Notas sobre los árabes y judíos en el Perú virreinal y en el siglo XIX

Por Juan Luis Orrego Penagos. Rumbo al Centenario. Blog de Juan Luis Orrego Penagos. 

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Calle de los judíos, al lado de la Catedral de Lima
Tanto la presencia árabe como judía, durante la Colonia, no tuvo carácter legal. Simplemente, estaba prohibida, ya que para venir a la América española se necesitaba certificado de “pureza de sangre”, es decir, demostrar que se era “cristiano viejo” (descender de cristianos por lo menos de cuatro generaciones). Ser “cristiano nuevo” o converso podía traer complicaciones ya que los indios del Nuevo Mundo estaban en proceso de evangelización y gente con ascendencia árabe o judía podía perjudicar el mensaje puro del cristianismo. Sin embargo, mucha gente con antepasados recientes del judaísmo o del islamismo pudieron filtrarse al Nuevo Mundo ocultando su verdadera identidad con documentos alterados, arriesgándose a que la Inquisición pudiera descubrirlos.Por ejemplo, el que los árabes asumieran un nombre español y el hecho de que su aspecto físico los hiciera pasar por españoles del sur (andaluces) favoreció su permanencia en el Perú. La mayoría de los que llegaron al Perú en el siglo XVI fueron artesanos moros o moriscos (español musulmán bautizado) que realizaban labores que no competían, económicamente, con las que realizaban los conquistadores españoles. Respecto a los aportes de estos artesanos, es muy clara la influencia del mudéjar (arte hispano-árabe traído desde la Península) en la arquitectura limeña: el uso de rejas, azulejos, jardines, fuentes de agua y los balcones de cajón, por ejemplo.Además, un importante contingente de mujeres moras o moriscas ingresó en la dinámica de la esclavitud; eran las “esclavas blancas”. Muchas fueron liberadas tras convertirse en concubinas o antes de ser esposas de los españoles. Estas mujeres eran hijas de quienes fueron tomadas como botín de guerra por los Reyes Católicos en Granada o prisioneras esclavizadas durante las guerras de Carlos V en el Mediterráneo Oriental. Ellas tuvieron notable influencia en la cultura limeña: el manto de la tapada y la preparación de los dulces.Finalmente, personajes de origen árabe que lograron posiciones importantes, ocultando para ello su verdadera identidad, fueron: Emir Cigala quien, bajo la identidad de Gregorio Zapata, llegó a ser capitán y labró una cuantiosa fortuna en Potosí; Cristóbal de Burgos, regidor de Lima y rico encomendero; Francisco de Talavera, también concejal limeño y amigo de Francisco Pizarro; Lorenzo Farfán de los Godos, primer alcalde de San Miguel de Piura; y Nicolás de Ribera el Viejo, primer alcalde de Lima. Refiere el historiador Juan José Vega que al morir Diego de Almagro (que había sido acusado de moro en más de una ocasión) Hernando Pizarro, su estrangulador, ordenó que se desnudara el cadáver para comprobar si había sido circuncidado. Aunque no se encontró la marca, los rumores de que su madre había sido morisca fueron persistentes.Los judíos recién conversos al cristianismo eran sospechosos de ser “judaizantes” es decir de seguir practicando, de manera oculta o privada, las viejas costumbres judías; también se temía que pudieran filtrar el discurso hebreo. Por tal motivo, la Inquisición estaba alerta por la presencia de cualquier “judaizante”. Un caso muy sonado para la Inquisición limeña fue la “gran complicidad” o la “complicidad grande” que comprometió a los comerciantes portugueses más importante del Virreinato. Acusados de “judaizar”, los lusitanos fueron encarcelados entre 1635 y 1639. Las declaraciones de los inculpados llevaron ante el tribunal al conocido mercader Manuel Bautista Pérez y a su cuñado, Sebastián Duarte. El auto de fe, uno de los más apoteósicos, se celebró el 23 de enero de 1639 y en él se penitenció a 80 portugueses supuestamente “judaizantes”. No todos los acusados fueron condenados a muerte aunque Pérez y Duarte terminaron sus días en la hoguera. El santo Oficio secuestró los bienes de los reos, asegurando así sus finanzas, evitando competencias para los empresarios hispanos. Este proceso inquisitorial a los portugueses criptojudíos repercutió en los tribunales de México y Cartagena de Indias, pues en aquellas ciudades se tomaron medidas similares.En el campo intelectual, destacó el jurista y erudito escritor de origen “sefardí” Antonio de León Pinelo (Lisboa ¿1590?-Madrid 1660). Desde sus cargos de relator y cronista del Consejo de Indias, se ocupó de reunir informaciones detalladas y abundantes sobre el Nuevo Mundo, convirtiéndose en el primer gran bibliógrafo sobre América. Entre sus abundantes escritos, podemos destacar El Paraíso en el Nuevo Mundo (1656) en el que sostenía que América había sido en antiguo Jardín del Edén, escenario de los sucesos del Génesis, y que los restos de la tierra perdida podían encontrarse en la Amazonía a juzgar por su exuberante naturaleza. León Pinelo argüía que los grandes monumentos de México y Perú habían sido construidos por los descendientes de Adán, antes del Diluvio Universal, y que los indios, por su adicción a la guerra, eran bárbaros recién llegados al Nuevo Mundo. Pinelo plantea un encuentro entre la erudición barroca y la utopía de América, tierra concebida como lugar de regeneración de la humanidad. A pesar de no haber nacido en las Indias, esboza un claro anhelo de reivindicación criolla al revalorizar el espacio indiano.El siglo XIX.- Entre 1840 y 1850, llegaron a Lima judíos alemanes, franceses, ingleses y suizos quienes encontraron una elite más receptiva a la influencia de la cultura europea. Fue en este ambiente de relativa tolerancia, en que llegaron los primeros judíos al Perú. Decimos “relativa tolerancia” pues por un lado se acogía a los colonos extranjeros pero del otro se dejaba en claro la naturaleza católica del país. Decenas de judíos se asentaron en Lima y en 1855 aparecen los primeros documentos que testimonian su presencia. Entre 1869 y 1870 algunos discutieron la posibilidad de fundar una sociedad israelita. Por esos años se calcula en poco menos de 100 judíos en el país, algunos de ellos interesados en observar las tradiciones judías al menos en las Altas Fiestas. Por ello, en 1870, se fundó la Sociedad de Beneficencia Israelita, que obtuvo su reconocimiento oficial en 1873.

