Inauguración de la exposición “Viajeros en el Paraíso” en el Museo de Historia Mexicana

Anuncios

Recordando a Rosaura Barahona

Ana Portnoy

“Rosaura Barahona (1942-2017): Homenaje póstumo”. Feria del Libro, Monterrey, N.L., 16 de octubre 2018.

¡Qué difícil hablar con serenidad sobre una amiga  tan querida que ya no está con nosotros!!!

Conocí a la Lic. Rosaura Barahona en el verano de 1977 cuando antes de casarme vine a Monterrey a buscar trabajo e hice una solicitud en el Departamento de Humanidades del Campus Monterrey del cual ella era la directora.

Para el primer semestre en que me integré al departamento como maestra de historia, mi nueva jefa se había tomado una licencia por maternidad por haber nacido su hijo más pequeño, José Roberto. Qué chistosita, me acuerdo de que pensé entonces, me embarca en este desconocido universo y de inmediato me abandona.

Sin embargo, esa impresión se borró tan pronto como regresó al departamento pues nunca antes, y nunca después, tuve una jefa como ella.

Abierta, extremadamente capaz, muy estimulante y rodeada por un extraordinario equipo de trabajo, fue un verdadero privilegio tenerla como “jefa” durante 16 años, hasta 1995 cuando dejó el Tecnológico después de 29 años de formar parte de su planta docente.

Su trato, su interés genuino en cada una de las personas que la rodeaban, su curiosidad intelectual, su talento y sobre todo su profunda vocación como docente para quien el desarrollo de habilidades y crecimiento intelectual de los alumnos era una prioridad, convirtieron el trabajar con ella en una aventura apasionante llena de retos, pero también de retribuciones, y no me refiero a los dineros.

Depositó su  entera confianza en cada uno de sus colegas, sin temer que alguno destacara y la opacara, sino todo lo contrario. Los éxitos y logros de los demás los festejó con sinceridad. Como si le fueran propios.

Esta actitud excepcional, aunada a su personalidad, hizo que cada uno diera lo mejor de sí, en un ambiente de trabajo cordial y colaborativo. Su oficina siempre estuvo abierta para todos, autoridades, compañeros de trabajo, alumnos y padres de familia que siempre encontraron en ella a un interlocutor empático. Pasar a su oficina a la chorcha durante los recesos, a tomar un café que siempre estuvo a nuestra disposición, comentar sobre el avance del curso o plantear la problemática de algunos alumnos fue tan natural como proponer cambios a la curricula, organizar alguna actividad complementaria o invitar a algún especialista para ampliar un tema. Bajo su dirección gocé de irrestricta libertad de cátedra aún en los temas más álgidos de mis programas.

Su capacidad le permitió afrontar todos los retos que ser directora pudieran implicar, siempre con trato extraordinario acompañado de su deslumbrante sonrisa.

En 1985 junto con el Dr. Treviño y Sylvia Martínez inició el Bachillerato Bicultural en el campus Eugenio Garza Sada del que fue directora académica. Implementó una maestría en periodismo  y otra en educación que se iniciaron en ese campus en 1986 así como el programa del Bachillerato Internacional en 1991 y del cual se convertiría en asesora. A finales de los años 1990 lo coordinaría en el sistema de escuelas Madison hasta el  año 2017.

Tomo el sentir de María Torre, quien fuera directora del BI y después colaboradora de Rosaura en las escuelas Madison, aunque estoy segura que muchos de sus colegas están de acuerdo con sus palabras: Se convirtió en mi maestra, mi confidente, mi amiga, mi madre, mi hermana, mi cómplice, mi consejera, mi socia. Compartir la vida con ella de tantas formas fue una maravillosa aventura, un gran regalo”.

¿Qué decir de ella como maestra de literatura, guion cinematográfico o de redacción , tanto en programas académicos como de extensión? Los testimonios de los tantos alumnos que tuvieron la oportunidad única de ir de la mano con ella en el mundo de la literatura son apabullantes. Veintitrés años después de haber salido del Tec sigue siendo reconocida como una maestra que ha dejado huella en  todos ellos.

Su énfasis fue en el desarrollo del pensamiento crítico de sus discípulos, así como  el compromiso y ejercicio de la libertad intelectual. Siempre respetuosa y estimulante, los muchachos que salieron de sus clases fueron otros, más conscientes y pensantes, transformados de como iniciaron sus cursos. Tomo las palabras que expresó en su blog  su exalumna María del Carmen Maqueo Garza (Contraluz <https://contraluzcoah.blogspot.com/2017_10_22_archive.html&gt;): “Hay maestros que llegan a nuestra vida de manera providencial.  Se van filtrando como agua buena para refrescarnos, y una vez que entran ya  nunca los dejamos ir, se vuelven parte de nosotros, son la voz que atendemos con deliciosa regularidad para aprender acerca de la vida”.

Así llegó la Maestra Rosaura Barahona, como un paradigma de claro juicio,  apegado a la verdad, dueña de una ética profesional intachable y de una valentía como pocas; llamaba a las cosas por su nombre, sin dobleces.

Su legado como docente ha tocado a todos quienes fueron sus estudiantes. Como lo escribió en la revista electrónica Tere Mijares, a quien mucho agradecemos todos la iniciativa de este merecido homenaje, Rosaura fue “maestra en el aula, maestra en el desarrollo profesional de muchos de sus exalumnos y colegas, y, sobre todo, maestra de vida”.

