Creación del Quinto Sol, de acuerdo a la tradición mexica

Quetzalcóatl y las predicciones prehispánicas.
Antonio Guerrero Aguilar, cronista de la ciudad de Santa Catarina.

Los antiguos mexicanos explicaron el origen y la creación del universo con el relato de los cinco soles. El primer sol fue creado por Tezcatlipoca y fue habitado por gigantes quienes fueron devorados por jaguares. Luego Quetzalcóatl hizo aparecer el segundo sol habitado por hombres, pero huracanes lo destruyeron, algunos hombres se convirtieron en monos. El tercer sol fue formado por Tláloc, el dios de la lluvia y fue destruido por una lluvia de fuego. Algunos hombres se transformaron en aves y pudieron salvarse. Chalchiuhtlicue creó la nueva humanidad o cuarto sol, atacada a su vez por grandes inundaciones. Los hombres que se salvaron se convirtieron en peces. Los mexicas vivían en el quinto sol, presidido por el dios del sol Tonatiuh etapa en la cual predijeron sería destruido por terremotos, aparentemente el de 1985 fue la señal de la predicción de la leyenda del Quinto Sol al cual representaban con un sol en movimiento.

En el primer sol predomina la deidad Tezcatlipoca, aquel que portaba el espejo de obsidiana humeante. En el segundo tenemos a Quetzalcóatl, sacerdote, emperador y dios, confundido en su tiempo con el apóstol Santo Tomás. En el tercero está el dios del agua, Tláloc, luego en el cuarto a Chalchiuhtlique, la diosa de los lagos y del agua y en el quinto sol está el dios dador de vida, por ello se conjugan el agua, el viento, el fuego y la tierra. El Quinto Sol fue precedido por la llegada de Quetzalcóatl y concluirá con una etapa de purificación, propia del gran juicio final, cuando llegue el dueño de todo y hacedor de las criaturas.

Conviene señalar el origen de la deidad Quetzalcóatl: llegó a Tula al poco tiempo de fundada, junto con otros acompañantes. Predicaba con palabras y obras el camino de la virtud, enseñando las ciencias y el arte. Se le atribuye la invención del calendario, instituyendo el ayuno y la penitencia. Promovió el culto a la cruz al cual los antiguos consideraban el árbol de la vida y de la salud. Siempre se opuso a los sacrificios rituales y a las guerras floridas, al igual aborrecía la práctica de embriagarse para luego tener sexo desenfrenado.

Quetzalcóatl poseía el don de la profecía y por sus predicciones se ganó el desprecio de Tezcatlipoca. Los tultecos le dijeron: “si eres rey-sacerdote debes tomar pulque”. Sin estar acostumbrado, bebió hasta perder el sentido y luego lo pusieron junto a una doncella, con la cual se dice pecó. Al despertar, todos se burlaron de él y le recriminaron su conducta, en especial de alguien considerado justo y bueno. Por ello Quetzalcóatl huyó rumbo a Cholula y luego en las costas de Coatzacoalcos, entró al mar de las turquesas en una barca en forma de serpiente para gradualmente desaparecer en el horizonte. Antes de marcharse prometió regresar y cobrar las afrentas; entonces su doctrina sería recibida por todos.

Las antiguas tradiciones lo relacionan con la destrucción de Tula. En realidad vemos en este episodio la lucha entre los toltecas y los llamados chichimecas quienes destruyeron la base religiosa de una etapa gloriosa, al imponer sacrificios humanos y rituales prohibidos por considerarlos incivilizados.

Quetzalcóatl quiere decir serpiente emplumada y para algunos varón sapientísimo. En efecto, puede ser un personaje histórico singular, pues decían era barbado y rubio, como rey, sacerdote o misionero civilizador. Otros que puede ser un mito astronómico pues también lo relacionan con Venus y con los huracanes que traen la bendición de las lluvias. Para los mexicas, Quetzalcóatl era enemigo de Tezcatlipoca, un dios relacionado más bien con la Luna. Por eso, ambas deidades son como la noche y el amanecer, en continua pugna y alternalidad. Se le relaciona con Kukulkán y Topiltzin.