Una carta de Jacobo Herzberg, presidente esta Sociedad de Beneficencia, publicada en el periódico judío alemán Allgemeine Zeitung des Judenthumus, del 1 de abril de 1873, describe la naturaleza de la vida judía en Lima por esos años: “Vivimos acá en la República del Perú, país en el cual la libertad de culto todavía no se ha decretado por ley y cuya población es católica en su totalidad. Se tolera, sin embargo, a todas las sectas y religiones disidentes, las que efectúan los servicios religiosos en sus casas. Residen acá alrededor de veinte familias judías, entre las que se encuentran de veinte a cuarenta jóvenes solteros. También encontramos entre los varones casados a algunos que están capacitados para realizar lo servicios religiosos en caso de algún fallecimiento o para las fiestas de Rosh Hashana y Yom Kipur. Desde hace un año reside en Lima también un Mohel (persona que realiza las circuncisiones rituales), y por lo tanto ya no es necesario enviar a nuestros hijos a Europa para que se les practique la circuncisión. Además, desde el año 1870 organizamos una Sociedad de Beneficencia Israelita con el fin de ayudar a nuestros correligionarios en caso de indigencia o de enfermedad y también para atender que se les entierre en caso de si fallecimiento”.

Lo cierto es que existía la certeza de que uno podía ser abiertamente judío y pertenecer al círculo de la oligarquía, pues las relaciones sociales condujeron al matrimonio mixto. Pero a pesar de que esta comunidad fundó el Cementerio Judío (en un terreno donado por Henry Meigg en el Callao), que luego se convertiría en piedra angular de la vida judía organizada en el Perú, todos sus miembros originales, con excepción de uno, se asimilaron a la población peruana y desapareció la categoría de “judío” por de tres generaciones.

Ariel Segal indica que muchos factores pueden darse como pistas a esta desintegración de la primera comunidad judía de Lima:

a. Los primeros inmigrantes vinieron mayormente de Alemania donde el judaísmo atravesaba una transformación radical con el surgimiento del Movimiento Reformista. Su contenido religioso fue desplazado por una visión más histórica y cultural del judaísmo. Esto facilitó a muchos judíos nacidos en Alemania identificarse con otros inmigrantes europeos quienes compartían similares costumbres, preferencias sociales, idioma y un sentido de aristocracia. Quizá los judíos, entonces, no quisieron tener ningún significado especial de distinción, fuera de algunos rituales, respecto a otros inmigrantes europeos.
b. La Iglesia Católica fuertemente abogaba frente al Estado a fines del siglo XIX para que desaliente el establecimiento de sólidas comunidades religiosas en el Perú.
c. Muchos judíos se establecieron en Lima por un corto período de tiempo debido a la crisis económica causada por la Guerra del Pacífico (1879-1883). Por ello no fue un momento para echar raíces y mantener ritos religiosos o educar a la juventud.
d. Muchos niños judíos fueron educados en escuelas americanas o protestantes. Ellos no recibieron formación religiosa ni en la escuela ni con maestros particulares en la Comunidad Judía pese a lo que los Estatutos de la Sociedad de Beneficencia Israelita afirmaba acerca de la educación hebrea. El alto grado de secularización y matrimonios con mujeres no judías pudo también debilitar los lazos entre los miembros de la Comunidad Judía de Lima.

