Arroz con leche y flores de chabacano

El arroz, grano originario de la India y de China, ha sido la base de la alimentación de los países de Oriente. Su consumo se expandió primero a Egipto y después a Grecia en donde se le consideró como un alimento excepcional. De la cocina helénica pasó al resto de Europa y de España al Nuevo Mundo, en donde se convirtió en un alimento esencial de la gastronomía latinoamericana.

Bajo en grasas y rico en gluten, es muy versatil pues se le puede consumir en sopas, como plato fuerte y también como postre.

Ingredientes

1              taza de arroz lavado

2              litros de leche

1              huevo

1 1/4     tazas de azúcar

1/2     lata de leche Clavel

1              cucharada de esencia de vainilla

1              cucharada de maizena disuelta en 1/4 de taza de agua fría.

1              bolsa de chabacano seco o, aproximadamente 150 gms.

Agua suficiente para cubrir los chabacanos.

Manera de hacerse

El arroz y la leche se ponen en la olla exprés y cuando llegue al hervor se tapa la olla, se baja la lumbre y se deja cocer 10 minutos. Se retira de la lumbre y se deja enfriar hasta que acabe de escapara el vapor.

Mientras tanto, el huevo se revuelve con el azúcar, la leche clavel y la vainilla en un recipiente pequeño y se agrega esta mezcla al arroz. Se pone de regreso en la lumbre y con una cuchara de madera se revuelve la mezcla. Se agrega la maizena disuelta en el agua y se deja hervir cinco minutos a fuego bajo para que espese.

Retirar del fuego y verter en el tazón y cubrir con papel encerado para que no se haga una nata.

Dejar enfriar.

Mientras tanto, los chabacanos se remojan 10 minutos en agua y se ponen a la lumbre hasta que suavicen, alrededor de 10 minutos. Se cuelan.

Para servir, se retira el papel encerado del arroz y se acomodan los chabacanos, dándoles la forma de flor. Esto se puede lograr cortándolos con una tijera de cocina de tal forma que se puedan enrollar en espiral.

El postre se puede servir a temperatura de ambiente o frío.

Rinde 10 o 12 porciones.

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La barca solar del faraón

Restaura Egipto antiguo bote.

Reforma.com,  23 de junio 2011. Sección Cultura. <http://www.reforma.com/cultura/articulo/613/1224743/&gt;

La embarcación fue descubierta en 1954.

Arqueólogos han comenzado a excavar una embarcación de madera de 4 mil 500 años de antigüedad hallada cerca de la Gran Pirámide de Giza, una de las principales atracciones de Egipto, dijo un funcionario del Consejo de Antigüedades.

La embarcación es una de las dos enterradas junto al faraón Khufu, al parecer una costumbre religiosa para transportarlo al otro mundo. Khufu, también llamado Keops, fue al parecer el constructor de la Gran Pirámide de Giza.

El profesor Sakuji Yoshimura, de la Universidad de Waseda y al frente del proyecto de restauración junto con el Consejo de Antigüedades de Egipto, dijo que los científicos descubrieron que la segunda embarcación lleva el nombre de Khufu, fundador de la cuarta dinastía hacia el año 2680 a.C. y que gobernó Egipto durante 23 años.

Zahi Hawass, ministro de Estado para las Antigüedades, consideró la excavación como uno de los proyectos arqueológicos y de conservación más importantes del mundo.

Confía que su exhibición aumente el turismo en Egipto, que ha disminuido sustancialmente desde la revuelta popular que derrocó en febrero al presidente Hosni Mubarak.

La embarcación fue descubierta en 1954 junto con otra, que fue restaurada y es considerada uno de los descubrimientos más significativos en la meseta de Giza debido a su edad, tamaño y estado de preservación.

La segunda embarcación es al parecer más pequeña que la primera, que mide unos 43 metros de eslora.

Mediante un sistema de poleas y sogas, un equipo de científicos izó el primero de los 41 bloques de piedra caliza, con un peso de 16 toneladas cada uno, para descubrir los fragmentos de la antigua embarcación.

