra o en los conflictos bélicos o las reuniones de los “grandes” o, en nuestro caso, de los conflictos regionales más sonados.

Quien conoce sobre los saharauis y su confrontación con el gobierno marroquí es un caso excepcional, y apenas hace unos días nos enteramos de que existe un conflicto entre Marruecos y lo que se conoció como el Sahara Español pues la activista por la autonomía de este territorio, Aminetu Haidar y a través de una huelga de hambre que duró un mes logró despertar la presión internacional que obligó al gobierno de Rabat a permitirle regresar a su hogar y a su familia.

Sobre este conflicto, el español Luis Leante escribió una novela, Mira si yo te querré, que fue ganadora del X Premio Alfaguara de novela 2007. Este premio tiene como propósito fundamental contribuir a que “desaparezcan las fronteras nacionales y geográficas del idioma, para que toda la familia de los escritores y lectores de habla española sea una sola, a uno y otro lado del Atlántico”.

La novela de Luis Leante cobra actualidad estos días pues el contexto de su obra contiene las vicisitudes del pueblo saharaui y sus condiciones de vida provocadas por el imperialismo, el proceso de descolonización, la ocupación extranjera y el desplazamiento de la población en  el territorio que antiguamente se conoció como el Sahara Español, contexto para una historia de amor, de búsqueda y de desencuentro.

 

Con el reparto imperialista de África y la Conferencia de Berlín de 1883, España reclamó el territorio en 1885 aunque ocupó el Sahara Español hasta 1934, predominio que mantuvo durante 41 años. El movimiento por la liberación del Sahara Español encabezada por el frente Polisario (siglas de Frente Popular de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro) se estableció en 1973 tras la represión del régimen franquista a los intentos de negociación pacífica por la independencia de la colonia. El Frente Polisario captó a los soldados saharauis que formaban parte de las Tropas Nómadas del ejército español y que se enfrentaron violentamente al ejército hispano para lograr la independencia del país en los últimos meses de 1975,  coincidiendo con la muerte del General Francisco Franco.

Al mismo tiempo,  el 6 de noviembre de 1975  el gobierno marroquí inició la llamada “Marcha Verde” traspasando la frontera internacionalmente reconocida del Sahara Occidental ocupando el territorio costero. Con los Acuerdos de Madrid firmados una semana después se estableció una administración temporal tripartita constituida por España, Marruecos y Mauritania. Este acuerdo no obtuvo el reconocimiento de la ONU.  El 26 de febrero de 1976 España abandonó unilateralmente el territorio, tras lo cual el Frente Polisario  proclamó la República Árabe Saharaui Democrática y emprendió una guerra de liberación contra Mauritania y Marruecos.

En 1979 Mauritania, derrotada, firmó la paz con el Frente Polisario renunciando a sus pretensiones en el territorio y  en 1991  Marruecos y el Frente Polisario firmaron un alto el fuego auspiciado por la ONU que estableció la Misión de Naciones Unidas (MINURSO) para llevar a cabo un refrendo en el Sahara Occidental  que se celebraría el siguiente año. Para ese refrendo se llevaría a cabo un censo de población con derecho a voto para decidir el destino del país, si cobraría su independencia o si se integraría a Marruecos.

Desde entonces, el Frente Polisario ha  acusado al gobierno marroquí de ir aplazando la convocatoria del referéndum mediante apelaciones para que la población no saharaui instalada por el gobierno marroquí en la zona ocupada y que ya es mayoría tenga derecho a voto. Marruecos rechaza a estas acusaciones. A pesar de los esfuerzos que se han realizado desde 1991, el conflicto no se ha resuelto. En 2003 Marruecos propuso conceder al Sahara Occidental una amplia autonomía bajo su soberanía y la creación de un Consejo Real para los Asuntos del Sahara – CORCAS compuesto por miembros de distintos clanes y tribus saharauis designados por el rey de Marruecos, pero esta solución fue rechazada por el Frente Polisario.