Respecto a los árabes, entre finales del siglo XIX e inicios del XX, el Imperio Otomano dominaba todo el Cercano y Medio Oriente. Por entonces, muchas familias de origen cristiano, que vivían en el actual Líbano o en Palestina (ciudades de Beit Jala y Belén) se sentían presionados o discriminados por los turcos musulmanes. Estaban abrumados por altos impuestos y escasez de tierras. Muchos, entonces, decidieron emigrar a otras tierras. Según Leyla Bartet, entre 1860 y 1890, unos 600 mil árabes abandonan Medio Oriente, siendo los países de América Latina un destino corriente para estos inmigrantes. De esta forma, fueron llegando a estas tierras en sucesivas oleadas. Sin embargo, no todos tenían un destino fijo. “Uno iba al puerto de Beirut y lo único que se pedía era llegar a América, es por eso que el destino era muchas veces fortuito”, señala el cónsul honorario de Líbano en el Perú, Elías Chalouhi. A veces los barcos los dejaban en cualquier puerto. Así llegaron, también, a las Antillas, a Dakar en África, otros a Cuba. Una vez desembarcados, muchos no tenían la alternativa para trasladarse a otro lugar de América así que se quedaban a trabajar como comerciantes, que es un oficio que llevan en la sangre. Y es que, como dice Eduardo Farah, el lema del éxito de la colonia árabe se basó en tres elementos “trabajo, disciplina y ahorro”.

Prof. Juan Luis Orrego Penagos, muchas gracias por la gentileza de permitirme reproducir su texto en mi blog.

Los sefarditas tras la expulsión de España

Hija mía, canción sefaradita en ladino (djudeo-español), interpretada por Amina Alaoui.

Fuente: DimaMoro. Hija Mia -lyrics/letras (Andalo-Sefaradic song- Amina Alaoui). En You Tube:

Aki Yerushalaim. La pajina djudeo-espanyola. Textos y noticias en djudeo-español (también llamado ladino o djudezmo).

Los sefaraditas en los Balcanes

Fuente: Centropa Cinema. 1492 -el otro camino-. En You Tube: <http://www.youtube.com/watch?v=3H4fh3rP1D4&gt;

Publican nuevo libro sobre el idioma ladino.
El 21 de mayo de 2011 se llevó a cabo en la ciudad de Sarajevo, la presentación del libro “El idioma judeoespañol en Bosnia-Herzegovina” del escritor bosnio Eli Tauber.
En este contexto, el autor explicó que su obra es resultado de años dedicados a la investigación en archivos, periódicos, museos, biografías, memorias y conversaciones con expertos y amigos.
Explicó que hasta la Segunda Guerra Mundial cerca de una quinta parte de la población de la capital Sarajevo (unas 12.000 personas) era de origen sefardí y el ladino se hablaba en todas partes de la ciudad.
Agregó que el ladino local tuvo fuerte influencia de otras lenguas de la zona, como el turco o idiomas eslavos de la región, como el serbio o el croata.
Señaló que su libro desea mostrar “con cuánto amor los sefardíes han guardado y preservado ese español medieval, el lenguaje de Cervantes” a lo largo de los siglos por lo que se trata de un valor que “sin duda debe ser respetado.
Por su parte, Moris Albahari, de 81 años – quien es una de las únicas dos personas que siguen hablando ladino en Sarajevo – recordó que hasta la Segunda Guerra Mundial, la ciudad era “una pequeña Jerusalem” y se refirió a la convivencia pacífica de las tres grandes religiones monoteístas en la entidad, en cuyo centro se encuentran a pocos cientos de metros sinagogas, mezquitas e iglesias cristianas.
Los primeros documentos escritos sobre los sefardíes en Bosnia datan del año 1565, a pesar de que algunas décadas antes llegaron a Sarajevo y otras zonas de los Balcanes, entonces bajo el Imperio Otomano, desde Estambul a Salónica, donde se habían quedado primero tras su éxodo forzoso de España en 1492 y donde se unieron a otros judíos procedentes de Europa central.
En el año 1580, varias familias sefardíes construyeron en Sarajevo un barrio propio. En el siglo XIX y hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial, la ciudad fue un importante centro para los judíos en los Balcanes. Sin embargo, los nazis asesinaron al 85% de la población judía de Sarajevo conformada entonces por 12,000 sefardíes y 2,000 ashkenazíes.
Actualmente sólo quedan cerca de mil judíos en Bosnia Herzegovina, de los cuales unos 600 viven en la capital.

Fuente: Tribuna Israelita. Noticias de Israel, Mundo Judío y Medio Oriente. Año 9 número 19. 23 de mayo de 2011.

Pende sobre isla española sombra de una atrocidad.

Doreen Carvajal.

El Norte, Monterrey, N.L., 21 de mayo de 2011.Suplemento del New York Times, página 4.

Rabinos honran a ancestros víctimas de la hoguera

PALMA DE MALLORCA.- Las viejas piedras del barrio antiguo de la isla española de Mallorca están lisas, desgastadas por secretos ignorados por la mayoría de los turistas que llegan a raudales a esta ciudad, procedentes de cruceros en el Mediterráneo.

Los visitantes rara vez arriban con misiones tan precisas como la de Joseph Wallis y un pequeño contingente de rabinos ortodoxos de Israel: tocar las lisas piedras areniscas de una sinagoga del siglo 14 convertida en iglesia católica y ofrecer una versión especial del siglo 15 del kadish, oración para los muertos que alguna vez estuvo prohibida bajo pena de muerte y se dejó de rezar durante 320 años.