En los próximos dos meses, los expertos esperan descubrir otras 600 piezas que forman parte de los restos de la embarcación enterrada. La restauración demorará seguramente unos cuatro años y posteriormente quedará expuesta en el Museo del Barco Solar cerca de la gran pirámide, que suele atraer a millones de turistas, la principal fuente de ingresos de Egipto.

Ambas embarcaciones fueron construidas con madera de cedro libanés y acacias egipcias.

Fuente de la imagen: RPP Internacional. Desentierran barca solar del faraón Keops en Egipto. <http://www.rpp.com.pe/2011-06-23-desentierran-barca-solar-de-faraon-keops-en-egipto-noticia_378182.html&gt;

Sobre la presencia judía en Monterrey

Ana Portnoy

A Eliezer Portnoy z”l

1. El período colonial

Desde el momento mismo del descubrimiento de América en 1492, la presencia de criptojudíos fue un fenómeno en la Hispanoamérica colonial. Ese mismo año, una vez que los Reyes Católicos culminaron con el proceso de reconquista del territorio ibérico de manos musulmanas, decretaron la expulsión de todos los judíos que no aceptaran el bautismo. Se ha calculado que la mitad de los hispano-judíos, alrededor de 300,000 optaron por la conversión al catolicismo, de los cuales muchos mantuvieron la práctica del judaísmo en secreto. El objetivo de la Inquisición fue persuadirlos, por medio de edictos, procesos, juicios, condenas físicas e incluso el riesgo de morir ajusticiados si eran pertinaces, a volver a la senda de la Iglesia. El auto de fe se convirtió en un espectáculo público en el que participaron autoridades civiles y eclesiásticas, así como el pueblo llano. El estigma que se imponía a los familiares de los procesados les persiguió y marginó socialmente a través de varias generaciones.

Pretendiendo conservar su fe judaica sin riesgos para sus vidas, muchos de estos cristianos nuevos que secretamente pretendieron cumplir con los preceptos de la Ley de Moisés buscaron la manera de llegar al Nuevo Mundo, a pesar de las expresas prohibiciones a su inmigración a las colonias hispanoamericanas, considerando que en estas tierras encontrarían un clima de libertad religiosa por la lejanía con la metrópoli. Sin embargo, como cristianos bautizados, por sus prácticas judaicas, su persistencia en conservar ritos y creencias y su rechazo a la nueva fe fueron considerados herejes. Para castigar su desvío de la enseñanza de la iglesia y para  evitar la influencia que pudieran tener entre los indígenas, almas recién evangelizadas, se estableció en México el Tribunal del Santo Oficio en 1526 y el aparato inquisitorial en 1571.

El primer procesado y ajusticiado por el Santo Oficio en el quemadero de Santiago de Tlateloco en 1528 fue Hernando Alonso, conquistador que participó en la toma de Tenochtitlan. Y a pesar del riesgo de caer en manos de la Inquisición los criptojudíos españoles y portugueses buscaron la manera de llegar al Nuevo Mundo, pues consideraron que la gran extensión territorial de las colonias, como la Nueva España o los virreinatos en América del Sur así como los territorios ignotos  les permitiría practicar su judaísmo con seguridad.

De todos los procesos inquisitoriales llevados a cabo contra criptojudíos en la Nueva España, el de la familia del gobernador Luis de Carvajal y de la Cueva es el más conocido, tanto por las capitulaciones que otorgaron a un descendiente de cristianos nuevos el gobierno de una inmensa extensión territorial como fue el Nuevo Reino de León así como por la prebenda de nombrar a su sucesor en el cargo. Con el nombramiento como gobernador, el rey Felipe II otorgó a Luis de Carvajal la facultad para conducir a cien personas al reino que iba a poblar y pacificar, individuos que saldrían de España sin necesidad de demostrar que eran cristianos viejos –es decir  que podían probar su ‘pureza de sangre’, fieles a la Iglesia por generaciones-  o que no procedían de linaje de judíos o moros recién convertidos.