Actualmente, el territorio del Sáhara Occidental se halla dividido por un muro  de más de 2.000 kms. de largo que divide de norte a sur el Sáhara Occidental. La zona al oeste del muro es el territorio ocupado por Marruecos, mientras que la zona al este del muro constituyen los denominados «territorios liberados» bajo el control del Frente Polisario.

En la novela, Luis Leante mantiene la fidelidad cronológica y fáctica de los hechos históricos,  narrando el último año de la presencia española y la organización de resistencia saharaui, la invasión marroquí y mauritana hasta la vida en los campos de refugiados en Argelia, haciendo múltiples referencias a los acontecimientos, lo que le da mayor credibilidad a la novela.

El autor, además de perfilar con claridad el conflicto político y territorial del Sahara Occidental, nos permite vislumbrar también que las decisiones políticas tomadas en los niveles más altos trastocan y provocan sufrimiento a la población civil que padece las atroces condiciones de vida y que son víctimas de las circunstancias sin tener la oportunidad de manifestarse o decidir al respecto. Por ello, además de contarnos una historia de amor a lo largo de 26 años y dar a conocer a sus lectores sobre la situación del país, aprendemos sobre la problemática social y cultural derivada de un proceso inacabado de descolonización. Aborda las estratagemas de los rebeldes y las corruptelas y auto-sabotajes de los mandos militares, los eufemismos políticos de una llamada marcha verde que es más bien un ataque a la población civil desplazada e indefensa, la marginación de los refugiados y sus condiciones de vida “encerrados en un lugar que no tiene muros ni puertas“ agravadas por la vida en el desierto que magistral y bellamente describe, la trata de blancas que sugiere con sutileza en el personaje de Le Monsieur y sus cárceles clandestinas de mujeres en las que éstas están resignadas a su suerte, y que es actualmente un gravísimo problema de explotación sexual, así como de la añoranza por la patria propia que en boca de la enfermera Layla se expresa de la siguiente manera:

“Podríamos excavar cimientos, construir edificios, trazar calles, hacer alcantarillados. Pero eso significaría que nos hemos dado por vencidos. Nosotros estamos aquí de forma provisional, porque nuestro país está ocupado por los invasores. Cuando la guerra termine, volveremos. Y todo esto se lo tragará el desierto”. (p 175).

Esta novela, histórica y pasional, está muy bien escrita con una estructura que atrapa la atención de inmediato. Permite entender que sucedió estos días con Aminetu Haidar y es, además, una invitación al conocimiento que no se puede rechazar fácilmente.

Mapa: Association de soutien à un référendum libre et régulier au Sahara Occidental.

[http://www.arso.org/SOMAP2.GIF]

CONTRACORRIENTE

Marruecos y el Sahara occidental

Farid Kahhat

Reforma, México D.F., 20 de noviembre de 2010. .Pág. 17A

En octubre de 1975, cuando el colonialismo español en el Sahara occidental estaba a punto de llegar a su fin, la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya emitió una opinión consultiva que concluía en lo esencial dos cosas: en primer lugar, que los elementos de juicio a su disposición «no demostraban la existencia de ningún vínculo de soberanía territorial entre el territorio del Sahara occidental, por una parte, y el reino de Marruecos o el complejo mauritano, por la otra». En segundo lugar, que por ende era aplicable a ese territorio la resolución 1514 de 1960 aprobada por la Asamblea General de la ONU «y, en particular, la aplicación de la libre determinación mediante la expresión libre y auténtica de la voluntad de las poblaciones del territorio».

Pese a ello, al abandonar ese territorio, entre fines del 75 y principios del 76, el Estado español traspasa unos dos tercios del mismo al reino de Marruecos, y el resto a Mauritania. En forma simultánea, e invocando la opinión de la Corte y la resolución de la Asamblea General, el movimiento independentista Frente Polisario proclama la República Árabe Saharaui Democrática, e inicia acciones militares tanto contra Mauritania como contra Marruecos. Tras derrotar a Mauritania (que renuncia a cualquier pretensión sobre el territorio), se suscita un impasse militar con Marruecos, que lleva a un cese al fuego y al inicio de negociaciones entre las partes en 1991.

