México
Curso «México en una nuez» impartido por el Mtro. Ponciano Murillo en el Auditorio del Museo de Historia Mexicana
Visitando Oaxaca
Como objetivo del curso “El esplendor oaxaqueño”, tercer módulo del programa “Un viaje por México” impartido en el Aula Juan XXIII visitamos la ciudad de Oaxaca y sus alrededores los últimos días del mes de mayo.
Nuestro itinerario contó con los excelentes servicios de la agencia de viajes Turismo Rey de Monterrey así como de MAC Events Oaxaca.
Apenas aterrizamos fuimos a comer al restaurant Casa Oaxaca, considerado uno de los mejores de la capital del estado, para una primera degustación de la gastronomía oaxaqueña.
Proseguimos con una visita guiada al Museo de las Culturas en el interior del Centro Cultural Santo Domingo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en donde se encuentran los tesoros de la Tumba número 7 de Monte Albán descubierta por Alfonso Casoen 1931 así como objetos litúrgicos virreinales y de Porfirio Díaz.
Aquí se encuentran también el Jardín Histórico Etnobotánico de Oaxaca, la Biblioteca «Fray Francisco de Burgoa» y la Hemeroteca Pública «Periodista Néstor Sánchez Hernández». Nos maravillamos ante el esplendor de la iglesia de Santo Domingo de Guzmán.
Frente al atrio de la iglesia se encuentra el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) en donde vimos obra gráfica del Maestro Francisco Toledo, con la suerte de encontrarnos con el artista.
Al día siguiente recorrimos la Ruta Mixteca visitando la zona arqueológica de Mitla. En Teotitlán del Valle conocimos al Mtro. Pantaleón Ruiz quien nos explicó el proceso de elaboración de textiles con fibras naturales teñidas e hiladas de acuerdo a la tradición ancestral. 
También visitamos la mezcalera Rey de Matatlán para conocer cómo se elabora esta bebida que ha cobrado popularidad internacionalmente. Para cerrar con broche de oro, por la noche tuvimos una función especial de la Guelaguetza con una rica cena en el hotel Quinta Real.
El segundo día fuimos al Centro de las Artes San Agustín (CASA), la antigua textilera de Etla convertida en importante centro cultural por el Mtro. Toledo. Tras una visita a las instalaciones continuamos nuestro paseo hacia el centro ceremonial zapoteca de Monte Albán.
Visitamos el convento de Cuilapam en donde fue fusilado el presidente Vicente Guerrero en 1831 y llegamos por la tarde a San Martín Tilcajete para conocer cómo se elaboran los alebrijes, los animales fantásticos tallados en madera de copal y que han sido expuestos en importantes museos de México y del extranjero.
Un paseo muy ilustrativo fue la ruta de los conventos dominicos en donde visitamos Yanhuitlán y Teposcolula, en donde pudimos observar el trabajo de recuperación y restauración.
Y por la tarde fuimos al taller del reconocido artista Fernando Andriacci. Admiramos sus esculturas y trabajos en cerámica, así como las esculturas monumentales.
El día de nuestro regreso a Monterrey todavía tuvimos tiempo de hacer una última visita a San Bartolo Coyotepec para aprender cómo se elaboran las vasijas de barro negro.
Los 50 viajeros nos dimos tiempo de visitar galerías de arte, cenar en varios de los muy recomendados restaurantes, ir al Mercado de Artesanías en donde adquirimos los hermosos vestidos y huipiles bordados a mano, quesillos y tlayudas así como los moles que le han dado fama internacional a esta región de nuestro país.
Visitar Oaxaca fue una experiencia inolvidable.
Curso «México en una nuez» segundo módulo en el Museo de Historia Mexicana
La Galería de pinturas de Castas Mexicanas en el Museo de Historia Mexicana reabre al público
Rodolfo Morales, su vida y su obra pictórica
Fuente: Lois Del Rey. Rodolfo Morales, creador de sueños y realidades. De la producción de Paola García Peña y Luis Méndez Martinez En You Tube: <https://www.youtube.com/watch?v=4OK8H91D0NM>
Ciclo de conferencias sobre literatura náhuatl en el Museo de Historia Mexicana
Curso sobre la cultura mexica en el Museo de Historia Mexicana
A través de la perspectiva de la historia del arte, etnohistoria, arqueología y
antropología física, los asistentes tendrán una visión general sobre el
expansionismo mexica, su organización social, su tecnología agrícola, su
cosmogonía y su religión.