El gobernador, ignorante de las creencias religiosas de la familia de su hermana Francisca, decidió traer consigo en 1580 a ésta, a su marido y a sus hijos, nombrando a Luis, su sobrino predilecto y homónimo, heredero del reino puesto que no tenía hijos propios. En América, Luis de Carvajal ‘el Mozo’ se entregó por completo a la fe judaica, interpretando en todos los sucesos de su vida cotidiana la presencia y protección del Dios de Israel e intentando cumplir con el mayor número de preceptos religiosos. Cuando tenía 18 años murió su padre, quien fue inhumado de acuerdo a las costumbres judías y el joven asumió el cargo de jefe de familia.

El gobernador se enteró de la vida secreta de sus familiares al intentar su sobrina Isabel atraerlo al judaísmo. Constató sus sospechas al averiguar cómo había sido enterrado su cuñado y reescribió su testamento, desheredando a Luis ‘el Mozo’. Sin embargo, no delató a sus familiares ante la Inquisición, lo que constituía un delito contra la fe católica. Cuando en 1588 se enfrentó,  en un litigo de límites territoriales, con el marqués de Villamanrique, virrey de la Nueva España,  se descubrió que los parientes del gobernador eran cristianos nuevos judaizantes. Denunciada ante la Inquisición, toda la familia fue detenida un año después, acusándose a Don Luis de haber recibido, favorecido y encubierto a apóstatas judaizantes, si bien no se pudo comprobar que él mismo realizara esas prácticas.

En el auto de fe que se realizó en 1590 en la ciudad de México, se condenó al gobernador a un año de cárcel y al destierro, se quemó la efigie de su cuñado Francisco Rodríguez de Matos al tiempo que el resto de su familia abjuró de sus prácticas judaicas, confiscándoseles todos sus bienes y recibiendo penitencia espiritual. El joven Luis quedó inicialmente bajo custodia de Fray Mateo García en el Hospital de Convalecientes y luego en el hospital del convento-colegio de Santiago Tlaltelolco, donde enseñó gramática y latín a los indígenas y fue el escribano del administrador. Gracias a este cargo tuvo acceso a la biblioteca del convento, lo que le permitió ampliar sus conocimientos del Viejo Testamento y escribir su autobiografía, en la que declaró su apego al judaísmo, religión que practicó con mayor brío a partir de ser perdonado. El gobernador Luis de Carvajal y de la Cueva  falleció en las cárceles inquisitoriales en 1591.

Cuatro años después toda la familia Carvajal fue aprehendida nuevamente por proseguir con sus prácticas judaicas. La pena por la reincidencia era la muerte, ya fuera a garrote vil (estrangulamiento) si se convertían al catolicismo o quemados vivos si se mantenían en su apostatía. En el Auto de Fe del 8 de diciembre de 1596 fueron ajusticiados Luis, su madre, sus hermanas Isabel, Catalina y Leonor, su amigo Manuel de Lucena, al igual que Diego Enríquez, Beatriz Enríquez y Manuel Díaz. De la familia Carvajal únicamente fue perdonada Ana, la hermana menor, quien fue procesada y muerta en el auto de fe que se llevó a cabo 52 años después.

De Luis de Carvajal el Mozo y su familia se puede resumir que su delito fue haber sido reconciliados en la fe cristiana en 1590 y, a pesar de su abjuración anterior, haber seguido guardando y cumpliendo la Ley de Moisés, sus ritos y sus ceremonias, sin aceptar con sinceridad el catolicismo.  Se les condenó por ser falsos cristianos, impenitentes y relapsos. Al ser llevado al patíbulo Luis dio muestras de arrepentimiento y besó la cruz, muriendo estrangulado y siendo su cuerpo quemado en la hoguera, aunque se tienen dudas sobre la sinceridad de su conversión final, puesto que su temor a la tortura y al dolor eran bien conocidos. Su historia es uno de los episodios más estudiados sobre la presencia criptojudía en Hispanoamérica en la época colonial y el que mayor difusión ha tenido.

El número de procesados por la Inquisición novohispana en los tres siglos del período colonial se ha calculado alrededor de las tres mil personas.  Tanto por la prohibición de sus creencias y prácticas religiosas, por el temor a la persecución y muerte en manos del Santo Oficio, la falta de dirigentes religiosos y la estigmatización sobre los descendientes de procesados, para el siglo XVIII cesó la práctica secreta del judaísmo entre los novohispanos descendientes de conversos, quienes se asimilaron a la sociedad mayoritaria quedando de ellos los registros de los procesos inquisitoriales albergados actualmente en el ramo de Inquisición en el Archivo General de la Nación, así como filiaciones familiares o costumbres a las que se atribuye un origen hispanojudío –sefaradita– tanto en el noreste de México como en el sur de Estados Unidos y que hasta la fecha son objeto de estudio por parte de investigadores nacionales y extranjeros.