Las negociaciones se dan bajo la mediación de la ONU, en el entendido de que el conflicto habría de resolverse mediante un referendo. Este nunca se realiza y a partir de 2003 Marruecos revierte su decisión de respaldar ese referendo y ofrece a cambio un régimen de autonomía para el territorio en 2007 (autonomía que, huelga decirlo, tampoco se ha puesto en práctica).

Tras cerca de 20 años de negociaciones sin acuerdo alguno, mientras los campamentos de refugiados en territorio de Argelia (Estado aliado y mecenas del Frente Polisario) languidecen en la penuria, y el reconocimiento internacional a la República Saharaui tiende a menguar con el tiempo, surgen los campamentos de protesta que vimos hace unas semanas en el Sahara Occidental. Esta protesta parecía original tanto por mostrar un nuevo liderazgo saharaui como por sus reivindicaciones, concentradas en mejorar las condiciones de vida en la región, sin alusión alguna al tema de la autodeterminación.

Pero a la vez la protesta reivindicaba un mayor acceso a las decisiones sobre los recursos regionales (en momentos en que Marruecos negocia un acuerdo pesquero con Europa), y precedía por unas pocas semanas a una nueva (y probablemente infructuosa) ronda de negociaciones entre Marruecos y el Polisario, bajo la supervisión del enviado de la ONU, Christopher Ross.

Por esas razones el Gobierno marroquí parecía sospechar que se trataba de un mero cambio de táctica por parte del movimiento independentista, pese a lo cual inició negociaciones con los líderes de la protesta. Cuando según el Ministro portavoz del gobierno marroquí, Khaled Naciri, estas parecían avanzar hacia una solución, se produjo la toma por asalto de los campamentos. De allí en adelante toda la información es objeto de controversia, dado que el Gobierno marroquí impidió el acceso de la prensa a la zona (y no sólo a la occidental, sino también a cadenas árabes como Al Jazeera): se discute desde el número y la identidad de las víctimas hasta la motivación y conducta de las partes (ambas se acusan de haber propiciado la violencia para sabotear las negociaciones en ciernes).

La versión marroquí es que el campamento fue virtualmente secuestrado por delincuentes reclutados por el Polisario, que impusieron no sólo su agenda sino también sus métodos (presumiblemente violentos). Lo cual parece inverosímil, teniendo en consideración que la razón por la cual los periodistas no podían acceder a los campamentos es el hecho de que estos estaban íntegramente rodeados por agentes de seguridad marroquíes. La presunta conducta del Polisario a su vez fue atribuida por la prensa de Marruecos a la influencia que sobre esa organización ejerce el Gobierno argelino. Lo cual llevaría a preguntar por qué entonces el Gobierno marroquí no envió a su similar argelino una nota de protesta ni llamó a consulta a su Embajador en Argel.

Pese a una cierta liberalización del proceso político en Marruecos, cuando se trata del Sahara occidental esa liberalización sigue estando ausente. Un reporte de Human Rights Watch de 2008 sostenía que Marruecos sigue recurriendo a leyes represivas, procesos judiciales carentes del debido proceso y a la violencia policial incluso contra quienes respaldan la autodeterminación del Sahara occidental por medios pacíficos.

Como es el caso de Aminetu Haidar, quien cobrara notoriedad mediática tras una huelga de hambre que protagonizó en 2009 en territorio español. Se haya tratado de una auténtica protesta social o de una mera maniobra táctica del Polisario, la conclusión a la que habrá de arribar la mayoría de la población probablemente sea similar a la que expresa ahora Haidar: «Si Marruecos ya nos apalea para poner fin a una protesta de índole social, no merece la pena andarse con más dilaciones. Reivindiquemos directamente la autodeterminación y la independencia del pueblo saharaui.


My life in France (Mi vida en Francia)

Memorias de Julia Child en colaboración con Alex Prud’homme.

