Día de Muertos

Ana Portnoy 

Como recuerdo de la Sra. Magaly Rivero de Pena, qepd.

1. Historia.

Desde que el hombre cobró conciencia de su mortalidad, la muerte ha sido motivo de miedo, angustia, incertidumbre así como de reverencia a través de la historia. Por milenios, en diversas culturas se han generado creencias en torno a la muerte que han establecido ritos y tradiciones ya sea para venerarla, honrarla, espantarla e incluso para burlarse de ella. El temor ante la muerte y la veneración a los ancestros fallecidos se manifestó desde hace varios miles de años, inclusive antes de que podamos hablar de una vida sedentaria y una religión sistematizada.

México, país rico en cultura y tradiciones, ha conservado desde tiempos remotos un culto a la muerte que, podríamos decir, es uno de los elementos que conforma su identidad como nación. Los orígenes de la celebración del Día de Muertos son anteriores a la llegada de los conquistadores españoles, pues hay evidencias y registro de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca. Los rituales que recuerdan a los ancestros se han practicado en el país por lo menos desde hace tres mil años.

2. La muerte y su conmemoración en el mundo mesoamericano.

En la época prehispánica era común la práctica de conservar los cráneos de los enemigos sacrificados como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento, como en el templo denominado Tzompantli en la antigua Tenochtitlan

El festival que se convirtió en el Día de Muertos se conmemoraba el noveno mes del calendario solar mexica, cerca del inicio de agosto, y se celebraba durante un mes completo. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacihuatl, conocida como la «Dama de la Muerte» esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la Tierra de los Muertos. Las festividades eran dedicadas a la celebración de los niños así como conmemorar la vida de los parientes fallecidos.

Para los antiguos mesoamericanos, la muerte no tenía las connotaciones morales de la religión católica, en la que las ideas de infierno y paraíso sirven para castigar o premiar. Por el contrario, creían que los rumbos destinados a las almas de los muertos estaban determinados por el tipo de muerte que habían tenido, y no por su comportamiento en vida.

De esta forma, las direcciones que podrían tomar los muertos eran:

El Tlalocan o paraíso de Tláloc, dios de la lluvia. A este sitio se dirigían aquellos que morían en circunstancias relacionadas con el agua: los ahogados, los que morían por efecto de un rayo, los que morían por enfermedades como la gota o la hidropesía, la sarna o las bubas, así como también los niños sacrificados al dios. El Tlalocan era un lugar de reposo y de abundancia con abundante agua. Aunque los muertos generalmente se incineraban, los predestinados a Tláloc se enterraban, como las semillas, para germinar.

El Omeyocan, paraíso del sol, presidido por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. A este lugar llegaban sólo los muertos en combate, los cautivos que se sacrificaban y las mujeres que morían en el parto. Estas mujeres eran comparadas a los guerreros, ya que habían librado una gran batalla, la de parir, y se les enterraba en el patio del templo, para que acompañaran al sol desde el cenit hasta su ocultamiento en el poniente. Su muerte provocaba tristeza y también alegría, ya que, gracias a su valentía, el sol las llevaba como compañeras. Dentro de la concepción axiológica mesoamericana, habitar el Omeyocan era un privilegio.

Éste era un lugar de gozo permanente, en el que se festejaba al sol y se le acompañaba con música, cantos y bailes.

Fallecer en la guerra era considerada como la mejor de las muertes. Para los mexicas, a diferencia de otras culturas, la muerte contenía un sentimiento de esperanza, pues ofrecía la posibilidad de acompañar al sol en su diario nacimiento y trascender, pues después de cuatro años los moradores del Omeyocan volvían al mundo, convertidos en aves de plumas multicolores y hermosas.

El Mictlán, destinado a quienes morían de muerte natural. Este lugar era habitado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, señor y señora de la muerte. Era un sitio muy oscuro, sin ventanas, del que ya no era posible salir.

El camino para llegar al Mictlán era tortuoso y difícil, pues para llegar a él las almas debían atravesar los nueve niveles  durante cuatro años para llegar finalmente al Chicunamictlán, donde alcanzarían su descanso o bien desaparecían irremediablemente.

Para recorrer este camino, el difunto era enterrado con un perro (xoloizcuintli) que le ayudaría a cruzar un río y llegar ante Mictlantecuhtli, a quien debía entregar, como ofrenda, atados de teas y cañas de perfume, algodón (ixcátl), hilos colorados y mantas. Quienes irían al Mictlán eran enterrados con cuatro flechas y cuatro teas atadas con hilo de algodón como ofrenda.

Por su parte, los niños muertos tenían un lugar especial, llamado Chichihuacuauhco, donde se encontraba un árbol de cuyas ramas goteaba leche, para que se alimentaran. Los niños que llegaban aquí volverían a la tierra cuando se destruyese la raza que la habitaba. De esta forma, de la muerte renacería la vida.

Los entierros prehispánicos eran acompañados de ofrendas que contenían dos tipos de objetos: los que, en vida, habían sido utilizados por el muerto, y los que podría necesitar en su tránsito al inframundo. Por ello era muy variada la elaboración de objetos funerarios: instrumentos musicales de barro -ocarinas, flautas, timbales y sonajas en forma de calaveras-; esculturas que representaban a los dioses mortuorios; cráneos de diversos materiales (piedra, jade, cristal), braseros, incensarios y urnas.  Así, las ofrendas que forman parte fundamental de la festividad del Día de Muertos son una manera de hacer que los difuntos visiten el mundo de los vivos para volver a gozar de los placeres mundanos. Una vez al año las casas mexicanas y, muy en especial, las de los pueblos indígenas abren su puerta para recibir a sus antepasados.

Conforme el calendario agrícola, la festividad de Día de Muertos coincide con el final del ciclo del maíz y esto reitera de alguna manera el homenaje que se le hace a la muerte a través de ofrendas llenas de comida, donde la base es ese alimento.

3. Celebración cristiana de Todos Los Santos.

En los primeros días de la cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en dos tablas plegables llamadas dípticas, en las que la iglesia primitiva acostumbraba anotar los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar.

En los primeros siglos, se acostumbraba celebrar el aniversario de la muerte de un mártir en el lugar mismo del martirio. Frecuentemente grupos de mártires morían el mismo día, lo cual condujo naturalmente a una celebración común. En la persecución que tuvo lugar en el siglo III, el número de mártires llegó a ser tan grande que no se podía separar un día para asignar una conmemoración individual. Pero la iglesia, considerando que cada mártir debería ser venerado, señaló un día en común para todos. La primera muestra de ello se remonta a Antioquia en que la conmemoración se llevaba a cabo el domingo anterior a Pentecostés.

La conmemoración de un día que recuerde a Todos los Santos, conocidos y desconocidos fue establecida en 835 por el Papa Urbano IV, para compensar cualquier falta a las fiestas de los santos durante el año por parte de los fieles, designándose el día 1º de noviembre como el día de los Santos Difuntos cambiándolo, en el año 1222, al segundo día de ese mes.

En los países de tradición católica, se celebra el 1º de noviembre; mientras que la iglesia ortodoxa lo celebra el primer domingo después de Pentecostés.

La fecha por la veneración de todos los santos también coincidió con la celebración de antiguas festividades celtas que despedía al año viejo y las últimas cosechas (el 31 de octubre) creyéndose en el retorno de los muertos al mundo de los vivos para que cosechas y festividades del año nuevo fueran compartidas con ellos. De esta fecha queda la conmemoración del Halloween anglosajón.

4. El Altar de Muertos.

La estipulación de la festividad religiosa del Día de Todos los Santos se conjuga con el Día de Muertos conmemorado por los pueblos prehispánicos. En tiempos de la conquista se convirtió al catolicismo a los pobladores de Mesoamérica, aunque la antigua tradición  se resistió a morir y en un proceso de aculturación poco a poco se fueron incluyendo elementos de la cultura europea como imágenes religiosas católicas -rosarios, crucifijos e íconos sacros-. La conmemoración del Día de Muertos en México  cuenta con reconocimiento y valoración de la UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.

El Altar de Muertos es la pieza fundamental fundamental en el conjunto de tradiciones  sobre el Día de Muertos, que consiste en instalar altares domésticos en honor de los fallecidos de la familia.

Elementos:

Instrucciones para hacer un altar de muertos

Altar. La construcción y representación del altar de muertos varía según la idiosincrasia y elementos disponibles en una determinada región, así como de la cosmovisión de las diferentes culturas.

Niveles. La cantidad de niveles en un altar de muertos varía por regiones. Éstos representan la cosmovisión ancestral:

  • Altares de dos niveles: Son una representación de la división del cielo y la tierra representando los frutos de la tierra y las bondades de los cielos como la lluvia.
  • Altares de tres niveles: Representan el cielo, la tierra y el inframundo. Con la introducción de la concepción católica, ha cambiado su significado a dos posibles, ya sea representar la tierra, el purgatorio y el reino de los cielos, o bien, la Santísima Trinidad.
  • Altares de siete niveles: Son el tipo de altar más convencional, representan los siete niveles que debe atravesar el alma para poder llegar al descanso o paz espiritual. Según la práctica otomí, los siete escalones representan los siete pecados capitales. Se asocia el número siete con el número de destinos que, según la cultura azteca, existían para los diferentes tipos de muerte.

Imagen del difunto. Se coloca una imagen, pintura o fotografía del difunto al que se honra en la parte más alta y destacada del altar. Según la idiosincrasia, también se colocan los retratos de espalda y frente a ellos un espejo, para que así el difunto pueda ver el reflejo de su deudo y el deudo vea el reflejo de su difunto, simbolizando la pertenecía de ambos.

Agentes aromáticos.En su forma más tradicional se incluyen diversos elementos aromáticos que simbolizan la purificación del alma, así como diversas especies de hierbas de olor.

Diversas versiones del altar incluyen la infusión de hierbas de olor como el laurel, tomillo, mejorana, romero y manzanilla, que se ponen a hervir en una olla tapada por una penca de nopal con agujeros en ella. La infusión de estas hierbas producirá un olor atractivo que guiará a las almas a la tierra. El incienso, elemento menos por ser de origen oriental, también tiene el mismo propósito.

La resina del copal es un elemento frecuente en la representación de altares de muertos. Tiene diferentes significados en las diversas regiones y culturas  y solía ser utilizado en rituales de atracción de la lluvia y ceremonias de purificación, de ahí su utilización en el Día de Muertos.

Arco. Se coloca arriba del último nivel, hecho de carrizo, palmilla o flores que simbolizan la puerta de entrada al mundo de los muertos. Además también se pueden colgar  algunos dulces o fruta.

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Papel picado. Los aztecas utilizaban el papel en esta celebración para representar el viento debido a su maleabilidad, aunque lo que utilizaban originalmente era papel amate, un tipo de fibra hecha de la corteza de árboles que no requiere del proceso convencional del papel inventado en Asia. En ellos se pintaban diferentes deidades y se hacían atuendos y debido a su versatilidad podía ser teñido de diferentes colores disponibles para la época. Con la influencia española aparecieron diferentes tipos de papel, colores y patrones.

El color amarillo y el color morado en el papel picado la dualidad entre la vida y la muerte. El papel picado comercial regularmente incluye variedad de colores y diseños basados en las caricaturas de José Guadalupe Posada. Hechos en cadenas que alternan los dos colores, representan la delgada línea existente entre la vida y la muerte.

Representación del fuego. Suelen añadirse velas, veladoras y cirios, por su fácil manejo y su relación con los símbolos religiosos. En su versión menos frecuente pueden añadirse antorchas y fogatas que representan la guía para el alma, incluso la luz en su camino de vuelta al mundo de los muertos.

Representación del agua. Ésta tiene múltiples significados, el principal, se utiliza para calmar la sed del espíritu. Se colocan diferentes objetos que representan el agua como un vaso lleno de ésta, el cual el difunto utilizará para aliviar su sed. Además se colocan diferentes objetos de tocador y aseo personal para el difunto.

Representación de la tierra. En la representación de la tierra se debe incluir diversas semillas, frutos, especias y otras bondades de la naturaleza. Se utiliza el maíz y el cacao para formar diseños en el suelo aunque también se usa aserrín pintado de diferentes colores. En una idea moderna, la representación de la tierra se relaciona con el principio de la noción cristiana «Polvo eres, y en polvo te convertirás» (Génesis 3,19).

Flores. fungen como ornato en todo altar y sepulcro. El color de la flor de cempasúchil (o flor de cuatrocientos pétalo) representa la luz como los rayos del sol y al acomodarla en forma de sendero indica a las almas el rumbo por el cual se le guía a casa. La nube y el amaranto o moco de pavo son las especies más utilizadas para el adorno de un altar.

