Descubren raíces genéticas judías en un grupo de indios de Colorado

Publicado en Forojudío.com y tomado de Terra.com.mx [Mayo 30 2012] 

Investigadores israelíes aseguran haber descubierto raíces genéticas sefardíes en un grupo de indios del oeste del Estado de Colorado, en EEUU, cuyos antepasados habían emigrado desde México unos doscientos años antes.

El estudio, del informa hoy el diario israelí «Haaretz», revela que compartían una mutación del gen BRCA1, conocida como «mutación ashquenazí» y que se da generalmente en judíos del centro y este de Europa.

Tras un análisis computerizado de las muestras, los genetistas del Centro Médico Sheba de Tel Hashomer, próximo a Tel Aviv, llegaron a la conclusión de que el grupo de indios tenía como ancestro a un judío que emigró de Europa a Sudamérica en el periodo en que Cristóbal Colón llegó a América y que España expulsó a los judíos.

Los investigadores, que publicarán sus resultados en el «European Journal of Human Genetics», ven en ello una prueba genética irrefutable de que algunos de los expulsados sefardíes que acabaron en las Américas se casaron luego con indias locales cuyos descendientes emigraron posteriormente a EEUU.

El equipo israelí, dirigido por el jefe de la unidad de oncología del centro, Eitan Friedman, analizó muestras genéticas de 115 familias con la citada mutación, entre ellos judíos originarios de Europa centro-oriental, de Irak y de la ciudad india de Cochin.

También estudiaron el ADN de 16 familias de indios mexicanos en Colorado, cinco de Manchester y tres de Malasia.

El estudio tiene su origen en una investigación del oncólogo Jeffrey Weitzel, del Hospital Ciudad de la Esperanza, de Duarte (California), que en 2005 publicó un artículo sobre el nexo genético entre un grupo de 110 familias de origen hispano en Estados Unidos y antiguos emigrantes al país desde América Latina.

Weitzel ya sospechó entonces la existencia de un ancestro judío, que al final ha resultado ser el mismo para el grupo de hispanos y el de indios del Colorado.

¿Mantuvo en secreto Cristobal Colón que en realidad era judío?

El viaje del explorador no fue, como se cree comúnmente, financiado por la reina Isabel, sino por dos judíos conversos y un judío.

Charles García
CNN México. Opinión. ¿Mantuvo en secreto Cristóbal Colón que en realidad era judío? 21 de mayo 2012 

Este domingo se cumplieron 506 años de la muerte de Cristóbal Colón.

¿Todo el mundo conoce la historia de Colón, no? Un explorador italiano de Génova que zarpó en 1492 para enriquecer a los reyes de España con oro y especias de oriente… Pues no.

Durante mucho tiempo, los historiadores ignoraron la gran pasión de Colón: liberar Jerusalén del dominio musulmán.

En tiempos de Colón, los judíos fueron objeto de una persecución religiosa. El 31 de marzo de 1492, el rey Fernando y la reina Isabel decretaron la expulsión de los judíos de España. El edicto estaba dirigido a los 800,000 judíos que no se habían convertido y les daba un plazo de cuatro meses para hacer las maletas y marcharse.

Los judíos que, obligados, renunciaron a su fe y se convirtieron al catolicismo se llamaban «conversos». También hubo unos que fingieron haberse convertido y practicaban externamente el catolicismo pero ocultamente seguían las prácticas judías. Eran los llamados «marranos».

Decenas de miles de «marranos» fueron torturados por la Inquisición española. Fueron presionados para dar los nombres de sus familiares y amigos, que luego eran amarrados a estacas y quemados vivos. Sus tierras y posesiones eran luego divididos por la Iglesia y la Corona.

Recientemente, varios investigadores españoles, como José Erugo, Celso García de la Riega, Otero Sánchez y Nicolás Días Pérez concluyeron que Colón era un «marrano» que tuvo que renunciar a la práctica externa de su religión ante la brutal limpieza étnica que se llevó a cabo.

Colón firmó su último testamento el 19 de mayo de 1506 en el que incluía cinco curiosas y reveladoras cláusulas.

Dos de sus disposiciones, entregar una décima parte de sus ingresos a los pobres y dar una dote anónima a niñas pobres, eran tradiciones judías. También dispuso dar dinero a un judío que vivía a la entrada del Barrio Judío de Lisboa.