2. En la Modernidad.

En México después de la independencia, la población extranjera fue muy reducida, a pesar de los esfuerzos de los gobiernos nacionales por atraer extranjeros para colonizar y poblar al país, política promovida también por todos los países americanos. La inestabilidad política de México durante la primera mitad del siglo XIX atrajo, en muchos casos, a individuos que se establecieron temporalmente en México. En los municipios neoleoneses hubo algunos españoles, árabes y norteamericanos, contados chinos e italianos y, de aquellos que se establecieron definitivamente en la región, la mayoría se concentró en Monterrey, atraídos por la incipiente industrialización y las oportunidades comerciales, sobre todo durante la segunda mitad del siglo. A partir de 1860 hay apenas cuatro o cinco menciones de individuos de los que sus apellidos podrían indicar que fueron judíos. Para 1890 sólo Gustavo Levy originario de Alemania estableció raíces definitivas en Monterrey conservando sus descendientes el recuerdo de su origen. Otros, como  Samuel Lederer procedente de Hungría y Daniel Guggenheim de Estados Unidos establecieron empresas mineras gracias a la política de fomento del gobierno porfirista. Con el inicio de la Revolución mexicana, el grueso de los extranjeros establecidos en México abandonaron el país.

Sin embargo, a pesar de la guerra civil, dos de los inmigrantes judíos que fincaron las bases para la formación de la contemporánea comunidad israelita de Monterrey llegaron en esa época. De Jacobo Saffir hay evidencias que en 1911 ya se encontraba en el país y Jacobo Lederbaum llegó en 1916. Antes de 1920 ambos ya estaban establecidos en Monterrey, el primero de ellos con su esposa y cinco hijos.

Y si en el período colonial la intolerancia religiosa europea expulsó a miles de individuos en busca de horizontes que les permitieran la práctica de su religión, en el siglo XX la inestabilidad política y económica ocasionadas por la Primera Guerra Mundial así como la discriminación e intolerancia a las minorías provocó una nueva emigración a América de cientos de miles de europeos y de individuos del Cercano oriente. Para el grueso de ellos Estados Unidos era la nueva tierra de promisión, con oportunidades de libertad personal y de progreso económico.

Sin embargo, después de recibir a más de 34 millones de migrantes entre 1842 y 1917, el gobierno norteamericano estableció un sistema de cuotas de procedencia nacional que canalizó a miles de personas a todos los confines del Hemisferio Occidental, puesto que en la nueva legislación se permitiría la entrada a Estados Unidos a aquellos extranjeros que hubieran radicado durante cinco años en cualquier país americano.

Así, varias decenas de miles de extranjeros se establecieron en México, país que mantuvo una política de puertas abiertas a la inmigración hasta finales de la década de 1920. Alemanes, italianos, japoneses, chinos, húngaros, ingleses, palestinos, libaneses, sirios, polacos, lituanos, rusos, cubanos llegaron al país y se establecieron a lo largo y ancho de México. En el Registro de Extranjeros que llevó a cabo el municipio de Monterrey en 1932, más de cinco mil extranjeros vivían en la ciudad, siendo 250 de ellos de religión judía.

La oleada inmigratoria judía a México procedente de Europa en esa década provino de países que se enfrentaban a crisis políticas y económicas provocadas por el fin de la Gran Guerra, el surgimiento de nuevas naciones, el desempleo, la falta de capacidad de la industria para absorber a los trabajadores y la falta de tierra. El nacionalismo extremo provocó acciones antisemitas y las condiciones de vida para los judíos fueron especialmente desesperadas en Europa Oriental, aún antes del ascenso de Hitler al poder en Alemania. Se establecieron impuestos discriminatorios en su contra, se realizaron boicots a su actividad económica, destrucción de sus propiedades y programas de exclusión promovidos por los gobiernos mismos. Tal fue la situación en Polonia, Rumania, Hungría, Latvia y Lituania, que dejó a la población judía como única alternativa la emigración.