Su culto está relacionado con la cruz y como un símbolo de la lluvia y de los movimientos de sol. Se dice que Quetzalcóatl anunció la destrucción de Teotihuacán y el arribo de españoles en 1519, el año de la profecía esperada, cuando Moctezuma lo confunde con Cortés. El imperio tenochca aguardaba con temor y expectación la venida de la deidad buena que les enseñó a labrar la tierra y a obtener sus frutos. Pero en lugar de llegar Quetzalcóatl, arribó un contingente de españoles comandados por Hernán Cortés, quienes sometieron a los mexicas.

No obstante, la esperanza del cumplimiento de la profecía seguía más viva que nunca. La serpiente emplumada llegará un día para dar la libertad a los cautivos. En su lugar, en 1531 ocurrió un milagro que suplió la esperanza de la llegada del dios bueno que bajó al inframundo para robar las mazorcas vitales. Por eso en las principales ciudades mesoamericanas se encuentra su emblema el de la serpiente emplumada.

Según la leyenda, Quetzalcóatl nació cuando no había luz, ni movimiento ni vida en el mundo. Fue él quien instauró un orden en el cosmos y separó el cielo de la tierra. En la tradición maya, se le considera el primer Padre, el ordenador del cosmos y el dios del maíz, la deidad que creó el alimento para los humanos y produjo la vida civilizada. Y aun en el México contemporáneo, esperan la venida de la serpiente emplumada a la cual confundió Moctezuma y provocó la caída de un gran imperio.


Naranja dulce, dulce de naranja

Naranja dulce,
 limón partido


dame un abrazo
 que yo te pido


si fueran falsos mis juramentos


en otros tiempos se olvidaran.



La historia cuenta que en Europa durante el siglo XIX los niños pobres soñaban todo el año con recibir como regalo de Navidad una naranja. Muchos de ellos ni siquiera sabían a qué sabía, o si teniéndola en sus manos se atreverían a comer esa fruta dorada, casi mágica.

Aún antes, el rey inglés Guillermo de Orange fue tan impopular en Irlanda por sus leyes anti-católicas, que sus habitantes decidieron no sembrar ningún árbol de naranjas, puesto que orange es el término anglosajón para esta fruta.

En Francia, a los prisioneros de la temida cárcel de La Santé (La Salud) se les daban naranjas para mantenerlos sanos. Anteriormente la prisión había sido un hospital.  Sin un gran conocimiento científico, los carceleros supieron que una fruta al día era benéfica para la salud y hoy sabemos que la naranja tiene un alto contenido de vitamina C y sales minerales: una al día satisface las necesidades diarias del organismo de estos componentes.

También de acuerdo a algunas tradiciones, la naranja y no la manzana fue el fruto prohibido a Adán y Eva en el Jardín del Edén.

Este cítrico llegó, procedente de la India, a China alrededor del año 2,200 aC. Envuelto en una mascada de seda al fondo de un cesto, fue uno de los tributos que recibió el emperador Tayún, en la primera mención literaria de esta fruta como lo registra el manuscrito denominado Yu Kung.

En los banquetes de los patricios romanos en el siglo II dC . empezaron a aparecer las naranjas, importadas del Cercano Oriente, como la fe de los primeros cristianos. Es en esta época cuando se inició su cultivo en el norte de África, en donde el aire se llenó del aroma del azahar. El sistema hidráulico de Tunez para irrigar los cultivos de naranjo sigue operando después de 2,000 años.

Del norte de  África el gusto por la naranja llegó a España en el siglo VIII. Los jardines con naranjos se popularizaron en Europa desde el siglo XVI. Y en el Nuevo Mundo los primeros cultivos se dieron en Haití de donde se extendieron por el continente americano, estableciéndose la primera plantación de naranjas en la Florida. Para principios del siglo XVIII ya se cultivaba en la Alta California, en la Nueva España así como en Bahia en Brasil.

Hoy en día, gracias al mercado global, se pueden conseguir estas frutas todo el año. ¿Qué sería nuestro desayuno diario sin un rico y fragante jugo naranja?

Fuente:  Maguelonne Toussaint-Samat. History of Food. New York: Barnes & Noble. 1992.

Naranjas confitadas.

5 Narajas valencianas rebanadas en rodajas, sin las semillas (éstas se ponen en una bolsita hecha con manta de cielo y amarrada con hilo).

Agua suficiente para cubrir las naranjas

Azúcar en cantidad igual al agua que se utilizará en el tercer hervor.