Se reunieron recientemente para un servicio conmemorativo, el primero permitido por un Gobierno regional español, para confrontar un oscuro legado de recuerdos enterrados. Algunos judíos, que practicaron su religión en secreto durante la Inquisición, fueron quemados en la Plaza Gomila, en Palma de Mallorca, en una “hoguera de los judíos” en mayo de 1691, y los descendientes de los judíos conversos al catolicismo fueron sujetos a una discriminación que floreció incluso hasta el siglo 20.

Fue “nuestro peor pecado”, expresó Francesc Antich, presidente regional de las Islas Baleares, quien se quedó corto de emitir una disculpa por los asesinatos de 37 personas, tres quemadas vivas, entre ellas un antepasado de Wallis, Rafael Valls.

La discriminación se mantuvo tan arraigada en Mallorca que muchos de los descendientes de los conversos, conocidos localmente como chuetas, aún recuerdan una rima en los 60, que se burlaba de los apellidos de 15 familias que fueron blancos de la Inquisición, o los adultos que rehusaron entablar amistad o casarse con ellos. El artista Joan Miró murió en la isla, en 1983, y su apellido era uno de los blancos de burla.

“Siempre había miedo”, dijo Bernat Pomar, de 78 años, violinista jubilado. “Detrás de las cortinas, teníamos miedo. Los chuetas somos especiales porque la comunidad de Mallorca nos formó”.

Con la llegada de torrentes de turistas, la cultura isleña empezó a cambiar, pero no fue hasta los 70 que abrió una modesta sinagoga en el centro de Mallorca. Sigue teniendo una presencia tan discreta, que los taxistas afirman nunca haber oído de la Comunitat Israelita de Mallorca, refundida en una calle lateral con estacionamiento de acceso controlado.

Hoy en día, los chuetas conviven y se casan con otros mallorquines, pero aún hay un recelo vinculado con la historia y la cultura de España. Diego de Ojeda, director de Casa Sefarad- Israel, organización que promueve los lazos entre los judíos y España, dijo que muchos españoles no conocen a judíos, y mencionó que algunos de sus propios amigos sabían de Janucá, por ejemplo, sólo gracias a ver un episodio de la serie de televisión estadounidense “Friends”.

Hoy, algunos de los chuetas tratan de rescatar la religión de sus ancestros judíos de hace tres siglos, esfuerzo fomentado por Shavei Israel, grupo privado que ofrece apoyo y educación a los descendientes de judíos que se convirtieron en España y varios países más, entre ellos Portugal, Italia, Polonia, India y China.

Desde su llegada, Wallis ha encontrado a personas que son parientes suyos en el distrito de joyería de plata, donde algunos chuetas han tenido tiendas familiares desde el siglo 17.

“Le pedimos un monumento al Gobierno para que los chuetas sepan que ya no necesitan temer por ser judíos”, expresó.

El Gran Rabino Sefaradí de Israel visita España.

Tribuna Israelita. Noticias de Israel, Mundo judío y Medio Oriente. Año 9, Número 21 Junio 6, 2011.

El pasado 31 de mayo, el Rabino Shlomo Moshe Amar, máximo líder espiritual sefaradí de Israel, viajó a la ciudad española de Granada, en la que es la primera visita de un alto líder religioso sefaradí a esa región tras la expulsión de judíos de España en 1492.

El Rabino Amar – acompañado por miembros de las comunidades judías españolas – fue recibido por el Alcalde de la ciudad, José Torres Hurtado y posteriormente visitó la Alhambra, el barrio del Albacín y el Real de Santa Fe, lugar donde estaba instalada la Corte de los Reyes Católicos en Granada y en el que se firmaron los edictos de expulsión del Reino de Castilla y del de Aragón, el 10 de marzo de 1492.

Amar calificó su estadía como “un paso simbólico muy significativo y una reanudación de la historia tras siglos de oscuridad”. Agregó que ese día en Granada, ciudad que definió como un “foco espiritual e intelectual, modelo de amor, entendimiento, conocimiento y libertad”, se abrió para España y para el mundo entero “una era de paz, de luz y de libertad”.

 Inauguran nuevo Centro de Estudios de Ladino en la Universidad de Bar Ilán.
Recientemente fue inaugurada en la Universidad de Bar Ilán la nueva sede del “Centro de Estudios de Ladino Naime y Yehoshúa Salti”.
Durante la ceremonia de apertura, en la que estuvo presente el embajador de Grecia en Israel, Kyriakos Loukakis, el Profesor Shmuel Rafael, director del Centro destacó que ahora “se cuenta con un lugar cómodo para trabajar, una biblioteca respetable donde llevar a cabo investigaciones de ladino como lengua y como cultura, y un lugar donde los estudiantes pueden reunirse e intercambiar ideas, para la preservación del idioma y de su espíritu”.
Por su parte, el Presidente de la Universidad de Bar Ilán, Moshe Kaveh, agradeció a la pareja Salti por “cumplir el sueño de dar un recinto digno al prestigioso Centro de Ladino” y, aseguró que “es de vital importancia preservar las lenguas que son testimonio de la diversidad cultural del pueblo de Israel… El Centro Ladino de Bar Ilán es el mejor de su clase en Israel, y esperamos lo conviertan en uno de los centros líderes en el mundo de la investigación del ladino”.