Apesar de todas sus responsabilidades, Rosaura se dio tiempo de escribir varios textos. Le agradezco que de su puño y letra dedicara su cuento  El pescador de estrellas (Fernández: Mexico, 1984) a mis hijos y que me dedicara un cuento en su Abecedario para niñas solitarias. (Ediciones Castillo: Monterrey, Mexico. 1994).

También fue autora de  ¿Por qué no Ferlos o Cardo? (Editorial Oasis: Mexico. 1984). “El varón visto desde los ojos de la mujer”. (Cuadernos de espiritualidad ignaciana No. 171 Sept.-Oct. 2008 p. 36-40). “Pupilas de espejo y otros textos”. (Universidad Autónoma de Nuevo León—Fondo Editorial de Nuevo León: Monterrey, Mexico 2012). Y con  Héctor Jaime Treviño Villarreal y Hugo Valdés Manríquez. –Y ellos hicieron la historia: las familias regiomontanas (Patronato Monterrey 400—Ediciones Castillo: Monterrey, Mexico. 1996).

Adaptó dos obras teatrales (Eva sin Paraíso y El destierro) y dejó en el tintero un manual que durante años preparó para extranjeros visitando México.

Honesta, directa y sin miedo, Rosaura convirtió su columna en el Norte en un espacio comprometido como conciencia crítica de Monterrey con el objetivo de encausar una sociedad más abierta, justa, participativa.

Amada, admirada, u odiada e injuriada, no dejó de escribir su columna bisemanal desde 1993 y, entre muchos asuntos, sobre temas controversiales en nuestro entorno, considerando como una obligación moral presentar su fundamentada perspectiva a pesar de que fueran temas que muchos no quisieran que se trataran a la luz pública: malos políticos, abusos y corrupción, desigualdad de género, clasismo.  Por  el correo electrónico recibió tanto mensajes aleccionadores como comentarios feroces y amenazas. Recuerdo que en varias ocasiones a sus amigas nos  preocupó que su integridad física estuviera en riesgo, sobre todo porque llegó a recibir llamadas como la que describió  en su editorial del 6 de septiembre del 2016: “El jueves, día en que se publica uno de mis artículos, contesté el teléfono y una voz masculina preguntó por mí. Dije: “A sus órdenes” y añadió: “Cambia el tema de tus columnas, si no quieres que … te destruya. Y colgó.

Podría haberme asustado, pero no lo hice. Si hubiera reaccionado con las vísceras, el miedo me habría llenado, pero usé la cabeza. ¿Qué puede destruir quien sea? No creo que la amenaza venga de RV, aunque sí de alguno de sus seguidores con iniciativa.

No temo “ser destruida” porque no hay nada que destruir. Soy sólo una mexicana con experiencia en educación que procura escribir sobre algunas cosas que me parecen importantes desde mi perspectiva de ciudadana común y corriente”.

Rosaura no fue una persona común y corriente aunque su compromiso como ciudadana es el que quisiéramos también tener. Este es su legado.

Gozadora, divertida, con un maravilloso sentido del humor, Rosaura tuvo una familia muy unida, hermanos, sobrinos, sobrinos nietos, una familia-muégano muy alegre. También fue amiga de muchas personas, de distintos ámbitos, religiones, clases socioeconómicas e ideologías. Y contó con una gran red de amigos solidarios, queridos y muy presentes en su vida y en la de sus queridos Roberto, Roberta, Coco, José Roberto y sus nietos.

Para mí, fue un honor y un privilegio ser amiga de Rosaura, al igual que para mi esposo, mis hijos y mi mamá quien la admiró mucho. De Lic. Barahona pasó a ser Keridísima Violeta, la maestra docta del grupo de amigas que formamos hace muchos años varias compañeras del Tec: Rosy Gómez, María Torre, Balbina Paredes, su incondicional hermana Teco y Artemisa Aguirre, que falleció hace dos meses. Nos reuníamos con frecuencia, compartimos la sal, el pan y el tequila siendo el tiempo siempre muy corto por la cantidad de cosas que queríamos platicar.

Nos acompañamos en alegrías y penas, proyectos, aventuras y desventuras. Sin siquiera imaginar que esa sería la última reunión a la que asistiría, el 14 de septiembre del año pasado festejamos anticipadamente su cumpleaños 75.

La vi por última vez tres semanas después, ya internada en el hospital, segura que pronto estaría de vuelta en su casa. No me pasó por la mente que su estado de salud fuera tan delicado.

En una de sus últimas editoriales, dejó un testimonio de su valentía al enfrentar la enfermedad. Sin falsas ilusiones escribió haber tenido una vida bien vivida, llena de satisfacciones, aunque también de retos, aceptando la realidad que le tocó vivir durante más de tres años, sin convertir su padecimiento en una fuente de sufrimiento. Supo agradecerle a la vida que le dio tanto.

Su familia querida, sus compañeros, amigos, lectores y tal vez hasta sus detractores, extrañamos su presencia y sus editoriales.

Hace cuatro días, hubiera sido su cumpleaños y dentro de 5, el 21 de octubre, es el primer aniversario de su fallecimiento. Justo una Feria del Libro organizada por el Tec es el espacio pertinente para recordarla.

¡Cómo nos hace falta!