En esos documentos, Colón utilizaba una firma triangular de puntos y letras similar a las inscripciones encontradas en lápidas de cementerios judíos en España. Ordenó a sus herederos utilizar la firma a perpetuidad. Según «La Historia de los Marranos», del historiador británico Cecil Roth, el anagrama era una versión críptica del kadish, una oración recitada en la sinagoga por los dolientes tras la muerte de un ser querido. Por tanto, este subterfugio de Colón permitió a sus hijos rezar el kadish por su padre cuando murió. Finalmente, Colón dejó dinero para apoyar la cruzada que esperaba sus sucesores realizaran para liberar la Tierra Santa.

Estelle Irizarry, una profesora de lingüística de la Universidad de Georgetown, analizó el lenguaje y la sintaxis de cientos de cartas, diarios y documentos manuscritos de Colón y llegó a la conclusión de que el idioma principal del navegante, tanto escrito como hablado, era el castellano. Irizarry explica que el castellano del siglo XV era el «yiddish» de la judería española, conocido como «ladino». En la parte superior izquierda de todas las cartas de Colón a su hijo Diego, excepto en una, aparecen manuscritas las letras bet-hei, que significan b’ezrat Hashem (con la ayuda de Dios). Los judíos practicantes han utilizado esta bendición en sus cartas durante siglos. Ninguna carta a otras personas tenía esta marca, y la única carta dirigida a Diego en la que se omitió fue en una que era para el rey Fernando.

En su libro de «Sails of Hope», Simon Weisenthal sostiene que el viaje de Colón estuvo motivado por un deseo de encontrar un lugar seguro para los judíos tras su expulsión de España. Asimismo, la antropóloga de la Universidad de Stanford Carol Delaney concluye que Colón era un hombre profundamente religioso cuyo objetivo era navegar a Asia para conseguir oro y financiar una cruzada para recuperar Jerusalén y reconstruir el Templo de los judíos. En tiempos de Colón, los judíos creían que Jerusalén debía ser liberada y el Templo reconstruido para el retorno del Mesías.

Los expertos apuntan a la fecha en que partió Colón como una prueba más de sus verdaderos motivos. Originalmente iba a zarpar el 2 de agosto de 1492, que casualmente coincidía con la festividad judía de Tisha B’Av, que conmemora la destrucción del primer y segundo Templo de Jerusalén. Colón pospuso un día la partida para evitar salir en esa festividad, ya que los judíos lo consideraban de mala suerte (casualmente o a propósito, zarpó el mismo día en que los judíos, por ley, tenían que decidir entre convertirse, marcharse de España o morir).

El viaje de Colón no fue, como se cree comúnmente, financiado por la reina Isabel, sino por dos judíos conversos y un judío. Louis de Santángel y Gabriel Sánchez anticiparon un préstamo sin intereses de 17,000 ducados de su propio bolsillo para pagar el viaje, al igual que Don Isaac Abrabanel, rabino y estadista judío. De hecho, las dos primeras cartas enviadas por Colón durante su viaje no fueron para Fernando o Isabel, sino para Santángel y Sánchez, dándoles las gracias por el apoyo y contándoles lo que había encontrado.

Mientras el mundo ve correr sangre por violencia en nombre de la libertad religiosa, vale la pena fijarse en el hombre que surcó los mares en busca de esas libertades y que terminó llegando a un lugar que terminaría convirtiendo esa libertad en uno de sus valores centrales.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Charles García. 

Nota del editor: Charles García es presidente de García Trujillo, una empresa enfocada en el mercado hispano, y autor de «Leadership Lessons of the White House Fellows». Oriundo de Panamá, vive en Florida. Puedes seguirlo en Twitter en @charlespgarcia


Breve reseña de las óperas de la temporada 2012-2013 “En vivo desde el Met”

Por Fernando Treviño Lozano

Mayo de 2012

EL ELÍXIR DE AMOR

De las cerca de setenta óperas compuestas por Gaetano Donizetti (1797-1848), sólo alrededor de una docena de ellas sobreviven hoy en día en los escenarios. Predominan las obras de carácter dramático; pero hay dos joyas de la ópera cómica que son favoritas indiscutibles de los amantes del arte lírico: Don Pasquale y L’elisir d’amore. Esta última, trata del viejo sueño de la humanidad de hacer que nuestro ser amado nos corresponda, utilizando una pócima mágica, es decir, sin tener que luchar por ser correspondidos. La obra está llena de bellísimas melodías, sobresaliendo la famosa aria belcantista Una furtiva lágrima.