A cargo de la arqueóloga Alejandra Aguirre Molina y el maestro Bertrand Lobjois.
El ladino, la patria sefaradita
Ana Portnoy
.
Myriam Moscona. Ansina. Editorial Vaso Roto. 2015.
Sefarad, España en lengua hebrea, es el término mencionado una sola vez en la Biblia, concretamente en el Libro del profeta Abdías 1:20:
La multitud de los deportados de Israel
ocupará Canaán hasta Sarepta,
y los deportados de Jerusalén que están en Sefarad
ocuparán las ciudades del Negueb.
Probablemente se refería a una región en el Cercano Oriente en tiempos de la primera diáspora, 586 aC.
Algunos exegetas relacionan a Sefarad con el término griego Hespérides[1] y sostienen que sería algún lugar mítico ubicado al poniente del Mediterráneo. Como topónimo Sefarad designó a la península ibérica a partir del siglo VIII, por lo que a los hispano-judíos se les denominó sefaraditas, a manera de distinguirlos de aquellos judíos que vivían en Ashkenaz, la Europa central y oriental.
Sefaradita es el descendiente de los expulsados de España por el Edicto promulgado por Fernando el Católico el 31 de marzo de 1492, una vez conquistada Granada, último bastión musulmán, tras más de 800 años de guerra de Reconquista. Pretendiendo la unificación territorial y política de su reino, la expulsión de aquellos que no aceptaron la conversión al catolicismo permitiría, se confiaba, la unidad religiosa y cultural de la península. Los judíos vivieron en la península ibérica por más de 1,500 años.
El ladino[2], la lengua de los sefaraditas, denominó originalmente la traducción al antiguo castellano de los textos litúrgicos hebreos o arameos. De llamar así a esas traducciones, se pasó a llamar así también la lengua hablada[3].
Esta lengua deriva del idioma de Castilla en tiempos anteriores a Cervantes y al Siglo de Oro, cuya fonética, morfología y sintaxis se preservaron inclusive tras esa nueva diáspora.
Casi podemos decir que el ladino es la base arqueológica del castellano. Antonio Alatorre en su historia de la lengua española afirma “el judeoespañol (o sefardí o ladino) conserva mejor que ninguna otra modalidad actual del castellano los rasgos que nuestra lengua tenía en tiempos de Antonio de Nebrija [autor de la primera gramática castellana en el siglo XVI] … su fonética y su vocabulario han resistido en lo básico, de manera que suele servir de ejemplo vivo de cómo se hablaba el español hace quinientos años”[4]. Esta lengua acompañó a los sefaraditas tanto en sus cantos, en endechas, en refranes, en relatos y, sobre todo, en el habla cotidiana.
En la antología de literatura sefaradita compilada por Angelina Muñiz-Huberman la llama “la lengua florida”[5] en la que un 80% del vocabulario procede del castellano del siglo XV y el resto del hebreo y de los idiomas de los países que los acogieron, por lo que incluye términos en turco, árabe, griego o el francés que se enseñaba en las escuelas de la Aliance Israélite Universelle. Durante más de cuatro siglos el ladino fue su patria.
En este idioma el Romancero Sefaradí conservó los cantares de gesta españoles, incluyendo los del Mío Cid, de Bernardo de Carpio, sobre Don Rodrigo, así como cantos de amor y muerte. Al mismo tiempo se escribieron poemas inspirados en temas bíblicos, como los del nacimiento del patriarca Abraham, la historia del rey David, la tragedia de Tamar y Amnón y también una novelesca a partir de la tradición del Mediterráneo Oriental.
Durante más de 400 años se escribió en caracteres hebreos y apenas en el siglo XX y por la influencia del periodismo aumentaron los textos en el alfabeto latino. El ladino se ha hablado en el norte de África, en Egipto, en Turquía, en Holanda, en Inglaterra, en Italia, en Bulgaria, en la península balcánica, en Grecia, en Rumania, en Francia, en Holanda, en Israel y en el continente americano.