Calaveras. Son alusiones a la muerte. Son de azúcar, barro, chocolate o yeso con adornos y patrones en ellas. Gustan por su rico sabor y olor. También son una burla hacia la muerte y se les escribe en la frente el nombre del cliente o de una persona viva. El posible origen de las calaveritas puede relacionarse con el tzompantli, una hilera de cráneos de guerreros sacrificados colocados en un palo.

También se le llama calavera o calaverita a un fragmento poético o epitafio que constantemente alude a la muerte, dedicado a personajes vivos.

La imagen de La Catrina o calavera garbancera creada por José Guadalupe Posada no se relaciona con el Día de Muertos. Esta caricatura es una representación de la dandizette de la época porfiriana, que siendo de origen indígena, pretendía ser europea.

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Comida. Los alimentos, según la tradición, debe ser del agrado del fallecido. Debido a la dieta del mexicano promedio, es frecuente ver la cocina criolla y la cocina nacional como mole, pozole, tacos, tamales, etc., presente en muchos altares. Se deben incluir diferentes frutos de temporada como la calabaza, el tejocote, jícama, naranja y, por supuesto, alimentos hechos de maíz.

El pan de muerto es un tipo de pan dulce que se coloca como ofrenda hacia los muertos. Tiene tiras de la misma masa sobre la corteza que representan los huesos. En el período prehispánico se elaboraba de maíz, hoy es un pan blanco aromatizado con esencia o ralladura de naranja y cubierto de azúcar.

Fuente: Delicias prehispánicas y contemporáneas/Facebook

Bebidas alcohólicas. Algunos altares incluyen  tequila, rompope y pulque servidos en recipientes de barro pero se puede incluir cualquier bebida que le haya gustado al difunto.

Objetos personales.En el altar se colocan diferentes objetos del difunto o que de alguna forma se relacionen con su vida, como objetos que utilizó en su trabajo u oficio. Si el altar se dedica a un niño, se suelen colocar juguetes y dulces.

Adornos. Alusivos a la muerte han surgido infinidad de ejemplos en el arte popular mexicano y se han agregado al altar de muertos. Cuadros de entierros, velorios o cementerios, o representando escenas de la vida cotidiana con esqueletos como personajes realizados en figuras de alfeñique, cartonería, madera, barro o yeso son típicos de la fecha, así mismo como hermosos arreglos frutales o florales.

Elementos religiosos:

Cruz. En todo el altar se colocan cruces, elemento agregado por los evangelizadores españoles con el fin de incorporar el catolicismo entre los naturales y en tradición tan arraigada como era la veneración de los muertos. Se coloca en la parte superior del altar a un lado de la imagen del difunto y también se puede poner una cruz pequeña hecha sal que sirve como medio de purificación de los espíritus, así como una cruz de ceniza que le ayudará al espíritu a salir del purgatorio.

Imágenes religiosas. Se coloca una imagen o escultura del santo de devoción de la persona a la que se dedica el altar. También se coloca una imagen o cromo de las benditas ánimas del purgatorio, para facilitar la salida del difunto, si ahí se encuentra, debido a no poder alcanzar la gloria (entrada el cielo), al haber muerto habiendo cometido pecados veniales sin confesar, pero sin haber cometido pecado mortal.

Rosarios. Se puede colocar un rosario de cuentas en los niveles del altar. En el último nivel, en el caso de ser de siete niveles, se coloca un rosario hecho de limas y tejocotes.

Otros elementos:

Perro. Se coloca la escultura de un perro o un perro real de la raza Xoloitzcuintle, representando al dios Xólotl, pues se considera que el perro ayudará a las almas a cruzar el río Itzcuintlan (primera dimensión para llegar al Mictlán). El Xoloitzcuintle debe ser color bronce y no tener abundancia de pelo. Se colocan también un par de huaraches para ayudar al alma a cruzar el río.

Monedas. El incluirlas no tiene significado específico, aunque para explicarlo se le ha relacionado con la tradición griega de sepultar a las personas con monedas para que pudieran pagarle a Caronte, y así poder llegar al reino de los muertos.

Ropa. Así como se colocan artículos de aseo personal, se colocan diversas prendas limpias para que el difunto las lleve puestas al regresar al mundo de los muertos. En la mayoría de los casos se utiliza la ropa del difunto para mantener un conexión con su alma.

5. Festejo.

Comienza cuando una persona de la casa enciende las velas del altar susurrando los nombres de los difuntos y se reza pidiendo el favor de Dios para que lleguen con bien. Los familiares se sientan a la mesa y comparten la comida preparada para el festín, escuchando música del agrado del difunto, de quien se recuerdan anécdotas y se habla sobre las novedades de la familia para enterarlo de los acontecimientos durante el año transcurrido. Se pide por la intercesión del difunto ante Dios.

El festejo es un reencuentro feliz, aunque breve, con la promesa de alcanzarle en el más allá, llegado el momento.

Al termino se apagan las veladoras y se despide a los espíritus, deseándoles buen viaje de regreso a su reposo y pidiéndoles que retornen el próximo año.

En muchos pueblos se acostumbra llevar a cabo esta comida sobre la lápida del deudo en el panteón, que ha sido reparada y repintada para la festividad.

6. Calaveras literarias.

Se cuentan entre las composiciones populares más originales de la cultura mexicana. Escritas en versos de métrica y rima libres en «honor» de alguna persona o de muertos célebres, se elaboran, por tradición, en el mes de noviembre, durante la fiesta de los difuntos. Tienen la finalidad de divertir a la gente por medio de comentarios agradables y burlones hacia algún individuo.

 

Guía oficial de día de muertos 2017 publicada por la revista México desconocido (da click en este título para que te lleve al portal).

El arte de la palabra escrita

Ana Portnoy

Un momento crucial en la historia de la vida civilizada fue el desarrollo de la escritura. La historia de la humanidad tiene un antes y un después del registro escrito de la información.

El término Prehistoria denomina al larguísimo periodo de tiempo desde que aparece el homo sapiens sapiens –nuestra especie- hasta alrededor del tercer milenio A.C. en que surgen los primeros registros a través de pictogramas o ideogramas, ya sea grabados en piedras, pintados en cortezas de árbol o pieles de animales o inscritos con cuñas en tablillas de barro y que lentamente condujeron al desarrollo de alfabetos y grafías tal y como los conocemos hoy en día.

¿Por qué surgió la necesidad de registrar, preservar y trasmitir información?

Para el hombre primitivo, la sobrevivencia en un medio hostil en el que  seguía el rumbo que tomaban los animales de los cuales se alimentaba implicó la necesidad de trasmitir los conocimientos de cazar, curtir, recolectar y curar de manera oral y de generación en generación. De esta manera se inculcó el conocimiento sobre cómo hacer instrumentos, cómo rendir culto a las fuerzas de la naturaleza, cómo sanar y cómo inhumar. Durante decenas de milenios el progreso del conocimiento se vio limitado por las precarias condiciones de vida y los mínimos requerimientos de bienes materiales que se podían transportar con la trashumancia.

Alrededor del décimo milenio antes de Cristo, la domesticación de plantas y animales permitió la vida sedentaria. Las sociedades humanas sufrieron una transformación y pasaron de tribus y clanes pequeños a poblados con varios cientos de habitantes. Hubo una diversificación de las labores económicas y, por lo tanto, una estratificación de la sociedad. El conocimiento se incrementó con la necesidad de trasmitir oficios y maneras de hacer; creencias,  ritos y mitologías; observación de los astros y predicción de las temporadas de siembra y cosecha.

Este cúmulo de información condujo a la necesidad de registrar y conservar testimonios, primeramente sobre qué productos se resguardaban en los templos-graneros y qué productos se tenían que entregar como tributos. Los primeros indicios de una escritura tienen que ver con cifras que permitían tener un control económico y datan de alrededor de 3,500 aC. Y después, empezaron a registrarse acontecimientos trascendentes, guerras y triunfos militares, ritos y plegarias a los dioses y, en el segundo milenio con Hammurabi en Mesopotamia, el primer código que reglamentó la vida en sociedad y los primeros textos literarios-mitológicos como la Epopeya de Gilgamesh.

Hasta hoy en día se conservan importantes códices hechos en amate y piel que son testimonio de las culturas prehispánicas de México y los museos albergan tablillas de barro con inscripciones, fragmentos de murales con jeroglíficos y estelas grabadas que son testimonio de tiempos pasados.

 Sin embargo, y desgraciadamente, muchos textos han sido destruidos no sólo por las fuerzas de la naturaleza o el deterioro del material orgánico en el que fueron hechos, sino por el mismo hombre. Basta recordar la quema de la famosa biblioteca de Alejandría en el siglo V.  Esta biblioteca y su museo eran el centro de investigación más importante del mundo antiguo y albergaban todo el conocimiento humano escrito y acumulado hasta esa época. Sin embargo, considerando que era un conocimiento pagano los seguidores de San Cirilo decidieron destruirlo.

En México la destrucción de los códices mayas por el Obispo Landa en Yucatán acabó irremediablemente con una importante fuente de información sobre esa cultura.

Gracias a la imprenta de Gutenberg en el siglo XV, la difusión del libro como fuente de información se popularizó. Así, el conocimiento estuvo al alcance de un mayor número de lectores y la difusión de noticias empezó a trasmitirse ya no con trovadores y viajeros o correspondencia personal y anuncios públicos, sino a través de la prensa cuyo origen data de los primeros años del siglo XVII.

Y si en sus principios la escritura tuvo fines pragmáticos para llevar a cabo registros de cosechas, de tributos y de los hechos importantes realizados por reyes y sacerdotes, su uso permitió el desarrollo de la creatividad y fantasía del hombre, pues la creación literaria también se desarrolló en antiguas civilizaciones que escribieron cantos, poesía y relatos de aventuras que permitieron a los lectores desarrollar su sensibilidad e imaginación. Desde esos tiempos remotos el libro ha acompañado el progreso del hombre y le permite no sólo anotar y estudiar sobre los avances científicos y sobre su entorno sino también conocer otros personajes, sitios exóticos y experiencias de vida sin tener que abandonar su hogar.

Esta posibilidad de conocer a través de la palabra escrita, sin embargo, se enfrenta a grandes retos en nuestros días. Así como la intolerancia religiosa destruyó la biblioteca alejandrina o los acervos mayas, los regímenes totalitarios o fundamentalistas han censurado e inclusive quemado los textos considerados peligrosos por su posibilidad de crítica y reflexión. Y por otro lado, los medios de comunicación y los juegos virtuales en una sociedad que prefiere información rápida y satisfactores inmediatos compiten con la tradición de la lectura, especialmente como medio de recreación.

Pero, también gracias a internet, el acceso a la palabra escrita llega a los lectores no sólo por la infinidad de publicaciones virtuales, sino también en forma de libros electrónicos que en cuestión de segundos se pueden descargar.

Fuentes de las imágenes:

Jordi Solé.  Los bosquimanos del Kalahari. En Ojos de cielo. <http://omiv.blogspot.mx/2009/04/los-bosquimanos-del-kalahari.html&gt;

Flickr from Yahoo: Antigua Biblioteca de Alejandría. <http://www.flickr.com/photos/hermandadblancaorg/468863015/&gt;

Jenny Paola Silva. Paso del nomadismo al sedentarismo. En Fundamentos de Economía: <http://jennypsilva.blogspot.mx/2011/08/paso-del-nomadismo-al-sedentarismo.html&gt;

Juan José Olvera G’s bitácora. La Biblia: Primer y mejor trabajo de Johannes Gutenberg. <http://jjolverag.wordpress.com/2011/02/23/la-biblia-primer-y-mejor-trabajo-de-johannes-gutenberg/&gt;

The British Museum. Hammurabi. <http://www.mesopotamia.co.uk/time/explore/p_hammurabi.html&gt;

El Nuevo Reino de León, la familia Carvajal y la Inquisición

Ana Portnoy Grumberg

Texto para la Exposición «Diego Rivera y la Inquisición: Un puente en el tiempo«. Museo de Historia Mexicana, Monterrey, N.L.,   Septiembre 2009-Enero 2010.


INTRODUCCIÓN

Tras la conquista de Granada, último baluarte musulmán en tierra española, acción con la que se logró la consolidación territorial de los reinos cristianos y pretendiendo la unificación cultural y religiosa, los Reyes Católicos decretaron la expulsión de los judíos que vivieran en sus reinos y que no aceptaran la conversión al cristianismo.

“Nos don Fernando e Isabel por la gracia de Dios, Reyes de Castilla, León, Aragón [y otros dominios de la corona] al illustrisimo principe don Juan, nuestro muy caro e muy amado primogénito y sucesor universal en nuestros reinos y tierras …, a los duques, marqueses, condes, órdenes religiosas y sus Maestres, […] y a todos los judíos hombres y mujeres de cualquier edad y a quienquiera esta carta le concierna, salud y gracia para él.