Los judíos que arribaron al noreste del país en los años 1920 y 1930 eran en su mayoría inmigrantes de origen europeo oriental, sobre todo de Lituania, Polonia y Rusia, en donde se habían enfrentado a medidas antisemitas, discriminación y persecución. Y si bien hubo una presencia judía en Monclova, Piedras Negras, Saltillo, Villa Acuña, Nuevo Laredo, Torreón, Villa Frontera, Nueva Rosita, Matamoros, Reynosa, Tampico y Linares,  con el transcurso del tiempo los judíos de los poblados más pequeños que tuvieron interés en mantener su práctica religiosa emigraron hacia poblaciones en donde se hubieran establecido comunidades organizadas, como fue el caso de Monterrey, o bien a la ciudad de México.

Para 1924 alrededor de 30 jóvenes solteros y seis familias nucleares judías vivían en Monterrey y se abocaron a establecer una comunidad estructurada que brindara servicios religiosos y actividades recreativas y educativas. Una de las primeras instancias fue la apertura de una biblioteca que contó con una cincuentena de libros y periódicos en yidish –idioma de los judíos europeos derivado del alemán-. Para 1925 estableció el Club Social Hatikva –Esperanza en hebreo- que inició sus labores en diciembre de ese año alquilando un local en las calles de Isaac Garza y Zaragoza y que se convirtió en el centro de la vida judía en Monterrey. Sus servicios incluyeron clases de español para los nuevos inmigrantes, actividades culturales y recreativas y programas de estudio vespertino con contenidos judaicos para los niños que acudían a las escuelas de la localidad – especialmente la enseñanza del idioma yidish. Este esfuerzo educativo condujo al establecimiento del Colegio Hatikva (hoy Nuevo Colegio Israelita de Monterrey) en 1935.

A partir de 1936 una vez que el gobierno promulgó la nueva Ley de Población que cerró las puertas a la inmigración, el número de extranjeros que llegó al país se redujo considerablemente –si bien notable excepción fue la recepción de refugiados republicanos españoles-. Sólo familiares directos de aquellos judíos que ya tenían la residencia mexicana y pocos sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial llegaron a México y de éstos unos cuántos a Monterrey. En 1944 arribó el rabino Moisés Kaiman quien ha sido, hasta la fecha, el dirigente religioso de la comunidad israelita regiomontana.

Los inmigrantes extranjeros que llegaron a Monterrey se establecieron en vecindades y rentaron cuartos en el centro de la ciudad, en ocasiones arriba de negocios en donde se empleaban. El residir en el mismo barrio permitió a los recién llegados tanto comunicarse en su idioma materno como encontrar seguridad emocional, ayuda económica,  identidad y sentido de pertenencia en tanto se adaptaban a su nueva patria. Paulatinamente, algunos de los inmigrantes establecieron, al igual que los judíos, centros sociales propios, perdurando hasta nuestros días los clubes Alemán y Palestino-Libanés.

En los años 1940, conforme se urbanizó el poniente de la ciudad, las familias judías se establecieron en la colonia Vista Hermosa, en donde se construyó en la siguiente década el edificio que alberga tanto a la escuela como a la sinagoga y al club deportivo-social que hoy constituyen el Centro Israelita de Monterrey, A.C.

La comunidad judía está formada actualmente por alrededor de 120 familias, es decir, aproximadamente 500 personas, en su mayoría descendientes de aquellos inmigrantes que arribaron hace 80 años. Cuenta con los servicios religiosos propios, un cementerio en la colonia San Jorge y un colegio incorporado a la SEP que imparte los grados escolares de jardín de niños hasta tercero de secundaria. Y al igual que los demás descendientes de inmigrantes extranjeros que llegaron a la ciudad el siglo pasado, los miembros de la comunidad israelita están plenamente integrados a la vida económica, social y cultural de Monterrey, considerándose orgullosamente regiomontanos.