Fuente: Tribuna Israelita. Noticias de Israel, Mundo Judío y Medio Oriente. Año 9, número 27, Julio 18 de 2011.

Información sobre el mundo sefardí se puede encontrar a través de Sefardiweb:  http://www.proyectos.cchs.csic.es/sefardiweb/

De la tolerancia a la persecución: las comunidades judías en la España medieval

Fuente: ArteHistoria.com. Los judíos en la España Medieval. En You Tube: <http://www.youtube.com/watch?v=7LcJumnlqgk&feature=results_video&playnext=1&list=PL7E254C47B5236F80&gt;

Antecedentes del Edicto de Expulsión de los judíos de España, 1492.

Factores que propiciaron la promulgación del Edicto de Expulsión.

Análisis del Edicto de Expulsión.

La herencia judía en Aragón

Fuente: sefaradflorida. Sefarad spanish jews juderia judíos españoles. En You Tube: <http://www.youtube.com/watch?v=kYvP7kMQ5L4&feature=related&gt;

La civilización islámica

Historia del Islam

 

Fuente: ARTEHISTORIAISLAM. Historia del Islam. En You Tube: <www.youtube.com/watch?v=onIVcA7w1G0&feature=related>

El profeta Mahoma

Fuente: Canal Galaxia 7. Muhammad-El Profeta del Islam. Tomado del Canal Historia. En You Tube: https://www.youtube.com/watch?v=TwW9Sg4L8MI

La expansión del Islam

Fuente: ArteHistoria.com, La expansión del Islam en You Tube: <www.youtube.com/watch?v=wjH6gQER3qU&feature=relmfu>

Editan un manuscrito con la traducción más antigua del Corán a lengua europea.

La hispanista y profesora emérita de la Universidad de Indiana (EEUU) Consuelo López-Morillas ha presentado esta tarde en Toledo la edición del manuscrito conocido como el “El Corán de Toledo”, un documento de 1606 que contiene la traducción más antigua que se conserva del Corán a una lengua europea.

El libro, que ha sido editado la Biblioteca Arabo-Románica et Islámica de la Universidad de Oviedo con el patrocinio del Grupo Cajastur, contiene un estudio pormenorizado del manuscrito, que supone la única traducción completa conservada del Corán del árabe al español de las épocas mudéjar y morisca, según ha explicado Consuelo López-Morillas.
Ha precisado que hay muchas versiones parciales del Corán traducidas por mudéjares y moriscos, pero que casi todas están en escritas en aljamiado (el español escrito en letras árabes), mientras que el de Toledo está escrito en letras latinas.
Es uno de los dos manuscritos escritos en letras latinas que se conocen, pero es el único completo, ha indicado López-Morillas, quien ha destacado que “es muy bonito y muy cuidadosamente preparado y copiado”, porque lo que se escribe no es traducción del Corán propiamente dicho, sino comentarios interpolados sobre las palabras del libro sagrado del islam.
La traducción va en color rojo para poder distinguirla del texto del corán, del que está separada por unas barritas.
Otra de sus particularidades es que en cuatro lugares en el texto, después de cada cuarta parte del Corán, el copista se para y apunta la fecha, ha apuntado López-Morillas.
Ha añadido que el copista no dice dónde está ni quién es, “pero pide perdón por haber pasado este texto de letras árabes a letras cristianas (como las denomina) y admite que sería mejor que estuviera en su propia lengua arábiga, pero así está más a la vista de los muslimes que sólo saben leer la letra de los cristianos”.
López-Morillas ha aclarado que no se sabe quién fue el traductor, porque el autor copiaba un manuscrito bilingüe no conocido que estaba escrito en árabe con traducción al aljamiado.
Se trata de una traducción realizada por un morisco aragonés, probablemente del pueblo zaragozano de Villafeliche, que data de 1606, cuando el islam llevaba ocho décadas proscrito en el Aragón y más de un siglo en Castilla.
El manuscrito original se conserva en la Biblioteca de Castilla-La Mancha de Toledo, a donde llegó procedente de la colección Borbón Lorenzana.

Fuente: Yahoo Noticias. 16 de junio 2011.

<http://es.noticias.yahoo.com/editan-manuscrito-traducción-antigua-corán-lengua-europea-214226668.html&gt;

Sobre la presencia judía en Monterrey

Ana Portnoy

A Eliezer Portnoy z”l

1. El período colonial

Desde el momento mismo del descubrimiento de América en 1492, la presencia de criptojudíos fue un fenómeno en la Hispanoamérica colonial. Ese mismo año, una vez que los Reyes Católicos culminaron con el proceso de reconquista del territorio ibérico de manos musulmanas, decretaron la expulsión de todos los judíos que no aceptaran el bautismo. Se ha calculado que la mitad de los hispano-judíos, alrededor de 300,000 optaron por la conversión al catolicismo, de los cuales muchos mantuvieron la práctica del judaísmo en secreto. El objetivo de la Inquisición fue persuadirlos, por medio de edictos, procesos, juicios, condenas físicas e incluso el riesgo de morir ajusticiados si eran pertinaces, a volver a la senda de la Iglesia. El auto de fe se convirtió en un espectáculo público en el que participaron autoridades civiles y eclesiásticas, así como el pueblo llano. El estigma que se imponía a los familiares de los procesados les persiguió y marginó socialmente a través de varias generaciones.