Poner en agua hirviendo las naranjas rebanadas para quitarles lo amargo. Dejar en ebullición unos minutos, colar y en agua hirviente repetir una vez más el procedimiento.

Poner nuevamente a hervir el agua, ahora con la misma cantidad de azúcar (1 taza de agua x 1 taza de azúcar; 2 tazas de agua x 2 tazas de azúcar, etc). Al llegar al punto de ebullición poner con cuidado las rebanadas de naranja y la bolsita con las semillas. Dejar consumir el agua a la mitad, apagar y dejar las rebanadas de la fruta, dentro de la olla, reposando por 24 horas.

Volver a poner la olla al fuego y dejar que el líquido casi se consuma. No se deben remover las naranjas. Dejar enfriar dentro del líquido y luego sacar tratando de no dañar la pulpa y colocar en un frasco con el poco líquido que quede y refrigerar.

 Si se quieren cubrir con chocolate, colocar sobre una rejilla a que se escurran por varias horas. Cuando ya estén casi secas, derritir a baño maría chocolate semiamargo y con cuidado sumergir la mitad de la naranja. Colocar en una charola cubierta con papel encerado y refrigerar a que el chocolate se endurezca.


El cementerio de Praga

Umberto Eco

México: Lumen. 2010.

 En un país en el que nos hemos acostumbrado a las teorías de complots y conspiraciones para darle sentido a sucesos políticos así como a la violencia que ha destapado la cloaca de los arreglos en lo oscuro entre delincuentes y autoridades, sospechar y buscar segundas intenciones en los acontecimientos que sobrepasan el ámbito de lo cotidiano nos ha entrenado para recelar de lo que se nos cuenta, de lo que leemos en los diarios y escuchamos en las noticias.

Los rumores, elucubraciones y revelaciones confidenciales nos dejan perplejos ante la credibilidad ingenua que no se pregunta porqué nos cuentan ciertas cosas o quiénes se benefician de la información que corre como un río turbulento.

La última novela de Umberto Eco, quien se convirtió en un autor muy popular a través de El Nombre de la Rosa o El Péndulo de Foucault, sigue la tónica de sus primeras novelas nuevamente partiendo de conspiraciones que quieren trastocar el orden establecido. Sólo que en esta ocasión parte de hechos y personajes históricos de la escena italiana, francesa y rusa en la segunda mitad del siglo XIX, siendo el protagonista, y único personaje ficticio como lo declarara el autor, el detestable capitán Simone Simonini, quien se involucra con muchos de los  políticos, héroes,  conspiradores y espías que pulularon en Europa antes de la Revolución Rusa y la Primera Guerra Mundial.

Simonini, antiguo discípulo de los jesuitas, se presenta a sí mismo como oficial del ejército, conspirador, falsificador, agente provocador, asesino, misógino, pervertido, glotón y terrorista, además de aborrecedor del género humano, detractor de los políticos y de los héroes.  Gracias a la sugerencia de un Dr. Froïde (¿quién si no?) empieza a escribir un diario en 1897 como recurso terapéutico para recuperar su memoria y comprender el origen de sus odios y resolver la sospecha de tener una doble personalidad. Simonini cuenta su vida y sus hazañas, con la constante intromisión de su otro yo, el abad Dalla Piccola, quien le corrige y complementa en su rememoración de intrigas y traiciones así como del Narrador , quien interviene en la trama para contextualizar ambos testimonios.

Con un marco histórico muy bien sustentando, el capitán Simonini es presentado como actor y conspirador en el Risurgimiento italiano, agente provocador de atentados contra el emperador Napoleón III, testigo de los levantamientos de la Comuna francesa, instigador de las denuncias contra los masones, detractor de los jesuitas y falsificador de las pruebas de traición del  caso Dreyfuss, que fue la más clara manifestación del antisemitismo estatal del siglo XIX.