Nueva York: . Alfred A. Knopf. 2005.

(Aún no se consigue en español)

En un aeropuerto esperando tomar un vuelo que iba a tener varias horas de retraso, compré este libro para pasar las horas, puesto que alguna vez vi una serie de programas de la chef norteamericana Julia Child y sabía que ella había introducido al público de su país a los secretos de la gastronomía francesa.

Mi sorpresa fue que en lugar de ser un libro sobre las aventuras culinarias de la recién casada Julia, sus memorias son un testimonio muy atinado sobre historia, política, cultura, mercadotecnia y vida cotidiana en Francia y Estados Unidos en los años inmediatos al fin de la Segunda Guerra Mundial.

Recién desembarcada con su esposo Paul, un diplomático y artista que había vivido en París en los años 1930 en donde había descubierto el gusto por vivir francés, Julia tiene una revelación, si pudiéramos llamarlo así, al probar por primera vez la gastronomía francesa en un restaurant en Rouen.

Con mucho tiempo libre y sin saber muy bien a qué dedicarse, intentó diversos “entretenimientos” y lo que fue una distracción mientras su esposo trabajaba en la embajada de su país, acabo siendo el descubrimiento de una pasión que sería su proyecto de vida durante 56 años.

Julia Child se dedicó a la investigación gastronómica con seriedad y con espíritu científico y se propuso promover la gastronomía de Francia ante el público de su país a través de su famoso libro Mastering the Art of French Cooking, escrito en colaboración con Simone Beck y Louisette Bertholle. A éste seguiría una segunda parte. Hasta la fecha son libros reeditados con frecuencia por la gran demanda que tienen (el primer volumen ya lleva 49 ediciones y, tras el éxito de la película, habrá más).

De vuelta en Estados Unidos tras vivir también en Alemania y en Noruega, Julia inició un proyecto televisivo “The French Chef” que fue muy popular y que la convirtió en un ícono de este medio de comunicación. Tuvo once programas más hasta el año 2000.

En su libro se presenta una Francia que se enfrenta a su reconstrucción tras los años de guerra y de ocupación alemana, en el que sus ciudadanos quieren recuperar la alegría por vivir y por disfrutar la vida “normal”, es decir, ir al mercado, al pescadero, a comprar pan, pero también a elegantes cenas, a paseos a la campiña, a la vida social y cultural.

También permite vislumbrar las diferencias entre la cultura francesa y el estilo de vida norteamericano en aquellos años, la visión del mundo de personas que sirvieron a su país como ella y su marido en los años de la guerra y la decepción que enfrentan tras la “cacería de brujas” del senador McCarthy en los años 1950.

Con la publicación de su libro y la producción de su primer programa de televisión nos percatamos de las dificultas de proyectos de esa índole, de cómo cambió la concepción de la cocina y de las labores culinarias que no se restringieron a compartir recetas.

Este libro fue un proyecto que la autora emprendió tras años de postergación y fue publicado un año después de su muerte en 2004.

Sobre la película Julia y Julie que se exhibe actualmente, la guionista y directora Nora Ephron construyó una trama a partir de este libro y del que escribió Julie Powell, intitulado Julie&Julia basado en el blog que creó en el 2002 para compartir con los internautas sus aventuras al cocinar todas las recetas del libro Mastering the Art… en un año. La actuación de Meryl Streep como la muy alta Julia es, como en todas sus películas, digna de verse. Sin embargo, y como sucede frecuentemente, la película no logra superar al texto original.

«Infiel. La autobiografía de la mujer que se rebeló contra el Islam»

infielAyaan Hirsi Magan. Madrid: Debate. 2007.

Este libro es la autobiografía de Ayaan Hirsi Magan, la mujer que ha denunciado las condiciones de vida de las mujeres musulmanas tanto en su país de origen como en las comunidades de inmigrantes de África y de países árabes que se han establecido en Europa.