 OTELO

Al concluir la composición de Aída en 1871, Giuseppe Verdi (1813-1901) consideró que era tiempo de retirarse de la creación musical. Había alcanzado la cima y sentía que su carrera como compositor había llegado a su fin. Pero no contaba con que años más tarde, su amigo Franco Facio, coludido con su editor Giulio Ricordi, lo convencerían de volver a tomar la pluma y el papel pautado para dar al mundo lo que sería su penúltima ópera: Otelo, basada en el muy conocido drama de Shakespeare. Desde su exitoso estreno en Milán en 1887, esta ópera ha sido un ícono del repertorio, además de constituir un reto para el tenor estelar, quien enfrenta dificultades vocales tales que han hecho que a la ópera se le conozca como “asesina de la voz”. 

LA TEMPESTAD

Basada también en una obra de Shakespeare, ésta ópera comisionada por la “London’s Royal Opera House” y estrenada en 2004 bajo la dirección de su joven pero muy exitoso compositor inglés, Thomas Adès (1971- ) constituye una muy especial adición a su catálogo de creaciones, mismo que incluye un magnífico concierto para violín y orquesta, fantasías sinfónicas y otra ópera: Powder Her Face. El lenguaje musical de Adès, aunque muy personal, sigue los cánones tradicionales melódicos y armónicos. Además, está llena de originales matices orquestales y vocales. Es pues una magnífica oportunidad de disfrutar de música contemporánea que sin duda tendrá un lugar prominente en el futuro.

LA CLEMENCIA DE TITO 

El último año de la vida de Wofgang Amadeus Mozart (1756-1791), estuvo plagado de vicisitudes de todo tipo. Mientras trabajaba en su celebérrimo Réquiem, mismo que dejaría inconcluso, compuso y estrenó otras obras. Entre ellas, se encuentran dos óperas: “La Flauta Mágica”, una e sus creaciones más conocidas, y “La Clemencia de Tito” una obra seria (no cómica), cantada en italiano y estrenada en Praga en septiembre del año mencionado. Por muchos años opacada por sus obras líricas más populares, recientemente ha recobrado su merecido lugar, presentándose pues una muy especial ocasión de gozar de una ópera plagada de bellas melodías que sólo un genio como Mozart pudieron habernos legado. 

UN BAILE DE MÁSCARAS

Aunque sólo tangencialmente relacionada con el asesinato histórico del Rey Gustavo III de Suecia en 1792, precisamente durante un baile de máscaras; dada la enorme censura que en la época de Giuseppe Verdi (1813-1901) había sobre obras que trataran de magnicidios, esta ópera encontró enormes dificultades para su estreno. Sin embargo, tras lograrse en 1859, esta obra se colocó de inmediato en el repertorio internacional. Contando con maravillosos pasajes para personajes de las principales tesituras de la voz y acompañados de una genial orquestación, no es extraño que esta obra se encuentre dentro de las favoritas, no solamente del repertorio verdiano, sino del arte lírico en general.

AÍDA

Una versión muy difundida en libros y enciclopedias es que Giuseppe Verdi (1813-1901) compuso esta ópera para la inauguración del Canal de Suez. La verdad es otra. Habiéndosele pedido la creación de un himno para conmemorar el acontecimiento antes citado, él declinó la oferta, pero sí concibió la idea de componer una ópera sobre un argumento que se desarrollara en esos exóticos rumbos. El libreto de Antonio Ghislanzoni sobre una esclava etíope presa en Egipto e involucrada en un triángulo amoroso con la hija del Faraón y un gran guerrero egipcio, presentaron el material ideal. El resultado fue una de las obras más populares que existen, no solamente en el género operístico, sino en la Música en general. Desde fastuosas producciones, incluyendo camellos, caballos y elefantes en escena, hasta realizaciones que no abusan de extravagancias, han servido de marco a la música genial que brotó de la pluma de Verdi.  Tiernos momentos amorosos se conjugan con maravillosos momentos triunfales, que hacen de esta obra una verdadera joya que nadie debe dejar de admirar. Por algo se le conoce, merecidamente, como “La Reina de las Óperas”.