Pretendiendo conservar su fe judaica sin riesgos para sus vidas, muchos de estos cristianos nuevos que secretamente pretendieron cumplir con los preceptos de la Ley de Moisés buscaron la manera de llegar al Nuevo Mundo, a pesar de las expresas prohibiciones a su inmigración a las colonias hispanoamericanas, considerando que en estas tierras encontrarían un clima de libertad religiosa por la lejanía con la metrópoli. Sin embargo, como cristianos bautizados, por sus prácticas judaicas, su persistencia en conservar ritos y creencias y su rechazo a la nueva fe fueron considerados herejes. Para castigar su desvío de la enseñanza de la iglesia y para  evitar la influencia que pudieran tener entre los indígenas, almas recién evangelizadas, se estableció en México el Tribunal del Santo Oficio en 1526 y el aparato inquisitorial en 1571.

El primer procesado y ajusticiado por el Santo Oficio en el quemadero de Santiago de Tlateloco en 1528 fue Hernando Alonso, conquistador que participó en la toma de Tenochtitlan. Y a pesar del riesgo de caer en manos de la Inquisición los criptojudíos españoles y portugueses buscaron la manera de llegar al Nuevo Mundo, pues consideraron que la gran extensión territorial de las colonias, como la Nueva España o los virreinatos en América del Sur así como los territorios ignotos  les permitiría practicar su judaísmo con seguridad.

De todos los procesos inquisitoriales llevados a cabo contra criptojudíos en la Nueva España, el de la familia del gobernador Luis de Carvajal y de la Cueva es el más conocido, tanto por las capitulaciones que otorgaron a un descendiente de cristianos nuevos el gobierno de una inmensa extensión territorial como fue el Nuevo Reino de León así como por la prebenda de nombrar a su sucesor en el cargo. Con el nombramiento como gobernador, el rey Felipe II otorgó a Luis de Carvajal la facultad para conducir a cien personas al reino que iba a poblar y pacificar, individuos que saldrían de España sin necesidad de demostrar que eran cristianos viejos –es decir  que podían probar su ‘pureza de sangre’, fieles a la Iglesia por generaciones-  o que no procedían de linaje de judíos o moros recién convertidos.

El gobernador, ignorante de las creencias religiosas de la familia de su hermana Francisca, decidió traer consigo en 1580 a ésta, a su marido y a sus hijos, nombrando a Luis, su sobrino predilecto y homónimo, heredero del reino puesto que no tenía hijos propios. En América, Luis de Carvajal ‘el Mozo’ se entregó por completo a la fe judaica, interpretando en todos los sucesos de su vida cotidiana la presencia y protección del Dios de Israel e intentando cumplir con el mayor número de preceptos religiosos. Cuando tenía 18 años murió su padre, quien fue inhumado de acuerdo a las costumbres judías y el joven asumió el cargo de jefe de familia.

El gobernador se enteró de la vida secreta de sus familiares al intentar su sobrina Isabel atraerlo al judaísmo. Constató sus sospechas al averiguar cómo había sido enterrado su cuñado y reescribió su testamento, desheredando a Luis ‘el Mozo’. Sin embargo, no delató a sus familiares ante la Inquisición, lo que constituía un delito contra la fe católica. Cuando en 1588 se enfrentó,  en un litigo de límites territoriales, con el marqués de Villamanrique, virrey de la Nueva España,  se descubrió que los parientes del gobernador eran cristianos nuevos judaizantes. Denunciada ante la Inquisición, toda la familia fue detenida un año después, acusándose a Don Luis de haber recibido, favorecido y encubierto a apóstatas judaizantes, si bien no se pudo comprobar que él mismo realizara esas prácticas.

En el auto de fe que se realizó en 1590 en la ciudad de México, se condenó al gobernador a un año de cárcel y al destierro, se quemó la efigie de su cuñado Francisco Rodríguez de Matos al tiempo que el resto de su familia abjuró de sus prácticas judaicas, confiscándoseles todos sus bienes y recibiendo penitencia espiritual. El joven Luis quedó inicialmente bajo custodia de Fray Mateo García en el Hospital de Convalecientes y luego en el hospital del convento-colegio de Santiago Tlaltelolco, donde enseñó gramática y latín a los indígenas y fue el escribano del administrador. Gracias a este cargo tuvo acceso a la biblioteca del convento, lo que le permitió ampliar sus conocimientos del Viejo Testamento y escribir su autobiografía, en la que declaró su apego al judaísmo, religión que practicó con mayor brío a partir de ser perdonado. El gobernador Luis de Carvajal y de la Cueva  falleció en las cárceles inquisitoriales en 1591.