…Por este nuestro real edicto perpetuo para siempre valedero, mandamos echar y echamos de todos nuestro reinos y señorios occiduos [sic] y orientales a todos los judios y judias grandes y pequeños que en los dichos reinos y señorios nuestros están y se hallan… al fin de Julio de este año y que no se atrevan a regresar a nuestras tierras y que no tomen un paso adelante a traspasar de la manera que si algún judío que no acepte  este edicto si acaso es encontrado en estos dominios o regresa será culpado a muerte y [a la] confiscación de sus bienes.

Y hemos ordenado que ninguna persona en nuestro reinado sin importar su estado social incluyendo nobles que escondan o guarden o defiendan a un judío o judía ya sea públicamente o secretamente desde fines de Julio y meses subsiguientes en sus hogares o en otro sitio en nuestra región con riesgos de perder como castigo todos sus feudos y fortificaciones, privilegios y bienes hereditarios.

Dado en esta ciudad de Granada el Treinta y uno día de marzo del año de Nuestro Señor Jesucristo de 1492. Firmado Yo, el Rey, Yo la Reina, y Juan de la Colonia secretario del Rey y la Reina quien lo ha escrito por orden de sus Majestades”[1].

 Tras casi 1,500 años no sólo de presencia continua, sino de conformación de una identidad hispano-judía que convivió y compartió con hispano-cristianos e hispano-musulmanes en uno de los períodos más fecundos de la historia cultural de Occidente, los judíos se vieron forzados a abandonar su segunda patria a principios de agosto de 1492.

Se calcula que la mitad de la población judía (100,000 personas según algunas fuentes[2] y 300,000 otras[3]) optó por la conversión, ya fuera sincera integrándose a la grey de la Iglesia, o bien ficticia con la pretención de conservar su judaísmo secretamente, lo que incrementó el número de criptojudíos[4], puesto que la conversión forzada tras la masacre de Sevilla de 1391 y las medidas antijudías a lo largo del siglo XV ya habían generado ese fenómeno, contra el cual se estableció la Inquisición en 1481.

De aquellos que decidieron abandonar Sefarad[5], miles se dirigieron a Holanda o a las provincias del imperio otomano. Y unos cuantos miles cruzaron la frontera de Portugal pagando un fuerte impuesto.

Desde el siglo XII la corona portuguesa había  mantenido una política tolerante tanto hacia judíos como hacia cristianos nuevos que se incorporaron a la vida intelectual y económica del reino gozando de la protección real en tanto fueron perseguidos por la iglesia y por el pueblo llano.

La tolerancia real, sin embargo, llegó a su fin en 1497 cuando el rey Manuel I, al contraer matrimonio con Isabel, hija primogénita de los Reyes Católicos, decidió cumplir con la condición propuesta por sus suegros: imponer la conversión forzada al cristianismo de los judíos de su reino, a los que no dio opción a la emigración.

A los conversos se les dio un período de gracia de 20 años en los que sus creencias y prácticas no serían investigadas y en 1536 se estableció el Tribunal de la Inquisición en tierras lusitanas. El temor al Santo Oficio incrementó el  secretismo de las prácticas criptojudías. Aislados en las regiones montañosas colindantes con España –Tras-os-Montes-, mantuvieron su judaísmo bajo la pretensión de ser católicos, abandonando la circuncisión, la celebración de festividades e inclusive otorgando un rol religioso más importante a las mujeres para evitar sospechas[6].

Sin fuentes doctrinales, dirigentes religiosos, lugares de culto y temiendo la denuncia y persecución inquisitorial, tanto criptojudíos en España como en Portugal desarrollaron tácticas para preservar su fidelidad a la Ley de Moisés. Para suplir la falta de fuentes y las probables transgresiones tanto alimentarias como rituales, los criptojudíos realizaron ayunos semanales, procuraron evitar los alimentos prohibidos[7] y trataron de respetar la santidad del sábado de manera subrepticia.

Muchos contrajeron matrimonio con cristianos viejos[8] para evitar sospechas, ignorando el cónyuge la identidad religiosa de su marido/esposa. Otros informaban a sus hijos de acuerdo a su discreción y madurez sobre el verdadero origen de la familia -lo que quiere decir que no todos los descendientes conocían el secreto familiar- y algunos decidieron ingresar a un hijo a alguna orden religiosa, inclusive la de los dominicos, custodios de la inquisición, para proteger al resto de la familia pues ¿quién recelaría de los padres o hermanos de un fraile?.

Con el paso del tiempo se fueron abandonando las prácticas más obvias (circuncisión, rezos, alimentos, festividades) en tanto que se incorporaron plegarias cristianas para sustituir los rezos en hebreo de los que pocos conservaban algunas palabras.

La expulsión de los judíos de la península ibérica y la persecución contra los criptojudíos coincidió con el descubrimiento y la colonización del Nuevo Mundo. Cristóbal Colón zarpó del puerto de Palos el 3 de agosto de 1492 y entre los tripulantes de sus naves llevó consigo a un traductor del hebreo y del arameo. Cientos de criptojudíos emigraron a las colonias españolas y a Brasil para escapar de la sospecha y el riesgo de caer en manos de la Inquisición, en busca de un horizonte en donde practicar libre y abiertamente la religión de sus ancestros. Así, se establecieron desde los territorios más norteños del imperio español y en las islas el Caribe hasta los virreinatos de Sudamérica y, también en Brasil.

LA FAMILIA CARVAJAL

La historia de la familia Carvajal, familiares directos de Luis de Carvajal y de la Cueva, sintetiza cabalmente la tragedia del criptojudaísmo. Y es, también, uno de los episodios más conocidos dentro del ramo de Inquisición de la Nueva España.

1.  Don Luis de Carvajal y de la Cueva, conquistador y primer gobernador del Nuevo Reino de León.

Justo en la llamada Raya de Portugal, en la villa de Mogadouro provincia de Tras-os-Montes, nació Luis de Carvajal y de la Cueva en 1539, en el seno de una familia de ascendencia judía arraigada en Medina del Campo en la región de Castilla-León.

Fig. 1. Mogadouro, en la región de Tras-os-Montes[9].

Fue hijo de Gaspar de Carvajal y Francisca de León, conversa judaizante. Sus tíos maternos fueron funcionarios del rey de Portugal en la colonia africana de Guinea[10]. A joven edad (1549) y tras la muerte de su padre, fue enviado por su tío materno y tutor,  Duarte de León,  a Cabo Verde, donde permaneció por trece años; llegando a ocupar el puesto del tesorero y contador del rey de Portugal, ocupándose principalmente del  comercio de esclavos negros.

Al volver a España en 1562 comerció con granos y con vinos en Sevilla. Alrededor de 1565 contrajo matrimonio con Guiomar Núñez de Ribera, criptojudía nativa de Lisboa. Dos años después, tras pérdidas financieras y conflictos conyugales, zarpó hacia la Nueva España con su propio navío como almirante y segundo comandante de la flota de las Indias Españolas. Al arribar fue nombrado por orden del virrey alcalde ordinario de Tampico.

En 1568, en su función de alcalde, Carvajal capturó a 77 piratas ingleses varados en las costas de la actual Tamaulipas, abandonados por John Hawkins, que había perdido varios barcos en un enfrentamiento con la flota española de Veracruz. Tras esta acción, el virrey Martín Enríquez de Almanza lo comisionó como capitán y pacificador para que abriera una ruta entre la provincia del Pánuco y las minas de Mazapil y para que contuviera las hostilidades de los indígenas.

En la provincia de Pánuco desempeñó otros cargos de gobierno. Fue corregidor del pueblo de Huajutla, de Tamaolipa, capitán de la Huasteca y juez de comisión en Pánuco[11].

En 1578 viajó a la ciudad de México a dar cuenta al virrey de las comisiones que se le habían encargado y en febrero del siguiente año zarpó hacia España presentando en el Consejo de Indias la propuesta de conquistar, colonizar y pacificar todos los puertos desde el río Pánuco hacia el norte, hasta Santa Helena en la costa del Atlántico al norte de la Florida[12] y al oeste para poblar el territorio entre Tampico y las minas de Mazapil y Zacatecas. El objetivo era extender la exploración y la colonización de la Nueva España del Atlántico al Pacífico, pues se creía que al norte había un paso en el que se unían los dos océanos[13]. El Consejo recomendó la propuesta al rey Felipe II quien firmó las capitulaciones el 31 de mayo de 1579.

De por vida, y con la prerrogativa de designar a su heredero, Carvajal recibió el cargo de Gobernador y Capitán General con autoridad para descubrir, pacificar y poblar una nueva provincia que se denominó Nuevo Reino de León y que se extendería hasta 200 leguas de latitud y otras tantas de longitud, abarcando su jurisdicción desde el oeste del puerto de Tampico hasta los límites de Nueva Galicia y Nueva Vizcaya y al norte en territorio inexplorado[14]. Sin embargo, ya sea por el desconocimiento geográfico que la corona tuvo de la región, ya sea por la interpretación de la extensión del territorio que hiciera Carvajal, los límites sobrepasaban los ya establecidos de la Nueva Galicia y la Nueva Vizcaya.   

Fig. 2. Las capitulaciones de 1579 [15].

Se le dio un plazo de cinco años para recorrer el territorio, evangelizar a los indios y establecer todos los puertos desde Tampico hasta la bahía de San José que colindaba con la jurisdicción de la Florida[16]. El llamado “Cuadrado de Carvajal”[17] tendría una extensión de 702,244 kms2 abarcando los actuales estados de Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila,  casi toda la extensión de Zacatecas y Durango, y territorios extensos en Sinaloa, Chihuahua, Nayarit, San Luis Potosí y Texas[18].

Fig. 3. Uno de los mapas con los límites del “Cuadrado de Carvajal”[19].              

Carvajal adquirió un barco –algunos autores indican que se llamó Santa Catarina[20] – para trasladarse al Nuevo Mundo. Su hermana Francisca y su cuñado Francisco Rodríguez de Matos, ambos judaizantes, con sus hijos, viajaron con el gobernador al Nuevo Mundo incluidos en el grupo de labriegos, artesanos y soldados que poblarían el reino. En víspera del viaje, Guiomar Núñez, su mujer, solicitó a la sobrina de Carvajal, Isabel Rodríguez de Andrade, que ya en su destino final convenciera a Don Luis de volver a la religión de sus ancestros.

La nave zarpó hacia la Nueva España en junio de 1580, en la misma flota en que viajaba el nuevo virrey, Lorenzo Suárez de Mendoza,  cuarto conde de la Coruña. Al establecerse en el territorio que correspondería al Nuevo Reino de León Carvajal reclamó que los límites norteños de su reino se extendían hasta la actual ciudad de Austin. A sesenta leguas al noroeste de Tampico descubrió un yacimiento de minas de plata y fundó la Villa de León -hoy Cerralvo-. Estableció otra, San Luis rey de Francia -en la actual Monterrey- y otra más llamada Nueva Almadén -hoy Monclova-. Sin embargo, sus alardes fueron mayores a sus logros y los litigios territoriales del siglo XVII desacreditaron muchos de sus poblamientos, pues casi todos los poblados que estableció se habían fincado con anterioridad.

En 1584, estando en Tampico, su sobrina Isabel lo conminó a tornar al judaísmo. El gobernador “se puso como un león de bravo… hecho un moro de enojo… hecho   un demonio… [exclamando] que él propio la había de matar con un          bocado[21]. Al enterarse que su cuñado fue inhumado de acuerdo a los ritos judaicos y descubrir que la familia de su hermana practicaban secretamente el judaísmo, rompió con ellos, pasando del afecto paternal que sentía hacia sus sobrinos a considerarlos sus enemigos mortales[22].

Sin embargo al no denunciarlos ante el Santo Oficio provocó que cinco años después él mismo, junto con todos sus parientes, fuera procesado por la Inquisición.

En 1587 enfrentó en la Ciudad de México un proceso civil en su contra acusado de usurpación de funciones y alegaciones de que esclavizaba a los indios en sus expediciones al río de las Palmas -hoy Soto la Marina- y en el río Bravo y que vendía a los indios cautivos. Secretamente huyó hacia su reino. Dos años después, involucrado en un litigio por los límites de su reino en territorio del actual estado de San Luis Potosí –en la Villa de los Valles- y pretendiendo castigarlo por los excesos que había cometido, el nuevo virrey, Don Álvaro Manrique de Zúñiga marqués de Villa Manrique, exigió el arresto de Carvajal. Sus enviados reportaron que en el Nuevo Reino de León solo encontraron dos asentamientos con poca población y muy lejos uno del otro.

Preso en México, el virrey lo entregó a la Inquisición puesto que “me lo pidió [el Tribunal del Santo Oficio] diciendo había cometido delito en el crimen de la herejía, y se lo entregué…[23].