LOS TROYANOS

 Considerada por muchos críticos como “la más grande de la óperas francesas del Siglo XIX”, este ambicioso proyecto de su autor, Héctor Berlioz (1803-1869) fue por mucho, el mayor de su producción operística.

Integrada por dos partes: “la Caída de Troya” y “Los Troyanos en Cartago”, mismos que en ocasiones se representan en forma separada, la obra está basada en pasajes de la célebre “Eneida” de Virgilio, el gran poeta romano.

Su autor jamás la vio puesta en escena. Tampoco se interpretó íntegramente en francés durante su vida, ni siquiera en forma de concierto.

La representación de esta obra, además de requerir de cantantes con gran dominio de su técnica vocal, una gran orquesta y una complicadísima mecánica teatral, es de una dificultad tal, que la ha mantenido fuera de los escenarios. Por ello, el poder admirarla en todo su esplendor, representa una oportunidad excepcional.

MARÍA ESTUARDO

Estrenada en Milán en 1835, esta ópera forma, junto con Anna Bolena y Roberto Devereux, la llamada “Trilogía Tudor” de Gaetano Donizetti (1797-1848), todas ellas compuestas alrededor de la figura de Isabel I de Inglaterra. Durante la época de su composición y más aún durante los ensayos para su estreno, Donizetti se vio asediado por la censura, misma que prohibía referencias a la enemistad entre María Estuardo e Isabel I. La ópera logró representarse, pero fue eliminada de los escenarios tras la sexta función y su autor no volvió a verla durante el resto de su vida, a pesar de un breve resurgimiento en 1866.

No fue sino hasta 1958 que gracias al director orquestal italiano Oliviero de Fabriitis, volvió a las casas de ópera, convirtiéndose en una favorita de las grandes sopranos belcantistas de la época y hasta nuestros días.

La obra tiene todo el sello de quien la compuso: bellas melodías, extensas dificultades vocales y escenas dramáticas inolvidables.

RIGOLETTO

Esta ópera de Giuseppe Verdi (1813-1901), estrenada con mucho éxito en 1851, forma con Il Trovatore y La Traviata el triunvirato que en los años cincuenta del Siglo XIX, introdujeron al compositor al mundo de los inmortales en la historia de la música.

Si bien, Verdi ya había alcanzado fama internacional con su ópera Ernani (1844), estas tres obras fueron las que lo consagraron, no sólo por el resto de su vida, sino para la posteridad.

Con un argumento basado en el drama de Víctor Hugo Le roi s’amuse (El Rey se divierte), Verdi logra dibujar musicalmente a cada personaje con gran precisión y darles arias, duetos, y ensambles que se encuentran entre los más célebres en los más de cuatrocientos años que tiene la ópera de existir como género musical. Mientras llega la famosísima aria del Duque de Mantua  La donna è mobile en el cuarto acto, el autor nos mantiene atentos con una pléyade de melodías imposibles de olvidar.

PARSIFAL

La famosa leyenda del Santo Grial o Cáliz Sagrado, ha inspirado infinidad de obras de arte en prácticamente todas sus manifestaciones. Los famosos Caballeros Templarios, guardianes del Cáliz que Cristo utilizó en la Última Cena, aunados al mítico personaje del medioevo arturiano Perceval o Parzival, fueron la fuente de inspiración para ésta, la última ópera que Richard Wagner (1813-1883) completó.

Concebida en 1857, pero compuesta veinticinco años después, fue estrenada en el segundo festival de Bayreuth en 1882. Dado el carácter místico-religioso del centro de su argumento, Wagner dejó instrucciones de que no se considerara como una ópera, sino una ceremonia. De hecho, antes de 1903 sólo se representó en Bayreuth; mientras que en otros teatros se hacía solamente en funciones de concierto.

Wagner revolucionó la ópera alemana, tuvo grandes influencias en el desarrollo de este género musical en otros países e inició una nueva etapa del Romanticismo en la Música. A pesar de sus detractores, la ópera contiene momentos de sublime inspiración y no hay duda de que se trata de una obra maestra universal.