A través de su testimonio, conocemos las vicisitudes que tuvo que enfrentar desde su infancia y adolescencia en su natal Somalia y en Holanda, país al que escapó para evitar el matrimonio de conveniencia que su padre había concertado.

Hija de un matrimonio de religión musulmana aunque con una fuerte influencia de las tradiciones ancestrales de su familia, nació en 1969 en un entorno de miseria, superstición y violencia intrafamiliar, agravado por su condición femenina.

Su padre, “Abeh” Hirsi Magan Isse, estuvo encarcelado muchos años debido a su militancia política y, en particular, a su oposición contra la dictadura de Siad Barré. Cuando su madre se ausentaba en largas ocasiones para visitar al marido, los hijos de la pareja quedaban a cargo de la abuela materna, mujer primitiva y violenta que aprovechó las circunstancias para realizar en sus dos pequeñas nietas la ablación genital, práctica generalizada en ciertas regiones de Africa -también en Yemen- que consiste en la mutilación de los genitales externos femeninos bajo el supuesto que así se asegura la pureza y la fidelidad de las mujeres. [Hoy día viven alrededor de 70 millones de mujeres que fueron sometidas a  la albación, que también se practica entre inmigrantes que se han establecido en países occidentales. Las condiciones en las que se efectúa esta llamada “circuncisión femenina”, el trauma físico y mental que provoca y sus repercuciones en la salud física, sexual y psicológica impactan el resto de sus vidas].

Al frente de la familia, marginada por la militancia de su marido, con penurias económicas y obligada a emigrar, la madre canalizó su frustración maltratando y humillando a la niña Ayaan.  A pesar de ser considerada tonta y rebelde por sus parientes, su inteligencia y su curiosidad intelectual encausaron a la jovencita a conocer, aprehender y juzgar críticamente su entorno. En su adolescencia esta curiosidad intelectual la enfrentó a las posturas más dogmáticas de su religión, provocando la ira de uno de sus maestros que intentó acallar sus cuestionamientos a través de los golpes,  fracturándole el cráneo.

Su oposición al estilo de vida tradicional que relega y somete a la mujer a los designios de los hombres la hicieron cobrar plena conciencia de la falta de derechos y oportunidades de la mujer musulmana.

Llegó a Holanda como refugiada política y se volcó en el trabajo asistencial, logrando  cursar estudios universitarios y de posgrado. Por su militancia política llegó a ser miembro del Parlamento holandés entre 2003 y 2006, abocándose a la denuncia de las condiciones de vida de la mujer musulmana y promoviendo la integración de los inmigrantes no-occidentales a la sociedad que los acoge. Es autora del guión Submission, el documental filmado por Theo van Gogh, cuyo asesinato en noviembre de 2004 a manos de un fanático islamista conmovió a la sociedad holandesa y occidental.

Amenazada de muerte tuvo que vivir bajo protección policiaca emigrando finalmente a los Estados Unidos en donde colabora en el American Enterprise Institute for Public Policy Research en Washington D.C. En esta institución lleva a cabo estudios sobre las relaciones entre Occidente y el Islam, los derechos de la mujer en el Islam y sobre la violencia contra las mujeres bajo argumentos religiosos y culturales

En 2005 fue nombrada por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo y ha sido galardonada con varios reconocimientos internacionales por su labor, como el Premio al Servicio de los Derechos Humanos de Noruega, el Premio Libertad de Dinamarca , el Premio Democracia de Suecia y el Premio de Coraje Moral por su compromiso a la resolucion de problemas, etica y ciudadanía mundial.

Su autobiografía es el testimonio de la transformación de la autora,  de una niña criada en un entorno violento y misógino a una mujer que se liberó de las ataduras de su cultura tradicional siendo adalid de los derechos de las mujeres musulmanas aún a pesar del precio que se ha puesto a su vida.

Editorial de Isabel Turrent por el Día Internacional de la mujer.

Publicado en el periódico El Norte, Monterrey N.L., 14 de marzo de 2010, página 8A.