Fue acusado en primera instancia de ser observante de la Ley de Moisés, el fiscal después de varias audiencias modificó el cargo reduciéndolo a “haber recibido, favorecido y encubierto apóstatas judíos”. En los folios de su autodefensa refutó las acusaciones hechas en su contra por el Santo Oficio, añadiendo, en manera abreviada, una lista de las cosas que dijo haber hecho en servicio de la Corona.

Sin embargo, acusado de encubrir a su familia, el veredicto final lo encontró culpable de ser “fautor, receptador, cómplice y encubridor de apóstatas a la Santa Fe Católica” aunque no se pudo comprobar que fuera judaizaste. El 24 de febrero de 1590 tuvo que abjurar de vehementi en la Iglesia Mayor y Catedral de la Ciudad de México en presencia del virrey, los inquisidores, el arzobispo y otros notables y fue condenado a un año de cárcel, para ser exiliado después, por un período de seis años, de las Indias. Murió  en la prisión de la corte un año después y se sospechó que fue asesinado.

2. Luis de Carvajal “el Mozo”[24].

Luis Rodríguez de Carvajal nació en Benavente, Castilla, alrededor de 1567, hijo de Francisco Rodríguez de Matos, hijo de una familia de conversos judaizantes, y de Francisca Núñez de Carvajal, mejor conocida como Francisca de Carvajal y hermana de Luis de Carvajal y de la Cueva. Al contraer matrimonio, la pareja decidió observar devotamente la religión de sus antepasados y, conforme sus hijos fueron alcanzando la adolescencia, se les informó de su origen y de su religión, exceptuando al mayor, Gaspar, quien fue un fraile dominico[25]. Luis recibió una esmerada educación: sabía leer y escribir castellano y latín y tuvo conocimientos de matemáticas, gramática y retórica.  Cuando tenía alrededor de los 12 años su padre le reveló su origen.

Luis de Carvajal y de la Cueva, distanciado de su esposa e ignorante de las creencias religiosas de la familia de su hermana, decidió traer consigo en 1580 a Francisca, su esposo y a sus hijos, nombrando a Luis, su sobrino predilecto, heredero del reino. La familia Rodríguez de Carvajal aceptó la propuesta de viajar a América y no a Italia, como era su intención, considerando que lejos de España podrían vivir sin el temor de la persecución inquisitorial.

La familia estaba constituida por Gaspar, Baltasar[26], Isabel Rodríguez de Andrade[27], Catalina de León y de la Cueva[28], Leonor[29], Miguel[30], Mariana[31] y Ana[32]. En su autobiografía, el joven Luis describió el territorio inhóspito, lleno de mosquitos donde vivieron en gran pobreza, inclusive descalzos. Muchos de los colonos abandonaron el Reino y se dirigieron a Taxco, a la ciudad de México y a Pachuca.

En América el joven Luis se entregó por completo a la fe judaica, interpretando en todos los sucesos de la vida cotidiana la presencia y protección de Dios, intentando cumplir con el mayor número de preceptos religiosos. Su padre le enseñó los principios básicos y lo remitió con el Lic. Manuel de Morales, reconocido como maestro de la fe judía, para que le enseñara la proscrita Ley de Moisés. Cuando murió su padre el enterramiento se llevó a cabo de acuerdo a las costumbres judías, lavándose el cuerpo, cortando las uñas y el cabello y amortajándolo con una mortaja de tela virgen.

A los 18 años de edad, el joven asumió el cargo de jefe de familia. Un año después se practicó la circuncisión él mismo.

El gobernador se enteró de la vida secreta de sus familiares al intentar su sobrina Isabel atraerlo al judaísmo. Constató sus sospechas al averiguar cómo había sido inhumado Francisco Rodríguez de Matos y reescribió su testamento, desheredando a Luis el Mozo.

Distanciados del gobernador y tras el matrimonio de Leonor y Catalina con dos criptojudíos de origen portugués, la familia Carvajal se estableció temporalmente en Taxco y posteriormente en la ciudad de México. Luis y Baltasar, los mayores, se dedicaron actividades económicas que pocas veces tuvieron éxito, viajando por distintas locaciones de la Nueva España. Para Luis, los viajes fueron una oportunidad para  buscar otros criptojudíos. Así conoció a Ruy Díaz Nieto y a su hijo Diego, provenientes de Italia y versados en el judaísmo. Ruy fungía como rabino en la ciudad de México en tanto su hijo buscaba también judaizantes en el virreinato.

Cuando Luis de Carvajal y de la Cueva se enfrentó con el virrey de la Nueva España, éste, a través de un espía que se ganó la confianza de Isabel Rodríguez de Andrade se enteró de que los parientes del gobernador eran cristianos nuevos judaizantes. Denunciada ante la Inquisición, toda la familia fue detenida en mayo de 1589, acusándose al gobernador de haber recibido, favorecido y encubierto a apóstatas judaizantes, si bien no se pudo comprobar que él mismo realizara esas prácticas.Como era habitual, al momento de ser detenidos todos sus bienes fueron embargados.

Únicamente Baltasar y Miguel lograron huir embarcándose a Italia y a Turquía volviendo a la religión de sus ancestros. Mariana y Anica, las hermanas menores, quedaron bajo custodia. Por medio de la tortura, Francisca de Carvajal reveló su crimen, involucrando a sus hijos, a su difunto marido y a otros judaizantes. Así inició el proceso en contra de toda la familia.

En la cárcel Luis “el Mozo” soñó que el rey Salomón le compartía la sabiduría divina. Adoptó por ello el nombre de Yosef, por su homónimo bíblico, quien fue un soñador y visionario, y añadiéndose el sobrenombre de Lumbroso, palabra castellana que significa “lo que tiene o despide luz de sí”, es decir, lo que ilumina. Intentó cumplir con costumbres judías y atrajo al judaísmo al fraile Francisco Ruiz de Luna,  quien tenía como misión convertirlo al cristianismo.

En el auto de fe el 24 de febrero de 1590 se quemó la efigie de su padre al tiempo que toda la familia abjuró públicamente de sus prácticas judaicas. La Inquisición confiscó todos sus bienes y se les dio penitencia espiritual que consistía en ayunar los viernes, rezar el rosario de cinco misterios los domingos y días de fiesta y usar el sambenito[33].

Fig. 4. Las prendas penitenciales de los reos de la Inquisición[34].

Luis quedó bajo custodia de Fray Mateo García, en el Hospital de Convalecientes. Más tarde fue enviado al hospital del convento-colegio de Santiago Tlatelolco donde fue escribano del administrador y enseñó gramática y latín a los indígenas. Por su cargo tuvo acceso a la biblioteca y aprovechó las oportunidades para consultar los comentarios de Oleastro al Viejo Testamento, memorizando los salmos, los libros de Ezequiel, Isaías  Job, así como la Apócrifa. Su madre y hermanas fueron confinadas a una casa particular y en sus cartas Luis Insistía a su familia que debían respetar los preceptos mosáicos y, en caso dado, morir por ellos pues así se ganarían el paraíso.

Gracias a las gestiones de su cuñado Jorge de Almeida realizó en España, el 7 de octubre de 1593 los inquisidores aceptaron que su sentencia se conmutara al pago de una multa de 1,300 ducados castellanos, que luego se redujo a 850 pesos. Se dio un plazo de seis meses a los Carvajal para reunir el dinero, por lo que se permitió que Luis procurara recolectarlo. Los planes de la familia eran viajar a Europa para reunirse con Baltasar y Miguel.

Sin embargo, en 1595 toda la familia fue aprehendida nuevamente siendo la pena por reincidiren la práctica judaica la muerte, ya fuera a garrote vil[35] si se convertían a la religión cristiana o quemados vivos si se mantenían en su apostatía, aunque los reos no supieron su destino hasta un día antes del auto de fe del 8 de diciembre de 1596.

Luis escribió en la cárcel su testamento, que es más bien una declaración de su ferviente creencia en el judaísmo, puesto que bienes materiales no tenía. Fue torturado en dos ocasiones para que denunciase a más judaizantes e intentó suicidarse para evitar el sufrimiento, aunque se arrepintió de esta acción por considerar que la vida pertenece a Dios y sólo Él puede tomarla.

Se le atribuye haber escrito un soneto como plegaria para el Día del Perdón (Yom Kippur):

Pequé, Señor, mas no porque he pecado

De tu amor y clemencia me despido.

Temo según mi culpa ser punido

y espero en tu bondad ser perdonado.

Recélome según me has aguardado

Ser por mi ingratitud aborrecido;

y hace mi pecado más crecido,

el ser tan digno Tú de ser amado.

Si no fuera por ti, de mí que fuera,

Y a mí de mí sin Ti, quién me librara,

Si tu mano la gracia no me diera:

¿Y a no ser yo mi Dios, quien no Te amara,

y a no ser Tú, Señor, quien me sufriera

y a Ti sin Tí, mi Dios, quien te llevara? [36]

Al auto de fe, considerado un espectáculo público, asistieron el virrey, los oidores, el tesorero real, los oficiales militares, inquisidores, sacerdotes y los pobladores de la ciudad de México. Al paso de los sentenciados se les arrojaron piedras y frutas podridas. Los prisioneros portaban sambenitos, sogas alrededor del cuello, corozas[37] y velas -de color verde los judaizantes y blancas los acusados de practicar la hechicería-. Algunos iban amordazados y se llevaban también efigies de madera de aquellos que habían logrado huir y los restos exhumados de judaizantes que no habían caído en manos de la Inquisición en vida.

Los Carvajal fueron acusados de ser falsos cristianos, “relapsos, impenitentes pertinaces… condenados a ser quemado[s] vivo[s] en vivas llamas de fuego hasta que se convierta[n] en cenizas[38]. Al ser llevado al patíbulo Luis, con sambenito y una larga cola enroscada qu terminaba arriba de la coroza -atuendo reservado a los que se consideraba rabinos o maestros de la Ley de Moisés- dio muestras de arrepentimiento y besó la cruz, muriendo a garrote vil y siendo su cuerpo quemado en la hoguera[39].

Fray Alonso de Contreras, el monje dominico que lo acompañó en sus últimos momentos, dejó el testimonio final que prácticamente constituye su epitafio “Siempre fue tan buen judío, y acomodaba su entendimiento, que lo tenía agudísimo y delicado, y su voluntad, sumamente aficionada, a volver por la ley de Dios y morir por ella, que sin duda tengo para mí, si viviera antes de la Encarnación de Nuestro Redentor, hubiera sido hebreo heroico y tuviera hoy en la Biblia famoso nombre, como los que por la defensa de su ley murieron en la demanda”[40].

En el auto de fe también murieron su madre, sus hermanas Isabel, Catalina y Leonor, su amigo Manuel de Lucena, al igual que Diego Enríquez, Beatriz Enríquez y Manuel Díaz. De la familia únicamente dos habían salvado sus vidas, Mariana, trastornada mentalmente y la menor, Ana.

Cinco años después Mariana, fue aprehendida de nuevo, juzgada y sentenciada a a morir en el solemne auto de fe del 25 de marzo de 1601, “uno de los que se celebraron en México con mayor suntuosidad”[41]. El corregidor de la ciudad de México, Francisco Muñoz de Monforte, dictó la sentencia: “Fallo atenta la culpa que resulta contra la dicha Doña Mariana de Carvajal, que la debo condenar y condeno a que sea llevada por las calles públicas de esta ciudad… y con voz de pregonero que manifieste su delito, sea llevada al Tianguis de San Hipólito… se le de garrote hasta que muera naturalmente y luego sea quemada en vivas llamsa de fuego, hasta que se convierta en ceniza y de ella no haya ni quede memoria…[42].

Fig. 5. El suplicio de Mariana de Carvajal[43]

Como penitentes participaron su hermana Ana y su sobrina Leonor de Cáceres. En 1649 Ana también sería procesada y muerta.

Los sambenitos de los procesados solían colgarse en las ventanas de la iglesia de Santo Domingo y el estigma de descender de judaizantes relajados por la Inquisición marcaba a los descendientes durante varias generaciones, que a pesar de ser fieles cristianos se les denegaba ingresar al ejército, a la universidad y a instancias de la administración colonial. Los nietos y bisnietos de las hermanas Carvajal siguieron siendo señalados por los delitos de sus ancestros dos siglos después. Por sus vínculos con el conquistador y gobernador del Nuevo Reino de León, por la fama de Luis “el Mozo” de ser rabino maestro de la ley judía y por haber sido procesados y ajusticiados en cuatro autos de fe distintos, la historia de la familia Carvajal es uno de los episodios más estudiados sobre la presencia criptojudía en México en la época colonial y la que mayor difusión ha tenido.