FRANCESCA DE RÍMINI 

En el Canto V de la Divina Comedia de Dante, dedicado a los amantes adúlteros, aparecen dos personajes, Paolo Malatesta y Francesca de Rímini cuya apasionada historia ha atraído a varios músicos como Tchaikovsky, Rachmaninov y Ricardo Zandonai (1883-1944). Éste último, autor de la ópera que nos ocupa, nació en Sacco di Rovereto, ciudad que en aquel entonces formaba parte del Imperio Austro-Húngaro y es autor de más de una docena de óperas, música religiosa, piezas sinfónicas y conciertos.

Gabriele D’Annunzio escribió un drama sobre el tema, mismo que sirvió de base para el libreto de Tito Ricordi, que fue el utilizado por el compositor.

Estrenada en Turín en 1914, la obra contiene escenas estrujantes que el autor aprovechó para escribir una música llena de ardor pasional y con un magistral manejo orquestal, mismo que deja entrever una marcada influencia de Puccini.

JULIO CÉSAR

 Aunque George Frideric Handel (1685-1759) compuso docenas de óperas, Giulio Cesare in Egitto, conocida más comúnmente como Giulio Cesare, fue la única que se mantuvo en el repertorio de las casas de ópera desde su estreno en 1724.

La obra, perteneciente a la Era Barroca y escrita conforme al estilo italiano que prevalecía en la época, a pesar de haber sido comisionada por la Real Academia de Música de Londres y estrenada en esa ciudad, consta de una serie de arias que requieren de una muy especial y difícil técnica vocal, con enormes dificultades para el control de la respiración, así como de los ornamentos que son práctica usual de las obras barrocas. Hay relativamente pocos ensambles y una escasa participación del coro; pero la gloriosa música del genial compositor, hacen de esta obra una verdadera joya.

Actualmente, existe una tendencia muy marcada a revivir óperas de Handel, tanto en Casas de Ópera como en la discografía del compositor. Al escuchar el fruto de la inspiración del autor, no queda más que preguntarnos la razón por la que permanecieron olvidadas por tanto tiempo. ¡Finalmente, se hace la muy necesitada justicia!

Programación y fechas.

 

 

 

 

«Tardes de cine de Magalí» en el Aula Juan XXIII

TARDES DE CINE DE MAGALí

Ciclo:

ESPAÑA Y AMÉRICA: DESCUBRIMIENTO CONQUISTA E IMPERIO

Aula Juan XXIII
Humberto Lobo 650, tel. 84 01 55 00 Viernes de 4:30 á 7:30 pm. Conducen Amado Barrera y Alejandro Garza

1492: La conquista del paraíso. “1492: Conquest of Paradise”, 1992. Coproducción europea dirigida por Ridley Scott. La mayor producción europea hasta la fecha, la película tiene entre sus grandes aciertos el vestuario, los escenarios, la fotografía, el buen reparto y el apartado musical sublime de la mano de Vangelis, y sobre todo a pesar de las críticas negativas y de ser un refuerzo más de la leyenda negra, es la mejor película que se ha filmado sobre Cristóbal Colón.

Aguirre, la cólera de Dios. Narra el viaje del conquistador español Lope de Aguirre por la cuenca del río Amazonas en busca de la ciudad de oro que los incas conocían como «El Dorado». Cruzando caminos por los que nadie ha pisado jamás, en medio de una selva abrumadora y de un calor asfixiante, avnaza esta expedición de aventuraros probablemnte hacia el único destino posible la locura y la muerte.

El bien esquivo. Perú, 2001. Director Augusto Tamayo San Román. Ambientada en el Perú del siglo XVII, esta película de capa y espada, inspirada en el Inca Garcilaso de la Vega y sor Juana Inés de la Cruz, y con préstamos de “El carbunclo del diablo”, leyenda peruana de Ricardo Palma, la película es un buen pretexto para mostrar al Perú de 1618 con una gran veracidad.

La Misión. “The Mission” Reino Unido, 1986. Dirigida por Roland Joffé. “Fotografía y banda sonora espectaculares; interpretaciones excelentes; diálogos (los justos) sencillos y consistentes”. La película trata sobre las misiones jesuitas entre los guaraníes desde una óptica británica con lentes de leyenda negra, que no entiende el intento de aplicar “La Utopía” en el Nuevo Continente, a pesar de que Tomás Moro fue súbdito inglés. Lo que no quita que cinematográficamente estemos frente a una verdadera obra maestra.