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Gilberto Bosques: “Justo entre las Naciones”

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Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Semblanza del Embajador Gilberto Bosques, hombre heróico durante el Holocausto.
Gilberto Bosques Saldívar vivió hasta los 102 años de edad. Durante su vida atestiguó gran parte de la Historia de Moderna de México. Su vida refleja mucha de la vida histórica, política y social de su país. Fue un patriota revolucionario, congresista, educador, escritor, poeta, diplomático y humanista. Fue profunda la historia que dejó en la Historia mexicana.
Debido a su naturaleza humilde y modesta, gran parte de su trabajo no es muy conocido.
Durante la Segunda Guerra Mundial Gilberto Bosques ayudó a que refugiados sobrevivieran a la guerra en Europa. Con su ayuda, muchos de éstos escaparon a México, donde hicieron importantes contribuciones a la vida mexicana.
A lo largo de su vida, Bosques sirvió a México honorable y fielmente por más de 50 años. Pudo observar diversos cambios en su país, muchos de los cuales él mismo ayudó a realizar.
Ahora podemos rendir tributo a este gran hombre de Estado y héroe. Bosques nació el 20 de julio de 1892 en Villa de Chiuatla de Tapia, en el estado de Puebla, México.
Mientras estudiaba, se convirtió en miembro revolucionario de 1910 bajo el liderazgo de Aquiles Serdán Alatriste. En 1917, tras la Revolución, Bosques formó parte del Congreso Constitucional del estado de Puebla; contribuyó a la redacción de la Constitución de dicha entidad, también sirvió en la legislatura del estado, donde trabajo promoviendo los derechos de los trabajadores. Entre 1922-23 y 1934-37 representó a Puebla como diputado Federal.
Bosques fue un pionero en la reforma educativa y política mexicana. Fue nombrado Secretario de Prensa y Propaganda, convirtiéndose en miembros de la cúpula de líderes políticos, la cual incluía al Gral. Lázaro Cárdenas. Este grupo consideraba que la esperanza de México consistía en la creación de un Estado con igualdad social, política y económica.
En 1938, Bosque se convirtió en Director General del periódico El Nacional.
Justo antes del estallido de la Segunda  Guerra Mundial, Bosques abandonó su carrera en la educación, el periodismo y la política, para integrarse a la Secretaría de Relaciones Exteriores y su cuerpo diplomático.
En 1938, el presidente Lázaro Cárdenas instruyó designó a Bosques con el cargo de Cónsul General en Francia. La tarea de Bosques consistía en reportar las condiciones de guerra en Francia y Europa.
Bosques salió de París cuando la ciudad estaba a punto de ser tomada por los alemanes en junio de 1940. Con amplias instrucciones para establecer el consulado donde le conviniera, viajó primero al sur y después a la costa norte. Restableció el consulado general primero en Bayona, pero cuando los alemanes ocuparon la zona se trasladó con su familia y el consulado entero a Marsella, en el Mediterráneo, dentro de la zona del Gobierno francés de Vichy, nominalmente independiente de los alemanes.
Su primera preocupación fue defender a los mexicanos residentes en la Francia no ocupada, pero pronto protegió también a otros grupos. Apoyó a libaneses con pasaporte mexicano y a refugiados españoles que buscaban huir de los nazis. De hecho, se cree que fue él quien convenció al presidente Lázaro Cárdenas de abrir las puertas de México a los republicanos españoles. Era tan grande la afluencia de refugiados que buscaban una visa mexicana que Bosques alquiló dos castillos (el de Reynarde y el de Montgrand) para convertirlos en centros de asilo mientras se arreglaba su salida hacia México. Entre 800 u 850 fueron alojados en uno de los castillos, mientras que en el otro quedaron 500 niños y mujeres. Poco a poco fueron saliendo los exiliados, a los cuales el Gobierno mexicano les ofreció la nacionalidad mexicana de inmediato en caso de que quisieran adoptarla.
Desde Marsella el embajador mexicano también tuvo que hacer frente al hostigamiento de las autoridades pro alemanas francesas, al espionaje de la Gestapo, del gobierno de Franco y de la representación diplomática japonesa, que tenía sus oficinas en el mismo edificio de la delegación mexicana.
El cónsul no quedó satisfecho, sin embargo, y amplió su apoyo a los refugiados antinazis y antifascistas. Al concedérseles visas mexicanas, las autoridades francesas los dejaban salir del país porque consideraban que ya no serían un problema político para ellas. Más complicado fue el caso de los judíos. El consulado ocultó, documentó y les dio visas a numerosos judíos, pero era mucho más difícil sacarlos de Francia.
Finalmente México rompió las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Vichy. Gilberto Bosques presentó la nota de ruptura. Poco después el consulado fue tomado por tropas de la Gestapo alemana, que confiscaron ilegalmente el dinero que la oficina mantenía para su operación. Bosques, su familia (su esposa María Luisa Manjarrez y sus tres hijos: Laura María, María Teresa y Gilberto Froylán; entonces de 17, 16 y 14 años, respectivamente)y el personal del consulado, 43 personas en total, fueron trasladados hasta la comunidad de Amélie-les-Bains. Después, violando las normas diplomáticas, se les llevó a Alemania, al pueblo Bad Godesberg, y se les recluyó en un “hotel prisión”. Allí destacó la actitud de Bosques ante un funcionario alemán:
“Le manifesté que todo el personal mexicano se sometería al reglamento que acababa de leernos, porque México estaba en guerra con Alemania y por ello éramos prisioneros de guerra. Que podía estar seguro de que no pediríamos ninguna excepción, ninguna gracia sobre esas disposiciones, pero que tampoco aceptaríamos ningún trato vejatorio, como acostumbraban ellos con los prisioneros.”
Bosques llegaría a organizar conferencias e incluso una ceremonia del Grito de Independencia el 15 de septiembre. Después de poco más de un año, los mexicanos de Bad Godesberg serían canjeados por prisioneros alemanes.
Bosques regresó a México en abril de 1944. Miles de refugiados españoles lo esperaban en la estación de ferrocarril de la capital para recibirlo. Una crónica periodística de la época narraba:
Su júbilo zumbaba en el andén de la estación ferroviaria. Lo cargaron en hombros. Era al México generoso y libre al que ellos exaltaban en Gilberto Bosques.
Dentro de la lista de las mujeres y hombres salvados por el maestro Bosques, entre otros incluye a María Zambrano, Carl Aylwin, Manuel Altolaguirre, Wolfgang Paalen, Max Aub, Marietta Blau, Egon Erwin Kisch, Ernst Röemer y Walter Gruen.
La autoridad mundial para la Memoria de los Héroes y Mártires del Holocausto lo consideró “Justo entre las Naciones”, y le dedicó un árbol que honra su memoria en compañía de quienes salvaron vidas inocentes durante ese periodo de la historia.