Con el avance de la escolarización obligatoria en todo Occidente, el ladino pareció entrar en decadencia y desintegración. El exterminio de las comunidades sefaradíes a manos del hitlerismo casi pareció condenar a la lengua a su desaparición. Los sefaraditas que lograron sobrevivir el Holocausto y que emigraron a Hispanoamérica rápidamente asimilaron el español moderno y los que se dirigieron a otros lugares adoptaron las lenguas nacionales incluyendo el hebreo en el Estado de Israel que es donde se concentró el mayor número de hablantes del djudezmo.
El interés de los lingüistas por el ladino y su rescate es relativamente reciente, sobre todo por los estudios llevados a cabo por el Instituto de Investigaciones Superiores Arias Montano en Madrid y el Instituto Ben Tzvi de la Universidad Hebrea de Jerusalem. En 1997 se estableció en Israel, con el expresidente Itzjak Navón como su primer presidente, la Autoridad Nasionala del Ladino, cuyo objetivo es la preservación y salvaguarda del judeo-español, publicando la revista virtual “Aki Yerushalayim “pajina dedikada a los ke se interesan a la kultura djudeo–espanyola i dezean anchear sus konosensias en este kampo o ser aktivos eyos mizmos en los esforsos para su konservasion i difuzion”[6]. Gracias a los medios electrónicos, hoy encontramos muchas publicaciones en línea en esta lengua y con este mismo fin.
Ansina, el libro de poemas que Myriam Moscona y la editorial Vaso Roto presentaron en el Museo de Historia Mexicana de la ciudad de Monterrey se gestó durante diez años, tiempo durante el cual la autora escribió “Por mi boca” y “Tela de Sevoya” novela por la cual recibió en 2012 el importante premio “Xavier Villaurrutia”. En estos textos, pero sobre todo en Ansina, la autora recupera la lengua de sus abuelos que si bien, no fue su lengua materna, si es el idioma que la vincula con una identidad, con la historia sefaradita y con la patria hispana perdida hace más de 500 años.
Escuchar en su voz su obra poética en ese Museo regiomontano remitió al pasado regional pues en el noreste de México, la temática sefaradita es muy cercana, puesto que entre los primeros colonizadores del Nuevo Reino de León hubo un buen número era descendientes de conversos del judaísmo al cristianismo[7], quienes que trajeron consigo una serie de costumbres que diferencian a Nuevo León del resto de México.
Ricardo Elizondo Elizondo llevó a cabo una investigación en los años 1970 sobre la persistencia de costumbres sefaraditas en los pueblos nuevoleoneses, como los matrimonios endogámicos, las ceremonias nupciales bajo un baldaquín como se han llevado a cabo en Los Ramos y Los Herrera, la crianza del cabrito y su consumo y no del cerdo como sucede en el resto de México bajo la conseja de que su carne es muy mala para la salud, el no guisar carne con leche, el no consumir reptiles que se consideran una barbaridad poco digna, el ofrecer pan fino elaborado sin levadura en las fiestas principales, los matrimonios por levirato (la viuda que contraía matrimonio con el hermano de su difunto marido fue común en la entidad hasta las primeras décadas del siglo XX), el sembrar higueras, limoneros y granados en los patios como símbolos de sabiduría, resignación y unidad familiar. Comparó el folklor neoleonés con el de comunidades sefaraditas en Mármara, Salónica, Marruecos, Tanger, Tetuán, Alcazarquivir, Orán y Rodas y encontró muchas semejanzas. Su indagación se presentó primeramente como trabajo para ingresar a la Sociedad de Geografía, Estadística e Historia de Nuevo León y posteriormente fue publicado como cuaderno del Archivo General del Estado de Nuevo León. En este texto, “Los sefaraditas en Nuevo León, Reminiscencias en el Folklore”[8] recopiló también maneras de hablar de pueblos norestenses que conservan arcaísmos que se vinculan con términos utilizados en el djudeo-español:
Acordar (dormir)
Ajay (hijo)
Almoslar (almorzar)
Allegará (llegará)
Tristuras (tristeza)
Preto (negro)
Jerica (molestia)
Enreinada (rellena)
Bolsío (bolsillo)
Emborujó (envolvió)
Apresta (sirve)
Naide (nadie)
Querencia (cariño)
Trayen (traen)
Válgami (válgame)
Melecina (medicina)
Donseas (doncellas)
Cayí (caí)
Vido (vidrio)
Ansina (así)
Además de temática con la dulzura de esa lengua antigua, acceder a la poética de Myriam Moscona en ladino permite a imaginar a los primeros pobladores del Nuevo Reino de León en su habla cotidiana
[1] De spéros, occidente en griego
[2] Término derivado de latino
[3] A la que también se conoce como djudezmo o djudeo-español, espanyol o espayoliko o bien haketía en Marruecos, tetuaní en Argelia y espayolit en hebreo.