Cuatro años después toda la familia Carvajal fue aprehendida nuevamente por proseguir con sus prácticas judaicas. La pena por la reincidencia era la muerte, ya fuera a garrote vil (estrangulamiento) si se convertían al catolicismo o quemados vivos si se mantenían en su apostatía. En el Auto de Fe del 8 de diciembre de 1596 fueron ajusticiados Luis, su madre, sus hermanas Isabel, Catalina y Leonor, su amigo Manuel de Lucena, al igual que Diego Enríquez, Beatriz Enríquez y Manuel Díaz. De la familia Carvajal únicamente fue perdonada Ana, la hermana menor, quien fue procesada y muerta en el auto de fe que se llevó a cabo 52 años después.

De Luis de Carvajal el Mozo y su familia se puede resumir que su delito fue haber sido reconciliados en la fe cristiana en 1590 y, a pesar de su abjuración anterior, haber seguido guardando y cumpliendo la Ley de Moisés, sus ritos y sus ceremonias, sin aceptar con sinceridad el catolicismo.  Se les condenó por ser falsos cristianos, impenitentes y relapsos. Al ser llevado al patíbulo Luis dio muestras de arrepentimiento y besó la cruz, muriendo estrangulado y siendo su cuerpo quemado en la hoguera, aunque se tienen dudas sobre la sinceridad de su conversión final, puesto que su temor a la tortura y al dolor eran bien conocidos. Su historia es uno de los episodios más estudiados sobre la presencia criptojudía en Hispanoamérica en la época colonial y el que mayor difusión ha tenido.

El número de procesados por la Inquisición novohispana en los tres siglos del período colonial se ha calculado alrededor de las tres mil personas.  Tanto por la prohibición de sus creencias y prácticas religiosas, por el temor a la persecución y muerte en manos del Santo Oficio, la falta de dirigentes religiosos y la estigmatización sobre los descendientes de procesados, para el siglo XVIII cesó la práctica secreta del judaísmo entre los novohispanos descendientes de conversos, quienes se asimilaron a la sociedad mayoritaria quedando de ellos los registros de los procesos inquisitoriales albergados actualmente en el ramo de Inquisición en el Archivo General de la Nación, así como filiaciones familiares o costumbres a las que se atribuye un origen hispanojudío –sefaradita– tanto en el noreste de México como en el sur de Estados Unidos y que hasta la fecha son objeto de estudio por parte de investigadores nacionales y extranjeros.

2. En la Modernidad.

En México después de la independencia, la población extranjera fue muy reducida, a pesar de los esfuerzos de los gobiernos nacionales por atraer extranjeros para colonizar y poblar al país, política promovida también por todos los países americanos. La inestabilidad política de México durante la primera mitad del siglo XIX atrajo, en muchos casos, a individuos que se establecieron temporalmente en México. En los municipios neoleoneses hubo algunos españoles, árabes y norteamericanos, contados chinos e italianos y, de aquellos que se establecieron definitivamente en la región, la mayoría se concentró en Monterrey, atraídos por la incipiente industrialización y las oportunidades comerciales, sobre todo durante la segunda mitad del siglo. A partir de 1860 hay apenas cuatro o cinco menciones de individuos de los que sus apellidos podrían indicar que fueron judíos. Para 1890 sólo Gustavo Levy originario de Alemania estableció raíces definitivas en Monterrey conservando sus descendientes el recuerdo de su origen. Otros, como  Samuel Lederer procedente de Hungría y Daniel Guggenheim de Estados Unidos establecieron empresas mineras gracias a la política de fomento del gobierno porfirista. Con el inicio de la Revolución mexicana, el grueso de los extranjeros establecidos en México abandonaron el país.

Sin embargo, a pesar de la guerra civil, dos de los inmigrantes judíos que fincaron las bases para la formación de la contemporánea comunidad israelita de Monterrey llegaron en esa época. De Jacobo Saffir hay evidencias que en 1911 ya se encontraba en el país y Jacobo Lederbaum llegó en 1916. Antes de 1920 ambos ya estaban establecidos en Monterrey, el primero de ellos con su esposa y cinco hijos.

Y si en el período colonial la intolerancia religiosa europea expulsó a miles de individuos en busca de horizontes que les permitieran la práctica de su religión, en el siglo XX la inestabilidad política y económica ocasionadas por la Primera Guerra Mundial así como la discriminación e intolerancia a las minorías provocó una nueva emigración a América de cientos de miles de europeos y de individuos del Cercano oriente. Para el grueso de ellos Estados Unidos era la nueva tierra de promisión, con oportunidades de libertad personal y de progreso económico.

Sin embargo, después de recibir a más de 34 millones de migrantes entre 1842 y 1917, el gobierno norteamericano estableció un sistema de cuotas de procedencia nacional que canalizó a miles de personas a todos los confines del Hemisferio Occidental, puesto que en la nueva legislación se permitiría la entrada a Estados Unidos a aquellos extranjeros que hubieran radicado durante cinco años en cualquier país americano.