Las invasiones bárbaras en la historia de Europa

Ana Portnoy

En cada momento de la historia, los pueblos que vivieron en los límites de la civilización, con hábitos e idiomas distintos fueron considerados incivilizados, salvajes y violentos, dispuestos a acabar con los progresos y beneficios de la vida en esa sociedad.

Los griegos consideraron bárbaros a todos los pueblos no helenos y los romanos, que intentaron conquistar territorios que habitaron diversos pueblos, los que consideraron casi como animales salvajes, antropófagos y con poderes infernales en el campo de batalla.

Los bárbaros fueron, sin embargo, los extranjeros, que en muchos casos influyeron en la gestación de la cultura clásica, o que pretendieron inmigrar o conquistar a las grandes civilizaciones con la que colindaban o con las que competían por mercados, finalmente fundando nuevas culturas al fusionarse con sus antiguos enemigos.

Las tribus que terminaron con el Imperio Romano de Occidente en el siglo V dC. ya moraban en Europa mil quinientos años antes. También controlaron regiones en Asia y en África y fueron pueblos con un gran poderío militar, una desarrollada organización política y habilidades diplomáticas.

Fue tal su poderío que Julio César decidió no intentar la conquista de Germania y establecer una frontera definitiva con ellos.

Estos pueblos bárbaros –vándalos, alanos, suelvos, francos, godos, ostrogodos, visigodos- tuvieron una estructura social y económica que los mantuvo unidos y les permitió subsistir. No llegaron a ser romanizados y mantuvieron sus tradiciones e idiomas.

Los pueblos godos, nómadas procedentes de Polonia que se desplazaron hacia el sureste de Europa, presionaron a los romanos que lograron contenerlos.

Los visigodos lograron derrotar al emperador Valente en el año 378, aunque el imperio romano de Occidente logró sobrevivir 98 años más.

Las tensiones entre romanos y bárbaros fueron inevitables. Sin embargo, los invasores no pretendieron repartirse el imperio, más bien empezó una forzada convivencia entre ellos.

Muchos de ellos se integraron al ejército y a la administración romanos y gran cantidad de godos sirvieron como soldados mercenarios, aprendiendo así el latín y los modos y costumbres latinos.

Sin embargo, la llegada de los hunos acabaría siendo catastrófica para el imperio. Procedentes de Asia, eran jinetes implacables que arrasaban con los territorios conquistados. Se enfrentaron a los visigodos a los que arrojaron al Oeste de Europa.

A mediados del siglo V su caudillo Atila mantuvo en jaque a los romanos, llegando con sus ejércitos a las puertas de Roma. Finalmente en 476 otro pueblo bárbaro, los herúlos, depusieron al último emperador, Rómulo Augusto.

Los pueblos invasores se repartieron el gran botín que representó el imperio romano occidental. Los visigodos se asentaron en España y los ostrogodos en Italia. Con este repartimiento de tierras y con su conversión al cristianismo inició la Edad Media. Por lo tanto, en el origen de los estados europeos actuales están subsumidos los pueblos extranjeros que terminaron con la hegemonía romana.

Durante la Edad Media, otros pueblos considerados también bárbaros amenazaron a Europa. Nuevamente la guerra y los saqueos fueron su forma de vida, como fue el caso de los vikingos del norte, grandes navegantes que zarparon de Escandinavia entre los siglos VIII y XI y llegaron hasta el Mar Negro y las costas de Norteamérica. En muchas ocasiones, sus invasiones fueron en realidad movimientos de migración y en el siglo X se establecieron en las cosas del noroeste de Francia, cristianizándose y pasando a la historia como normandos. El nombre de la región perdura hasta la fecha.

Otros invasores fueron los mongoles, potente coalición de tribus cuyo caudillo fue Genghis Kahn. El imperio mongol abarcó China y Rusia y llegaron a invadir Europa y el Cercano Oriente. Con un ejército muy disciplinado y despiadado, el poder de la Horda de Oro se mantuvo durante más de dos siglos. Su crueldad fue legendaria: en el año 1221 masacraron en pocos días a más de un millón y medio de civiles de la ciudad persa de Nishapur construyendo con las cabezas de sus víctimas varias pirámides. La catedral de San Basilio en el Kremlin ruso conmemora la derrota definitiva de los mongoles a manos de Iván IV a mediados del siglo XVI.