[1] Junta de Andalucía. El decreto de Expulsión. <http://www.juntadeandalucia.es/averroes/iestorreolvidada/documentos/9.pdf >
[2]Encyclopaedia Judaica Jerusalem. Jerusalem: Keter Publishing House. 1978. Vol. 15. Pág. 242.
[3] Junta de Andalucía. Op. Cit.
[4] Convertidos al cristianismo, en la vida pública cumplían con las obligaciones religiosas de la iglesia, al tiempo que en su entorno privado, con sigilo para evitar una denuncia, procuraron conservar no sólo la doctrina mosaica, sino también la práctica de los preceptos judaicos que reglamentaban alimentación, higiene, conmemoraciones calendáricas y ritos funerarios entre otras. También se les denomina cristianos nuevos y conversos.
[5] Es la denominación en hebreo de España. A los judíos descendientes de los expulsados de España se les denomina sefaraditas.
[6] Eduardo Mayone Dias. The Jews, New Christians and Crypto Jews of Portugal. Lashon. Vol. 5 March/April 1993. La versión electrónica: <http://www.lusaweb.com/comunidades/dias2.html&gt;
[7] Cerdo, animales salvajes, frutos del mar, insectos, reptiles, mezla de carne con derivados lácteos.
[8] Aquellos que a través de ejecutorias de limpieza de sangre podían probar que no descendían ni de moros ni de judíos.
[10] Eugenio del Hoyo. Historia del Nuevo Reino de León, 1577-1723. Monterrey, N.L.:Gobierno del Estado de Nuevo León.y Tecológico de Monterrey.  2005. P. 103.
[11] Ibid. P. 110.
[12] Hoy Parris Island, en Carolina del Sur. El conocimiento del territorio norteño y las distancias era muy impreciso.
[13] Samuel Temkin. “La capitulación de Don Luis de Carvajal”en Revista de Humanidades: Tecnológico de Monterrey.  Monterrey, N.L.: Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Número 23,  2007 Ps. 105-140.
[14]. Samuel Temkin plantea que las limitaciones a 200 leguas otorgadas en distintas capitulaciones durante el siglo XVI se establecieron para que ningún territorio otorgado a conquistadores/gobernadores excediera la distancia más larga de España, 1,100 kilómetros. Cfr. Samuel Temkin. Op. Cit.
[15] Raúl Cadena Cepeda. La colonización del Nuevo Reino de León. Y la fundación de Monterrey, por el ilustre gobernador:  Don Luis Carvajal y de la Cueva. 2007. Copia del acta original de las capitulaciones 1579. Tomado de Israel Cavazos Garza.<http://images.google.com/imgresimgurl=http://www.rcadena.net/carvajal/200leguas.jpg&imgrefurl=http://www.rcadena.net/carvajal/carvajal.htm&usg=__y7FGOWmdAgQLISV6a5MWFkcvzuw=&h=187&w=260&sz=18&hl=en&start=10&um=1&tbnid=45QqDzktZZVTM:&tbnh=81&tbnw=112&prev=/images%3Fq%3DNuevo%2BReino%2Bde%2BLe%25C3%25B3n%2BLuis%2Bde&gt;
[16] Saint Joseph Bay en Florida, a 56  kms. al sureste de Panama City y 160 kms al suroeste de Tallahassee con una distancia que excede las 200 leguas de la concesión.
[17] Denominado así por Vito Alessio Robles. Cfr. Samuel Temkin. Op. Cit.
[18] Eugenio del Hoyo. Op. Cit.. P. 111.
[19] Raúl Cadena Cepeda. Op. Cit.
[20] Eugenio del Hoyo. Op. Cit. Cap. IV.
[21] Ibid.  P. 122.
[22] Ibid.. P. 128.
[23] Ibid.  P. 133.
[24] También se le conoce como “el Joven” para distinguirlo de su tío.
[25] Fray Gaspar se enteró del origen de su familia hacia 1587 y aunque nunca volvió al judaísmo, tampoco denunció a sus familiares. Fue juzgado por el Santo Oficio por encubrimiento y se le condenó en 1590 a seis meses de reclusión en su monasterio.
[26] Logró huir a Europa en 1590 y cambió su nombre al de Jacob Lumbroso. Fue un cirujano destacado en Italia
[27] En 1589 tenía 30 años era viuda sin hijos y fue la primera en caer en manos de la Inquisición. Por medio de la tortura involucró al resto de la familia y murió en el auto de fe de 1596.
[28] Murió en el auto de fe de 1596. La sobrevivió su hija Leonor quien fue reconciliada en 1601.
[29] Nacida en 1574 y muerta en el auto de fe de 1596
[30] Nació en 1576 y en 1590  huyó a Europa con su hermano Baltasar. Cambió su nombre a David Lumbroso y sobresalió como rabino en la comunidad judía de Salónica, Turquía. En 1617 publicó un libro – Heshek Shlomó- en Venecia,
[31] Nacida en 1577, murió en el auto de fe de 1601.
[32] Nació en 1581 y murió en el auto de fe de 1649.
[33] Prenda penitencial que la Inquisición imponía sobre los reos.
[34] Jorge Rosa. Miguel Dias, Uma vítima da Inquisição <http://images.google.com/
imgresimgurl=http://povoameadas.com.sapo.pt/miguel_dias%2520(5).jpg&imgrefurl=http://povoameadas.com.sapo.pt/miguel_dias.htm&usg=___1RxR7LBapo1W2RykW0OxlhvEVg=&h=344&w=571&sz=80&hl=en&start=14&um=1&tbnid=lSKvFeXpRkCYnM:&tbnh=81&tbnw=134&prev=/images%3Fq%3Dsambenitos%26hl%3Den%26client%3Dsafari%26rls%3Den-us%26sa%3DN%26um%3D1>
[35] Consistía en un poste de madera con una hendidora a través de la cual pasaba una cadena de hierro que se colocaba alrededor del cuello del reo y, por medio de un tornillo con una bola al final se retrocedía la cadena produciendo la muerte por dislocación de las cervicales. La muerte no necesariamente era rápida.
[36] Alfonso Toro. La familia Carvajal. México: Patria. 1977. P. 333.
[37] Gorro de cartón que terminaba en punta, como un cucurucho, en el que se pintaban llamas, culebras y demonios.  El Auto de Fe tenía como objetivo impresionar al pueblo y mostrar los peligros de la herejía y la apostatía, para ello utilizaba un simbolismo y una solemnidad que lo convertían en un evento que reunía a un gran número de espectadores. En el Auto se condenaba no solo a aquellos acusados de herejía o apostatía, sino también a blasfemos, a acusados de fornicación, a bígamos y a hechiceros.
[38] Vicente Riva Palacios y Manuel Payno. El Libro Rojo, 1520-1867. Edición faccimilar. México:  Editorial del Valle de México, S.A. 1977. P. 240.
[39] Desde el momento mismo de su muerte hubo dudas sobre la conversión al cristianismo en el último momento de su vida, pues el terror de Luis al dolor era conocido y documentado en los expedientes en su contra.
[40] Seymour Liebman. Los judíos en México y  América Central (Fe, llamas e Inquisición). México: Siglo XXI Editores. 1971. P. 222.
[41] Alfonso Toro. Op. Cit. P. 677.
[42] Vicente Riva Palacios y Manuel Payno. Op. Cit. P. 241.
[43] Amnistía Internacional. Grabados e ilustraciones sobre la tortura y pena de muerte. Éste grabado iustra el libro de Vicente Riva Palacios y Manuel Payno. Op. Cit. P. 243. <http://www.amnistiacatalunya.org/edu/3/pm2/anonimo-m.carvajal.html>

México y la inmigración extranjera.

Ana Portnoy

La inmigración extranjera a México desde mediados del siglo XIX hasta la fecha ha estado sujeta a la política de población de los gobiernos que rigen la vida nacional. Cabe recordar que durante el período colonial la metrópoli a través de la Casa de Contratación de Sevilla reguló el flujo de inmigrantes, todos ellos peninsulares.

Después de la independencia, a pesar de diversas iniciativas por atraer inmigrantes europeos para que colonizasen tierras y trajeran consigo recursos o tecnología para el desarrollo económico, la inestabilidad política, las asonadas y la inseguridad impidieron que esos planes se concretaran, llegando a México más bien aventureros que buscaban una fortuna rápida y sin intenciones de establecerse definitivamente.

Durante el Segundo Imperio, 1861-1867, además del ejército francés que contó con soldados de la patria de Carlota, muchos individuos procedentes de Austria, Francia y Bélgica acompañaron al emperador Maximiliano y se asentaron en el país, dedicándose al comercio, a la representación de la banca y como agentes de empresas europeas. Después de la muerte de Maximiliano y el restablecimiento de la República en 1867, y aunque el gobierno de Juárez garantizó la libertad religiosa y respeto a las garantías individuales, la mayoría de los europeos abandonaron el país. En el estado de Nuevo León se atribuye a esta presencia extranjera la fisonomía de los habitantes de algunos municipios, como sería el de Santiago, rubios de ojos “borrados” –claros-.

Durante el Porfiriato (1877-1911) se mantuvo una política de puertas abiertas a la inmigración procedente de Europa, bajo los conceptos de fomento a la inversión extranjera, poblamiento de baldíos y mejoramiento de la raza del maíz a través de un nuevo mestizaje, que tenía como paradigmas los principios del Positivismo y su concepción orgánica de la sociedad así como los postulados del darwinismo social. Así, se inició una nueva inmigración extranjera a nuestro país. El periódico editado por el liberal Francisco Rivas Puigcerver, la Luz del Sábado,  invitó a la inmigración de sefaraditas del imperio otomano a México pues era un “país que florecía a la sombra del árbol de la libertad”. La política de inmigración incluyó exenciones de impuestos, transportes y agua gratuitos con tal de atraer extranjeros dispuestos a contribuir al progreso de la patria y a procrear una nueva generación de mexicanos.

Al país arribaron alemanes, franceses, españoles, sirios, chinos, estadounidenses, ingleses que se afincaron en las principales ciudades así como en pequeñas poblaciones de provincia, acogiéndose a la política de fomento industrial y colonización de tierras. Muchos de ellos abandonaron México con la Revolución.

 A inicio de los años 1920 se permitió nuevamente la inmigración irrestricta, sobre todo ante la necesidad de inversión de capital para iniciar la recuperación económica del país (recordemos la destrucción que trajo consigo la guerra civil, así como la pérdida de 1/9 parte de la población) y con esperanzas de una nueva colonización agraria con los implementos tecnológicos motores del progreso.

Pero, ante la implantación por parte del congreso norteamericano en 1921 de una política de inmigración limitada a cuotas nacionales,  cinco años después México empezó a imponer restricciones a la política de puertas abiertas que había mantenido desde el Porfiriato previniendo la llegada de varios miles de extranjeros cuyo objetivo original era inmigrar a Estados Unidos.

El 8 de julio de 1927 se dictó una ley para restringir la llegada de negros, indobritánicos, sirios, libaneses, armenios, palestinos, árabes, turcos y chinos –entre quienes estaban incluidos individuos de religión judía-, basado en criterios sobre su capacidad de asimilación y mestizaje así como para proteger el empleo de los mexicanos de una competencia considerada desleal en manos de extranjeros. Además, se quería evitar que los inmigrantes solicitaran su naturalización para tener derecho a emigrar a Estados Unidos pues la legislación estadounidense había establecido que cinco años después de obtener la residencia en cualquier país del Hemisferio Occidental el inmigrante podría volver a solicitar  nuevamente una visa.

En 1930 una nueva ley de inmigración estableció que consideraciones de beneficio público deberían regular la política de población y que los nuevos inmigrantes debían hacer constatar que poseían capacidades de asimilación así como avalar sus posibilidades económicas depositando una fianza. Al año siguiente, en la Segunda Convención Nacional de Migración, se votó por la prohibición absoluta de inmigración debido a la crisis económica que enfrentaba el país derivada de la caída de la Bolsa de Valores de Wall Street y que había provocado la repatriación de miles de braceros. De esta convención se estableció el Reglamento de Migración que en primera instancia limitó el derecho de entrada y salida del territorio nacional y en particular sujetó la entrada de extranjeros a México a su facilidad de asimilación.

En 1934 se prorrogó por tiempo indefinido la prohibición de inmigración a quienes carecieran menos de 10,000 pesos para avalar su capacidad económica, exceptuando a los técnicos aprobados por la Secretaría de Economía y los inversionistas de empresas agrícolas o industriales con un capital mínimo de $20,000, prohibiéndose que radicando en el país se dedicaran a actividades comerciales.

La inmigración al país se cerró, de manera definitiva en 1936 con la nueva Ley de Población del gobierno de Lázaro Cárdenas, sustentando criterios raciales y culturales decidiéndose que el aumento de población se obtendría por crecimiento natural.