[4] Los 1,001 años de la lengua española. México: Fondo de Cultura Económica. 1995. Pág. 211.
[5] La lengua florida. Antología sefardí. México: UNAM y Fondo de Cultura Económica. 1989.
[6] La pajina djudeo-espanyola de Aki Yerushalayim, Revista Culturala Djudeo-Espanyola.Ultimo numero> 97-98 Anyo 36-Disiembre 2015. < http://www.aki-yerushalayim.co.il >
[7] Eugenio del Hoyo. Historia de Nuevo León 1577-1723. Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León. 2005. Pág. 114.
[8] Monterrey, N.L.Archivo General del Estado de Nuevo León. 1987 (Col. Cuadernos del Archivo No. 11).
Hoy es historia: Mexicas
Ana Portnoy
El Norte, Monterrey N.L., a 31 de marzo 2016. Sección Vida, pág. 9
En febrero de 1978 los trabajadores que hacían una excavación a un costado de la Catedral de México encontraron un bloque monolítico representando a la diosa lunar Coyolxauhqui. Así inició el Proyecto Templo Mayor que ha sacado a la luz el recinto religioso azteca. El quehacer arqueológico, en la medida que la preservación de los edificios coloniales lo permite, prosigue hasta la fecha. Procedente de su museo de sitio, la exposición “Mexicas, esplendor de un imperio” puede ser admirada estos días en el Museo de Historia Mexicana.
Los aztecas, originarios del mítico Aztlán, llegaron en el siglo 12 al altiplano conducidos por los sacerdotes de su dios tutelar Huitzilopochtli buscando la tierra prometida cuya señal era un águila que sobre un nopal devoraba una serpiente. En un islote del Lago de Texcoco la encontraron.
En 200 años convirtieron su capital, México-Tenochtitlán, en el centro político, económico y religioso de un gran imperio que abarcó el centro de México, la costa del Golfo, Oaxaca, Guerrero y el Soconusco. A la llegada de Cortés avanzaban en la conquista de Michoacán.
Su pensamiento religioso exigió sacrificios humanos y autosacrificios para garantizar el orden del cosmos. Muchas de sus batallas fueron para obtener cautivos para ese ritual, aborrecido por los pueblos avasallados y considerado demoniaco por los españoles.
La complejidad y la riqueza de su estructura política, social y económica fue acompañada de un espléndido desarrollo cultural al ser herederos de una tradición artística, conocimiento científicos y nociones religiosas iniciadas más de 2000 años atrás. Las pirámides y templos, la pintura mural y la escultura alcanzaron gran monumentalidad como correspondía a una sociedad militar conquistadora, en tanto que la cerámica, el tallado de piedra, la plumaria, la orfebrería y la poesía denotaron simultáneamente una gran sensibilidad.
El otro gran imperio prehispánico en América que también se caracterizó por su militarismo y conquistas territoriales y que les fue contemporáneo fue el inca en la cordillera de los Andes. Las redes comerciales de ambos probablemente entraron en contacto en sus rutas centroamericanas.
Identificado como el rey-dios Quetzalcóatl que había prometido regresar de su autoexilio, Hernán Cortés fue recibido como una divinidad hasta el corazón del imperio. Muy tarde los mexicas reaccionaron ante los españoles, que con armas de fuego y enfermedades desconocidas –viruela y sífilis- los conquistaron el 13 de agosto de 1521.
De haber sido amos y señores de casi toda Mesoamérica, la sociedad novohispana consideró a los indígenas como incapaces de autogobernarse, víctimas de explotación y una marginación que persiste a la fecha.
