La historia de los bárbaros es, por ello, fundamental para entender la historia de Europa, especialmente el establecimiento de pequeños estados cuyas fronteras actuales, en muchos casos, corresponden con los antiguos límites entre las tribus.

Tal vez de esas remotas experiencias perdure el miedo al extranjero y los procesos de aculturación y de integración muchas veces forzados han sido una constante en la historia de la humanidad.

Fuentes de las imágenes:

Tania Abraham. Moscú Rojo en Revista espacial.org. <http://www.espacial.org/miscelaneas/sociedad/moscu1.htm&gt;

Antonio García Sánchez. Ego Roma. El imperio romano. <http://roma-mardecastilla.blogspot.com/2008/02/el-imperio-romano-crisis-y-cada.html&gt;

Mundo historia. Imperio Mongol, porque no todo  fue guerra y muerte.  <http://www.mundohistoria.org/blog/articulos_web/imperio-mongol-porque-no-todo-fue-guerra-muerte&gt;

Wikimedia Commons tomado de Ewan ar Born file:Grandes invasions Empire romainfr.svg. <http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Invasiones_bárbaras_Imperio_romano-es.svg&gt;

 

Strudel

El strudel es un pastel hecho con una masa o pasta extendida rellena y que se enrolla antes de hornear para que al partirlo se vean las  distintas capas.

Ha tenido una gran popularidad desde el siglo XVIII, apreciado ya no solo en los países que formaron el imperio austro-húngaro sino prácticamente en toda Europa. Tiene similitud con la repostería bizantina y turca – un rollo horneado en la que hay capas de masa y de relleno- que recuerda los baklavas y dedos de novia de la cocina del Mediterráneo oriental.

Los strudel más populares son de manzana y de requesón. También se preparan con ciruelas, chabacanos, cerezas y frutas secas.

La masa original se hace de harina con un alto contenido de gluten, huevo y agua y se extiende sobre un mantel hasta que queda translúcida –inclusive permite, según se cuenta, que se transparente una carta amorosa-. Así es como lo hacía mi abuelita.

gregpatent. A Baker’s Odyssey: Apple Strudel Recipe.

Sin embargo, hoy en día su preparación se facilita con la pasta de hojaldre comprada o con la pasta filo (se puede conseguir en tiendas de productos del Cercano Oriente). Así es como lo hago yo.

 yatiblogvids. How to make Strudel.

 Strudel de manzana

Ingredientes:

300 gms. de pasta de hojaldre fresca

5-6 manzanas (golden, granny smith y gala) peladas, descorazonadas y rebanadas

Nueces picadas, arándanos deshidratados o pasitas al gusto

Pan molido

Mermelada al gusto (puede ser de dos o tres distintas: fresa, naranja y chabacano o ciruela)

Un chorrito de aceite (no de oliva)

Una yema de huevo batida con un poco de leche

Manera de hacerse:

Precalentar el horno a 180 grados centígrados. Colocar en el fondo una cazuelita con agua, pues al vaporizar permitirá que se separen las capas del hojaldre.

Utilice, si lo tiene, un tapete de silicon que impide que se peguen los alimentos -silpat-, si no, engrase y enharine una charola galletera.

Sobre una superficie enharinada se extiende con un rodillo la pasta de hojaldre a que quede delgada formando un rectángulo  (si se usa la pasta filo se tiene que seguir las instrucciones de su manejo para que no se seque y quiebre).

Espolvorear pan molido, nueces picadas y arándanos o pasitas.

En uno de los extremos a lo ancho colocar las manzanas rebanadas.

Encima se ponen intercaladas las mermeladas, un chorrito de aceite y pan molido.

Con cuidado se empieza a enrollar la pasta procurando apretar el relleno para que no pierda la forma y cerrando las orillas para que no se desparrame -para sellarlas se va untando la yema de huevo con una brochita-.

Se coloca el rollo sobre la charola, se barniza con la yema de huevo y se le hacen 4 pequeños cortes en la superficie.

Se hornea alrededor de una hora o hasta que esté dorado.

Se rebana, se le espolvorea azúcar glas y se sirve tibio acompañado de helado de vainilla o crema dulce batida.