Las mujeres

(14 marzo 2010).- En México, este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, pasó sin pena ni gloria. El festejo se redujo a unas cuantas fotos en la prensa de mujeres dedicadas a la política -como si fueran las únicas que importan- y la pena se confinó a una o dos noticias perdidas en el interior de los periódicos.

No sucedió lo mismo en el resto del mundo. En el New York Times, un editorialista admirable, Nicholas Kristof, ha convertido la defensa de las mujeres en los países en desarrollo en el tema central de su columna. Él y su esposa, Sheryl WuDunn, acaban de publicar un libro terrible y también esclarecedor -«Half the Sky» (al que volveremos en unos párrafos)- sobre la situación de las mujeres en Asia, el mundo musulmán y África. The Economist dedicó dos portadas al asunto en los últimos meses que son el mejor símbolo de lo que habría que haber celebrado y deplorado el 8 de marzo.

El primero de estos artículos analizó la veloz incorporación de las mujeres al mercado de trabajo en los países desarrollados, su ascenso político y su creciente visibilidad social. Falta mucho para que las mujeres alcancen la igualdad que pregonan las leyes: aun en países como Estados Unidos, las mujeres ganan en promedio 18 por ciento menos que los hombres y tienen todavía una representación reducida en la cúpula empresarial y política. Pero es indudable que, en los últimos 50 años, las mujeres han protagonizado la revolución social más amplia y notable de la historia de la humanidad.

Esta revolución femenina es, tal vez, la última herencia de los pensadores que desde el siglo 17 destruyeron uno a uno los cimientos de un orden religioso y monárquico que maniataba a la ciencia, al pensamiento racional y al progreso, y confinaba a las mujeres a su función reproductiva: a parir, callar y obedecer.

Es también, sin duda, fruto de los avances de la medicina moderna que rompió la fatalidad biológica que dio origen a ese orden social anacrónico. Abrazadas de la píldora, las mujeres han ido conquistando todos los bastiones dominados desde siempre por los hombres. Por primera vez en la historia, las mujeres se negaron a cumplir con el dictum de haber nacido, «como la paloma, para el nido» -como predicaba Díaz Mirón- e irrumpieron en el terreno que había sido monopolio de «los leones nacidos para la batalla».

Sin embargo, estos logros son insuficientes y están lejos de estar repartidos democráticamente. La situación femenina más allá de las fronteras del mundo occidental industrializado es una vergüenza. Es, como afirman Kristof y WuDunn en su libro, el desafío moral imperativo del siglo 21. En muchos de los países del Cáucaso, en el Medio Oriente, Asia, África y América Latina, la condición de la mayoría de las mujeres transita, con pocas excepciones, de la servidumbre a la esclavitud.

La indiferencia que rodea la condición femenina en la mayoría del Planeta es tan escandalosa como la complacencia del mundo frente al tráfico de esclavos hasta el siglo 19: violaciones cotidianas, explotación, abusos, mutilaciones, asesinatos, encierros y humillaciones marcan la vida de las mujeres día con día.

La última portada del Economist (6-12 de marzo del 2010), que anuncia un «generocidio», es tan sólo un botón de muestra de la situación femenina en pleno siglo 21. The Economist no es el primero en señalarlo: Amartya Sen, ese hindú admirable Premio Nobel de Economía, se adelantó en informar al mundo que, entre el año 2000 y el 2010, faltan más de 100 millones de mujeres en la población mundial: fetos femeninos abortados con ayuda de la tecnología moderna en aras de la preferencia -básicamente oriental, pero no solamente- por los «varones», y niñas recién nacidas asesinadas porque «no sirven para nada», como informó una mujer-suegra a una corresponsal china que presenció uno de esos crímenes.

China, India y el resto de las sociedades asiáticas que han permitido ese genocidio están pagando ya las consecuencias. A través de la historia -concluye el Economist- el exceso de hombres jóvenes sin oficio ni beneficio ha sido responsable de crímenes y violencia. «Una población creciente de hombres solteros frustrados anuncia graves problemas sociales».