Sin embargo desde los años 1930 hasta la historia reciente se han hecho algunas excepciones a la política de puertas cerradas, como en el caso de la Guerra Civil Española, asilos políticos como León Trosky, a varios cientos de  sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial que ya tenían familiares en el país, exiliados cubanos en los años 1960 y asilados chilenos y argentinos en las décadas de 1970 y 1980.

¿Con melón o con sandía? ¿Como China o como India?

Hace pocos años el reconocido editorialista del New York Times Thomas Friedman escribió sobre los distintos dilemas de desarrollo que enfrenta América Latina en el 2011 –Latin America’s Choice en The New York Times,  Junio 21, 2006- .

Durante décadas se ha considerado como  retos fundamentales  para toda la región acortar la brecha que separa a ricos de pobres, combatir la corrupción que es un mal endémico en todos los países, incrementar la gobernabilidad y acabar con el narcotráfico.

Sin embargo, para Friedman los retos se reducen a decidir si la región pretender ser proveedora de materias prima para China o bien, tomar el ejemplo de la India que le ha dado énfasis al desarrollo de su capital humano.

Según este editorialista, América Latina se ha caracterizado por sacarle más provecho a sus recursos que a sus habitantes.  Por ello, el gran mercado chino y la necesidad voraz que éste tiene de materias primas se han convertido en una oportunidad para exportar insumos: petróleo, soya, hierro, carne, pescados y madera, entre otros productos.

De estas oportunidades algunos países latinoamericanos se han aprovechado más que otros, como Brasil que entre enero y septiembre del 2005 aumentó en un 28.67% sus exportaciones  a ese país, o como Perú, que a pesar de su baja industrialización tuvo ese año un crecimiento de un 5%  por sus ventas a oriente.

Sin embargo, para China América Latina no sólo es un gran proveedor de insumos, sino que, simultáneamente, toda la región se ha convertido en el gran mercado de sus productos que son relativamente baratos y que ponen al alcance de poblaciones con ingresos muy bajos bienes de consumo masivo como ropa, zapatos, juguetes y herramientas. Brasil, en esos mismos 9 meses, aumentó sus importaciones chinas en un 73.83 %. Estas importaciones afectan a las industrias nacionales especialmente por sus bajos precios, por la piratería y por su introducción, en muchas instancias ilegal.

Por lo tanto, tenemos que preguntarnos si queremos seguir siendo productores de materias primas que en el mercado internacional tienen un precio bajo y consumidores de productos chinos.

Para Friedman, los países que se hacen adictos a vender sus recursos naturales raramente desarrollan sus recursos humanos a través de instituciones educativas y compañías innovadoras. Una vez que se agotan los insumos, la población se empobrece más.

La segunda opción es tomar el modelo de la India y el énfasis que ese país ha dado a la educación, especialmente en el área de computación y de ciencias, resaltando en el eficiente dominio del inglés y facilitando los procedimientos y la legislación para establecer industrias nuevas e innovadoras que hacen negocios a nivel global. India es considerada hoy en día el nuevo valle del silicón.

El caso con el que Thomas Friedman ejemplificó su análisis es el de una empresa computacional en Uruguay que en 2005 contaba con 550 programadores uruguayos entrenados y dirigidos por ingenieros indios que escribían los códigos y administraban los sistemas computacionales para compañías en toda América latina.

Su propuesta ha sido enfatizar en modelos educativos innovadores capaces de responder a los retos del desarrollo de manera creativa e innovadora, con un sistema educativo que tenga una cobertura masiva y que inicie a edades más tempranas.

Al mismo tiempo, debe haber un estímulo a la invención y creación, promoción de la propiedad intelectual y la innovación tecnológica, así como una reforma legislativa.

Como conclusión de su artículo Thomas Friedman estableció que la elección de Latinoamérica no tiene que ser entre los modelos capitalistas de Occidente, ya sea el estado de bienestar social europeo o el modelo hiper-competitivo de Estados Unidos, sino entre los modelos de la India que enfatiza en el desarrollo de sus recursos humanos o China y el síndrome basado en la venta de recursos naturales que no mejora las condiciones de vida ni las expectativas económicas de la región.

Sobre la presencia judía en Monterrey

Ana Portnoy

A Eliezer Portnoy z”l

1. El período colonial

Desde el momento mismo del descubrimiento de América en 1492, la presencia de criptojudíos fue un fenómeno en la Hispanoamérica colonial. Ese mismo año, una vez que los Reyes Católicos culminaron con el proceso de reconquista del territorio ibérico de manos musulmanas, decretaron la expulsión de todos los judíos que no aceptaran el bautismo. Se ha calculado que la mitad de los hispano-judíos, alrededor de 300,000 optaron por la conversión al catolicismo, de los cuales muchos mantuvieron la práctica del judaísmo en secreto. El objetivo de la Inquisición fue persuadirlos, por medio de edictos, procesos, juicios, condenas físicas e incluso el riesgo de morir ajusticiados si eran pertinaces, a volver a la senda de la Iglesia. El auto de fe se convirtió en un espectáculo público en el que participaron autoridades civiles y eclesiásticas, así como el pueblo llano. El estigma que se imponía a los familiares de los procesados les persiguió y marginó socialmente a través de varias generaciones.

Pretendiendo conservar su fe judaica sin riesgos para sus vidas, muchos de estos cristianos nuevos que secretamente pretendieron cumplir con los preceptos de la Ley de Moisés buscaron la manera de llegar al Nuevo Mundo, a pesar de las expresas prohibiciones a su inmigración a las colonias hispanoamericanas, considerando que en estas tierras encontrarían un clima de libertad religiosa por la lejanía con la metrópoli. Sin embargo, como cristianos bautizados, por sus prácticas judaicas, su persistencia en conservar ritos y creencias y su rechazo a la nueva fe fueron considerados herejes. Para castigar su desvío de la enseñanza de la iglesia y para  evitar la influencia que pudieran tener entre los indígenas, almas recién evangelizadas, se estableció en México el Tribunal del Santo Oficio en 1526 y el aparato inquisitorial en 1571.

El primer procesado y ajusticiado por el Santo Oficio en el quemadero de Santiago de Tlateloco en 1528 fue Hernando Alonso, conquistador que participó en la toma de Tenochtitlan. Y a pesar del riesgo de caer en manos de la Inquisición los criptojudíos españoles y portugueses buscaron la manera de llegar al Nuevo Mundo, pues consideraron que la gran extensión territorial de las colonias, como la Nueva España o los virreinatos en América del Sur así como los territorios ignotos  les permitiría practicar su judaísmo con seguridad.

De todos los procesos inquisitoriales llevados a cabo contra criptojudíos en la Nueva España, el de la familia del gobernador Luis de Carvajal y de la Cueva es el más conocido, tanto por las capitulaciones que otorgaron a un descendiente de cristianos nuevos el gobierno de una inmensa extensión territorial como fue el Nuevo Reino de León así como por la prebenda de nombrar a su sucesor en el cargo. Con el nombramiento como gobernador, el rey Felipe II otorgó a Luis de Carvajal la facultad para conducir a cien personas al reino que iba a poblar y pacificar, individuos que saldrían de España sin necesidad de demostrar que eran cristianos viejos –es decir  que podían probar su ‘pureza de sangre’, fieles a la Iglesia por generaciones-  o que no procedían de linaje de judíos o moros recién convertidos.

El gobernador, ignorante de las creencias religiosas de la familia de su hermana Francisca, decidió traer consigo en 1580 a ésta, a su marido y a sus hijos, nombrando a Luis, su sobrino predilecto y homónimo, heredero del reino puesto que no tenía hijos propios. En América, Luis de Carvajal ‘el Mozo’ se entregó por completo a la fe judaica, interpretando en todos los sucesos de su vida cotidiana la presencia y protección del Dios de Israel e intentando cumplir con el mayor número de preceptos religiosos. Cuando tenía 18 años murió su padre, quien fue inhumado de acuerdo a las costumbres judías y el joven asumió el cargo de jefe de familia.

El gobernador se enteró de la vida secreta de sus familiares al intentar su sobrina Isabel atraerlo al judaísmo. Constató sus sospechas al averiguar cómo había sido enterrado su cuñado y reescribió su testamento, desheredando a Luis ‘el Mozo’. Sin embargo, no delató a sus familiares ante la Inquisición, lo que constituía un delito contra la fe católica. Cuando en 1588 se enfrentó,  en un litigo de límites territoriales, con el marqués de Villamanrique, virrey de la Nueva España,  se descubrió que los parientes del gobernador eran cristianos nuevos judaizantes. Denunciada ante la Inquisición, toda la familia fue detenida un año después, acusándose a Don Luis de haber recibido, favorecido y encubierto a apóstatas judaizantes, si bien no se pudo comprobar que él mismo realizara esas prácticas.

En el auto de fe que se realizó en 1590 en la ciudad de México, se condenó al gobernador a un año de cárcel y al destierro, se quemó la efigie de su cuñado Francisco Rodríguez de Matos al tiempo que el resto de su familia abjuró de sus prácticas judaicas, confiscándoseles todos sus bienes y recibiendo penitencia espiritual. El joven Luis quedó inicialmente bajo custodia de Fray Mateo García en el Hospital de Convalecientes y luego en el hospital del convento-colegio de Santiago Tlaltelolco, donde enseñó gramática y latín a los indígenas y fue el escribano del administrador. Gracias a este cargo tuvo acceso a la biblioteca del convento, lo que le permitió ampliar sus conocimientos del Viejo Testamento y escribir su autobiografía, en la que declaró su apego al judaísmo, religión que practicó con mayor brío a partir de ser perdonado. El gobernador Luis de Carvajal y de la Cueva  falleció en las cárceles inquisitoriales en 1591.

Cuatro años después toda la familia Carvajal fue aprehendida nuevamente por proseguir con sus prácticas judaicas. La pena por la reincidencia era la muerte, ya fuera a garrote vil (estrangulamiento) si se convertían al catolicismo o quemados vivos si se mantenían en su apostatía. En el Auto de Fe del 8 de diciembre de 1596 fueron ajusticiados Luis, su madre, sus hermanas Isabel, Catalina y Leonor, su amigo Manuel de Lucena, al igual que Diego Enríquez, Beatriz Enríquez y Manuel Díaz. De la familia Carvajal únicamente fue perdonada Ana, la hermana menor, quien fue procesada y muerta en el auto de fe que se llevó a cabo 52 años después.

De Luis de Carvajal el Mozo y su familia se puede resumir que su delito fue haber sido reconciliados en la fe cristiana en 1590 y, a pesar de su abjuración anterior, haber seguido guardando y cumpliendo la Ley de Moisés, sus ritos y sus ceremonias, sin aceptar con sinceridad el catolicismo.  Se les condenó por ser falsos cristianos, impenitentes y relapsos. Al ser llevado al patíbulo Luis dio muestras de arrepentimiento y besó la cruz, muriendo estrangulado y siendo su cuerpo quemado en la hoguera, aunque se tienen dudas sobre la sinceridad de su conversión final, puesto que su temor a la tortura y al dolor eran bien conocidos. Su historia es uno de los episodios más estudiados sobre la presencia criptojudía en Hispanoamérica en la época colonial y el que mayor difusión ha tenido.

El número de procesados por la Inquisición novohispana en los tres siglos del período colonial se ha calculado alrededor de las tres mil personas.  Tanto por la prohibición de sus creencias y prácticas religiosas, por el temor a la persecución y muerte en manos del Santo Oficio, la falta de dirigentes religiosos y la estigmatización sobre los descendientes de procesados, para el siglo XVIII cesó la práctica secreta del judaísmo entre los novohispanos descendientes de conversos, quienes se asimilaron a la sociedad mayoritaria quedando de ellos los registros de los procesos inquisitoriales albergados actualmente en el ramo de Inquisición en el Archivo General de la Nación, así como filiaciones familiares o costumbres a las que se atribuye un origen hispanojudío –sefaradita– tanto en el noreste de México como en el sur de Estados Unidos y que hasta la fecha son objeto de estudio por parte de investigadores nacionales y extranjeros.

2. En la Modernidad.

En México después de la independencia, la población extranjera fue muy reducida, a pesar de los esfuerzos de los gobiernos nacionales por atraer extranjeros para colonizar y poblar al país, política promovida también por todos los países americanos. La inestabilidad política de México durante la primera mitad del siglo XIX atrajo, en muchos casos, a individuos que se establecieron temporalmente en México. En los municipios neoleoneses hubo algunos españoles, árabes y norteamericanos, contados chinos e italianos y, de aquellos que se establecieron definitivamente en la región, la mayoría se concentró en Monterrey, atraídos por la incipiente industrialización y las oportunidades comerciales, sobre todo durante la segunda mitad del siglo. A partir de 1860 hay apenas cuatro o cinco menciones de individuos de los que sus apellidos podrían indicar que fueron judíos. Para 1890 sólo Gustavo Levy originario de Alemania estableció raíces definitivas en Monterrey conservando sus descendientes el recuerdo de su origen. Otros, como  Samuel Lederer procedente de Hungría y Daniel Guggenheim de Estados Unidos establecieron empresas mineras gracias a la política de fomento del gobierno porfirista. Con el inicio de la Revolución mexicana, el grueso de los extranjeros establecidos en México abandonaron el país.