Así, varias decenas de miles de extranjeros se establecieron en México, país que mantuvo una política de puertas abiertas a la inmigración hasta finales de la década de 1920. Alemanes, italianos, japoneses, chinos, húngaros, ingleses, palestinos, libaneses, sirios, polacos, lituanos, rusos, cubanos llegaron al país y se establecieron a lo largo y ancho de México. En el Registro de Extranjeros que llevó a cabo el municipio de Monterrey en 1932, más de cinco mil extranjeros vivían en la ciudad, siendo 250 de ellos de religión judía.

La oleada inmigratoria judía a México procedente de Europa en esa década provino de países que se enfrentaban a crisis políticas y económicas provocadas por el fin de la Gran Guerra, el surgimiento de nuevas naciones, el desempleo, la falta de capacidad de la industria para absorber a los trabajadores y la falta de tierra. El nacionalismo extremo provocó acciones antisemitas y las condiciones de vida para los judíos fueron especialmente desesperadas en Europa Oriental, aún antes del ascenso de Hitler al poder en Alemania. Se establecieron impuestos discriminatorios en su contra, se realizaron boicots a su actividad económica, destrucción de sus propiedades y programas de exclusión promovidos por los gobiernos mismos. Tal fue la situación en Polonia, Rumania, Hungría, Latvia y Lituania, que dejó a la población judía como única alternativa la emigración.

Los judíos que arribaron al noreste del país en los años 1920 y 1930 eran en su mayoría inmigrantes de origen europeo oriental, sobre todo de Lituania, Polonia y Rusia, en donde se habían enfrentado a medidas antisemitas, discriminación y persecución. Y si bien hubo una presencia judía en Monclova, Piedras Negras, Saltillo, Villa Acuña, Nuevo Laredo, Torreón, Villa Frontera, Nueva Rosita, Matamoros, Reynosa, Tampico y Linares,  con el transcurso del tiempo los judíos de los poblados más pequeños que tuvieron interés en mantener su práctica religiosa emigraron hacia poblaciones en donde se hubieran establecido comunidades organizadas, como fue el caso de Monterrey, o bien a la ciudad de México.

Para 1924 alrededor de 30 jóvenes solteros y seis familias nucleares judías vivían en Monterrey y se abocaron a establecer una comunidad estructurada que brindara servicios religiosos y actividades recreativas y educativas. Una de las primeras instancias fue la apertura de una biblioteca que contó con una cincuentena de libros y periódicos en yidish –idioma de los judíos europeos derivado del alemán-. Para 1925 estableció el Club Social Hatikva –Esperanza en hebreo- que inició sus labores en diciembre de ese año alquilando un local en las calles de Isaac Garza y Zaragoza y que se convirtió en el centro de la vida judía en Monterrey. Sus servicios incluyeron clases de español para los nuevos inmigrantes, actividades culturales y recreativas y programas de estudio vespertino con contenidos judaicos para los niños que acudían a las escuelas de la localidad – especialmente la enseñanza del idioma yidish. Este esfuerzo educativo condujo al establecimiento del Colegio Hatikva (hoy Nuevo Colegio Israelita de Monterrey) en 1935.

A partir de 1936 una vez que el gobierno promulgó la nueva Ley de Población que cerró las puertas a la inmigración, el número de extranjeros que llegó al país se redujo considerablemente –si bien notable excepción fue la recepción de refugiados republicanos españoles-. Sólo familiares directos de aquellos judíos que ya tenían la residencia mexicana y pocos sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial llegaron a México y de éstos unos cuántos a Monterrey. En 1944 arribó el rabino Moisés Kaiman quien ha sido, hasta la fecha, el dirigente religioso de la comunidad israelita regiomontana.

Los inmigrantes extranjeros que llegaron a Monterrey se establecieron en vecindades y rentaron cuartos en el centro de la ciudad, en ocasiones arriba de negocios en donde se empleaban. El residir en el mismo barrio permitió a los recién llegados tanto comunicarse en su idioma materno como encontrar seguridad emocional, ayuda económica,  identidad y sentido de pertenencia en tanto se adaptaban a su nueva patria. Paulatinamente, algunos de los inmigrantes establecieron, al igual que los judíos, centros sociales propios, perdurando hasta nuestros días los clubes Alemán y Palestino-Libanés.

En los años 1940, conforme se urbanizó el poniente de la ciudad, las familias judías se establecieron en la colonia Vista Hermosa, en donde se construyó en la siguiente década el edificio que alberga tanto a la escuela como a la sinagoga y al club deportivo-social que hoy constituyen el Centro Israelita de Monterrey, A.C.

La comunidad judía está formada actualmente por alrededor de 120 familias, es decir, aproximadamente 500 personas, en su mayoría descendientes de aquellos inmigrantes que arribaron hace 80 años. Cuenta con los servicios religiosos propios, un cementerio en la colonia San Jorge y un colegio incorporado a la SEP que imparte los grados escolares de jardín de niños hasta tercero de secundaria. Y al igual que los demás descendientes de inmigrantes extranjeros que llegaron a la ciudad el siglo pasado, los miembros de la comunidad israelita están plenamente integrados a la vida económica, social y cultural de Monterrey, considerándose orgullosamente regiomontanos.