El sometimiento de las mujeres ha anunciado siempre graves problemas sociales. No es ninguna coincidencia que los países musulmanes sean fuente de terrorismo, violencia e intolerancia. Y que África, que mutila, viola y humilla a las mujeres, sea un territorio pobre, brutal y caótico. El progreso es imposible en sociedades que marginan a la mitad de su población.

El 8 de marzo, Reforma publicó en la página 5 de «Ciudad» una nota escalofriante: tan sólo en el DF, en el 2010, ha muerto una mujer a la semana en «crímenes pasionales». Las mujeres como objeto de uso y abuso: por celos, venganza o por un motivo tan común que no merece ni la primera página: el incesto.

En la semana del 8 de marzo, un hombre asesinó a puñaladas a su hija de 8 años e hirió a su mujer que le reclamaban haber violado a su hijastra. Hubo 90 crímenes de ésos en el 2009. Apresaron tan sólo a 27 presuntos responsables. ¿Y todavía se pregunta usted, querido lector, por qué vivimos en una sociedad tan violenta?

«Juárez, el rostro de Piedra»

Eduardo Antonio Parra. México: Editorial Grijalbo. 20099786074291278.

Esta novela, producto de un trabajo de investigación exhaustivo, es un excelente texto que nos permite vislumbrar a un Juárez más allá de la personalidad pública y del mito que se ha construido a su alrededor.

Abarcando los años en los que Juárez inicia su gestión pública, 1853, hasta su muerte en 1872, conocemos a un político que defendió la visión de la patria desde la óptica liberal, dispuesto al sacrificio personal en la defensa de la integridad nacional -a pesar del tratado McLane-Ocampo-, cuyo mito  es el sustento del México moderno: liberal, laico, constitucional, legalista y con un profundo sentido nacionalista. O, al menos, como quisiéramos que el  el país sea.

El autor aborda un período en la historia nacional sumamente complicado en el que a la inestabilidad política, económica y social se agregaron  una guerra interna y una intervención extranjera, agravado adicionalmente por la pugna entre caudillos inclusive del mismo partido político.

A través del texto, en el que cada capítulo prácticamente aborda uno a uno los escenarios que enfrentó la presidencia de Juárez, Eduardo Antonio Parra establece las causas de los acontecimientos y cuestiona las decisiones y actitudes asumidas por los protagonistas explicándonos  el porqué de la historia mexicana en esos años.

Al haber escrito una novela, y no un libro de historia, el autor se permite hacer extrapolaciones a la época contemporánea y plantea si  persiste la ingobernabilidad, la ambición personal, la falta de intención por conciliar entre opuestos, la pérdida del sentido cívico. En el texto, Parra se pregunta si la democracia es un juego que la gente no quiere aprender a jugar.

Sin embargo, esta obra no es una biografía ni un recuento de lo que otros libros de historia nos cuentan sobre el Benemérito de las Américas. Su gran aportación es la construcción de un personaje agobiado por la responsabilidad del gobierno, cuyo rostro de piedra esconde los dilemas y las preocupaciones por tomar la decisión apropiada y las alegrías y tristezas en su faceta privada y familiar. Nos permite atisbar a un Juárez íntimo, cuyo amor por su esposa y sus hijos debe ser sacrificado en la definición y construcción del México moderno.

Adicionalmente, el autor nos permite imaginar cómo era la vida diaria para los mexicanos del siglo XIX, las diferencias entre clases sociales,  la pobreza y la riqueza entretejidas, retratados en el peregrinar del gobierno juarista desde Veracruz hasta el Paso del Norte. Y, a pesar de los vaivenes de la confrontación política y de la guerra civil,  vemos cómo vivía una sociedad rústica, bullanguera y profundamente solidaria.

Si considera tedioso el estudio de esa época y si se confunde entre acontecimientos, fechas y nombres, este libro le va a permitir comprender esos casi 20 años de la historia de México y sus protagonistas y, además, apreciar porqué Juárez sigue siendo la referencia obligada para entender al México actual.