Sin embargo, a pesar de la guerra civil, dos de los inmigrantes judíos que fincaron las bases para la formación de la contemporánea comunidad israelita de Monterrey llegaron en esa época. De Jacobo Saffir hay evidencias que en 1911 ya se encontraba en el país y Jacobo Lederbaum llegó en 1916. Antes de 1920 ambos ya estaban establecidos en Monterrey, el primero de ellos con su esposa y cinco hijos.

Y si en el período colonial la intolerancia religiosa europea expulsó a miles de individuos en busca de horizontes que les permitieran la práctica de su religión, en el siglo XX la inestabilidad política y económica ocasionadas por la Primera Guerra Mundial así como la discriminación e intolerancia a las minorías provocó una nueva emigración a América de cientos de miles de europeos y de individuos del Cercano oriente. Para el grueso de ellos Estados Unidos era la nueva tierra de promisión, con oportunidades de libertad personal y de progreso económico.

Sin embargo, después de recibir a más de 34 millones de migrantes entre 1842 y 1917, el gobierno norteamericano estableció un sistema de cuotas de procedencia nacional que canalizó a miles de personas a todos los confines del Hemisferio Occidental, puesto que en la nueva legislación se permitiría la entrada a Estados Unidos a aquellos extranjeros que hubieran radicado durante cinco años en cualquier país americano.

Así, varias decenas de miles de extranjeros se establecieron en México, país que mantuvo una política de puertas abiertas a la inmigración hasta finales de la década de 1920. Alemanes, italianos, japoneses, chinos, húngaros, ingleses, palestinos, libaneses, sirios, polacos, lituanos, rusos, cubanos llegaron al país y se establecieron a lo largo y ancho de México. En el Registro de Extranjeros que llevó a cabo el municipio de Monterrey en 1932, más de cinco mil extranjeros vivían en la ciudad, siendo 250 de ellos de religión judía.

La oleada inmigratoria judía a México procedente de Europa en esa década provino de países que se enfrentaban a crisis políticas y económicas provocadas por el fin de la Gran Guerra, el surgimiento de nuevas naciones, el desempleo, la falta de capacidad de la industria para absorber a los trabajadores y la falta de tierra. El nacionalismo extremo provocó acciones antisemitas y las condiciones de vida para los judíos fueron especialmente desesperadas en Europa Oriental, aún antes del ascenso de Hitler al poder en Alemania. Se establecieron impuestos discriminatorios en su contra, se realizaron boicots a su actividad económica, destrucción de sus propiedades y programas de exclusión promovidos por los gobiernos mismos. Tal fue la situación en Polonia, Rumania, Hungría, Latvia y Lituania, que dejó a la población judía como única alternativa la emigración.

Los judíos que arribaron al noreste del país en los años 1920 y 1930 eran en su mayoría inmigrantes de origen europeo oriental, sobre todo de Lituania, Polonia y Rusia, en donde se habían enfrentado a medidas antisemitas, discriminación y persecución. Y si bien hubo una presencia judía en Monclova, Piedras Negras, Saltillo, Villa Acuña, Nuevo Laredo, Torreón, Villa Frontera, Nueva Rosita, Matamoros, Reynosa, Tampico y Linares,  con el transcurso del tiempo los judíos de los poblados más pequeños que tuvieron interés en mantener su práctica religiosa emigraron hacia poblaciones en donde se hubieran establecido comunidades organizadas, como fue el caso de Monterrey, o bien a la ciudad de México.

Para 1924 alrededor de 30 jóvenes solteros y seis familias nucleares judías vivían en Monterrey y se abocaron a establecer una comunidad estructurada que brindara servicios religiosos y actividades recreativas y educativas. Una de las primeras instancias fue la apertura de una biblioteca que contó con una cincuentena de libros y periódicos en yidish –idioma de los judíos europeos derivado del alemán-. Para 1925 estableció el Club Social Hatikva –Esperanza en hebreo- que inició sus labores en diciembre de ese año alquilando un local en las calles de Isaac Garza y Zaragoza y que se convirtió en el centro de la vida judía en Monterrey. Sus servicios incluyeron clases de español para los nuevos inmigrantes, actividades culturales y recreativas y programas de estudio vespertino con contenidos judaicos para los niños que acudían a las escuelas de la localidad – especialmente la enseñanza del idioma yidish. Este esfuerzo educativo condujo al establecimiento del Colegio Hatikva (hoy Nuevo Colegio Israelita de Monterrey) en 1935.

A partir de 1936 una vez que el gobierno promulgó la nueva Ley de Población que cerró las puertas a la inmigración, el número de extranjeros que llegó al país se redujo considerablemente –si bien notable excepción fue la recepción de refugiados republicanos españoles-. Sólo familiares directos de aquellos judíos que ya tenían la residencia mexicana y pocos sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial llegaron a México y de éstos unos cuántos a Monterrey. En 1944 arribó el rabino Moisés Kaiman quien ha sido, hasta la fecha, el dirigente religioso de la comunidad israelita regiomontana.

Los inmigrantes extranjeros que llegaron a Monterrey se establecieron en vecindades y rentaron cuartos en el centro de la ciudad, en ocasiones arriba de negocios en donde se empleaban. El residir en el mismo barrio permitió a los recién llegados tanto comunicarse en su idioma materno como encontrar seguridad emocional, ayuda económica,  identidad y sentido de pertenencia en tanto se adaptaban a su nueva patria. Paulatinamente, algunos de los inmigrantes establecieron, al igual que los judíos, centros sociales propios, perdurando hasta nuestros días los clubes Alemán y Palestino-Libanés.

En los años 1940, conforme se urbanizó el poniente de la ciudad, las familias judías se establecieron en la colonia Vista Hermosa, en donde se construyó en la siguiente década el edificio que alberga tanto a la escuela como a la sinagoga y al club deportivo-social que hoy constituyen el Centro Israelita de Monterrey, A.C.

La comunidad judía está formada actualmente por alrededor de 120 familias, es decir, aproximadamente 500 personas, en su mayoría descendientes de aquellos inmigrantes que arribaron hace 80 años. Cuenta con los servicios religiosos propios, un cementerio en la colonia San Jorge y un colegio incorporado a la SEP que imparte los grados escolares de jardín de niños hasta tercero de secundaria. Y al igual que los demás descendientes de inmigrantes extranjeros que llegaron a la ciudad el siglo pasado, los miembros de la comunidad israelita están plenamente integrados a la vida económica, social y cultural de Monterrey, considerándose orgullosamente regiomontanos.

Las invasiones bárbaras en la historia de Europa

Ana Portnoy

En cada momento de la historia, los pueblos que vivieron en los límites de la civilización, con hábitos e idiomas distintos fueron considerados incivilizados, salvajes y violentos, dispuestos a acabar con los progresos y beneficios de la vida en esa sociedad.

Los griegos consideraron bárbaros a todos los pueblos no helenos y los romanos, que intentaron conquistar territorios que habitaron diversos pueblos, los que consideraron casi como animales salvajes, antropófagos y con poderes infernales en el campo de batalla.

Los bárbaros fueron, sin embargo, los extranjeros, que en muchos casos influyeron en la gestación de la cultura clásica, o que pretendieron inmigrar o conquistar a las grandes civilizaciones con la que colindaban o con las que competían por mercados, finalmente fundando nuevas culturas al fusionarse con sus antiguos enemigos.

Las tribus que terminaron con el Imperio Romano de Occidente en el siglo V dC. ya moraban en Europa mil quinientos años antes. También controlaron regiones en Asia y en África y fueron pueblos con un gran poderío militar, una desarrollada organización política y habilidades diplomáticas.

Fue tal su poderío que Julio César decidió no intentar la conquista de Germania y establecer una frontera definitiva con ellos.

Estos pueblos bárbaros –vándalos, alanos, suelvos, francos, godos, ostrogodos, visigodos- tuvieron una estructura social y económica que los mantuvo unidos y les permitió subsistir. No llegaron a ser romanizados y mantuvieron sus tradiciones e idiomas.

Los pueblos godos, nómadas procedentes de Polonia que se desplazaron hacia el sureste de Europa, presionaron a los romanos que lograron contenerlos.

Los visigodos lograron derrotar al emperador Valente en el año 378, aunque el imperio romano de Occidente logró sobrevivir 98 años más.

Las tensiones entre romanos y bárbaros fueron inevitables. Sin embargo, los invasores no pretendieron repartirse el imperio, más bien empezó una forzada convivencia entre ellos.

Muchos de ellos se integraron al ejército y a la administración romanos y gran cantidad de godos sirvieron como soldados mercenarios, aprendiendo así el latín y los modos y costumbres latinos.

Sin embargo, la llegada de los hunos acabaría siendo catastrófica para el imperio. Procedentes de Asia, eran jinetes implacables que arrasaban con los territorios conquistados. Se enfrentaron a los visigodos a los que arrojaron al Oeste de Europa.

A mediados del siglo V su caudillo Atila mantuvo en jaque a los romanos, llegando con sus ejércitos a las puertas de Roma. Finalmente en 476 otro pueblo bárbaro, los herúlos, depusieron al último emperador, Rómulo Augusto.

Los pueblos invasores se repartieron el gran botín que representó el imperio romano occidental. Los visigodos se asentaron en España y los ostrogodos en Italia. Con este repartimiento de tierras y con su conversión al cristianismo inició la Edad Media. Por lo tanto, en el origen de los estados europeos actuales están subsumidos los pueblos extranjeros que terminaron con la hegemonía romana.

Durante la Edad Media, otros pueblos considerados también bárbaros amenazaron a Europa. Nuevamente la guerra y los saqueos fueron su forma de vida, como fue el caso de los vikingos del norte, grandes navegantes que zarparon de Escandinavia entre los siglos VIII y XI y llegaron hasta el Mar Negro y las costas de Norteamérica. En muchas ocasiones, sus invasiones fueron en realidad movimientos de migración y en el siglo X se establecieron en las cosas del noroeste de Francia, cristianizándose y pasando a la historia como normandos. El nombre de la región perdura hasta la fecha.

Otros invasores fueron los mongoles, potente coalición de tribus cuyo caudillo fue Genghis Kahn. El imperio mongol abarcó China y Rusia y llegaron a invadir Europa y el Cercano Oriente. Con un ejército muy disciplinado y despiadado, el poder de la Horda de Oro se mantuvo durante más de dos siglos. Su crueldad fue legendaria: en el año 1221 masacraron en pocos días a más de un millón y medio de civiles de la ciudad persa de Nishapur construyendo con las cabezas de sus víctimas varias pirámides. La catedral de San Basilio en el Kremlin ruso conmemora la derrota definitiva de los mongoles a manos de Iván IV a mediados del siglo XVI.

La historia de los bárbaros es, por ello, fundamental para entender la historia de Europa, especialmente el establecimiento de pequeños estados cuyas fronteras actuales, en muchos casos, corresponden con los antiguos límites entre las tribus.

Tal vez de esas remotas experiencias perdure el miedo al extranjero y los procesos de aculturación y de integración muchas veces forzados han sido una constante en la historia de la humanidad.

Fuentes de las imágenes:

Tania Abraham. Moscú Rojo en Revista espacial.org. <http://www.espacial.org/miscelaneas/sociedad/moscu1.htm&gt;

Antonio García Sánchez. Ego Roma. El imperio romano. <http://roma-mardecastilla.blogspot.com/2008/02/el-imperio-romano-crisis-y-cada.html&gt;

Mundo historia. Imperio Mongol, porque no todo  fue guerra y muerte.  <http://www.mundohistoria.org/blog/articulos_web/imperio-mongol-porque-no-todo-fue-guerra-muerte&gt;

Wikimedia Commons tomado de Ewan ar Born file:Grandes invasions Empire romainfr.svg. <http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Invasiones_bárbaras_Imperio_romano-es.svg&gt;

 

Pan de miel

De acuerdo a la leyenda griega, en los tiempos antiguos los hombres de la Edad de Oro se alimentaban exclusivamente de la miel producida por las abejas. Zeus niño, escondido en Creta, creció comiéndola. Desde el inicio de los tiempos, la humanidad ha disfrutado y se ha beneficiado por su consumo.