Sin embargo, el tema central de la novela no es es la vida de este antipático personaje sino el desarrollo de las teorías conspirativas y las falsificaciones de documentos que culminaron en la construcción de Los Protocolos de los Sabios de Sión, que en la novela Eco atribuye a Simonini.  Los Protocolos constituyen la obra antisemita clásica del siglo XX, publicada por la Ojrana, la policía secreta del zar Nicolás II en 1901, para justificar los pogromos –masacres de judíos-, nuevamente utilizados durante las purgas estalinistas que eliminaron a los líderes bolcheviques de origen judío como Trotsky, Kamenev y Zinoviev para llegar a la Alemania Nazi y ser una de las “evidencias” a través de las cuales Hitler justificó el genocidio judío. En ese texto se conjuntaron los antiguos terrores demonológicos medievales y el ancestral antisemitismo europeo con las ansiedades, temores y resentimientos de la era moderna. Sus afirmaciones acerca de los judíos continúan circulando hasta el día de hoy, aun después de que en 1921 se demostrara que el libro fue una obra fraudulenta.

La historia de Los Protocolos de los Sabios de Sión es una historia de plagiarismo y engaños que Umberto Eco tomó como columna vertebral de su novela. Rebecca Newberger, en su ensayo sobre la novela publicado en The New York Times, describe cómo se fue gestando esa obra[1].  Una de las fuentes plagiadas fue un panfleto francés intitulado Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu que en 1864  atacó la legitimidad del gobierno de Napoleón III. Su autor, Maurice Joly fue condenado a 15 meses en prisión.

A su vez, Joly había plagiado una popular novela de Eugenio Sue, Los misterios de un Pueblo, en el que presentaba a los jesuitas como conspiradores que atentaban contra la sociedad francesa. Sin embargo, ya a finales del siglo XVIII se  había publicado una Memoria sobre la historia del Jacobinismo de Agustín Barruel quien acusaba que la Revolución Francesa  había sido provocada por una conspiración masónica.

Por otro lado, Hermann Goedsche, un falsificador y agente provocador de Prusia publicó en 1868 una novela en la que incluyó una reunión de rabinos en el cementerio judío de Praga.

Finalmente la policía secreta zarista tomó fragmentos de las obras de Joly y de Goedsche publicando Los Protocolos para acusar a los judíos de una conspiración con ambiciones mundiales y justificar las masacres en su contra.

Con esta última novela, Eco, reconocido académico especializado en semiótica que se ha forjado una exitosa carrera como novelista con historias detectivescas sobre conspiraciones, sociedades secretas, clérigos y asesinatos que se convirtieron en éxitos de mercado, ahora a sus 80 años declaró que con El cementerio de Praga pretende “dar un puñetazo al estómago de sus lectores”[2]. Sin embargo, también parece pretender poner en su sitio a Dan Brown, el célebre autor de El Código de Da Vinci que tanta ámpula levantó en su momento demostrando quien es el verdadero maestro cuando de conspiraciones se trata.

La novela da la impresión de ser fascinante por la época histórica, los personajes y las intrigas que pueblan cada página, pero al leerla llega a ser confusa, reiterativa y un poco tediosa. Como bien lo comenta Theo Tait en su reseña sobre esta obra[3]  “la novela deja un ligero mal sabor de boca… el pastiche y la broma llegan a ser incómodos ante la historia del antisemitismo europeo. Muchos extractos de obras que fomentan el odio así como la reimpresión de caricaturas antisemitas provocan fascinación pero dejan en el lector un sentimiento de malestar y el abordaje que hace Eco es falto de tacto, crudo y bobo… Hay muchos temas, después de todo, que están lejos del alcance de la ficción barata”.

Al leer esta obra recordé que en un vuelo me tocó de compañera de asiento una guapa jovencita de Torreón que estaba leyendo Los Protocolos. Intrigada del porqué una chica leería esta obra, su respuesta fue que su papá se la había dado con la advertencia que de regreso de viaje le tendría que demostrar que la había leído de principio a fin. No pudo explicarme  porqué querría un padre de familia que su hija lea esta obra apócrifa que justifica el odio racial.

 [1] Umberto Eco and the Elders of Zion.  The New York Times Sunday Book Review. November 18, 2011.

<http://www.nytimes.com/2011/11/20/books/review/the-prague-cemetery-by-umberto-eco-book-review.html?pagewanted=all&gt;

[2] Mercedes Monmany.Umberto Eco: un puñetazo en el estómago. ABC.es’Cultura.  26 de noviembre 2010. <http://www.abc.es/20101125/cultura/portadillalibros973eco201011251707.html&gt;

[3] The Prague Cemetery by Umberto Eco.Review. En The Guardian, 4 November 2011. < http://www.guardian.co.uk/books/2011/nov/04/prague-cemetery-umberto-eco-review >