La miel fue uno de los primeros alimentos recolectados por el hombre prehistórico y se le dio el simbolismo de abundancia y bienestar. Textos antiguos de diversas culturas ensalzan sus virtudes, El autor del Atharva Veda hindú solicita a «Asvins, señor de la luminosidad, úngeme con la miel de abeja, para que pueda dirigir con fortaleza mis palabras entre los hombres». El romano Virgilio en el libro IV de las Geórgicas escribe sobre «el regalo celestial de la miel». Y los indios cheyennes en su mito de la creación cuentan que «los primeros hombres se alimentaron de miel y de frutas silvestres y nunca padecieron hambre».

Antes de la aparición del hombre, osos y primates buscaron las colmenas y algunas especies de monos descubrieron que con una ramita podían obtenerla sin arriesgarse a un ataque por parte de las abejas.


A través del arte rupestre se puede saber cómo recolectaba el hombre prehistórico  la miel. Hace 12,000 años, en la Cueva de la Araña en Valencia, el artista  aprovechó un hueco en la roca y pintó a un hombre suspendido por cuerdas metiendo su mano en la grieta para tomar su tesoro dorado y depositarlo en un cesto mientras las abejas revolotean a su alrededor. Pinturas similares se han encontrado en Sudáfrica, en Zimbabwe y en la India.

La poderosa atracción de la miel obligó al hombre a esforzarse por obtenerla inventando medios para alcanzarla protegiéndose de las abejas  así como creando recipientes para almacenarla y transportarla.

Este maravilloso producto no sólo es un endulzante natural sino que también tiene propiedades preservativas y curativas y por ello se le han dado valores mágicos. La miel ya se utilizó en la gastronomía y en la ritualidad egipcias, en los banquetes griegos y en la cocina romana, incluyéndola Apicio en la receta de una  salsa de pescado.

Las primeras menciones de pan de miel -o pan de especias o de gengibre- datan del siglo XVII aunque su preparación fue muy anterior. Los chinos en el siglo X inventaron el pan de miel al que llamaron mi-king. Trescientos años después la corte de Gengis Kahn lo disfrutó y lo difundió hacia el Occidente llegando a los turcos y a los  árabes en Medio Oriente en donde europeos que llegaban como peregrinos a Tierra Santa lo probaron y lo llamaron panis mellitus. Algunos cruzados perdidos en las marismas rumanas dependieron de él para poder sobrevivir.

Con el paso del tiempo se le fueron agregando especias -canela, clavo, anis, gengibre y/o nuez moscada-. Se dice que Catalina de Medici incluía ciertos tipos de veneno en su preparación para deshacerse de sus enemigos, aunque tal vez esta anécdota pretenda explicar porqué su corte sufrió de cólicos una vez que se sirvió a todos.

Hasta hoy en día el pan de miel, o de especies, es el manjar característico de algunas regiones -Dijon, Reims, Paris- o de algunas festividades -pan de gengibre en Navidad-.

Fuente: Maguelonne Toussaint-Samat. History of Food. New York: Barnes&Noble Books. 1992.

Honik Lekaj (pan de miel para el Año Nuevo judío).

Precalentar el horno a 170 grados centígrados.

5 huevos enteros

1 taza de aceite (no de oliva)

1 taza de miel

1 taza de jugo de naranja

1 taza de café fuerte

1 3/4 taza de azúcar

4 tazas de harina cernida

2 cucharaditas de bicarbonato de sodio

Batir los huevos con el azúcar y alternar los ingredientes líquidos con la harina. Al final se agrega el bicarbonato.

Al gusto, se pueden agregar pasitas, nueces, clavo, canela, fruta cristalizada o mermelada de fresa o de naranja.

En un molde rectangular grande se pone una hoja de papel encerado, se engrasa y enharina y se vierte la masa. Hornear hasta que el pan esté firme y salga seco el palillo con el que se revise la cocción.

 

La Sociedad de Naciones

Con la derrota de Alemania y sus aliados en 1918 y al momento de establecer las condiciones para los tratados de paz, una preocupación central después de la experiencia de la Gran Guerra, la primera guerra total que presenció la humanidad y que tuvo un costo humano de más de 30 millones de muertos, fue la necesidad de garantizar la paz y evitar un nuevo cataclismo de esas dimensiones.

Como antecedente de un organismo internacional que dirimiera las diferencias entre naciones ya se tenían organizaciones formales como la Unión Telegráfica Internacional de 1865, la Unión Postal Universal de 1874, la Cruz Roja, la Conferencia de la Haya y su Corte permanente de Arbitraje.  Al finalizar la Primera Guerra Mundial, varios políticos y pacifistas propusieron una sociedad de naciones, idea incorporada por el presidente norteamericano Woodrow Wilson como uno de sus Catorce Puntos para alcanzar la paz y la justicia con Alemania y sus aliados.

Wilson se convirtió en el gran promotor de este organismo en las conferencias para la paz que se llevaron a cabo en Paris en 1919 y el Convenio que establecía la Liga de Naciones también se incluyó en los tratados firmados con las otras naciones derrotadas, Hungría, Austria, Bulgaria y Turquía.

El Convenio de la Liga de Naciones contaba con 26 artículos. Del 1o. al 7o. se establecía su forma de organización, con una Asamblea compuesta por representantes de todas las naciones miembros, un Consejo en el que participaban de manera permanente los grandes poderes y otros cuatro miembros no permanentes y un Secretariado.  Tanto la Asamblea como el Consejo tenían facultades para “discutir cualquier asunto en la esfera de acción de la Liga o que afectaran la paz mundial”.

Los artículos 8 y 9 reconocían la necesidad del desarme y el establecimiento de comisiones militares, el artículo 10 fue el intento de garantizar la integridad territorial y la independencia política de los miembros en el caso de una agresión y los artículos 11 al 17 establecían una Corte Permanente de Justicia Internacional para arbitrar y conciliar, así como sancionar, a los agresores. El resto de los artículos concernían a tratados, mandatos coloniales, cooperación internacional en proyectos humanitarios y las enmiendas del Convenio. Ginebra se convirtió en la sede de la organización.

Los miembros originales fueron los países victoriosos y la mayoría de los países neutrales. Estados Unidos, su gran promotor, sin embargo nunca ratificó el Tratado de Versalles ni se integró como miembro pues Wilson no fue reelecto en 1919,  lo que pronosticó la debilidad de la Liga. En los siguientes años se adhirieron Bulgaria y Austria (1920),  Hungría (1922), Alemania (1926), Turquía (1932). México se incorporó a la Liga hasta 1931 y la URSS en 1934.

Este organismo tuvo éxito en la resolución de conflictos, especialmente entre países pequeños y sin una gran tecnología bélica. Sus intentos por detener a los regímenes dictatoriales o totalitarios, sin embargo, fue un fracaso, especialmente ante las ambiciones territoriales de Japón, Italia y, especialmente, Alemania en los años 1930.

Uno de los primeros éxitos de la Sociedad fue la resolución de un conflicto limítrofe entre Suecia y Finlandia, en 1921, la garantía de la seguridad de Albania en ese mismo año, el rescate de Austria del desastre económico en 1922, la división de la Alta Silesia y la prevención del estallido de una nueva guerra en los Balcanes entre Grecia y Bulgaria en 1925. Además, la Liga brindó considerable ayuda a refugiados, contribuyó a la supresión de la trata de blancas y el tráfico del opio y realizó  investigaciones pioneras en cuestión médica, extendiendo ayuda financiera a estados empobrecidos. También promovió la cooperación internacional en cuestiones laborales.

Sin embargo no pudo evitar la guerra del Chacó entre Bolivia y Paraguay, entre 1932 y 1935 y la conferencia de Desarme en 1933 no alcanzó a frenar la militarización cuando la Alemania de Hitler abandonó a la organización. Tampoco pudo prevenir el ataque de Italia a Etiopía en 1935, la guerra civil española y la intervención de Alemania e Italia a favor de la falange, la remilitarización de Alemania en 1936, la invasión japonesa a Manchurida un año después ni la anexión de Austria al Tercer Reich en 1938.

Estos notorios fracasos fueron coronados con la  invasión alemana a  Polonia el 1º. de septiembre de 1939 con lo que estalló la Segunda Guerra Mundial.

En 1940 el Secretariado de la Liga en Ginebra se redujo a un personal mínimo y algunos servicios técnicos se trasladaron a Estados Unidos y Canadá. ,comoalia a favor de la falange ase no pudo contenerlos ni prevenir la segunda guerra ciones territoriales de Japprtunidad de deÚnicamente la Organización Mundial del Trabajo prosiguió con sus funciones. Finalmente la Liga se disolvió y sus servicios y bienes inmuebles se traspasaron, en 1946, a la naciente Organización de Naciones Unidas que la sustituyó.

La importancia de la Liga radicó en que estableció el primer esquema de una organización internacional permanente del cual se modeló en gran parte las Naciones Unidas. Sus fracasos se debieron a la indiferencia de los grandes poderes que prefirieron reservar la resolución de los asuntos más importantes conforme a sus propias necesidades así como las consideraciones por la seguridad de sus imperios. La debilidad de origen de la organización no pudo contener las ambiciones de los estados del Eje ni prevenir la Segunda Guerra Mundial. Tal parece que estuviéramos hablando de la ONU hoy en día.

 

Reinterpretando la fiesta de Janucá

Ana Portnoy

En su conquista del mundo conocido, Alejandro Magno llegó a Jerusalén, capital del reino de Judea y bajo dominio persa. Registrada tanto en el Talmud como por Flavio Josefo, el historiador del siglo I, la historia cuenta que el rey macedonio fue  recibido por el Sumo Sacerdote por lo que la conquista de Jerusalén fue pacífica, respetando el conquistador tanto el sagrado templo como la religión y las costumbres judías. Como conmemoración, todos los primogénitos nacidos en esa época recibieron el nombre de Alejandro.

Al dividirse el imperio alejandrino a finales del siglo IV aC., Judea quedó en manos del reino ptolemáico -Egipto- durante más de un siglo. Sin embargo, en el año 198 fue conquistada por los seléucidas de Asia Menor quienes respetaron la disposición de Alejandro hasta que el rey Antíoco IV Epifanes se propuso la forzada conversión de los judíos a la religión griega erigiendo en el Templo de Jerusalén una estatua de Zeus y obligando a los sacerdotes israelitas a que le hicieran sacrificios al tiempo que prohibieron la circuncisión.

Contra estas disposiciones los Macabeos iniciaron una revuelta en el año 165 aC. que a pesar de la desventaja númerica triunfó logrando la independencia del reino de Judea. El pueblo judío conmemora con la festividad de Janucá este triunfo que restableció el culto monoteísta.

Las velas de la Janucá, un anhelo  para nuestros tiempos

 En la festividad que se lleva a cabo entre los meses de noviembre y diciembre  se utiliza un candelabro de ocho velas colocadas a la misma altura y una más alta , el Shamash, por medio de la cual se encenderán las demás recordando el milagro de un jarrito con aceite puro suficiente para iluminar el templo de Jerusalén durante un día pero que duró ocho, tiempo suficiente para elaborar más y purificar el templo. El primer día de la fiesta se enciende una vela, el segundo dos y así durante ocho días. Janucá significa reinauguración y se refiere a la nueva consagración del templo para el culto de Dios.

En los tiempos tumultuosos en los que vivimos, al encender las velas podemos darles un nuevo significado que expresen nuestro anhelo para que la luz despeje las tinieblas. De tal manera el Shamash es como un vigía, el faro que alumbrará a las otras.

La primera vela de las ocho representaría Briut, la salud, a través de la cual podemos disfrutar todos los demás dones que Dios nos concede: salud física y espiritual, salud personal y colectiva.

La segunda vela, Jerut, refiere a la libertad, agradeciendo que vivimos en un país libre en el que gozamos de libertades que otros pueblos tienen restringidas: libertad de pensamiento, libertad de asociación, libertad de cultos, libertad de expresión.

La tercera vela es Soblanut, respeto y tolerancia ante la diversidad, que nos recuerda las palabras del Benemérito de las Américas: “Entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Tzdaká, ayuda al prójimo, sería la cuarta vela. ¿Qué somos, si sólo somos para nosotros? Nos enriquece más el dar que el recibir, el compartir que el exigir. Dar ayuda material, pero también dar apoyo moral.

La quinta vela es Hakarat todá, gratitud, reconociendo que no vivimos solos ni que nos podemos sostener exclusivamente por y para nosotros mismos. Agradecemos al Creador por todas sus bendiciones y a quienes nos rodean por enriquecerlas con su presencia y compañía.

Ajdut, la sexta vela implicaría unión. Bien lo dice el salmista, “Hine ma tov umanaim, shevet ajim gam yajad” -Qué buena y que agradable la unión entre los hermanos-.

Shalom –paz-, la séptima vela. Paz personal y paz universal. Que éste sea nuestro deseo en conjunto.

La última vela: Tikvá, esperanza. En estos tiempos turbulentos que ella sea la luz que nos ilumine.